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Alemania impulsa un acuerdo de no espionaje mutuo entre socios de la UE

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El presidente estadounidense Barack Obama junto a la canciller alemana Angela Merkel en junio de 2013 en Berlín. / REUTERS

  • El pacto incluiría a los servicios secretos de Reino Unido que, según Snowden, colabora con la NSA
  • Serían contratos vinculantes para sellar la prohibición de espionaje político, económico e industrial

Juan Gómez Berlín 16 ENE 2014 - 18:55 CET

Berlín busca un acuerdo de no espionaje mutuo entre socios de la Unión Europea. El pacto incluiría a los servicios secretos de Reino Unido que, según las revelaciones del exempleado de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense Edward Snowden, colaboran estrechamente con Washington en el espionaje masivo de las comunicaciones mundiales a través de Internet. Desde que las informaciones del filtrador desvelaron la tremenda capacidad de control y vigilancia de los espías de Estados Unidos, las agencias de inteligencia europeas se han reunido ya en tres ocasiones para negociar el posible pacto.

Esta semana se han conocido las serias dificultades que encontró Alemania para un acuerdo similar de no espionaje con Estados Unidos. La iniciativa llegó a darse por segura hace solo tres meses. El entonces coordinador de los servicios secretos, el democristiano Ronald Pofalla (CDU), aseguró tras el escándalo de Snowden que Washington había "entendido la dimensión" del enfado alemán ante el espionaje de sus ciudadanos y de sus dirigentes. El portavoz de la canciller Angela Merkel, Steffen Seibert, llegó asegurar que Berlín contaba con una "confirmación verbal" de la disposición norteamericana a comprometerse a renunciar al espionaje de los líderes políticos o las empresas alemanas. Ese acuerdo está cerca de quedarse en papel mojado, pero Berlín confía en alcanza un trato entre los socios europeos.

Serían contratos vinculantes para sellar la prohibición de espionaje político, económico e industrial en el seno de la Unión. Según publicó el diario Süddeutsche Zeitung el jueves, los gobiernos europeos llevan varios meses de negociaciones a puerta cerrada. Londres es el socio más reticente. Su servicio de espionaje GCHQ es, según diversos documentos de Snowden publicados en otoño por el semanario Der Spiegel, capaz de interceptar las comunicaciones de internet y de teléfono que pasan por varios cables trasatlánticos de fibra de vidrio. Además, el diario británico The Independent publicó hace dos meses la foto de un dispositivo dispuesto por los británicos en el tejado su embajada, en pleno centro de Berlín, con el que captan gran número de comunicaciones inalámbricas del distrito gubernamental. La embajada de Estados Unidos, a pocos cientos de metros, cuenta con aparatos similares. Los papeles de Snowden desvelaron que los espías se sirvieron de ellos para pinchar el móvil de la canciller Merkel. Es de esperar, con estos precedentes, que Londres se resista a firmar el trato europeo de no espionaje que propone Alemania.

En cuanto a Francia, sus servicios de inteligencia tienen en Alemania la reputación de especialistas en espionaje industrial. Según el Süddeutsche Zeitung, el servicio de espionaje exterior DGSE vigila "sistemáticamente llamadas de teléfono, correos electrónicos y redes sociales", también en países europeos. La pérdida de secretos industriales es, comprensiblemente, una de las mayores preocupaciones de los políticos alemanes.

Quieren en Berlín, por tanto, que el contrato europeo limite drásticamente la capacidad de acción de los espías extranjeros. Los 28 de la Unión Europea deberían comprometerse, además, a respetar en sus investigaciones tanto la legalidad propia como la de los socios. Por ejemplo, para impedir la práctica de preguntar datos sobre ciudadanos del propio país a los servicios secretos de países socios, esquivando así las limitaciones legales o la falta de permiso judicial.

Tanto las negociaciones con Estados Unidos como las europeas están en manos del servicio secreto exterior alemán BND, que ya ha presidido tres reuniones con las organizaciones equivalentes del resto de Europa.

Fuente: El País.

El espionaje ensombrece el acuerdo comercial entre la UE y EE UU

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  • Bruselas retoma esta semana las negociaciones en un clima de desconfianza.

Lucía Abellán Bruselas 11 NOV 2013 - 19:39 CET


El escándalo del espionaje ha contaminado uno de los escasos éxitos económicos que la Comisión Europea de Barroso pretendía dejar como legado. La desconfianza hacia Estados Unidos dificulta el acuerdo de comercio que ambas partes negocian esta semana en Bruselas. Aunque los responsables comunitarios se esfuerzan por mantener el perfil técnico de las discusiones, el ruido político las condiciona enormemente. Un nuevo escollo contribuyó la semana pasada a enrarecer el ambiente, al saberse que el máximo responsable de la negociación por parte de la UE, el comisario de Comercio Karel de Gucht, está acusado de haber ocultado a la Hacienda belga 1,2 millones de euros.

El acuerdo entre Europa y Estados Unidos está llamado a ser el mayor tratado comercial del mundo, pero su futuro pende de un hilo. Poco después de que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, lo lanzara como un incentivo a la alicaída UE, con capacidad para generar un crecimiento adicional del 0,5% del PIB anual, las primeras revelaciones a mediados de año del espionaje masivo crisparon el arranque de euforia. Francia y otros Estados pidieron que se suspendiera el proceso hasta que Washington diera explicaciones, pero la mayoría, con Alemania a la cabeza, lo rechazó y las conversaciones se iniciaron formalmente en julio. París, además, temía que el tratado pusiera en peligro la protección pública que ese país otorga a su sector audiovisual.

Varios meses después, y pese a que las acusaciones de vigilancia electrónica han subido de tono, la postura más generalizada de los países miembros sigue siendo similar. "Es contraproducente vincular las dos cosas [el espionaje y el tratado comercial]. Saldrá en algún momento de la negociación, pero las competencias en materia de espionaje son de los Estados miembros", subrayan fuentes diplomáticas.

Pero ese pragmatismo de los países choca con algunas inquietudes en el seno de la Comisión —por ejemplo, de la vicepresidenta y responsable de Justicia, Viviane Reding— y, sobre todo, con el enfado del Parlamento Europeo ante el control que han ejercido los servicios de inteligencia estadounidenses sobre los datos de ciudadanos y líderes europeos. El presidente de este organismo, Martin Schulz, pidió antes de la última cumbre comunitaria, celebrada a finales de octubre, que se suspendieran los encuentros. Unos días antes, la Eurocámara había respaldado una resolución en la que advertía de que podría vetar el acuerdo por los numerosos episodios de espionaje atribuidos a Washington.

