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El BCE abre la puerta a debatir el final del programa de compras de activos

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Mario Draghi, presidente del BCE, el lunes en Bruselas en una reunión del Eurogrupo. Geert Vanden Wijngaert AP

  • El euro y los tipos de interés de la deuda pública europea suben con fuerza en los mercados

"Quantitative easing": en román paladino, flexibilización cuantitativa (o QE, por sus siglas en inglés). Esas dos palabras mágicas explican buena parte de la respuesta de los bancos centrales a la Gran Recesión. Cuando peor estaba el huracán financiero y en medio de una sacudida formidable en los mercados de bonos, los responsables de política monetaria se sacaron de la chistera un bazuca y se pusieron a disparar: activaron compras multimillonarias de todo tipo de activos, incluida la deuda pública, y pusieron en marcha otras medidas extraordinarias como los tipos de interés negativos. Lo nunca visto. Estados Unidos hace tiempo que ha iniciado la retirada. Europa empieza a anunciar que está pensando también en dar un paso atrás: el economista jefe del BCE, Peter Praet, ha explicado hoy en Berlín que la recuperación de la eurozona y las señales de mejoría en la inflación obligan al Eurobanco a "evaluar si el progreso hasta el momento ha sido suficiente para justificar la retirada gradual de las compras". El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha calificado como "plausibles" las expectativas de una retirada de estímulos hacia final de año. Praet es un heterodoxo, una paloma, un partidario de usar los estímulos monetarios si es necesario. Weidmann es quizá el más ortodoxo, el más halcón de los banqueros centrales europeos: desde el principio estuvo en contra del QE. Esa nueva melodía a dúo de halcones y palomas ha bastado para que el euro suba esta mañana un 0,4%, hasta rozar los 1,18 dólares por unidad. Los tipos de interés de la deuda pública europea, anestesiados desde hace años por el QE, han dado también un salto importante. El mercado, en fin, reacciona a esas andanadas verbales, amparado por la recuperación de la zona euro y cierta subida de la inflación —que sigue muy lejos del objetivo del BCE—, y a pesar del susto que ha dado en las últimas semanas Italia con su Gobierno populista y sus mensajes de matizado euroescepticismo.

El BCE se reunirá el próximo jueves 14 de junio en Riga (Letonia), en lo que supondrá el estreno de Luis de Guindos como vicepresidente y la primera reunión de Pablo Hernández de Cos en su cargo como gobernador del Banco de España. La inflación del euro subió en mayo al 1,9%, más de medio punto de golpe, pese a que sin petróleo ni alimentos sigue solo ligeramente por encima del 1%. "Las señales que muestran la convergencia de la inflación hacia nuestra meta mejoran", ha dicho Praet, que ha subrayado "las presiones al alza de los salarios", algo que el Eurobanco venía pidiendo insistentemente. Fráncfort ha contribuido a revivir la economía y los precios con un QE en el que ha gastado 2,5 billones de euros, más de dos veces la riqueza que produce España en un año.

El programa de adquisiciones prevé 30.000 millones de euros mensuales hasta septiembre de 2018 "o más allá si es necesario", según la frase que ha acuñado Mario Draghi. Después de las declaraciones de Praet y Weidmann, está claro que el BCE se plantea si es o no necesario. Los analistas temen los efectos que pueda tener esa medida. La retirada es la más difícil de las operaciones, decía Clausewitz, y eso también vale para el mercado de bonos.

FUENTE: El País.

Bruselas presenta un fondo anticrisis muy por debajo de las expectativas lanzadas por Macron

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El comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici (derecha) y el vicepresidente de la Comisión, Valdis Dombrovskis S. LECOCQ EFE

  • La Comisión plantea un fondo para facilitar las reformas de 25.000 millones y un esquema para proteger las inversiones públicas de los países con problemas de 30.000 millones

Dos décadas después de la creación del euro y tras años y años de debates, hojas de ruta y agendas de reforma, la Comisión Europea propone hoy el primer presupuesto del euro anticrisis, fundamental para completar la arquitectura incompleta de la moneda única. La Función Europea de Estabilización de la Inversión (EISF, por sus siglas en inglés: el enésimo acrónimo relacionado con el euro) ascenderá a 30.000 millones de euros, con un impacto económico del 0,000026% del PIB de la eurozona. Se trata del primer instrumento de solidaridad creado tras los 10 últimos años de crisis: un crédito sin intereses y sin condiciones para que el país afectado por una crisis (con un súbito aumento del desempleo, como le ocurrió a España desde 2010) pueda mantener la inversión pública. Bruselas tenía planes para hacer mucho más, pero la propuesta se queda muy por debajo de lo que piden voces como la del presidente francés Emmanuel Macron. "Esto es lo que hay: una especie de fondos zanahoria", admiten las fuentes consultadas en la capital europea.

El vicepresidente letón Valdis Dombrovskis y el comisario francés Pierre Moscovici se han encargado este mediodía de vender ese nuevo instrumento, que se completa con otro fondo dotado con 25.000 millones de euros adicionales para los países que hagan reformas y se unan al euro. "Estas propuestas reforzarán la resistencia de la Unión Económica y Monetaria y de los países individuales", ha dicho Dombrovskis, que ha subrayado que el presupuesto anticrisis "no puede dar lugar a transferencias permanentes" para alivio de Alemania. Porque el diseño de ese fondo es marcadamente alemán. "Estamos sembrando una semilla, es la primera vez que el euro tiene un instrumento de solidaridad, pero más adelante convendría regarla", ha dicho un Moscovici que era partidario de mucha más ambición.

Pero la ambición, al menos de momento, queda para las grandes declaraciones. Y en todo caso para Francia: un portavoz del ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, ha afirmado que se trata "de un paso en la buena dirección", pero inmediatamente ha afirmado que la eurozona "necesita un presupuesto de convergencia y de estabilización". El EISF y su 0,00002% del PIB difícilmente entran en esa categoría.

Con la crisis italiana y los mercados sacudiendo un día tras otro a la periferia, el plan de la Comisión Europea se incluye dentro del debate sobre las reformas de la Unión Económica y Monetaria, que los líderes deben debatir en la cumbre de junio. Están sobre la mesa un respaldo fiscal del fondo de resolución bancaria (para cerrar bancos sin que haya episodios de inestabilidad financiera) y un calendario para el fondo de garantía de depósitos común, además de una capacidad fiscal que podría adoptar la forma que propone la Comisión. Hay otros planes sobre la mesa: usar un fondo de 55.000 millones de euros en manos del Mecanismo de rescate (Mede), en principio destinado a la recapitalización directa de bancos. Los Gobiernos francés y alemán, además, llevan varias jornadas de reuniones para hacer una propuesta conjunta, que podría llegar en los primeros días de junio.

Estos son los detalles más jugosos de los dos fondos.

EISF: 30.000 millones en créditos sin intereses. Bruselas propone que el coste de la financiación del EISF, que asciende a 30.000 millones, se cubra con los beneficios que el Banco Central Europeo obtiene con la emisión de moneda y que ahora se reparten los países de la Unión Monetaria, que ascienden a unos 8.000 millones. Para acceder a esa financiación hay que cumplir con las reglas europeas: el Pacto de Estabilidad y el denominado Procedimiento de desequilibrios macroeconómicos; no está claro que España ni Italia, por ejemplo, cumplan esas reglas. El nuevo fondo se usará en caso de shock asimétrico (en un solo país, que hace más difícil el activismo del BCE), cuando un Estado miembro pierda acceso a los mercados para refinanciar su deuda. Un Estado miembro tendrá derecho a usarlo cuando su tasa de paro estructural (independientemente del ciclo) sea muy elevada y haya un abrupto incremento del desempleo. Se usa exclusivamente para mantener el nivel de inversión. No puede llevar a transferencias permanentes para evitar el denominado riesgo moral.

Apoyo a las reformas: 25.000 millones. Persigue dar apoyo financiero a los países que acometan reformas estructurales. Además, proporcionará ayudas a los países de la UE que no forman parte del euro para que se sumen a la moneda única, con una Facilidad de Convergencia. La Comisión determinará el tamaño del apoyo financiero cuando los Estados miembros presenten sus programas nacionales de reformas. España podría recibir 1.146 millones de euros por ese capítulo, la cuarta cifra más elevada.

