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El BCE abre la puerta a debatir el final del programa de compras de activos

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Mario Draghi, presidente del BCE, el lunes en Bruselas en una reunión del Eurogrupo. Geert Vanden Wijngaert AP

  • El euro y los tipos de interés de la deuda pública europea suben con fuerza en los mercados

"Quantitative easing": en román paladino, flexibilización cuantitativa (o QE, por sus siglas en inglés). Esas dos palabras mágicas explican buena parte de la respuesta de los bancos centrales a la Gran Recesión. Cuando peor estaba el huracán financiero y en medio de una sacudida formidable en los mercados de bonos, los responsables de política monetaria se sacaron de la chistera un bazuca y se pusieron a disparar: activaron compras multimillonarias de todo tipo de activos, incluida la deuda pública, y pusieron en marcha otras medidas extraordinarias como los tipos de interés negativos. Lo nunca visto. Estados Unidos hace tiempo que ha iniciado la retirada. Europa empieza a anunciar que está pensando también en dar un paso atrás: el economista jefe del BCE, Peter Praet, ha explicado hoy en Berlín que la recuperación de la eurozona y las señales de mejoría en la inflación obligan al Eurobanco a "evaluar si el progreso hasta el momento ha sido suficiente para justificar la retirada gradual de las compras". El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha calificado como "plausibles" las expectativas de una retirada de estímulos hacia final de año. Praet es un heterodoxo, una paloma, un partidario de usar los estímulos monetarios si es necesario. Weidmann es quizá el más ortodoxo, el más halcón de los banqueros centrales europeos: desde el principio estuvo en contra del QE. Esa nueva melodía a dúo de halcones y palomas ha bastado para que el euro suba esta mañana un 0,4%, hasta rozar los 1,18 dólares por unidad. Los tipos de interés de la deuda pública europea, anestesiados desde hace años por el QE, han dado también un salto importante. El mercado, en fin, reacciona a esas andanadas verbales, amparado por la recuperación de la zona euro y cierta subida de la inflación —que sigue muy lejos del objetivo del BCE—, y a pesar del susto que ha dado en las últimas semanas Italia con su Gobierno populista y sus mensajes de matizado euroescepticismo.

El BCE se reunirá el próximo jueves 14 de junio en Riga (Letonia), en lo que supondrá el estreno de Luis de Guindos como vicepresidente y la primera reunión de Pablo Hernández de Cos en su cargo como gobernador del Banco de España. La inflación del euro subió en mayo al 1,9%, más de medio punto de golpe, pese a que sin petróleo ni alimentos sigue solo ligeramente por encima del 1%. "Las señales que muestran la convergencia de la inflación hacia nuestra meta mejoran", ha dicho Praet, que ha subrayado "las presiones al alza de los salarios", algo que el Eurobanco venía pidiendo insistentemente. Fráncfort ha contribuido a revivir la economía y los precios con un QE en el que ha gastado 2,5 billones de euros, más de dos veces la riqueza que produce España en un año.

El programa de adquisiciones prevé 30.000 millones de euros mensuales hasta septiembre de 2018 "o más allá si es necesario", según la frase que ha acuñado Mario Draghi. Después de las declaraciones de Praet y Weidmann, está claro que el BCE se plantea si es o no necesario. Los analistas temen los efectos que pueda tener esa medida. La retirada es la más difícil de las operaciones, decía Clausewitz, y eso también vale para el mercado de bonos.

FUENTE: El País.

Un grupo de expertos alemanes y franceses propone una reforma radical del euro

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La sede del Banco Central Europeo en Fráncfort. 
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  • Una docena de destacados economistas reclama un mecanismo de reestructuración de deuda y limitar la deuda pública en manos de los bancos pero también eurobonos light y un fondo de estabilización anticrisis

Emmanuel Macron, quizá la figura clave de la Europa que viene, apuesta por reformar el euro desde hace meses. La Comisión Europea presentó un ambicioso plan en diciembre con lo mínimo que quiere Francia y lo máximo que está dispuesta a aceptar Alemania. En Berlín, el centroderecha y la socialdemocracia han incluido propuestas sobre el euro más ambiciosas que de costumbre en el principio de acuerdo para la gran coalición, que se dio a conocer hace unos días. Y los economistas se suman ahora a ese debate: una docena de destacados expertos alemanes y franceses —solo alemanes y franceses: definitivamente, el eje francoalemán ha vuelto— publican hoy sus ideas sobre una reforma radical de la eurozona. El plan trata de ser una síntesis entre lo que quiere Berlín (disciplina, reglas y reducción de riesgos) y lo que desea París (discrecionalidad para tener por fin una política fiscal capaz de luchar contra las crisis, y compartir riesgos, con un embrión de los famosos eurobonos).

"La reducción de riesgos, la disciplina de mercado y la posibilidad de compartir riesgos deben ir de la mano: progresos en una de esas áreas no son factibles, ni deseables, sin progresos en las demás", asegura un jugoso documento de 33 páginas. Lo firman Jean Pisani-Ferry, exasesor de Macron, y Jeromin Zettelmeyer, que capitaneaba el equipo económico del ministro alemán Sigmar Gabriel, junto con nombres destacados como, Philippe Martin, miembro del Consejo de Análisis Económico de Macron, o Isabel Schnabel (una de las sabias del consejo equivalente en Alemania). Europa siempre fue un amaño entre las reglas alemanas y la discrecionalidad francesa. Y el plan de los expertos transita por esa senda, con algunas de las medidas que siempre ha pedido el Sur, como una capacidad fiscal anticrisis o eurobonos (en su versión light: con ingeniería financiera y sin apenas mutualización, no vaya a desmoronarse la puerta de Brandemburgo).

