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Así se expulsa a un europeo de la UE

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Protesta en Bruselas contra la secretaria de Estado de Inmigración. / FRANÇOIS LENOIR (REUTERS)

  • Bélgica fuerza la salida de comunitarios considerados una “carga excesiva” para el Estado

Lucía Abellán / Ignacio Fariza Somolinos Bruselas 12 ENE 2014 - 21:40 CET

El sueño europeo de establecerse libremente en cualquier país miembro sin dar explicaciones se ha topado con la realidad de la crisis. Las estrecheces económicas han llevado a algunos Estados comunitarios a reforzar un derecho reconocido de manera muy ambigua por la legislación de la UE: expulsar a los ciudadanos de otros países miembros que representen una “carga excesiva” para el sistema. Se trata de una medida más efectista que eficaz que contemplan en sus leyes casi la mitad de los Estados miembros. Pero en la práctica es imposible certificar la expulsión de un comunitario y, sobre todo, impedirle que vuelva.

Bélgica es uno de los países que ha regulado —y endurecido— esa posibilidad. Este país, reconocido por la Comisión Europea como uno de los más generosos en las políticas de asilo para refugiados de terceros países, ha acelerado la práctica, hasta hace poco residual, de expulsar a ciudadanos comunitarios. Aunque los datos iniciales apuntaban a un número menor, las autoridades belgas expidieron la orden de salida a 4.812 ciudadanos de la UE el año pasado, según datos suministrados por la Oficina de Extranjería del Ejecutivo belga.

La cifra de afectados con pasaporte europeo duplica la del año anterior y representa algo más del 9% del total de extranjeros que tuvieron que abandonar el territorio por no disponer de medios suficientes para mantenerse. Un porcentaje nada despreciable para una práctica que bordea la legalidad comunitaria.

Los españoles ocupan un lugar destacado en esta clasificación. En 2013 fueron la quinta comunidad más expulsada, por detrás de rumanos, búlgaros, holandeses y franceses. En total, 291 personas de nacionalidad española recibieron la orden de abandonar Bélgica.

Pero mostrar la puerta de salida a un europeo de pleno derecho no es lo mismo que hacerlo a cualquier otro extranjero. Una portavoz de la Oficina de Extranjería explica las diferencias. Cuando las autoridades demuestran que el afectado representa “una carga excesiva” para el sistema social (por ejemplo, si no ha trabajado durante mucho tiempo y, en cambio, consume ayudas sociales), emiten una orden de expulsión, que puede ser aceptada o no. En caso de resistencia, Bélgica no ejerce el recurso a la fuerza; no mete al ciudadano en un avión ni lo priva de su libertad. Simplemente le cierra todos los cauces oficiales en un país en el que es fundamental disponer de un contrato de arrendamiento (o de adquisición de vivienda) para darse de alta en el Ayuntamiento y acceder a la sanidad, a la educación y a todas las prestaciones sociales que ofrece el territorio.

“No se les expulsa por la fuerza. Simplemente se les borra del registro oficial”, explica la portavoz, que subraya que estas personas quedan condenadas a vivir en la clandestinidad si no vuelven a su país de origen. Pero nada les impide quedarse en el territorio, emigrar a otro país comunitario e incluso ingresar de nuevo en Bélgica. Además, siempre tienen derecho a recurrir y retrasar de ese modo el proceso.

Tanto en Bélgica como en el resto de los Estados miembros, el ciudadano está completamente protegido durante los tres primeros meses de estancia en el país de acogida. A partir de ese periodo, debe acreditar alguna de estas cuatro condiciones: que trabaja (o que busca activamente empleo en el caso de haber quedado en paro), que tiene suficientes medios para vivir —así como un seguro de salud—, que está estudiando o que va a reunirse con algún otro familiar que cumple las condiciones mínimas. En ninguno de estos supuestos puede el Estado objetar la residencia. Y, transcurridos cinco años, tampoco podrá retirarla aunque no cumpla los requisitos, porque se considera que el ciudadano ya tiene arraigo en el país. Además, las comprobaciones que hacen las autoridades no pueden ser sistemáticas, sino limitadas a un calendario establecido.

El proceso es muy diferente para los inmigrantes ajenos a la UE. Los funcionarios de Extranjería certifican que el ciudadano con orden de expulsión haya abandonado el país y, en casos extremos, se les lleva a centros de detención donde esperan a ser deportados.

