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Dijsselbloem: “España deberá presentar más ajustes”

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El ministro holandés de Finanzas y presidente del Eurogrupo Jeroen Dijsselbloem / PATRICK SEEGER (EFE )


  • El jefe del Eurogrupo se muestra inflexible y pide más recortes del gasto público al próximo Gobierno español

Claudi Pérez Ámsterdam 10 ENE 2016 - 23:14 CET


“El presupuesto español incumple las reglas. La Comisión Europea fue clara al respecto. El nuevo Gobierno deberá presentar más ajustes”. El jefe del Eurogrupo, el socialdemócrata holandés Jeroen Dijsselbloem, encabeza el ala más dura en Europa, a favor de castigar a España por los incumplimientos en las metas fiscales. La Comisión, más indulgente, es proclive a cierto impulso fiscal en la eurozona. Pero los más ortodoxos tienen otros planes: “España aún debe hacer más reformas. Pero el desafío del próximo Gobierno es el déficit”, dice Dijsselbloem.

España crece al 3% y aun así incumplirá los objetivos de déficit, según los pronósticos de la Comisión, tanto en 2015 como en 2016, tal como ha venido haciendo durante toda la última legislatura. Eso obligará, en teoría, a hacer un recorte de casi 9.000 millones este año. Bruselas, en principio, es partidaria de no inmiscuirse hasta que se aclare la situación política y, una vez se forme el próximo Gobierno, apuesta por mostrar cierta flexibilidad después de años muy complicados, con otros frentes abiertos en la eurozona. Pero se avecina un debate político enconado: tanto en la Comisión como en el Eurogrupo hay voces más ortodoxas, que exigen cierta dureza a la vista de los continuos incumplimientos.

Dijsselbloem
es uno de los cabecillas de esa ala: “El nuevo Gobierno tendrá que presentar medidas para asegurarse de cumplir; el proyecto actual viola claramente las reglas fiscales”, dijo a un grupo de periodistas españoles en Ámsterdam durante la puesta de largo de la presidencia holandesa de la Unión. Tras ganarle la mano a Luis de Guindos en la carrera por el Eurogrupo, apunta que la economía española no lo tiene fácil para verse favorecida por los nuevos aires de tolerancia fiscal en Bruselas.

España ha paralizado su agenda reformista y está en el brazo correctivo del Pacto de Estabilidad (supera el listón del 3% del déficit): no puede obtener laxitud por la inversión pública. “Tampoco es el país en el que la crisis de refugiados ha tenido más impacto”, dice Dijsselbloem, “por lo que no puede obtener flexibilidad”.
 
Nuevo presupuesto


Ese debate va para largo. No se esperan decisiones hasta primavera. Quizá incluso más tarde: la formación de Gobierno puede demorarse especialmente si hay elecciones. Después, habrá que presentar un presupuesto actualizado, con ajustes y afinando los números de las autonomías. Solo tras ese nuevo borrador llegará un primer veredicto de la Comisión, que después discutirá el Eurogrupo.

En Bruselas hay visiones bien distintas acerca de cómo encarar el asunto: parte de la Comisión cree que España incumplirá por apenas unas décimas y ve contraproducente un correctivo ante la situación en otros países, con frentes abiertos en Francia, en Italia y los sempiternos problemas en Portugal (con un lío en su banca) y Grecia (cuya reforma de pensiones provocará otro pulso). La posición europea dependerá también del talante del próximo Ejecutivo en Madrid. Y del papel del comisario Pierre Moscovici —de capa caída tras protagonizar un sainete por el presupuesto español— y del vicepresidente Valdis Dombrovskis, aparentemente más ortodoxo, pero que ha dado muestras de cierta flexibilidad.

“El debate está abierto y en la decisión final habrá factores claramente políticos. Pero el análisis puramente técnico es claro: España lleva años incumpliendo, repetirá en 2015 y 2016 pese al crecimiento, y aunque las sanciones se pueden descartar, sí se espera que la Comisión señale formalmente y con rotundidad a Madrid”, dicen fuentes europeas.

En público nadie ha sido tan rotundo como Dijsselbloem. “España tiene que hacer más: el problema es sobre todo qué Gobierno lo va a hacer, y cuándo”. “En cuanto a las reformas, el país ha hecho mucho pero también debe hacer más, y sobre todo no puede dar marcha atrás. Pero en lo fiscal, España no puede ser acreedora de flexibilidad y ese va a ser un desafío para el nuevo Gobierno”.

“La inestabilidad política, además, suele ser un problema”, subraya. Dijsselbloem apunta donde más duele, consciente de la dificultad para formar Gobierno, de un cierto repunte de la prima de riesgo por esa razón y de las sucesivas trampas que pueden reducir la velocidad de crucero de la economía española en los próximos meses: desde el lío en los mercados por China a una nueva sacudida en el tablero europeo, procedente de Portugal o Grecia.

Preguntado al respecto, el Gobierno español prefiere quedarse al margen. Guindos se ha puesto en contacto con la Comisión, con el BCE y con varios ministros del euro para informar del panorama político y de los próximos pasos. Madrid sostiene que el fuerte crecimiento del PIB ayudará a cumplir el déficit o, a lo sumo, a incumplir por poco. “El déficit español no es el problema fundamental de la eurozona, ni mucho menos”, sentencian en Moncloa.

Frentes abiertos: Grecia, Italia y Portugal


“El primer examen del rescate griego no llevará semanas, sino meses”, destaca Jeroen Dijsselbloem. Vuelve la presión: de ese examen, que tenía que estar listo en enero, depende la ansiada reestructuración de la deuda griega, una promesa europea de 2011 que no termina de llegar.

Bruselas aprieta las tuercas. El primer análisis del tercer rescate griego estará en función de una controvertida reforma de las pensiones que, de momento, no satisface a nadie. El Gobierno griego ha recibido críticas en casa pese a que no supone grandes recortes, y una tibia respuesta de las instituciones, que quieren más. “En ningún país es fácil aprobar esa reforma”, admite el jefe del Eurogrupo.

El euro tiene otros dos frentes abiertos: Italia presiona para obtener flexibilidad fiscal —y Dijsselbloem, al igual que en el caso español, no parece partidario de dar aire al Gobierno de Renzi—, y una nueva crisis bancaria amenaza a Portugal, con el nuevo Ejecutivo incapaz de solucionar el problema en Novobanco y en medio de duras negociaciones por el presupuesto.

FUENTE: El País.

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Grecia acepta el plan europeo que rechazó en el referéndum

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Grecia 
Alexis Tsipras, el miércoles en Atenas. / ALKIS KONSTANTINIDIS (REUTERS)

  • Europa abre la puerta a una reestructuración de la deuda a cambio de duras reformas

Claudi Pérez / Luis Doncel / Lucía Abellán Bruselas / Berlín 10 JUL 2015 - 10:34 CEST

Atenas acepta finalmente la propuesta que sus ciudadanos rechazaron en referéndum. Con apenas ligeros retoques. El Gobierno de Grecia envió la noche del jueves el plan con las medidas prioritarias para pactar el tercer y ansiado rescate con los acreedores, que está llamado a evitar la bancarrota y la salida del euro. Atenas acata prácticamente al 100% la última oferta europea —la rechazada en voto del pasado domingo—, y se compromete a hacer concesiones simbólicas, y circunscritas a las subidas de impuestos. La canciller Angela Merkel pidió el pasado lunes una propuesta más dura para un programa completo y de más largo alcance: por tres años y algo más de 50.000 millones de euros. Pero solo hay más dureza en el capítulo de ingresos fiscales, especialmente en el IVA: el Gobierno de Alexis Tsipras rebaja menos el gasto militar de lo que pedían los socios, aporta medidas cosméticas en otros asuntos (quizá la más importante sea la privatización de los puertos del Pireo y Salónica) y, sobre todo, no ofrece medidas adicionales en pensiones, tal vez el capítulo más controvertido de la negociación.

Bruselas y Berlín habían prometido el jueves un gesto relativo a la reestructuración de la deuda griega si la oferta de Atenas es convincente. Eso está por ver: la propuesta es prácticamente calcada a la que llevó a Tsipras a romper las negociaciones y convocar un referéndum hace unos días. Las metas fiscales son idénticas —un superávit fiscal primario del 1% del PIB para este año—, e incluso Grecia pide revisar los objetivos a medio plazo (3,5% del PIB desde 2018) ante la constatación de que la economía se ha parado en seco tras el corralito. Atenas sí hace concesiones por el lado de los impuestos, pero no por el capítulo de gastos, el preferido por los acreedores. Salvo quizá por la excepción que supone la privatización de sus principales puertos: dinero fresco, y no previsiones de ingresos. Y deja prácticamente intactas las medidas relativas a las pensiones, con un guiño a los pensionistas con menos ingresos. El Gobierno griego, eso sí, aprobará de urgencia, a principios de semana, tanto la reforma fiscal como la de las pensiones.

