A sus 53 años, este portugués políglota, igual de cómodo al expresarse en su idioma materno que en francés o en inglés, ha protagonizado cambios de rumbo frecuentes a lo largo de su recorrido político.
Miembro en los años 1970 de un movimiento maoísta durante la época de la revolución de los Claveles en Portugal, cambia de bando a partir de 1980 al ingresar en el Partido Social Demócrata portugués, de centro-derecha, antes de defender un credo liberal al llegar a la cabeza de la Comisión Europea.
"Cuando habla a los socialistas, es socialista. Cuando habla a los liberales, es liberal y cuando habla a los verdes, se hace pasar por ecologista", se burla el jefe de fila de los socialistas en el Parlamento Europeo, el alemán Martin Schulz. Otro reproche recurrente, es que dejaría dictar su conducta por los grandes Estados, dejando de lado el interés europeo.
Europa "necesita a alguien que dirija y no a alguien que llame a Francia y a Alemania para saber qué hacer", condena el presidente del Partido Socialista Europeo, el danés Nyrup Ramsmussen.
El portugués asegura ser un verdadero europeo. "Mi partido político es Europa", proclama. Primer ministro portugués entre 2002 y 2004, llegó, para sorpresa general, a la cabeza de la Comisión Europea.
Fue Tony Blair quien impulsó la candidatura de este atlantista convencido, que acogió el año anterior en las Azores la cumbre de los jefes de la Unión Europea favorables a la guerra en Irak, tras haber bloqueado la opción favorecida por París y Berlín: el belga Guy Verhofstadt, juzgado demasiado federalista.
Barroso empezó en Bruselas con un programa claramente liberal, defendió la controvertida directiva Bolkestein sobre la liberalización de los servicios, y se hizo el defensor de una comisión modesta: "legislar menos y mejor". Pero la crisis institucional provocada por el rechazo del proyecto de Constitución Europea le salpicó y modificó entonces su discurso hacia uno más social.
La crisis financiera mundial terminó de convencerle de cambiar de bando. Presionado por París y Berlín que le juzgan demasiado pasivo, se convierte a la regulación de los mercados. No lo suficiente para sus detractores, que le reprochan el querer contentar a todos para ser reelegido.
Barroso se declara víctima de ataques "dogmáticos". Exasperado por las comparaciones con Jacques Delors, que se benefició de un entorno más favorable a la integración europea con François Mitterrand y Helmut Kohl en el poder, asegura que los gobiernos de la UE no apoyan hoy más que a una Comisión que les dé la razón.
Revindica también un buen balance sobre el clima, la adopción de ambiciosos objetivos europeos de reducción de emisiones de CO2 pese a la crisis económica.
Sus partidarios quieren creer que el hombre, padre de tres niños, ha cambiado. "Barroso está ahora mucho más cerca que en el pasado del voluntarismo que queremos a la cabeza de Europa", aseguró el ex ministro francés Michel Barnier, que podría entrar en la Comisión Barroso II.
El portugués todavía tiene que convencer. "Barroso es tan débil que será recompensado con otro mandato", señaló ya a finales de 2008 el ex ministro alemán de Exteriores Joschka Fischer.
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