Pero también con ese aroma inconfundiblemente alemán de los límites a la exposición de deuda soberana en los balances de los bancos, o el apoyo sin ambages a la polémica propuesta de poner en marcha un mecanismo de reestructuración de deuda pública, que según los Gobiernos del Sur podría provocar una reedición fulminante de la crisis del euro si no se hace con mucho cuidado.

A día de hoy apenas ha habido en Europa concesiones a las peticiones de la periferia durante la Gran Recesión, salvo por el activismo del BCE (contra las tesis de Alemania) y por los rescates del Mecanismo de ayuda (Mede), que son en realidad préstamos con una dura condicionalidad. Berlín decretó disciplina de mercado a los países con mayores problemas, y en los últimos años ha habido varias rondas de recapitalizaciones bancarias y reducción de los activos morosos (NPL, por sus siglas en inglés), junto con fuertes recortes del déficit. La promesa, siempre incumplida, fue siempre que tras ese palo la zanahoria acabaría llegando. Pero a la hora de la verdad Berlín se ha opuesto a casi todo: no permite completar la unión bancaria, no quiere ni en pintura los eurobonos y se ha atrincherado (al menos hasta el acuerdo de la gran coalición) contra la capacidad fiscal anticrisis de la zona euro, imprescindible para que la próxima crisis no se lleve por delante la moneda única.

Al menos, los expertos admiten esta vez que las medidas de reducción de riesgo (lo que quieren los alemanes) deben activarse en paralelo con las medidas para compartir riesgo. Ese es el gran debate: quién cede primero en el diseño de la futura eurozona. Nada fácil, a la vista de que el euro actual se caracteriza por una profunda brecha Norte-Sur.

"Hay que mejorar la arquitectura del euro para hacerlo menos vulnerable a las crisis", arranca el texto. "El sistema financiero sigue siendo vulnerable"; "las reglas fiscales no son creíbles"; "el BCE no tiene más margen y la política fiscal es procíclica", atacan los expertos, que se meten incluso en zonas peligrosas: la sobredosis de ajuste en la periferia "ha provocado miseria y resentimiento entre los acreedores y los países deudores".

Los economistas atribuyen el auge de los populismos y nacionalismos tanto en el Norte como en el Sur al mal diseño del euro, que exige duros recortes en la periferia y que provoca que el Norte esté temiendo continuamente que va a tener que poner dinero del contribuyente en el Sur (miedo que a día de hoy es del todo falso: el Mede no ha perdido un solo euro con los rescates). "La próxima crisis tardará años en llegar, pero cuando finalmente llegue incluirá una venganza: el capital político de la Unión Económica y Monetaria es hoy inferior al de 2008, y o resolvemos los problemas o crecerá el resentimiento entre acreedores y deudores", vaticina el documento. En otras palabras: o la arquitectura del euro se refuerza o la próxima crisis se puede llevar por delante la moneda única.

Las seis reformas más destacadas que proponen los expertos son las siguientes.

1. Romper el círculo vicioso banca-deuda pública. Los economistas proponen limitar la deuda pública en manos de los bancos: exigir más capital cuando el nivel de concentración de un banco en la deuda de su país sobrepase un determinado límite. Alemania y Holanda llevan años pidiendo lo mismo: Francia, Italia y España se niegan. Los expertos proponen que a cambio se active de una vez por todas el esquema de garantía de depósitos común. Pero esta vez son Alemania y Holanda quienes se niegan, por el miedo a acabar pagando por los desmanes de los bancos sureños.

2. Cambiar el Pacto de Estabilidad por una regla de gasto. Los expertos admiten que las reglas no funcionan. Son demasiado complejas, después de numerosas reformas. Son "procíclicas", la palabra que los economistas suelen usar para evitar decir "idiotas": en tiempos de vacas flacas obligan a recortar, y permiten gastar más en periodos de bonanza (lo contrario de lo que debería suceder). Y el régimen de sanciones sobre el que se sustentan las actuales reglas fiscales "no es creíble". Los autores abogan por una regla de gasto, guiada por la reducción de la deuda pública a largo plazo. Los países que incumplan serían obligados a financiarse con deuda de peor calidad, cuyos plazos se ampliarían automáticamente si solicitaran un rescate al Mede, para aumentar la disciplina de mercado.

3. Mecanismo de reestructuración de deuda. De nuevo el pensamiento económico alemán en su máxima expresión: los expertos creen que Europa debe volver a la cláusula de no rescate y favorecer las reestructuraciones de deuda pública, e impedir al Mede que salve a los países con deudas insostenibles. A cambio, proponen crear un eurobono light, basado en la ingeniería financiera. Pero el documento insiste en la necesidad de activar el mecanismo de reestructuración de manera muy gradual, para evitar un shock en los mercados.