Esa posibilidad es impensable en ciudadanos comunitarios, aunque la ambigüedad de la directiva que regula sus derechos de residencia hace que al menos 13 países de la Unión —entre ellos, además de Bélgica, Alemania, Francia, Italia, Austria e Irlanda— practiquen expulsiones. El texto explicita que los ciudadanos europeos podrán vivir libremente en otro país de la UE siempre que no se conviertan en “una carga excesiva para la asistencia social del Estado de acogida”. Sin embargo, cuando alude a los motivos que podrían propiciar la expulsión, únicamente se refiere a asuntos sanitarios —una enfermedad contagiosa, por ejemplo—, de seguridad o relativos al orden público y cierra la puerta a la expulsión automática en caso de que el ciudadano recurra a la asistencia social.

Isabel Villar, profesora de Derecho Procesal en la Universidad de Cádiz, explica que lo que se produce en Bélgica y en otros Estados es una incorrecta interpretación de la expresión “excesiva carga para el país”. Villar argumenta que, en caso de expulsión, las autoridades deben detallar “exhaustivamente” las razones en las que basan su decisión y deben aplicar el criterio de proporcionalidad, sobre todo si se trata de una familia con hijos pequeños.

En cualquier caso, esta experta aclara que el hecho de acceder a los servicios sociales en el país de acogida “no puede conllevar la expulsión inmediata de ningún ciudadano; al menos no de forma automática”.

Más tajante se muestra Pablo González, profesor de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, que considera estas expulsiones como una posibilidad “expresamente prevista” en la norma comunitaria, aunque pide analizar “escrupulosamente” los abusos que se puedan estar produciendo.

Un portavoz comunitario respaldaba esta semana esa versión al asegurar que las expulsiones en Bélgica están amparadas por el derecho comunitario.


La Comisión intenta frenar el fenómeno

L. A. / I. F.

Bruselas lleva meses recordando a los Estados miembros lo que debería ser obvio: que la libre circulación de ciudadanos es un pilar básico de la UE y que, con cifras en la mano, la movilidad ha generado muchos más beneficios que perjuicios al proyecto comunitario. Pero el populismo que monopoliza el debate público en algunos países prende tan deprisa que la Comisión Europea se ve obligada a aplacar las inquietudes de algunos gobernantes.

Con esa intención, el comisario de Empleo y Asuntos Sociales, László Andor, presenta hoy una guía práctica para discernir a qué Estado corresponde, en cada caso, proveer la seguridad social al ciudadano residente en un país miembro. Bruselas intenta definir mejor el concepto de residencia habitual y acotar los derechos que lleva asociados.

La publicación ilustrará sobre casos prácticos para acallar el malestar creado en países como Reino Unido, Alemania y Holanda acerca del mal llamado turismo de prestaciones, que supuestamente realizan los europeos más pobres. Invirtiendo los términos del caso típico, la Comisión aclara, en un adelanto del documento que se hace público hoy, que si un británico se retira a Portugal y pasa la mayor parte de su tiempo allí, su residencia habitual será ya portuguesa, aunque mantenga inmuebles y otros lazos en Reino Unido.

Fuente: El País.

Europa enferma por contaminación

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  • El 90% de la población urbana respira aire dañino para la salud.
  • Los expertos presionan a Bruselas para que endurezca la legislación.

Elena G. Sevillano Madrid 15 OCT 2013 - 22:03 CET

Puede que Europa disfrute de mejor calidad del aire que muchas megalópolis asiáticas o latinoamericanas, pero no por ganar en esa comparación sus ciudadanos se libran de respirar contaminación dañina para la salud. La Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés) emitió ayer una contundente voz de alerta sobre este problema sanitario del que cada vez se tiene más conciencia: en torno al 90% de la población urbana de la UE está expuesta a concentraciones de contaminantes que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera perjudiciales para la salud.

La agencia, que maneja datos oficiales de 2011 remitidos por los Estados miembros, recuerda que pese al descenso de emisiones de las últimas décadas —acelerado por la crisis de los últimos años— hay contaminantes, como las partículas y el ozono troposférico, que “siguen provocando problemas respiratorios y enfermedades cardiovasculares y reduciendo la esperanza de vida”. El toque de atención del informe anual de la EEA llega en un momento decisivo. Hace solo unos meses la OMS actualizó su guía de 2005 sobre los efectos negativos en la salud de los contaminantes. Sus conclusiones fueron reveladoras: la ciencia los ha demostrado sobradamente y son mucho peores de lo que se creía ocho años atrás. Con ese análisis sobre la mesa, a la Comisión Europea le toca mover ficha y revisar su legislación.

