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La derrota de los socialistas se lleva por delante al Gobierno francés

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El nuevo primer ministro francés, Manuel Valls.

  • Hollande designa al barcelones Manuel Valls, hasta ahora ministro del Interior, nuevo jefe del Ejecutivo. 
  • El presidente francés defiende que el Gabinete debe hacer caso del "mensaje" dado por los ciudadanos en las elecciones municipales

La derrota de los socialistas en las elecciones municipales en Francia ha acabado con el que hasta hoy el Gobierno galo. El presidente François Hollande ha anunciado que el actual ministro del Interior, el barcelonés Manuel Valls, se convertirá en el nuevo primer ministro del país.

Anteriormente, el anterior jefe del Ejecutivo, Jean-Marc Ayrault, había presentado su dimisión y la del Gobierno en pleno tras la histórica debacle del Partido Socialista frente al avance de la derecha.

El mandatario francés ha destacado que Valls ha recibido el encargo de formar un nuevo Gabinete "de combate" y "unido" que debe hacer caso del "mensaje" dado por los ciudadanos en las urnas. "Es un momento importante en nuestra vida nacional", ha enfatizado Hollande en un discurso televisado en el que ha expresado su "reconocimiento" a Ayrault. "Confío en Manuel Valls", ha puntualizado.

"No (hay) suficiente cambio, no (hay) suficiente empleo, todavía (hay) demasiado paro, todavía (hay) demasiados impuestos, y todavía (hay) demasiados interrogantes sobre la capacidad de nuestro país para salir adelante. Es el mensaje que me habéis dirigido y que recibo personalmente", analizó el presidente. Hollande anunció que se abre "una nueva etapa" con un gobierno más reducido (en el actual hay 38 ministros y ministros delegados) que dirigirá Valls con tres objetivos: devolver a Francia su fuerza económica, concentrarse en la justicia social y aumentar el poder adquisitivo de los franceses.

"Son las empresas las que crean empleo. La primera de las injusticias es el desempleo. Es decisivo para el futuro de nuestro país producir más, en Francia, y de forma diferente", añadió Hollande, que prometió una "disminución de impuestos" y de las cotizaciones que pagan los trabajadores "de aquí a 2017".

El presidente de Francia subrayó que "la recuperación del país es indispensable" y pasa por renovar el "aparato productivo", sanear las "cuentas públicas" y reconquistar la "influencia en Europa y en el mundo". "Fiel a los compromisos antes de las elecciones, no olvido a quienes confiaron en mí y me eligieron", dijo Hollande, después de que su partido se viera netamente superado por el centroderecha en los comicios municipales, lo que supone una derrota histórica para el Partido Socialista.

Hollande dijo saber que la "situación era grave" y asumió "la total responsabilidad", al tiempo que preconizó una "mayor constancia en el rumbo" sin descartar "hacer las inflexiones necesarias, porque el único objetivo es el éxito de la República". "Y lo conseguiré con este nuevo gobierno", concluyó Hollande, que no avanzó el nombre de ninguno de los ministros que saldrán del Ejecutivo ni quienes serán sus sustitutos.

Balance negativo de la izquierda
Pese a su simbólica victoria en París, la formación gobernante perdió 151 ciudades de más de 10.000 habitantes y cedió también urbes de más de 100.000 como Toulouse, Reims, Saint-Etienne, Anger o Amiens. Los rumores de cambios en el Gobierno ya se habían hecho especialmente intensos tras la primera vuelta electoral y, pasada ya la segunda, todos los medios franceses daban por hecho que habría cambios.

Tras confirmarse ayer la amplia derrota del PS en los comicios locales, Ayrault, de 64 años, dijo en una comparecencia en televisión que el resultado responde a una responsabilidad colectiva, pero que asumía "toda" su culpa. El hasta este lunes primer ministro, que llegó al puesto en mayo de 2012 tras la victoria de Hollande en las elecciones presidenciales frente a Nicolas Sarkozy, ha visto su popularidad caer en picado desde entonces, casi tanto como la del propio presidente.

Un reciente sondeo publicado por el instituto BVA para la revista L'Express muestra que Ayrault cuenta con una aceptación del 25% entre los franceses, un punto menos que en febrero. En cambio, Valls, de 51 años, es uno de los políticos más populares de Francia (53%). Sin embargo, el titular de Interior, situado políticamente en el ala más a la derecha del PS, no agrada a Los Verdes, que participan en la coalición de Gobierno y no descartan salir de ella en caso de que Valls asuma el control del Ejecutivo, según hizo saber la semana pasada la ecologista y ministra de Vivienda, Cécile Duflot.

Los comicios municipales, celebrados a dos vueltas ayer y el anterior domingo, estuvieron marcados por una abstención récord de cerca del 36,3%. Arrojaron un balance muy negativo para la izquierda, muy favorable para el centro-derecha, que recuperó el terreno perdido en 2008, y un buen resultado para el ultraderechista Frente Nacional (FN). El centroderecha, según datos del Ministerio del Interior todavía provisionales, consiguió el 45,1% de los votos, la izquierda el 40,5 %, la extrema derecha el 6,85 % y la extrema izquierda el 0,06%.