4. Capacidad fiscal anticrisis. Quizá la estrella del texto desde una perspectiva sureña. Actualmente, cuando hay un shock económico en un solo país, el Gobierno de turno solo puede valerse de sus propios estabilizadores automáticos: no hay un presupuesto común para luchar contra crisis abruptas, como la que puede sufrir Irlanda en caso de un Brexit duro o la que sufrió España, con un aumento brutal de las tasas de paro. Se trataría de activar esa capacidad fiscal (que ya propuso la Comisión, en una versión muy descafeinada) en caso de que el paro rebase un determinado nivel (o el empleo caiga), evitando siempre las transferencias permanentes, con un sistema de reaseguro que obliga a los países a encajar las primeras pérdidas para después acudir al cortafuegos común. Pero --siempre hay un pero-- los expertos condicionan el uso de esa capacidad fiscal al cumplimiento de las reglas fiscales. Se financiaría con una contribución del 0,1% del PIB anual en cada país.

5. Eurobonos light. En línea con las propuestas de Bruselas, los expertos abogan por un "activo seguro común", pero con un apellido para iniciados: "Sintético". Traducción bastarda: ingeniería financiera y escasa mutualización, ante el escaso apetito en Alemania. Y solo si Europa se aviene a limitar las tenencias de deuda pública en manos de los bancos.

6. Arquitectura institucional. Los economistas francoalemanes creen que la presidencia del Eurogrupo debería ser permanente y recaer en un comisario, pero en el terreno fiscal aboga por separar la labor de juez y la de fiscal dentro de la Comisión. Y dan más relevancia al Mede para gestionar las crisis.

FUENTE: El País.

España reclama un presupuesto del euro, un seguro de paro común y eurobonos

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El presidente Mariano Rajoy saluda a Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, en diciembre de 2016. Uly Martin EL PAÍS 

  • A rebufo de las propuestas del francés Emmanuel Macron, España exige “un verdadero gobierno económico” para la eurozona

Bruselas 15 MAY 2017 - 05:40 CEST

España propone refundar el euro. El Gobierno ha presentado en Bruselas una propuesta sobre el futuro de la eurozona en la que reclama un presupuesto anticrisis, un seguro de desempleo común, eurobonos y completar la unión bancaria con mutualización de riesgos. A rebufo de las propuestas del francés Emmanuel Macron, España exige “un verdadero gobierno económico”, según un documento al que ha tenido acceso EL PAÍS, ante la constatación de que el euro es “un proyecto inacabado”. Para acceder a esa segunda fase del euro —una unión fiscal en toda regla—, Madrid pretende que sea imprescindible cumplir a rajatabla varios “criterios de convergencia”, tanto fiscales como de comercio exterior.

La Gran Recesión “reveló errores críticos en el diseño del euro”, y Europa puso parches “para las necesidades a corto plazo” en lugar de reaccionar “con un plan bien estructurado”. Ese es el diagnóstico de lo sucedido en los 10 últimos años por parte de España, uno de los países más castigados por la crisis. El Gobierno acaba de enviar a Bruselas una propuesta que persigue una especie de refundación del euro, al hilo de las propuestas de Macron. España tiene un aliado en París, y viceversa. Pero Alemania y otros países rechazan esas ideas. Berlín, que disfruta de una situación de privilegio con el euro —pleno empleo, crecimiento, cuentas saneadas, tipos de interés negativos de su deuda y un superávit comercial mastodóntico que infringe las reglas europeas—, es reticente a todo lo que le obligue a rascarse el bolsillo. “No veo por qué hay que cambiar de políticas”, ha dicho la canciller Angela Merkel al hilo de las demandas de Macron.

España, en cambio, se alista entre quienes reclaman cambios profundos. El objetivo es activar una segunda fase del euro para que los socios compartan no solo la moneda común, sino también un presupuesto anticrisis, un seguro de paro, un Tesoro, eurobonos y una unión bancaria digna de ese nombre. Madrid quiere una política fiscal conjunta para el euro. Y apuesta incluso por redibujar el Pacto de Estabilidad, el mecanismo de control de las cuentas públicas, para evitar agravar las recesiones con duros recortes si se aplica la disciplina a rajatabla.

“Las lagunas en la arquitectura del euro explican el impacto diferencial de la última crisis”, se queja España. “El euro no solo necesita bomberos sino también arquitectos”, critica. “El proyecto europeo solo perdurará si sus ciudadanos ven que proporciona niveles de prosperidad sostenibles e inclusivos”, subraya. Eso no sucede ahora: la eurozona actual ha abierto una brecha enorme Norte-Sur; “obliga a corregir los desequilibrios de manera especialmente costosa, sobre todo en términos de paro”, zanja España.

Tanto Madrid como París han entregado ya sus aportaciones a la Comisión Europea, que publicará su esperado informe sobre el futuro del euro este mes. Tras el lío del Brexit y el reguero de elecciones en varios países, el triunfo de Macron ha funcionado como un despertador en Bruselas: Francia ha dejado claro que quiere recomponer el eje París-Berlín y avanzar en asuntos económicos y de seguridad. Y la UE sospecha que puede haber opciones para eso. Una vez pasen los comicios alemanes de septiembre. Y siempre que Francia haga reformas. España, desaparecida en medio de una crisis oceánica durante los últimos años, pretende ganar protagonismo, aun a costa de distanciarse de su principal aliado, la Alemania de Merkel y el poderoso ministro Wolfgang Schäuble.

