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Alemania impulsa un acuerdo de no espionaje mutuo entre socios de la UE

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El presidente estadounidense Barack Obama junto a la canciller alemana Angela Merkel en junio de 2013 en Berlín. / REUTERS

  • El pacto incluiría a los servicios secretos de Reino Unido que, según Snowden, colabora con la NSA
  • Serían contratos vinculantes para sellar la prohibición de espionaje político, económico e industrial

Juan Gómez Berlín 16 ENE 2014 - 18:55 CET

Berlín busca un acuerdo de no espionaje mutuo entre socios de la Unión Europea. El pacto incluiría a los servicios secretos de Reino Unido que, según las revelaciones del exempleado de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense Edward Snowden, colaboran estrechamente con Washington en el espionaje masivo de las comunicaciones mundiales a través de Internet. Desde que las informaciones del filtrador desvelaron la tremenda capacidad de control y vigilancia de los espías de Estados Unidos, las agencias de inteligencia europeas se han reunido ya en tres ocasiones para negociar el posible pacto.

Esta semana se han conocido las serias dificultades que encontró Alemania para un acuerdo similar de no espionaje con Estados Unidos. La iniciativa llegó a darse por segura hace solo tres meses. El entonces coordinador de los servicios secretos, el democristiano Ronald Pofalla (CDU), aseguró tras el escándalo de Snowden que Washington había "entendido la dimensión" del enfado alemán ante el espionaje de sus ciudadanos y de sus dirigentes. El portavoz de la canciller Angela Merkel, Steffen Seibert, llegó asegurar que Berlín contaba con una "confirmación verbal" de la disposición norteamericana a comprometerse a renunciar al espionaje de los líderes políticos o las empresas alemanas. Ese acuerdo está cerca de quedarse en papel mojado, pero Berlín confía en alcanza un trato entre los socios europeos.

Serían contratos vinculantes para sellar la prohibición de espionaje político, económico e industrial en el seno de la Unión. Según publicó el diario Süddeutsche Zeitung el jueves, los gobiernos europeos llevan varios meses de negociaciones a puerta cerrada. Londres es el socio más reticente. Su servicio de espionaje GCHQ es, según diversos documentos de Snowden publicados en otoño por el semanario Der Spiegel, capaz de interceptar las comunicaciones de internet y de teléfono que pasan por varios cables trasatlánticos de fibra de vidrio. Además, el diario británico The Independent publicó hace dos meses la foto de un dispositivo dispuesto por los británicos en el tejado su embajada, en pleno centro de Berlín, con el que captan gran número de comunicaciones inalámbricas del distrito gubernamental. La embajada de Estados Unidos, a pocos cientos de metros, cuenta con aparatos similares. Los papeles de Snowden desvelaron que los espías se sirvieron de ellos para pinchar el móvil de la canciller Merkel. Es de esperar, con estos precedentes, que Londres se resista a firmar el trato europeo de no espionaje que propone Alemania.

En cuanto a Francia, sus servicios de inteligencia tienen en Alemania la reputación de especialistas en espionaje industrial. Según el Süddeutsche Zeitung, el servicio de espionaje exterior DGSE vigila "sistemáticamente llamadas de teléfono, correos electrónicos y redes sociales", también en países europeos. La pérdida de secretos industriales es, comprensiblemente, una de las mayores preocupaciones de los políticos alemanes.

Quieren en Berlín, por tanto, que el contrato europeo limite drásticamente la capacidad de acción de los espías extranjeros. Los 28 de la Unión Europea deberían comprometerse, además, a respetar en sus investigaciones tanto la legalidad propia como la de los socios. Por ejemplo, para impedir la práctica de preguntar datos sobre ciudadanos del propio país a los servicios secretos de países socios, esquivando así las limitaciones legales o la falta de permiso judicial.

Tanto las negociaciones con Estados Unidos como las europeas están en manos del servicio secreto exterior alemán BND, que ya ha presidido tres reuniones con las organizaciones equivalentes del resto de Europa.

Fuente: El País.

La UE elude blindarse ante el espionaje

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  • Los Veintiocho retrasan la aprobación de medidas que refuerzan la protección de la privacidad.
  • Pese a la indignación verbal por el espionaje, Berlín frena el proyecto.

