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El antieuropeísmo hace mella en Italia y crea tensión en Europa

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El primer ministro italiano, Matteo Renzi, durante un programa de televisión. - REUTERS

  • El referéndum de este domingo marcará no sólo el futuro del primer ministro, Matteo Renzi, sino también el de la senda reformista, política y económica de la tercera potencia del euro. La ventaja del 'no' en las encuestas atemoriza a la UE y a los mercados.


DIEGO HERRANZ

MADRID.- La inmovilista Italia, hasta hace poco uno de los más firmes baluartes del europeísmo, no parece querer renunciar a su tradicional vitola de nación ingobernable. Un término que consolidó su justificación con la sucesión de pentapartitos o coaliciones dominadas por la Democracia Cristiana de Mario Andreotti y el Partido Socialista Italiano de Bettino Craxi, que gobernó el país entre 1980 al 1992 y que fue el preludio, por la irrupción de casos de corrupción y la parálisis política y económica, del populismo de Silvio Berlusconi. El 'no' a la reforma constitucional de Matteo Renzi domina las encuestas. Nada menos que 32 sondeos de opinión de 11 firmas demoscópicas distintas dan como vencedores a los detractores del primer ministro progresista italiano. Eso sí, por escaso margen (entre 3 y 5 puntos) y sin contar con el amplio espectro de indecisos: el 25,9% de los italianos con derecho a voto.

Pero este domingo Italia se juega mucho más que el puesto de Renzi. En caso de que el líder del centro-izquierda consuma su velada sugerencia ─que no promesa─ de renunciar al cargo. El creciente antieuropeísmo trasalpino puede conducir a una nueva crisis de la zona del euro (y, por extensión, de la UE), una reedición de las tensiones en los mercados de capitales y, en cualquier caso, una inestabilidad notable en su titubeante economía. Más en concreto, en su altamente tóxico sector financiero. Hasta el punto de cuantificar el coste de un mega-rescate suculento. De la suficiente dimensión como para extirpar del sistema nada menos que 360.000 millones de euros de activos tóxicos ─equivalente al 18% del total del sector─, gran parte de ellos concentrados en los libros contables de su tercera mayor institución, el Monte dei Paschi di Siena (MPS) ─el banco más antiguo del mundo─, en estado de suma emergencia.

Pero, ¿qué se juegan los italianos en este referéndum sobre la reforma constitucional propuesta por Renzi? Y, sobre todo, ¿qué consecuencias inmediatas y a medio plazo tendrá el sentido de su voto? En esencia, la cuestión que plantea la consulta se ciñe al ámbito político. Sobre todo, para minimizar el poder del Senado que, de consumarse el 'sí', dejará de ostentar el veto a la aprobación de presupuestos y a gran parte de iniciativas legislativas y perderá su capacidad para retirar su confianza a gobiernos. Prerrogativas que pasarán a ser de la total exclusividad de la Cámara de Diputados, la cual, además, garantizará el 54% de sus escaños a la fuerza política más votada, medida que refuerza la supervivencia del jefe del Ejecutivo durante la totalidad del mandato, de cinco años.
 
La Cámara Alta mantendrá, eso sí, su labor de representación de los intereses de las autoridades locales, aunque con una concreción notable de los mismos, así como su poder de decisión sobre la Jefatura del Estado o los jueces de la Corte Constitucional. También la posibilidad de proponer cambios durante la tramitación de leyes. A imagen del modelo español o alemán. Pero reducirá su actual hemiciclo de 315 a 100 senadores, que perderán su inmunidad actual y ya no serán elegidos por sufragio sino a través de los consejos regionales y municipales, instituciones configuradas desde los 20 gobiernos regionales.

El primer ministro y su Partido Democrático (PD) aducen que aumentará la estabilidad gubernamental y acelerará las reformas legislativas, ya que el modelo bicameral actual, de un casi perfecto equilibrio de contrapesos entre diputados y senadores, ralentiza la aprobación de leyes hasta tres años, de media. Sus oponentes, con el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo ─en empate casi técnico según las encuestas con la formación de Renzi, después de haber logrado las alcaldías de Roma y Turín─ y la Forza Italia del inhabilitado Berlusconi ─sin olvidar a la Liga Norte─ a la cabeza, consideran que elimina los equilibrios y controles de poder, suponen una vuelta de tuerca a la centralización de la toma de decisiones y reducen el nivel de democratización del país. Por contra, Renzi, quien ha incidido en que su modificación constitucional permitirá modernizar los sistemas judicial y educativo y adecuar el ritmo transformador del país a los requerimientos de Europa, cuenta con el respaldo de los agentes sociales.


Renzi saluda a la canciller alemana, Angela Merkel, durante la visita del primer ministro italiano a Berlín del pasado mes de noviembre. - REUTERS

Confindustria, la gran patronal, ha hecho campaña por una reforma, dicen, por la que han esperado 25 años, que impulsarán los cambios socio-económicos que necesita el país, reducirá la burocracia para la creación de empresas, elevarán los beneficios del sector privado, agilizarán las modificaciones fiscales que precisa su economía y dinamizará el mercado laboral. Algo menos entusiastas se han revelado los sindicatos y las asociaciones de pymes, aunque se han decantado por apoyar la tesis de Renzi ante la incertidumbre que ha generado el Brexit, primero, y el triunfo de Donald Trump, después, y las dudas que la irrupción de la extrema derecha populista en Europa puede generar en las elecciones presidenciales francesas y las generales alemanas, en 2017.

Sin embargo, las alarmas del no reformista, conectadas al creciente euroescepticismo ─de nada menos que 24 puntos este ejercicio, según el eurobarómetro del Pew Research Center─, se propagan también a la esfera económica. En un momento de coyuntura delicada, con la renta per capita en niveles de finales de los noventa, un mercado laboral con esclerosis múltiple, bancos sin rentabilidades que amenazan con un nuevo rescate desde Europa y una deuda semejante al 133% del PIB. Su titular de Finanzas, Pier Carlo Padoan, descarta que el resultado negativo del referéndum desencadene una nueva tormenta de deuda europea como en 2011.

Pero los analistas no aprecian un horizonte tan benévolo. Céline Renucci, estratega de AXA Investment Managers, dibuja tres escenarios. El primero, al que concede un 55% de opciones, es la victoria del 'no' con un estrecho margen, que no supondrán cambios importantes en la arena política, aunque retardarán el ritmo de las reformas y generarán tensiones a medio plazo en la economía, sin apenas repunte de la prima de riesgo. Un segundo panorama, con un 25% de probabilidades, de claro triunfo del 'no', que aboque a Renzi a la dimisión, ahonde en los privilegios parlamentarios e influya en la resolución final de la Corte Constitucional sobre la reforma electoral (prevista para enero). De producirse, se disparará el diferencial con el bono alemán en más de 150 puntos básicos, aunque sin llegar a los episodios de 500 de la crisis de hace cinco años, precipitará el rescate y se vivirán jornadas de drásticas caídas de las bolsas europeas. Unas turbulencias que inyectarán dudas sobre el proyecto europeo y tensiones geoestratégicas en la UE; en especial, entre sus grandes socios. La tercera carta de la baraja, la victoria del 'sí', al que otorga un 20% de posibilidades, consolidaría el entramado institucional italiano, mejoraría la prima de riesgo no sólo de Italia, sino del conjunto de los países periféricos de la zona del euro y aclararía el destino integrador de la UE.
 
Sea cual sea el resultado, sin embargo, el futuro de la tercera entidad bancaria, Monte dei Paschi, seguirá en el disparadero. Y no es un asunto menor. Sobre todo, porque generaría un efecto dominó en el maltrecho sistema financiero italiano, en el ya debilitado sector francés, el más expuesto a la banca trasalpina, en el alemán (el segundo) y acechado por los problemas del Deutsche Bank e, incluso, en el español, en el que el Popular está dando esta semana muestras de su flaqueza bursátil. Su nuevo CEO, Marco Morelli, tiene hasta finales de año para aumentar, con éxito, en 5.000 millones de euros ─siete veces su valor actual de mercado─ el capital de la entidad y liberar los 28.000 millones de euros en los que se han calculado sus préstamos de dudoso cobro. Además de restablecer la confianza perdida de sus inversores que han visto cómo el precio de la acción ha caído un 99% desde 2009, después de reconocer pérdidas de 15.000 millones de dólares durante este periodo.

La transición del Monte dei Paschi, en consecuencia, será complicada en los próximos meses. Pero la negativa de la sociedad civil italiana a la reforma podría precipitar el rescate. Incluso con el respaldo social su futuro parece pasar por un nuevo esfuerzo financiero procedente de Europa. Fitch Ratings cifra en un 14% menos el nivel de depósitos del banco en relación al pasado año y declara su situación como “extremadamente vulnerable a las decisiones del mercado”. Etiqueta que sitúa a la entidad, según el lenguaje de las agencias de calificación, al borde de la quiebra. A no ser que Morelli logre convencer a los Estados del Golfo Pérsico de la conveniencia de invertir en el tercer banco italiano. El último de los comodines que podría barajar la cúpula dirigente del Monte dei Paschi antes de reclamar ayuda al BCE.

FUENTE: Público.