En este contexto, una delegación de técnicos de ambos bloques comerciales se reúne desde ayer y hasta el viernes en Bruselas para hablar de elementos tan aparentemente lejanos a ese debate como la forma de liberalizar la inversión y el comercio entre ambos lados del Atlántico. Esta segunda ronda de discusiones estaba prevista para la segunda semana de octubre, pero otro imprevisto —en este caso, el cierre de servicios públicos en Washington por la falta de acuerdo para ampliar el techo de deuda estadounidense— retrasó la misión.

Entretanto, los papeles del analista de la agencia de seguridad estadounidense Edward Snowden han revelado la interceptación con más trascendencia política para la UE: la que supuestamente ha afectado al móvil de la canciller alemana, Angela Merkel. El nerviosismo y la convicción de que la nueva regulación europea sobre protección de datos personales no estará lista en un futuro próximo llevaron a Alemania a plantearse incluir el intercambio de datos en la negociación comercial. "Nosotros no negociamos derechos fundamentales en un acuerdo comercial", rechazan de plano fuentes comunitarias ligadas al tratado.

Los servicios, la energía, las materias primas y las diferencias de regulación entre los dos bloques centran las conversaciones de esta semana. El debate se enfrenta también a los recelos de distintas ONG y organizaciones de consumidores, que temen que ese intento de homogeneizar los marcos regulatorios de los dos gigantes para fomentar los intercambios suponga rebajar el nivel de protección europea.

Por si las dificultades fueran escasas, un nuevo escollo irrumpió en el proceso el pasado viernes. Varios diarios publicaron que el comisario de Comercio, el belga Karel de Gucht, irá a juicio por un presunto fraude fiscal por el que las autoridades de su país le reclaman 900.000 euros. Aunque De Gucht no encabeza la negociación —lo hace el español Ignacio García Bercero, alto cargo de ese departamento—, el enredo tributario ensombrece la imagen de la delegación europea. Y aleja un tratado que se presenta clave para la recuperación en la UE.

Fuente: El País.

La UE elude blindarse ante el espionaje

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  • Los Veintiocho retrasan la aprobación de medidas que refuerzan la protección de la privacidad.
  • Pese a la indignación verbal por el espionaje, Berlín frena el proyecto.

Lucía Abellán Bruselas 30 OCT 2013 - 21:04 CET


A la izquierda, la sede de la UE en Bruselas. / V. MAYO (AP)


La UE tiene dificultades para traducir en acciones concretas la indignación que dicen sentir sus dirigentes ante el espionaje estadounidense. Los Estados miembros acaban de renunciar a uno de los compromisos que adquirieron nada más conocerse los primeros episodios de vigilancia electrónica: agilizar la reforma de las normas europeas de protección de datos como respuesta a esas revelaciones. Los reparos alemanes al proyecto, unidos al permanente bloqueo británico, han acabado por aplazar sine die una legislación que pretende reforzar el derecho de los ciudadanos a la privacidad y que debía estar lista antes de las elecciones europeas, en mayo de 2014.

La última cumbre de la UE evidenció la doble vara de medir que emplean los líderes políticos en este asunto. Por un lado, expresaron su “honda preocupación” por una vigilancia que supuestamente ha afectado a la propia canciller alemana, Angela Merkel. Pero, al mismo tiempo, han desplazado a 2015 la fecha límite para adoptar las nuevas reglas comunitarias de protección de datos. Y, por primera vez, Alemania y otros Estados renuncian a esgrimir esta herramienta como una respuesta política a las escuchas estadounidenses. Ese nuevo enfoque aleja definitivamente la posibilidad de contar con una regulación en los próximos meses.

Consciente de este giro político, la vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de Justicia, Viviane Reding, se rebela contra los recelos de los países e intenta convencer estos días en Washington a las autoridades estadounidenses de que los datos personales de los europeos “son un derecho fundamental no negociable”. Nuevas revelaciones periodísticas extraídas de los documentos de Edward Snowden evidenciaban ayer que muchas empresas han cooperado en esa vigilancia, lo que obligaría a Europa a armarse contra esas cesiones no autorizadas de datos por parte de las compañías.

“Los alemanes han puesto muchas objeciones. La Comisión les ha pedido reiteradamente que identificaran elementos concretos que les desagradaban del texto propuesto, pero no lo aclaran”, se quejan fuentes comunitarias. Más allá de cuestiones técnicas que disgustan a Alemania, la primera economía europea no concede ya utilidad a este instrumento como escudo frente a intromisiones en la privacidad. El Gobierno cree que existen otros foros (las negociaciones con Estados Unidos, los grupos de trabajo, la idea de recurrir a la ONU…) en los que resolver este conflicto. “Cualquier otra iniciativa es mejor que la regulación de protección de datos”, explican fuentes diplomáticas.

Aunque ninguna ley puede impedir el acceso de las agencias de inteligencia a las comunicaciones de los ciudadanos, como ha sucedido en el caso de la NSA (la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, por sus siglas en inglés), el refuerzo de la norma en medio de esta marea de espionaje habría enviado una fuerte señal política a Estados Unidos y una advertencia frente a futuros episodios de este tipo. La norma, según la propuesta que presentó la Comisión hace casi dos años, refuerza el consentimiento explícito que el usuario debe dar para que se procesen sus datos, obliga a las empresas a contar con un responsable que los gestione y establece, por primera vez, el derecho al olvido para personas o entidades cuya reputación se haya visto dañada en Internet.

La necesidad de acelerar esas medidas fue transmitida por Francia y Alemania, hace poco más de tres meses, en una carta que firmaron sus titulares de Interior y Justicia. Los ministros aseguraban que la interceptación de comunicaciones hacía más pertinente un nuevo marco de protección de datos y se comprometían a elaborarlo. Una promesa que ha quedado ahora enterrada.

Francia sigue siendo partidaria de acelerar los trabajos —y así lo defendió junto con Italia y Polonia en el último consejo europeo—, pero su postura se ha visto arrinconada frente a las reticencias alemanas y, por motivos muy distintos, de Reino Unido.

