Después de un año 2008 sombrío, los neoyorquinos se dieron prisa en ir a Union Square para celebrar el Año Nuevo, que esperan que tenga un poco más de brillo que el anterior. En las calles se pueden ver los puestos, uno tras otro, vendiendo productor con la cara de Barack Obama –desde camisetas hasta gorras de béisbol o jarros enormes.
“El negocio va bien”, dice un vendedor. “La gente está muy contenta”. La gente del otro lado del océano, tam
(Programa sobre las Actitudes Políticas Internacionales), dio la ventaja a Obama por cuatro a uno por encima del candidato republicano John McCain. ¿Los europeos aún anhelan recuperar las relaciones cercanas que existieron en el pasado?
En política exterior, en las estructuras económicas y en el tema medioambiental, Europa necesita a Estados Unidos para ejercer alguna influencia, la única superpotencia mundial existente en los albores del nuevo milenio. Al final, Europa dio pruebas de que estaba en lo cierto. Pero la autosatisfacción de “te lo dije” es insuficiente cuando el daño ya está hecho.
2003: Guerra y paz.
Empecemos por la política exterior. Celebradamente rechazada como “vieja Europa” por el ex Secretario de Defensa de EE UU, Donald Rumsfeld, Alemania y Francia se negaron a apoyar la invasión de Irak en 2003, advirtiendo acerca de las desastrosas consecuencias que podría acarrear. El Reino Unido participó en la invasión, aunque la guerra fue profundamente impopular entre los británicos. La participación en el conflicto le sirvió al ex Primer Ministro Blair el ganarse el mote de “perro faldero de Bush”.
Muchos creyeron que Blair no tuvo otra opción más que continuar adelante junto a Estados Unidos con la planeada invasión de acuerdo a la proclamada ‘relación especial’ (Tratado del Estado número 51, según le llaman algunos), entre Estados Unidos y Gran Bretaña. La guerra de Irak arrastró a pequeños contingentes de los ejércitos europeos. Para muchos, esta situación demostró cuál era la verdadera alianza existente entre la Unión Europea y los Estados Unidos: más que de socios igualitarios, EE UU da las órdenes y Europa obedece. Finalmente, la “vieja Europa” fue reivindicada gracias a que no se encontraron armas de destrucción masiva –la razón por la que se dice que se atacó a Irak- y el caos que sucedió a la invasión.
La inacción sobre el medioambiente.
Al llegar al poder en 2001, Bush no diría que el peligro que corría el planeta era un hecho científico, pero tampoco que era algo teórico. Su administración se opuso a la ratificación del Protocolo de Kioto. Las naciones en vías de desarrollo se han agarrado a este hecho para argumentar en contra de la firma del tratado medioambiental auspiciado por Naciones Unidas. A la vez que los europeos se empezaron a alarmar más y más sobre el cambio climático, se dieron cuenta de que sería muy poco lo que podrían conseguir sin la cooperación norteamericana. Las instituciones europeas todavía no han alcanzado el nivel de madurez suficiente como para poner en marcha políticas medioambientales coherentes y unificadas dentro del continente.
Al fin, los republicanos se avinieron a reconocer que el planeta corre un peligro real. Así es que el cambio climático se torna en un gran tema de debate en la campaña presidencial de 2008 en la que, ambas partes, reconocieron su existencia. Solo que, después de ocho años de parálisis, el tiempo corre en sentido contrario. Europa estuvo lista para actuar ocho años atrás, pero no pudo hacer nada sin Estados Unidos.
El fiasco del libre mercado.
Estados Unidos prefiere un enfoque drástico centrado en el libre Mercado, en tanto que la Europa continental es partidaria de un enfoque de rígida regulación de los mercados (el Reino Unido suele situarse en medio de ambos extremos). Durante décadas, estos dos sistemas muy diferentes coexistieron de manera pacífica. Mientras, en el mundo globalizado actual, ambos se han mezclado de manera confusa, tal como lo demuestra la actual crisis económica. La crisis es el resultado de la firme desregulación de los mercados financieros estadounidenses a lo largo de las pasadas dos décadas. Los cuerpos reguladores fueron castrados y se convirtieron en inefectivos, fundamentalmente durante la administración Bush. Cuando el gato no está, los ratones juegan. Los inversores de convirtieron en avaros y allí no había nadie que los metiera en vereda.
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