La posible desintegración del euro y de la Unión Europea, la gran preocupación del mercado

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  • Los gestores financieros temen por el ascenso del populismo en Europa
  • UBS: "La gran preocupación es que se desintegre la Unión Europea"
  • Los inversores ya están vendiendo bonos de los países periféricos
Reuters / elEconomista.es

La zona euro ha afrontado muchas crisis desde 2008 que han puesto en duda la mera existencia del bloque de 19 naciones, debido a su fracturada economía, las diferentes velocidades económicas y un sistema bancario frágil y, por supuesto, Grecia. No obstante, la mayor amenaza para los mercados puede venir por el lado político. Tras la victoria del Brexit en Reino Unido y de Donald Trump en EEUU, ahora las fuerzas populistas, que desafían los principios en los que se ha basado la UE y el euro, parecen tener más papeletas para alzarse con el poder.

Si estas fuerzas políticas siguen ganando fuerza, los mercados financieros aún podrían afrontar su mayor desafío y algunos inversores están desempolvando estrategias sobre cómo digerir una ruptura de la zona euro (o incluso de la propia Unión Europea) y las turbulencias que desataría.

Las elecciones que se celebrarán el año que viene en Francia, Alemania y Holanda, junto con el próximo referéndum constitucional en Italia, son focos que podrían propagar el descontento político por todo el continente.

Estos son los principales riesgos para el 2017, según los gestores de fondos que asistieron este año a la Cumbre de Inversión de Reuters, quienes destacaron el ascenso del populismo de derechas que desempeñó un papel importante a la hora de determinar los inesperados resultados del referéndum del Brexit y de las elecciones presidenciales de Estados Unidos este año.
Una desintegración que gana fuerza

"Muchos de nuestros clientes están muy preocupados por Europa", dijo Mark Haefele, jefe de inversión global de UBS Wealth Management, una compañía que gestiona miles de millones de dólares en activos financieros.

"La gran preocupación reside en que se produzca una desintegración de la Unión Europea, si tienes estos partidos más de derechas como el de (Marine) Le Pen, que argumentan que quieren sacar a un país grande como Francia de la zona euro. Eso preocupa a la gente", declaró.

El propio Haefele espera que el euro se aprecie en el 2017, en consonancia con la visión generalizada que cree que una ruptura de la zona euro aún es considerada una hipótesis poco probable.

Sin embargo, Hugh Hendry, otro gestor de fondos, expresó una postura más pesimista sobre la probable trayectoria de los mercados. Dijo que un creciente número de inversores está evaluando operaciones que consideran una "desintegración europea", los cuales, de materializarse el próximo año, se centrarán en las elecciones de Francia en mayo.

"El mayor riesgo a la economía mundial es la aguda crisis política que se cierne sobre Europa, cuya política monetaria no cuenta con herramientas para resolverlas", dijo Hendry, fundador y jefe de inversiones del fondo de cobertura Eclectica Asset Management.

Las encuestas de opinión sugieren que el escenario más probable es un duelo en segunda vuelta entre el conservador Alain Juppé y la líder del Frente Nacional de extrema derecha Marine Le Pen, que según analistas se ha visto impulsada por el Brexit y la victoria de Donald Trump, dos resultados que los sondeos no previeron.
Muere y vuelve a morir

Las matemáticas para que Le Pen gane la presidencia francesa son más complicadas que las que afrontaba el Brexit o Trump. Pero esos dos terremotos políticos hacen que los inversores entren en 2017 con los ojos bien abiertos.

Los inversores están vendiendo bonos de los países de la periferia del euro, impulsando la prima que ofrecen respecto a los bonos ultraseguros alemanes, a su nivel más alto en meses. La prima de riesgo de los bonos italianos a 10 años respecto al alemán se sitúa en 180 puntos básicos, el nivel más alto en dos años.

Antes de la crisis de 2008, el diferencial fluctuaba entre cero y 50 puntos básicos. Se disparó por encima de 550 puntos básicos a finales de 2011 en el punto álgido de la crisis de deuda de la zona euro y aunque se ha relajado desde entonces casi nunca ha bajado de 100 puntos básicos.

Hendry predice que subirá más (la prima de riesgo) y estima que cada 100 puntos básicos más equivalen a alrededor de un 10% de incremento en la probabilidad que los inversores asignan a una ruptura de la zona euro.

El euro también está bajo una fuerte presión ante el dólar por el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro y las perspectivas de crecimiento de Estados Unidos tras la elección de Trump como presidente. Pero el riesgo político en Europa también está afectando.

Philip Saunders, gestor de carteras y codirector de Investec Asset Management, dijo que podría ver "fácilmente" una paridad entre euro y dólar. Eso significaría un descenso cercano al 6% respecto a los niveles en los que se está moviendo hoy la divisa única.

Pero aunque la zona euro soportó durante años la amenaza de Grecia, ahora los mercados financieros creen que una ruptura del bloque puede originarse en uno de los grandes países de la región.

El primer ministro de Italia, Matteo Renzi, ha vinculado su futuro en el cargo al referéndum constitucional del 4 diciembre. Un triunfo del "sí" reduciría el rol del Senado y podría disminuir la autoridad de los gobiernos regionales. Pero los sondeos indican que Renzi perderá.

Renzi sugirió el lunes que podría no continuar en el cargo si pierde y los comentaristas políticos han especulado con que podría dimitir y adelantar las elecciones a 2017, un año antes de lo previsto.

Al igual que en Francia, partidos populistas como el Movimiento 5 estrellas (que promete realizar un referéndum sobre la membresía de la zona euro) estarían posicionados para llenar el vacío político en Italia.

Saunders, de Investec Asset Management, cree que Italia representa el mayor riesgo para la zona euro, ya que es el eslabón más débil de la cadena europea.

"Italia es como el final de una ópera: cuando el personaje principal parece haber cantado su última pieza y muere, entonces vuelve a cantar y vuelve a morir, de forma que todo el proceso de algún modo se agota", dijo Saunders.

"El referéndum no es el elemento definitivo, pero indica la dirección del viaje", indicó.

FUENTE: El Economista

El euro sobrevive, pero ¿qué ha sido de los europeos?

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  • Los vínculos sentimentales y de hermandad, imprescindibles para construir una comunidad política, se están haciendo añicos.
  • El problema es la disparidad entre una zona monetaria única y 17 democracias

Timothy Garton Ash 2 ABR 2013 - 00:00 CET


ENRIQUE FLORES

 "Hemos hecho Italia, ahora tenemos que hacer italianos", afirma un viejo dicho. Hoy, después de que hiciéramos el euro, su crisis está deshaciendo europeos. Muchas personas que se sentían llenas de entusiasmo por el proyecto europeo hace 10 años están hoy regresando a airados estereotipos nacionales.

“Hitler-Merkel”, decía una pancarta que llevaban jóvenes manifestantes chipriotas hace unos días. Junto a esas palabras figuraba una imagen de la bandera europea, con sus estrellas amarillas sobre fondo azul furiosamente tachadas con unos trazos rojos. Se oyen sin cesar grandes generalizaciones negativas sobre los europeos del “sur” y del “norte”, casi como si fueran dos especies distintas.

Pero seamos serios. ¿Qué historiador digno de tal nombre puede decir que Milán tiene más cosas en común con Nicosia que con Niza o Ginebra? Vemos incluso a europeístas muy formados y preparados que dicen en público cosas sobre otros países que hace una década no se habrían atrevido a pensar, y mucho menos a manifestar. Al mismo tiempo que cada vez más partes de Europa se han ido volviendo fervientemente antialemanas, cada vez más partes de Alemania se han vuelto antieuropeas. Se cierne en el horizonte una espiral peligrosa, como un tornado en una carretera rural del medio oeste estadounidense.

Deberíamos tomar nota con alivio de las cosas que no han ocurrido o, por lo menos, no todavía ni de forma generalizada. Con la excepción de partidos neofascistas como Aurora Dorada en Grecia, la indignación de los europeos no se ha vuelto aún en contra de los inmigrantes, las minorías ni unas imaginarias quintas columnas. Los alemanes no culpan de sus problemas a unos judíos, musulmanes o masones desarraigados; responsabilizan a los inútiles de los griegos. Los griegos no achacan sus dificultades a unos judíos, musulmanes y masones que no tienen raíces; la culpa es de los despiadados alemanes.

Aun así, se trata de una situación muy peligrosa. No cabe duda de que 2013 no es 1913. Es posible que Alemania sea la que mande en la eurozona, pero no es una posición que hubiera buscado de antemano. A los alemanes no les preguntaron jamás si estaban dispuestos a renunciar al marco —la respuesta habría sido “no”—, y aproximadamente uno de cada tres dice hoy que le gustaría volver a él. Cuando hacen esa afirmación, están demostrando que no entienden en absoluto dónde están los intereses económicos de su país, pero esa es otra cuestión.

La Unión Europea constituye el imperio creado más a regañadientes de toda la historia del continente, y dentro de ese imperio a su pesar Alemania es un imperio más a su pesar todavía. El riesgo de que se produzca una guerra entre Estados en la Europa de la Unión es insignificante. La analogía de 1913 es más válida hoy para Asia, donde China asumiría el papel de la Alemania del káiser Guillermo. No obstante, existe un verdadero peligro de que los vínculos sentimentales y de hermandad esenciales para construir cualquier comunidad política estén haciéndose añicos.

