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Así se expulsa a un europeo de la UE

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Protesta en Bruselas contra la secretaria de Estado de Inmigración. / FRANÇOIS LENOIR (REUTERS)

  • Bélgica fuerza la salida de comunitarios considerados una “carga excesiva” para el Estado

Lucía Abellán / Ignacio Fariza Somolinos Bruselas 12 ENE 2014 - 21:40 CET

El sueño europeo de establecerse libremente en cualquier país miembro sin dar explicaciones se ha topado con la realidad de la crisis. Las estrecheces económicas han llevado a algunos Estados comunitarios a reforzar un derecho reconocido de manera muy ambigua por la legislación de la UE: expulsar a los ciudadanos de otros países miembros que representen una “carga excesiva” para el sistema. Se trata de una medida más efectista que eficaz que contemplan en sus leyes casi la mitad de los Estados miembros. Pero en la práctica es imposible certificar la expulsión de un comunitario y, sobre todo, impedirle que vuelva.

Bélgica es uno de los países que ha regulado —y endurecido— esa posibilidad. Este país, reconocido por la Comisión Europea como uno de los más generosos en las políticas de asilo para refugiados de terceros países, ha acelerado la práctica, hasta hace poco residual, de expulsar a ciudadanos comunitarios. Aunque los datos iniciales apuntaban a un número menor, las autoridades belgas expidieron la orden de salida a 4.812 ciudadanos de la UE el año pasado, según datos suministrados por la Oficina de Extranjería del Ejecutivo belga.

La cifra de afectados con pasaporte europeo duplica la del año anterior y representa algo más del 9% del total de extranjeros que tuvieron que abandonar el territorio por no disponer de medios suficientes para mantenerse. Un porcentaje nada despreciable para una práctica que bordea la legalidad comunitaria.

Los españoles ocupan un lugar destacado en esta clasificación. En 2013 fueron la quinta comunidad más expulsada, por detrás de rumanos, búlgaros, holandeses y franceses. En total, 291 personas de nacionalidad española recibieron la orden de abandonar Bélgica.

Pero mostrar la puerta de salida a un europeo de pleno derecho no es lo mismo que hacerlo a cualquier otro extranjero. Una portavoz de la Oficina de Extranjería explica las diferencias. Cuando las autoridades demuestran que el afectado representa “una carga excesiva” para el sistema social (por ejemplo, si no ha trabajado durante mucho tiempo y, en cambio, consume ayudas sociales), emiten una orden de expulsión, que puede ser aceptada o no. En caso de resistencia, Bélgica no ejerce el recurso a la fuerza; no mete al ciudadano en un avión ni lo priva de su libertad. Simplemente le cierra todos los cauces oficiales en un país en el que es fundamental disponer de un contrato de arrendamiento (o de adquisición de vivienda) para darse de alta en el Ayuntamiento y acceder a la sanidad, a la educación y a todas las prestaciones sociales que ofrece el territorio.

“No se les expulsa por la fuerza. Simplemente se les borra del registro oficial”, explica la portavoz, que subraya que estas personas quedan condenadas a vivir en la clandestinidad si no vuelven a su país de origen. Pero nada les impide quedarse en el territorio, emigrar a otro país comunitario e incluso ingresar de nuevo en Bélgica. Además, siempre tienen derecho a recurrir y retrasar de ese modo el proceso.

Tanto en Bélgica como en el resto de los Estados miembros, el ciudadano está completamente protegido durante los tres primeros meses de estancia en el país de acogida. A partir de ese periodo, debe acreditar alguna de estas cuatro condiciones: que trabaja (o que busca activamente empleo en el caso de haber quedado en paro), que tiene suficientes medios para vivir —así como un seguro de salud—, que está estudiando o que va a reunirse con algún otro familiar que cumple las condiciones mínimas. En ninguno de estos supuestos puede el Estado objetar la residencia. Y, transcurridos cinco años, tampoco podrá retirarla aunque no cumpla los requisitos, porque se considera que el ciudadano ya tiene arraigo en el país. Además, las comprobaciones que hacen las autoridades no pueden ser sistemáticas, sino limitadas a un calendario establecido.

El proceso es muy diferente para los inmigrantes ajenos a la UE. Los funcionarios de Extranjería certifican que el ciudadano con orden de expulsión haya abandonado el país y, en casos extremos, se les lleva a centros de detención donde esperan a ser deportados.

