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Rajoy fomenta la alianza con Portugal para influir más en el futuro de Europa

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Mariano Rajoy y Marcelo Rebelo de Sousa en la Moncloa.

  • El presidente portugués termina su visita de Estado a España con múltiples mensajes a favor de profundizar en una relación vecinal privilegiada

Profundizar en la ahora privilegiada relación bilateral entre España y Portugal, consensuar en el futuro más posiciones comunes en la construcción europea en marcha y "no ceder un milímetro" ante los populismos en la vigencia de los valores democráticos edificados costosamente por ambas sociedades. Estas tres claves fueron las que se repitieron y guiaron durante estos días de visita de Estado a España los diferentes discursos del presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, y de sus diversos anfitriones españoles, desde el rey Felipe VI, al jefe de Gobierno Mariano Rajoy o la presidenta de las Cortes, Ana Pastor. España y Portugal presumen en los últimos años de un nivel de relación tan extraordinario que las cumbres y visitas institucionales proliferan como nunca y el intercambio comercial y turístico se aúpa a cotas históricas.

"Juntos y en democracia podemos llegar más lejos". Marcelo Rebelo de Sousa eligió esas palabras para subrayar, al final de su discurso solemne y "fraterno" ante las Cortes españolas, reunidas en sesión conjunta, que España y Portugal no solo tienen y mantienen innumerables lazos históricos y culturales de vencidad sino que podrían disfrutar ante todo de un gran futuro juntas. Un mensaje que articuló antes, en la misma línea, en la declaración conjunta que suscribió en La Moncloa de la mano del presidente español cuando ambos abogaron por ahondar en su "trabajo conjunto para construir una Europa más fuerte" en todos los sectores pero especialmente en dos ámbitos ibéricos de gran interés común como son las interconexiones energéticas y en agricultura.

Antes de que acabe este primer semestre del año el primer ministro portugués, António Costa, acogerá en Lisboa la II edición de la cumbre tripartita con el presidente de España, el de Francia, Enmanuel Macron, y el de la Comisión europea, Jean Claude Juncker, para debatir sobre la promoción de diferentes interconexiones estratégicas europeas que deben pasar por la Península. Uno de los grandes objetivos sería facilitar la creación de una especie de mercado ibérico del gas.

Rajoy aprovechó la cita de ayer en Madrid con el presidente portugués para repetir una idea que expresa ahora ante cada visita de un mandatario europeo y que le preocupa e inquieta por el inmediato porvenir en el diseño de la nueva Europa postBrexit: la elaboración del nuevo presupuesto comunitario ya sin el Reino Unido en el club. Rajoy y Rebelo de Sousa coincidieron en que hace falta "más Europa y más fuerte" y se conjuraron para articular un papel juntos y con más influencia. Ambos dirigentes quisieron recordar, en este sentido, la ubicación en puestos claves para el relanzamiento de esa Europa de dos políticos ibéricos, como el portugués Mario Centeno al frente del Eurogrupo y del español Luis de Guindos como vicepresidente del Banco Central Europeo. España y Portugal no tuvieron reparos en expresar públicamente su apoyo cruzado a ambos candidatos en su reciente elección.

El jefe del Ejecutivo español rememoró, en su declaración, que España y Portugal han sufrido recientemente parecidas consecuencias de la crisis económicas (Portugal con un rescate total y España con uno parcial a su banca) y glosó que ambas naciones lo habían sabido superar con reformas y el esfuerzo de sus ciudadanos. Marcelo Rebelo de Sousa se remontó por la tarde, en las Cortes, a los pasajes históricos vividos en paralelo, con las relegadas dictaduras ya en el olvido y el sufrido tránsito a las actuales democracias.

Fue ahí cuando el presidente portugués, que fue uno de los padres de la Constitución de su país y eurodiputado, aludió a lo costoso que ha sido para España y Portugal edificar "palmo a palmo" este periodo democrático y cuando mostró su preocupación por los avisos que llegan a esos sistemas políticos en crisis de otros escenarios o lugares más frágiles donde "se desistió de hacer de la democracia una realidad diaria" y un "desafío nunca agotado".

"Tenemos que recrear a cada momento nuestra democracia, nuestra educación, nuestros sistemas sociales, nuestra economía, nuestra relación con los demás, nuestras instituciones", reseñó Marcelo Rebelo de Sousa en alusión a que solo desde la cultura se pueden superar las fases en las que las coyunturas políticas y económicas se alteran. "La democracia nos une y nunca, nunca, podremos aceptar que nos divida", remarcó el presidente luso. Y acentuó: "Sólo en democracia elegimos ser fieles a lo mejor de la historia de cada cual, sin ceder ni un milímetro de esa democracia, a la que llegamos hace cuatro décadas en movimientos de recíproca influencia".

El dirigente portugués ensalzó como Rajoy la importancia del proyecto europeo como un reto "humanista, de paz y justicia social, solidario, abierto al mundo" y que significa "tolerancia contra el egoísmo xenófobo, participación contra el confidencialismo que provoca el populismo" y "fraternidad, que se opone al odio".

Fue en ese momento, en el que Rebelo acabó su intervención, cuando los diputados independentistas catalanes de ERC y el PDeCAT empezaron a entonar algunas estrofas de la mítica canción Grândola, Vila Morena, de José Afonso, que se convirtió en un símbolo de la Revolución de los Claveles que puso fin en 1974 a la dictadura en Portugal. Los parlamentarios nacionalistas catalanes portaron lazos y claveles amarillos en reclamación de la libertad para varios dirigentes independentistas encarcelados. Rebelo de Sousa tuvo un conato de empezar a cantar la canción con los diputados pero la presidenta del Congreso, Ana Pastor, salió al quite y dio por zanjada la sesión.

La visita de Estado de Marcelo Rebelo de Sousa es devolución de la que efectuaron el año pasado los reyes de España a Portugal y se enmarca en un clima de constantes y periódicos encuentros entre los mandatarios, presidentes y ministros de ambas naciones y que según fuentes oficiales españolas "no es tanto fruto de la vencidad y proximidad geográfica como del nivel extraordinario de relaciones actuales". En el ámbito comercial España exportó a Portugal durante 2017 un total de mercancías por valor de 19.843 millones de euros e importó de allí más de 11.000 millones. Portugal es el cuarto destino de exportaciones y el octavo proveedor. España exporta a Portugal más que a toda Iberoamérica en su conjunto.

El stock de inversiones españolas en Portugal alcanzó los 16.477 millones de euros, convirtiendo ese país en el séptimo de inversiones en el extranjero, con una generación de más de 100.000 empleos y un asentamiento de unas 1.200 empresas nacionales. En España hay radicadas unas 600 empresas portuguesas que han provocado unos 20.000 empleos.

La cercanía territorial facilita, además, un altísimo grado de conexión turística. En 2016, el último año computado, un total de 4,7 millones de españoles visitaron Portugal (que dejaron en ese país más de 961 millones de euros) y 2,1 millones de portugueses se adentraron en España (que gastaron 596 millones).

FUENTE: El País.

Bruselas urge a España a seguir las reformas para reducir la precariedad laboral

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  • Los jóvenes, los más perjudicados en una UE que crece a buen ritmo

Europa se construyó sobre la promesa de conquistar más paz y prosperidad. La Comisión Europea confirmó ayer que este compromiso se ha roto por primera vez desde su fundación hace más de seis décadas. El informe sobre la evolución social y del empleo en Europa, los jóvenes de hoy son los más damnificados de una UE que ha sido incapaz de reducir la pobreza, la desigualdad y la precariedad laboral en gran parte de su territorio a pesar de que las economías de todos sus miembros crecen. Y España es el país que mejor ejemplifica esta paradoja.