Las instituciones anteriormente conocidas como troika evaluarán en las próximas horas esa oferta. Y el Eurogrupo la examinará el sábado. En juego está el futuro de Grecia, y tal vez el del euro: tras solicitar dos rescates desde 2010 por importe de 240.000 millones, Atenas necesita como agua de mayo un tercero que ascenderá finalmente a 53.000 millones adicionales. Y que dejará al Gobierno griego bajo la tutela de la troika por un plazo de tres años: prácticamente todo el mandato de Tsipras.

Esa lluvia de millones no está garantizada. Solo llegará si finalmente hay acuerdo. La mujer más poderosa de Europa, la canciller Merkel, avisó hace apenas tres días de que esperaba una propuesta dura, más ambiciosa que la europea: el plan de Bruselas ofrecía 15.000 millones para seis meses, y Grecia pide ahora más del triple de ese dinero y para tres años. Pero el plan de la noche del jueves y la anterior propuesta europea son prácticamente iguales. Y las concesiones ya se incluían en la carta enviada por Alexis Tsipras a las instituciones durante la campaña del referéndum.

Queda por ver, por lo tanto, si Europa concluye que Tsipras ha cedido lo suficiente o quiere hacer más sangre, con una dosis mayor de austeridad que castigaría la maltrecha economía griega, que se adentra en una recesión profunda. Las mayores concesiones se ofrecen a través de los impuestos: Grecia se aviene a eliminar el tipo reducido del IVA en las islas --pero no en el caso de las más remotas--, y se compromete a subir el IVA de los hoteles a partir de octubre. Ofrece también medidas compensatorias a los acreedores si se recauda menos de lo previsto, con aumentos adicionales del impuesto sobre los alquileres y del Impuesto de Sociedades, que podría ascender hasta el 29% en el peor de los casos. En el capítulo de gastos no hay grandes novedades: Grecia ofrece recortar el gasto militar en 100 millones este año y en 200 millones el año próximo; los acreedores querían un tijeretazo de 400 millones. Hay incluso otras medidas a favor de Grecia: la oferta europea establecía una revisión de la ley relativa a los despidos colectivos; el nuevo plan se desvincula de ese compromiso.

Las pensiones han sido uno de los caballos de batalla de la estrategia griega. Si Merkel pensaba que Tsipras iba a claudicar aún más por ese flanco, se equivocaba. Atenas, eso sí, acepta todo el paquete de la UE incluido en el plan del 30 de junio, que supone elevar la edad de jubilación a 67 años y congelar las pensiones hasta 2021. Pero no da su brazo a torcer en nada más. Al contrario: pide retrasar a marzo de 2016 la retirada gradual del complemento para los pensionistas con menores rentas (EKAS).
 
Fase decisiva

La respuesta de las instituciones a esa última propuesta es fundamental para el devenir del tercer rescate, con una banca que está cerca de la asfixia y depende de la liquidez de emergencia del BCE. A modo de señuelo, Europa envió el jueves claras señales a Atenas de que contempla una reestructuración de su deuda si acomete serias reformas. Tanto el Gobierno alemán como el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, abogaron por ello. Berlín se reafirmó en descartar una quita pero dejó abierta la puerta a una mejora en los plazos de devolución. El FMI, EE UU y Francia defendían ya conceder a Grecia un alivio de la deuda, pero ni Alemania ni el Consejo habían sido nunca tan explícitos al respecto.

Bruselas y Berlín pretendían que Atenas llegara lo suficientemente lejos y renunciara a muchas de sus promesas para que ese plan vuele, a juzgar por el altísimo nivel de desconfianza de los socios tras el impago al FMI, el abrupto final del segundo rescate, la ruptura de las negociaciones con el referéndum y los posteriores controles de capital. Pero a su vez, los europeos son conscientes de que tienen que dar algo a cambio para acabar de una vez por todas con la historia interminable de este capítulo de la saga griega: “Una propuesta realista por parte de Grecia debería ir acompañada de una propuesta realista de los acreedores sobre sostenibilidad de la deuda para crear una situación en la que todos ganen”, zanjó Tusk. Está por ver si el plan enviado anoche, de apenas nueve páginas plagadas de recortes y reformas, es lo suficientemente “realista” para los estándares europeos. A falta de despejar esa incógnita, el desenlace llegará este fin de semana.
 
Tsipras convoca al Parlamento para discutir la propuesta

M. A. SÁNCHEZ-VALLEJO

El Gobierno griego ha convocado hoy, por el procedimiento de urgencia, un debate parlamentario para obtener el mandato de la Cámara de cara a la negociación con los socios europeos sobre la propuesta de acuerdo que Atenas remitió anoche al Eurogrupo para cerrar un tercer rescate.

Según la televisión pública y las agencias de noticias, anoche el Ejecutivo solicitó formalmente al Parlamento convocar un debate en el que discutir las “medidas prioritarias” comprendidas en el acuerdo presentado ayer a los acreedores.

A primera hora de la mañana está previsto que se reúna el grupo parlamentario de Syriza para evaluar las reformas, que incluyen varios recortes que podrían causar importantes fricciones dentro del partido, en el que conviven corrientes más pragmáticas con otras opuestas a cualquier medida de austeridad adicional para la castigada sociedad griega.

Posteriormente habrá una votación con todos los grupos para determinar si estos autorizan al Gobierno a usar el texto como base para las conversaciones europeas.

“Este es un paso para demostrar que el Gobierno tiene la voluntad de seguir adelante en la aplicación de las reformas prometidas, pero sin dar ningún paso unilateral antes de la reunión del Eurogrupo”, explicó una fuente parlamentaria griega a Reuters.

FUENTE: El País.

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Grecia se atrinchera contra el resto del Eurogrupo

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El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, con el ministro Yanis Varoufakis en una reunión de la semana pasada en Bruselas. / YVES HERMAN (REUTERS)

  • Juncker habló con Tsipras tras el fracaso de los primeros contactos técnicos en Atenas
   Claudi Pérez Bruselas 16 FEB 2015 - 00:05 CET


Dieciocho contra uno. Los primeros contactos técnicos entre las instituciones anteriormente conocidas como troika y Grecia, desarrollados durante el fin de semana, no dieron un solo fruto reseñable y anticipan un nuevo Eurogrupo (la reunión de ministros de Finanzas del euro) espinoso para Atenas, según las fuentes consultadas en Bruselas. El primer ministro heleno, Alexis Tsipras, adelantó el domingo que habrá “negociaciones difíciles” en la capital europea, pero se declaró “lleno de confianza” y reiteró que no aceptará medidas de austeridad rigurosas en ningún pacto sobre su deuda. Pero las fuentes consultadas en el Eurogrupo se expresan con mucho menos optimismo. “El Gobierno griego sigue en otra galaxia, la misión técnica ha sido algo parecido a un desastre y no hay esperanzas para un acuerdo mañana: serán otra vez todos contra Grecia en la reunión de ministros, se acaba el tiempo y Atenas no parece consciente de que el BCE puede cortar el grifo a final de mes si el Gobierno no cambia”, explicaron fuentes diplomáticas.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, llamó el domingo por la tarde a Tsipras en un esfuerzo por buscar una solución que sea aceptable para los griegos y también para los europeos. “Juncker está inmerso en la negociación”, confirmaron fuentes diplomáticas, aunque de momento no ha logrado que Grecia se acomode a los deseos de Berlín, que son también los de los países rescatados de la periferia, como España.

Grecia quiere un acuerdo-puente de seis meses para negociar un tercer rescate en toda regla. Y ofrece cumplir un 70 % de las reformas incluidas en el segundo rescate, más 10 reformas adicionales pactadas con la OCDE. Quiere rebajar la austeridad y poder aprobar medidas destinadas a solucionar la “emergencia social”. No quiere privatizar. Exige cierta flexibilidad: reducir el superávit primario para este año (sin contar el pago de intereses), del 3 % al 1,5 %. Y rechaza el último tramo del rescate, pero a cambio reclama que los bancos centrales den a Grecia los beneficios de las operaciones con deuda griega (1.900 millones), que el dinero para la banca no gastado se quede en Atenas (algo más de 11.000 millones) y pide que sus entidades financieras puedan comprar más volumen de la deuda pública a corto plazo que emite el Estado heleno, para después colocar esos bonos en el banco central. El problema es que, a ojos del resto del Eurogrupo, nada de eso es posible si las condiciones del actual rescate no se cumplen a rajatabla.