Conviene recordar que, para países como Chipre, lo peor está aún por venir. Casi no me atrevo a evocar la posibilidad —a “pintar el demonio en el muro”, como dicen en alemán—, pero ¿qué ocurriría si algún griego o chipriota en paro y con problemas mentales le pegara de pronto un tiro a un político alemán? Con suerte, la conmoción enfriaría la retórica recalentada y uniría a los europeos. Pero no deberíamos tener que esperar a que suene ese disparo.

¿Por qué nos encontramos en esta espiral descendente de mutuo resentimiento? Desde luego, por los fallos básicos de diseño del euro. Y también por unas políticas económicas equivocadas en algunos de los países que constituyen la llamada periferia de la eurozona y —en los últimos tiempos— de varios países del núcleo del norte (como expliqué en mi columna de hace 15 días, el mayor problema de la política económica alemana no es lo que pide a otros que hagan, sino lo que no hace ella. Debería estar contribuyendo a facilitar el ajuste en toda la eurozona a base de impulsar su propia demanda interna). Mientras tanto, cada medida que se toma para arreglar algo en la eurozona a corto plazo no hace más que sembrar las semillas para otra nueva crisis. Por ejemplo, el recorte del 50% que se acordó aplicar a los poseedores de deuda pública griega en el otoño de 2011 ayudó a que los bancos de Chipre cayeran en el abismo.

Sin embargo, la causa más profunda de los problemas actuales es la disparidad entre la existencia de una zona monetaria única y 17 entidades políticas nacionales. La economía es continental, pero la política sigue siendo nacional. Aún más, es una política democrática. No estamos en 1913, pero tampoco estamos en los años treinta. En lugar de “la Europa de los dictadores” tenemos una Europa de democracias. En lugar de la “revolución permanente” de Trotski, lo que son permanentes son nuestras elecciones.

En todo momento hay algún dirigente en algún lugar de Europa que está obligado a tener en cuenta de dónde sopla el viento porque se avecinan unas elecciones. Este año, resulta que esa dirigente es Angela Merkel, que afronta unas elecciones generales el próximo mes de septiembre. Todos y cada uno de los 17 líderes nacionales de la eurozona y los 27 de la UE piensan primero en la política, los medios de comunicación y los sondeos de opinión de sus propios países. Aunque resulte tentador decir “Hemos hecho Europa, ahora debemos hacer europeos”, lo cierto es que, en este sentido, no hemos hecho ninguna Europa.

¿Qué podemos hacer al respecto? Un ingenioso profesor italiano, Giorgio Basevi, de la Universidad de Bolonia, me envió hace poco una propuesta de algo que podría contribuir a mitigar el problema: la sincronización de las elecciones nacionales y europeas. Se trata de una idea brillante, pero, como es natural, implanteable. ¡Cualquiera convence a los electorados de Europa! Otros sugieren que el próximo presidente de la Comisión Europea se designe mediante elección directa, tal vez entre unos candidatos presentados por cada una de las grandes familias políticas que constituyen el Parlamento Europeo. ¿Por qué no? Ahora bien, si creen que eso va a hacer que los griegos en paro y los alemanes resentidos recuperen de pronto su cálido europeísmo, no están bien de la cabeza.

Por el momento, no existe nada que sustituya a unos políticos capaces de enfrentarse a la opinión pública de sus países y explicar, en su propia lengua y con sus propios giros, que los griegos no son todos unos despilfarradores inútiles, ni los alemanes unos teutones despiadados, etcétera, con arreglo a lo que corresponda en cada país y circunstancia. Son ellos los que deben aprovechar cada oportunidad para explicar con detalle por qué, aunque en el barco europeo estemos padeciendo fríos y humedades, tendríamos mucho más frío y más humedad si nos cayéramos al agua.

¿Y si lo que hace falta es un nuevo enemigo común? Normalmente, me encantaría proponer como chivo expiatorio étnico a mis admirables compatriotas, los ingleses. Estamos acostumbrados. Podemos encajarlo. Pero, con todas las cosas de las que se puede echar la culpa a los ingleses, si hay algo que no se les puede achacar es la bronca que vive la eurozona.

Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford e investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es Los hechos son subversivos: Ideas y personajes para una década sin nombre.
 
Fuente: El País.

El presidente alemán llama al patriotismo europeo

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Joachim Gauck. | Foto: Reuters

  • Abunda en la necesidad de una comunicación europea que supere las fronteras

Rosalía Sánchez | Berlín

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El presidente de Alemania, Joachim Gauck, ha llamado a los europeos en un solemne discurso a desarrollar el patriotismo que el proyecto Europa requiere para salir adelante. Este primer discurso del presidente Gauck sobre Europa era muy esperado en Alemania, puesto que desde que llegó al cargo ha estado preparando su postura de jefe de Estado a este respecto y había evitado hasta ahora pronunciarse.

Gauck ha rechazado las perspicacias acerca de una posición predominante de Alemania en Europa. "Cuando digo que quiero más Europa no me estoy refiriendo a una Europa más alemana, sino a una Europa más fuerte", ha dicho, recordando que en Alemania no hay un solo político que defienda un dictado alemán" y "no hay un solo partido político que defienda volares nacionalistas o alemanistas- En todo caso, si lo hubiera, no tendría ninguna posibilidad de obtener presencia parlamentaria en el Bundestag".

En este punto, el presidente alemán abundó en la necesidad de una comunicación europea que supere las barreras nacionales y nacionalistas y señaló que "más Europa significa necesariamente más sociedad civil europea", algo que no se podrá lograr mientras los grandes grupos de comunicación no sobrepasen las fronteras nacionales. "Europa necesita un ágora", ha dicho, en referencia a un "necesario espacio público europeo" y llamando a los medios de comunicación a cumplir su función en términos europeos.

Reconoce los problemas de los europeos para identificar una identidad común entre nosotros, ya que "carecemos de un mito fundacional común o de un proceso de emancipación que nos conforme como unidad", pero llamó a los europeos, especialmente a los más jóvenes, a reflexionar sobre los valores comunes que nos asocian y dan sentido a nuestra existencia: paz, libertad, derecho e igualdad. Gauck ha insistido en que "solo una Europa unida puede realizar su papel de actor global" y ha advertido que para ellos "Europa necesita una segunda refundación", ya que "sin una política fiscal y económica común, una moneda común lo tendrá muy difícil para sobrevivir".

Finalmente, ha hecho un llamamiento a los británicos a permanecer en la UE, sugiriendo que el inglés es la lengua de entendimiento europeo, la que hablamos todos además de nuestra lengua materna. Y ha hecho hincapié en que, mientras desde dentro los europeos percibimos en crisis nuestro propio proyecto, el resto del mundo mira a Europa con admiración y nos percibe como un proyecto exitoso, por haber logrado un oasis de bienestar y justicia social que, a fecha de hoy, no se repite en ningún otro punto del planeta.

Fuente: El Mundo.

Los europeos no se fían de sus líderes

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Una encuesta en Reino Unido, Alemania, Francia, Polonia y España revela la profunda desconfianza ciudadana con los políticos y su honestidad

SILVIA BLANCO - Madrid - 14/03/2011

Los europeos no se fían de los políticos. Ni de los que gobiernan ni de los que ejercen la oposición. Los perciben incapaces de solucionar los problemas que afectan a cada país y, sobre todo, no creen que sean honestos. Un pronunciado desapego hacia los políticos se ha instalado entre los ciudadanos. Solo el 14% de los europeos conserva "alguna" expectativa de que sus gobernantes logren manejar la situación. Un 78% se reparte entre los que no tienen muchas o ninguna.

La peor crisis económica en décadas se atraviesa sin timón. Esa es la impresión más diáfana que manifiestan los ciudadanos entrevistados en la encuesta que el diario británico The Guardian llevó a cabo entre el 24 de febrero y el 8 de marzo en Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia y España, para la serie que realiza con Le Monde, Der Spiegel, Gazeta Wyborcza y EL PAÍS. La desconfianza se proyecta hacia el futuro económico: 2012 se ve negro; la próxima década, más bien gris oscuro.

El desastre financiero ha desempeñado un papel relevante en la erosión de la imagen de los gobernantes. Los recortes que ha impuesto Zapatero ante el asedio de los mercados, las medidas de austeridad que aplicó Angela Merkel en verano o David Cameron suprimiendo entre otras cosas medio millón de puestos de trabajo públicos, pueden explicar que el 66% de los británicos no crea capaz a su Ejecutivo de salir del atolladero, el 80% de los alemanes no vea claro que con esos gobernantes puedan recuperar su pujanza o que el 78% de los españoles expresen descontento hacia Zapatero. Además, el 78% considera que su Gobierno ha estado gastando demasiado dinero, algo que sugiere escasa previsión y responsabilidad por parte de quienes ahora predican -y aplican- recortes. Polacos, en un 82%, y franceses, en un 84%, son los que consideran que ha habido más derroche.