Otras fuentes diplomáticas argumentan que el texto nunca se concibió como respuesta a una vigilancia secreta y que la complejidad técnica que entraña justifica los retrasos. Como ejemplo, citan que la actual directiva, en vigor desde 1995, antes de que Internet revolucionara el tráfico de datos, tardó cinco años en cerrarse.

Las prácticas de espionaje son competencia de cada Estado y exceden el ámbito de la propuesta europea de protección de datos, más centrada en la gestión que hacen las empresas de la información de los usuarios y, por otro lado, en el uso que hacen policía y jueces de los datos de los ciudadanos. Pero ayer se conoció que la interceptación de datos en Alemania se apoyó al menos en 90 empresas norteamericanas para lograrlo, según el semanario alemán Stern. Y el diario The Washington Post divulgó que la NSA ha accedido a los enlaces que conectaban los centros de datos de gigantes como Yahoo y Google en el mundo para captar sus datos.

Es en esa necesaria colaboración empresarial para acceder a las comunicaciones de forma indiscriminada donde encaja la norma europea. La Eurocámara, que ya ha aprobado su propuesta, ha introducido un elemento clave que la Comisión Europea eliminó de los borradores iniciales. Se trata de una cláusula que establece que cualquier cesión de datos de ciudadanos europeos a terceros países debe contar con una autorización previa del regulador nacional de protección de datos, así como un aviso al propio interesado cuyos datos se soliciten.

Más allá del marco excepcional en el que trabajan los servicios de inteligencia, esa cláusula dificulta la cooperación empresarial en estas prácticas. Porque además se arriesgan a recibir multas de hasta el 5% de su facturación anual si incumplen las normas. Hay que recordar, además, que el germen de estos episodios fue el programa Prisma, que permitía a las autoridades estadounidenses acceder por una puerta trasera a datos en poder de gigantes tecnológicos.

En el terreno más concreto, Berlín teme el perjuicio que la norma puede crear en las pequeñas empresas, obligadas a gestionar los datos de sus clientes. Sin embargo, la Eurocámara, con un abanico de opciones políticas, ha podido pactar un texto al que se habían presentado un récord de casi 4.000 enmiendas. Un trabajo que ahora quedará postergado hasta que decidan los Estados.

Fuente: El País.

Alemania y Francia reclaman explicaciones a EEUU

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  Hollande y Merkel, este jueves en Bruselas.

  • Ambos países iniciarán encuentros bilaterales antes de que acabe el año.
  • Reclaman una colaboración más estrecha de sus servicios de inteligencia.

Hollande y Merkel, este jueves en Bruselas. Efe

JAVIER G. GALLEGO Corresponsal Bruselas

Alemania y Francia mantendrán reuniones bilaterales con la Administración estadounidense "antes de que acabe el aeño" para pedir explicaciones por el escándalo de espionaje, que durante los últimos años se habría llevado a cabo sobre al menos 35 líderes mundiales, entre ellos la canciller germana, Angela Merkel.

En un documento improvisado en la reunión, los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintiocho respaldan la iniciativa liderada por estos dos países y se invita al resto de países a sumarse voluntariamente. El texto, según ha leído el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, en una rueda de prensa posterior, subraya que la relación entre ambos bloques "debe estar basada en el respeto y la confianza, incluyendo los servicios secretos".

Las conversaciones comenzarán antes de que acabe el año y en ellas tanto Alemania como Francia pedirán explicaciones a la Administración Obama por los casos de espionaje. El objetivo es "establecer un nuevo marco de colaboración común entre los respectivos servicios de inteligencia".

La canciller alemana ha reconocido su preocupación por este incidente aunque ha asegurado que en ningún momento se ha debatido la posibilidad de cancelar las negociaciones que la UE mantiene en estos momentos con EEUU para establecer un Tratado de Comercio.

'Respeto y confianza'
Por su parte, Van Rompuy ha destacado que "la relación cercana de la UE y Estados Unidos y el valor de su asociación" y ha recordado que ésta está basada "en el respeto y la confianza". "El trabajo conjunto de los servicios de Inteligencia es necesario para luchar contra el terrorismo, pero una falta de confianza dificultará la cooperación necesaria", ha concluido.

El presidente del Consejo Europeo dijo también de que los Veintiocho han tomado nota de la iniciativa de Francia y Alemania para negociar directamente con Washington y señaló también que los líderes subrayaron "la cercana relación entre la Unión Europea y Estados Unidos, y el valor de esa asociación", que consideraron debe de "estar basada en el respeto y la confianza".

El político belga añadió que la cooperación de los servicios secretos "es vital para luchar contra terrorismo" y consideró que una falta de confianza "podría prejuzgar" esa necesaria cooperación.

Fuente: El Mundo.

EE UU presiona en la sombra para frenar la normativa de privacidad europea

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  • La presión estadounidense empantana la norma de protección de datos europea

Lucía Abellán Bruselas 21 JUL 2013 - 17:35 CET


Un hombre consulta su ordenador sobre un fondo del código binario. / KACPER PEMPEL (REUTERS)

La Unión Europea y Estados Unidos libran una batalla incruenta por el control de la privacidad. Conscientes de que el manejo de datos personales constituye la mayor fuente de riqueza y poder en estos días, autoridades y empresas estadounidenses llevan casi dos años presionando contra la regulación europea de protección de datos. El proceso, la mayor campaña de lobby que se recuerda en Bruselas, ha cobrado una nueva dimensión tras conocerse que, además de intentar persuadirlos, EE UU ha espiado a sus socios europeos. Una afrenta a la que Europa ha respondido tímidamente. EL PAÍS reconstruye las presiones secretas ejercidas y revela la capacidad de influencia sobre un dossier que, pese a considerarse prioritario, corre el riesgo de no ver la luz en esta legislatura europea.

EE UU decidió apostar fuerte ante los primeros indicios de que la nueva regulación europea de protección de datos podía dañar sus intereses. A finales de 2011, poco después de que la Dirección General de Justicia remitiera un borrador al resto de departamentos de la Comisión Europea, el texto llegó misteriosamente a manos del Gobierno estadounidense. En apenas unos días inundaron los despachos de la Comisión con una detallada respuesta a ese intento por proteger la privacidad de los ciudadanos europeos.