¿La endurecerá o solo modificará levemente alguna directiva sin efecto práctico? La comunidad científica, poco dada al lobbying, empieza a presionar a Bruselas para que sea más estricta. Los investigadores lo escriben en sus papers (estudios publicados en revistas) e incluso hay academias, como la de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI), que se dirigen a la Comisión para hacerle llegar los datos y recomendar las medidas más efectivas. Los resultados científicos son cada vez más abrumadores y no dejan de crecer con cada nueva publicación especializada. Un día es la relación de las partículas finas (PM2,5) con el bajo peso de los bebés al nacer; otro, los casos de asma en niños que viven cerca de vías con mucho tráfico; enfermedades cardiovasculares; problemas respiratorios...

“Las evidencias científicas están encima de la mesa, y Bruselas debería tenerlas en cuenta. Como investigadores, nuestra obligación es decir lo que estamos encontrando”, señala Julio Díaz, investigador del Instituto de Salud Carlos III que lleva más de una década estudiando la asociación entre las partículas PM2,5, procedentes en gran medida de los motores diésel, y los efectos adversos en la salud. Sus trabajos han demostrado relación entre contaminación e ingresos hospitalarios, mortalidad en mayores de 75 años, por causas circulatorias, respiratorias... “Comprobamos que, incluso para niveles que según la UE eran seguros, se observaban efectos en salud”, afirma.

Los límites que pone Bruselas a la exposición a contaminantes generan controversia. La legislación comunitaria es mucho más laxa de lo que recomienda la OMS o incluso dispone la Agencia de Protección Ambiental estadounidense. Un ejemplo claro son las partículas PM2,5. Europa permite una media anual de 25 microgramos por metro cúbico; la OMS dice que solo se protege la salud por debajo de 10. “Los límites de la OMS son los que debemos perseguir”, asegura Xavier Querol, investigador del CSIC. “En muchos informes de la Agencia Europea del Medio Ambiente o de la Comisión se usan estos valores para ver qué porcentaje de la población está expuesta a valores por encima de lo que se considera perjudicial para la salud”, añade. “La OMS se ocupa de la salud. La UE legisla utilizando criterios de coste-efectividad en los que la salud compite con el coste-beneficio económico y social”, abunda Jordi Sunyer, epidemiólogo del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) en Barcelona.

El informe de la EEA constata que, entre 2009 y 2011, hasta el 96% de la población urbana estuvo expuesta a concentraciones de PM2,5 superiores a las directrices de la OMS. En el caso del ozono, el 98%. El comisario de Medio Ambiente, Janez Potocnik, recordó ayer que la contaminación explica la muerte prematura de 400.000 personas en 2010 en Europa. “¡Más de 10 veces las muertes por accidentes de tráfico!”, exclamó. Su discurso se tituló: “Si crees que la economía es más importante que el medio ambiente, intenta aguantar la respiración mientras cuentas tu dinero”. Y añadió datos sobre el coste de la contaminación: entre 330 y 940 miles de millones al año (pérdida de jornadas laborales, menor productividad, gasto sanitario...).

“La política de calidad del aire de la Unión Europea debe estar basada en las últimas evidencias científicas”, sentenció Potocnik en enero, cuando presentó el estudio de la OMS. El informe, en el que participaron decenas de expertos de todo el mundo, recoge los estudios recientes que asocian la exposición a distintos contaminantes con problemas de salud como la ateroesclerosis, enfermedades respiratorias, diabetes, dificultades en la función cognitiva, partos prematuros... El texto recomendaba explícitamente “revisar el valor límite de las partículas finas”, recuerda Querol, uno de los ocho científicos asesores.

La Comisión también cree necesario revisar los del dióxido de nitrógeno (NO2), el gas tóxico procedente de los tubos de escape que tiene en vilo a ciudades como Madrid y Barcelona, que incumplen la legislación europea y, como otras capitales, podrían ser sancionadas. “Estudios recientes han asociado la exposición al NO2 con la mortalidad, ingresos hospitalarios y síntomas respiratorios en concentraciones iguales o inferiores a las que permiten los límites actuales”, aseguró la Comisión en enero pasado, en una frase que parecía anunciar el endurecimiento de sus políticas.

Desde la Agencia Europea de Medio Ambiente deslizan que, por más pruebas científicas que haya sobre la mesa, “la Comisión también tiene que tener en cuenta aspectos económicos y la opinión de los 28 Estados miembros”. Aunque Potocnik esté decidido ser más estricto, deberá llegar a acuerdos. La Comisión ha abierto consultas públicas y declaró 2013 Año del Aire para concienciar a la ciudadanía. Un Eurobarómetro reciente afirmaba que casi cuatro de cada cinco encuestados creen que la UE debe proponer medidas adicionales para hacer frente a la contaminación. También desveló que los españoles eran los europeos peor informados sobre calidad del aire y los segundos más convencidos de que sus autoridades no hacen nada para combatir la polución.