Fuente: Público.

El 14% de los electores se decanta por formaciones de corte populista

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  • Los partidos conservadores encabezan las preferencias de los votantes europeos

Lucía Abellán Bruselas 24 MAR 2014 - 20:12 CET

El Partido Popular Europeo (PPE), que aglutina a los grandes partidos conservadores del continente, ganaría por un estrecho margen las elecciones europeas si se celebraran hoy. Son los resultados que arroja el último sondeo encargado por la Eurocámara para rastrear la posición política de los votantes a dos meses de la cita electoral en los 28 Estados miembros. El PPE logra el 29% de los apoyos, frente al 27% de los socialdemócratas. Pese a todo, el resultado más llamativo es que el 14% de los votantes optan por formaciones que no se encuadran en ninguno de los grupos tradicionales de la Cámara y pueden representar, en buena medida, opciones populistas.

La evolución del voto muestra un ligero avance de los conservadores en las últimas semanas. El mismo sondeo realizado a principios de marzo otorgaba una minúscula ventaja a los socialdemócratas, que a mediados de mes (la fecha en la que se cerraron los últimos resultados) se disipó. Con la encuesta más reciente, los populares obtendrían 219 escaños, frente a los 204 de los socialdemócratas. Supone, en todo caso, una caída del 16% para los populares respecto a la situación actual y una subida del 4,6% para los socialistas.

Lo más llamativo de este sondeo, realizado por la Eurocámara en colaboración con el instituto de opinión TNS con datos periódicos de todos los Estados comunitarios, es que no refleja en absoluto el temido auge de los partidos euroescépticos y xenófobos que pueblan la escena europea. El grupo que ahora recoge a los más escépticos en la UE (básicamente conservadores británicos, polacos y checos), el llamado Grupo Europeo de Conservadores y Reformistas, pasaría de 57 a 42 escaños si se cumplen estas proyecciones. Sorprende también que otro de los grupos con partidos de este corte, el Grupo Europa de la Libertad y la Democracia, evolucione a la baja: de 31 a 26 escaños. Este grupo incluye en la actualidad al británico Nigel Farage, que con su formación UKIP ha robado una buena proporción de los votos a los conservadores de David Cameron. Los que sí aumentan algo su presencia son los no alineados, muchos de ellos también de tintes eurófobos.

Pese a todo, la clave reside en lo que la encuesta coloca bajo el epígrafe de otros, con un nada despreciable peso del 8,9%. Ese cajón de sastre representaría la tercera opción en preferencias de voto, lo que indica claramente un alto porcentaje de la población –y de los escaños- dirigidos a muchas formaciones, probablemente de corte populista o euroescéptico, que no se encuadran en ningún grupo tradicional y cuya intención tras las elecciones es una incógnita. Pueden decidir agruparse para ganar fuerza contra el proyecto europeo, apoyar una opción conservadora o simplemente votar en cada ocasión como les parezca, sin directrices claras. Si a ese casi 9% se le suma otro casi 5% de los no alineados, el resultado es que el 14% de los europeos se decanta por partidos ajenos a lo tradicional.

El mayor descenso de todo el arco parlamentario es para los liberales. Con la actual intención de voto seguirían siendo la tercera fuerza parlamentaria, pero su representación caería un 27%, hasta quedarse en un 8% del voto. Este grupo recibe el castigo de algunos gobiernos en los que han formado coalición con partidos conservadores (como en la anterior legislatura alemana) y han capitalizado con mucha más fuerza el malestar de la población que los propios partidos al frente de esas coaliciones. También caen con fuerza los verdes, que pasan de tener 58 diputados a 45.

Por el contrario, las formaciones de izquierda minoritaria son las que más claramente recogen el descontento con los partidos mayoritarios. El grupo de izquierda unitaria, que aglutina también a la izquierda verde de los países nórdicos y que en España está representado por Izquierda Unida, atraería casi el 7% del voto, lo que le reportaría 51 escaños. Eso daría a esta formación un peso parecido al de los liberales y, al contrario que en esta legislatura, muy superior al de los euroescépticos británicos y polacos.

Fuente: El País.

La izquierda se adelanta al cambio en la Unión Europea

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 El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, el lunes en Atenas. / ALKIS KONSTANTINIDIS (EFE)

  • La designación de Schulz como candidato socialista a las elecciones europeas y a la presidencia de la Comisión marca el inicio de la renovación de las instituciones.

Luis Doncel Bruselas 6 NOV 2013 - 23:59 CET


La carrera acaba de comenzar. Las grandes familias políticas europeas toman posiciones ante la renovación de las instituciones que deberán abordar tras las elecciones del próximo mayo. Entre los que tienen posibilidades de escalar hasta la presidencia de la Comisión, Martin Schulz ha sido el primero en dar un paso al frente. Los socialistas han designado hoy al actual presidente del Parlamento Europeo como supercandidato para los comicios y, llegado el caso, para sustituir a José Manuel Durão Barroso. Con este movimiento, el centroizquierda se presenta como la avanzadilla de un intento de involucrar a los ciudadanos de 28 países en las decisiones que se toman en la distante y burocrática Bruselas.