Lucía Abellán Bruselas 30 OCT 2013 - 21:04 CET


A la izquierda, la sede de la UE en Bruselas. / V. MAYO (AP)


La UE tiene dificultades para traducir en acciones concretas la indignación que dicen sentir sus dirigentes ante el espionaje estadounidense. Los Estados miembros acaban de renunciar a uno de los compromisos que adquirieron nada más conocerse los primeros episodios de vigilancia electrónica: agilizar la reforma de las normas europeas de protección de datos como respuesta a esas revelaciones. Los reparos alemanes al proyecto, unidos al permanente bloqueo británico, han acabado por aplazar sine die una legislación que pretende reforzar el derecho de los ciudadanos a la privacidad y que debía estar lista antes de las elecciones europeas, en mayo de 2014.

La última cumbre de la UE evidenció la doble vara de medir que emplean los líderes políticos en este asunto. Por un lado, expresaron su “honda preocupación” por una vigilancia que supuestamente ha afectado a la propia canciller alemana, Angela Merkel. Pero, al mismo tiempo, han desplazado a 2015 la fecha límite para adoptar las nuevas reglas comunitarias de protección de datos. Y, por primera vez, Alemania y otros Estados renuncian a esgrimir esta herramienta como una respuesta política a las escuchas estadounidenses. Ese nuevo enfoque aleja definitivamente la posibilidad de contar con una regulación en los próximos meses.

Consciente de este giro político, la vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de Justicia, Viviane Reding, se rebela contra los recelos de los países e intenta convencer estos días en Washington a las autoridades estadounidenses de que los datos personales de los europeos “son un derecho fundamental no negociable”. Nuevas revelaciones periodísticas extraídas de los documentos de Edward Snowden evidenciaban ayer que muchas empresas han cooperado en esa vigilancia, lo que obligaría a Europa a armarse contra esas cesiones no autorizadas de datos por parte de las compañías.

“Los alemanes han puesto muchas objeciones. La Comisión les ha pedido reiteradamente que identificaran elementos concretos que les desagradaban del texto propuesto, pero no lo aclaran”, se quejan fuentes comunitarias. Más allá de cuestiones técnicas que disgustan a Alemania, la primera economía europea no concede ya utilidad a este instrumento como escudo frente a intromisiones en la privacidad. El Gobierno cree que existen otros foros (las negociaciones con Estados Unidos, los grupos de trabajo, la idea de recurrir a la ONU…) en los que resolver este conflicto. “Cualquier otra iniciativa es mejor que la regulación de protección de datos”, explican fuentes diplomáticas.

Aunque ninguna ley puede impedir el acceso de las agencias de inteligencia a las comunicaciones de los ciudadanos, como ha sucedido en el caso de la NSA (la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, por sus siglas en inglés), el refuerzo de la norma en medio de esta marea de espionaje habría enviado una fuerte señal política a Estados Unidos y una advertencia frente a futuros episodios de este tipo. La norma, según la propuesta que presentó la Comisión hace casi dos años, refuerza el consentimiento explícito que el usuario debe dar para que se procesen sus datos, obliga a las empresas a contar con un responsable que los gestione y establece, por primera vez, el derecho al olvido para personas o entidades cuya reputación se haya visto dañada en Internet.

La necesidad de acelerar esas medidas fue transmitida por Francia y Alemania, hace poco más de tres meses, en una carta que firmaron sus titulares de Interior y Justicia. Los ministros aseguraban que la interceptación de comunicaciones hacía más pertinente un nuevo marco de protección de datos y se comprometían a elaborarlo. Una promesa que ha quedado ahora enterrada.

Francia sigue siendo partidaria de acelerar los trabajos —y así lo defendió junto con Italia y Polonia en el último consejo europeo—, pero su postura se ha visto arrinconada frente a las reticencias alemanas y, por motivos muy distintos, de Reino Unido.

Otras fuentes diplomáticas argumentan que el texto nunca se concibió como respuesta a una vigilancia secreta y que la complejidad técnica que entraña justifica los retrasos. Como ejemplo, citan que la actual directiva, en vigor desde 1995, antes de que Internet revolucionara el tráfico de datos, tardó cinco años en cerrarse.

Las prácticas de espionaje son competencia de cada Estado y exceden el ámbito de la propuesta europea de protección de datos, más centrada en la gestión que hacen las empresas de la información de los usuarios y, por otro lado, en el uso que hacen policía y jueces de los datos de los ciudadanos. Pero ayer se conoció que la interceptación de datos en Alemania se apoyó al menos en 90 empresas norteamericanas para lograrlo, según el semanario alemán Stern. Y el diario The Washington Post divulgó que la NSA ha accedido a los enlaces que conectaban los centros de datos de gigantes como Yahoo y Google en el mundo para captar sus datos.