El epidemiólogo Sunyer recuerda el abismo que hay entre lo que saben los expertos y la percepción de la población. “Para los expertos, la contaminación atmosférica es uno de los factores más peligrosos para la salud, y sin duda el primero entre los ambientales”, señala. No así para los ciudadanos, que podrían haberse acostumbrado a ver de vez en cuando la boina negra sobre Madrid —”falta de novedad”, dice— o, como sus efectos son invisibles o a muy largo plazo, le restan importancia. “Muchas sociedades europeas están más concienciadas que la nuestra de la necesidad de mejorar la calidad del aire”, añade Querol.

Fuente: El País.

La Comisión investiga la legalidad del modelo fiscal que beneficia a Apple

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  • Bruselas pone en el punto de mira a Irlanda, Holanda y Luxemburgo

Luis Doncel Bruselas 12 SEP 2013 - 20:59 CET


La comisaria Neelie Kroes, este jueves en Bruselas. / JOHN THYS (AFP)

En una cumbre celebrada el pasado mes de mayo, los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se plantearon cómo prevenir la denominada “planificación fiscal agresiva y la deslocalización de beneficios”, es decir, las prácticas que permiten a empresas como Apple pagar el 2% —o incluso menos— de unos ingresos que ascienden a decenas de miles de millones de euros. La Comisión Europea se dio entonces de plazo este año para presentar una propuesta de directiva sobre los instrumentos de los que se valen estas empresas para contribuir lo mínimo al fisco. Por ahora no hay ni rastro de este instrumento legal, pero sí ha trascendido que Bruselas está investigando a países como Irlanda, Holanda y Luxemburgo para ver si el régimen fiscal que aplican a grandes multinacionales incluyen ventajas que van contra la ley.

“Puedo confirmar que estamos recogiendo información sobre esta cuestión”, aseguró ayer el portavoz comunitario de Competencia ante las preguntas que suscitó una información publicada por el Financial Times. La Comisión Europea insiste en que es el organismo responsable de vigilar que los Estados no concedan ayudas selectivas que beneficien a unas empresas por encima de otras; y que no permitirá estas prácticas. Bruselas se ha dirigido ya a Irlanda, Luxemburgo y Países Bajos —a través de cartas que fueron enviadas los pasados meses de junio y julio—. Tampoco excluye que la investigación también afecte a otros Estados miembros; aunque en ningún caso España sería uno de ellos.

El portavoz del departamento que encabeza Joaquín Almunia insiste en que la investigación abierta está aún en una fase preliminar de recogida de información que no tiene por qué implicar la apertura de un procedimiento formal. Si la investigación avanzara y la Comisión encontrara motivos para ello, abriría un proceso que podría acarrear que los Estados investigados tuvieran que recuperar los ingresos no recaudados gracias a un esquema fiscal demasiado benévolo para multinacionales como Apple o Starbucks.

Las ventajas fiscales que estos países conceden a algunas empresas para alentarlas a que les elijan como sede ha generado un profundo malestar entre algunas capitales europeas y en la Comisión Europea en un momento en el que tanto EE UU como la UE y organismos como la OCDE han redoblado su apuesta para luchar contra los paraísos fiscales.

Una investigación del Senado estadounidense demostró el pasado mes de mayo que Apple concentra los beneficios en algunas filiales que son apátridas fiscales, es decir, que ni tienen sede fiscal ni declaran impuestos en ningún país. Además, el informe aseguraba que la empresa de la manzana había acordado con el Gobierno irlandés pagar un impuesto de sociedades del 2%, frente al 12,5% vigente para otras compañías. Es lo que el senador estadounidense Carl Levin denominó durante la audiencia “el Santo Grial de la evasión fiscal”. Starbucks podría estar beneficiándose de ventajas similares en Holanda. Y las críticas se extienden a otros gigantes como Google o Amazon.

Fuente: El País.

Bruselas quiere reducir indemnizaciones por retrasos a los pasajeros de avión

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 El responsable de Transportes de la Comisión, Sim Kallas. / EFE


  • El tiempo mínimo de retraso pasará a ser de cinco horas y no de tres como hasta ahora
  • No podrán alegar causas extraordinarias por averías técnicas o huelgas de la empresa

Lucía Abellán Bruselas 13 MAR 2013 - 14:44 CET

Bruselas se propone que el pasajero de avión llegue a su destino, aunque para ello tenga que perder algunos derechos de compensación respecto al modelo actual. La Comisión Europea ha presentado una propuesta para regular los derechos de los viajeros que refuerza su protección respecto al marco actual pero la reduce en un aspecto esencial: la indemnización a la que tienen derecho en casos de retraso del vuelo. Las compañías solo deberán compensar a los viajeros a partir de cinco horas de retraso, frente a las tres actuales.