FUENTE: El País.

Rajoy fomenta la alianza con Portugal para influir más en el futuro de Europa

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Mariano Rajoy y Marcelo Rebelo de Sousa en la Moncloa.

  • El presidente portugués termina su visita de Estado a España con múltiples mensajes a favor de profundizar en una relación vecinal privilegiada

Profundizar en la ahora privilegiada relación bilateral entre España y Portugal, consensuar en el futuro más posiciones comunes en la construcción europea en marcha y "no ceder un milímetro" ante los populismos en la vigencia de los valores democráticos edificados costosamente por ambas sociedades. Estas tres claves fueron las que se repitieron y guiaron durante estos días de visita de Estado a España los diferentes discursos del presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, y de sus diversos anfitriones españoles, desde el rey Felipe VI, al jefe de Gobierno Mariano Rajoy o la presidenta de las Cortes, Ana Pastor. España y Portugal presumen en los últimos años de un nivel de relación tan extraordinario que las cumbres y visitas institucionales proliferan como nunca y el intercambio comercial y turístico se aúpa a cotas históricas.

"Juntos y en democracia podemos llegar más lejos". Marcelo Rebelo de Sousa eligió esas palabras para subrayar, al final de su discurso solemne y "fraterno" ante las Cortes españolas, reunidas en sesión conjunta, que España y Portugal no solo tienen y mantienen innumerables lazos históricos y culturales de vencidad sino que podrían disfrutar ante todo de un gran futuro juntas. Un mensaje que articuló antes, en la misma línea, en la declaración conjunta que suscribió en La Moncloa de la mano del presidente español cuando ambos abogaron por ahondar en su "trabajo conjunto para construir una Europa más fuerte" en todos los sectores pero especialmente en dos ámbitos ibéricos de gran interés común como son las interconexiones energéticas y en agricultura.

Antes de que acabe este primer semestre del año el primer ministro portugués, António Costa, acogerá en Lisboa la II edición de la cumbre tripartita con el presidente de España, el de Francia, Enmanuel Macron, y el de la Comisión europea, Jean Claude Juncker, para debatir sobre la promoción de diferentes interconexiones estratégicas europeas que deben pasar por la Península. Uno de los grandes objetivos sería facilitar la creación de una especie de mercado ibérico del gas.

Rajoy aprovechó la cita de ayer en Madrid con el presidente portugués para repetir una idea que expresa ahora ante cada visita de un mandatario europeo y que le preocupa e inquieta por el inmediato porvenir en el diseño de la nueva Europa postBrexit: la elaboración del nuevo presupuesto comunitario ya sin el Reino Unido en el club. Rajoy y Rebelo de Sousa coincidieron en que hace falta "más Europa y más fuerte" y se conjuraron para articular un papel juntos y con más influencia. Ambos dirigentes quisieron recordar, en este sentido, la ubicación en puestos claves para el relanzamiento de esa Europa de dos políticos ibéricos, como el portugués Mario Centeno al frente del Eurogrupo y del español Luis de Guindos como vicepresidente del Banco Central Europeo. España y Portugal no tuvieron reparos en expresar públicamente su apoyo cruzado a ambos candidatos en su reciente elección.

El jefe del Ejecutivo español rememoró, en su declaración, que España y Portugal han sufrido recientemente parecidas consecuencias de la crisis económicas (Portugal con un rescate total y España con uno parcial a su banca) y glosó que ambas naciones lo habían sabido superar con reformas y el esfuerzo de sus ciudadanos. Marcelo Rebelo de Sousa se remontó por la tarde, en las Cortes, a los pasajes históricos vividos en paralelo, con las relegadas dictaduras ya en el olvido y el sufrido tránsito a las actuales democracias.

Fue ahí cuando el presidente portugués, que fue uno de los padres de la Constitución de su país y eurodiputado, aludió a lo costoso que ha sido para España y Portugal edificar "palmo a palmo" este periodo democrático y cuando mostró su preocupación por los avisos que llegan a esos sistemas políticos en crisis de otros escenarios o lugares más frágiles donde "se desistió de hacer de la democracia una realidad diaria" y un "desafío nunca agotado".

"Tenemos que recrear a cada momento nuestra democracia, nuestra educación, nuestros sistemas sociales, nuestra economía, nuestra relación con los demás, nuestras instituciones", reseñó Marcelo Rebelo de Sousa en alusión a que solo desde la cultura se pueden superar las fases en las que las coyunturas políticas y económicas se alteran. "La democracia nos une y nunca, nunca, podremos aceptar que nos divida", remarcó el presidente luso. Y acentuó: "Sólo en democracia elegimos ser fieles a lo mejor de la historia de cada cual, sin ceder ni un milímetro de esa democracia, a la que llegamos hace cuatro décadas en movimientos de recíproca influencia".

El dirigente portugués ensalzó como Rajoy la importancia del proyecto europeo como un reto "humanista, de paz y justicia social, solidario, abierto al mundo" y que significa "tolerancia contra el egoísmo xenófobo, participación contra el confidencialismo que provoca el populismo" y "fraternidad, que se opone al odio".

Fue en ese momento, en el que Rebelo acabó su intervención, cuando los diputados independentistas catalanes de ERC y el PDeCAT empezaron a entonar algunas estrofas de la mítica canción Grândola, Vila Morena, de José Afonso, que se convirtió en un símbolo de la Revolución de los Claveles que puso fin en 1974 a la dictadura en Portugal. Los parlamentarios nacionalistas catalanes portaron lazos y claveles amarillos en reclamación de la libertad para varios dirigentes independentistas encarcelados. Rebelo de Sousa tuvo un conato de empezar a cantar la canción con los diputados pero la presidenta del Congreso, Ana Pastor, salió al quite y dio por zanjada la sesión.

La visita de Estado de Marcelo Rebelo de Sousa es devolución de la que efectuaron el año pasado los reyes de España a Portugal y se enmarca en un clima de constantes y periódicos encuentros entre los mandatarios, presidentes y ministros de ambas naciones y que según fuentes oficiales españolas "no es tanto fruto de la vencidad y proximidad geográfica como del nivel extraordinario de relaciones actuales". En el ámbito comercial España exportó a Portugal durante 2017 un total de mercancías por valor de 19.843 millones de euros e importó de allí más de 11.000 millones. Portugal es el cuarto destino de exportaciones y el octavo proveedor. España exporta a Portugal más que a toda Iberoamérica en su conjunto.

El stock de inversiones españolas en Portugal alcanzó los 16.477 millones de euros, convirtiendo ese país en el séptimo de inversiones en el extranjero, con una generación de más de 100.000 empleos y un asentamiento de unas 1.200 empresas nacionales. En España hay radicadas unas 600 empresas portuguesas que han provocado unos 20.000 empleos.

La cercanía territorial facilita, además, un altísimo grado de conexión turística. En 2016, el último año computado, un total de 4,7 millones de españoles visitaron Portugal (que dejaron en ese país más de 961 millones de euros) y 2,1 millones de portugueses se adentraron en España (que gastaron 596 millones).

FUENTE: El País.

La UE y Reino Unido alcanzan un acuerdo para la transición post-Brexit

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El representante británico para la UE, David Davis, y el negociador de la UE, Michel Barnier, posan tras la reunión en Bruselas. FRANCOIS LENOIR REUTERS
  • Durante este periodo, que llegaría al 31 de diciembre de 2020, los expatriados que llegase a Reino Unido contarían con los mismos derechos que hasta ahora

La Unión Europea y Reino Unido han alcanzado un acuerdo sobre el periodo de transición tras la ruptura de Londres con el club comunitario o Brexit, que irá desde el 29 de marzo, fecha de la desconexión, hasta el 31 de diciembre de 2020. 

Durante este tiempo, el Gobierno británico podría seguir cerrando tratados comerciales, por ejemplo. Según han informado el negociador de la UE, el francés Michel Barnier, y el representante de Londres en la mesa de diálogo, David Davis, el pacto en casi todos los apartados en disputa es amplio, aunque el camino no ha terminado. 

Barnier ha informado de que el marco financiero, esto es, el coste de la desconexión, está pactado, así como el derecho de los ciudadanos expatriados.Durante esta transición los ciudadanos que llegan a Reino Unido como expatriados contarán con los mismos derechos que hasta ahora.