A pesar de haber crecido por encima del 3% estos últimos tres años y de haber creado más empleo que ningún socio de la UE, nuestro país se encuentra a la cabeza en los índices de pobreza, desigualdad, paro de larga duración y paro juvenil, superada en algunos casos tan solo por Grecia, país que ha recibido tres programas de rescate en siete años.

Con tal panorama, el mensaje que dirigió la comisaria de Empleo, Marianne Thyssen a la cuarta economía del euro es "continuar con las reformas y aplicar las reformas aprobadas". Thyssen se refería a las reformas laborales, pero añadió que para mejorar la calidad del empleo y el capital humano, y mejorar las perspectivas de los jóvenes, también hay que tocar otras áreas como la inversión en I+D o la innovación. El objetivo es un crecimiento que no sea low cost sino de calidad.

Los jóvenes están pagando como nadie el precio de la convergencia de la crisis financiera y la gran transformación tecnológica, que amenaza con destruir cientos de miles de empleos y ha dado alas a modelos laborales precarios, como Uber o Deliveroo. 
 
FUENTE: El Economista. 

España reclama un presupuesto del euro, un seguro de paro común y eurobonos

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El presidente Mariano Rajoy saluda a Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, en diciembre de 2016. Uly Martin EL PAÍS 

  • A rebufo de las propuestas del francés Emmanuel Macron, España exige “un verdadero gobierno económico” para la eurozona

Bruselas 15 MAY 2017 - 05:40 CEST

España propone refundar el euro. El Gobierno ha presentado en Bruselas una propuesta sobre el futuro de la eurozona en la que reclama un presupuesto anticrisis, un seguro de desempleo común, eurobonos y completar la unión bancaria con mutualización de riesgos. A rebufo de las propuestas del francés Emmanuel Macron, España exige “un verdadero gobierno económico”, según un documento al que ha tenido acceso EL PAÍS, ante la constatación de que el euro es “un proyecto inacabado”. Para acceder a esa segunda fase del euro —una unión fiscal en toda regla—, Madrid pretende que sea imprescindible cumplir a rajatabla varios “criterios de convergencia”, tanto fiscales como de comercio exterior.

La Gran Recesión “reveló errores críticos en el diseño del euro”, y Europa puso parches “para las necesidades a corto plazo” en lugar de reaccionar “con un plan bien estructurado”. Ese es el diagnóstico de lo sucedido en los 10 últimos años por parte de España, uno de los países más castigados por la crisis. El Gobierno acaba de enviar a Bruselas una propuesta que persigue una especie de refundación del euro, al hilo de las propuestas de Macron. España tiene un aliado en París, y viceversa. Pero Alemania y otros países rechazan esas ideas. Berlín, que disfruta de una situación de privilegio con el euro —pleno empleo, crecimiento, cuentas saneadas, tipos de interés negativos de su deuda y un superávit comercial mastodóntico que infringe las reglas europeas—, es reticente a todo lo que le obligue a rascarse el bolsillo. “No veo por qué hay que cambiar de políticas”, ha dicho la canciller Angela Merkel al hilo de las demandas de Macron.

España, en cambio, se alista entre quienes reclaman cambios profundos. El objetivo es activar una segunda fase del euro para que los socios compartan no solo la moneda común, sino también un presupuesto anticrisis, un seguro de paro, un Tesoro, eurobonos y una unión bancaria digna de ese nombre. Madrid quiere una política fiscal conjunta para el euro. Y apuesta incluso por redibujar el Pacto de Estabilidad, el mecanismo de control de las cuentas públicas, para evitar agravar las recesiones con duros recortes si se aplica la disciplina a rajatabla.

“Las lagunas en la arquitectura del euro explican el impacto diferencial de la última crisis”, se queja España. “El euro no solo necesita bomberos sino también arquitectos”, critica. “El proyecto europeo solo perdurará si sus ciudadanos ven que proporciona niveles de prosperidad sostenibles e inclusivos”, subraya. Eso no sucede ahora: la eurozona actual ha abierto una brecha enorme Norte-Sur; “obliga a corregir los desequilibrios de manera especialmente costosa, sobre todo en términos de paro”, zanja España.

Tanto Madrid como París han entregado ya sus aportaciones a la Comisión Europea, que publicará su esperado informe sobre el futuro del euro este mes. Tras el lío del Brexit y el reguero de elecciones en varios países, el triunfo de Macron ha funcionado como un despertador en Bruselas: Francia ha dejado claro que quiere recomponer el eje París-Berlín y avanzar en asuntos económicos y de seguridad. Y la UE sospecha que puede haber opciones para eso. Una vez pasen los comicios alemanes de septiembre. Y siempre que Francia haga reformas. España, desaparecida en medio de una crisis oceánica durante los últimos años, pretende ganar protagonismo, aun a costa de distanciarse de su principal aliado, la Alemania de Merkel y el poderoso ministro Wolfgang Schäuble.

Esa ambición federalista queda plasmada en solo siete páginas. El euro, según ese texto, necesita un presupuesto común: una capacidad fiscal contra los “shocks asimétricos”. Ese presupuesto del euro tendría al comienzo un tamaño limitado, pero podría endeudarse en el mercado y se convertiría así en una suerte de caballo de Troya de la unión fiscal. La propuesta (elaborada por Moncloa y los ministerios de Exteriores, Economía y Energía) incluye “un régimen de seguro de desempleo que sustituya parcialmente los subsidios nacionales” en una fase posterior, una vez haya avanzado la armonización de los mercados laborales.

A la larga, subraya España, será imprescindible cierto grado de mutualización de deuda; eurobonos “para reforzar la confianza en el euro y acabar de forma creíble con los riesgos de ruptura”, incluso con un Tesoro común. Todo eso es anatema en Berlín. Ese Tesoro, la guinda de la unión fiscal, exige condiciones, una especie de Maastricht II. Para acceder a la segunda fase del euro los países deberán demostrar “un grado significativo de convergencia real”. España propone examinar las variables fiscales, además de promover “posiciones externas equilibradas”. Y esta vez prefiere no meterse en las procelosas aguas de la reforma del BCE.
Guiños a Berlín

Hay varias cargas de profundidad contra posiciones alemanas, pero también numerosos guiños a Berlín. España cree que todas las reformas requieren “un equilibrio adecuado entre las medidas para compartir riesgos y las de reducción de riesgos”, en una clara alusión a la idea alemana de limitar, a la larga, la deuda pública en los balances de la banca. Madrid aboga también por la “aplicación estricta del Pacto de Estabilidad”, aunque lleva años incumpliendo. Eso sí: el Gobierno insta a “mejorar” el pacto, porque es procíclico: obliga a recortar en las crisis y agrava así los problemas. La negativa alemana está cantada: España, por ejemplo, apuesta por completar la unión bancaria con un fondo de garantía de depósitos común (que proteja a los depositantes en caso de quiebra) y un cortafuegos mutualizado creíble para el fondo destinado a cerrar bancos. Berlín se niega: teme pagar el agujero de la banca italiana.

Pero España va incluso más allá de los fundamentos económicos: pide “progresos en el gobierno económico”. Reclama un mayor “control democrático” de instituciones como el Eurogrupo, que toma decisiones clave desde un limbo en el que no da explicaciones a nadie. “No podemos transferir la responsabilidad de decisiones que son muy importantes para los ciudadanos sin legitimidad democrática”, dice el documento. Rajoy sabe de lo que habla: “No podemos gobernar”, reconocía en la fase más aguda de la crisis, bajo la presión del mercado y bajo tutela de Bruselas, Fráncfort y Berlín.

