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Los europeos creen que lo peor de la crisis está por llegar

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  • Los españoles son los más escépticos con las reformas, según una encuesta europea realizada para EL PAÍS y otros grandes diarios europeos. 
  • Un 76% cree que tendrán repercusiones negativas

Lucía Abellán Bruselas 6 MAY 2013 - 12:31 CET








Tres de cada cuatro europeos cree que la crisis empeorará el próximo año. Ajenos al mensaje oficial de que las economías comenzarán a crecer con claridad el año próximo, los ciudadanos aún creen que lo peor está por llegar, según una encuesta europea realizada en abril por Ipsos y Publicis para EL PAÍS y otros grandes diarios europeos. A la cabeza del pesimismo están los franceses (73%) y, paradójicamente, los españoles aparecen como los más optimistas: un 40% de los encuestados cree que en un año la situación mejorará.

Dentro del 75% de media que teme por un empeoramiento de la situación, los matices son importantes. Del total de encuestados, la mayoría (el 55%) cree que los problemas irán a algo peor, pero un preocupante 20% está convencido de que todo irá a mucho peor. Apenas un 2% piensa que las dificultades pueden acabar el año que viene.

Tras el pesimismo francés se sitúa el italiano y el británico (un 76% de sus encuestados señala que aún cabe esperar un empeoramiento). Ningún país muestra un porcentaje tan bajo en este terreno como el de España. La resistencia a creer que lo peor está por llegar probablemente tiene que ver con el convencimiento de que ya se han hecho muchos sacrificios y que la situación no puede deteriorarse más.

Es el único dato esperanzador de España, uno de los seis países (junto a Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Polonia) donde se ha realizado esta encuesta. Porque más allá de creer en una eventual salida de la crisis, los españoles muestran los mayores recelos hacia las reformas que se están aplicando. Un 76% de ellos cree que tendrán repercusiones negativas en la economía y en la sociedad. Les siguen los italianos, con un 71%. En general, más de la mitad de los europeos se suma a esta tesis, que pone en tela de juicio los beneficios futuros del cambio. Solo los polacos se muestran abrumadoramente a favor de que los cambios beneficiarán a largo plazo (un 76%).

En realidad los ciudadanos tienen una percepción opuesta a la que ofrecen los políticos. Solo el 39% de los encuestados cree que la crisis permitirá hacer las reformas necesarias, mientras que el resto observa las dificultades más como un obstáculo para el cambio necesario que como una oportunidad. Solo los alemanes, alejados de las turbulencias que sacuden a la mayor parte de Europa, creen que el deterioro económico representa una oportunidad para poner en marcha esas reformas (un 57% del total), probablemente porque consideran que son otros países los que tienen que aplicarlas.

Dos de cada tres encuestados creen que sus países saldrán más débiles de este periodo de dificultades económicas. De ellos, un 27% cree que saldrán especialmente débiles. De nuevo, los españoles figuran a la cabeza de ese diagnóstico, con un 76%, seguidos de los italianos (73%) y los franceses (74%).

La crisis deja también una sensación de impotencia respecto a la capacidad para controlar sus vidas. La mitad de los europeos cree que solo tiene un pequeño control, mientras el 10% considera que no tienn ninguno. Españoles e italianos están particularmente convencidos de que carecen de esa capacidad. Solo en Alemania la mayoría de los ciudadanos cree que controla su vida, aunque el porcentaje es muy ajustado (51%).

A la hora de buscar responsabilidades, los europeos se muestran muy críticos principalmente con los Gobiernos. Solo una minoría (el 29%) cree que sus Ejecutivos están proponiendo soluciones constructivas para afrontar la crisis. Las mejores valoraciones hacia sus propias autoridades son las de alemanes (un 54% apoya las medidas adoptadas) y británicos (el 40%).

La pertenencia a la Unión Europea goza cada vez de menos aprecio. Aunque aún son mayoría, solo el 52% de los ciudadanos encuestados cree que pertenecer al club comunitario sea ventajoso. Curiosamente, los alemanes y los británicos, menos afectados por la crisis, lo ven más como un obstáculo. También los italianos (un 53%), un dato que revela cómo las dificultades y la percepción de que los recortes vienen de Europa han cambiado la percepción en un país de tradición europeísta.

VIVIR DE LOS AHORROS

La crisis está dejando a los europeos en una situación muy delicada, con españoles e italianos entre los más afectados. Uno de cada cuatro españoles y uno de cada cinco italianos vive de sus ahorros o gracias a uno o varios créditos, según la encuesta de Ipsos y Publicis. Es el dato más llamativo de un balance económico que deja a los europeos con muchas más dificultades para vivir que al principio de la crisis.

El 79% de los italianos y el 72% de los españoles creen que las estrecheces económicas han exacerbado esas dificultades, frente al 60% de la media de los seis países que han participado en la encuesta. Esas dificultades se centran dramáticamente en el desempleo en el caso de los españoles: casi la mitad de los españoles asegura haber sufrido, ellos mismos o en su familia, una situación de paro provocada por un despido desde que arrancó la crisis, en 2008. La media de los seis países se sitúa en el 28%.