El asunto de Irlanda, uno de los principales obstáculos al acuerdo, aún sigue abierto, según ha manifestado el diplomático francés, pero será parte del acuerdo final. Tanto Londres como Dublín desean que la desconexión no suponga un refuerzo de la hasta ahora inexistente frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte. Pero la marcha de Reino Unido del mercado común podría acabar por obligar a ello. Durante la comparecencia de hoy, Davis ha afirmado que Londres se mantiene "firme" en su intento de que no se refuerce el paso fronterizo.

El Consejo Europeo evaluará este principio de acuerdo a partir del viernes. Preguntado Davis por Gibraltar, el representante británico ha contestado que forma parte del acuerdo de transición. El Peñón abandonaría la UE al tiempo que el Reino Unido.

FUENTE: El País.

Un grupo de expertos alemanes y franceses propone una reforma radical del euro

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La sede del Banco Central Europeo en Fráncfort. 
La sede del Banco Central Europeo en Fráncfort.

  • Una docena de destacados economistas reclama un mecanismo de reestructuración de deuda y limitar la deuda pública en manos de los bancos pero también eurobonos light y un fondo de estabilización anticrisis

Emmanuel Macron, quizá la figura clave de la Europa que viene, apuesta por reformar el euro desde hace meses. La Comisión Europea presentó un ambicioso plan en diciembre con lo mínimo que quiere Francia y lo máximo que está dispuesta a aceptar Alemania. En Berlín, el centroderecha y la socialdemocracia han incluido propuestas sobre el euro más ambiciosas que de costumbre en el principio de acuerdo para la gran coalición, que se dio a conocer hace unos días. Y los economistas se suman ahora a ese debate: una docena de destacados expertos alemanes y franceses —solo alemanes y franceses: definitivamente, el eje francoalemán ha vuelto— publican hoy sus ideas sobre una reforma radical de la eurozona. El plan trata de ser una síntesis entre lo que quiere Berlín (disciplina, reglas y reducción de riesgos) y lo que desea París (discrecionalidad para tener por fin una política fiscal capaz de luchar contra las crisis, y compartir riesgos, con un embrión de los famosos eurobonos).

"La reducción de riesgos, la disciplina de mercado y la posibilidad de compartir riesgos deben ir de la mano: progresos en una de esas áreas no son factibles, ni deseables, sin progresos en las demás", asegura un jugoso documento de 33 páginas. Lo firman Jean Pisani-Ferry, exasesor de Macron, y Jeromin Zettelmeyer, que capitaneaba el equipo económico del ministro alemán Sigmar Gabriel, junto con nombres destacados como, Philippe Martin, miembro del Consejo de Análisis Económico de Macron, o Isabel Schnabel (una de las sabias del consejo equivalente en Alemania). Europa siempre fue un amaño entre las reglas alemanas y la discrecionalidad francesa. Y el plan de los expertos transita por esa senda, con algunas de las medidas que siempre ha pedido el Sur, como una capacidad fiscal anticrisis o eurobonos (en su versión light: con ingeniería financiera y sin apenas mutualización, no vaya a desmoronarse la puerta de Brandemburgo).

Pero también con ese aroma inconfundiblemente alemán de los límites a la exposición de deuda soberana en los balances de los bancos, o el apoyo sin ambages a la polémica propuesta de poner en marcha un mecanismo de reestructuración de deuda pública, que según los Gobiernos del Sur podría provocar una reedición fulminante de la crisis del euro si no se hace con mucho cuidado.

A día de hoy apenas ha habido en Europa concesiones a las peticiones de la periferia durante la Gran Recesión, salvo por el activismo del BCE (contra las tesis de Alemania) y por los rescates del Mecanismo de ayuda (Mede), que son en realidad préstamos con una dura condicionalidad. Berlín decretó disciplina de mercado a los países con mayores problemas, y en los últimos años ha habido varias rondas de recapitalizaciones bancarias y reducción de los activos morosos (NPL, por sus siglas en inglés), junto con fuertes recortes del déficit. La promesa, siempre incumplida, fue siempre que tras ese palo la zanahoria acabaría llegando. Pero a la hora de la verdad Berlín se ha opuesto a casi todo: no permite completar la unión bancaria, no quiere ni en pintura los eurobonos y se ha atrincherado (al menos hasta el acuerdo de la gran coalición) contra la capacidad fiscal anticrisis de la zona euro, imprescindible para que la próxima crisis no se lleve por delante la moneda única.

Al menos, los expertos admiten esta vez que las medidas de reducción de riesgo (lo que quieren los alemanes) deben activarse en paralelo con las medidas para compartir riesgo. Ese es el gran debate: quién cede primero en el diseño de la futura eurozona. Nada fácil, a la vista de que el euro actual se caracteriza por una profunda brecha Norte-Sur.

"Hay que mejorar la arquitectura del euro para hacerlo menos vulnerable a las crisis", arranca el texto. "El sistema financiero sigue siendo vulnerable"; "las reglas fiscales no son creíbles"; "el BCE no tiene más margen y la política fiscal es procíclica", atacan los expertos, que se meten incluso en zonas peligrosas: la sobredosis de ajuste en la periferia "ha provocado miseria y resentimiento entre los acreedores y los países deudores".

Los economistas atribuyen el auge de los populismos y nacionalismos tanto en el Norte como en el Sur al mal diseño del euro, que exige duros recortes en la periferia y que provoca que el Norte esté temiendo continuamente que va a tener que poner dinero del contribuyente en el Sur (miedo que a día de hoy es del todo falso: el Mede no ha perdido un solo euro con los rescates). "La próxima crisis tardará años en llegar, pero cuando finalmente llegue incluirá una venganza: el capital político de la Unión Económica y Monetaria es hoy inferior al de 2008, y o resolvemos los problemas o crecerá el resentimiento entre acreedores y deudores", vaticina el documento. En otras palabras: o la arquitectura del euro se refuerza o la próxima crisis se puede llevar por delante la moneda única.

Las seis reformas más destacadas que proponen los expertos son las siguientes.

1. Romper el círculo vicioso banca-deuda pública. Los economistas proponen limitar la deuda pública en manos de los bancos: exigir más capital cuando el nivel de concentración de un banco en la deuda de su país sobrepase un determinado límite. Alemania y Holanda llevan años pidiendo lo mismo: Francia, Italia y España se niegan. Los expertos proponen que a cambio se active de una vez por todas el esquema de garantía de depósitos común. Pero esta vez son Alemania y Holanda quienes se niegan, por el miedo a acabar pagando por los desmanes de los bancos sureños.

2. Cambiar el Pacto de Estabilidad por una regla de gasto. Los expertos admiten que las reglas no funcionan. Son demasiado complejas, después de numerosas reformas. Son "procíclicas", la palabra que los economistas suelen usar para evitar decir "idiotas": en tiempos de vacas flacas obligan a recortar, y permiten gastar más en periodos de bonanza (lo contrario de lo que debería suceder). Y el régimen de sanciones sobre el que se sustentan las actuales reglas fiscales "no es creíble". Los autores abogan por una regla de gasto, guiada por la reducción de la deuda pública a largo plazo. Los países que incumplan serían obligados a financiarse con deuda de peor calidad, cuyos plazos se ampliarían automáticamente si solicitaran un rescate al Mede, para aumentar la disciplina de mercado.

3. Mecanismo de reestructuración de deuda. De nuevo el pensamiento económico alemán en su máxima expresión: los expertos creen que Europa debe volver a la cláusula de no rescate y favorecer las reestructuraciones de deuda pública, e impedir al Mede que salve a los países con deudas insostenibles. A cambio, proponen crear un eurobono light, basado en la ingeniería financiera. Pero el documento insiste en la necesidad de activar el mecanismo de reestructuración de manera muy gradual, para evitar un shock en los mercados.