Las principales propuestas

  • Presupuesto común. España quiere una capacidad fiscal anticrisis. Y con margen de endeudamiento. A corto plazo, sería un fondo para inversiones y para mejorar la productividad. Y, en una fase posterior, un seguro de desempleo europeo. 
  • Eurobonos. El Gobierno defiende “la gestión común de la deuda” para reforzar la confianza y eliminar los riesgos de ruptura del euro. 
  • Tesoro europeo. La culminación de ese proceso sería “la introducción de un Tesoro”, responsable de la capacidad fiscal común, la supervisión de la ejecución de los rescates y la posibilidad de emitir deuda común. El texto sugiere que el Mecanismo de ayuda (Mede) podría convertirse en el Fondo Monetario Europeo. 
  • Unión Bancaria. España quiere un fondo común mutualizado para el mecanismo de cierre de bancos, y un fondo de garantía de depósitos común. 
  • Pacto de Estabilidad. El Gobierno aboga por un estricto cumplimiento, pero pide una reforma del pacto para evitar que sea procíclico.

FUENTE: El País.

El FMI recorta una décima su previsión de crecimiento para España por la actual falta de Gobierno

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La directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. / EFE 
La directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. / EFE


  • El informe de 'Perspectivas Económicas Globales', divulgado al inicio de la reunión de primavera del organismo, apunta: "La actividad [en España] se enfrenta a riesgos como las dudas sobre la economía mundial y la incertidumbre política interna"

PÚBLICO / AGENCIAS

WASHINGTON.— En su informe de Perspectivas Económicas Globales, divulgado al inicio de la reunión de primavera del FMI y el Banco Mundial (BM), el Fondo apunta a una "suavización" del crecimiento en España y anticipa que la economía española crecerá en 2016 un 2,6%, una décima menos que lo previsto en enero, y un 2,3% en 2017, sin cambios respecto a hace tres meses.

España seguirá "por encima de la media de la eurozona", estimada en un 1,5 % este año y en un 1,6 % el próximo, dos y una décima por debajo de los cálculos de enero y se mantendrá a la cabeza de las principales economías de la eurozona.

Las previsiones del FMI son ligeramente más cautas que las del Gobierno español, que prevé cerrar 2016 con un crecimiento del 3% y un 2,9% en 2017, mientras que la Comisión Europea pronostica para este año un aumento del PIB del 2,7%.

La economía española, apoyada en el consumo, se ha beneficiado en los últimos trimestres de una serie de factores como la caída del petróleo, la depreciación del euro o menores costes de financiación por las medidas del BCE que le han permitido crecer más de lo previsto. No obstante, la actividad se enfrenta a riesgos como las dudas sobre la economía mundial y la incertidumbre política interna.

Y es que hay un pequeño nubarrón en el horizonte: el FMI recortó el martes su previsión de crecimiento mundial por cuarta vez en el último año, citando la ralentización en China, unos precios del petróleo permanentemente bajos y la debilidad crónica en algunas economías avanzadas.

"Un ritmo más lento y más frágil"

De Hecho, el FMI advierte en su informe de que la recuperación global avanza "a un ritmo aún más lento y frágil", y ha rebajado de nuevo las previsiones de crecimiento hasta un 3,2% este año y un 3,5% el próximo.

"Nuestras proyecciones continúan siendo progresivamente cada vez menos optimistas", ha indicado el economista jefe del Fondo, Maurice Obstfeld.

El organismo rebaja también, aunque de manera leve, las perspectivas económicas de todos los países avanzados, mientras que aplica severos recortes a las de Japón, Brasil y Rusia.

Estados Unidos, por ejemplo, primera economía mundial, crecerá un 2,4% en 2016 y un 2,5% en 2017, dos décimas menos y una décima menos, respectivamente. Esas tasas son menores que las calculadas en enero, debido "al ajuste de las condiciones financieras" consecuencia de la elevación de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal (Fed).

En la eurozona también se recortan levemente las perspectivas, hasta el 1,5% y el 1,6% —dos y una décima menos—, para este año y el próximo, dado que los efectos de la crisis prosiguen en forma de "alta deuda pública y privada y baja inversión".

Por su lado, Japón, pese al agresivo plan de estímulo monetario, parece incapaz de sostener el repunte económico y ve reducirse en medio punto las previsiones de este año hasta el 0,5 %, y volverá a la recesión en 2017, con una caída del PIB del 0,1%, como consecuencia de "la aguda caída en el consumo privado".
 
Más sombrías aún son las proyecciones para Brasil y Rusia, países que han entrado en su segundo año de recesión y que registrarán contracciones del 3,8% en 2016 y del 1,8% en 2017 (tres décimas y ocho décimas peores de lo estimado en enero), especialmente afectadas por la caída de los precios de las materias primas.

En el lado positivo, el Fondo sitúa a China, cuyas dudas han provocado recientes episodios de volatilidad financiera, y que finalmente crecerá algo más de lo esperado, un 6,5 % este año y un 6,2% el próximo (en ambos casos mejora dos décimas), gracias "a la resistencia de la demanda doméstica".

Para las economías de Estados Unidos y la zona del euro el debate se está volviendo cada vez más interno y, como resultado, el organismo dirigido por Christine Lagarde apunta a un posible giro "hacia políticas nacionalistas e incluso proteccionistas".

"Las causas son complejas pero reflejan ciertamente la creciente desigualdad de ingresos, así como cambios estructurales, algunos conectados con la globalización, que son vistos como favorecedores de las élites económicas", señala el informe de cabecera del Fondo.

Como recetas, Obstfeld ha vuelto a subrayar la importancia de ahondar en las políticas de estímulo monetario, pero ha insistido en que los bancos centrales "no pueden cargar solos con la responsabilidad de hacer frente a los desafíos actuales".

La inversión en infraestructura en los actuales bajos niveles de tipos de interés debe ser considerada "atractiva" y los países con espacio fiscal "no deberían esperar a utilizarlo", agrega el economista jefe.

La reunión de primavera del FMI y el BM reúne durante esta semana en Washington a los líderes económicos de los 188 países miembros de ambas instituciones.

FUENTE: Público.

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Rajoy irá a la UE con la inmensa mayoría del Congreso en contra

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  • Sólo el PP respalda el acuerdo con Turquía sobre los refugiados y el resto de partidos lo considera ilegal e inmoral

Mariano Rajoy defenderá el 17 de marzo en el Consejo Europeo una posición que la inmensa mayoría del Congreso de los Diputados rechaza radicalmente. Salvo el PP, todos los grupos parlamentarios, 227 de 350 diputados, consideran ilegal el acuerdo de la UE con Turquía para la expulsión masiva de refugiados que el presidente del Gobierno en funciones firmó el lunes. Rajoy se niega a comparecer en el Congreso para dar cuenta de ese acuerdo y para pactar una posición común sobre los refugiados. Mandará a un secretario de Estado porque sostiene que el Gobierno en funciones no está sometido al control del Parlamento. Los partidos buscan fórmulas para forzar esa comparecencia antes del Consejo Europeo.

Por primera vez, la inmensa mayoría del Congreso de los Diputados rechaza un acuerdo suscrito por el Gobierno español en la Unión Europea y por primera vez un presidente irá a un Consejo Europeo sin respaldo de la Cámara. Solo el PP apoya el acuerdo de la UE con Turquía que permite la expulsión masiva de refugiados, en contra de los tratados internacionales y de la opinión de la ONU. Y todos los demás partidos consideran ilegal el acuerdo que rubricó Mariano Rajoy en la última cumbre y que el presidente en funciones se niega a explicar ante el Congreso de los Diputados.

La insólita situación institucional que se vive estos meses tras las elecciones generales se concreta también en la ruptura del consenso sobre la política europea. La mayoría de la Cámara siempre ha respaldado a los Gobiernos aunque hubiera grupos en contra de decisiones concretas.

El rechazo al acuerdo sobre los refugiados de todos los partidos salvo el PP eleva a 227 de un total de 350 el número de diputados enfrentados a la posición de quien representará a España en la cumbre. Por ejemplo, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, considera “inmoral” e incluso posiblemente “ilegal” el acuerdo de la Unión Europea con Turquía sobre los refugiados, al que considera un “acuerdo de la vergüenza”, y pide por ello que sea modificado antes de la reunión del Consejo Europeo en el que debe ser ratificado, la próxima semana. “Tenemos una semana para cambiar este acuerdo. El Consejo Europeo del 17 y 18 de marzo no puede aprobar este pacto de la vergüenza”, concluyó el líder socialista.