Esa ambición federalista queda plasmada en solo siete páginas. El euro, según ese texto, necesita un presupuesto común: una capacidad fiscal contra los “shocks asimétricos”. Ese presupuesto del euro tendría al comienzo un tamaño limitado, pero podría endeudarse en el mercado y se convertiría así en una suerte de caballo de Troya de la unión fiscal. La propuesta (elaborada por Moncloa y los ministerios de Exteriores, Economía y Energía) incluye “un régimen de seguro de desempleo que sustituya parcialmente los subsidios nacionales” en una fase posterior, una vez haya avanzado la armonización de los mercados laborales.

A la larga, subraya España, será imprescindible cierto grado de mutualización de deuda; eurobonos “para reforzar la confianza en el euro y acabar de forma creíble con los riesgos de ruptura”, incluso con un Tesoro común. Todo eso es anatema en Berlín. Ese Tesoro, la guinda de la unión fiscal, exige condiciones, una especie de Maastricht II. Para acceder a la segunda fase del euro los países deberán demostrar “un grado significativo de convergencia real”. España propone examinar las variables fiscales, además de promover “posiciones externas equilibradas”. Y esta vez prefiere no meterse en las procelosas aguas de la reforma del BCE.
Guiños a Berlín

Hay varias cargas de profundidad contra posiciones alemanas, pero también numerosos guiños a Berlín. España cree que todas las reformas requieren “un equilibrio adecuado entre las medidas para compartir riesgos y las de reducción de riesgos”, en una clara alusión a la idea alemana de limitar, a la larga, la deuda pública en los balances de la banca. Madrid aboga también por la “aplicación estricta del Pacto de Estabilidad”, aunque lleva años incumpliendo. Eso sí: el Gobierno insta a “mejorar” el pacto, porque es procíclico: obliga a recortar en las crisis y agrava así los problemas. La negativa alemana está cantada: España, por ejemplo, apuesta por completar la unión bancaria con un fondo de garantía de depósitos común (que proteja a los depositantes en caso de quiebra) y un cortafuegos mutualizado creíble para el fondo destinado a cerrar bancos. Berlín se niega: teme pagar el agujero de la banca italiana.

Pero España va incluso más allá de los fundamentos económicos: pide “progresos en el gobierno económico”. Reclama un mayor “control democrático” de instituciones como el Eurogrupo, que toma decisiones clave desde un limbo en el que no da explicaciones a nadie. “No podemos transferir la responsabilidad de decisiones que son muy importantes para los ciudadanos sin legitimidad democrática”, dice el documento. Rajoy sabe de lo que habla: “No podemos gobernar”, reconocía en la fase más aguda de la crisis, bajo la presión del mercado y bajo tutela de Bruselas, Fráncfort y Berlín.

Las principales propuestas

  • Presupuesto común. España quiere una capacidad fiscal anticrisis. Y con margen de endeudamiento. A corto plazo, sería un fondo para inversiones y para mejorar la productividad. Y, en una fase posterior, un seguro de desempleo europeo. 
  • Eurobonos. El Gobierno defiende “la gestión común de la deuda” para reforzar la confianza y eliminar los riesgos de ruptura del euro. 
  • Tesoro europeo. La culminación de ese proceso sería “la introducción de un Tesoro”, responsable de la capacidad fiscal común, la supervisión de la ejecución de los rescates y la posibilidad de emitir deuda común. El texto sugiere que el Mecanismo de ayuda (Mede) podría convertirse en el Fondo Monetario Europeo. 
  • Unión Bancaria. España quiere un fondo común mutualizado para el mecanismo de cierre de bancos, y un fondo de garantía de depósitos común. 
  • Pacto de Estabilidad. El Gobierno aboga por un estricto cumplimiento, pero pide una reforma del pacto para evitar que sea procíclico.

FUENTE: El País.

La posible desintegración del euro y de la Unión Europea, la gran preocupación del mercado

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  • Los gestores financieros temen por el ascenso del populismo en Europa
  • UBS: "La gran preocupación es que se desintegre la Unión Europea"
  • Los inversores ya están vendiendo bonos de los países periféricos
Reuters / elEconomista.es

La zona euro ha afrontado muchas crisis desde 2008 que han puesto en duda la mera existencia del bloque de 19 naciones, debido a su fracturada economía, las diferentes velocidades económicas y un sistema bancario frágil y, por supuesto, Grecia. No obstante, la mayor amenaza para los mercados puede venir por el lado político. Tras la victoria del Brexit en Reino Unido y de Donald Trump en EEUU, ahora las fuerzas populistas, que desafían los principios en los que se ha basado la UE y el euro, parecen tener más papeletas para alzarse con el poder.

Si estas fuerzas políticas siguen ganando fuerza, los mercados financieros aún podrían afrontar su mayor desafío y algunos inversores están desempolvando estrategias sobre cómo digerir una ruptura de la zona euro (o incluso de la propia Unión Europea) y las turbulencias que desataría.

Las elecciones que se celebrarán el año que viene en Francia, Alemania y Holanda, junto con el próximo referéndum constitucional en Italia, son focos que podrían propagar el descontento político por todo el continente.