“Se espera que estos comentarios les sean útiles cuando consideren la revisión de la directiva europea de protección de datos. Gracias por tenerlos en cuenta”. Esta impersonal pero persuasiva frase pone fin a la carta reservada de nueve folios que la Comisión Federal de Comercio, el organismo estadounidense que vela por la competencia y los derechos del consumidor, hizo circular en los despachos de los directores generales de la Comisión en diciembre de 2011. Faltaba un mes para que el Ejecutivo comunitario anunciara su propuesta y los representantes estadounidenses decidieron trasladar sus cuitas a sabiendas de que los número dos de los comisarios debían pronunciarse en el plazo de 15 días. Conscientes de que el tono empleado excedía los usos oficiales, la misiva —bajo el nombre de “nota informal”— se presentó sin membrete oficial.

Pese al anonimato, el texto no pasó desapercibido. Las opiniones comunitarias recogían en buena medida la inquietud estadounidense, según los documentos a los que ha tenido acceso este diario. Algunos de los departamentos más relevantes (Competencia, Interior, Fiscalidad, Mercado Interior, Comercio y la Oficina contra el Fraude, entre otras) emitieron valoraciones negativas, centradas en la idea de que la nueva regulación entorpecería los intercambios entre Europa y otros países.

Convencido de que esas objeciones favorecían los cambios en el texto definitivo, EE UU contraatacó en enero con otra carta reservada de 15 folios, esta vez emitida por la Embajada estadounidense ante la UE (también sin membrete). “Hemos oído informaciones de que, tras el proceso de interconsultas, [el borrador] puede experimentar una revisión más amplia antes de ser adoptado. Saludaríamos la revisión más amplia y las consultas”, reza, sin ambages, el documento.

La gestación del paquete de protección de datos es la historia de una presión soterrada que ha revolucionado los usos habituales del lobby en Bruselas. Con más o menos matices, la veintena de voces que han accedido a participar en este reportaje —la mayoría con exigencia de anonimato— admiten que las grandes firmas estadounidenses (Google, Microsoft, Facebook, etcétera) maniobran para que la norma europea no cercene su principal negocio: nutrirse de los datos de quienes navegan y explotarlos con fines comerciales. Junto a ellas, la Embajada estadounidense ante la UE y la Cámara de Comercio han llamado a todas las puertas comunitarias para defender sus intereses. Ambas han declinado hablar con este diario.

El resultado de este asedio fue que la propuesta final de la vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de Justicia, Viviane Reding, suavizaba algunos elementos controvertidos. Más allá de los cambios, la verdadera victoria de EE UU es haber logrado neutralizar hasta el ridículo la indignación europea que emergió al conocerse en junio que el Ejecutivo de Obama había espiado a empresas y ciudadanos extranjeros (entre ellos europeos), así como el corazón mismo de Bruselas y de algunos Estados miembros. La Comisión se arredró y precisamente hoy, un mes después de lo ocurrido, arranca en Bruselas una ronda formal entre los dos bloques para aclararlo.

Las pocas respuestas contundentes que se abrieron paso, como la amenaza francesa de paralizar el acuerdo de libre comercio que negocian ambas potencias, se vieron superadas por la realidad. Varios países, entre ellos la propia Francia, decidieron cerrar su espacio aéreo al avión del presidente de Bolivia, Evo Morales, ante la sospecha de que el gran revelador del espionaje, Edward Snowden, viajaba dentro. La voz de alarma resultó falsa y los países tuvieron que disculparse.

“La Embajada estadounidense en Bruselas es muy activa, canaliza muchos intereses comerciales”, asegura un alto cargo de la UE. Otra fuente europea recuerda que el embajador, William Kennard, proclamó el dossier de protección de datos como su prioridad número uno. “No es muy diferente de lo que los diplomáticos europeos hacen en Washington cuando hay una legislación que afecta a Europa. Hablan con miembros del Congreso y de la Administración. Eso es lo que hacen los diplomáticos y es algo bueno”, se defiende Kennard en un comunicado enviado por sus responsables de prensa.

Más allá de las misivas, lo que la diplomacia estadounidense considera habitual incluye, en este caso, otros contactos (llamadas directas a miembros de la Comisión o desayunos organizados en la Embajada estadounidense), según fuentes implicadas en el proceso. La mayoría no dejan rastro, pues el personal de la Comisión no tiene obligación —como sí tienen los europarlamentarios— de consignar con quién se reúne.

Pasada la primera criba del Ejecutivo comunitario, a principios de año, el lobby se desplazó hacia el Parlamento y los Estados miembros, que deben pactar ahora un texto común. En la Eurocámara la presión se vuelve más transparente porque las enmiendas de los diputados son públicas.

El responsable del informe sobre la regulación de protección de datos, Jan Philipp Albrecht, detalla las sutiles estrategias del lobby: contactan con los eurodiputados (o con sus asistentes), los invitan a desayunos, almuerzos de trabajo o jornadas informativas donde expresan sus puntos de vista sobre la regulación. Este eurodiputado asegura haber recibido a unas 200 personas en el último año, entre empresas, despachos de abogados y otros representantes. “Apple, Amazon… toda la industria es muy activa”, asegura. Albrecht lamenta que ese sector se haga oír mucho más que los consumidores. Otra fuente europea asegura haber recibido quejas de la industria por las trabas que la regulación impone a trazar perfiles del consumidor con fines publicitarios.

La huella corporativa se detecta fácilmente en la página web de Lobbyplag, un proyecto independiente que reclama transparencia en este proceso. La organización aporta las propuestas de enmiendas presentadas por 43 organizaciones (Amazon, Facebook, Microsoft, la Federación Europea de Banca y hasta Telefónica) a los eurodiputados. Y compara esos textos con las enmiendas finalmente introducidas. Hay casi 200 coincidencias probadas. No es casualidad que el reglamento de protección de datos haya cosechado un récord de enmiendas en la Eurocámara: 4.000.

Los dos únicos españoles que aparecen en la lista son Antonio López-Istúriz y Pilar del Castillo, ambos del Partido Popular Europeo. López-Istúriz, algunas de cuyas enmiendas coinciden con las de la Federación Europea de Banca o la empresa Ebay, niega haberse reunido con nadie de la industria —“se puede comprobar en los registros”— y asegura que las propuestas que ha recibido proceden de la Embajada española ante la UE. “Estamos aquí para defender los intereses españoles”, argumenta.