Esa posibilidad es impensable en ciudadanos comunitarios, aunque la ambigüedad de la directiva que regula sus derechos de residencia hace que al menos 13 países de la Unión —entre ellos, además de Bélgica, Alemania, Francia, Italia, Austria e Irlanda— practiquen expulsiones. El texto explicita que los ciudadanos europeos podrán vivir libremente en otro país de la UE siempre que no se conviertan en “una carga excesiva para la asistencia social del Estado de acogida”. Sin embargo, cuando alude a los motivos que podrían propiciar la expulsión, únicamente se refiere a asuntos sanitarios —una enfermedad contagiosa, por ejemplo—, de seguridad o relativos al orden público y cierra la puerta a la expulsión automática en caso de que el ciudadano recurra a la asistencia social.

Isabel Villar, profesora de Derecho Procesal en la Universidad de Cádiz, explica que lo que se produce en Bélgica y en otros Estados es una incorrecta interpretación de la expresión “excesiva carga para el país”. Villar argumenta que, en caso de expulsión, las autoridades deben detallar “exhaustivamente” las razones en las que basan su decisión y deben aplicar el criterio de proporcionalidad, sobre todo si se trata de una familia con hijos pequeños.

En cualquier caso, esta experta aclara que el hecho de acceder a los servicios sociales en el país de acogida “no puede conllevar la expulsión inmediata de ningún ciudadano; al menos no de forma automática”.

Más tajante se muestra Pablo González, profesor de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, que considera estas expulsiones como una posibilidad “expresamente prevista” en la norma comunitaria, aunque pide analizar “escrupulosamente” los abusos que se puedan estar produciendo.

Un portavoz comunitario respaldaba esta semana esa versión al asegurar que las expulsiones en Bélgica están amparadas por el derecho comunitario.


La Comisión intenta frenar el fenómeno

L. A. / I. F.

Bruselas lleva meses recordando a los Estados miembros lo que debería ser obvio: que la libre circulación de ciudadanos es un pilar básico de la UE y que, con cifras en la mano, la movilidad ha generado muchos más beneficios que perjuicios al proyecto comunitario. Pero el populismo que monopoliza el debate público en algunos países prende tan deprisa que la Comisión Europea se ve obligada a aplacar las inquietudes de algunos gobernantes.

Con esa intención, el comisario de Empleo y Asuntos Sociales, László Andor, presenta hoy una guía práctica para discernir a qué Estado corresponde, en cada caso, proveer la seguridad social al ciudadano residente en un país miembro. Bruselas intenta definir mejor el concepto de residencia habitual y acotar los derechos que lleva asociados.

La publicación ilustrará sobre casos prácticos para acallar el malestar creado en países como Reino Unido, Alemania y Holanda acerca del mal llamado turismo de prestaciones, que supuestamente realizan los europeos más pobres. Invirtiendo los términos del caso típico, la Comisión aclara, en un adelanto del documento que se hace público hoy, que si un británico se retira a Portugal y pasa la mayor parte de su tiempo allí, su residencia habitual será ya portuguesa, aunque mantenga inmuebles y otros lazos en Reino Unido.

Fuente: El País.

Huelga en Bélgica contra las políticas de austeridad, coincidiendo con la cumbre

Os acercamos una noticia sobre la huelga contra los planes de austeridad de la UE en Bélgica, relacionada con el contenido del Máster en la Unión Europea del Instituto Europeo Campus Stellae.


Los sindicatos belgas se congratularon del "éxito" de la huelga general de este lunes en Bélgica para protestar contra las medidas de austeridad aplicadas en Europa, y pidieron una "política de reactivación" a los dirigentes de la UE, reunidos en una cumbre en Bruselas.

"Esta huelga general es claramente un éxito", declaró Claude Rolin, el secretario general de la central sindical cristiana CSC, la mayor del país.

Los ferroviarios iniciaron la huelga a partir del domingo en la noche. La circulación de trenes, incluyendo los servicios internacionales de gran velocidad que unen Bruselas con París, Amsterdam, Colonia o Londres, fue interrumpida. Ningún tranvía, autobús ni metro circulaba en Bruselas, y en el resto del país el servicio de transportes públicos estaba muy perturbado.

Numerosos belgas participaron en la huelga, aunque no se produjeron los temidos atascos en las carreteras. En el aeropuerto de Bruselas se anularon algunos vuelos, y hubo retrasos en otros, aunque el tráfico era globalmente casi normal. El aeropuerto de Charleroi (sur) estaba cerrado. Los empleados del puerto de Amberes, uno de los mayores de Europa, decidieron unirse a los huelguistas, que también bloquearon carreteras a la entrada de zonas industriales.