Una misión de la Comisión Europea, el FMI y el BCE ha estado en Atenas desde el viernes para ver qué parte de la propuesta griega se corresponde con las condiciones del rescate actual, con resultados nefastos. “Necesitamos cuantificar ahora las propuestas, necesitamos identificar las medidas que propone Grecia y cotejarlas con el programa. Y en la reunión del lunes se verán las diferencias”, explicaron fuentes del Eurogrupo el pasado viernes. “El programa puede tener cierta flexibilidad en función de cómo evoluciona la situación económica y fiscal, pero el contenido de fondo va a ser el mismo”, según la misma fuente.

Nadie espera un accidente en Bruselas. Pero todo el mundo deja abierta una posibilidad de lío si el tiempo sigue pasando y Atenas no cede a las fuertes presiones del Eurogrupo. “La UE es especialista en encontrar soluciones de compromiso de última hora”, recordó Tsipras en su primera visita a Bruselas, hace unos días. Su Gobierno ya ha cedido en algunas cosas: Grecia ha dejado de hablar de quitas y apuesta ahora por un canje de deuda, y siempre ha descartado una salida del euro. Algunos de los problemas son simplemente semánticos: Bruselas busca los eufemismos adecuados para que las concesiones de ambas partes permitan la citada solución de compromiso. Pero en lo esencial, Tsipras sigue en sus trece: “El Gobierno griego está decidido a mantener el compromiso con la gente y no continuará con un programa que tenga las características del rescate previo”, dijo el primer ministro a la televisión griega Skai.

Lo que dice Angela Merkel y repiten todos y cada uno de los ministros del Eurogrupo, salvo el griego Yanis Varoufakis, suena bien distinto: “Grecia debe respetar las reglas”. Esas son las condiciones de Europa, que al cabo tiene la sartén por el mango: a Grecia se le puede hacer de noche si el BCE le corta el grifo a sus bancos o si llegan los vencimientos de deuda y no hay atisbo de acuerdo.

FUENTE: El País. 

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Los griegos siguen sin ver la luz al final del túnel

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Protesta de pensionistas, este miércoles en Atenas. / LOUISA GOULIAMAKI (AFP)

  • Pese a algunos datos económicos positivos, la crisis, y no la convocatoria de elecciones, es lo que de verdad preocupa a la población.

María Antonia Sánchez-Vallejo, Enviada especial Atenas 12 DIC 2014 - 09:33 CET


Pese al discurso oficial, ese que asegura, con un par de indicadores económicos en ristre, que Grecia ya ve luz al final del túnel de la crisis, Atenas encara días inciertos, sumida en una iluminación mortecina que ni siquiera los adornos navideños consiguen animar. No es el escaso trajín en las zonas comerciales, ni el tiempo desabrido y caprichoso; tampoco el nerviosismo que se ha instalado en los partidos políticos —y en sus corifeos, los medios de comunicación— por la convocatoria anticipada de unas elecciones presidenciales vitales para la estabilidad del país. En el ambiente flota mucho más, el cansancio de cuatro años de recortes y la sensación de que, se vote lo que se vote este mes —en tres rondas, del 17 al 29—, nada evitará nuevas dosis de hartazgo, miserias cotidianas y desesperanza. Sobre todo si a una hipotética elección fallida de presidente sigue la celebración “en enero” de las elecciones generales, como anunció este jueves el primer ministro, Andonis Samarás, de la conservadora Nueva Democracia (ND).

Algunos datos, sí, hablan de una cierta recuperación: récord turístico, con cerca de 19 millones de turistas este año (unos 13.000 millones de ingresos estimados); descenso del paro en septiembre (el 25,7%, 2,3 puntos menos que en el mismo periodo de 2013) o, en fin, el abandono oficial de la recesión de los últimos seis años, con un incremento del PIB del 0,7% en el tercer trimestre. Razones que en octubre empujaron a Samarás a anunciar que Grecia abandonaría el rescate antes de tiempo. Pero la empecinada realidad de la crisis y la inquietud suscitada en Bruselas por los últimos acontecimientos políticos imponen su propia versión de los hechos: no sólo se ha prorrogado el rescate dos meses más, sino que el país despedirá el año en deflación, mientras la Bolsa acumula esta semana más del 20% de pérdidas por el adelanto electoral. Al nerviosismo de Bruselas se suma el de la clase política local: nadie da un paso de más, ni hace una declaración sin permiso de la dirección del partido. Nadie habla. “Es un momento muy delicado, hay muchos nervios”, concede un alto funcionario ministerial.

“Intento ser optimista, pero no puedo; no creo en ningún salvador y, de hecho, si hay elecciones [generales] no sé a quién votaré. A la gente que no tiene para comer ni para pagar la calefacción, que no encuentra medicamentos porque faltan muchos en las farmacias, o que se juega la vida en hospitales sin medios y con médicos quemados por la sobrecarga de trabajo, le importa un bledo el adelanto electoral”, confiesa una periodista ateniense que pide no ser identificada. “Me rodean ingenieros que trabajan hasta 11 meses sin cobrar; periodistas que como máximo ganan 600 euros al mes por 12 horas de trabajo al día… ¿dónde ve alguien la luz al final del túnel? Es el discurso del Gobierno, no la Grecia real”.

El frenético cálculo de votos para salir indemne de la votación presidencial ha lanzado al Gobierno bipartito (conservadores y socialistas, 155 escaños) a la busca y captura de 25 parlamentarios —los independientes casi suman esa cifra— que completen los 180 votos que necesita su candidato, el excomisario europeo Stavros Dimas. Para convencerlos —todos son viejos conocidos, la mayoría proceden de las filas del bipartito— se azuza el fantasma de la ingobernabilidad que apuntan las encuestas; la última, de la empresa Alco, da cinco puntos de ventaja a la izquierdista Syriza (31%) sobre ND; con los neonazis de Aurora Dorada en tercer puesto y un ridículo 5% para el Pasok (socialistas), que hasta 2009 ganaba las elecciones de calle.

Ni siquiera el buen año del turismo permite albergar esperanzas para el que viene. “Con la subida del IVA turístico del 6,5% al 13%, como ha ofrecido el Gobierno a la troika en las últimas negociaciones, muchos se van a retraer”, apunta Dimitris Xristú, pensionista y hasta hace poco director del diario Afyí, órgano oficial de Syriza. “El escenario está bien claro: Samarás sabe que su candidato va a perder las presidenciales, y que habrá generales en enero, en las que impedirá que Syriza logre mayoría. Pero mientras tanto la economía real, la producción industrial y el comercio, se congelará aún más, y la troika pedirá más esfuerzos, mientras los jóvenes siguen yéndose van por falta de futuro. Mis dos hijas lo han hecho, una a Francia y otra a Inglaterra. Y ninguna de ellas va a volver, porque su país no tiene nada que ofrecerles”.
FUENTE: El País.

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ENTREVISTA CON OLLI REHN » “Llevará 10 años arreglar la crisis española”

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El comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea, Olli Rehn / Andrew Harrer (Bloomberg)

  • El vicepresidente y comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, ofrece en esta entrevista un mensaje positivo sobre el rescate que este jueves finaliza, pero tan repleto de matices como alejado de la complacencia que vienen mostrando el Gobierno.

Claudi Pérez Bruselas 23 ENE 2014 - 00:00 CET

¿Puede una fecha, un determinado momento cambiar la historia? Jawaharlal Neru, el primer jefe de Gobierno de la India, llamaba a esos momentos “cita con el destino”. España ha tenido varias de esas citas últimamente: el 9 de mayo de 2010 fue una especie de día D, en el que el Gobierno socialista vio por fin las orejas de la crisis oceánica que se avecinaba; para el Ejecutivo de Mariano Rajoy, la hora de la verdad fue hace año y medio, con el rescate financiero que dejó a España bajo tutela de la UE. Olli Rehn, vicepresidente y comisario de Asuntos Económicos, ha sido desde entonces una figura clave, con un marcado perfil en busca de recortes fiscales, y después de reformas estructurales. Amante de la música, del fútbol y de los carajillos de anís de Madrid, Rehn (Mikkeli, Finlandia, 1962) ofrece en esta entrevista un mensaje positivo sobre el rescate que este jueves finaliza, pero tan repleto de matices como alejado de la complacencia que vienen mostrando el Gobierno y otros altos cargos europeos. Y trata de sacarse de encima el sambenito de príncipe de los recortes: “No soy un cruzado de la austeridad”.