Estos son los principales riesgos para el 2017, según los gestores de fondos que asistieron este año a la Cumbre de Inversión de Reuters, quienes destacaron el ascenso del populismo de derechas que desempeñó un papel importante a la hora de determinar los inesperados resultados del referéndum del Brexit y de las elecciones presidenciales de Estados Unidos este año.
Una desintegración que gana fuerza

"Muchos de nuestros clientes están muy preocupados por Europa", dijo Mark Haefele, jefe de inversión global de UBS Wealth Management, una compañía que gestiona miles de millones de dólares en activos financieros.

"La gran preocupación reside en que se produzca una desintegración de la Unión Europea, si tienes estos partidos más de derechas como el de (Marine) Le Pen, que argumentan que quieren sacar a un país grande como Francia de la zona euro. Eso preocupa a la gente", declaró.

El propio Haefele espera que el euro se aprecie en el 2017, en consonancia con la visión generalizada que cree que una ruptura de la zona euro aún es considerada una hipótesis poco probable.

Sin embargo, Hugh Hendry, otro gestor de fondos, expresó una postura más pesimista sobre la probable trayectoria de los mercados. Dijo que un creciente número de inversores está evaluando operaciones que consideran una "desintegración europea", los cuales, de materializarse el próximo año, se centrarán en las elecciones de Francia en mayo.

"El mayor riesgo a la economía mundial es la aguda crisis política que se cierne sobre Europa, cuya política monetaria no cuenta con herramientas para resolverlas", dijo Hendry, fundador y jefe de inversiones del fondo de cobertura Eclectica Asset Management.

Las encuestas de opinión sugieren que el escenario más probable es un duelo en segunda vuelta entre el conservador Alain Juppé y la líder del Frente Nacional de extrema derecha Marine Le Pen, que según analistas se ha visto impulsada por el Brexit y la victoria de Donald Trump, dos resultados que los sondeos no previeron.
Muere y vuelve a morir

Las matemáticas para que Le Pen gane la presidencia francesa son más complicadas que las que afrontaba el Brexit o Trump. Pero esos dos terremotos políticos hacen que los inversores entren en 2017 con los ojos bien abiertos.

Los inversores están vendiendo bonos de los países de la periferia del euro, impulsando la prima que ofrecen respecto a los bonos ultraseguros alemanes, a su nivel más alto en meses. La prima de riesgo de los bonos italianos a 10 años respecto al alemán se sitúa en 180 puntos básicos, el nivel más alto en dos años.

Antes de la crisis de 2008, el diferencial fluctuaba entre cero y 50 puntos básicos. Se disparó por encima de 550 puntos básicos a finales de 2011 en el punto álgido de la crisis de deuda de la zona euro y aunque se ha relajado desde entonces casi nunca ha bajado de 100 puntos básicos.

Hendry predice que subirá más (la prima de riesgo) y estima que cada 100 puntos básicos más equivalen a alrededor de un 10% de incremento en la probabilidad que los inversores asignan a una ruptura de la zona euro.

El euro también está bajo una fuerte presión ante el dólar por el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro y las perspectivas de crecimiento de Estados Unidos tras la elección de Trump como presidente. Pero el riesgo político en Europa también está afectando.

Philip Saunders, gestor de carteras y codirector de Investec Asset Management, dijo que podría ver "fácilmente" una paridad entre euro y dólar. Eso significaría un descenso cercano al 6% respecto a los niveles en los que se está moviendo hoy la divisa única.

Pero aunque la zona euro soportó durante años la amenaza de Grecia, ahora los mercados financieros creen que una ruptura del bloque puede originarse en uno de los grandes países de la región.

El primer ministro de Italia, Matteo Renzi, ha vinculado su futuro en el cargo al referéndum constitucional del 4 diciembre. Un triunfo del "sí" reduciría el rol del Senado y podría disminuir la autoridad de los gobiernos regionales. Pero los sondeos indican que Renzi perderá.

Renzi sugirió el lunes que podría no continuar en el cargo si pierde y los comentaristas políticos han especulado con que podría dimitir y adelantar las elecciones a 2017, un año antes de lo previsto.

Al igual que en Francia, partidos populistas como el Movimiento 5 estrellas (que promete realizar un referéndum sobre la membresía de la zona euro) estarían posicionados para llenar el vacío político en Italia.

Saunders, de Investec Asset Management, cree que Italia representa el mayor riesgo para la zona euro, ya que es el eslabón más débil de la cadena europea.

"Italia es como el final de una ópera: cuando el personaje principal parece haber cantado su última pieza y muere, entonces vuelve a cantar y vuelve a morir, de forma que todo el proceso de algún modo se agota", dijo Saunders.

"El referéndum no es el elemento definitivo, pero indica la dirección del viaje", indicó.