También resulta llamativa la factura social que pagan los ciudadanos como resultado de los recortes. Un 42% de los italianos encuestados (o sus familias) aseguran haber renunciado a algún tratamiento médico u operación prescrita por el médico debido al alto coste que debían afrontar. La media es del 21%.

Las respuestas muestran con claridad las disparidades que se viven en Europa como consecuencia de la crisis. Frente al deterioro continuo de la situación en España e Italia, los alemanes y los británicos figuran como los menos afectados por las turbulencias. Menos de la mitad de los encuestados en Reino Unido y solo un 40% de los alemanes creen que la crisis ha aumentado las dificultades a las que tienen que hacer frente. Y ello pese a que el Reino Unido está acometiendo también recortes motivados por los crecientes desequilibrios fiscales de sus cuentas públicas.

A la hora de identificar los problemas los ciudadanos muestran algunas convicciones alejadas de la realidad. Así, los encuestados creen que el principal problema para salir de la crisis es la excesiva presión fiscal (así lo cree el 35%), incluso por delante del egoísmo de los ricos (lo señala el 27%) o del cierre de la industria (25%). Precisamente lo que ha ocurrido en este periodo de dificultades ha sido lo contrario: la crisis y el desigual reparto de las cargas ha deprimido los ingresos fiscales de unos Estados que tienen que hacer frente a más déficit por las medidas de apoyo al sector financiero y el aumento del desempleo.

En la misma línea, los ciudadanos opinan que los Ejecutivos no están haciendo el esfuerzo suficiente para recortar el gasto público (el 57% de media). Pese a todo, la cifra encierra enormes desigualdades, pues en España, la percepción es mayoritariamente la contraria: un 55% de los españoles creen que se está reduciendo demasiado el gasto público. También la mitad de los británicos considera que las reducciones son excesivas.

Fuente: El País.

Los europeos no se fían de sus líderes

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Una encuesta en Reino Unido, Alemania, Francia, Polonia y España revela la profunda desconfianza ciudadana con los políticos y su honestidad

SILVIA BLANCO - Madrid - 14/03/2011

Los europeos no se fían de los políticos. Ni de los que gobiernan ni de los que ejercen la oposición. Los perciben incapaces de solucionar los problemas que afectan a cada país y, sobre todo, no creen que sean honestos. Un pronunciado desapego hacia los políticos se ha instalado entre los ciudadanos. Solo el 14% de los europeos conserva "alguna" expectativa de que sus gobernantes logren manejar la situación. Un 78% se reparte entre los que no tienen muchas o ninguna.

La peor crisis económica en décadas se atraviesa sin timón. Esa es la impresión más diáfana que manifiestan los ciudadanos entrevistados en la encuesta que el diario británico The Guardian llevó a cabo entre el 24 de febrero y el 8 de marzo en Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia y España, para la serie que realiza con Le Monde, Der Spiegel, Gazeta Wyborcza y EL PAÍS. La desconfianza se proyecta hacia el futuro económico: 2012 se ve negro; la próxima década, más bien gris oscuro.

El desastre financiero ha desempeñado un papel relevante en la erosión de la imagen de los gobernantes. Los recortes que ha impuesto Zapatero ante el asedio de los mercados, las medidas de austeridad que aplicó Angela Merkel en verano o David Cameron suprimiendo entre otras cosas medio millón de puestos de trabajo públicos, pueden explicar que el 66% de los británicos no crea capaz a su Ejecutivo de salir del atolladero, el 80% de los alemanes no vea claro que con esos gobernantes puedan recuperar su pujanza o que el 78% de los españoles expresen descontento hacia Zapatero. Además, el 78% considera que su Gobierno ha estado gastando demasiado dinero, algo que sugiere escasa previsión y responsabilidad por parte de quienes ahora predican -y aplican- recortes. Polacos, en un 82%, y franceses, en un 84%, son los que consideran que ha habido más derroche.

Pero la mala situación económica explica el descrédito de los representantes solo en parte. El recelo hacia los políticos va mucho más allá y contamina también a los que están en la oposición: el 90% de los europeos entrevistados no confía "mucho" o "nada" en que los políticos de cada uno de los países actúen con honestidad e integridad.

Las sospechas parecen fundadas. En España, la corrupción ha penetrado en decenas de Ayuntamientos, vinculada a la especulación inmobiliaria, y casos de supuesta financiación ilegal de partidos, como Gürtel, o de fraude, como los ERE en Andalucía, son casi cotidianos para ese 91% de españoles que dice no creer en la rectitud de los políticos.

En otros países, los políticos no están implicados en delitos, pero sí ha habido actuaciones que la opinión pública juzgó como poco éticas. En Alemania, Karl Theodor Zu Gutenberg ha perdido su puesto de ministro de Defensa por plagiar su tesis doctoral. En Francia, la ministra de Exteriores Michèlle Aliot-Marie acaba de dimitir por irse de vacaciones a Túnez cuando empezaron las revueltas y dejarse agasajar por un empresario amigo del depuesto dictador Zine el Abidine Ben Ali.