Frente a quienes piensan que los rescates dejan deudas inmanejables y niveles de desempleo preocupantes que pueden envenenar la situación, Rehn defiende un enfoque basado en las reformas, pero acompañado de inversiones en Alemania y de un mayor activismo del BCE. Frente a quienes creen que los ajustes no son simétricos, ni dentro de los países —castigando a los más desfavorecidos— ni en el conjunto de Europa —relegando olímpicamente las políticas de gestión de la demanda—, Rehn asegura que los esfuerzos tendrán su recompensa y recuerda que ya se atisba la recuperación. Cuenta Thomas de Quincey que los tártaros, llegados a mitad del camino que pensaban recorrer para invadir Rusia y Europa, y conscientes de los sacrificios que aún les aguardaban, se dieron cuenta de que tenían tantas razones para seguir como para volver atrás. Rehn no parece tener ese dilema. Su receta para Europa, y para España, es clara: “Hay que seguir con las reformas”, aunque en el caso español arreglar los desperfectos de la crisis “llevará más de 10 años” en variables clave como el empleo, sostiene en animada conversación mientras apura un café en la sede de la Comisión Europea.

Pregunta. ¿Rey de los recortes?
Respuesta. No me veo reflejado en esa caricaturización. Soy consciente de que en el Sur me ven como una especie de cruzado de la austeridad; en el Norte es lo contrario, soy un blando. Pero necesitamos las dos visiones, consolidación fiscal y crecimiento, y España es la prueba de que la Comisión ha intentado combinarlas, extendiendo los plazos del déficit. No había alternativa fácil, se equivocan quienes piensan que había formas más sencillas de recuperar acceso a los mercados sin ajustes dolorosos: hasta 2012 se hizo indispensable recuperar la credibilidad; cuando las cosas se estabilizaron, suavizamos los objetivos.

P. En el Sur la percepción es distinta. ¿No echa de menos otro BCE o estímulos en el centro?
R. Europa tiene un problema con esa fractura Norte-Sur; es esencial construir puentes entre las dos visiones. Las cosas habrían sido distintas con otro diseño de los mecanismos de rescate, en 2010: nos hubiéramos ahorrado algún año de crisis. No pudo ser: a partir de ahí hemos intentado acompasar la solidaridad a una mayor responsabilidad.

P. ¿Y el BCE?
R. En la historia económica no hay ejemplos de recuperación sin aumento del crédito: debería haber una demanda externa extraordinaria, y eso es improbable. Con la fragmentación financiera actual, esos créditos tan caros en países como España o Italia son un enorme problema para Europa. Pero el BCE prepara medidas.

P. Ya lleva año y medio así.
R. Con un shock de demanda en plena recesión, y con una política fiscal rigurosa, una política monetaria más expansiva podría funcionar. Reino Unido es la prueba: ese tipo de medidas no han sido una cura milagrosa, pero al menos han ayudado. No soy quién para aconsejar al BCE, pero tiene margen con la inflación tan abajo.

P. El FMI avisa de que con la austeridad la eurozona podría acumular deudas inmanejables. ¿Sigue creyendo que fue buena idea recortar en plena recesión y no corregir el tiro más rápido?
R. La dinámica de la deuda pública en Europa se está estabilizando: hay demasiado pesimismo al respecto. Cuando se hizo eso no había muchas alternativas, por el incendio en el mercado de deuda.

P. No se discute eso; se discuten las dosis, la velocidad, el hecho de que el ajuste se aplicara en todas partes a la vez. ¿Tardó usted demasiado en corregir el tiro?
R. En los momentos iniciales había que dar un volantazo; a menudo se olvida que después la Comisión se ha centrado en el medio plazo, en los déficits estructurales y no en los nominales.

P. ¿Le preocupa la desconfianza de los europeos con la Comisión por su papel en la troika?
R. Varios países querían al FMI a bordo. Y la experiencia del Fondo ha sido de gran ayuda; ha habido una cooperación razonablemente positiva entre tres instituciones de fuerte carácter. Las troikas han conseguido estabilizar las situaciones en países que afrontaban crisis existenciales, sin una arquitectura institucional preparada para shocks de este calibre. Entiendo las críticas, pero las cosas han mejorado.

P. ¿Qué habría hecho usted diferente sin el FMI a bordo?
R. Habría puesto más énfasis en las reformas en las fases iniciales de los rescates, y habría querido que todos los países afectados hicieran suyos los ajustes desde el arranque para que la ciudadanía entendiera la gravedad de la situación. Y habría sido mejor poner más objetivos cualitativos, no solo cuantitativos, con el apoyo de fondos estructurales para paliar los efectos a corto plazo.

P. La reciente conversión de Hollande es sorprendente. ¿Se ignora en Europa la importancia de la demanda en la recuperación?
R. De acuerdo con algunos académicos, Europa tiene un problema que se puede manejar impulsando solo la demanda. ¿La oferta no cabe en esa ecuación? En mi opinión, debemos jugar con las dos cosas: hay países que deben rehacer sus finanzas públicas, otros acometer reformas, en otros se puede invertir más: estamos a la espera de los planes de Alemania, que tiene una especial responsabilidad por su peso en la zona euro. El caso de Francia es distinto: hay que intensificar las reformas, al igual que en Italia.

P. En España ya ha habido un fuerte impulso reformista. Y el crecimiento potencial ha caído.
R. Los efectos de las reformas se ven en la competitividad, en la exportación, en los indicadores de confianza, en los mercados. Ya hay crecimiento e incluso el paro se ha estabilizado, si bien a niveles inaceptablemente altos. Para que la mejoría se afiance es esencial seguir con las reformas y seguir en una línea fiscal fiable.

P. ¿Cómo explica a un español que con la devaluación interna la salida de la crisis sea tan borrosa?
R. El proceso de ajuste estructural está en marcha, pero llevará tiempo sustituir un sector con tanto peso como la construcción por otras actividades. En Finlandia tuvimos algo así hace dos décadas: el ajuste duró cuatro años, pero funcionó, aunque la recuperación del empleo tardó una década. España lleva tres años con las reformas y lo normal es que tarde más de 10 años en recuperar las tasas de desempleo que tenía antes de la explosión de la burbuja: arreglar crisis como la española acaba costando una década.

P. ¿El rescate es un éxito?
R. Hay que distinguir entre la economía y el rescate financiero. El programa ha funcionado; no me gusta la palabra éxito porque quedan grandes desafíos por delante, pero las dudas sobre la liquidez y la solvencia de la banca se han disipado. La economía tiene que recuperarse de una década de excesos: la burbuja fue enorme y el ajuste será largo y doloroso. Si tuviéramos una foto panorámica, veríamos nubes y claros.

P. Cuesta ver los claros con una deuda pública disparada y con casi 600.000 empleos menos que al inicio del programa.
R. Transcurre un tiempo desde que se cruza la esquina de la crisis y mejora el empleo. Además, el rescate estaba focalizado en recuperar la confianza del mercado: eso ha funcionado. Pero desequilibrios tan agudos como los de la economía española no van a resolverse de la noche a la mañana. Es importante que el programa haya finalizado, y hay que valorar que el sector financiero no tenga ahora, ni de lejos, los niveles de estrés de hace 18 meses.

P. Póngase en los zapatos de Rajoy. ¿Qué haría mañana?
R. No veo más salida que seguir con las reformas y confiar en una recuperación paulatina que permita absorber el exceso de deuda, que va a erosionar las bases de la economía durante un tiempo. Con tres prioridades: completar la reforma laboral poniendo el énfasis en las políticas activas, y adoptar una reforma a fondo en los servicios profesionales y en el sector energético.

Fuente: El País. 

Portugal, el país en el que la Troika más erró sus cálculos

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El primer ministro de Portugal , Pedro Passos Coelho, habla con la ministra de Finanzas, María Luis Albuquerque, y y el viceministro Paulo Portas durante la votación del Presupuesto luso de 2014.
El primer ministro de Portugal , Pedro Passos Coelho, habla con la ministra de Finanzas, María Luis Albuquerque, y y el viceministro Paulo Portas durante la votación del Presupuesto luso de 2014.REUTERS / Hugo Correia


  • Concluidos dos años y medio de recortes, las últimas estimaciones del Gobierno luso y de los organismos internacionales  apuntan a una caída del PIB del 1,8% para 2013 y un alza de apenas el 0,8% para 2014

Susana Irles /EFE Lisboa 22/12/2013 13:28 Actualizado: 22/12/2013 16:46


El cálculo del impacto de la austeridad condujo a errores en las previsiones de crecimiento de los países rescatados, de los que Portugal registró los mayores fallos estadísticos, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). El debate sobre la efectividad del programa del rescate se ha reavivado esta semana en Portugal por el anuncio de la llegada a Lisboa, los próximos 6 y 7 de enero, de una misión del Parlamento Europeo para investigar la actuación de la troika.