4. Capacidad fiscal anticrisis. Quizá la estrella del texto desde una perspectiva sureña. Actualmente, cuando hay un shock económico en un solo país, el Gobierno de turno solo puede valerse de sus propios estabilizadores automáticos: no hay un presupuesto común para luchar contra crisis abruptas, como la que puede sufrir Irlanda en caso de un Brexit duro o la que sufrió España, con un aumento brutal de las tasas de paro. Se trataría de activar esa capacidad fiscal (que ya propuso la Comisión, en una versión muy descafeinada) en caso de que el paro rebase un determinado nivel (o el empleo caiga), evitando siempre las transferencias permanentes, con un sistema de reaseguro que obliga a los países a encajar las primeras pérdidas para después acudir al cortafuegos común. Pero --siempre hay un pero-- los expertos condicionan el uso de esa capacidad fiscal al cumplimiento de las reglas fiscales. Se financiaría con una contribución del 0,1% del PIB anual en cada país.

5. Eurobonos light. En línea con las propuestas de Bruselas, los expertos abogan por un "activo seguro común", pero con un apellido para iniciados: "Sintético". Traducción bastarda: ingeniería financiera y escasa mutualización, ante el escaso apetito en Alemania. Y solo si Europa se aviene a limitar las tenencias de deuda pública en manos de los bancos.

6. Arquitectura institucional. Los economistas francoalemanes creen que la presidencia del Eurogrupo debería ser permanente y recaer en un comisario, pero en el terreno fiscal aboga por separar la labor de juez y la de fiscal dentro de la Comisión. Y dan más relevancia al Mede para gestionar las crisis.

FUENTE: El País.

Varoufakis: “No se engañen, la crisis sigue ahí: el euro corre peligro”

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Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas de Grecia. Barcelona, 9 de noviembre de 2017 
Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas de Grecia. Barcelona, 9 de noviembre de 2017 Albert Garcia 


  • El exministro de Finanzas griego ha publicado un libro sobre las entretelas de la política europea
Polémico. Atractivo. Brillante. Controvertido. Los seis meses de Yanis Varoufakis (Atenas, 1961) al frente del Ministerio de Finanzas de Grecia lo convirtieron en una celebridad global, en una suerte de estrella del rock de la política económica. Sus detractores lo caricaturizan como un extremista medio chiflado de izquierdas —según su propia definición—, enamorado de las motos potentes, de los restaurantes chic, de las chaquetas de cuero y del glamour de las islas griegas. La troika afirma que su gestión le costó a Grecia 100.000 millones de euros.

Lo más suave que dicen sus críticos es que se trata de un intelectual cuya inmersión en la política, más allá de la fama, puede calificarse como mediocre. Varoufakis acaba de responder a sus censores con un ejercicio de funambulismo literario: Comportarse como adultos, que en España acaba de publicar Deusto, ofrece una mirada única a las entretelas de Bruselas y es, sin duda, uno de los libros del año. A lo largo de 700 suculentas páginas se explica, asume algunos errores y, sobre todo, salda cuentas pendientes con una prosa de gran altura que incluye sonoros disparos a diestro y siniestro. El exministro conserva una lengua venenosa y es dueño de un análisis demoledor para Europa. “No se engañen, la crisis sigue ahí; el euro corre peligro”, embiste en una entrevista realizada con este periódico.

Europa crece a un ritmo superior al 2%. El paro ha bajado de la cota del 9%. Los déficits mejoran. Los populismos acechan, pero de momento siguen quedándose a las puertas de llegar al Gobierno en los grandes países. Las instituciones europeas presumen, en fin, de recuperación. Sin embargo, Varoufakis desdeña todo eso —“Una reactivación cíclica”, lo llama— y brinda un mal dato por cada dato bueno. Y, sobre todo, esboza un relato mucho menos complaciente que el de las élites de la UE.

“En la fase más aguda de la crisis del euro, hubo serios riesgos de fragmentación. El BCE supo contenerlos, pero las amenazas aún existen, aunque adopten otras formas: el Brexit, una Alemania que no logra formar Gobierno, la extrema derecha en Austria, Cataluña, el hundimiento del bipartidismo en Francia y los reflejos autoritarios en Europa del Este son claros síntomas de un malestar profundo. Las grandes crisis son momentos de revelación de las fallas del sistema: en Europa le hemos visto las costuras al euro y si nada cambia la amenaza es el hundimiento gradual de lo que solíamos llamar democracia liberal”. 

Una situación como la de 2001

¿Lo peor ha pasado? No. Varoufakis, que ha fundado un nuevo partido (DiEM 25) para luchar contra ese malestar, se ríe cuando se le recuerda que el apocalipsis casi siempre defrauda a sus profetas: “Los análisis más pesimistas, entre ellos los míos, no han fallado en los últimos años; lo siento, pero es así”. ¿Lo peor ha pasado, al menos? “La situación actual me recuerda a la de 2001: veníamos de veinte años de encadenar burbujas, estalló la de las puntocom, y aun así nos las arreglamos para seguir igual y provocamos una crisis aún más grave con una burbuja aún mayor que estalló en 2008. Corremos el riesgo de volver a las andadas. En España, la deuda total va al alza. En Italia hay fuga de capitales, una crisis bancaria en ciernes, una situación política explosiva. Lo que tenemos en Grecia no puede llamarse recuperación, y la deuda es impagable. Los ejemplos son inagotables. En toda la periferia hemos cambiado empleos a tiempo completo por trabajos precarios, y con ello se ponen en peligro las pensiones futuras y las bases de la economía europea. Los desequilibrios financieros y macroeconómicos no solo no se han reducido, sino que son incluso mayores: me temo que no estamos para celebraciones. El euro, tal como está hoy, es insostenible”.

“Lo más preocupante”, acaba el griego, “es el bajo nivel de inversión y las divergencias crecientes en la zona euro. Sin inversión y sin convergencia es imposible hablar de fin de la crisis. Europa sigue metida en una: 10 años después de [la caída de] Lehman Brothers, somos incapaces de reforzar la arquitectura del euro y la moneda, contra lo que decían sus impulsores, es una fuente de incertidumbre. Europa es muy rica y puede mantener ese euro con pies de barro durante un tiempo, pero a la larga, créame, las costuras saltarán”.

Errores y maldiciones. Varoufakis se retrata a sí mismo como una suerte de héroe trágico en su libro. Alude a algunos de los errores que cometió como miembro del Gobierno de Alexis Tsipras, aunque su capacidad de autocrítica no está a la altura de su talento literario. Y aun así merece la pena prestar atención a su análisis. “Grecia no podía aceptar ningún acuerdo sin reestructurar su deuda, que era y es insostenible. Pero a los acreedores no les interesaba que pagáramos: simplemente querían dar una lección a Grecia como aviso a otros países. Al final, desgraciadamente, Tsipras capituló. En el póquer, si tienes malas cartas, solo tienes una posibilidad de ganar si tu farol es creíble y lo mantienes hasta el final, pero si crees que el oponente no va a retirarse no deberías jugar. Estoy orgulloso del auténtico susto, aunque breve, que se llevó la troika. Pero no supimos resistir”. “Nuestra derrota tuvo unos costes enormes”, admite en el libro. “Maldigo a mi Gobierno por no haber resistido”, añade durante la conversación.

Guindos: “Es uno de ellos”. Varoufakis critica con suma dureza a la Comisión Europea —“El Eurogrupo y hasta el grupo de trabajo del Eurogrupo mandan mucho más”—. Atiza sin miramientos a Tsipras, a Jean-Claude Juncker, a Pierre Moscovici, a Jeroen Dijsselbloem, a muchos otros. A lo largo de Comportarse como adultos apenas salva al ministro alemán Wolfgang Schäuble, que llegó a proponer la salida de Grecia del euro. Su análisis sobre Luis de Guindos está plagado de claroscuros: “Hablamos el mismo idioma porque Guindos, a diferencia de la gran mayoría del Eurogrupo, sabe de economía. Tuvimos interesantes discusiones, y a puerta cerrada estábamos más o menos de acuerdo. Pero en las reuniones Luis mantuvo posiciones indignantes: su primer objetivo era castigar a Grecia para penalizar a Podemos. Y siempre era el primero en darle la razón a Schäuble. Con él me pasó lo que con tantos otros: podía llegar a posiciones comunes en privado, pero a la hora de la verdad no servían de nada: eso es democráticamente deshonesto”. ¿Le ve con opciones al BCE? “Viene de la banca de inversión, como Mario Draghi. Tiene buenos fundamentos económicos. Y lo más importante: es uno de ellos”, remacha el exministro.