No habrá opciones porque antes de ese Consejo Europeo no comparecerá Rajoy en pleno, ni podrán votarse iniciativas como la proposición no de ley presentada por el PSOE que supone una enmienda a la totalidad al acuerdo de la UE con Turquía. Lo más que ocurrirá es que el 16, en vísperas del Consejo Europeo, comparecerá el secretario de Estado para la UE, Fernando Eguidazu. Solo podrá escuchar las críticas, pero no se someterá a votación ninguna resolución. Los partidos, salvo el PP, consideran que Rajoy no puede ir a la reunión sin consensuar su posición porque excede de sus competencias como Ejecutivo en funciones ya que supone incrementos presupuestarios futuros y decisiones políticas que le están vedadas por la ley del Gobierno.

Rajoy todavía no ha comparecido ante el Congreso para informar sobre la cumbre europea de los pasados 18 y 19 de febrero —aquella sí, formalmente, Consejo Europeo—, en la que se aprobaron las cesiones para evitar el Brexit, la salida de Reino Unido de la Unión.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, aseguró a través de Twitter que siente “vergüenza de la UE que incumple sistemáticamente los derechos humanos”. Según el partido emergente, el acuerdo “atenta contra el derecho de asilo”.

Para el diputado de Ciudadanos Miguel Ángel Gutiérrez, el acuerdo es “un síntoma de debilidad” porque es “una especie de subcontratación del problema” con Turquía, país que “está tomando una deriva autocrática”.

ACNUR en el Congreso

Ciudadanos registró una solicitud para la comparecencia de ACNUR en la Comisión Mixta de la Unión Europea de la semana que viene porque “es importante que venga quien está intentando garantizar de primera mano los derechos de los refugiados”.

Y el PNV ha llevado al Parlamento Europeo el rechazo de la inmensa mayoría del Congreso al acuerdo. La vicepresidenta del grupo ALDE (Alianza de Liberales y Demócratas) en el Parlamento Europeo y eurodiputada del PNV, Izaskun Bilbao Barandika, aseguró que el Congreso español rechaza “por mayoría absoluta” el acuerdo alcanzado sobre los refugiados.

Bilbao presentó una iniciativa parlamentaria en Estrasburgo para que tenga en cuenta que el Congreso surgido de las elecciones del pasado 20 de diciembre “rechaza por mayoría absoluta el acuerdo sobre inmigración que debe ratificar esta institución comunitaria los próximos 17 y 18 de marzo”, informa Efe. “Creemos que es contrario a la legislación internacional y europea y contrario a los valores de la Unión consagrados en su Carta de Derechos Fundamentales”, añadió.

Compromisos de la UE con Turquía

La cumbre europea del pasado día 7 asumió los siguientes compromisos:
  • Devolver a Turquía a todos los nuevos inmigrantes irregulares (incluidos refugiados) que pasen a Grecia desde ese país. La UE pagará los costes.
  • Reasentar en Europa, por cada sirio readmitido por Turquía, a otro procedente de los campos de refugiados que hay en territorio turco.
  • Adelantar a junio de 2016 la exención de visados para los ciudadanos turcos en la UE.
  • Agilizar el desembolso de los 3.000 millones prometidos a Turquía para atender a los refugiados sirios y decidir sobre la petición turca de 3.000 millones más.
  • Acelerar la apertura de nuevos capítulos en las negociaciones de adhesión de Turquía a la Unión Europea.

FUENTE: El País. 

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El Eurogrupo descarta dar a España la flexibilidad en el déficit que pide Rajoy

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El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, este jueves en Bruselas. THIERRY MONASSE AFP
  • Dijsselbloem: "Cuando hay volatilidad en los mercados es imprescindible tener la mano firme"

Un sonoro 'no' en 12 palabras. El presidente español Mariano Rajoy ha abierto hoy la puerta a negociar en Bruselas una nueva flexibilización de las metas de déficit público, a la vista de que España no ha cumplido en toda la pasada legislatura, ni cumplirá en 2016 a la vista de las previsiones de la Comisión Europea. Sin una prórroga para el déficit, el próximo Gobierno tendría que recortar casi 9.000 millones de euros. Ni el PSOE ni Podemos ni Ciudadanos están por la labor. Y hoy, por primera vez, Rajoy ha dejado entrever que ampliar los plazos para cumplir las reglas fiscales podría ser una opción. La respuesta del jefe del Eurogrupo, el socialdemócrata holandés Jeroen Dijsselbloem, ha sido tajante: "Cuando hay volatilidad en los mercados es imprescindible tener la mano firme". "España tiene que cumplir con sus obligaciones", explicó, "y para ello el nuevo Gobierno tendrá que actualizar el presupuesto y aplicar nuevas medidas [de ajuste]".

Dijsselbloem, el comisario Pierre Moscovici y el vicepresidente de la Comisión Valdis Dombrovskis han venido avisando en las últimas semanas de que no hay apetito en Bruselas para una nueva ronda de flexibilidad en el caso español. Moscovici ha dejado claro, en la rueda de prensa posterior al Eurogrupo, que España debe cumplir el Pacto de Estabilidad, y con déficits superiores al 3% del PIB no le queda otra que "cumplir con las recomendaciones de la Comisión". Esas recomendaciones no dejan lugar a dudas: hay que hacer recortes, a pesar de que los partidos españoles insisten en que si presentan una batería de reformas Bruselas debería aplicar las reglas con flexibilidad, como ha hecho otras veces.

Hay una diferencia: esta vez España crece a una velocidad del 3% del PIB, y ni así cumple los objetivos. Rajoy ha desvelado hoy que el déficit de España cerró 2015 en el 4,5% del PIB. El objetivo era el 4,2%; Bruselas auguraba el 4,8%. Es el cuarto incumplimiento en cuatro años de Gobierno del PP. Y en un momento en el que vuelven las dudas a Europa por el estado de sus bancos, por los flecos de la crisis que aún colea en Grecia y Portugal, y también --aunque en menor medida-- por las vulnerabilidades fiscales de España. "El presidente del BCE, Mario Draghi, suele decir que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento es el ancla de la confianza en Europa. Y está en lo cierto. Por eso España debe cumplir", ha explicado Dijsselbloem, más metido en el papel de halcón de la ortodoxia germánica que en el de socialdemócrata holandés. 
 
El otro socialdemócrata presente en la sala de prensa de Bruselas, el francés Moscovici, ha secundado las palabras del jefe del Eurogrupo. Moscovici protagonizó a finales del año pasado un sainete con el presupuesto español: se precipitó al anunciar los riesgos de incumplimiento del déficit y se ganó una reprimenda del colegio de comisarios, en el que algunas voces señalan que puede estar utilizando España como ariete para su propia agenda. Moscovici ha negado ese extremo una y otra vez. Pero el aire está de lo más enrarecido como para que España saque algo bueno de una negociación que promete ser muy dura.

FUENTE: El País. 

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Bruselas advierte de que el “riesgo político” en España crea desconfianza

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Jean-Claude Junker con el presidente Mariano Rajoy, en Madrid en octubre de 2015.
Jean-Claude Junker con el presidente Mariano Rajoy, en Madrid en octubre de 2015. Uly Martín

  • La Comisión Europea reclamará un doloroso ajuste fiscal adicional al próximo Gobierno

Claudi Pérez. Bruselas 25 ENE 2016 - 09:28 CET
 

Bruselas reclama “estabilidad” en España desde el 20-D. La Comisión Europea ha mantenido una exquisita distancia desde las elecciones con el complicado panorama político. El brazo ejecutivo de la UE ha dejado claro que reclamará un doloroso ajuste fiscal adicional al próximo Gobierno, pero el informe España 2016, que se hará público en febrero y analiza los graves desequilibrios que aún arrastra la economía, resulta mucho más explícito y advierte “riesgos políticos” en el país. “Las dificultades para formar Gobierno podrían desacelerar la agenda de reformas y provocar una pérdida de confianza y un deterioro del sentimiento del mercado”, dice con inusual contundencia el borrador del texto, al que ha tenido acceso EL PAÍS.