Es en esa necesaria colaboración empresarial para acceder a las comunicaciones de forma indiscriminada donde encaja la norma europea. La Eurocámara, que ya ha aprobado su propuesta, ha introducido un elemento clave que la Comisión Europea eliminó de los borradores iniciales. Se trata de una cláusula que establece que cualquier cesión de datos de ciudadanos europeos a terceros países debe contar con una autorización previa del regulador nacional de protección de datos, así como un aviso al propio interesado cuyos datos se soliciten.

Más allá del marco excepcional en el que trabajan los servicios de inteligencia, esa cláusula dificulta la cooperación empresarial en estas prácticas. Porque además se arriesgan a recibir multas de hasta el 5% de su facturación anual si incumplen las normas. Hay que recordar, además, que el germen de estos episodios fue el programa Prisma, que permitía a las autoridades estadounidenses acceder por una puerta trasera a datos en poder de gigantes tecnológicos.

En el terreno más concreto, Berlín teme el perjuicio que la norma puede crear en las pequeñas empresas, obligadas a gestionar los datos de sus clientes. Sin embargo, la Eurocámara, con un abanico de opciones políticas, ha podido pactar un texto al que se habían presentado un récord de casi 4.000 enmiendas. Un trabajo que ahora quedará postergado hasta que decidan los Estados.

Fuente: El País.

Merkel pide leyes más duras en la UE contra el espionaje en Internet

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  • El Gobierno espera la llegada de documentos sobre el alcance del espionaje en suelo alemán

Juan Gómez Berlín 15 JUL 2013 - 19:24 CET

 

La canciller alemana Angela Merkel ha asegurado este lunes que el esclarecimiento del escándalo de espionaje a Alemania y al resto de Europa por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense "aún está en sus comienzos" y tendrá que "prolongarse". Su portavoz Steffen Seibert ha demandado "un compromiso de Estados Unidos para que sus servicios secretos se atengan a la legislación alemana" de protección de datos. Merkel lo había pedido ya en ocasiones anteriores, lo cual permite inferir que Washington no se ha comprometido por ahora. El Gobierno alemán espera la llegada de documentos sobre el alcance de los programas de espionaje en suelo alemán. El domingo por la tarde, la canciller propuso que Europa armonice y endurezca sus leyes de privacidad y protección de los usuarios de internet, para evitar que una empresa estadounidense como Facebook, que tiene su sede europea en Irlanda, ignore impunemente las leyes de otros países.

La Oposición de socialdemócratas y Verdes acusa a Merkel de "hipocresía", después de que el diario conservador Bild informara de la connivencia del servicio de espionaje exterior alemán (BND) con la NSA y sus actividades en Europa. Según informa el rotativo citando fuentes de Washington, el BND "está informado desde hace mucho" sobre la amplitud del fisgoneo estadounidense en las comunicaciones europeas. Tanto Los Verdes como el partido La Izquierda (Die Linke) han solicitado este lunes una comisión parlamentaria de investigación que aclare hasta dónde han colaborado el BND y la NSA en el espionaje de ciudadanos, instituciones y empresas alemanas. La ministra de Consumo, Ilse Aigner (CSU), denunció el domingo que la NSA llegó a escuchar a personas de "círculos del Gobierno". Merkel aseguró ese mismo día que a ella no le "consta haber sido espiada".

El ministro de Interior, el socialcristiano bávaro Hans-Peter Friedrich (CSU), dijo la semana pasada durante una visita a Washington que la NSA solo "indaga selectivamente contenidos sobre terrorismo, criminalidad organizada o tráfico de armas". Ocultaba el ministro, de acuerdo con estas informaciones, que la NSA guarda indefinidamente los datos de conexión de todas las comunicaciones por internet efectuadas fuera de Estados Unidos. También almacenan durante seis meses buena parte de sus contenidos. El BND ha "recurrido en diversas ocasiones" a la NSA para esclarecer secuestros de alemanes en varias partes del mundo.

A dos meses de las elecciones generales, la estrategia del Gobierno alemán es presentarse como sorprendidos por las revelaciones del exempleado de la NSA Edward Snowden, que ha explicado con detalle y presentando documentos que Estados Unidos espía las comunicaciones mundiales a gran escala. Alemania es, según los documentos presentados por Snowden al semanario de Hamburgo Der Spiegel, uno de los objetivos prioritarios de la red de escuchas y control informático de la NSA y los servicios secretos británicos. El responsable de estas y otras filtraciones sobre la NSA sigue refugiado en la zona de tránsito del aeropuerto de Moscú. Washington pide su extradición.

Fuente: El País.