Hasta el momento, tanto los informes de las últimas evaluaciones de la troika como de la directora general del FMI, Christine Largarde, han admitido que hubo "errores" en las previsiones de crecimiento de los países rescatados (Grecia, Portugal e Irlanda). En el caso luso, los fallos sobre la previsión del crecimiento de la economía fueron "significativamente" superiores que en los otros países rescatados en los primeros años en lo se que se aplicó ese programa, afirma el FMI en las conclusiones de la octava y novena evaluación a Portugal. "Aunque el pronóstico del historial de Portugal es comparable al de los otros países con programas de apoyo financiero durante el período 2009-2012, el error de la previsión de crecimiento tendió a ser significativamente mayor en los primeros años", se señala en el capítulo dedicado al análisis de la deuda pública.

Según el documento, las previsiones optimistas se verifican en un margen de error de 2,06% entre las estimaciones de la evolución del producto interior bruto (PIB) entre 2004 y 2012. En el comienzo del programa del rescate, que el Gobierno luso solicitó en abril de 2011 ante el aumento de los intereses de su deuda, el FMI calculó que el país crecería un 1,2% este año y un 2,5% en 2014. Portugal acordó un plan de ajustes que debe acabar el próximo junio para enderezar la contabilidad pública del país en contrapartida a un préstamo internacional de 78.000 millones de euros.


Una mujer camina cerca de un cartel puesto por la izquierda en una calle de Lisboa en el que se puede leer "Contra el robo de empleo y sueldo. Nosotros no pagamos. Fuera del Euro. Fuera el Gobierno". REUTERS / Hugo Correia

Concluidos dos años y medio de reformas, las últimas estimaciones del Gobierno y la troika (formada por la Comisión Europea, el BCE y el FMI) están lejos de aquellas iniciales y apuntan a una caída del PIB del 1,8% para este año y un crecimiento del 0,8% para el próximo. Este desvío en las estadísticas fue advertido por los organismos internacionales en 2012, que suavizaron las metas del déficit y concedieron más tiempo para alcanzarlas.

Lagarde volvió a reconocer la semana pasada durante una intervención en el Parlamento Europeo los programas implementaron "demasiada consolidación fiscal, demasiado deprisa". "Lo dijimos porque es también una cuestión de honor para el FMI reconocer sus errores cuando ellos son cometidos" y "reconocer que algunos temas no fueron suficientemente abordados o explorados a fondo", dijo la que fuera ministra de Finanzas francesa. La directora general se refirió a los fallos en los "multiplicadores automáticos" establecidos para calcular el impacto de las medidas de austeridad sobre la evolución de la economía.

Esos mismos efectos fueron advertidos en 2012 en el informe Previsión Económica Mundial del FMI, que consideró que el efecto multiplicador de los recortes en gasto público tenía un impacto mayor que el previsto. El contexto recesivo, la simultaneidad de varios planes de recortes en Europa y la falta de margen de maniobra en política monetaria por los bancos centrales se apuntaron como factores que contribuyeron a disparar el impacto de la austeridad.


Manifestación contra la austeridad frente al Parlamento portugués. REUTERS / Rafael Marchante

En el terreno político, el nuevo reconocimiento de errores fue calificado como de "cierta hipocresía institucional" por parte del primer ministro luso, Pedro Passos Coelho, en una de sus críticas más agrias a los organismos internacionales en el Parlamento luso desde su llegada al poder en junio de 2011. "Si la directora general del FMI está de acuerdo en que hubo fallos de partida en los programas de ajuste, el FMI debería haber sido más consecuente y coherente, y aceptar las pretensiones que el Gobierno portugués defendió en las negociaciones", afirmó.

El Gobierno portugués reclamó una suavización de las metas del déficit en las evaluaciones octava y novena que la troika no aceptó y mantiene en el 5,5% del PIB para este año y el 4% para el próximo.

Fuente: Público.

ENTREVISTA | David Stuckler 'Los recortes son peligrosos para la salud'

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David Stuckler es autor de casi 100 artículos científicos.
David Stuckler es autor de casi 100 artículos científicos.

Amparo, una mujer de 45 años, decidió quitarse la vida el pasado lunes. Con seis hijos y dos nietos a su cargo, iba a ser desahuciada por un impago de alquiler de su vivienda situada en el madrileño barrio de Carabanchel. Su muerte, que ha sido denunciada por la plataforma 'Stop Desahucios', es el reflejo de la situación crítica en la que viven muchas personas en nuestro país a consecuencia de la crisis económica. Un estudio, publicado por la revista 'British Medical Journal', evidencia ese efecto negativo de la recesión económica en la tasa de suicidios. Uno de sus autores, el investigador David Stuckler, ha concedido una entrevista a ELMUNDO.es para hablar de este tema.

Profesor de Sociología en la Universidad de Oxford y autor del libro 'Por qué la austeridad mata. El coste humano de las políticas de recorte', (editorial Taurus) del que es coautor junto con el epidemiólogo Sanjay Basau, Stuckler considera que es necesario hablar de cómo los recortes están mermando la salud de los ciudadanos. "Este libro es un mensaje duro, es un aviso", reconoce cuando se le pregunta cuál es su objetivo con esta publicación.

En las páginas de este libro hace un repaso de cómo algunos países se han enfrentado a la crisis económica y su efecto en la salud de los ciudadanos. Uno de ellos es Grecia en donde tan sólo en 2009, el presupuesto de salud pública se redujo de 24.000 a 16.000 millones de euros. Sin fondos para el control de infecciones, los casos por VIH han aumentado un 200% y se han generado brotes de malaria al no contar con políticas para erradicar los mosquitos. Además, se produjo un incremento de la mortalidad infantil del 40% y la tasa de suicidio aumentó un 17%.

Ante la pregunta de si puede España vivir una situación similar a la griega, Stuckler sentencia que "hay un verdadero peligro" si se siguen reduciendo los presupuestos destinados al sistema de salud. "Los recortes que está haciendo Mariano Rajoy, tanto en salarios como en el sistema sanitario, no están mejorando la recuperación y además son peligrosos para la salud". Esta afirmación la hace con los datos en la mano de un estudio, realizado junto con investigadores de la Universidad de Baleares, en el que se analizó la situación de más de 7.900 pacientes que acudieron a un centro de atención primaria entre 2006 y 2010. Se constató que, además del aumento de las tasas de suicidio, también se habían incrementado los casos de dependencia del alcohol y los de ansiedad.

Dos caras de la misma moneda

Stuckler señala que crisis económica no siempre va unida a un mayor aumento de suicidios: "En Suecia la crisis bancaria ha generado un aumento del 10% del desempleo, pero su tasa de suicidios sigue cayendo. Depende de las decisiones políticas que se tomen". Otro ejemplo de esto es Islandia, que en mitad de sus crisis bancaria y tras haber hecho un recorte en sanidad del 30% –que derivó en la dimisión de su ministro– decidió por referéndum aumentar el presupuesto sanitario un 20%. "Allí no ha habido un aumento significativo de suicidios ni de depresiones. Esto demuestra que una crisis económica no tiene por qué aumentar la tasa de mortalidad".

"Los políticos han hablado mucho sobre qué hacer cuando hay deudas y déficit sin tener en cuenta el coste humano. [Con este libro] hemos querido arrojar luz sobre el impacto de esas decisiones políticas sobre la salud de la población. Para que funcionen nuestras democracias esa información es esencial. Hay que saber que se puede provocar una recuperación económica a través de unas inversiones inteligentes en programas de sanidad".

Según los datos que ha recogido este experto, parece que esas decisiones inteligentes no se están tomando en España. Un ejemplo es Cataluña, la comunidad donde primero empezaron las medidas de ajuste, "Convergència i Unió aumentó los recortes y se generó un incremento del 43% en las listas de espera entre 2010 y 2011 y el número de operaciones cayó un 15%".

El copago es otro punto con el que Stuckler no está de acuerdo. "Aquí los pensionistas tienen que pagar parte de sus fármacos y las personas que ganan menos de 18.000 euros al año están asumiendo el 40% del precio de sus medicamentos. Pero existen estudios randomizados (aleatorios) que han comprobado que estos copagos disuaden la atención sanitaria no necesaria pero también la necesaria".

En cuanto a la medida implantada por decreto de dejar sin atención sanitaria a los inmigrantes sin papeles (salvo embarazadas, niños y urgencias), este sociólogo señala que en EEUU "se comprobó que sacar a los inmigrantes del sistema sanitario pospone y aumenta el gasto. Si la política no ahorra dinero, es una cuestión de ideología".

Para concluir insiste en que "esta crisis es una oportunidad para replantearnos nuestras prioridades como sociedad para volver a encaminar nuestras economías. Es una oportunidad y la podemos perder".