En el sector privado, la huelga estaba siendo "muy bien seguida", en sectores como el siderúrgico, el petroquímico o el de la gran distribución, según el sindicato socialista FGTB. Esta huelga general, la primera en Bélgica desde 2005, "es necesaria" porque "las medidas que el gobierno está tomando son desiguales e injustas", destacaron los tres grandes sindicatos.

La coalición de gobierno del primer ministro Elio Di Rupo (liberales, socialistas y centristas) no piensa dar marcha atrás con el programa de ahorro de 11.300 millones de euros previsto en 2012.

Sin embargo, los sindicatos esperan con esta demostración de fuerza pesar en el nuevo paquete de medidas que se avecina en febrero.

El gobierno, que sorprendió a los sindicatos adoptando sin concierto las medidas de rigor, entre ellas un aumento de la edad de la jubilación anticipada, quiere reactivar las negociaciones en las próximas semanas. La ministra de Interior, la centrista Joëlle Milquet, llamó a "federar energías para ver cómo invertir en un plan de reactivación y de empleo".

Sin embargo, dado el elevado endeudamiento generalizado entre los 27 miembros de la UE, que celebran este lunes una cumbre informal en Bruselas, no habrá dinero fresco que poner sobre la mesa, según advirtió el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.

"La austeridad es, francamente, una mala respuesta", responde Claude Rolin. Según el dirigente sindical, la doctrina del equilibrio presupuestario que se disponen a adoptar los dirigentes europeos "impedirá que los Estados cumplan su trabajo".

Los sindicatos belgas y europeos reclaman que el Banco Central Europeo emita eurobonos, una opción a la que se opone Alemania, la mayor economía de la Eurozona. "Los Estados podrían en ese caso reembolsar sus deudas a tasas normales, sin ser víctimas de la especulación de los mercados financieros", y de paso costear la reactivación económica, dijo por su lado la secretaria general del sindicato FGTB, Anne Demelenne.

Fuente: Yahoo.com.

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Arroja la toalla el encargado de preparar un nuevo Gobierno en Bélgica

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El rey Alberto II acepta la renuncia del ex ministro socialista Johan Vande Lanotte, tercera persona a la que había encargado, desde junio de 2010, que intentara poner de acuerdo a los partidos para formar un Ejecutivo

RICARDO MARTÍNEZ DE RITUERTO | Bruselas 26/01/2011 
 

Los más de 30.000 manifestantes que el domingo reclamaron en la calles de Bruselas una salida rápida a la crisis política belga han recibido esta tarde un baño de agua gélida con la dimisión del mediador real, Johan Vande Lanotte, cansado de tres meses de infructuosas gestiones para acercar a los partidos flamencos y valones a la formación de un Gobierno. Vande Lanotte ya presentó su renuncia al rey el pasado día 6, pero el Alberto II le pidió enseguida que continuara en sus esfuerzos. Hoy se la ha aceptado

Vande Lanotte ha fracasado, como otros lo hicieron tras las elecciones de pasado 13 de junio, en poner de acuerdo a siete partidos sobre la nueva reordenación del Estado y con su salida abre un nuevo periodo de incertidumbre nacional. El socialista flamenco, que trata bilateralmente con los partidos sobre cómo abordar el futuro, aunque en las pasadas jornadas lo hizo con los bloques flamenco y valón por separado, no había logrado ni que se sentaran todos junto (socialistas, democristianos y verdes flamencos y valones más la secesionista Nueva Alianza Flamenca, N-VA, de ideología liberal) en torno a la misma mesa.

El problema es el de siempre, la oposición de los valones a ceder más poderes y dineros a los flamencos. Las últimas disputas giraron en torno a la pretensión de Flandes de recibir la plena transferencia de la políticas de empleo y del subsidio de paro.

El Rey emprenderá de inmediato nuevas consultas con los partidos para ver si tiene sentido nombrar un nuevo mediador. Instar a la participación de los liberales en las discusiones podría contribuir a que la N-VA fuera más transigente. El espectro de una nuevas elecciones inquieta en Bélgica, cercana a convertirse en el país que más tiempo ha estado sin formar Gobierno y temerosa de más polarización política.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Arroja/toalla/encargado/preparar/nuevo/Gobierno/Belgica/elpepuinteur/20110126elpepuint_19/Tes