Pero la mala situación económica explica el descrédito de los representantes solo en parte. El recelo hacia los políticos va mucho más allá y contamina también a los que están en la oposición: el 90% de los europeos entrevistados no confía "mucho" o "nada" en que los políticos de cada uno de los países actúen con honestidad e integridad.

Las sospechas parecen fundadas. En España, la corrupción ha penetrado en decenas de Ayuntamientos, vinculada a la especulación inmobiliaria, y casos de supuesta financiación ilegal de partidos, como Gürtel, o de fraude, como los ERE en Andalucía, son casi cotidianos para ese 91% de españoles que dice no creer en la rectitud de los políticos.

En otros países, los políticos no están implicados en delitos, pero sí ha habido actuaciones que la opinión pública juzgó como poco éticas. En Alemania, Karl Theodor Zu Gutenberg ha perdido su puesto de ministro de Defensa por plagiar su tesis doctoral. En Francia, la ministra de Exteriores Michèlle Aliot-Marie acaba de dimitir por irse de vacaciones a Túnez cuando empezaron las revueltas y dejarse agasajar por un empresario amigo del depuesto dictador Zine el Abidine Ben Ali.

Incluso dejando de lado los escándalos, emerge la sensación de crisis de liderazgo, que también se observa en algunas encuestas nacionales, con Zapatero despeñándose en cada barómetro del CIS y Sarkozy tratando de llamar la atención de los franceses con sucesivos cambios de gobierno ante su baja popularidad.

Los europeos tampoco depositan sus esperanzas en el porvenir. Sobre el que está a la vuelta de la esquina, en los próximos 12 meses, el 47% considera que la economía estará "algo peor" o "mucho peor". Ya para dentro de diez años, se mantiene el mismo porcentaje. Solo cambia que el 31% que ahora vaticina que en 2012 la situación financiera permanecerá "igual", se convierte en un 18% cuando se le pregunta sobre la próxima década.

Es curioso que los españoles sean los segundos más optimistas a corto plazo (por detrás de los alemanes, que han iniciado una clara recuperación), y los más optimistas para 2021, aunque la suya sea la más azotada de esas cinco economías. Para dentro de 12 meses, el 32% de los alemanes confía en que la economía vaya "mucho mejor" o "algo mejor", aunque haya un 36% de ellos que la anticipe "igual" y un 30% "algo peor" o "mucho peor".

Entre los españoles, que ven el año próximo mayoritariamente negro, con un 38% que piensa que nada cambiará y un 40% que empeorará, hay un 20% de esperanzados. Cuando se trata de decir cómo perciben el futuro económico de los ciudadanos para dentro de una década, los optimistas se convierten en sólida mayoría: el 57% cree que entonces la economía estará "mucho mejor" o "algo mejor", seguidos de cerca por los polacos (44%) frente a un 20% de alemanes, 26% de británicos y 12% de franceses, estos últimos los más pesimistas respecto al futuro a corto y medio plazo.

La actitud resignada de los europeos hacia la necesidad de reducir el gasto público da idea de la magnitud del malestar que ha creado la crisis, que afecta a los pilares del Estado de Bienestar. Pero hay división sobre si es mejor aplicar ahora recortes para aminorar la deuda o consolidar primero la recuperación para empezar después a adelgazar el gasto público. El 42% está a favor de la primera opción, con los alemanes a la cabeza, y el 41% de la segunda, que lideran los británicos. Solo el 10% se resiste a reducir el gasto público. España se separa de la media: el 17% es directamente contrario a los recortes, seguida del 14% de los polacos. Este resultado sugiere que polacos y españoles, que tienen un estado social con menos prestaciones que el de alemanes, franceses y, en menor medida, británicos, son los más reacios a que se siga cercenando -tienen menos, y por tanto, más que perder en comparación-, aunque esa resistencia es minoritaria en todos los países.

En otra pregunta se plantea similar cuestión pero aquí se trata de averiguar el grado de acuerdo con una premisa dada: "El Gobierno debe asegurarse de que la economía se recupera antes de comenzar a recortar el gasto público". Cuando se formula así, la gran mayoría (59%) está totalmente o más bien de acuerdo con esta idea, la que, como antes, defienden sobre todo los británicos (63%) y también los polacos (65%), los más hostiles a mordisquear el dinero de todos como primera solución. El elevado endeudamiento que la crisis ha supuesto para los Estados es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, sobre todo en Polonia, Francia y España, por este orden. Para España ha sido -y todavía es- particularmente dramático, el punto débil, junto con el elevadísimo paro, que ha propiciado momentos de pánico ante la posibilidad de seguir el mismo camino de Grecia e Irlanda.

A la hora de solucionar el problema de la deuda, sin embargo, solo la mitad de los españoles cree que "el Gobierno debe centrarse en la reducción de la deuda nacional mediante el recorte del gasto público", igual que polacos y británicos. Los alemanes (71%), seguidos de los franceses (62%) son, de nuevo, los más decididos a sacrificar lo público para evitar lo que creen que es un mal mayor, la deuda. Esta tendencia se afianza cuando se observa quiénes rechazan que el Gobierno deba centrarse en esta cuestión, un 31% de polacos, seguidos de españoles y británicos, ambos con un 27%, lo que sugiere, de nuevo, que en estos países la resistencia a perder prestaciones es mayor que en Alemania o Francia. En todo caso, el modelo parece estar desdibujándose a causa de la crisis, y con la resignación de la mayoría.
Progresistas en lo social

Los europeos muestran una actitud progresista respecto a los derechos de la mujer, el matrimonio o los derechos de los homosexuales. El 62% de los europeos entrevistados se declara "muy progresista" o "bastante progresista" frente al 16% que se considera tradicional. Un 20% no se identifica con ninguna de las dos tendencias. España y Polonia se encuentran en los extremos de los cinco: mientras los españoles dicen ser los más liberales de todos con un 72%, los polacos son los que muestran más reticencia a que se ejerzan esos derechos, con solo un 49%.

Fuente: El País.

Europa y Estados Unidos discrepan de las recetas contra la crisis

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C. PÉREZ - Davos - 29/01/2011

"Si el euro fracasa, fracasa Europa". La canciller de Alemania, Angela Merkel, repitió ayer ese mantra en el Foro Económico Mundial de Davos, al que han acudido en masa los mandatarios europeos para defender la Unión ante los embates de la crisis fiscal. 
Merkel defendió la vía alemana -"ahorro y crecimiento no tienen por qué ser términos antagónicos"- y la necesidad de seguir en el camino de austeridad que ha marcado Alemania para toda Europa. Y al que le ha salido un alumno aventajado: El primer ministro británico, David Cameron, apareció ayer por Davos para hacer una encendida defensa de los planes de recortes en toda Europa. El secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, defendió la receta contraria: no precipitarse en la reducción del gasto público hasta que la recuperación se consolide. Davos fue así el escenario de un capítulo más de ese interminable debate entre austeridad y crecimiento, que marcará la agenda económica a ambos lados del Atlántico durante los próximos años.

En un discurso ante la élite económica mundial, Cameron volvió a defender con uñas y dientes los recortes europeos -entre los que el británico es uno de los más destacados, con la reducción de medio millón de empleos públicos, entre otras medidas-, destinados a embridar déficits públicos desbocados. La prioridad de Europa "debe ser matar el fantasma de esas gigantescas deudas soberanas", explicó.

Esa estrategia ha tropezado con una piedra en el camino: Reino Unido anunció el pasado viernes una caída del 0,5% del PIB, que alienta los argumentos de quienes aseguran que la oleada de austeridad que recorre Europa puede provocar una recaída en la recesión en algunos países.

A diferencia de Cameron, Geithner, presentó poco después una visión casi opuesta, al afirmar que no es "razonable" reducir los déficits públicos mediante drásticos recortes en el gasto público en este momento, al menos en EE UU. "Algunos quieren ir muy rápido en lo referente a los recortes en los gastos: ese no es un método razonable", atacó. "Hay que estar seguro de no afectar la reactivación", insistió: "Pasar demasiado rápido a recortes sustanciales puede hundir un incipiente crecimiento".
Fuente: El País

¿Será Europa una potencia mundial?

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El Tratado de Lisboa pondrá a prueba la capacidad de la UE para influir en la escena internacional - China y EE UU lamentan la inacción de los Veintisiete 

Resumía recientemente José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea, el contenido de la pasada cumbre UE-China en una propuesta de Pekín. "Nosotros no queremos un G-2, un mundo regido por China y Estados Unidos", decía Barroso que le aseguró el presidente chino, Hu Jintao. "Queremos también una UE fuerte". Diríase que la Unión gusta de la idea. Vende el nuevo Tratado de Lisboa, con su reorganización para potenciar la unidad de acción en política exterior, como el instrumento necesario para modificar los pies de barro del gigante económico europeo. Pero ¿quiere la UE ser verdaderamente un actor global? "Es la pregunta del millón de dólares", responde Antonio Missiroli, un politólogo de Bruselas.

Javier Solana, cuerpo, alma y padre de la política exterior europea durante los pasados 10 años, echa la vista atrás y no puede más que celebrar dónde estaba la Unión entonces y dónde está ahora. Hasta se maravilla del éxito: "¿Quién me iba a decir a mí hace 10 años que la UE tendría un día 13 fragatas en el Índico?".