Cien estudios

David Stuckler ha publicado casi 100 artículos científicos en los últimos cuatro años, muchos de ellos en prestigiosas revistas médicas como 'The Lance't o 'British Medical Journal' en los que analiza el impacto de la política en la salud. También es coautor de los libros 'Por qué la auteridad mata y Sociedades Enfermas'. En sus escritos, este profesor de la Universidad de Oxford y Honorary Research Fellow en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres analiza los determinantes de salud a nivel macro social, al igual que las políticas económicas de salud global. "Utilizo datos y modelos para responder cuestiones complejas como: ¿La crisis financiera nos enferma? ¿Están llegando las ayudas de salud global a los más pobres? ¿Cómo pueden los sistemas de salud proporcionar atención al alcance de todos?"

Fuente: El Mundo.

25 millones de europeos ante el abismo de la pobreza

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  • Intermón Oxfam alerta de que las políticas de austeridad podrían retrasar 25 años la recuperación del nivel de vida previo a la crisis

Alejandra Agudo Madrid 12 SEP 2013 - 01:27 CET


La clase media agoniza en Europa. Mientras los ricos se hacen más ricos, 25 millones de europeos están en el abismo de la pobreza. Que caigan o no en ese pozo en el que ya están 120 millones de ciudadanos de la UE, según datos de Eurostat de 2011, depende de que las políticas de austeridad que países como España, Portugal, Grecia o Reino Unido están aplicando con dureza, cesen. Es la conclusión del informe La trampa de la austeridad publicado este jueves por Intermón Oxfam en el que además se advierte que de producirse el peor de los escenarios, “podría llevar 25 años recuperar el nivel de vida de 2008”.

La crisis ha hecho mella en las economías domésticas de los ciudadanos de la UE. El último dato disponible, de 2011, elevaba el número de pobres en Europa a 120 millones. Esto significa que viven con menos del 60% de la renta media disponible de su país –en España, 15.445 euros para una familia de dos adultos y dos menores, cálculo del INE--; o bien tienen varias carencias materiales como no poder mantener la casa caliente, pagar la vivienda a tiempo o comer carne dos veces a la semana, entre otras. “Este dato ya debería cuestionar lo que se está haciendo”, defiende Teresa Cavero, responsable de investigaciones de Intermón Oxfam y coautora del informe. La organización calcula que entre 15 y 25 millones de personas que todavía no están en esa situación podrían estarlo en 2025 si se mantienen las políticas de austeridad. “Que 145 millones de personas fueran pobres en Europa en el siglo XXI es una barbaridad y pensamos que se puede evitar”, añade Cavero.

Para obtener estos datos y llegar a estas conclusiones, Intermón Oxfam se ha basado en el crecimiento de la pobreza en Europa desde que comenzó la crisis. Pero también en los resultados que las políticas de austeridad tuvieron en América Latina, África y el Este asiático en la década de los 80 y 90. “Ya estuvimos ahí y no funcionó”, afirma Cavero. Y aunque Europa parte de una situación distinta, las consecuencias están siendo las mismas, dice el documento, lo que debería ser “una lección para los países europeos”.

Pese a las nefastas previsiones, la situación económica no es adversa para todos. “En muchos países, las personas más ricas han aumentado su participación en la renta nacional, mientras la participación de las personas más pobres ha disminuido”, apunta el informe. En 2011, el 10% más rico se llevó el 24% de los ingresos en la UE, mientras que el 10% más pobre se llevó el 3%. En España, el número de individuos con grandes patrimonios se incrementó un 5,4% hasta alcanzar las 144.600 personas en 2012, según el Informe Anual sobre la Riqueza en el Mundo, elaborado por Capgemini y RBC. El país, sin embargo, se encuentra a la cabeza de Europa en licenciados en riesgo de pobreza, con un 10%. Un dato muy por encima de la media de la UE (7,3%). Si no se cambia el rumbo de las políticas económicas, “la brecha entre ricos y pobres en Reino Unido y España podría equipararse a la de Sudán del Sur o Paraguay”, ejemplifica Cavero.

En este sentido, el informe de Intermón Oxfam subraya que la creciente desigualdad podría provocar un “aumento de la delincuencia, el empeoramiento de la salud y los resultados académicos”. Por eso, la entidad llama “a los responsables europeos a aparcar la austeridad que no están consiguiendo reducir los niveles de deuda, como era su objetivo”. Para Consuelo López, portavoz de Intermón Oxfam España, “lo más desalentador es que percibimos que está en riesgo es el modelo europeo de derechos, el paradigma de integración y sociedades equitativas”.

El informe señala a las políticas de recortes como causantes del aumento de la pobreza, entre ellas destaca la subida del IVA –“medida fiscal regresiva que afecta de forma desproporcionada a las personas con menor nivel de ingresos”--, la reducción del gasto público, desde los sueldos de los funcionarios, hasta la sanidad, educación y políticas sociales, así como el debilitamiento de los mecanismos en la negociación colectiva, la privatización de servicios públicos (agua, transporte, energía) o la liberación de los mercados laborales.

El impacto de todas estas medidas, que bien podrían ser una fotocopia de las políticas del Gobierno de Mariano Rajoy, se han traducido (y lo seguirán haciendo) según el estudio, en el aumento del paro, sobre todo juvenil “que está en su nivel más alto desde el año 2000” con Grecia (59%) y España (56%) a la cabeza. “Toda una generación se enfrenta a muchos años de desempleo”, alerta. Pero la tijera también ha provocado el empobrecimiento de los trabajadores. “Una de cada diez familias en las que se desempeña alguna actividad vive en la pobreza. Es cada vez más habitual que los únicos empleos que se generan no ofrezcan seguridad, y en muchos casos se contrata por menos horas de las que se necesitan”, afirman los autores del texto.

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía y ex economista jefe del Banco Mundial, que ha contribuido en la introducción del informe afirma: “La austeridad solo ha conseguido paralizar el crecimiento de Europa, con decepcionantes mejoras en las balanzas fiscales en todos los casos. Y lo que es peor, la austeridad contribuye al aumento de las desigualdades que harán que esta situación de fragilidad económica perdure, exacerbando innecesariamente el sufrimiento de las personas en situación de desempleo y pobreza durante muchos años”.

La alternativa de Intermón Oxfam

La organización ha elaborado una serie de propuestas alternativas a las políticas de austeridad. Consuelo López, portavoz de Intermón Oxfam España reconoce que la capacidad de influencia de las organizaciones es limitada, sobre todo en España “por el aislamiento del Gobierno que no atiende a las demandas de la opinión pública”.

Pero frente al “mensaje de la austeridad, seguimos insistiendo”, dice López. Por eso la organización no solo ha querido denunciar las consecuencias de estas medidas, sino poner sobre el tablero, aquellas que creen podrían revertir la tendencia alcista de la pobreza y salvar el modelo social y de bienestar europeo.

1. Invertir en las personas y el crecimiento económico: priorizar programas de estímulo, centrarse en la creación de empleo y proteger la Ayuda Oficial al Desarrollo. Estos eran objetivos del Plan Europeo de Recuperación Económica, cuyo coste total era de 200.000 millones de euros para toda la UE. En 2010, muchos gobiernos pusieron fin a sus programas de estímulo. En ese tiempo, sin embargo, las ayudas al sector financiero ascendían a 4,5 billones de euros.

2. Invertir en servicios públicos que garanticen una educación y atención sanitaria públicas, universales y de calidad para todas las personas. Intermón Oxfam también propone que se garantice el acceso a viviendas dignas, seguras y asequibles mediante el aumento de inversión pública en la construcción de viviendas que además, generaría empleo.

3. Fortalecer la democracia institucional mediante la rendición de cuentas y favoreciendo la participación ciudadana. En este punto, la organización también cree necesario mejorar el diálogo social entre la patronal, los trabajadores y las autoridades públicas con el fin de luchar contra la reducción de salarios.

4. Sistemas fiscales justos. Para ello, proponen gravar la acumulación de riqueza, aplicar una tasa a las transacciones financieras y “combatir eficazmente” el fraude fiscal.

“Se trata de alternativas políticas viables. Por ejemplo en España, la puesta en marcha de un sistema universal de garantía de ingresos mínimos supondría 1.8000 millones de euros (además de los 843 que ya se destinan a este fin), y podría garantizar los ingresos mínimos de otros 407.000 hogares, beneficiando a 1.178.000 personas, actualmente fuera del sistema. Esos 1.800 millones suponen solo el 36% de los ingresos anuales que se estima que recaudaría el país por la tasa de transacciones financieras”, apunta el estudio.
Fuente: El País.