El Ejecutivo comunitario presenta el proyecto como un gran logro porque pone sobre el papel algo que hasta ahora tenía únicamente el respaldo del Tribunal Europeo de Justicia: la compensación por retrasos. Todos los vuelos intracomunitarios que se tarden más de cinco horas en despegar respecto a lo previsto, así como los vuelos internacionales de menos de 3.500 kilómetros, darán derecho a indemnización. El objetivo es “dar a las aerolíneas un tiempo razonable para resolver el problema e incentivarlas a que el vuelo despegue, no solo a cancelarlo”, explica la Comisión. Fuentes de este departamento argumentan que en la actualidad las compañías tienen más incentivos a cancelar el vuelo si el retraso llega a tres horas que a intentar arreglar el problema, pues la fianza que tendrán que pagar al viajero es la misma y al cancelarlo se ahorran el combustible y todos los gastos asociados al servicio.

El texto, que tendrá que ser negociado con el Parlamento, pretende limitar la capacidad de interpretación que hasta ahora ha demostrado la justicia al interpretar los derechos del pasajero, así como los desembolsos a los que han tenido que hacer frente las aerolíneas con desastres naturales como la explosión de volcanes. La propuesta clarifica lo que se consideran “circunstancias excepcionales” que eximen a la compañía de hacer frente a esos gastos. Entre ellas figurarán los desastres naturales o las huelgas de controladores (no las de las propias compañías).

“Ponemos el énfasis en la información, la atención y una reubicación efectiva en otro vuelo. El objetivo es que el pasajero llegue a su destino lo más rápido posible, al mismo tiempo que se les da a las aerolíneas el tiempo que necesitan para solucionar los problemas”, ha explicado el comisario de Transportes, Siim Kallas, al presentar el proyecto.

Además, las aerolíneas deberán buscar al pasajero cuyo vuelo ha sido cancelado una alternativa con otra compañía si en 12 horas no ha sido capaz de reubicarlo en sus propios servicios. La regulación recoge también el derecho a cambiar el nombre del pasajero en el billete cuando esté mal escrito por un error. El viajero podrá cambiarlo sin coste hasta 48 horas antes de la salida. Por otra parte, las compañías no podrán denegar al pasajero el embarque en un vuelo de vuelta cuando no tomó el de ida. Ahora el derecho de ese viajero se anula automáticamente en el momento en que pierde el de ida.

También se refuerzan los derechos de información del pasajero (tendrán que recibir una explicación en los 30 minutos siguientes a la cancelación o el retraso del vuelo) y se hace a las autoridades nacionales responsables de garantizar los derechos en caso de pérdida de equipaje.

La Comisión negociará ahora esta propuesta con el Parlamento, un proceso que puede durar hasta 18 meses. La regulación, por tanto, entrará en vigor a finales de 2014. La Eurocámara puede introducir cambios especialmente sensibles como las horas de retraso mínimas para la indemnización, pues los eurodiputados se han mostrado inicialmente más cercanos a la regla de las tres horas que a la de las cinco.

Fuente: El País.

Bruselas quiere sanciones penales contra el fraude con fondos comunitarios

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El comisario europeo de Lucha contra el Fraude, Algirdas Semeta. | E.M.
El comisario europeo de Lucha contra el Fraude, Algirdas Semeta. | E.M.

Efe | Bruselas

La Comisión Europea ha propuesto extender las sanciones penales que ya aplican algunos países de la UE para combatir el fraude relacionado con los fondos procedentes del presupuesto comunitario y evitar que estas acciones queden impunes, como ocurre en algunos Estados miembros.

"El fraude no se va a tolerar, independientemente de donde se produzca", recalcó en rueda de prensa el comisario europeo de Lucha contra el Fraude, Algirdas Semeta, tras recordar que las sanciones por estos hechos varían entre países de la UE desde simples multas a penas de hasta 12 años de cárcel.

Bruselas recuerda que el 90% del presupuesto comunitario se gestiona a escala nacional y que son muchos los casos en los que se han detectado solicitantes de fondos europeos que aportaban información falsa, por ejemplo en el sector agrícola, o aquellos en los que funcionarios nacionales aceptaron sobornos a cambio de facilitar la adjudicación de contratos públicos.

Para combatir esta realidad, el Ejecutivo de la UE sugiere en primer lugar una tipificación común del fraude en los Veintisiete para evitar las distintas interpretaciones legales.

En concreto, la nueva normativa ofrece una definición común para acciones como el fraude, la corrupción, la apropiación indebida de fondos, el blanqueo de capitales y la obstrucción a la justicia.