FUENTE: El Economista

El Banco Central Europeo ya no descarta una salida del euro de Grecia

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Mario Draghi a su llegada este lunes al Parlamento Europeo. / YVES HERMAN (REUTERS)

  • Draghi emplaza al Gobierno heleno a mantener “todos sus compromisos”
 
Claudi Pérez Bruselas 24 MAR 2015 - 07:03 CET

 
“El BCE no es una institución política”, dijo este lunes Mario Draghi, el jefe del Banco Central Europeo, en el Parlamento Europeo. A pesar de esa frase, el BCE —la institución europea fundamental en la gestión de la crisis del euro— envió cartas a España e Italia en uno de los periodos más agudos de la Gran Recesión para que hicieran reformas. Mandó una misiva a Irlanda que prácticamente obligó a Dublín a pedir el rescate. Precipitó los programas de ayuda de Portugal y Chipre. Y ha sido un actor político de primera magnitud en Grecia, como volvió a demostrar este lunes mismo ante la comisión de asuntos económicos de la Eurocámara: preguntado sobre si se baraja una posible salida de Grecia, el presidente del BCE fue deliberadamente ambiguo. “No descartamos ninguna hipótesis”, dijo.

Draghi tiene un sensacional instinto político, a pesar de trabajar en una institución que presume de independencia y de regirse únicamente por criterios técnicos; por frías y apolíticas reglas. Y pudo inhibirse ante esa pregunta, como hace tantas y tantas veces. Pero eligió no descartar una posible salida del euro de Grecia, ya sea buscada —el denominado Grexit— o por accidente, si Atenas se queda sin fondos para pagar a sus acreedores, algo que podría suceder a lo largo de abril, según fuentes griegas y europeas.

El BCE juega un papel fundamental en Grecia: de él dependen sus bancos, diezmados por la huida de capitales, e incluso el Tesoro griego, que se financia con dificultades en los mercados y solo consigue colocar sus bonos a las entidades bancarias griegas, que a su vez colocan esa deuda en el banco central griego. En plena negociación con el Eurogrupo, a finales de enero el BCE subió varios grados la presión sobre Grecia al impedir a los bancos griegos obtener liquidez en la ventanilla de Fráncfort, pese a que el segundo rescate (después ampliado) no expiraba hasta finales de febrero (ahora la fecha límite es finales de junio). Draghi pudo pasar de largo en la Eurocámara, pero eligió volver a meter presión en una respuesta que puede levantar ampollas en Atenas: “El BCE tiene gestores de riesgo que evalúan constantemente todas las hipótesis posibles”.

Esa no fue la única declaración política de Draghi. Criticó veladamente al ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, por hacer pivotar su política de comunicación “sobre las palabras quiebra e insolvencia”. Instó a Atenas “a hacer frente a todos sus compromisos”, que incluyen un pago de casi 500 millones de euros al FMI el 9 de abril —fecha en la que pueden acabarse los fondos— y sobre todo dos vencimientos de 6.600 millones al BCE durante el verano. Y se defendió con uñas y dientes de varios europarlamentarios, que le acusaron de chantajear a Grecia: “El BCE tiene una exposición a Grecia de más de 100.000 millones de euros, el 66% del PIB griego: más que en ningún otro país. Dígame usted dónde está el chantaje”, respondió.

La sola insinuación de que la UE estudia una salida de Grecia puede tener graves consecuencias: tanto Atenas como el Eurogrupo y las instituciones antes conocidas como troika están en plena negociación y mencionar esa hipótesis no hace más que emponzoñar aún más las ya de por sí muy espinosas conversaciones. Pero tanto en el BCE como en otras instituciones europeas los técnicos trabajan ya con ese escenario, según fuentes consultadas por este diario, aunque no sea ni de lejos el más probable. “Políticamente el Grexit no es una posibilidad. Pero técnicamente el BCE no puede excluir nada”, apuntaron fuentes del Eurobanco.
 
FUENTE: El País. 

FORMACIÓN RELACIONADA:

La prima de riesgo se mantiene alrededor de los 550 puntos básicos

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  • El diferencial vuelve a niveles de hace diez días y el bono a 10 años cotiza al 6,877%
  • El Bundesbank se ha mostrado contrario a la compra de bonos por el BCE

El País Madrid 27 JUL 2012 - 11:35 CET


Resultados de las principales Bolsas europeas. / Paco Campos (EFE)


La presión sobre la deuda española, que llegó a máximos a principios de semana, ha frenado la caída que sufrió ayer cuando el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, indicó que el emisor europeo podría tener un argumento para volver a actuar en el mercado de deuda. La prima de riesgo, el diferencial del bono español con el alemán a 10 años en el mercado secundario, ha llegado a caer más de 10 puntos básicos, por debajo de los 550; aunque ahora ha moderado su caída y se mantiene de nuevo en torno a los 5,6 puntos porcentuales. El diferencial italiano ha sufrido una moderada subida y tras haber cerrado en 473 puntos básicos ayer hoy cotiza en 480 (4,8 puntos porcentuales).

El interés del bono español a 10 años, el de referencia para los mercados, ha llegado a cotizar al 6,807%, aunque recobra el rendimiento del 6,9%.

Italia ha colocado bonos con vencimiento a seis meses esta mañana en el mercado recaudando, como tenía previsto, 8,5 millones de euros con intereses más bajos que en subastas anteriores. Las tasas de estos bonos se han registrado a 2,454% contra los 2,957% en la última operación parecida el 27 de junio según ha anunciado el Banco de Italia.