“Vulnerabilidad” es la palabra clave del informe España 2016, que la Comisión Europea hará público en unas semanas. Bruselas constata que la economía se recupera, vuelve a crear empleo y sus numerosos puntos débiles mejoran paulatinamente. Pero subraya los “enormes desequilibrios” que persisten, en particular los altos niveles de deuda —pública, privada y exterior— y paro. “El país es vulnerable a la volatilidad en los mercados”, resume el documento, cuyo principal mensaje es que la economía española empieza a cicatrizar sus heridas tras el rescate de mediados de 2012, pero quedaría expuesta ante una nueva andanada de crisis. Ese nuevo despertar de la crisis puede llegar por los emergentes y por la periferia del euro, con la banca italiana hecha unos zorros y Portugal y Grecia en dificultades. Más aún en un entorno de incertidumbre política en España.

El brazo ejecutivo de la UE se mete por primera vez en la política española tras el 20-D. Bruselas lleva un mes con un mensaje monocorde: “España necesita estabilidad política. Espero que esté a la altura”, dijo hace unos días el jefe de la Comisión, Jean-Claude Juncker. El informe va más allá y analiza los “riesgos a la baja” para el crecimiento a corto plazo: si remiten los vientos de cola que tiran del PIB español (las medidas del BCE, el desplome del petróleo), España sería “vulnerable” a un nuevo episodio de turbulencias.

Dudas en Europa

La primera fuente de vulnerabilidad es el legado de la crisis económica, con un empacho de deuda que aún no se ha digerido y hay que refinanciar. Pero la debilidad procede también de los “riesgos políticos”: el informe expone que las dificultades para armar una coalición estable “pueden provocar pérdida de confianza y un deterioro del sentimiento del mercado”.

Las alusiones a los mercados llevaban meses desaparecidas en Bruselas, desde que el BCE activó su programa multimillonario de compras de activos, que barrió las últimas dudas de los inversores hace justo un año. Pero España no está a salvo si vuelve el lío: el Tesoro tiene que emitir 400.000 millones de euros (casi el 40% del PIB) a lo largo de 2016.

Los riesgos políticos que emanan de las dificultades para formar un nuevo Ejecutivo “podrían desacelerar la agenda de reformas”, añade el estudio, con la Comisión preocupada por la posibilidad de que los partidos de izquierda reviertan la reforma laboral cuando el paro sigue por encima del 20% y la dualidad del mercado de trabajo presenta cifras preocupantes. Ese mensaje coincide a grandes trazos con el que ha venido lanzando en los últimos días el Gobierno en funciones, en especial el ministro Luis de Guindos.

Madrid sostiene que Bruselas tiene otras preocupaciones mucho mayores que España. Desde los comicios, Guindos ha entablado diversos contactos con el comisario Pierre Moscovici, con el vicepresidente Valdis Dombrovskis y con el jefe del BCE, Mario Draghi. Juncker habló también con Rajoy inmediatamente después de las elecciones. La Comisión —una suerte de coalición de centroderecha y centroizquierda con mayor peso del PP europeo— ha preferido mantener las distancias desde entonces: el informe, sin embargo, dice por escrito lo que era un secreto a voces. 
 
Por el lado fiscal, España necesita un ajuste del déficit que supondrá un desafío para el Gobierno que llegue, sea del color político que sea. Igualmente, Bruselas teme que se anule la reforma laboral y se paralice la agenda reformista, en punto muerto después de los dos primeros años de Rajoy. La Comisión “quiere unir, no quiere excitar” a la clase política española, según una alta fuente europea preguntada por las referencias del informe a los efectos de la inestabilidad política. “Pero está claro que el nuevo Ejecutivo no puede venir con un Presupuesto que vaya contra el semestre europeo, que revertir las reformas es peligroso y que la dificultad para formar Gobierno no es una buena noticia”, según la misma fuente, que no ve claras las posibles coaliciones.

El borrador del informe —90 páginas sobre la evolución reciente de la economía española— “está sujeto a cambios de última hora y a la inclusión de los últimos datos”, según las fuentes consultadas. “Se está revisando con lupa”, añaden. El estudio incluye una revisión a fondo de los desequilibrios económicos identificados en el mecanismo de alerta, y una evaluación de las recomendaciones de la Comisión. Pero Bruselas, más allá de la economía, lanza una advertencia explícita: la inestabilidad política es una mala señal para la confianza de los mercados. Puede descarrilar la agenda de reformas. 
 
Retrasa el necesario ajuste fiscal que deberá hacer el nuevo Gobierno. Y se enmarca dentro del nuevo episodio de posible agitación que se está larvando en la eurozona, ya sea por el impacto de los problemas en China y los emergentes, o por una reedición de los problemas en Grecia, que tiene que negociar una reforma de pensiones; Portugal, que acaba de presentar un presupuesto que debe ser analizado por Bruselas, y no ha solucionado sus problemas bancarios, y, sobre todo, Italia, que da los primeros síntomas de nerviosismo por la alta morosidad de su sistema financiero —el 17%— y un potencial ajuste en la banca que podría tener efectos sobre los mercados de deuda.

Draghi lo hace todo mucho más fácil”, resume una fuente europea, con medidas extraordinarias que han barrido las referencias a las primas de riesgo. “Pero en un momento en el que vuelve la incertidumbre, el problema es que los países más vulnerables no tienen instrumentos para atajar otra crisis”, según la misma fuente. Grecia está bajo el paraguas del fondo de rescate europeo, pero Italia, Portugal y España tienen menos colchón de seguridad.

Portugal y su Gobierno como indicador adelantado

C.P.

En Bruselas se ve a Portugal como una especie de indicador adelantado de lo que pueda suceder en España. El centroderecha ganó las elecciones, pero el socialdemócrata António Costa acabó formando un Ejecutivo en el que figuran los comunistas. Costa acaba de enviar el Presupuesto a Bruselas, con algunos recortes más de lo que parecía inicialmente. Pero Bruselas puede exigir ajustes adicionales.
Lo que haga la Comisión con ese Presupuesto supondrá un aviso a navegantes para la obligada actualización de las cuentas españolas. España no cumplió con el déficit en toda la pasada legislatura, y en 2016 tiene toda la pinta de reincidir: la Comisión prevé un déficit del 3,6% del PIB, frente a una meta del 2,8%, lo que obligaría a recortar en torno a 9.000 millones. Puede que esa cifra sea algo inferior, pero de entrada la Comisión no quiere renegociar el déficit, menos aún si se retira la reforma laboral.

Portugal tiene graves problemas en sus bancos y una economía que apenas crece a pesar de la sobredosis de reformas. España está mejor, salvo por dos detalles: el paro y el déficit serán los más elevados de Europa este año. La deuda privada se reduce, pero roza el 180% del PIB. La deuda pública ha tomado el relevo y asciende al 100% del PIB. España ha mejorado su balanza comercial, pero necesitaría superávits exteriores elevados y sostenidos (algo poco probable) para coger músculo, con una deuda exterior aún muy elevada “que deja a España vulnerable a shocks externos” y una deuda pública que es también “una fuente de vulnerabilidad, pese a la rebaja de los costes de financiación”. Vulnerabilidad, en fin, es la palabra clave de 2016: figura hasta 12 veces en el informe citado.

FUENTE: El País.