La Comisión propone, además, establecer un régimen de sanciones mínimas, a partir de seis meses de cárcel para los fraudes más graves, así como periodos mínimos de investigación de los casos.

Defiende, asimismo, armonizar las sanciones que aplican los Estados miembros a los casos de fraude para evitar que los infractores aprovechen la legislación de determinados países comunitarios.

La comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, destacó en rueda de prensa que, especialmente en tiempo de crisis, se necesita "tolerancia cero" frente al fraude.

"Es crucial establecer medidas penales al más alto nivel para proteger a nuestros contribuyentes", añadió.

Fuente: El Mundo.

Gobiernos y transparencia: del ejemplo del Reino Unido y EEUU a la opacidad israelí

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  • El Reino Unido, uno de los países 'ejemplares' a la hora de aplicar estas leyes.
  • En 2005 provocaron un escándalo al descubrirse las dietas de los diputados.
  • La comisión Europea quiere que los países abran sus datos en la Red.
  • En Italia se publican en la Red curriculum y sueldos de los dirigentes.
  • Israel suele negar datos por motivos de seguridad o respeto a la intimidad.
  • En EEUU se puede acceder a cualquier documento de la Administración federal.

El Gobierno español se ha propuesto mejorar el acceso de los ciudadanos a la información de los distintos organismos regulándolo a través de una Ley de Transparencia, aún en fase de borrador y abierto a la participación ciudadana hasta la semana que viene.

El Ejecutivo propone una ley en dos bloques, uno sobre transparencia propiamente dicha y otro sobre buen Gobierno. Se impulsa de esta forma una norma paralizada desde hace años; España es el único país importante de la UE que no regula el acceso de los datos públicos.

No obstante, ya hay expertos que critican el borrador fundamentalmente por los límites del texto, que restringe el acceso a información relativa a temas de seguridad nacional o a la Casa Real, porque deja fuera a demasiados ámbitos de la Administración y porque no da importancia al formato de los datos, informa Pablo Romero desde Madrid.

Detenemos nuestra mirada en las normas que rigen otros países, en algunos, como Italia, desde hace más de dos décadas años, y su utilidad pública (real).

Estados Unidos

Pablo Pardo, desde Washington

Desde que en 1966 se aprobó la Ley de Libertad de Información, cualquiera—persona física o jurídica, estadounidense o extranjera— tiene derecho a acceder cualquier documento del Ejecutivo federal de Estados Unidos (sólo de la Administración federal). La Ley establece que, una vez que se solicita un documento a un organismo público, éste tiene 10 días hábiles para responder, que se extienden a 20 en caso de fuerza mayor, como tener que consultar a otra Agencia. Sin embargo, frecuentemente tardan meses. La razón, según el Gobierno, es falta de tiempo y de recursos para examinar sus archivos. En ese caso, las autoridades envían una carta al demandante explicándole que han recibido su petición y que la están procesando.

Una de las características de EEUU es que allí se paga por todo. Y la Ley de Libertad de Información no es una excepción. Hay tasas administrativas, de búsqueda y de copia. Dependiendo del peticionario —puede ser una empresa, una ONG, un ciudadano privado, una universidad, un medio de comunicación...— éstas varían. En algunos casos muy concretos, sólo solicitar la información puede salir por más de 200 euros.

La gran cuestión con esta Ley es, evidentemente, qué es secreto y qué no lo es. De hecho, desde la presidencia de Ronald Reagan, el Gobierno de EEUU puede incluso negar que existan documentos que afecten a la seguridad nacional. Otras excepciones afectan a investigaciones criminales en curso, e incluso a yacimientos minerales. Frecuentemente, los tribunales acaban decidiendo qué debe ser desvelado y qué no.

Reino Unido

Carlos Fresneda, desde Londres

El Reino Unido pasa por ser unos de los países "ejemplares" a la hora de aplicar las leyes de transparencia, que en el 2005, provocaron un sonado escándalo, cuando The Guardian reveló las dietas que cobraban los diputados y los artículos personales que adquirían con dinero público.

La ley determina que la Administración tiene un plazo de 20 días como máximo para facilitar la información que solicita el ciudadano. En los últimos cuatro años, los británicos realizaron más de 4.000 solicitudes para conocer cualquier dato de las instituciones públicas, aunque el número se ha disparado tras la creación de una web especifica donde puede rastrearse las peticiones. En el Reino Unido existe una comisión de información y un tribunal especializado estos casos.

El ejemplo más notorio y reciente de transparencia administrativa ha llegado precisamente con el último y polémico presupuesto. El ministro de Finanzas George Osborne ha anunciado una campaña de información que llegará a los domicilios de los británicos y que explicará minuciosamente la tarta de gastos e ingresos previstos para el 2012.