Incluso dejando de lado los escándalos, emerge la sensación de crisis de liderazgo, que también se observa en algunas encuestas nacionales, con Zapatero despeñándose en cada barómetro del CIS y Sarkozy tratando de llamar la atención de los franceses con sucesivos cambios de gobierno ante su baja popularidad.

Los europeos tampoco depositan sus esperanzas en el porvenir. Sobre el que está a la vuelta de la esquina, en los próximos 12 meses, el 47% considera que la economía estará "algo peor" o "mucho peor". Ya para dentro de diez años, se mantiene el mismo porcentaje. Solo cambia que el 31% que ahora vaticina que en 2012 la situación financiera permanecerá "igual", se convierte en un 18% cuando se le pregunta sobre la próxima década.

Es curioso que los españoles sean los segundos más optimistas a corto plazo (por detrás de los alemanes, que han iniciado una clara recuperación), y los más optimistas para 2021, aunque la suya sea la más azotada de esas cinco economías. Para dentro de 12 meses, el 32% de los alemanes confía en que la economía vaya "mucho mejor" o "algo mejor", aunque haya un 36% de ellos que la anticipe "igual" y un 30% "algo peor" o "mucho peor".

Entre los españoles, que ven el año próximo mayoritariamente negro, con un 38% que piensa que nada cambiará y un 40% que empeorará, hay un 20% de esperanzados. Cuando se trata de decir cómo perciben el futuro económico de los ciudadanos para dentro de una década, los optimistas se convierten en sólida mayoría: el 57% cree que entonces la economía estará "mucho mejor" o "algo mejor", seguidos de cerca por los polacos (44%) frente a un 20% de alemanes, 26% de británicos y 12% de franceses, estos últimos los más pesimistas respecto al futuro a corto y medio plazo.

La actitud resignada de los europeos hacia la necesidad de reducir el gasto público da idea de la magnitud del malestar que ha creado la crisis, que afecta a los pilares del Estado de Bienestar. Pero hay división sobre si es mejor aplicar ahora recortes para aminorar la deuda o consolidar primero la recuperación para empezar después a adelgazar el gasto público. El 42% está a favor de la primera opción, con los alemanes a la cabeza, y el 41% de la segunda, que lideran los británicos. Solo el 10% se resiste a reducir el gasto público. España se separa de la media: el 17% es directamente contrario a los recortes, seguida del 14% de los polacos. Este resultado sugiere que polacos y españoles, que tienen un estado social con menos prestaciones que el de alemanes, franceses y, en menor medida, británicos, son los más reacios a que se siga cercenando -tienen menos, y por tanto, más que perder en comparación-, aunque esa resistencia es minoritaria en todos los países.

En otra pregunta se plantea similar cuestión pero aquí se trata de averiguar el grado de acuerdo con una premisa dada: "El Gobierno debe asegurarse de que la economía se recupera antes de comenzar a recortar el gasto público". Cuando se formula así, la gran mayoría (59%) está totalmente o más bien de acuerdo con esta idea, la que, como antes, defienden sobre todo los británicos (63%) y también los polacos (65%), los más hostiles a mordisquear el dinero de todos como primera solución. El elevado endeudamiento que la crisis ha supuesto para los Estados es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, sobre todo en Polonia, Francia y España, por este orden. Para España ha sido -y todavía es- particularmente dramático, el punto débil, junto con el elevadísimo paro, que ha propiciado momentos de pánico ante la posibilidad de seguir el mismo camino de Grecia e Irlanda.

A la hora de solucionar el problema de la deuda, sin embargo, solo la mitad de los españoles cree que "el Gobierno debe centrarse en la reducción de la deuda nacional mediante el recorte del gasto público", igual que polacos y británicos. Los alemanes (71%), seguidos de los franceses (62%) son, de nuevo, los más decididos a sacrificar lo público para evitar lo que creen que es un mal mayor, la deuda. Esta tendencia se afianza cuando se observa quiénes rechazan que el Gobierno deba centrarse en esta cuestión, un 31% de polacos, seguidos de españoles y británicos, ambos con un 27%, lo que sugiere, de nuevo, que en estos países la resistencia a perder prestaciones es mayor que en Alemania o Francia. En todo caso, el modelo parece estar desdibujándose a causa de la crisis, y con la resignación de la mayoría.
Progresistas en lo social

Los europeos muestran una actitud progresista respecto a los derechos de la mujer, el matrimonio o los derechos de los homosexuales. El 62% de los europeos entrevistados se declara "muy progresista" o "bastante progresista" frente al 16% que se considera tradicional. Un 20% no se identifica con ninguna de las dos tendencias. España y Polonia se encuentran en los extremos de los cinco: mientras los españoles dicen ser los más liberales de todos con un 72%, los polacos son los que muestran más reticencia a que se ejerzan esos derechos, con solo un 49%.

Fuente: El País.