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Dijsselbloem: “España deberá presentar más ajustes”

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El ministro holandés de Finanzas y presidente del Eurogrupo Jeroen Dijsselbloem / PATRICK SEEGER (EFE )


  • El jefe del Eurogrupo se muestra inflexible y pide más recortes del gasto público al próximo Gobierno español

Claudi Pérez Ámsterdam 10 ENE 2016 - 23:14 CET


“El presupuesto español incumple las reglas. La Comisión Europea fue clara al respecto. El nuevo Gobierno deberá presentar más ajustes”. El jefe del Eurogrupo, el socialdemócrata holandés Jeroen Dijsselbloem, encabeza el ala más dura en Europa, a favor de castigar a España por los incumplimientos en las metas fiscales. La Comisión, más indulgente, es proclive a cierto impulso fiscal en la eurozona. Pero los más ortodoxos tienen otros planes: “España aún debe hacer más reformas. Pero el desafío del próximo Gobierno es el déficit”, dice Dijsselbloem.

España crece al 3% y aun así incumplirá los objetivos de déficit, según los pronósticos de la Comisión, tanto en 2015 como en 2016, tal como ha venido haciendo durante toda la última legislatura. Eso obligará, en teoría, a hacer un recorte de casi 9.000 millones este año. Bruselas, en principio, es partidaria de no inmiscuirse hasta que se aclare la situación política y, una vez se forme el próximo Gobierno, apuesta por mostrar cierta flexibilidad después de años muy complicados, con otros frentes abiertos en la eurozona. Pero se avecina un debate político enconado: tanto en la Comisión como en el Eurogrupo hay voces más ortodoxas, que exigen cierta dureza a la vista de los continuos incumplimientos.

Dijsselbloem
es uno de los cabecillas de esa ala: “El nuevo Gobierno tendrá que presentar medidas para asegurarse de cumplir; el proyecto actual viola claramente las reglas fiscales”, dijo a un grupo de periodistas españoles en Ámsterdam durante la puesta de largo de la presidencia holandesa de la Unión. Tras ganarle la mano a Luis de Guindos en la carrera por el Eurogrupo, apunta que la economía española no lo tiene fácil para verse favorecida por los nuevos aires de tolerancia fiscal en Bruselas.

España ha paralizado su agenda reformista y está en el brazo correctivo del Pacto de Estabilidad (supera el listón del 3% del déficit): no puede obtener laxitud por la inversión pública. “Tampoco es el país en el que la crisis de refugiados ha tenido más impacto”, dice Dijsselbloem, “por lo que no puede obtener flexibilidad”.
 
Nuevo presupuesto


Ese debate va para largo. No se esperan decisiones hasta primavera. Quizá incluso más tarde: la formación de Gobierno puede demorarse especialmente si hay elecciones. Después, habrá que presentar un presupuesto actualizado, con ajustes y afinando los números de las autonomías. Solo tras ese nuevo borrador llegará un primer veredicto de la Comisión, que después discutirá el Eurogrupo.

En Bruselas hay visiones bien distintas acerca de cómo encarar el asunto: parte de la Comisión cree que España incumplirá por apenas unas décimas y ve contraproducente un correctivo ante la situación en otros países, con frentes abiertos en Francia, en Italia y los sempiternos problemas en Portugal (con un lío en su banca) y Grecia (cuya reforma de pensiones provocará otro pulso). La posición europea dependerá también del talante del próximo Ejecutivo en Madrid. Y del papel del comisario Pierre Moscovici —de capa caída tras protagonizar un sainete por el presupuesto español— y del vicepresidente Valdis Dombrovskis, aparentemente más ortodoxo, pero que ha dado muestras de cierta flexibilidad.

“El debate está abierto y en la decisión final habrá factores claramente políticos. Pero el análisis puramente técnico es claro: España lleva años incumpliendo, repetirá en 2015 y 2016 pese al crecimiento, y aunque las sanciones se pueden descartar, sí se espera que la Comisión señale formalmente y con rotundidad a Madrid”, dicen fuentes europeas.

En público nadie ha sido tan rotundo como Dijsselbloem. “España tiene que hacer más: el problema es sobre todo qué Gobierno lo va a hacer, y cuándo”. “En cuanto a las reformas, el país ha hecho mucho pero también debe hacer más, y sobre todo no puede dar marcha atrás. Pero en lo fiscal, España no puede ser acreedora de flexibilidad y ese va a ser un desafío para el nuevo Gobierno”.

“La inestabilidad política, además, suele ser un problema”, subraya. Dijsselbloem apunta donde más duele, consciente de la dificultad para formar Gobierno, de un cierto repunte de la prima de riesgo por esa razón y de las sucesivas trampas que pueden reducir la velocidad de crucero de la economía española en los próximos meses: desde el lío en los mercados por China a una nueva sacudida en el tablero europeo, procedente de Portugal o Grecia.

Preguntado al respecto, el Gobierno español prefiere quedarse al margen. Guindos se ha puesto en contacto con la Comisión, con el BCE y con varios ministros del euro para informar del panorama político y de los próximos pasos. Madrid sostiene que el fuerte crecimiento del PIB ayudará a cumplir el déficit o, a lo sumo, a incumplir por poco. “El déficit español no es el problema fundamental de la eurozona, ni mucho menos”, sentencian en Moncloa.

Frentes abiertos: Grecia, Italia y Portugal


“El primer examen del rescate griego no llevará semanas, sino meses”, destaca Jeroen Dijsselbloem. Vuelve la presión: de ese examen, que tenía que estar listo en enero, depende la ansiada reestructuración de la deuda griega, una promesa europea de 2011 que no termina de llegar.

Bruselas aprieta las tuercas. El primer análisis del tercer rescate griego estará en función de una controvertida reforma de las pensiones que, de momento, no satisface a nadie. El Gobierno griego ha recibido críticas en casa pese a que no supone grandes recortes, y una tibia respuesta de las instituciones, que quieren más. “En ningún país es fácil aprobar esa reforma”, admite el jefe del Eurogrupo.

El euro tiene otros dos frentes abiertos: Italia presiona para obtener flexibilidad fiscal —y Dijsselbloem, al igual que en el caso español, no parece partidario de dar aire al Gobierno de Renzi—, y una nueva crisis bancaria amenaza a Portugal, con el nuevo Ejecutivo incapaz de solucionar el problema en Novobanco y en medio de duras negociaciones por el presupuesto.

FUENTE: El País.

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Guindos afirma que el Eurogrupo ya negocia un tercer rescate para Grecia

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Luis de Guindos 
El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, en Pamplona. / VILLAR LÓPEZ (EFE)

  • Ese nuevo salvavidas podría suponer de 30.000 a 50.000 millones de euros adicionales

Claudi Pérez Bruselas 2 MAR 2015 - 21:14 CET

La UE y Grecia han iniciado ya las conversaciones para un tercer rescate a Atenas, según desveló este lunes en Pamplona el ministro de Economía español, Luis de Guindos. “Estamos negociando un tercer rescate”, dijo Guindos, que sugirió que ese tercer salvavidas puede costar entre 30.000 y 50.000 millones de euros, muy por encima de las estimaciones que se manejaban hasta ahora. Los dos rescates anteriores sumaban ya algo más de 240.000 millones. En medio de un rifirrafe diplomático entre el primer ministro griego, Alexis Tsipras, y el presidente español, Mariano Rajoy, Guindos quiso dejar claro que España seguirá tirando de chequera en caso necesario: ese hipotético tercer programa supondría hasta 7.000 millones adicionales, lo que elevaría la factura total de España en Grecia a 33.000 millones, según el Ministerio de Economía. Y dejó algún que otro aviso a navegantes: “Para Grecia no hay alternativa a la solidaridad europea”.