Menos evidentes —y probablemente más eficaces— resultan otras influencias. La baronesa Sarah Ludford, representante británica del grupo de los liberales, almorzó a mediados de junio en Estrasburgo con el embajador estadounidense William Kennard. “No fue un encuentro secreto, sino un almuerzo informal y amistoso que me ofreció como despedida [Kennard ha dejado Bruselas]”, se defiende Ludford, a la que muchos de sus compañeros atribuyen dilaciones en el proceso y recelos con esta legislación. La baronesa admite los retrasos, pero los atribuye a que no existe “un buen clima de confianza entre los grupos políticos”.

El resultado es que, 18 meses después de que Reding hiciera público su plan, la norma de protección de datos está lejos de ver la luz. Cada institución responsabiliza a las demás, con un sorprendente doble discurso. Al final, la victoria del lobby puede traducirse en la inacción: si el Consejo y el Parlamento no se apresuran, la normativa quedará pospuesta hasta después de las elecciones europeas, en mayo de 2014.

 
Retratos perfectos
 
L. A.

Una foto de trabajo, un vídeo personal, los detalles de una transferencia bancaria o los resultados de un examen médico. Bajo el epígrafe datos, la norma europea que se gesta desde hace casi dos años abarca un conjunto amplísimo de información de los ciudadanos. El fenómeno de Internet ha convertido esa masa ingente de datos en algo fácilmente accesible y almacenable, un cambio radical en el tratamiento de los datos.

El beneficio que obtienen empresas y poderes públicos de ese acceso es directamente proporcional al riesgo que entraña para los ciudadanos. Las empresas desean explotar esa información para sacarle el máximo rendimiento publicitario y vender a cada usuario lo que más se ajusta a sus intereses. Para las fuerzas de seguridad, resulta ventajoso disponer de detalles clave (páginas web visitadas, viajes en avión, aficiones, etcétera) que les permitan retratar a los ciudadanos. Y estos pueden ver, sin saberlo, su intimidad comprometida.

La disparidad de fuentes y colectivos afectados por esta norma europea explica en buena medida el lobby tan intenso ejercido sobre ella. Como ejemplo de la diversidad baste citar a la Comisión de Episcopados de la Comunidad Europea como una de las entidades que presentó propuestas de enmiendas a los eurodiputados.

Las claves de la nueva regulación

L. A.
  • Ciberespacio. El paquete europeo de protección de datos pretende adaptar a la era de Internet la actual directiva, vigente desde 1995.
  • Dos piezas. Consta de dos partes, un reglamento para las empresas y una directiva que regula el tratamiento de datos en el sector público (organismos, fuerzas de seguridad...). La diferencia es que el reglamento se aplica directamente, mientras la directiva requiere trasposición (y, por tanto, más margen de maniobra en su interpretación).
  • Consentimiento. El reglamento limita mucho el acceso que tienen las empresas a los datos personales y refuerza el consentimiento que debe dar el usuario para que esos datos sean tratados con fines comerciales.
  • Sanciones. Las empresas que incumplan las normas deberán hacer frente a multas que pueden alcanzar hasta el 2% de la facturación anual.
  • Menos burocracia. Se establecerá un conjunto único de normas que supondrá un ahorro de 2.300 millones de euros anuales para las empresas, según cálculos de la Comisión.
  • Derecho al olvido. Bruselas se propone regular este novedoso derecho de forma que los usuarios puedan eliminar el rastro de informaciones que consideren lesivas o difamatorias.

Fuente: El País.

Merkel pide leyes más duras en la UE contra el espionaje en Internet

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  • El Gobierno espera la llegada de documentos sobre el alcance del espionaje en suelo alemán

Juan Gómez Berlín 15 JUL 2013 - 19:24 CET

 

La canciller alemana Angela Merkel ha asegurado este lunes que el esclarecimiento del escándalo de espionaje a Alemania y al resto de Europa por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense "aún está en sus comienzos" y tendrá que "prolongarse". Su portavoz Steffen Seibert ha demandado "un compromiso de Estados Unidos para que sus servicios secretos se atengan a la legislación alemana" de protección de datos. Merkel lo había pedido ya en ocasiones anteriores, lo cual permite inferir que Washington no se ha comprometido por ahora. El Gobierno alemán espera la llegada de documentos sobre el alcance de los programas de espionaje en suelo alemán. El domingo por la tarde, la canciller propuso que Europa armonice y endurezca sus leyes de privacidad y protección de los usuarios de internet, para evitar que una empresa estadounidense como Facebook, que tiene su sede europea en Irlanda, ignore impunemente las leyes de otros países.

La Oposición de socialdemócratas y Verdes acusa a Merkel de "hipocresía", después de que el diario conservador Bild informara de la connivencia del servicio de espionaje exterior alemán (BND) con la NSA y sus actividades en Europa. Según informa el rotativo citando fuentes de Washington, el BND "está informado desde hace mucho" sobre la amplitud del fisgoneo estadounidense en las comunicaciones europeas. Tanto Los Verdes como el partido La Izquierda (Die Linke) han solicitado este lunes una comisión parlamentaria de investigación que aclare hasta dónde han colaborado el BND y la NSA en el espionaje de ciudadanos, instituciones y empresas alemanas. La ministra de Consumo, Ilse Aigner (CSU), denunció el domingo que la NSA llegó a escuchar a personas de "círculos del Gobierno". Merkel aseguró ese mismo día que a ella no le "consta haber sido espiada".

El ministro de Interior, el socialcristiano bávaro Hans-Peter Friedrich (CSU), dijo la semana pasada durante una visita a Washington que la NSA solo "indaga selectivamente contenidos sobre terrorismo, criminalidad organizada o tráfico de armas". Ocultaba el ministro, de acuerdo con estas informaciones, que la NSA guarda indefinidamente los datos de conexión de todas las comunicaciones por internet efectuadas fuera de Estados Unidos. También almacenan durante seis meses buena parte de sus contenidos. El BND ha "recurrido en diversas ocasiones" a la NSA para esclarecer secuestros de alemanes en varias partes del mundo.

A dos meses de las elecciones generales, la estrategia del Gobierno alemán es presentarse como sorprendidos por las revelaciones del exempleado de la NSA Edward Snowden, que ha explicado con detalle y presentando documentos que Estados Unidos espía las comunicaciones mundiales a gran escala. Alemania es, según los documentos presentados por Snowden al semanario de Hamburgo Der Spiegel, uno de los objetivos prioritarios de la red de escuchas y control informático de la NSA y los servicios secretos británicos. El responsable de estas y otras filtraciones sobre la NSA sigue refugiado en la zona de tránsito del aeropuerto de Moscú. Washington pide su extradición.