La Unión Europea salva la cara con pequeños estímulos

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  • Los Veintisiete tienen listas medidas contra el paro juvenil y para reabrir el grifo del crédito
  • Los socios llegan a un acuerdo político para desatascar los presupuestos

Claudi Pérez / Lucía Abellán Bruselas 28 JUN 2013 - 02:38 CET


El presidente francés François Hollande habla con los periodistas a su llegada a la Cumbre Europea el jueves en Bruselas / JULIEN WARNAND (EFE)

Seis años después del estallido de la crisis, 27 millones de europeos están en paro: un contingente que equivale a tener de brazos cruzados, sin posibilidad de trabajar, a toda la población de Bélgica, Austria, Dinamarca e Irlanda. Tras haberse tragado 1,6 billones de euros de dinero público, el sistema financiero sigue asfixiado y tampoco consigue hacer llegar el crédito a la economía real. La cumbre de la UE ha cerrado un acuerdo para dar una respuesta (parcial y relativamente modesta) a esos dos problemas. Los Veintisiete dieron luz verde a un par de pasos destinados a aliviar el peso de esa tasa de paro socialmente insoportable y a restañar las heridas que deja el agujero en el sistema circulatorio de la economía —la banca—, que anticipan aún más tiempos difíciles en Europa.

Los líderes cerraron un plan de choque contra el desempleo juvenil que movilizará 6.000 millones de euros en 2014 y 2015 y hasta 2.000 millones adicionales hasta 2020, procedentes de los fondos que no se gasten en ese periodo. En total, unos 8.000 millones —según los cálculos del Consejo— para combatir el paro. Además, pactaron un programa para desatascar los préstamos a las pymes, por importe de hasta 100.000 millones —con la habitual ingeniería financiera propia de estos tiempos— hasta 2020. No hay demasiado dinero fresco ni convicción en esos dos estímulos, que llegan con un año de retraso: la cumbre de junio de 2012 aprobó medidas muy similares que nunca vieron la luz. Pero al menos algo empieza a moverse en la Unión.

Europa sigue esperando a su Roosevelt (el presidente que sacó a EE UU de la Gran Depresión), pero la economía y la política tiran en direcciones distintas. Mientras la economía exige ambición para arreglar el edificio del euro y medidas a muy corto plazo para la reactivación, los socios europeos caracolean para acabar encontrando soluciones de compromiso, pero habitualmente faltas de ambición. Al menos, los líderes llegaron ayer a Bruselas con los deberes hechos: los ministros de Finanzas desbloquearon el acuerdo sobre quién debe pagar cuando se cierre un banco —algo fundamental en el camino hacia la unión bancaria—, y la Comisión, el Consejo y el Parlamento llegaron a un acuerdo político para desatascar los presupuestos para los próximos siete años, esencial para que las medidas contra el paro juvenil y a favor del crédito vayan más allá de las palabras.

El nuevo mantra en Europa se basa en seguir con la austeridad, pero sobre todo en activar reformas estructurales. El presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, advirtió de que la Unión “es consciente de la necesidad de estímulos a corto plazo, debido a que esas reformas tardan un tiempo en dar resultados”. Y sin embargo, los líderes son plenamente conscientes de que esas medidas no son de gran calado: no suponen un punto de inflexión. “No se trata de cifras realmente impresionantes”, resumió el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker. “Esas medidas no van a acabar con el paro. Ni con la fragmentación del mercado financiero, que hace que las pymes de la periferia paguen más por sus créditos que las del Norte. Pero van en la línea adecuada”, explicaron fuentes del Consejo Europeo.

El estado de ánimo del proyecto europeo se ha visto perfectamente retratado estos días: en vísperas de la cumbre, Berlín consiguió bloquear —incluso con malas artes, según fuentes diplomáticas— una normativa para reducir el nivel de contaminación de los coches contraria a los intereses de su industria. Esa es la eterna historia de esta crisis: en la cumbre de junio de 2012, Italia, España y Francia amenazaron con plantarse para conseguir un Pacto sobre el Crecimiento sospechosamente parecido al que se discutía ayer —un año después— en Bruselas. Berlín transigió, pero en la práctica ha bloqueado o rebajado una y otra vez esas y otras iniciativas. Alemania solo ha cambiado cuando las críticas a su abrumador liderazgo han subido de tono: Berlín busca tranquilidad hasta las elecciones de otoño.

El reloj se ha parado en Europa, pese a que la canciller Merkel negó anoche que los socios “hayan cambiado una sola decisión en función de las elecciones”. La realidad contradice esa versión. Al margen de las medidas sobre el paro y el crédito, los socios se han embarcado en una aventura mayor: la unión bancaria. La semana pasada, aprobaron la recapitalización directa de entidades financieras; ayer acordaron las reglas para cerrar bancos. Ambos pasos están plagados de tecnicismos, de matices, pero el resumen que hacen los expertos es sencillo: la solución alcanzada es siempre muy del gusto de Alemania, y muy inferior a las expectativas. En junio de 2012, los líderes se conjuraron para romper el vínculo entre la crisis financiera y la crisis de deuda soberana. El dictado de Berlín ha llevado a rebajar esa ambición: ahora basta con “diluir”, con “debilitar” esos lazos. Una alta fuente europea asegura que esa rebaja puede traer problemas si la tormenta que parece estar formándose en los mercados vuelve a acercarse a las costas europeas. Si ese vaticinio se cumple, la recuperación de Europa será lo que viene siendo desde hace año y medio: un espejismo fugitivo.

Fuente: El País.

Francia carga contra la Comisión y exige más autonomía para hacer las reformas

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  • Hollande reclama a Bruselas que no imponga subidas de la edad de jubilación 

Miguel Mora / Claudi Pérez París / Bruselas 25 JUN 2013 - 21:05 CET

 
El presidente francés, François Hollande, durante una reunión con inversores chinos. / F. MORI (AFP)

 
París ha dicho basta a las imposiciones de los tecnócratas europeos. François Hollande cree que algunas recomendaciones de la Comisión Europea “son contraproducentes” porque determinan la forma de gobernar, afectan a la soberanía nacional, socavan la imagen de la Unión Europea e incluso “ponen en peligro reformas que son objetivamente necesarias”.

Francia ha exigido a la Comisión Europea que quite de sus recomendaciones semestrales algunos detalles relativos a la reforma de las pensiones que Bruselas reclamó a París a cambio de darle dos años más para cumplir el objetivo de déficit. Una fuente del Elíseo señaló que es preciso “cambiar el método” según el cual la Comisión dicta a los Estados “la intensidad de las reformas”, y añadió que esas órdenes perentorias “restan legitimidad” a las políticas y “niegan la autonomía de los Gobiernos y los Parlamentos nacionales”.

En concreto, París exige a Bruselas que borre la referencia a la necesidad de elevar la edad legal de la jubilación —medida que François Hollande ya se ha negado a tomar—, y conmina a los colaboradores del comisario económico, Olli Rehn, a añadir en el documento final de recomendaciones que la reforma de las pensiones será “concertada con los agentes sociales”.

El Elíseo sostiene que “todos los jefes de Gobierno” con los que ha hablado Hollande sobre este asunto —y la fuente cita a los de Alemania, España e Italia— “están de acuerdo en que la Comisión no tiene legitimidad para decir cómo se deben hacer las reformas”, aunque ven con buenos ojos que Bruselas siga recomendando a los Gobiernos los sectores que deben retocar.

La fuente aclaró que no se trata de que París no quiera hacer las reformas que pide Bruselas —“va en nuestro propio interés hacerlas”—, pero señaló que algunas demandas excesivas dificultan la aprobación de esas mismas reformas. “Aprendemos paso a paso”, dijo la fuente, “pero si nos quejamos es porque queremos salvar la reforma de las pensiones”.

El latigazo del presidente francés, que llega a solo dos días del Consejo Europeo del jueves y el viernes, tiene varias lecturas. En casa, suena como un mensaje de paz hacia los sindicatos más refractarios al retoque de las pensiones, que ya han amenazado con salir a la calle si el Gobierno defiende las tesis de Bruselas. Gran parte de la población francesa percibe a la UE como una fábrica de recesión y desigualdades, y más después de la aplicación a rajatabla del librillo ultraliberal en Grecia, Portugal, España e Irlanda. A la vez, el Partido Socialista francés teme un descalabro en las elecciones europeas de 2014. El Frente Nacional está por delante en algunos sondeos, y, en palabras del ministro de Industria, Arnaud Montebourg, “la actual política de Bruselas es gasolina para el FN”.

En el contexto europeo, París lleva algunas semanas empleándose a fondo para encontrar una voz propia y rearmarse moralmente ante sus socios, a la vez que pacta con Alemania las bases de la futura arquitectura europea. Una de las vías elegidas es el choque frontal con el presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, que parece cada día más débil una vez ha perdido el apoyo de Alemania, aunque esta recela de Bruselas por lo contrario que París, por su inacción. El ejemplo más reciente de ese pulso ha sido la defensa a ultranza de la excepción cultural, cuando París logró que el sector audiovisual quedara fuera de las negociaciones de libre comercio con Estados Unidos. Barroso se empeñó en lo contrario, y tildó a Francia de reaccionaria en un gesto de pésimo perdedor.