Egos revueltos. Varoufakis explica de forma pormenorizada en su nuevo libro qué significa ser uno de ellos a través de una conversación con el influyente Larry Summers, exasesor de Barack Obama y exsecretario del Tesoro con Bill Clinton. “Hay dos clases de políticos: los que ven las cosas desde dentro y los que prefieren quedarse fuera, los que prefieren ser libres para contar su versión de la verdad. El precio que pagan por su libertad es que los que están dentro, los que toman las decisiones importantes, no les prestan la menor atención. Los que viven las cosas desde dentro deben acatar una ley sacrosanta: no ponerse en contra de los que están dentro, no contar lo que sucede. ¿Cuál de los dos eres tú?”, le pregunta Summers. Varoufakis lo deja claro a lo largo de más de 700 páginas. Graba y transcribe reuniones, cuenta pormenores de decenas de entrevistas con líderes mundiales, pone sobre la mesa hasta el último y sonrojante detalle.

Yanis Varoufakis consigue reírse de sí mismo, aunque se las arregla para quedar bien casi siempre. Y mantiene el pulso literario de un volumen largo que tiene hechuras de novela negra y de drama shakespeariano. Pero sobre todo de tragedia griega. Porque a pesar de sus torrenciales explicaciones, el lector no alcanza a explicarse cómo Tsipras, Varoufakis y los suyos no consiguieron ni acercarse a lo único que importa: el mejor acuerdo posible para Grecia.

Mario Draghi, el “déspota trágico”

Varoufakis nunca quiso salir del euro: su posición fue reclamar una reestructuración de la deuda pública griega (en torno al 180% del PIB: un nivel “insostenible”, según el FMI) y objetivos fiscales asumibles. Su estrategia era amenazar con un impago, y tener listo un sistema de liquidez alternativo si (como sucedió) los acreedores provocaban un cierre de los bancos.

En el momento clave, junio de 2015, el primer ministro, Alexis Tsipras, se echó atrás, y el BCE precipitó el final del drama. Varoufakis carga con suma dureza contra el Eurobanco (“el banco central más politizado del mundo”) en su libro. Califica a Draghi como “déspota trágico”. Le acusa de forzar la mano con “vergonzosas amenazas”. “Los abusones culpan a sus víctimas. Los abusones listos consiguen que la culpabilidad de sus víctimas parezca evidente. [...] El BCE demostró una habilidad especial en esta última técnica”, dispara el exministro. Draghi, según esa versión, le obligó a cerrar la banca y le forzó a aceptar más austeridad, en un país que ha recortado las pensiones varias veces, prohibido la negociación colectiva y donde solo el 8% de parados recibe algún subsidio.

FUENTE: El País.

La UE fracasa en cerrar el acuerdo comercial con Mercosur este año

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Los representantes de los países de Mercosur posan durante la cumbre celebrada el 21 de diciembre en Brasilia.
Los representantes de los países de Mercosur posan durante la cumbre celebrada el 21 de diciembre en Brasilia. ADRIANO MACHADO REUTERS

  • Bruselas confía en concluir tratados con México y con el gigante sudamericano en 2018

A la UE se le resisten los acuerdos comerciales con Latinoamérica. En plena euforia librecambista como contrapeso al proteccionismo de Donald Trump, Europa quiso aprovechar el vacío estadounidense para acelerar todos los tratados de libre comercio que tenía en la recámara. Los responsables comunitarios fijaron el 31 de diciembre como fecha límite para sellar los de Japón, México y Mercosur. El primero se ha logrado. El segundo se cerrará probablemente en los próximos meses. El tercero tiene un futuro mucho más incierto.

Mercosur reúne todas las condiciones para comerciar sin trabas con Europa. Sus 260 millones de consumidores (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) convierten a este bloque en el quinto mercado más grande del mundo, según datos de la Comisión Europea. Los vínculos culturales son estrechos y la asociación sureña nunca ha suscrito un acuerdo comercial con otro socio. Inaugurar esos intercambios favorables otorgaría una enorme ventaja a las empresas de la UE. El diálogo, pese a todo, resulta tortuoso. Bruselas y el bloque del sur llevan casi 20 años —con sonoras interrupciones— discutiendo sobre cómo intercambiar bienes y servicios. El buen arranque de este último intento, iniciado en 2016, infundió esperanzas de lograrlo antes de concluir el año. Las partes pecaron de optimistas

“Hemos avanzado, pero aún tenemos que hacer inventario. Vemos el final de este proceso”, lanzó, a modo de esperanza, la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, a mediados de diciembre. Negociadores y políticos se reunieron esos días en Buenos Aires y la oportunidad de acuerdo parecía sobre la mesa. Como en tantas ocasiones desde 1999, no se consiguió. Pese a todo, Bruselas insiste en que nunca han visto tan de cerca la meta.

Las discrepancias son sensibles. Por el lado europeo, Francia e Irlanda presionan para limitar la cuota de exportaciones (el acuerdo no contempla libre comercio absoluto) en ternera, muy competitiva en los países de Mercosur. Bajo la bandera de la Europa que protege, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha suscitado este debate en las reuniones de jefes de Estado y de Gobierno de la UE en dos ocasiones desde que ganó las elecciones. Aunque finalmente no llegó a pedir una revisión del mandato de negociación, estos recelos franceses han pausado el proceso. Macron trata de presentarlo como un intento de acotar los excesos de la globalización que tanto rentabilizó su rival Marine Le Pen.

Por el lado latinoamericano, las cuitas se centran más en los servicios. Bruselas está dispuesta a aumentar la cuota de vacuno de Mercosur por encima de las 70.000 toneladas al año que incluyó en su última oferta, pero solo a cambio de lo que más interesa a los países comunitarios: acceso a los servicios y a las contrataciones públicas en Latinoamérica. Hay más de 60.000 compañías que podrían beneficiarse de esa mayor apertura. Y ahí Mercosur tiene dificultades para ceder.

La gran incógnita es si las diferencias podrán salvarse en los próximos meses. La Comisión Europea sabe que el margen para concluir el tratado es estrecho. Brasil celebra elecciones el año próximo y en breve ya no podrá comprometerse a nada. En la mente de los negociadores figura el mes de marzo como línea roja imaginaria para este pacto. De momento no hay rondas negociadoras en el calendario.

La UE defiende con ardor las bondades del comercio como generador de riqueza. El mensaje queda sintetizado en un dato: cada 1.000 millones de exportaciones permiten mantener 14.000 puestos de trabajo. Más allá de las implicaciones económicas, fracasar con Mercosur supondría volver a teñir el debate comercial de lecturas políticas. Tras el abandono del ambicioso pacto con Estados Unidos —impracticable con Trump en el poder— y las enormes dificultades para sacar adelante el marco con Canadá en algunos parlamentos de la UE, Mercosur se configura como el próximo reto del libre cambio en el Viejo Continente. 

Último esfuerzo para el tratado con México

El pacto entre Bruselas y México sí parece al alcance de la mano. Con todos los focos posados sobre la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), la firma de un nuevo pacto comercial con la Unión Europea serviría a México para mandar un mensaje nítido a la Administración Trump: que uno de los tres grandes bloques económicos del mundo sí está dispuesto a profundizar en acuerdos modernos y en incrementar los lazos comerciales con países emergentes.

En estas circunstancias, México trata de hacer ver a su principal socio comercial, del que dependen casi el 80% de sus ventas al exterior, que se pueden firmar tratados de libre comercio modernos, adaptados a los nuevos tiempos de la economía y en los que ambas partes salgan beneficiadas, características que tendrá el nuevo pacto con la UE, cuya firma —si los espinosos capítulos agrarios lo permiten— está prevista para los primeros compases de 2018. “Estamos muy cerca de finalizarlo”, declaró recientemente en Bruselas el ministro de Economía de México, Ildefonso Guajardo.

