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- El Banco Central planea la construcción de una nueva sede en Fráncfort
- La instalación costará 1.000 millones de euros
Rosalía Sánchez
Berlín.- Este año, la ciudad de Fráncfort espera la primavera con más ansiedad que de costumbre porque, en cuanto desaparezca el empecinado hielo que impide acceder a los cimientos, comenzará la construcción de la nueva sede del Banco Central Europeo.
Mientras Paul Krugman desde Princeton, Martin Feldstein desde Harvard y George Soros desde el espacio global auguran el final del euro, el BCE planea el levantamiento de una nueva y grandiosa sede que parece buscar la autoafirmación y convertirse en símbolo del poderoso papel que corresponde, en el escenario de la economía planetaria, a uno de los grandes bancos emisores.
No en vano, la zona euro reúne a 16 países desarrollados con unos 330 millones de habitantes, a los que hay que sumar los alrededor de 175 millones de personas que usan monedas fijadas al euro.
Como buen proyecto europeo, la nueva sede del BCE lleva ligada a su realización una riada de millones que escandaliza en tiempos de crisis: si se mantiene el presupuesto inicial de 500 millones de euros a precios constantes de 2005 y se logra embridar el efecto de la inflación y los gastos de decoración y mobiliario, estaríamos hablando de unos 1.000 millones de euros.
Hasta ahora se han gastado unos 200 millones de euros para comprar el terreno, diseñar el edificio, despejar el sitio y hacer las excavaciones para las bases.
Mudanza en 2014
Mudanza en 2014
Y también como buen proyecto europeo, lleva retraso, por ahora de tres años. Los funcionarios del BCE esperan poder hacer en 2014 una mudanza que, en principio, se planeó para 2011 y que fue aplazándose debido a las dificultades añadidas que ha causado la crisis económica. En 2008, las grandes constructoras estaban absortas en una crisis que impedía hacer planes a medio plazo.
Una obra pública europea que, apenas un año antes, hubiese sido una golosina para cualquier promotor, salía al mercado en un momento en que la falta de crédito estrangulaba los proyectos, numerosas compañías se encontraban inmersas en procesos de fusión o se buscaban la vida en Oriente Medio y China de forma que el BCE, para decepción de sus directivos, no recibió, inicialmente, propuestas suficientes.
Se trataba, además, de un proceso de licitación complicado que no arrancó hasta 2009: la obra fue dividida en 12 paquetes, y adjudicada en un total de 69 lotes.
El diseño ganador corresponde al estudio vienés de arquitectura COOP Himmelb(l)au, y prevé la construcción de dos torres de oficinas sobre el antiguo mercado mayorista de Fráncfort que alcanzarán una altura de 185 metros.
Este proyecto, en el Ostend de Fráncfort, no aspira solamente a modificar el perfil de la ciudad y a convertirse en un icono mundial, sino que, una vez sea levantado, reestructurará los delicados equilibrios sobre los que se sostiene la Unión Europea.
Pendientes de Fráncfort
Pendientes de Fráncfort
Por ahora, cuando coloquialmente hablamos de "capital europea", entendemos que nos estamos refiriendo a Bruselas o a Estrasburgo, pero la gran crisis económica y financiera ha puesto de manifiesto que hacia donde mira el mundo cuando espera respuestas europeas es a Fráncfort.
A orillas del río Meno, el BCE se ha mostrado como la institución comunitaria real, en la que sí hay una autoridad federal incontestada e incontestable. La nueva sede dará consistencia física y presencia a esta autoridad europea que cuenta, además, con el férreo apoyo de Alemania y otros influyentes gobiernos europeos a la hora de evitar que surja, al menos a medio plazo, una autoridad política comunitaria que le sirva de contrapeso.
"Nuestra futura sede, la nueva casa del BCE y del euro, simbolizará nuestros valores y estará al servicio de los ciudadanos europeos", dijo Jean Claude Trichet durante la presentación del proyecto, a finales del año pasado, quizá ya consciente del sentido de capitalidad que impregnará la nueva sede.
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