Guindos abrió un melón complicado, tanto por el conflicto diplomático como por las dificultades que eso puede provocar en Atenas, con Tsipras negando una y otra vez que Grecia vaya a pedir nuevos rescates que impliquen más condiciones. Y apuntó incluso a una cifra, hasta 50.000 millones, que no es más que una estimación pero que podría tener efectos secundarios negativos para Grecia en los mercados. El Eurogrupo y la Comisión Europea desmintieron anoche que los ministros de Finanzas de la eurozona estén debatiendo un tercer rescate. Fuentes del Ministerio de Economía explicaron que esas cifras son solo orientativas y subrayaron que Europa “ya ha ayudado a Grecia y aún va a tener que ayudar mucho”.

El Gobierno griego se remitió a las declaraciones de una portavoz del presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, que negó tanto las cifras como la apertura de negociaciones. Tsipras acusó el pasado sábado a España y Portugal de liderar a los países que quisieron retrasar el acuerdo de Grecia con el Eurogrupo para prorrogar la ayuda financiera a Grecia, y advirtió de que Rajoy y el primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho, han hecho lo posible por derribar al nuevo Ejecutivo liderado por la izquierda radical de Syriza. Rajoy ha respondido con una queja formal a la Comisión Europea.

Tras resistirse por tierra, mar y aire a una prórroga del actual rescate, una tercera ayuda financiera es imprescindible en Grecia a la vista de que Atenas no puede financiarse en los mercados. Pero la franqueza de Guindos puede levantar ampollas en el Gobierno de Tsipras, que llegó al poder con las promesas de acabar con la excesiva austeridad, con planes para reestructurar la deuda y con el expreso deseo de acabar con la troika. Tras una dura negociación en la que Atenas pudo salvar algunas de sus promesas pero a la vez se saltó muchas de sus líneas rojas, el tercer rescate se da por seguro en Bruselas pero se avecina comprometido para Grecia, porque irá asociado a nuevas condiciones.

Tsipras insistió el pasado viernes en que no pedirá un tercer programa, aunque en la prórroga del segundo se habla explícitamente de un “nuevo contrato para el crecimiento” de Grecia. Uno de los vicepresidentes de la Comisión, Valdis Dombrovskis, dejó claro este lunes que Atenas “necesita un acuerdo adicional cuando el programa expire”, según Bloomberg. Guindos no hizo más que ponerle el cascabel al gato. Pero en medio del clima enrarecido de relaciones Grecia-España, cualquier declaración española al hilo de un hipotético tercer rescate tiene resonancias que sobrepasan con mucho lo relativo a la financiación de Grecia.

Guindos explicó en Pamplona que España y Portugal “no han sido los más duros” con Grecia en las negociaciones del Eurogrupo: los países bálticos y algunos centroeuropeos eran los menos favorables a facilitar un acuerdo, según fuentes españolas. Guindos recordó que España, “directa o indirectamente”, ha prestado a Grecia 26.000 millones de euros, “lo que se gasta en prestaciones de desempleo en un año”. “Grecia no tiene acceso al mercado y sin esa ayuda dejaría de pagar pensiones y servicios públicos”, insistió.

La guerra de guerrillas entre Grecia y España va para largo. El Gobierno español sostiene que ha sido solidario con Grecia. Atenas denuncia que España y Portugal han intentado poner palos en las ruedas por el miedo al contagio político: al auge de Podemos, por ejemplo. Un portavoz del Gobierno alemán calificó este lunes de “juego sucio” algunos de esos comentarios, informa Reuters.

FUENTE: El País. 

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Bruselas rebaja las previsiones para España por el frenazo del euro

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  • El PIB crecerá el 1,7% el año próximo, cuatro décimas menos de lo previsto anteriormente y tres décimas menos que el pronóstico del Gobierno

Claudi Pérez Bruselas 4 NOV 2014 - 11:00 CET

La foto fija de la economía española luce relativamente bien si se compara con los años de plomo de la Gran Recesión, pero las promesas de recuperación robusta, raíces vigorosas y demás dosis de optimismo profesional se desvanecen. 

La economía española se desacelera en la segunda mitad de este año. Y la Comisión Europea se ha visto obligada a rebajar drásticamente sus previsiones para 2015. La reactivación sigue siendo modesta, y aún más modesta y sin apenas creación de empleo, por la pérdida de fuelle de la eurozona, lastrada por una Italia aún en recesión, una Francia estancada, una Alemania que va por el mismo camino y, en fin, con el club del euro incapaz de activar las políticas adecuadas para salir del pozo a tasas parecidas a las de otras grandes economías, como la estadounidense, que han aplicado recetas muy diferentes. España, aun así, crecerá el 1,7% en 2015, según Bruselas: cuatro décimas menos de lo que preveía la propia Comisión hace apenas cuatro meses, y tres décimas menos de lo que pronosticaba el Gobierno hace un mes.

Esa reducción es en parte por males propios, y en parte por males ajenos. Bruselas destaca “la desaceleración de la corrección del desequilibrio exterior”: España vuelve a acumular déficits comerciales, pese a las vanas promesas de salida de la crisis vía exportaciones. “Los altos niveles de deuda pública y privada implican que las presiones para seguir con el proceso de desendeudamiento continúan lastrando el crecimiento”, dice Bruselas. Y eso es así porque a pesar de la durísima devaluación interna, los mercados de exportación de las empresas españolas no tiran. Europa, en una palabra, no tira. Bruselas prevé un crecimiento del 0,8% para la eurozona este año, y un 1,1% el próximo. Hay que desconfiar de esas cifras: al cabo, hace unos pocos meses la Comisión vaticinaba crecimientos mucho mayores, del 1,2% para este año y del 1,7% para el próximo. Todos los organismos internacionales señalan a Europa como el principal quebradero de la economía mundial, básicamente por la desastrosa gestión de la política económica, que sigue recetando austeridad y reformas cuando el problema del continente es otro: la falta de demanda agregada ante el proceso de desendeudamiento emprendido, a la vez, por familias, empresas, instituciones financieras y Estados.

Hasta la Comisión reconoce ya que los problemas están ahí. “Tras un año de crecimiento moderado, la economía europea empezó a perder velocidad la pasada primavera y el crecimiento será muy modesto en la segunda mitad del año, con la eurozona casi estancada”, según las Previsiones de Otoño. Entre los mayores países, solo en España se ven cifras de crecimiento dignas de una recuperación, a pesar de los pesares: pese a la desaceleración y pese a que en el caso español hay otro dato –el paro— que emborrona cualquier atisbo de optimismo. “El desempleo sigue siendo demasiado alto”, apunta el informe. Solo si se hace literatura comparada España puede lucir palmito, pero cuidado: si la eurozona no crece, la reactivación española se resentirá. Y la eurozona no termina de despertar: “El crecimiento se detiene en Alemania tras un buen primer semestre, Francia sigue en un estancamiento prolongado, y en Italia continúa la contracción del PIB”, según Marco Buti, el economista jefe de la Comisión. Buti alude a mil y una excusas para explicar el sombrío panorama del PIB continental: “El legado de la crisis financiera”, “las presiones para el desendeudamiento”, “el bajo crecimiento potencial”, “los conflictos geopolíticos”, “las tensiones sobre la inflación”. Estados Unidos sufre los mismos males, pero una política económica distinta le permite crecer por encima del 3%, con un desempleo inferior al 6%. La eurozona crece por debajo del 1% y el paro sigue en máximos históricos, del 11,5%, y es superior al 20% en varios países.

La foto fija española hace unos meses presentaba una métrica sombría: 0-25-50-100. O lo que es lo mismo: crecimiento del PIB en el entorno del 0%, 25% de paro, 50% de caída de precio de la vivienda y 100% de deuda pública. Las previsiones de Bruselas dejan alguna que otra mejoría: esa secuencia es ahora 1-23-50-100. Crecimiento en el entorno del 1%, ligera reducción del paro –muy lenta: el 23,5% en 2015 y el 22,2% en 2016—, la misma caída de la vivienda y la deuda pública en ascenso, hasta situarse en el 101% del PIB el año que viene y en 102% en 2016. “La tendencia positiva en el desempleo se intensificará, gracias a la continua moderación salarial y a modestos incrementos de los costes laborales unitarios”, dice Bruselas.