Las exportaciones del país latinoamericano a la UE crecen a ritmo de crucero. En los 10 primeros meses de 2017 registraron un incremento de doble dígito en comparación con el mismo periodo del año pasado. El actual tratado comercial, vigente desde el año 2000, ha ayudado, sobre todo, en facilitación del comercio, al retirar o rebajar aranceles y simplificar los trámites aduaneros. Pero los mayores factores de crecimiento han sido el desarrollo del sector automotriz mexicano —el séptimo más importante del planeta— y su complementariedad con la todopoderosa industria automovilística alemana. También la apuesta del sector agrícola por productos como el aguacate o el tomate, de alta aceptación en los principales países europeos.

FUENTE: El País.

La revolución tranquila de la Unión Europea

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 El presidente del Parlamento Europeo, Donald Tusk, en Bruselas. THIERRY ROGEAFP

Más política, más decisión y muchas más Cumbres. Durante muchos meses, la UE ha estado grogui. Aturdida y deambulando tras el golpe del Brexit y los palos de movimientos euroescépticos y eurófobos de norte a sur y de este a oeste. Llena de dudas, de peleas, de crisis internas. Tras el referéndum británico los países se dieron un tiempo para pensar, como en las relaciones sentimentales en apuros, para reflexionar hacia dónde ir y pisar el freno, pues su temor era que seguir acelerando sin rumbo sólo sirviera para dar munición a los que quieren destruir la Unión.

Pero la situación ha cambiado. Se pregunte a quien se pregunte en las instituciones europeas y la mayoría de las capitales, todos hablan igual. Hay optimismo, entusiasmo, quizás demasiado. Todas las fuentes apuntan repetitivamente a dos factores; la derrota de los populismos en las elecciones holandesas, franceses o alemanas y al "impulso reformados y la energía" de Emmanuel Macron. Son dos buenos motivos, tan buenos como cualquier otro. Había en Europa un deseo reprimido y cualquier excusa es apta para justificar las acciones.

Septiembre fue el mes de los discursos en la UE. Juncker en el Estado de la Unión. Macron en la Sorbona. Theresa May en Florencia. En la cumbre del mes pasado en Estonia, el presidente del Consejo, Donald Tusk, recibió un mandato: poner todas esas ideas en común, algunas muy opuestas, y proponer una "Agenda de Líderes", una revolución en el método para tratar de convertir las ganas en medidas y avances políticos. Y esta semana en la Cumbre de Bruselas el ex primer ministro polaco la ha presentado y ha sido aplaudida prácticamente de forma unánime. "Ha vuelto el apetito por el riesgo", dicen fuentes europeas.

La idea es muy simple: los jefes de Estado y de Gobierno se tienen que ver las caras mucho más e implicarse. Ya no basta un Consejo Europeo cada dos meses. Tusk quiere que se vean al menos una vez por mes, y más si es posible. En los Consejos y en Cumbres informales en cada país que ostente la presidencia temporal. Ocurrió en septiembre del año pasado en Bratislava, en mayo de éste en Roma y de nuevo hace unos días en Tallin. Y Bruselas cree que el sistema funciona.

En su propuesta escrita a los líderes, el polaco explica que "hay dos grandes razones por las que algunos asuntos se enquistan: la primera que en vez de lidiar con ellos los líderes permiten que se pierden en algún lugar entre capas de colaboradores y la maquinaria de decisión. La segunda, conflictos de intereses y opiniones entre los Gobiernos". Y es verdad, pues muchísimos elementos se duermen y olvidan por pequeños detalles y falta de arrojo. La carta remitida a las 28 capitales habla de acabar de una vez con la "inercia burocrática", algo a lo que es casi imposible oponerse. Y con esos bloqueos en los consejos de ministros que retrasan años medidas que la ciudadanía reclama o de las que se beneficiaría inmediatamente.

El Consejo lo tiene muy claro: hay que forzar, apretar. La ciudadanía se ha alejado a pasos agigantados con la crisis y ve Bruselas como un enemigo. Algún primer ministro todavía reconoce que para ellos es "algo tóxico". Y eso debe acabar. Tusk cree que si los ciudadanos perciben que sus representantes elegidos están al frente de la maquinaria perderán parte del recelo actual. "Debemos centrarlos en dar soluciones prácticas a los problemas reales de los ciudadanos. Eso quiere decir cambios, pero no sólo por el placer de cambiar, sino para devolver la sensación de estabilidad, seguridad y predictibilidad a la vida de la gente y fe en el futuro. La innovación institucional puede en algunos casos ser un medio para un fin, pero debemos ser cuidados y no perderos en debates teóricos e institucionales innecesarios".

Merkel, Rajoy, Macron. Todos apoyaron y aplaudieron ayer la idea y el cambio metodológico aprobado para acelerar procesos e implicar de verdad a las Gobiernos. Pero no es oro todo lo que reluce. El jueves Tusk se presentó como "el guardián de la unidad". Podría parecer una frase más, pero no lo es. Lo dijo delante de Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión europea, conocida como "el guardián de los Tratados". La pulla del polaco estaba bien cargada.

En su discurso sobre el Estado de la UE, Juncker abogó por fusionar las dos presidencias, la del Consejo y la Comisión. Y Tusk ha respondido a su manera diciendo: muy bien, pero si sólo queda uno, seré yo. En su mano juega el hecho de que su propuesta es la enésima batalla en la perpetua pugna entre Bruselas y las capitales, entre los partidarios de la vía institucional, comunitaria y en último caso federal, y los defensores del método intergubernamental, de que sean los primeros ministros los que marquen siempre el ritmo. Bruselas puede ser su capital, pero sin trono.

La Agenda de Líderes llevaría a más de una docena de encuentros por lo menos de aquí a que finalice la negociación del Brexit, aprovechando un encuentro de corte social en Suecia a finales de este año, la cumbre de los Balcanes en Sofia en mayo o un evento de seguridad en Austria el próximo septiembre. Y aunque sobre eso no hay problemas, los países del Este, el Grupo de Visegrado sobre todo, sigue siendo muy escéptico. Porque la idea del Consejo es intentar avances a 27 o a 28 en todo. Pero si no hay consenso, en vez de renunciar, usar las cooperaciones reforzadas; esto es, que si hay más de nueve países de acuerdo, tiren hacia adelante. Eso corre el riesgo de dividir Europa, de hacer un puzle imposible. Pero el Eje franco-alemán está bastante seguro de que si el 85% de ellos van a por algo, el resto acabarán sumándose ante el miedo a quedar marginados.

El Parlamento y la Comisión no se han pronunciado ni se espera que lo hagan como tal sobre esta revolución tranquila. La miran con cierto escepticismo, porque saben que supondrá un intento de 'robarles' competencias y terreno ganado durante décadas con mucho esfuerzo . Pero al mismo tiempo se abre una posibilidad: si los jefes se remangan, se ponen las botas y se ensucian, ya no podrán culpar de todos los males a la siempre lejana Bruselas. Sin un chivo expiatorio, y ante la desnudez de sus contradicciones, quizás pueda encontrar la forma de que Europa avance y se integre sin necesidad de una crisis brutal, sin jugarse cada semana su existencia. Sin que millones de ciudadanos tengan que pagar en sus vidas diarias por la falta de verdaderos líderes europeos.

FUENTE: PABLO R. SUANZES. EL MUNDO.

La Unión Europea instó a Turquía a respetar el Estado de Derecho "como país candidato" a ingresar al bloque

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  • Federica Mogherini advirtió al gobierno de Recep Tayyip Erdogan contra los encarcelamientos arbitrarios y, en general, contra el creciente autoritarismo. Fue durante un encuentro entre el país y los veintiocho miembros del bloque

La alta representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, instó el martes a Turquía a respetar los principios del Estado de Derecho "como país candidato" a la adhesión, ante el creciente autoritarismo del presidente Recep Tayyip Erdogan.

"El Estado de Derecho, el derecho a un juicio justo, el debido proceso, la libertad de expresión y reunión y las buenas relaciones de vecindad son principios clave con los que Turquía se ha comprometido no solo como país candidato (a la adhesión a la UE), sino también como miembro del Consejo de Europa", aseguró la política italiana.

En ese sentido, la jefa de la diplomacia comunitaria advirtió contra la "preocupante tendencia de encarcelamientos de un gran número de miembros de la oposición democrática, periodistas y defensores de los derechos humanos", según dijo en la rueda de prensa posterior a la sesión de diálogo político entre Turquía y los Veintiocho celebrada este martes en Bruselas.