Mientras tanto, el Bundesbank alemán ha sostenido esta mañana que el programa de compra de bonos del Banco Central Europeo "no es la mejor manera" para hacer frente a la crisis de deuda soberana. "No ha habido cambios en nuestras posiciones sobre la compra de bonos del Eurosistema. Ya hemos expresado en el pasado una posición crítica porque desdibuja la línea entre la política monetaria y la fiscal", sostienen desde Alemania. Tampoco están de acuerdo con la licencia bancaria para el fondo de rescate, ya que, sostiene, supondría "financiar a Gobiernos", lo cual está prohibido y sostienen que la solución sería que el fondo de rescate comprara bonos y no el BCE.

La evolución de los mercados dependerá estará condicionada por la actuación que el presidente del BCE, Mario Draghi, tenga el jueves 2 de agosto en la reunión del BCE. Ahí deberá confirmar (o no) las expectativas de su discurso de ayer.

Los mercados parecen estar dispuestos a devolver la rentabilidad de la deuda española a niveles más razonables, tras llegar el miércoles a un récord histórico en la era euro del 7,747%. Junto a la intervención de Draghi, entre los factores de la reducción de las tensiones puede estar la buena subasta de deuda de Irlanda, uno de los países rescatados, que ayer vendió bonos a cinco años a un interés inferior al 6%. El bono italiano a 10 años también ha perdido la cota del 6%.

Las Bolsas europeas se han dado la vuelta después de haber iniciado la jornada en verde. El Ibex 35 encabeza la caída común 0,66% tras la subida del 6% que registró ayer. El Dax alemán ha moderado su caída y ahora pierde un 0,32% mientras Londres se deja un 0,11% y Milán cotiza en plano tras conocer los resultados de la subasta de hoy. París presenta ligeras ganancias del 0,15%.

Fuente: El País.

Van Rompuy: 'El euro costó demasiado como para que desaparezca'

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Os acerco las declaraciones del Presidente del Consejo Europeo sobre el euro y la actual crisis económica, en relación con nuestro Máster en la Unión Europea.

Van Rompuy y Barroso, en una imagen de archivo. | Efe
Van Rompuy y Barroso, en una imagen de archivo. | Efe

El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, ha asegurado que el euro no desaparecerá por la crisis de la deuda soberana porque ésa es la voluntad política de los 17 países de la eurozona.

Van Rompuy, que está en Washington con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, serán recibidos por el presidente estadounidense, Barack Obama, con quien abordarán la crisis europea.

En declaraciones a la radio pública flamenca VRT, reconoció que al principio de la crisis los mercados sólo tenían en su punto de mira una serie de países, pero "el clima de confianza ha evolucionado tan mal que ahora toda la zona del euro está afectada". Subrayó además que EEUU también tiene problemas, no solamente Europa, con un déficit importante y un endeudamiento elevado.

Pese a este escenario, Van Rompuy aseguró que el euro no desaparecerá, aunque para eso no hay garantías plenas, admitió. "Es realmente nuestra voluntad política" salvar y mantener el euro, recalcó. "Es un proyecto que ha requerido demasiada energía" como para dejar que ahora desaparezca el euro, señaló.

Fuente: El Mundo.

Merkel hace una encendida defensa del euro tras el respaldo del Constitucional

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La canciller insta a reformar los Tratados para evitar que "un país como Grecia" ponga en peligro la moneda única.

El tribunal avala la participación alemana en el rescate.

JUAN GÓMEZ / ANDREU MISSÉ - Berlín / Bruselas - 08/09/2011

La canciller de Alemania Angela Merkel llamó ayer a la preservación de la Unión Monetaria ante el pleno de la Cámara baja federal (Bundestag). En uno de los discursos parlamentarios más encendidos que se le recuerdan, la democristiana Merkel (CDU) aseguró que moneda común europea es "mucho más que una divisa". Se trata de la "garantía de la Unión Europea". Según recordó la canciller ante los diputados federales, "los países que comparten una moneda no guerrean unos contra otros". Estamos "ante retos que podemos calificar de históricos" porque, según insistió, "si fracasa el euro, fracasará Europa". Añadió que "el futuro de Alemania es indisociable del futuro de Europa". Merkel se dirigió al Bundestag poco después de que se conociera la sentencia con la que el Tribunal Constitucional (TC) dio ayer vía libre para la aportación alemana a la ampliación del fondo de rescate del euro (EFSF).

En su defensa del euro, la canciller destacó la "paradoja" de que "cualquier vulneración de una directiva" pueda llevar al Tribunal de Justicia de la UE, algo que no sucede ante "las vulneraciones del Pacto de Estabilidad". Para que esto cambie y para evitar que "un país como Grecia, que sólo representa el 2% del PIB" europeo "ponga en peligro a la moneda única", Merkel abogó por la reforma de los Tratados, "que no ha de ser ningún tabú". Cuando muchos se temen un agravamiento de la crisis y hasta la ruptura del euro, Merkel dijo que "necesitamos más Europa".

Con su renovado europeísmo, la canciller intenta apuntalar el apoyo de los parlamentarios de su coalición de centro-derecha, que da señales de tambalearse. En una votación de prueba, 14 diputados democristianos (CDU/CSU) y liberales (FDP) votaron en contra de la ley que permitirá la participación alemana en la ampliación del fondo de estabilización del euro (EFSF). Si no consigue que los suyos apoyen la ley en la votación parlamentaria del 29 de septiembre, Merkel tendrá que recurrir a la oposición. Ayer en el Bundestag, sus 35 minutos de apasionada defensa del proyecto europeo obtuvieron un largo aplauso de las bancadas democristianas.