Fuente: El País.

Obama accede a explicar a Alemania sus programas de vigilancia

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  • El presidente de EE UU reafirma a Merkel por teléfono la importancia de mantener la cooperación en materia de inteligencia

Eva Saiz Washington 4 JUL 2013 - 03:06 CET

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de EE UU, Barack Obama. / REUTERS

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y la canciller alemana, Angela Merkel, han acordado celebrar encuentros de alto nivel para abordar los programas de vigilancia del Gobierno estadounidense y abrir un diálogo más amplio con la Unión Europea para tratar otros asuntos de inteligencia y protección de datos. En una conversación telefónica, Obama ha procurado apaciguar los recelos manifestados por su homóloga alemana sobre el espionaje al que Washington habría sometido a las Embajadas de la UE y ha subrayado la importancia de la colaboración en materia de seguridad.

“El presidente ha asegurado a la canciller que EE UU se toma muy en serio las preocupaciones de sus aliados y socios europeos”, ha señalado la Casa Blanca en un comunicado sobre la conversación telefónica mantenida por los dos líderes. Ambos han tratado sobre los recientes artículos sobre las actividades de vigilancia atribuidas a la Agencia de Seguridad Nacional de EE UU". La Unión Europea ha pedido a la Administración Obama explicaciones sobre la información publicada este fin de semana en el diario Der Spiegel en la que se aseguraba que Washington había sometido a vigilancia las Embajadas de los Estados miembros en Washington. El reportaje citaba como fuente la documentación filtrada por Edward Snowden. Merkel fue muy crítica al respecto y describió esas prácticas como propias de la guerra fría y aseguró que, de ser ciertas, supondrían una brecha en la confianza con EE UU.

Durante la conversación telefónica, que se ha producido apenas dos semanas después de la visita oficial de Obama a Berlín, el presidente de EE UU ha tratado de desactivar cualquier tipo de susceptibilidad al respecto y reafirmar el vínculo entre ambos Estados. “Los dos líderes han reafirmado la importancia de continuar la estrecha colaboración entre nuestros respectivos servicios de inteligencia para luchar contra el terrorismo y otras amenazas a la seguridad de nuestros países y la de nuestros aliados”, dice el comunicado de la Casa Blanca.

Fruto de ese buen entendimiento son los dos acuerdos de cooperación a los que han llegado durante la conversación. “Ambos líderes han acordado mantener reuniones de alto nivel entre responsables de seguridad nacional en los próximos días para discutir estos asuntos en detalle”, señala el comunicado de la Casa Blanca. “También esperan iniciar un diálogo entre EE UU y los Estados miembros sobre la recopilación y tratamiento de la inteligencia y sobre cuestiones sobre la privacidad y la protección de datos, tal y como propuso el Fiscal General, el próximo 8 de julio”.

El presidente de EE UU trató de minimizar la información sobre el espionaje a las Embajadas de la UE, asegurando en una rueda de prensa celebrada el pasado lunes en Tanzania, que “todos los Estados recopilan información sobre lo que ocurría en todas las capitales del mundo. Si no fuera así, los servicios de inteligencia no tendrían ningún sentido”. Las explicaciones no convencieron al presidente francés, François Hollande, que insinuó que las negociaciones sobre el acuerdo de libre comercio entre EE UU y la UE que iban a comenzar a desarrollarse en Washington la semana que viene debían posponerse por ese escándalo.

Finalmente, sí tendrán lugar conforme a lo previsto, al menos por lo que se deduce de la conversación entre Obama y Merkel. “Los mandatarios han reiterado su apoyo al inicio de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio y han dado la bienvenida al inicio de la primera ronda de discusiones”, señala la Casa Blanca.

Fuente: El País.

El espionaje masivo incluye a los amigos

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  • Reino Unido se ampara en una ley de 1994 para pinchar comunicaciones de sus socios en el G-20

Walter Oppenheimer Londres 17 JUN 2013 - 21:04 CET

 
Ahmet Dovutoglu, ministro de Exteriores turco. / ADEM ALTAN (AFP)


Las revelaciones de los últimos días sobre la guerra sucia del espionaje de EE UU y Reino Unido están poniendo en jaque al mundo diplomático. China se ha visto obligada a aclarar que Edward Snowden, el hombre que ha desatado la caja de los truenos con sus revelaciones, no trabaja para ellos por mucho que se haya refugiado en Hong Kong. Turquía, espiada en las reuniones del G-20 en Londres en 2009 habla de “escándalo”. Suráfrica y Rusia callan pero un poderoso diputado ruso también habla de escándalo. Y los países de la Commonwealth también estaban en el menú de los insaciables espías británicos en la cumbre que celebraron también en 2009 en Trinidad y Tobago.

Y, sin embargo, pese a toda esta ensalada de conflictos más o menos latentes, espiar a diplomáticos extranjeros es perfectamente legal en Reino Unido: lo ampara una ley aprobada por los conservadores británicos en 1994 que pone el interés económico nacional por encima de la cortesía diplomática. Y el espionaje se practica sin distinguir demasiado entre amigos o enemigos. Los únicos que se salvan, aparentemente, son los países anglosajones con los que los británicos trabajan más de cerca para saber lo que pasa en el mundo.

Turquía se supone que es una firma aliado británico, pero eso no ha evitado que su ministro de Finanzas y una quincena de sus colaboradores fueran espiados en las reuniones del G-20 que se celebraron en Londres en 2009, año en el que Reino Unido ocupaba la presidencia del grupo. El Ministerio de Exteriores ha pedido explicaciones al embajador británico en Ankara, aunque no ha llegado hasta el extremo de convocarle para presentar una protesta.

El primer ministro británico, David Cameron no ha querido hacer comentarios sobre esas informaciones, publicadas el domingo por la noche por el diario The Guardian a partir de documentos obtenidos a través de Snowden, el exempleado subcontratado por la CIA que huyó a Hong Kong para denunciar las prácticas del espionaje de EE UU a través de grandes firmas de Internet y cómo los servicios secretos británicos han utilizado el programa estadounidense Prisma con el que Washington espía a ciudadanos no estadounidenses.