Hoy mismo, alrededor de 150 activistas de Amnistía Internacional (AI) protestaron ante la puerta del Consejo de la Unión Europea para pedir a los líderes comunitarios que actúen frente al arresto de diez activistas a favor de los derechos humanos en Turquía, incluidos el presidente y la directora de la organización en ese país, Taner Kilic e Idil Eser

Concluido el encuentro diplomático, en el que también participaron el comisario europeo de Política de Vecindad, Johannes Hahn; el ministro turco de Exteriores, Mevlut Cavusoglu y el titular para la UE de ese mismo país, Ömer Celik, Mogherini reconoció que persisten "puntos de desacuerdo" entre ambas partes, pero también "muchos campos de trabajo comunes", y subrayó la necesidad de mantener el diálogo conjunto. 

 
(Reuters)

Cavusoglu, por su parte, reconoció que Amnistía Internacional es una organización "global creíble", pero precisó que Taner Kilic tenía instalada en su teléfono móvil una aplicación empleada por "los miembros de la organización terrorista de Fethullah Gülen (FETÖ)", a la que Ankara acusa de estar tras el golpe de Estado del año pasado, y añadió que se había comunicado con altas esferas de ese colectivo.

"Detener a ese individuo no significa necesariamente estar en contra de Amnistía Internacional como institución", aseguró Cavusoglu, quien también afirmó que los grupos políticos opositores no son terroristas, pero agregó que "algunos" de sus componentes realizan actividades terroristas.

En términos similares, dijo que hay "pseudoperiodistas que ayudan a las actividades terroristas".

El político también se refirió a los recientes desencuentros con Alemania por la detención de un activista proderechos humanos y admitió que "de vez en cuando se pueden experimentar problemas con ciertos miembros de la UE", pero subrayó que eso no significa estar "en contra de Europa". 

FUENTE: INFOBAE

Bruselas urge a España a seguir las reformas para reducir la precariedad laboral

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  • Los jóvenes, los más perjudicados en una UE que crece a buen ritmo

Europa se construyó sobre la promesa de conquistar más paz y prosperidad. La Comisión Europea confirmó ayer que este compromiso se ha roto por primera vez desde su fundación hace más de seis décadas. El informe sobre la evolución social y del empleo en Europa, los jóvenes de hoy son los más damnificados de una UE que ha sido incapaz de reducir la pobreza, la desigualdad y la precariedad laboral en gran parte de su territorio a pesar de que las economías de todos sus miembros crecen. Y España es el país que mejor ejemplifica esta paradoja.

A pesar de haber crecido por encima del 3% estos últimos tres años y de haber creado más empleo que ningún socio de la UE, nuestro país se encuentra a la cabeza en los índices de pobreza, desigualdad, paro de larga duración y paro juvenil, superada en algunos casos tan solo por Grecia, país que ha recibido tres programas de rescate en siete años.

Con tal panorama, el mensaje que dirigió la comisaria de Empleo, Marianne Thyssen a la cuarta economía del euro es "continuar con las reformas y aplicar las reformas aprobadas". Thyssen se refería a las reformas laborales, pero añadió que para mejorar la calidad del empleo y el capital humano, y mejorar las perspectivas de los jóvenes, también hay que tocar otras áreas como la inversión en I+D o la innovación. El objetivo es un crecimiento que no sea low cost sino de calidad.

Los jóvenes están pagando como nadie el precio de la convergencia de la crisis financiera y la gran transformación tecnológica, que amenaza con destruir cientos de miles de empleos y ha dado alas a modelos laborales precarios, como Uber o Deliveroo. 
 
FUENTE: El Economista. 

Schulz se aferra a la justicia social para enfrentarse a Merkel en septiembre

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Martin Schulz, candidato de los socialdemócratas alemanes, en el congreso del partido el 25 de junio en Dortmund.

  • El candidato socialdemócrata acusa a la canciller de desmovilizar a los votantes y defiende una Europa más fuerte y menos armada.

Esta era la última gran oportunidad para resucitar el entusiasmo que prendió en la socialdemocracia alemana con la elección de Martin Schulz como candidato y que se ha evaporado casi por completo seis meses después. Consciente, Schulz ha tratado durante el congreso del SPD en Dortmund de calentar los ánimos con llamadas a la movilización a tres meses de las elecciones y sobre todo, con ataques de una dureza poco habitual a Angela Merkel. La estrategia electoral de la canciller, llegó a decir Schulz, supone “un ataque para la democracia”. El expresidente de la Eurocámara presumió de ser más proeuropeo y más antiamericano que ella y sobre todo de querer un país más justo en el que los impuestos sean capaces de redistribuir la riqueza.

¿Jeremy Schulz o Martin Macron?, se preguntaba hace unos días Der Spiegel en alusión al izquierdista líder laborista británico y al centrista presidente francés. El congreso del SPD no ha acabado de dibujar con claridad el modelo de candidato que aspira a luchar contra una máquina de ganar elecciones llamada Angela Merkel, que vuelve a encontrarse en la cima de su popularidad rumbo a su cuarto mandato. Pero sí ha desvelado a un Schulz más combativo y dispuesto a pelear hasta el final por dar la vuelta a las encuestas.

La justicia social, el fin de la Europa de la austeridad, la negativa a incrementar el presupuesto armamentístico como pide EE UU y el matrimonio gay fueron los grandes temas del discurso de hora y media que Schulz pronunció en el estadio Westfalenhallen, interrumpido constantemente por un público entusiasta. Unos 600 delegados y 5.000 invitados llenaron el recinto en un domingo de verano frío y lluvioso. “¿Queremos una Alemania armada hasta los dientes en el corazón de Europa? Conocemos nuestra historia y sabemos que más armas no significa más seguridad”, dijo Schulz en alusión a la exigencia de Donald Trump de que Alemania aumente su contribución a la OTAN.

Las palabras gruesas contrastan, sin embargo, con un programa sin grandes propuestas radicales y en el que por ejemplo el impuesto para las grandes fortunas que hubiera querido el ala izquierda del partido no encontró lugar. Ese programa de Gobierno, que ocupa más de un centenar de páginas junto a las casi 1.000 enmiendas, es el que ha utilizado el candidato como arma arrojadiza contra la canciller Merkel, a la que acusa de no explicar a los alemanes qué modelo de país quiere y de no entrar al debate de políticas concretas y por tanto de fomentar la desmovilización ciudadana. “No dice nada. No se posiciona y eso ha sido para ella una táctica electoral exitosa”.

Ofrecer una alternativa convincente a la canciller Merkel se adivina sin embargo a estas alturas una tarea hercúlea. En tiempos internacionales revueltos, la canciller alemana representa la estabilidad y la eficacia probada para muchos alemanes. A tres meses de las elecciones, los sondeos reflejan una ventaja de la Unión democristiana (CDU) de Merkel de 15 puntos porcentuales respecto al SPD, una cifra parecida a la de principios año, antes del desembarco en la política alemana del expresidente del Parlamento Europeo. Y un dato radicalmente diferente de la situación de hace apenas dos meses, cuando por momentos pareció que Schulz sería capaz de impedir la cuarta victoria de Merkel.
Hechizo roto

Entre medias han mediado tres elecciones regionales fallidas para el SPD, incluida la de Renania del Norte-Westaflia, feudo tradicional socialdemócrata y el Land elegido para la celebración del congreso este domingo. El hechizo se ha roto, pero en el partido confían en la volatilidad de los tiempos que corren, que han hecho posible fenómenos paranormales como la ascensión de Macron o la resurrección de Corbyn. “No está todo perdido. En Alemania hay mucha gente con sueldos bajos que tiene miedo a perder la protección. Todavía podemos dar la sorpresa”, piensa Niels Annen, portavoz de la Comisión de Exteriores en el Parlamento.

Pero la ristra de fracasos ha dejado claro que el énfasis en la justicia social no basta para ganar elecciones. En el cuartel general socialdemócrata se aferran sin embargo a una estrategia que consideran “es uno de los pocos temas en los que podemos marcar al diferencia con la CDU de Merkel”, reconocen fuentes del SPD. “Nada está decidido”, clamó el excanciller Gerhard Schroeder, que ejerció de eficaz telonero el domingo

Las próximas semanas dirán si este congreso ha ejercido como desean en el SPD de revulsivo capaz de frenar la caída libre del partido en los sondeos. Mientras, el calendario internacional de la canciller le permitirá seguir alimentando la imagen de líder global, que tanto rédito electoral le propina, con la visita de los jefes de Gobierno de la UE esta semana a Berlín y la cumbre del G-20 la que viene en Hamburgo.