Horas antes, el Constitucional desestimó una demanda contra la participación alemana en el paquete de rescate griego de 2010. Considera que los avales alemanes para el EFSF son acordes con la Constitución. Los jueces de Karlsruhe eliminan así uno de los escollos principales para que Alemania aporte más avales a la ampliación del EFSF que acordaron los 17 países del euro en la cumbre extraordinaria de Bruselas, el 21 de julio. Merkel dijo en su discurso que la sentencia refrenda "la política del Gobierno durante la crisis".

La canciller enfrentó el hemiciclo vestida de negro, probablemente en señal de luto por la reciente muerte de su padre. Gesticuló como pocas veces y repartió efectivas pullas a la oposición de socialdemócratas y verdes. Volvió a afearles que colaboraran con Francia para ablandar el Pacto de Estabilidad europeo cuando gobernaban en 2004. Calificó de "triste ironía" que Alemania reformara el Pacto. Ahora, salvar el euro es "la tarea central" de su Gobierno.

Merkel volvió a arremeter contra la emisión de eurobonos. La estabilidad, dijo, no se obtendrá mediante el endeudamEl País.
iento en común, que sería "la respuesta equivocada" a la crisis de deuda. Los Tratados contemplan que "cada uno de los 17 conserve su soberanía presupuestaria y, con ella, la libertad para tomar decisiones nacionales". Así las cosas, el eurobono sólo serviría para "acabar con el único indicador del que disponemos: los intereses" que paga cada uno por sus bonos. Si los 17 ponen "sus deudas en el mismo bote", se acabarán los incentivos para que cada país equilibre por sí mismo sus presupuestos. Los eurobonos, dijo entre aplausos, "marcarían el camino a la Unión del Endeudamiento".

Valoró Merkel la sentencia del Tribunal Constitucional como una "ratificación absoluta de la política del Gobierno". El TC permite que el parlamento apruebe la futura aportación alemana en el EFSF, que aumentará hasta 211.000 millones de euros en avales. A Merkel le queda ahora continuar con sus esfuerzos para ganarse los apoyos de los diputados de CDU/CSU y FDP.

La Comisión Europea, por su parte, expresó su "satisfacción" porque el fallo del Tribunal Constitucional alemán ha dado luz verde a la participación de Alemania en los rescates de los países con dificultades por la deuda. La portavoz del Ejecutivo comunitario, Pia Ahrenkilde, señaló que la Comisión toma nota con satisfacción sobre "la legalidad de la asistencia financiera a Grecia y otras medidas para la estabilización de la zona euro".

Precisó que el fallo "confirma la compatibilidad con la Constitución alemana de las medidas adoptadas hasta ahora".

La portavoz subrayó que la sentencia "tiene una relación importante con la capacidad de actuar de la Unión y de sus Estados miembros para resolver la crisis de deuda pública que afecta a varios Estados miembros".

La sentencia, que da un poder decisivo al Comité del Presupuesto del Parlamento alemán (Bundestag) para conceder futuras ayudas, da a entender que la solidaridad de la deuda en la eurozona que conllevarían los eurobonos "podría ser admitida constitucionalmente si ello implicara una fuerte decisión de Alemania sobre la política fiscal de los Estados miembros", según Raoul Ruparel, del centro de estudios euroescéptico Open Europe.

Precisamente sobre las elevadas expectativas que están despertando los eurobonos para solucionar la crisis, mediante la agrupación de la deuda de los distintos países, el comisario Olli Rehn, lanzó serias advertencias en la misma dirección. "Es claro", dijo "que los eurobonos, en cualquiera de las formas que se introdujeran deberían ir acompañados de un sustancial refuerzo de la supervisión fiscal y la coordinación política como una contrapartida esencial". "Esto tendría", añadió "implicaciones inevitables para la soberanía fiscal lo cual provocaría un debate sustancial entre los Estados de la zona euro para ver si están dispuestos a aceptarlo".

Rehn hizo estas manifestaciones en el Parlamento Europeo en un acto promovido por el Grupo Liberal para reiniciar una solución para la crisis griega. El comisario admitió que la situación actual en el sector financiero "es grave y no tiene sentido sostener lo contrario" al indicar que los bancos tienen dificultades para obtener financiación.

Anunció que la troika (Comisión, BCE y FMI) volverá a Grecia para seguir las negociaciones con el Gobierno. Los objetivos inmediatos son activar el sexto tramo de ayuda para el próximo mes y la aprobación del primer informe de la Task Force constituida especialmente para fomentar el crecimiento y el empleo junto a la consolidación fiscal.

Por su parte, el Senado italiano aprobó ayer el plan que debe otorgar el equilibrio al presupuesto en 2013, informa Lucía Magi. La medida con más impacto es el aumento del IVA, del 20% al 21%. Además, las rentas por encima de 300.000 euros tendrán un recargo del 3% en el IRPF con efecto retroactivo sobre la declaración de la renta del año en curso y hasta el 31 diciembre de 2013.

Fuente: El País.