Pero atención: “Los riesgos a la baja en las perspectivas de crecimiento no son despreciables. Y están relacionados básicamente con el sector exterior, en particular con la recuperación menor de lo esperado en la eurozona”. Eso hace más difícil todo lo demás: sin una recuperación robusta en la zona euro y sin inflación se hace más complicado absorber el exceso de deuda pública y sobre todo privada. E incluso la necesaria consolidación fiscal no va a la velocidad que debería: España cerrará 2014 con un déficit público del 5,6%, en los puestos de honor de la eurozona, y el agujero del sector público será aún del 4,6% en 2015 y del 3,9% en 2016.

En plata: España incumplirá sistemáticamente los objetivos de Bruselas de déficit público; como, con toda probabilidad, Italia y Francia y muchos más países. Y eso a pesar de que el Gobierno, como ha sido habitual en esta crisis, lo ve mucho mejor: espera un déficit del 4,2% en 2015 y del 2,8% en 2016, a juzgar por los datos incluidos en esa carta a los reyes que es el proyecto de presupuestos enviado a Bruselas hace unos días.

FUENTE: El País.

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Fuente: La informacion.com
 
La diferencia salarial entre los diversos países europeos es notable. En algunos países como Dinamarca, Suecia, Finlandia, Italia y Austria el salario mínimo es acordado sin fijarse por Ley, estableciendo los países de centro Europa en todo caso un mínimo de 1.000 euros.

En Francia, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Irlanda, Luxemburgo, EEUU y Eslovenia el salario mínimo supera el de España, mientras que en Portugal, Grecia, Turquía y los países del Este europeo, el salario es inferior al español, aunque por contra los niveles de desempleo son sensiblemente inferiores a los de España.

Si se comparan las cuantías del salario mínimo con el poder adquisitivo de cada país, España sería superada también por Malta y Estonia, siendo el noveno país europeo con mayor salario mínimo entre los que lo tienen regulado, y el undécimo comparado con su poder adquisitivo.


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Bruselas reclama a España dos años más de recortes y ajuste

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  • La Comisión Europea aplaude los esfuerzos de España y la incipiente recuperación
  • Reclama recortes “considerables” en 2015 y 2016 para cumplir las metas de déficit
  • Pone en duda la eficacia de la tarifa plana para crear empleo

Claudi Pérez Bruselas 7 MAY 2014 - 21:29 CET

La recuperación se afianza, mejora la banca, el paro empieza a bajar tímidamente desde las alturas, el rescate europeo ha funcionado, las finanzas públicas se estabilizan. Ese es el aire primaveral que desprenden los informes de Bruselas y el optimismo declarativo del Gobierno en Madrid, pero aun así la Comisión Europea quiere una dosis adicional de la misma medicina: España cumplirá sin problemas los objetivos de déficit público para 2014, pero las metas de 2015 —año electoral— y 2016 están en peligro. Bruselas reclama, una vez más, “esfuerzos discrecionales adicionales considerables”, un latigazo sintáctico de sencilla traducción: más recortes, según el primer informe presentado tras la salida limpia del rescate bancario, que publicó este miércoles la Comisión tras una visita relámpago de los inspectores a finales de marzo. El Gobierno prepara una reforma fiscal con la mil veces prometida bajada de impuestos, pero Bruselas quiere evitar precisamente eso a la vista de que, a pesar de los esfuerzos, el déficit público sigue por encima del 7% del PIB y la deuda pública se encarama al 100% del PIB.

“España debe continuar por la vía de los ajustes”, subraya el texto con el habitual discurso ortodoxo y el inevitable lenguaje sedante de estas ocasiones. No cifra esos esfuerzos, aunque entre la previsión de ingresos del Gobierno para 2015 y la de la Comisión hay distancias oceánicas: 20.000 millones de euros.

Bruselas aconseja y advierte, pero carece del poderío de antaño. Madrid no está ya bajo tutela de la troika, y la Comisión es una suerte de pato cojo, una institución que ha perdido fortaleza política, pendiente del desenlace de las elecciones europeas del 25-M; a la espera de nuevas caras y quizá nuevas ideas. Además, en Bruselas hay menos preocupación por España que por Francia e Italia, cuyos Gobiernos han sacado las garras en busca de algo de manga ancha en la aplicación de las reglas fiscales. España se sumó este miércoles tácitamente a ese frente en lo que podría ser un primer paso para formar un improbable eje París-Roma-Madrid que contrarreste el férreo liderazgo de Berlín. Lejos de seguir los consejos de Bruselas acerca de la necesidad de hacer más esfuerzos, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría anticipó que los planes del Ejecutivo son muy distintos: aseguró que “ahora tocan medidas para el crecimiento”, tras dos años y medio de recortes.

Está por ver si ese viraje es un cascarón vacío —pura retórica— o algo más. Pero nada de eso, ni por asomo, aparece en el examen a la economía española efectuado por la Comisión, que a lo sumo apuesta por una reforma fiscal que “favorezca el crecimiento”. Sin embargo, tanto Bruselas como Madrid hablan en el fondo de lo mismo: de la necesidad de un nuevo modelo impositivo que cuadre el círculo y permita, de una tacada, crecer y recaudar más. El problema de España es que está a la cola de Europa en ingresos fiscales (37% del PIB, menos que Grecia), y con eso no le alcanza para su gasto público (44% del PIB, inferior a la media europea). Ese es el meollo de la cuestión. Y eso solo se puede resolver con una reforma fiscal que será clave en las próximas elecciones generales.

Frente a los deseos del Gobierno, Bruselas pretende eliminar cualquier tentación de bajar impuestos. La Comisión martilleó este miércoles de nuevo con una “subida de los impuestos indirectos” que permita bajar los directos (particularmente sobre el trabajo). El FMI y la OCDE llevan 40 años con la misma cantinela: subir el IVA y bajar las cotizaciones sociales. El Ejecutivo hizo lo contrario en diciembre (subió las cotizaciones), y se resiste como gato panza arriba a un nuevo aumento del IVA.

Tras varias oleadas de austeridad y reformas con resultados cuando menos discutibles, tanto la Comisión como el Ejecutivo se enfrentan a un panorama delicado, lleno de luces y sombras en Europa y en España, con una situación llena de aristas en la que un exceso de optimismo puede provocar el malestar de millones de parados, pero en la que persiguen que cale un mensaje de confianza para apuntalar la frágil recuperación. Una dosis más de recortes puede ser contraproducente en un país endeudado hasta las cejas y un largo invierno del descontento aún por delante en el mercado laboral.

Tal vez por ello el informe de Bruselas está tan cargado de alabanzas como de desafíos. “Los altos niveles de deuda privada y pública continúan poniendo en riesgo la recuperación y la estabilidad financiera”, avisa el informe. “Los resultados de la banca están bajo presión por la morosidad, el deterioro de la calidad de los activos y el impacto de la desaceleración en Latinoamérica”, prosigue. “Hay retrasos en algunas reformas” como la de las cajas, critica, y dentro del sistema financiero, el banco malo (Sareb) “se enfrenta a desafíos considerables” ante la caída de los precios inmobiliarios, que no se detendrá en 2014. 
 
La estabilización después de la grave crisis que arrastra “tardará años”, vaticinan los augures de la dirección de Asuntos Económicos, que como guinda cuestionan la efectividad de la tarifa plana de 100 euros de cotización a la Seguridad Social. “No está claro cuántos empleos se pueden crear” con una medida que, según el informe, tendrá coste para las arcas públicas.
 
Fuente: El País.