Refundar Europa

“Debemos refundar Europa como un lugar de libertad, de seguridad y de derechos”, dijo el cabeza de cartel socialdemócrata Martin Schulz. La idea de refundación que ocupó un lugar central en el congreso del SPD en Dortmund es en principio semejante a la que en las últimas semanas no se cansa de repetir la canciller Angela Merkel. La elección de Emmanuel Macron en Francia, un europeísta convencido, ha propiciado un nuevo acercamiento del eje franco-alemán que se dice dispuesto a liderar las reformas necesarias para dotar a Europa de un Gobierno económico capaz de hacer frente a las crisis actuales y venideras.

En las filas socialdemócratas, sin embargo, no acaban de creerse ese repentino apetito por acometer reformas como la de la Eurozona, después de años de inmovilismo europeo. “Tenemos que saber explicar que [Wolfgang, ministro de Finanzas alemán] Schäuble y [Angela] Merkel están destrozando Europa y que son los culpables de la situación de Grecia y del desempleo en los países del sur de Europa”, explican fuentes del SPD próximas a Schulz.

El SPD defiende un Gobierno político de la Eurozona que pase por poner freno a la austeridad y fomentar las inversiones en aras del crecimiento. Defiende también aliviar la deuda griega; una medida de difícil digestión para la opinión pública alemana. “Comparado con el Brexit, Trump o Le Pen, Grecia se ha convertido en un problema muy pequeño a ojos de los alemanes”, sostienen las mismas fuentes.

“No son dos candidatos, son dos visiones de Alemania y de Europa diferentes. Si realmente queremos una Europa independiente de Trump, de Pekín o de Moscú, necesitamos una Unión más política”, explica a este diario Achim Post, diputado del SPD y secretario general del partido de los socialistas europeos.

El matrimonio gay como línea roja

El matrimonio gay se ha convertido en una línea roja con la que Ángela Merkel tendrá que lidiar antes y después de las elecciones de septiembre.

El partido socialdemócrata ha puesto como condición para formar parte de cualquier coalición de Gobierno en otoño la legalización del matrimonio para personas del mismo sexo. Lo mismo han hecho Los Verdes y los Liberales, mientras que la CDU de Merkel se ha negado hasta ahora a permitir las bodas gays.

Alemania reconoce a las parejas del mismo sexo desde 2001, pero desde entonces no se ha producido ningún avance hacia la equiparación de derechos matrimoniales con las parejas de distinto sexo. 

FUENTE: El País.

La Unión Europea, Premio Princesa de la Concordia 2017

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  • La Unión Europea, el proyecto de integración política y económica surgido tras la Segunda Guerra Mundial, del que forman parte en la actualidad veintiocho países, ha sido distinguida hoy con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia

La Unión Europea ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2017, según ha hecho público este jueves en Oviedo el jurado encargado de su concesión. Este premio es el último de los ocho galardones internacionales que convoca anualmente la Fundación Princesa de Asturias, y que este año alcanzan su XXXVII edición.

Esta candidatura ha sido propuesta por Jonás Fernández Álvarez, eurodiputado del Parlamento Europeo. Ha sido apoyada, entre otros, por Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, expresidentes del Gobierno español; Josep Borrell, Nicole Fontaine y Hans-Gert Pöttering, expresidentes del Parlamento europeo; Joaquín Almunia, exvicepresidente de la Comisión Europea; Martín Torrijos, expresidente de Panamá, y Julio María Sanguinetti, expresidente de Uruguay.

El jurado ha decidido conceder este galardón a la Unión Europea, cuando se cumplen sesenta años de la firma del Tratado de Roma, por su colaboración en la implantación y difusión en el mundo de «valores como la libertad, los derechos humanos y la solidaridad». Además, el jurado ha puesto en valor el hecho de que la UE «ha logrado el más largo período de paz de la Europa moderna».

Estos valores, destaca el acta que ha leído este mediodía el presidente del jurado y jefe del Ejecutivo asturiano, Javier Fernández, «proyectan esperanza hacia el futuro, en tiempos de incertidumbre, proponiendo un ejemplo de progreso y de bienestar».

Veintiocho han sido las candidaturas procedentes de 16 nacionalidades que optaban al premio. El jurado dará a conocer su fallo este miércoles día 21, a las 12.00 horas, en el Hotel de la Reconquista de Oviedo.

El Premio Princesa de Asturias de la Concordia se concede a quienes desarrollen una labor que «contribuya, de manera extraordinaria y a nivel internacional, a la defensa y generalización de los derechos humanos, al fomento y protección de la paz, de la libertad, de la solidaridad, del patrimonio mundial y, en general, al progreso de la humanidad».

En anteriores ediciones el premio de la Concordia recayó en los héroes de Fukushima, Manos Unidas, Unicef, Aldeas Infantiles, Caddy Adzuba, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, la ciudad de Berlín, UNICEF, Adolfo Suárez, Hussein de Jordania, la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria y Stephen Hawking, entre otros.

Un proyecto de paz

«Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto, sino mediante realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho». Estas palabras pronunciadas por Robert Schuman en su declaración del 9 de mayo de 1950 dejan entrever el sueño de una Europa unida tras uno de los períodos más cruentos de la historia contemporánea. Sesenta años después de la firma del Tratado de Roma, la UE representa un modelo único de integración política supranacional con base en una asociación pacífica, progresiva y libre de sus miembros.

La suma de diversos elementos como el mercado común (libre circulación de personas, mercancías, trabajadores y capitales), la moneda única, las políticas regional, agrícola y comercial, entre otras, o las garantías de estabilidad, prosperidad y respeto de los derechos humanos, así lo ponen de manifiesto. Durante estas seis décadas se ha logrado la reconciliación franco-alemana o la ampliación de las fronteras de la Unión hacia el este de Europa, entre otros hitos.

La firma del Tratado de París en 1951 creó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA): una entidad supranacional promovida por Robert Schuman y Jean Monnet, ministro de Asuntos Exteriores y comisario general de Modernización y Equipamiento del Gobierno francés, respectivamente en aquel momento. Pensada sobre la idea de que, a medida que aumentara la interdependencia económica entre los países, disminuirían las posibilidades de conflicto, la CECA regulaba los sectores del carbón y el acero de Francia y Alemania, y estaba abierta a otros Estados miembros.

Fue el antecedente directo de la Europa de los seis: Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos. Posteriormente se crearían la CEE (Comunidad Económica Europea) -a la que España se adhirió en 1986- y la CEEA (Comunidad Europea de la Energía Atómica), cuya unión se pactó en 1957 mediante el Tratado de Roma. En 1993 la CEE se convirtió en la Unión Europea (UE). Desde 2009 la UE se rige por el conocido como Tratado de Lisboa, que sustituye al intento fallido de crear una constitución europea a comienzos del siglo XXI.

En los últimos tiempos, la UE ha fomentado una relación más integradora y constructiva con vecinos como Turquía, Oriente Próximo o el norte de África. Actualmente, 28 Estados miembros y más de 500 millones de personas son beneficiarios de una integración europea que, basada en el Estado de Derecho, ha demostrado ser un proyecto de paz en sí misma. Con todo, la Unión no solo gira en torno a la paz entre naciones sino que también constituye una comunidad de valores, asentados en la libertad y la justicia.

En este sentido, la UE debe seguir haciendo frente a nuevos retos como la salida definitiva de la crisis económica y social que se vive en el continente desde hace varios años o el reciente anuncio del Reino Unido sobre su salida como Estado miembro de la Unión, que ponen a prueba a una UE en constante evolución.

Desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa en 2009, la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE reúne en un único documento todos los derechos que figuraban en los tratados europeos anteriores, y desde 1998 el Parlamento Europeo apoya los derechos humanos mediante el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia. En 2012 la UE recibió el premio Nobel de la Paz por su contribución al avance de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa.
 
FUENTE: ABC