Hace 10 años, una UE dividida y paralizada ante el conflicto de los Balcanes tuvo que ver cómo Estados Unidos llegaba, una vez más, al Viejo Continente para acabar con una guerra europea. De aquella humillación nació la política exterior de la Unión, que ya suma dos docenas de operaciones de distinto calado en diversas partes del mundo, con la de Somalia contra la piratería como florón, pronto seguida de otra para formar militares que sostengan al nominal Gobierno somalí.

"No puede haber un simple G-2 que dirija el mundo", decía no hace mucho Solana en la Universidad de Harvard. "La UE tiene que estar ahí. Merece estar ahí". Para Solana está claro que la Unión tiene vocación de potencia global, pero una potencia de nuevo cuño, el que corresponde a un mundo globalizado con nuevos modos de tabular. "Antaño el poder se medía por las dimensiones de tus Ejércitos y por tu población. Hoy, por el PIB por habitante, la reputación y si obtienes la organización de unos Juegos Olímpicos", explicaba este verano a un selecto sanedrín británico en la Fundación Dichtley, cerca de Oxford.

Ésta es la cuestión crucial, el modo de enfocar la Unión su política exterior. Solana mantiene que la victoria intelectual y política del sistema de valores que encarna Occidente, y en particular la UE, obliga a compartir el liderazgo del mundo con otros. "Debido a nuestro ADN posmoderno, la UE no está bien dotada para responder a algo que pudiera parecerse a las políticas de las grandes potencias", enfatizaba en Harvard ante unos norteamericanos con otra concepción del poder y de la influencia en el mundo.

"La UE va a ser un actor global sin ser como Estados Unidos", pronostica Missiroli, director de estudios del European Policy Center, gabinete de estudios europeos en Bruselas. Alcanzar esa meta llevará tiempo y Missiroli recomienda empezar por el principio. "Mejor intentarlo antes de serlo", traducible en que "si queremos tener influencia tendremos que actuar como UE y no como un grupo de países que se mueven en la escena global". A su juicio hay demasiada Europa en el mundo y muy poca Unión Europea. En el Fondo Monetario Internacional, en el G-8, en el G-20 o en el Consejo de Seguridad "hay exceso de presencia europea y falta presencia de la UE". Califica de irracional que Bélgica tenga más peso en el FMI que Brasil, o que el Benelux tenga más poder de voto que China y se pregunta si los europeos seremos capaces de sacrificar el orgullo nacional en el altar de la UE. "A algunos países les va a resultar muy difícil", aventura.

A Solana no le cuesta reconocer que la geografía y la historia de Europa constituyen una traba para el desarrollo de una política exterior común, pero como optimista inveterado que es, considera que el nutrido abanico de sensibilidades aporta una riqueza que, bien aprovechada, puede convertirse en un formidable activo.

La realidad es que hasta ahora el ADN posmoderno, la geografía, la historia y las distintas sensibilidades de los Veintisiete han frenado los avances. Por aludir a los dos grandes polos, China sigue anclada en la idea de que un poder exige ganas y arrestos, y se mantiene a la espera de que la UE confirme su voluntad de ser y de estar en la escena internacional.

A ojos de Estados Unidos, Europa es más una colección de países que una Unión. La visita, hace dos semanas, de Angela Merkel a Washington coincidió con la cumbre anual entre EE UU y la UE. La presencia de Merkel fue estelar. La UE fue invisible. Un estudio del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, en inglés) sobre las relaciones entre los Estados Unidos de Barack Obama y la UE da cuenta de la decepción con la que la Casa Blanca contempla a Europa y cómo Washington ve "a los miembros de la UE como unos niños: rehúyen responsabilidades y quieren sólo atenciones".

Es una situación que intenta cambiar el Tratado de Lisboa. Missiroli cree que el tratado encarrilará la política exterior de la Unión, pero necesitará tiempo. "Si hay una crisis prematura, la UE no estará preparada y las tensiones sobre el nuevo marco de la política exterior podrían tener efectos muy dañinos", advierte.
Una diplomacia ambiciosa y unificada

La mayor novedad del Tratado de Lisboa, que entrará en vigor el próximo 1 de diciembre, corresponde a la política exterior y de seguridad de la Unión, que se pretende unificada y eficaz. Estará encarnada en un alto representante que será también vicepresidente de la Comisión Europea. Esa doble función acabará con duplicaciones y celos ridículos existentes entre el Ejecutivo comunitario y el Consejo (Gobiernos de la Unión). Un ejemplo: en Afganistán, la Comisión, el representante especial de Javier Solana, la oficina de ayuda humanitaria y la misión de policía trabajan por separado. A partir de ahora, la diplomacia comunitaria quedará agrupada en un Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) con miles de funcionarios, diplomáticos y militares repartidos entre Bruselas y las delegaciones de la Unión en 130 países. El presupuesto previsto ronda los 50.000 millones desde ahora hasta 2013.

Para el próximo jueves está previsto que los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión elijan al nuevo ministro de Exteriores de la Unión, que será la nueva cara de la política exterior y de seguridad comunitaria ante el mundo. Será la culminación de un proceso que ha resultado más turbio, opaco y trabajoso de lo previsto por ir de la mano de la elección de futuro presidente permanente de la Unión.

Otra novedad sustancial de Lisboa en la escena internacional es la de permitir las cooperaciones reforzadas en todos los ámbitos de la política exterior, incluida la defensa. Queda deslucida la ambiciosa medida por la doble exigencia de que haya un mínimo de dos tercios de los países de la Unión (nueve en la actualidad) dispuestos a emprender una determinada tarea y que deba contar con el apoyo unánime de los Veintisiete.

El tratado crea también la posibilidad de establecer una "cooperación estructurada permanente" abierta a Estados con elevadas capacidades militares y que hayan suscrito entre sí compromisos más vinculantes.

El Nobel, una condena implícita de Europa a la política de Bush, según la prensa

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El Nobel, una condena implícita de Europa a la política de Bush, según la prensa

La concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente Barack Obama supone una condena implícita de Europa de la política del ex presidente George W. Bush, es prematura y resta credibilidad a este galardón, opina hoy la prensa de EE.UU.

Los editoriales de los principales medios de comunicación estadounidenses no ocultan hoy su "desconcierto" por la decisión "política" y hasta "embarazosa" para el presidente de EE.UU. del Instituto Nobel de Noruega.

El Washington Post es el periódico que más duramente critica al Comité Nobel, porque opina que se trata de un galardón "del que uno casi se avergüenza por el presidente". Este diario considera que el argumento del Instituto Nobel para concederle a Obama el premio por su empeño en cambiar el clima diplomático en las relaciones internacionales no es "realista".

Dice comprender el fuerte deseo de los escandinavos y de los europeos por dejar atrás el pasado y cuánto anhelaron el fin del mandato del ex presidente George W. Bush, pero no ve motivos para esta "Euro-celebración de las elecciones" estadounidenses de 2008.

El premio, otorgado en este momento de la presidencia de Obama, alimenta la impresión en EE.UU. de que el mandatario es visto como una "estrella", "lo que le hace un flaco favor", insiste.

Para el rotativo es especialmente "desconcertante" que el Instituto Nobel le hubiera concedido el galardón a Obama cuando una "alternativa mejor" habría sido otorgárselo como homenaje póstumo a Neda Soltan, la chica iraní que falleció durante una manifestación de protesta en Teherán.

El diario se refiere a la "generosa oferta" de Obama en su discurso el viernes de compartir el premio con esta joven mujer y con otras personas que luchan por sus derechos y sacrifican su libertad y sus vidas en nombre de la paz.

"El mero hecho de que evitó mencionar su nombre y su país (...) reflejan la tensión que existe a veces entre la diplomacia y la cooperación entre personas por un lado y la defensa de los derechos humanos por otro. El Comité Nobel podría haber ahorrado este dilema a Obama si hubiera concedido el premio a Neda", dice el editorial.

A su turno, el New York Times afirma que el premio "es una condena implícita a la presidencia de Bush". No obstante, reconoce que reparar el "malestar" que ha causado el ex presidente en el mundo "es uno de los grandes logros de Obama", al igual que su voluntad de respetar y trabajar con otros países.

El Wall Street Journal, por su parte, reacciona con "desconcierto" a la decisión del Instituto Nobel de otorgarle a Obama el "primer premio del mundo a futuros logros en diplomacia".

En opinión de este periódico, con la concesión del Nobel a Obama los europeos quieren dejar constancia de que "jamás" quieren volver a ver a alguien como Bush en la Presidencia de EE.UU.

El premio refleja además, considera su editorial, la agenda europea en política exterior.

El diario Los Ángeles Times señala que la decisión del Instituto de Oslo "no solamente es embarazosa para Obama, sino que resta credibilidad a este premio".

"Es difícil obviar la impresión de que Obama ha sido honrado porque no es George W. Bush", señala el editorial de este periódico, que opina que esto es un gesto "admirable", pero no le hace a Obama merecedor de esta distinción, alega.

De la misma opinión es el Dallas Morning News, que califica el argumento del Comité Nobel como "político" y "embarazoso", dado que el mero hecho de que Obama no sea George W. Bush "no es un logro que merezca un Nobel", afirma.