En la capital europea, en fin, se acumulan las señales de fin de ciclo, de final de régimen. Además de París y Berlín, las otras capitales cada vez se alejan más de la Comisión. Madrid y Roma claman por algo de estímulo, por un poco de manga ancha ante su dificilísima situación. Londres se ha embarcado en una deriva que puede acabar en un referéndum, e incluso Ámsterdam emite señales de malestar: “Los tiempos para una mayor integración han pasado”, ha asegurado el Gobierno holandés. Del reguero de broncas y desacuerdos no se libra siquiera la troika, la institución formada por Comisión, BCE y FMI. Tras la gestión conjunta de los diferentes rescates, el Fondo ha afirmado que la Comisión niega la realidad.

Fuente: El País.

Las 10 recetas del FMI para España

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  • El Fondo quiere una nueva reforma laboral, fiscal y de pensiones
  • El organismo pide que se mantenga abierta la opción del rescate por el BCE

EL PAÍS Madrid 19 JUN 2013 - 10:19 CET

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha presentado hoy las conclusiones de la misión enviada a España para preparar el informe que anualmente realiza el organismo sobre la economía española. Aunque el informe definitivo está pendiente de su elaboración completa y de su aprobación por el Consejo del FMI, en las conclusiones de la misión ya hay una serie de recetas que el Fondo considera conveniente aplicar.

1. Una nueva reforma laboral

El FMI considera que la reforma del mercado laboral debe ser aún mayor para generar empleo. Considera que la flexibilidad interna está mejorando, pero advierte que si con el final de muchos convenios no se logra un mayor ajuste con cambios en las condiciones laborales en lugar de despidos "podrían necesitarse reformas más profundas en la negociación colectiva". Entre tanto, pide simplificar de los procedimientos de descuelgue.

Además, considera que el progreso en la reducción de la brecha entre contratos permanentes y temporales ha sido insuficiente. "Esto requiere que se alineen los costes de despido para los contratos indefinidos con la media de la Unión Europea y que se incrementen de forma más gradual con la antigüedad. También requiere reducir el número de contratos, ampliar el uso del nuevo contrato permanente, y reducir el margen de interpretación judicial de los despidos objetivos", dice el Fondo.

Las conclusiones de la misión señalan que para ayudar a los desempleados a encontrar trabajo, se necesitan mejores servicios de colocación y formación. Para determinados grupos, como jóvenes y trabajadores de baja cualificación, pueden ser necesarias unas políticas más ambiciosas para reducir el coste (incluido el fiscal) de su contratación.

2. Pacto de empleos por salarios y rebaja de cotizaciones.

El Fondo pide explorar un mecanismo para crear empleo que comprenda dos elementos: 1. El compromiso de los empresarios de generar incrementos significativos en el empleo a cambio de la aceptación por los sindicatos de una significativa moderación salarial. 2. Algunos incentivos fiscales a través de reducciones inmediatas en las cotizaciones a la seguridad social compensadas por incrementos en la recaudación por imposición indirecta en el medio plazo.

3. Crear una comisión de crecimiento independiente

El Fondo cree que las reformas estructurales de los mercados prometidas por el Gobierno son correctas. Pero tras los múltiples retrasos en su puesta en marcha, dice que "ahora necesita llevarlas a la práctica". Las prioridades son una ley de Unidad de Mercado ambiciosa, eliminar la indexación de los precios públicos, y encontrar una solución duradera al déficit de tarifa eléctrica. "El plan de liberalización de los servicios profesionales también es importante y debe evitarse que resulte socavado por intereses creados y que sufra nuevos retrasos". Y lanza la idea de crear una “comisión de crecimiento” independiente para identificar prioridades futuras y generar consenso.

4. Reformar el régimen de insolvencia empresarial y personal

En cuanto a las empresas, el Fondo dice que el procedimiento funcionaría mejor eliminando trabas para la pronta refinanciación/reestructuración de empresas viables, agilizando la liquidación de las empresas no viables, fortaleciendo la capacidad de los juzgados mercantiles y estableciendo un marco que favorezca los acuerdos extra judiciales para pymes como la mediación.

Con respecto al régimen de insolvencia personal, propone "la introducción (como en otros países del área Euro) de un régimen de insolvencia personal, con condiciones estrictas, que preserve la cultura de pago". "También ayudaría una mayor información y asesoramiento a personas altamente endeudadas sobre las opciones para abordar sus problemas de deuda", añade.

5. Continuar el saneamiento de la banca
El Fondo señala que tras el rescate sistema bancario es significativamente más sólido, pero advierte de que persisten riesgos: "Las debilidades macro podrían generar un efecto de retroalimentación negativo entre el crédito y la economía, con deterioro de la cartera crediticia y presión sobre los beneficios". De hecho, pide el refuerzo de la calidad y la cantidad del capital, incluyendo mucha prudencia en la distribución de dividendos. Además, reclama el saneamiento de las carteras de préstamos y el fomento de la venta rápida de activos deteriorados, así como continuar con la positiva iniciativa de clarificar la clasificación de los préstamos refinanciados. También considera necesario reforzar la supervisión con "ejercicios prospectivos rigurosos y periódicos de resistencia de los bancos en distintos escenarios".

6. Medidas para reactivar el crédito

El FMI es consciente de que el crédito no fluye a pesar del rescate y reclama medidas como "el desarrollo de mecanismos bien diseñados de garantía y asunción compartida de riesgos orientados al crédito a pymes, la continuación de los planes para incrementar la financiación no bancaria, reducir los tipos de los depósitos y solventar los pagos atrasados del sector público". El informe dice que esas acciones "podrían incentivarse mediante el intercambio de activos de impuestos diferidos por créditos fiscales".

7. Reducir el ritmo del recorte del déficit
"Un ajuste demasiado rápido dañaría el crecimiento", dice ahora el FMI. "Los nuevos objetivos del gobierno de reducción del déficit estructural a medio plazo logran un equilibrio razonable entre la reducción del déficit y el apoyo al crecimiento. Será crucial detallar cómo se lograrán estos objetivos y garantizar que las medidas sean permanentes y tan favorables al crecimiento como sea posible. Los objetivos nominales (y, si es necesario, estructurales) deberían ser flexibles en caso de que el crecimiento no alcance el nivel previsto por el gobierno - cuanto más creíble sea el plan de consolidación, tanto mayor será el margen de flexibilidad con los objetivos. Dada la necesidad de estabilizar la economía y suponiendo que se logra la consolidación estructural en marcha para 2013, no resultan deseables medidas adicionales para 2013".

8. Aplicar el factor de sostenibilidad de los expertos

El FMI aplaude la fórmula propuesta por el Comité de expertos que, si no se aportan nuevos ingresos al sistema, supondrá pensiones más bajas en el futuro. "La propuesta del comité proporciona un marco sólido para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones", dice.

9. Presupuesto plurianual y reforma de la Administración

"Es necesaria una presupuestación más centrada en el medio plazo y una consolidación de los diversos documentos presupuestarios en uno solo que comprenda el conjunto de las administraciones públicas, reconcilie los cambios en los presupuestos de años anteriores, y muestre claramente el impacto de cambios de las políticas", señala. También indica que "se debería seguir adelante con la creación de un panel de expertos que provea recomendaciones sobre la reforma fiscal y la financiación de las s Autónomas. Una revisión del gasto que abarque diversos niveles de las administraciones públicas ayudaría a localizar sinergias, favorecería una provisión más eficiente de los servicios públicos y permitiría identificar medidas de fomento del crecimiento". Y añade que "el buen resultado en materia fiscal de las Comunidades Autónomas del año pasado debería consolidarse mediante mejoras adicionales en la aplicación de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera".

10. Mantener abierta la opción del rescate
"Para ayudar a cimentar la confianza del mercado y reducir los tipos de interés, España y el área Euro deberían mantener abierta la posibilidad de poder solicitar el programa OMT del BCE", dice el Fondo. Ese es el programa por el que el BCE puede comprar deuda pública en el mercado secundario de los países que soliciten un rescate y cuyo anuncio permitió bajar la prima de riesgo. El FMI subraya que "se debería hacer más a nivel europeo para facilitar el ajuste de España". "Sería de particular importancia para España avanzar más rápido hacia una unión bancaria completa, que ayudaría a romper el vínculo soberano/bancario, permitiendo a las empresas españolas financiarse con base en sus propios méritos, independientemente del país donde está domiciliada. También sería importante que el BCE adoptara medidas adicionales para reducir los mayores costes de financiación a los que se enfrenta el sector privado en España", añade.

Fuente: El País.