“Lucharé por recuperar la confianza. Ya antes de la crisis se percibía una pérdida de fe de los ciudadanos en las instituciones europeas y nacionales”, ha asegurado este miércoles Schulz en su presentación oficial. Pero el proceso que los socialistas habían vendido como unas primarias nace con un defecto de origen: en lugar de una competición entre candidatos a convertirse en cabeza de un cartel paneuropeo, el acto de ayer sirvió tan solo para entronizar al alemán. Ningún otro compañero obtuvo el respaldo para enfrentarse a él.





Schulz esbozó las dos ideas fuerza sobre las que girará su campaña. Primero, impulsar una redistribución de la riqueza más justa tanto entre países como entre ciudadanos. Y segundo, usar todos los medios para luchar contra el desempleo juvenil. Pero el camino para llegar hasta ahí se presenta largo. Vencidas las resistencias de los compañeros de partido que lo criticaban por valerse de su puesto en el Parlamento para hacer campaña o de aquellos que recelan ante su condición de alemán, le quedan varios escollos. El primero será mantener el tipo en unas elecciones que se presentan muy complicadas ante el avance de las fuerzas populistas y antieuropeas. Y el segundo, lograr el respaldo de un Consejo en el que gana el centroderecha.

Es la primera vez que los votantes socialistas acudirán a las elecciones sabiendo de antemano a qué candidato para el Ejecutivo europeo respaldan. Lo mismo ocurrirá con los que apoyen a las formaciones inscritas en el Partido de la Izquierda Europea, como la española IU. Su apuesta para la Comisión es Alexis Tsipras, el líder griego que encabeza la oposición a las políticas de recortes impuesta por la troika; aunque sus posibilidades de llegar ahí son prácticamente nulas. Verdes y liberales tienen previsto anunciar sus nombres a finales de año o principios del próximo. Entre los primeros se especula con Rebecca Harms y José Bové, y Guy Verhofstadt y el comisario Olli Rehn para los segundos.

Para conocer el cartel electoral de los populares —que prefieren aplazar el debate hasta el último momento— habrá que esperar hasta el congreso que celebrarán en Dublín en marzo. Mientras tanto, cada semana circula un nuevo nombre conservador en la rumorología bruselense. El penúltimo es el del luxemburgués Jean-Claude Juncker, que ganó estatura política como presidente del Eurogrupo y acaba de quedarse sin trabajo tras ser descabalgado del poder tras 18 años como primer ministro. Antes se ha hablado de los comisarios Michel Barnier, Viviane Reding, los primeros ministros de Polonia, Finlandia e Irlanda, e incluso la directora-gerente del FMI, Christine Lagarde.

Pero el baile de nombres no afecta solo al sustituto de Barroso. Están en juego la presidencia del Consejo Europeo, que en noviembre del próximo año deberá abandonar el belga Herman Van Rompuy, la del Parlamento, el puesto de Alto Representante de Asuntos Exteriores que ahora ocupa Catherine Ashton y el de la presidencia permanente del Eurogrupo si finalmente se crea. Fuera del ámbito estrictamente europeo, también quedará vacante la Secretaría General de la OTAN.

La dificultad de cubrir tal avalancha de puestos se agrava porque esta será la primera vez que se haga bajo el paraguas del Tratado de Lisboa, que trató de impulsar la democratización de las instituciones. Es a este principio al que se agarran los socialistas para exhibir su candidato cuanto antes. Y es por esta misma idea por la que critican las reticencias de los populares a mostrar sus cartas. “Están socavando, quizás no la letra, pero sí el espíritu de Lisboa. ¿Cuál sería entonces el significado de ir a las elecciones con un candidato si luego el elegido para presidir la Comisión fuera otro? Es una idea totalmente antidemocrática”, sostiene Hannes Swoboda, el líder del grupo socialista en la Eurocámara.

Lo que el nuevo tratado añade al proceso de elegir presidente de la Comisión es un plus de legitimidad democrática, pero el Consejo —es decir, los jefes de Gobierno— siguen teniendo una posición de fuerza. El texto dice que el Parlamento debe elegir a una persona propuesta por el Consejo, que a su vez debe tener en cuenta el resultado de las elecciones. La pregunta es, ¿qué significa exactamente tener en cuenta las elecciones? “Al final, la decisión se tomará en una noche por muy pocas personas. Básicamente, Angela Merkel y François Hollande”, apuntan fuentes parlamentarias.

En la misma línea, aunque algo más matizada, se mostraba hace unos días una alta fuente europea. “A pesar de los argumentos interesados, los tratados son claros como el agua: es el Consejo quien propone al presidente de la Comisión, tras consultas con el Parlamento. Se trata de un acuerdo entre dos instituciones, pero el liderazgo es del Consejo”, aseguraba. Conviene recordarlo a los millones de ciudadanos llamados a las urnas dentro de seis meses.

Fuente: El País.