Según The Guardian, los británicos pincharon los móviles y los ordenadores de varias delegaciones, incluidas las de Turquía y Suráfrica, durante varias cumbres del G-20. También asegura que los servicios secretos estadounidenses llegaron a interceptar llamadas del entonces presidente ruso, Dimitri Medvedev, aunque no llegaron a descifrar el código con el que los rusos las protegían.

Aunque en aquellos momentos el primer ministro británico era el laborista Gordon Brown, las revelaciones son especialmente molestas para su sucesor, el conservador David Cameron, porque coinciden con la celebración este lunes y martes de una cumbre de jefes de Estado o de Gobierno de los países del G-8 en Irlanda del Norte. Se da la circunstancia de que Cameron se reunió el domingo con el presidente ruso, Vladímir Putin, apenas horas antes de que se conociera el espionaje a su antecesor.

Rusia, cuyas relaciones tanto con EE UU como Gran Bretaña no pasan por un buen momento debido al conflicto de Siria o a problemas bilaterales como el asesinato en Londres del exagente secreto Alexander Litvinenko, ha reaccionado con mucha prudencia. Quizás porque la propia Rusia no debe estar libre de pecado en cuestiones de espionaje, el Gobierno no ha querido hacer comentarios. Pero el presidente de la comisión de Exteriores de la cámara baja del parlamento ruso, Alexey Pushkov, dijo: “¡Escándalo! En 2009 en el G-20, los servicios especiales de EE UU y Reino Unido escucharon las llamadas telefónicas de Medvedev. EE UU lo niega, pero quién les puede creer. Esto es un completo fraude”.

En Ankara la reacción ha sido oficial, quizás porque el caso coincide con los disturbios de Estambul y los intentos del Gobierno turco de achacarlos a una conspiración extranjera auspiciada por medios como la televisión pública británica, la BBC. El Ministerio de Exteriores ha hecho público un comunicado en el que dice que las informaciones de The Guardian “son alarmantes”.

“Si hay aunque sea solo una brizna de verdad en todas esas informaciones, constituirían sin duda un escándalo, en primer lugar para el país afectado”. “En un entorno en el que la mutua confianza, respeto y transparencia deberían ser esenciales para la cooperación internacional, un acto semejante llevado a cabo por un aliado sería inaceptable si esas informaciones son ciertas”, continúa el comunicado. “Esperamos que las autoridades británicas presenten una explicación oficial y satisfactoria. De hecho, se han puesto en marcha las oportunas iniciativas diplomáticas en ese sentido”, concluye el texto.

Según The Guardian, los servicios secretos británicos tenían también planes para espiar en la cumbre de países de la Commonwealth que se celebró en Trinidad y Tobago en 2009. El diario ha tenido acceso a un memorando de una página secreta de la Intranet que el cuartel general de escuchas británico, el GCHQ, comparte con la agencia de seguridad nacional estadounidense, la NSA. Entre los listados que aparecen respecto a esa cumbre figuran frases como “Inteligencia para informar a altos UK Bi-lats”, “Inteligencia sobre las opiniones de Suráfrica sobre Zimbabue antes de la reunión Brown/Zuma” o "Informe cambio climático”.

China ha entrado por primera vez en escena. Y lo ha hecho para aclarar que Edward Snowden no es un espía de ellos. Lo ha dicho la portavoz del ministerio de Exteriores, que aseguró ante la prensa que esas especulaciones “no tienen ninguna base”. Desde Hong Kong, en una entrevista digital a través de la web de The Guardian, Snowden ha afirmado que esos rumores son interesados y forman parte de una campaña que ya se esperaba. Y subraya que si realmente fuera un espía chino se habría ido directamente a la República Popular en lugar de buscar refugio en Hong Kong.

Fuente: El País.

La UE advierte a EEUU: 'La privacidad de los ciudadanos no es negociable'

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Javier G. Gallego (Corresponsal) | Bruselas

La vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de Justicia, Viviane Reding, ha advertido al fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, de que "los derechos fundamentales de los europeos no son negociables". Además, le ha recordado que, incluso cuando se trata de asuntos de Seguridad Nacional, "un ciudadano europeo puede ir a la Justicia comunitaria si siente que sus derechos de privacidad han sido violados".



Viviane Reding. | Reuters

Reding y Holder han mantenido la primera reunión a alto nivel entre la UE y EEUU tras conocerse el programa de espionaje de la inteligencia norteamericana sobre ciudadanos europeos. "He obtenido respuestas y garantías sobre algunas cuestiones y considero éste el primer paso del inicio del diálogo", ha valorado Reding en una rueda de prensa.

Entre las cuestiones que han quedado "aclaradas" está la garantía de Estados Unidos de que el espionaje se ha llevado a cabo sobre grupos e individuos, pero no sobre la mayoría de la población. "Son importantes las explicaciones que nos ha dado respecto a la necesaria existencia de una orden judicial para investigar de cerca a una persona si hay sospechas fundadas de que representa una amenaza para la seguridad", ha destacado la comisaria.

El fiscal general estadounidense también ha recordado que "el programa no permite al gobierno acceder al contenido de llamadas telefónicas", sino acceder al registro de números marcados para saber con quién establece contacto un sospechoso.

No obstante, aún quedan algunas cuestiones abiertas, especialmente sobre aspectos técnicos del programa. La UE y EEUU han acordado crear un grupo de trabajo que resuelva estos asuntos y Estados Unidos enviará expertos en inteligencia para clarificarlos.

"Para la UE es esencial la protección de los derechos básicos, incluso si es un asunto de seguridad nacional. Aquí la confianza mutua juega un papel decisivo", ha destacado Reding. El fiscal general estadounidense ha admitido que la de hoy ha sido "una discusión honesta" sobre cómo combinar ambos asuntos.

La reunión mantenida en Dublín ha estado moderada por el ministro de Justicia irlandés, Alan Shatter, quien ha advertido del peligro de que la vigilancia antiterrorista acabe convirtiendo a la UE en un "Gran Hermano". "Todos estos asuntos nos preocupan mucho a los europeos, debe haber una confianza plena", ha pedido Shatter.

Fuente: El Mundo.