EE UU renuncia al escudo antimisiles de Bush en Europa

El presidente Obama asumirá otra estrategia de defensa con nuevas tecnologías probadas y efectivas y con el respaldo de Rusia.

Medvédev alaba el cambio de planes y pide la colaboración de otros países.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha dado un paso más para alejarse de la política de su predecesor en la Casa Blanca y ha anunciado que abandonará el proyecto de construir en Europa un escudo antimisiles para contener la amenaza de países como Irán o Corea del Norte. Obama ha anunciado que habrá una nueva estrategia basada en el desarrollo de otra tecnología, probada y efectiva, que será mucho mejor para afrontar posibles amenazas de Teherán.

"Nuestra nueva arquitectura de defensa antimisiles en Europa aportará defensas más fuertes, más inteligentes y más rápidas a las fuerzas estadouidenses y sus aliados" de la OTAN, ha dicho Obama durante una comparecencia, en la que afirmó que el objetivo es involucrar a Rusia en un sistema global de defensa.

Moscú ha celebrado el cambio de planes y ha manifestado que está dispuesto a profundizar el diálogo con Washington. "Espero que encomendemos a las correspondientes estructuras de ambos países (Rusia y EE UU) que activen la cooperación para atraer a los europeos y otros países interesados" a sumarse al plan global de defensa, ha dicho el presidente ruso, Dmitri Medvédev, citado por las agencias rusas.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, también ha aplaudido en Bruselas la decisión del presidente estadounidense, la cual ha considerado "extraordinariamente sabia". "Es una excelente decisión, desde todos los puntos de vista", dijo Sarkozy en la rueda de prensa celebrada al término del Consejo informal de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Bruselas.

Según han desvelado este jueves los Gobiernos de Praga y Varsovia, Obama les ha comunicado que no va a instalar una batería de misiles interceptores en Polonia ni una estación de radar en la República Checa. El Pentágono ha confirmado la información y ha explicado que se está negociando con ambos países para que puedan participar en un sistema alternativo.

Posteriormente a la comparecencia del presidente, el secretario de Defensa, Robert Gates, ha dado detalles de los nuevos planes, y ha anunciado que dispondrá de barcos Aegis equipados con interceptores y sensores para defender a sus aliados europeos y las fuerzas estadounidenses contra amenazas más inmediatas y que los sistemas de defensa terrestre serán desarrollados en una segunda fase, que comenzaría en 2015.

"Ahora tenemos la oportunidad de desplegar nuevos sensores e interceptores en el norte y sur de Europa que en el corto plazo pueden suministrar una cobertura de defensa de misiles contra amenazas más inmediatas procedentes de Irán u otros países", ha afirmado Gates a la prensa tras el anuncio que ha realizado Obama esta tarde en Washington.

Pendientes de Irán.

El Ministerio de Defensa considera que una de las razones para renunciar al escudo en Europa es que el programa armamentístico iraní, en especial sus misiles de largo alcance -que no se han desarrollado tan rápido como se temía-, no representa una amenaza inminente para Estados Unidos o las principales capitales europeas. No obstante, Obama dejaría abierta la posibilidad de recuperar este proyecto si Irán progresa en la construcción de misiles hasta el punto de suponer un riesgo evidente.

El controvertido sistema defensivo fue ideado por la anterior administración estadounidense de George W. Bush para contrarrestar la posible amenaza de Estados que, como Corea del Norte o Irán, tienen ambiciones atómicas y una tensa relación con Occidente. La marcha atrás de Obama a este proyecto ha sentado bien en Rusia, que consideraba una amenaza directa tener misiles estadounidenses a las puertas de su territorio. Obama ha reiterado que su deseo es "reiniciar" las relaciones con Moscú y olvidar la tensión que presidió los vínculos en la época de Bush para trabajar juntos en asuntos como la amenaza iraní o norcoreana, la guerra de Afganistán o la no proliferación nuclear.

"Después de la medianoche, Barack Obama me llamó para notificarme que EE UU retira su plan de construir una base de radar", ha dicho el primer ministro checo, Jan Fischer, confirmando una información difundida esta mañana por The Wall Street Journal . Poco después, una fuente polaca cercana a las negociaciones ratificaba que "por ahora", tampoco habrá misiles en Polonia.

Aunque la decisión puede contentar a Rusia, no caerá tan positivamente sobre Polonia o la República Checa, que veían la instalación del escudo como símbolo del compromiso de EE UU con su seguridad. Ahora, puede surgir el temor de que Rusia interprete la renuncia como un síntoma de debilidad de EE UU e intente recuperar su órbita de influencia en Europa del Este. "Sin el escudo, perdemos de facto una alianza estratégica con Washington", ha dicho a Reuters Witold Waszczykowski, número dos de la Oficina Polaca de Seguridad Nacional, que asesora al Gobierno

Europa busca recortar el despliegue afgano


-Londres, Berlín y París piden una conferencia internacional tras la matanza de Kunduz

- Merkel comparece ante el Parlamento para informar de la muerte de decenas de civiles

La canciller alemana, Angela Merkel, aboga junto a británicos y franceses por una conferencia internacional sobre Afganistán este mismo año. Se ha de celebrar en Kabul o en Londres y servirá para discutir el despliegue de tropas internacionales en el país asiático. Para Merkel, es necesario que los afganos asuman la responsabilidad de la seguridad, de manera que "la participación internacional pueda verse reducida".

La iniciativa, tomada con el primer ministro de Reino Unido, Gordon Brown, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, se dio a conocer después de la matanza causada el pasado viernes por un bombardeo de la OTAN solicitado por un oficial alemán en la provincia afgana de Kunduz.

En plena campaña electoral para las elecciones del 27 de septiembre en Alemania, la canciller democristiana asume la gestión de la crisis causada por el ataque. Merkel comparecerá hoy ante la Cámara baja del Parlamento para explicar oficialmente lo sucedido.

Reino Unido (con 9.000 soldados), Alemania (4.200) y Francia (3.160) son los países con más tropas destacadas en Afganistán, detrás de Estados Unidos (30.000).

El ministro alemán de Defensa Franz Josef Jung (democristiano) admitió ayer por primera vez que el ataque pudo haber matado a civiles. Durante el fin de semana, el ministerio había hablado de algo más de 50 muertos, todos talibanes. Sin embargo, los medios alemanes se hacían eco del testimonio de habitantes del lugar del ataque y de informaciones como la del diario estadounidense The Washington Post, donde se pormenorizaban los posibles errores del oficial alemán que solicitó a la OTAN el ataque. Las duras críticas de la oficialidad estadounidense y de los aliados europeos, combinadas con la política informativa del ministro Jung, que negó la muerte de civiles durante tres días, podrían pasar factura a Merkel ante las elecciones generales.

El debate sobre la misión afgana del Ejército alemán centra ahora la campaña electoral. La mayoría de los alemanes ni apoya ni entiende la presencia de sus tropas en Asia Central. La defienden, sin embargo, todos los partidos excepto La Izquierda (ex comunistas), que pide una retirada inmediata. El Partido Socialdemócrata (SPD), rival electoral y socio de Gobierno de Merkel, fue cauteloso con las críticas a Jung.

El reciente recrudecimiento de la situación en la zona norte del país, donde están destacados gran parte de los 4.200 militares alemanes, culminó el viernes con el bombardeo de Kunduz. La solicitud de apoyo aéreo del comandante Georg Klein causó, según las distintas versiones, entre 50 y 150 muertos, y ya nadie descarta que entre ellas hubiera civiles.

La versión oficial del Ejército alemán sobre los sucesos del viernes ha variado sustancialmente. Si al principio se aseguraba que sólo habían pasado 40 minutos entre el robo de los camiones cisterna, que motivó el ataque de la OTAN, y el propio bombardeo, el portavoz ministerial reconoció ayer que habían transcurrido varias horas.

Entre las 9 y las 10 de la noche del jueves [hora local], los talibanes robaron dos vehículos cisterna cargados de combustible y mataron a los conductores. El coronel alemán Georg Klein pidió a la OTAN que los localizara. A medianoche, un bombardero estadounidense B-1 envió a los alemanes imágenes de los camiones embarrancados junto al río Kunduz, a siete kilómetros de la base alemana. Al parecer, estaban rodeados de hombres armados. El bombardero volvió a su base y Klein solicitó más seguimiento. Dos cazas F-15 alcanzaron la zona y transmitieron un vídeo en directo a la comandancia alemana. Según The Washington Post, los servicios de inteligencia militar alemanes contactaron por teléfono con un informante. Éste aseguró que todos los que rodeaban los camiones eran insurgentes. A las 2.30 de la mañana del viernes, Klein solicitó su destrucción. La zona quedó arrasada por las bombas y por la explosión del combustible.

El portavoz de Defensa desmintió ayer que el coronel Klein hubiera basado su decisión en un vídeo y en las declaraciones de un solo informante y habló de "otras fuentes" que no quiso especificar. Tampoco valoró Raabe las críticas del comandante de la misión de la OTAN, el general estadounidense Stanley McChrystal. Según un periodista de The Wall Street Journal, McChrystal declaró que la renuencia del mando alemán a ordenar combates en tierra pudo haber contribuido a la decisión de Klein de pedir apoyo aéreo.