Alemania

Rosalía Sánchez, desde Berlín.

La Ley de Libertad de Información, que entró en vigor en Alemania el 1 de enero de 2006, regula el acceso de los ciudadanos a la información referente a cualquier instancia pública y a los proyectos de gestión de la Administración alemana. Establece los procedimientos para acceder a la información sobre cualquier contrato público o subvención, así como a los datos referentes a sueldos públicos.

A raíz de la reciente celebración de un Foro Ciudadano, Merkel ha adoptado con fecha 12 de febrero la propuesta de una reforma legal que permita publicar de forma rutinaria toda esa información en internet, de forma que con una simple consulta a las web de la Administración se acceda a esta información, especialmente los destinos de todas las partidas de presupuestos públicos, excepto fondos reservados, junto a información referente a cualquiera persona, asociación u organización que sea receptora de fondos públicos, excepto datos privados de receptores de subsidios.

Bélgica y la Unión Europea

Javier Gallego, desde Bruselas

Una de las señas de identidad de Bélgica es la excesiva burocracia para determinados trámites de la vida diaria. Y algo parecido ocurre con el acceso de los ciudadanos a datos públicos y ficheros, a pesar de los esfuerzos del Gobierno por centralizar toda esa información en una gran base de datos.

En realidad lo que sucede en Bélgica no es un problema de transparencia, sino de difícil acceso a la información. Desde la Agencia Federal de Información y Comunicación (FedICT) explican que uno de los grandes proyectos que actualmente está en desarrollo es la "iniciativa de información abierta", con la que se pretende centralizar en una única página web toda la información que un ciudadano belga puede necesitar, desde los impresos para determinada gestión administrativa hasta la última estadística sobre inmigración.

Estos esfuerzos vienen en parte motivados por el apremio que la Comisión Europea está lanzando a los estados miembros para que abran sus datos a los ciudadanos en Internet. En diciembre, el departamento que dirige la comisaria de Agenda Digital, Neelie Kroes, lanzó una propuesta legislativa para que los Gobiernos coloquen en páginas webs todos los datos públicos que puede interesar a un ciudadano, salvo aquellos que estén protegidos por derechos de copyright o los que pongan en peligro la seguridad nacional.

Según el Ejecutivo Comunitario esta medida -que debe ser debatida por los estados miembros- no sólo supondría un gran paso hacia la mayor transparencia pública, sino que podría generar unos beneficios de hasta 140.000 millones de euros al año en toda la UE al facilitar la creación de negocios, empleo, etcétera. Además, la Comisión pondrá en marcha un nuevo proceso legislativo que tienen mucho que ver con la Ley de Transparencia, ya que permitirá a los ciudadanos hacer propuestas de legislación para que la Comisión Europea las presente a los estados miembros.

Italia

Soraya Melguizo, desde Milán

La Ley de Transparencia fue aprobada en Italia en 1990 con el objetivo de mejorar la colaboración entre los ciudadanos y la administración pública. Desde entonces ha sufrido varias modificaciones. La última en 2009 de la mano de Renato Brunetta, polémico ministro de la Administración Pública durante el último Gobierno de Berlusconi. La llamada 'Ley Brunetta' contiene, por una parte, una serie de medidas dirigidas a mejorar el acceso del ciudadano a la información sobre la actividad pública, y por otra, iniciativas de 'Buen Gobierno' encaminadas a mejorar la transparencia dentro de las administraciones públicas.

En este sentido la Ley de Transparencia italiana introdujo medidas encaminadas a optimizar la productividad del trabajo en la administración pública premiando las administraciones que optimicen mejor los recursos y pongan en marcha proyectos innovadores, o recompensando a los mejores funcionarios con cursos de formación y promocionándolos en función de sus méritos y no de otras variables como la antigüedad en el puesto de trabajo. Además, y esto era el punto más polémico de toda la reforma, las administraciones deben publicar en Internet los currículum y sueldos de los dirigentes así como las ausencias del personal.

El ciudadano, por su parte, puede consultar en Internet todos los datos relativos a la organización de las administraciones y obtener una copia, y entre otras novedades, introduce el derecho a la llamada auto-certificación de algunos documentos oficiales como por ejemplo los títulos de estudio para agilizar los tiempos burocráticos.

Existe además un organismo, la Comisión Independiente por la Valorización, Transparencia e Integridad de las Administraciones Públicas (CIVIT) que actúa como garante elaborando periódicamente directivas para mejorar el funcionamiento y la aplicación de la Ley.