La Unión Europea teme por la privacidad de sus datos

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  • La Comisión pedirá explicaciones a EE UU sobre el espionaje
  • Los países negocian desde hace meses cómo cerrar las lagunas de privacidad

Lucía Abellán Bruselas 11 JUN 2013 - 21:22 CET



La comisaria europea de Justicia, Viviane Reding. / NICOLAS BOUVY (EFE)

El espionaje informático en Estados Unidos ha colocado en primer plano un problema que inquieta a Europa desde hace meses: la desprotección de los datos personales. Apenas unas horas más de conversación les faltaron a los ministros europeos de Justicia del pasado jueves para que la revelación del programa estadounidense centrara la reunión en la que los mandatarios trataban de reforzar las normas comunitarias de protección de datos. La Comisión Europea constató con pesar que hay Estados dispuestos a bloquear esa regulación poco antes de que The Guardian revelara con sus informaciones la urgencia de pactar ese nuevo marco.

Las normas comunitarias sobre esta materia datan de 1995. Pese a figurar todavía entre las más garantistas del mundo, la irrupción de Internet en la vida diaria de los europeos —y especialmente la llegada de las redes sociales— ha convertido en obsoleta la regulación. El Ejecutivo comunitario lanzó hace ya año y medio una propuesta para restringir el acceso que compañías y poderes públicos tienen a datos sensibles de los usuarios y regular cuestiones tan novedosas como el derecho al olvido.

Desde entonces, los Estados miembros se resisten a ponerse de acuerdo en elementos fundamentales de la regulación. Pero la irrupción del espionaje estadounidense ha desatado el nerviosismo de algunos miembros de la Comisión Europea. “Este caso demuestra que un marco legal para la protección de datos personales no es un lujo, sino un derecho fundamental. Ya es hora de que el Consejo Europeo demuestre que puede actuar rápidamente para reforzar los derechos de los ciudadanos”, reclamó la vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de Justicia, Viviane Reding, tras conocerse el espionaje.

A la hora de evaluar el grado de desprotección de los ciudadanos en la red, tan importante resulta la regulación europea como la que detalla los intercambios de datos entre Europa y Estados Unidos. Ninguna de las dos acaba de concretarse. Pero el escándalo de la vigilancia ha llegado a tiempo para centrar la reunión que mantendrán a partir del miércoles en Dublín los responsables europeos con las autoridades estadounidenses. La casualidad ha querido que este encuentro anual se dedique en esta ocasión a la protección de datos.

Reding tendrá la oportunidad de preguntar a Estados Unidos los detalles del espionaje, a cuántos europeos ha afectado y cómo piensa garantizar la seguridad de las comunicaciones, según explica una portavoz de la comisaria. La preocupación no es nueva. La Unión Europea entrega ya numerosos datos de sus ciudadanos a Estados Unidos (de los pasajeros aéreos, de las transferencias bancarias...), pero no tiene garantías de que el tratamiento de esos datos respete los estándares europeos. Por eso la comisaria de Justicia explora desde 2011 un acuerdo de protección de datos vinculado a la cooperación policial y judicial. Porque en la práctica, por muchas regulaciones que se aprueben al respecto, tanto los poderes públicos como los privados tienen acceso a información clave del ciudadano que puede ser utilizada en su contra.

Varios elementos bloquean desde hace tiempo esa colaboración entre las dos potencias. Entre ellos, que un ciudadano estadounidense que considere violada su privacidad puede reclamar ante las autoridades europeas, mientras un europeo no puede hacer lo mismo frente la administración estadounidense. La Comisión quiere, además, clarificar si esos intercambios implicarían una cesión indiscriminada de datos o se trataría de peticiones cuando existan “sospechas concretas”, explican fuentes comunitarias. “Cuando un ciudadano europeo manda mensajes o llama por teléfono a alguien en Estados Unidos no espera que sus datos personales sean interceptados o transmitidos a terceras personas”, describen.

Otras fuentes comunitarias consideran que las posibilidades de aproximación en este acuerdo de intercambio de datos son ahora más limitadas que antes de conocerse la revelación del cerco a las comunicaciones privadas. Aunque algunos Estados miembros son menos beligerantes en este terreno, la mayoría recela del uso que Estados Unidos pueda dar a esas bases de datos, mucho más ahora. La propia canciller alemana, Angela Merkel, aprovechará la cita que mantendrá con el presidente estadounidense, Barack Obama, el próximo 18 de junio para pedirle explicaciones sobre este caso.

El control de las comunicaciones indigna especialmente al Parlamento Europeo, muy celoso de la privacidad de los ciudadanos. “¿Cómo podemos hablar de relación especial entre la Unión Europea y Estados Unidos cuando Obama dice explícitamente que solo han espiado a extranjeros?”, se pregunta la diputada holandesa liberal Sophie in 't Veld, gran defensora de las libertades civiles.

Fuente: El País.

La CE pedirá explicaciones a EEUU por el espionaje a ciudadanos europeos

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Europa Press | Bruselas

La Comisión Europea mantiene su "preocupación" por el programa secreto de Estados Unidos de recogida de datos de ciudadanos extranjeros a través de empresas de Internet como Google o Facebook, por lo que pedirá explicaciones a las autoridades de este país el próximo jueves, en el marco de un encuentro bilateral en Dublín.

"La Comisión se preocupa por las posibles consecuencias en la vida privada de los ciudadanos de la Unión Europea e intentará obtener más información y detalles de las autoridades americanas sobre ello", ha dicho en rueda de prensa la portavoz comunitaria de Justicia, Mina Andreeva.

La portavoz ha asegurado que la preocupación por la protección de los derechos de los europeos en sus relaciones con Estados Unidos es un asunto que Bruselas aborda "sistemáticamente" en su diálogo con las autoridades estadounidenses, y que volverá a hacerlo a finales de esta semana en la reunión ministerial UE-EEUU que albergará Irlanda, como presidencia de turno de la UE.

Andreeva ha insistido en que este asunto "no es una novedad" en los contactos entre las dos partes y que será planteado de nuevo en Dublín por la vicepresidenta de la Comisión y responsable de Justicia, Viviane Reding, y por la comisaria de Interior, Cecilia Malmström. "Esta cuestión se tratará ahí una vez más", ha recalcado la portavoz.

Con todo, Andreeva ha advertido de que la seguridad nacional es competencia plena de los Estados miembros y que por ello Bruselas no puede incluirlo en la regulación sobre protección de datos.

"Cuando se trata de los derechos de un ciudadano europeo en un Estado miembro, corresponde a los jueces nacionales decidir si los datos pueden ser legalmente transferidos, en conformidad a las exigencias legales, ya sean nacionales, europeas o internacionales", ha explicado.

Fuente: El Mundo.