Los medios alemanes recogían el malestar en las Fuerzas Armadas por las críticas internacionales al bombardeo. Según el Süddeutsche Zeitung, éstas se perciben como una revancha por las críticas alemanas a la forma de proceder de las tropas de EE UU.


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Un mundo, una Europa

G-8, G-5, G-20, G-2, G-3 y ahora G-14 (el G-8 más el G-5 más Egipto): nunca las matemáticas del orden mundial parecieron más complejas y confusas.

Kofi Annan, con ocasión del 50 aniversario de Naciones Unidas, en 2005, intentó ajustar las instituciones multilaterales de nuestro mundo para que se adecuen a sus nuevas realidades. Fue un esfuerzo valiente que se produjo demasiado pronto. El mundo industrial del norte todavía no estaba preparado para reconocer el nuevo peso de las potencias emergentes y la necesidad de alcanzar un nuevo equilibrio entre el norte y el sur, entre el este y el oeste.

¿La actual crisis financiera y económica, dada su profundidad traumática y la responsabilidad obvia de Estados Unidos en su origen, creó las condiciones necesarias y un clima más favorable para una refundación importante de las instituciones multilaterales? Es demasiado pronto para confiar en que se produzca un verdadero cambio. Lo que es seguro es que un reequilibrio entre el norte y el sur debe comenzar con una mirada honesta y realista de la situación actual de Europa en nuestro sistema multilateral.

Hoy tenemos a la vez demasiada Europa y demasiado poca Europa, o, para decirlo de otra manera, demasiados países europeos están representados en los principales foros del mundo, con demasiadas voces. En cambio, en términos de peso e influencia, no hay suficiente Europa unida.

A principios de los años ochenta, un ex ministro de Relaciones Exteriores francés, Jean François-Poncet, sugirió que Francia y el Reino Unido abandonaran sus sillas permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de una única plaza de la Unión Europea. Así Alemania ya no intentaría conseguir la suya propia, Italia no sentiría que la dejaban fuera y la identidad internacional de Europa se fortalecería de modo espectacular. Por supuesto, esto no sucedió. Francia y el Reino Unido no estaban dispuestos a abandonar el símbolo de su estatus nuclear e internacional. Y probablemente hoy estén aún menos dispuestos a hacerlo en nombre de una Unión que es menos popular que nunca, al menos en las Islas Británicas.

No obstante, seamos razonables: lo absurdo de la presencia de Italia en el G-8, sumado al hecho de que países como China, India y Brasil no sean miembros oficiales, ya no es aceptable o justificable. Aún así, debido a esa anomalía, Europa sufre un grave déficit de legitimidad y presencia a nivel internacional.

Obviamente, Estados Unidos no se puede comparar con una Unión que está muy lejos de convertirse en un Estados Unidos de Europa. Pero si el contraste entre los dos lados del Atlántico, entre el continente del "Sí, podemos" y el continente del "Sí, deberíamos", es tan inmenso, es por razones que los europeos se niegan a afrontar o incluso discutir.

La primera es la falta de algo que encarne a la Unión Europea. Sería absurdo comparar al presidente estadounidense, Barack Obama, y al presidente de la Comisión de la UE, José Manuel Barroso, como si fueran iguales. Mientras que Obama debe su elección en gran medida a su carisma, Barroso probablemente se suceda a sí mismo precisamente por su falta de carisma, porque dice muy poco en tantos idiomas. Para los líderes nacionales de la UE cuyo último deseo es tener que lidiar con un nuevo Jacques Delors -es decir, un hombre con ideas propias-, un cero a la izquierda como Barroso es sencillamente ideal para ese puesto.

Pero la UE está pagando un precio altísimo por el anonimato burocrático de sus líderes. Un proceso de creciente alienación e indiferencia entre la Unión y sus ciudadanos está en marcha, ilustrado por el bajo nivel de concurrencia en las últimas elecciones para el Parlamento Europeo. Como consecuencia, hay menos Unión en Europa y menos Europa en el mundo.

Una voz europea fuerte, como la de Nicolas Sarkozy durante la presidencia francesa de la UE, puede marcar una diferencia, pero sólo por seis meses, y a costa de reforzar los sentimientos nacionalistas de otros países como reacción a lo que interpretan como expresión de "orgullo galo".

Así que si los europeos quieren recuperar la confianza en sí mismos, el orgullo y la esperanza colectiva, deben aprovechar la oportunidad que el ajuste necesario e inevitable del sistema multilateral representa para ellos. Deberían hacer de la necesidad una virtud. Por supuesto, una única voz europea en las instituciones multilaterales parece menos realista que nunca: ¿quién la quiere, excepto tal vez los miembros más pequeños de la UE?

Pero la última oportunidad de Europa de ser un actor de peso en un mundo multipolar descansa precisamente en su capacidad para presentar una voz única, unida y responsable. Europa existe hoy como actor económico, no como actor político internacional. Si los europeos se fijaran para sí mismos el objetivo de hablar con una sola voz, de tener un representante en el espectro de instituciones multilaterales -empezando por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas-, los tomarían más en serio.

En la era global, con el ascenso de las potencias emergentes y la relativa decadencia de Occidente, la única Europa que será tomada en serio es una Europa que pueda hablar y ser vista como una.

Dominique Moisi, profesor visitante de Gobierno en Harvard.


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Los españoles sienten más desapego hacia Europa que hace cinco años

Según una encuesta preelectoral del CIS, el porcentaje de quienes opinan que la UE beneficia a España ha caído diez puntos respecto a las últimas elecciones.

Los españoles sienten más desapego respecto a Europa, sus instituciones y sus problemas que hace cinco años, cuando se celebraron las últimas elecciones al Parlamento Europeo, hasta el punto de que en este tiempo ha caído diez puntos el porcentaje de quienes opinan que la UE beneficia a España.

Así se desprende de la última encuesta preelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) difundida el pasado 21 de mayo. En ella se hacen a los ciudadanos las mismas preguntas sobre su actitud ante Europa que en 2004, en otro muestreo del CIS con motivo de las anteriores elecciones a la Eurocámara.

La pérdida de interés e incluso de confianza en las instituciones europeas se detecta en la mayoría de las respuestas analizadas. Así, un 73,8 por ciento de los encuestados cree que las decisiones del Parlamento Europeo afectan "mucho" o "bastante" a los españoles. Eran más lo que pensaban así en 2004: el 76,0 por ciento de los consultados.

En consonancia, hay más españoles que niegan influencia a la Eurocámara, porque un 17 por ciento opina que sus acuerdos repercuten "poco" o "nada" en sus vidas, y hace cinco años lo creía así el 12,9 por ciento.

La consideración que merece a los ciudadanos el Parlamento Europeo se mantiene en un nivel alto, aunque ha experimentado un ligero desgaste en el último lustro. Antes de las últimas europeas el 70,7 por ciento afirmaba que el papel de esta institución era "muy" o "bastante" importante; ahora el porcentaje baja al 70,2.

En la parte negativa, son más los que quitan peso a esta Cámara, porque el 17,1 por ciento dice que es "poco" o "nada" importante, y en 2004 era el 13,3, siempre según las encuestas del CIS.

Uno de los indicadores que más ha caído es el que pretende evaluar los beneficios que a juicio de los ciudadanos ha supuesto para España formar parte de la UE.

Son casi diez puntos menos, porque en 2004 el 66 por ciento decía que la UE había aportado mejoras a España y ahora lo piensa el 54,3 por ciento. Igualmente, hay más españoles para quienes pertenecer a la UE ha perjudicado a España, el 19,2 por ciento frente al 11,2 de 2004. A la hora de pronunciarse sobre si están a favor o en contra de la Unión Europea se confirma la tendencia de los otros indicadores. Hace cinco años, el 53,1 por ciento se manifestaba "muy" o "bastante" a favor de la Unión y ahora el porcentaje ha bajado al 46,8; de forma paralela, aumentan los que rechazan la UE, porque del 5,3 por ciento han pasado al 8,5 de la última encuesta.

Uno de los pocos índices que ha mejorado es el referido al sentimiento de pertenencia a Europa que tienen los españoles. Son algunos más quienes se sienten "sobre todo" ciudadanos europeos (el 7,3 por ciento frente al anterior 6,7) y son menos los que confiesan sentirse más españoles (el 55,9 frente al 57,1).

El interés por la Unión Europea ha decrecido, en atención a la comparación de los dos sondeos del centro demoscópico público. Si antes de las últimas elecciones europeas el 45,2 por ciento afirmaba que leía "mucho" o "bastante" las noticias relacionadas con la UE, ahora es el 42,1 el que está pendiente de esta información.

Al mismo tiempo, han aumentado los que no tienen interés por la información relacionada con la Unión; antes eran el 54,3 por ciento y ahora el 57,4.

A la par, ha caído del 34,1 al 31,3 el porcentaje de españoles que se cree bien informado sobre lo que ocurre en Europa, y si el 64,9 por ciento reconocía estar "poco" o "nada" informado sobre las cuestiones ahora es el 68,2 por ciento.