Portugal

Virginia López, desde Lisboa

En Portugal, existe una Ley de Acceso a los Documentos Administrativos que permite a los ciudadanos conocer la información pública una vez solicitada, pero no obliga a los órganos del Gobierno ni entidades públicas a informar a los ciudadanos sobre sus actividades. En diciembre pasado, el Partido Socialistas (PS), actualmente en la oposición, presentó en el Parlamento luso el proyecto de Ley de la Transparencia Activa de la Información Pública, que fue aprobado. No obstante, los dos partidos que constituyen actualmente el gobierno de coalición de derechas, Partido Socialdemócrata y Partido Democristiano, votaron en contra y el proyecto acabó siento rechazado.

La ley 46/2007 de 24 de agosto garantiza a los ciudadanos el acceso a los documentos administrativos de los órganos de Estado y de las Regiones Autonómicas que integran la Administración Pública y todos los demás órganos que desarrollen funciones administrativas, municipios incluidos.

Aún así, el proyecto de ley socialista exigía "la introducción de un nuevo modelo de gestión de la información pública que refuerce el control por parte de los ciudadanos". Los diputados socialistas querían introducir en la actual legislación portuguesa la "obligatoriedad" para "todos los órganos y entidades englobados en la Ley de Acceso a los Documentos Administrativos de informar a través de internet de forma completa, organizada y con un lenguaje de fácil comprensión sobre toda la información y documentación que deba ser considerada pública y por tanto objeto de divulgación", ya que consideran que la ley vigente, aunque garantiza el acceso a los datos, es de difícil ejecución en la práctica.

Israel

Sal Emergui, desde Jerusalén

La remodelada 'Ley de Libertad de información', aprobada en 1998 por el Parlamento israelí (Knésset), tiene como objetivo garantizar el derecho de los ciudadanos a solicitar información de carácter público en manos de las autoridades. Éstas deben dar una respuesta en un plazo de 30 días a cualquier ciudadano o residente de Israel que lo desee.

Pero la práctica queda lejos de la realidad. "Cuando los organismos públicos se niegan, alegan argumentos como daño a la intimidad o las sensibles relaciones con otro país y por supuesto el habitual motivo de la seguridad", nos explica la abogada Alona Vinograd, directora del Movimiento de Libertad de Información, una potente ONG que lucha para que la ley se cumpla. Si la autoridad competente (oficina del primer ministro, ayuntamientos, Parlamento, ministerios, etc..) rechaza dar la información pedida, el solicitante puede recurrir a un tribunal.

"Es aquí donde nosotros entramos. De los 41 recursos que presentamos, la Justicia nos dio la razón en 38 obligando al ente a dar la información", añade Vinograd lamentando que "aún falta mucha para una verdadera transparencia". En todos los organismos públicos acogidos a la ley, hay una figura dedicada exclusivamente al contacto con el ciudadano. "Mucha veces se olvidan de que la información que dispone la autoridad pertenece al público y que el ciudadano tiene el derecho a recibirla", concluye antes de apuntar algo conocido en Israel: asuntos "delicados" como el Mosad o el potencial nuclear suelen estar fuera de su alcance.

Egipto

Francisco Carrión, desde El Cairo

Como en los países vecinos, la corrupción es una lacra instalada en el corazón del Estado egipcio. Durante décadas las influencias (wasta, en árabe) han sido el salvoconducto perfecto para lograr un trabajo y la luz pública jamás ha alcanzado a uno de los secretos mejor guardados de la república: El presupuesto del Ejército, dueño de un imperio económico que podría controlar hasta el 30% del mercado local.

Un año después de la revolución, la opacidad permanece instalada en las altas esferas. Según la organización Transparencia Internacional, Egipto ocupa el puesto 112 de los 182 países incluidos en su clasificación de 2011. Al calor de una transición administrada por una Junta Militar aficionada al oscurantismo, un grupo de activistas de derechos humanos y expertos han elaborado un proyecto de ley que trata de combatir la corrupción creando mecanismos de control como el defensor del pueblo y garantizado el acceso público a la información de la administración.

El borrador, que se presentará próximamente en el nuevo parlamento para su discusión, coincide con la configuración de la comisión que debe redactar la nueva Constitución y que ha sido criticada por la hegemonía de los islamistas. El texto propuesto por la sociedad civil para legislar el acceso a la información establece un órgano que, designado por el Parlamento, se encargue de reclamar la publicación de documentos estatales -incluidos los presupuestos de Defensa o Inteligencia- y estudiar las peticiones rechazadas por la administración. De momento, la consulta de información por parte de los ciudadanos es una utopía para un aparato estatal con fama de kafkiano y heredero de una dictadura en plena y compleja mudanza democrática.

Fuente: El Mundo.