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El Parlamento de
Bucarest coloca una bandera gigante de la UE. | Afp
- El actual contexto económico y social deja lugar para pocas
festividades
Alberto Fernández-De Quer | Bruselas
En la entrada del Consejo Europeo, una vitrina con el
Premio Nobel de la Paz sustituye desde hace unas semanas al busto del
humanista flamenco Justus Lipsius, que da nombre a este edificio. El
discutido reconocimiento internacional ha sido probablemente lo mejor
que le ha ocurrido este curso a la Unión Europea que hoy celebra un
año más la San Schuman. Así se conoce popularmente –al menos en
el barrio europeo- la celebración del aniversario de la Declaración
de Robert Schuman del 9 de mayo de 1950.
En Bruselas insisten
en que el Día de Europa es una celebración para todos los
ciudadanos de los 27 estados miembros. Sin embargo, el contexto
económico y social actual deja lugar para pocas festividades. Los
méritos europeos durante más de seis décadas, que le han valido el
Nobel de la Paz, han quedado ensombrecidos por la crisis que ya ha
sobrepasado el lustro. Y la que, tras varios cambios de nombre, se
llama ahora Unión Europea, se ha convertido paradójicamente en un
símbolo de la división.
División entre los socios del sur y
los del norte, separados por los mercados financieros que han causado
estragos en las arcas de los primeros sin que los segundos hayan
puesto toda la carne en el asador para remediar la situación.
División, también, en la población donde el paro ha alcanzado
tasas nunca vistas y que, ante la impotencia de sus gobiernos, ha
optado por cambiar el color político de media Europa sin que, en
muchos casos, se vislumbren síntomas de mejoría. División, al fin,
en varios asuntos de política exterior, y con el Reino Unido cada
vez más alejado del resto del continente.
Londres y Bruselas
se alejan, eso sí, como dos tortugas tirando en sentido opuesto de
cada extremo de una cuerda. Se presionan mutuamente, los británicos
de forma más descarada, pero sus posiciones apenas varían. Ese paso
de tortuga es además un denominador común en la capital comunitaria
en la que cualquier toma de decisión se suele demorar de forma
innecesaria. Durante los dos últimos años, cada lunes ha parecido
el principio de una "semana decisiva para el euro". Pero la
realidad es que, tras pasar por un mar de dudas, el barco ya navega
por aguas algo más calmas.
Lo celebrarán los mismos que el año
pasado
Finalmente este Día de Europa lo van a celebrar los
mismos 27 que ya lo hicieron el año pasado. Sin embargo, hace justo
12 meses, cada vez subían más las apuestas en contra de la
continuidad de Grecia en el euro. España e Italia bordeaban el
rescate asfixiadas por los mercados y sus líderes, Mariano Rajoy y
Mario Monti, escenificaban junto con François Hollande, la ruptura
con las ideas del bloque del norte liderado por Angela Merkel. Y hace
no tanto, la Unión Bancaria todavía parecía una utopía y los
pequeños ahorradores veían peligrar sus depósitos por el rescate
de Chipre.
Que a estas alturas sigamos todos en el mismo
barco, al que pronto se sumará Croacia, ya es un logro. La
moderación de los mercados es la prueba palpable de que lo peor ha
pasado ya, y la relajación de los objetivos de déficit demuestra el
cambio de mentalidad, al menos en apariencia, que se ha instalado en
Bruselas.
Sin embargo, no son motivos suficientes para que los
europeos festejen algo hoy. Todavía queda camino que recorrer y
baches que superar, y todavía habrá que esperar mucho para que los
ciudadanos noten en su día a día la tímida pero constante
recuperación que no se hará efectiva hasta el año que viene, si es
que por una vez se cumplen las previsiones. Pero sí hay motivos para
creer en el futuro y para seguir con el esfuerzo común que nos ha
deparado una paz sólida nacida de las cenizas de la Segunda Guerra
Mundial.
El trabajo, eso sí, no se reanudará hasta después
del fin de semana en Bruselas. El Día de Europa coincide este año
con el día de la Ascensión, que es festivo en Bélgica. Las
instituciones comunitarias trasladan al viernes el día de libranza
que se han adjudicado, por lo que los funcionarios europeos harán un
puente antes de regresar al trabajo el lunes, día de reunión del
Eurogrupo en la que no se prevén sobresaltos ni noches en blanco, lo
cual será también un buen indicador del momento que atraviesa la
Unión Europea.
Fuente:
El Mundo.