Extraído de http://www.lavanguardia.es/politica/noticias/20090601/53714817171/los-espanoles-sienten-mas-desapego-hacia-europa-que-hace-cinco-anos.html

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Merkel y Sarkozy contrarios a una Europa sin fronteras

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, se mostraron hoy contrarios a una Europa sin fronteras y a la adhesión de Turquía a la Unión Europea (UE).

"Una Europa sin fronteras sería una Europa sin valores", subrayó Sarkozy durante su intervención en un congreso de las juventudes cristianodemócratas alemanas celebrado en Berlín, al que asistió como invitado de honor.

Merkel volvió a abogar por el modelo de una asociación privilegiada con Turquía como alternativa a la adhesión.

No tiene sentido que la Unión Europea se vaya ampliando cada vez más y pierda con ello capacidad de gestión, dijo la canciller y líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU).

Merkel matizó que la UE no puede cerrarse a países del Este, pero siempre y cuando no pierda su capacidad de trabajo.

Por su parte, Sarkozy propuso como alternativa la creación de un "gran espacio económico y social", al que también podría sumarse Rusia.

Ambos subrayaron la buena marcha del motor franco-alemán a la hora de impulsar iniciativas importantes como la eliminación de los paraísos fiscales o a la hora de asumir liderazgo en la lucha contra el cambio climático.

Sobre este último tema, el presidente francés insistió en que Europa debe convertirse en el líder de esta lucha, pero emplazó a China, Estados Unidos, India y Brasil a asumir su responsabilidad.
Sarkozy apoyó las aspiraciones de Alemania de obtener un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo que los respectivos gobiernos de este país llevan reclamando años, por ahora sin éxito.

Tras asistir a la conferencia, la jefa del Gobierno alemán y el presidente francés se reunieron en la Cancillería, sin que esté prevista una comparecencia posterior ante la prensa.

Extraído de http://www.farodevigo.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009051000_7_325565__Mundo-Merkel-Sarkozy-contrarios-Europa-fronteras
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El síndrome post-Bush en Europa

Europa observa con cierto recelo la toma de posesión de Barack Obama, el próximo 20 de enero. Después de ocho años de deterioro en la alianza transatlántica, ¿la confianza de Europa en los EE UU se ha visto afectada de manera irreparable?

Después de un año 2008 sombrío, los neoyorquinos se dieron prisa en ir a Union Square para celebrar el Año Nuevo, que esperan que tenga un poco más de brillo que el anterior. En las calles se pueden ver los puestos, uno tras otro, vendiendo productor con la cara de Barack Obama –desde camisetas hasta gorras de béisbol o jarros enormes.

“El negocio va bien”, dice un vendedor. “La gente está muy contenta”. La gente del otro lado del océano, también está realmente contenta. Una encuesta de septiembre de 2008, hecha por PIPA
(Programa sobre las Actitudes Políticas Internacionales), dio la ventaja a Obama por cuatro a uno por encima del candidato republicano John McCain. ¿Los europeos aún anhelan recuperar las relaciones cercanas que existieron en el pasado?

En política exterior, en las estructuras económicas y en el tema medioambiental, Europa necesita a Estados Unidos para ejercer alguna influencia, la única superpotencia mundial existente en los albores del nuevo milenio. Al final, Europa dio pruebas de que estaba en lo cierto. Pero la autosatisfacción de “te lo dije” es insuficiente cuando el daño ya está hecho.

2003: Guerra y paz.

Empecemos por la política exterior. Celebradamente rechazada como “vieja Europa” por el ex Secretario de Defensa de EE UU, Donald Rumsfeld, Alemania y Francia se negaron a apoyar la invasión de Irak en 2003, advirtiendo acerca de las desastrosas consecuencias que podría acarrear. El Reino Unido participó en la invasión, aunque la guerra fue profundamente impopular entre los británicos. La participación en el conflicto le sirvió al ex Primer Ministro Blair el ganarse el mote de “perro faldero de Bush”.

Muchos creyeron que Blair no tuvo otra opción más que continuar adelante junto a Estados Unidos con la planeada invasión de acuerdo a la proclamada ‘relación especial’ (Tratado del Estado número 51, según le llaman algunos), entre Estados Unidos y Gran Bretaña. La guerra de Irak arrastró a pequeños contingentes de los ejércitos europeos. Para muchos, esta situación demostró cuál era la verdadera alianza existente entre la Unión Europea y los Estados Unidos: más que de socios igualitarios, EE UU da las órdenes y Europa obedece. Finalmente, la “vieja Europa” fue reivindicada gracias a que no se encontraron armas de destrucción masiva –la razón por la que se dice que se atacó a Irak- y el caos que sucedió a la invasión.

La inacción sobre el medioambiente.

En España, el presidente José María Aznar fue muy criticado por su apoyo a Bush en la invasión de Irak

En España, el presidente José María Aznar fue muy criticado por su apoyo a Bush en la invasión de Irak | Jaume d'Urgell / Flickr

Al llegar al poder en 2001, Bush no diría que el peligro que corría el planeta era un hecho científico, pero tampoco que era algo teórico. Su administración se opuso a la ratificación del Protocolo de Kioto. Las naciones en vías de desarrollo se han agarrado a este hecho para argumentar en contra de la firma del tratado medioambiental auspiciado por Naciones Unidas. A la vez que los europeos se empezaron a alarmar más y más sobre el cambio climático, se dieron cuenta de que sería muy poco lo que podrían conseguir sin la cooperación norteamericana. Las instituciones europeas todavía no han alcanzado el nivel de madurez suficiente como para poner en marcha políticas medioambientales coherentes y unificadas dentro del continente.

Al fin, los republicanos se avinieron a reconocer que el planeta corre un peligro real. Así es que el cambio climático se torna en un gran tema de debate en la campaña presidencial de 2008 en la que, ambas partes, reconocieron su existencia. Solo que, después de ocho años de parálisis, el tiempo corre en sentido contrario. Europa estuvo lista para actuar ocho años atrás, pero no pudo hacer nada sin Estados Unidos.

El fiasco del libre mercado.

Estados Unidos prefiere un enfoque drástico centrado en el libre Mercado, en tanto que la Europa continental es partidaria de un enfoque de rígida regulación de los mercados (el Reino Unido suele situarse en medio de ambos extremos). Durante décadas, estos dos sistemas muy diferentes coexistieron de manera pacífica. Mientras, en el mundo globalizado actual, ambos se han mezclado de manera confusa, tal como lo demuestra la actual crisis económica. La crisis es el resultado de la firme desregulación de los mercados financieros estadounidenses a lo largo de las pasadas dos décadas. Los cuerpos reguladores fueron castrados y se convirtieron en inefectivos, fundamentalmente durante la administración Bush. Cuando el gato no está, los ratones juegan. Los inversores de convirtieron en avaros y allí no había nadie que los metiera en vereda.


Desafortunadamente, en un sistema económico cuyo corazón lo ocupa EE UU, los problemas económicos norteamericanos inmediatamente se expanden por todo el mundo, aún cuando los mercados financieros europeos hubiesen sido protegidos. Considerando que Europa está actualmente afrontando un problema surgido, casi en su totalidad, en los Estados Unidos, muchos europeos están viviendo los acontecimientos de este año como la muerte del capitalismo de libre mercado de cuño anglosajón.

Uuuh, palabrotas...
Uuuh, palabrotas... | (Imagen: freemarketmyass/ Flickr)


A lo largo de la Presidencia de Francia de la Unión Europea, en 2008, el Presidente Nicolas Sarkozy fue particularmente activo en relación con este tema. En el discurso pronunciado en la ciudad francesa de Tolón, en septiembre, criticó el sistema liderado por EE UU, diciendo que la excesiva desregulación de los mercados “había sido una locura cuyo precio estamos pagándo ahora”. En cuanto a la protección del futuro, Europa tendrá que tomar la iniciativa de reescribir las reglas bancarias mundiales de un sistema poco regulado que, según Sarkozy, “terminó”. El Presidente ruso, Dimitri Medvedev, fue aún más contundente al afirmar que el mito acerca de la superioridad económica norteamericana había sido destruido, y la etapa de su liderazgo económico acabada. Europa ha vuelto a demostrar su acierto transcurrido todo este tiempo.

Sería demasiado inocente quien creyera que la relación entre Europa y Estados Unidos pudiera volver adonde se la dejó en el año 2000. Obama gusta a los europeos, pero acabaron muy quemados con la Presidencia de Bush. Bush fue, después de todo, elegido para dos períodos por los ciudadanos norteamericanos. ¿Quién afirmaría que los estadounidenses no elegirían a otro presidente como Bush dentro de cuatro años? Tal vez, Bush haya sido, tan solo, el despertador que necesitaba Europa para darse cuenta de que no podía ser productiva bajo la hegemonía de EE UU, estando a merced de los caprichos de los votantes estadounidenses del otro lado del océano. Como diría el presidente saliente: “ridiculízame una vez, avergüénzate de mí, ridiculízame”. Bien, no dejaremos que nos tomen el pelo de nuevo.

Extraído de http://www.cafebabel.com/spa/article/28226/herencia-bush-relaciones-transatlanticas-EE-UU-UE.html

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