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La eurozona acumula cuatro meses con caídas de precios

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Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, en el Parlamento Europeo en 2014 / REUTERS

  • Las compras del BCE suavizan el temor a la deflación

Claudi Pérez / Belén Domínguez Cebrián Bruselas 31 MAR 2015 - 20:45 CEST


Los precios no suben y el desempleo no termina de bajar en la zona euro: la Gran Recesión sigue dejando al descubierto las cicatrices económicas de Europa. La inflación cosechó en marzo el cuarto mes consecutivo en terreno negativo, según anunció este martes Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea. El arranque del programa de compras de activos del Banco Central Europeo (BCE) —que comprará 1,1 billones de euros en deuda pública y privada al menos hasta septiembre de 2016— permitió suavizar los temores a la deflación: los precios cayeron apenas el 0,1% en marzo, frente al 0,3% del mes anterior. Y sin embargo el continente sigue en zona de peligro: quitando energía y alimentos, la inflación sigue cayendo e inaugura la primavera un poco más cerca del 0%; concretamente, en el 0,6%.

El índice de precios de consumo de la eurozona suma ya 26 meses por debajo del 2%, el objetivo declarado del BCE. Y lleva un año y medio por debajo del 1%, siempre según las cifras de Eurostat. En gran parte por el desplome de los precios energéticos, que en marzo bajaron el 5,8% ante el abaratamiento del petróleo.

Si la inflación es el principal dolor de cabeza del Eurobanco y en general de la tecnocracia europea, las tasas de paro son el indicador del grado de profundidad de la crisis social. Y ahí las noticias son algo mejores, a pesar de que el desempleo se reduce con exasperante lentitud y sigue en niveles estratosféricos en países como Grecia y España, con tasas superiores al 20% y un paro juvenil que supera el 50%. En el conjunto de la eurozona, la tasa de paro se redujo una décima en febrero respecto al mes anterior, hasta situarse en el 11,3%. La incipiente reactivación de la economía del euro permite empezar a suavizar los niveles de paro, desde los máximos alcanzados a mediados de 2013, aunque las cifras están aún muy altas en términos históricos.

Las disparidades en Europa son sensacionales en términos de desempleo. Países como Alemania y Austria rondan el 5%, frente al 23,2% de España y al 26% de Grecia, que ha vuelto a empeorar tras la ligera mejoría experimentada el año pasado. Las subidas más fuertes en febrero se produjeron en Croacia (del 17,3% al 18,5%), Chipre (del 15,6% al 16,3%) y Finlandia (del 8,4% al 9,1%), que ha vuelto a caer en recesión a pesar del alud de reformas de los últimos años.

En la eurozona hay 18,2 millones de parados —cifra equivalente a la población de Holanda—, y más de tres millones de desempleados menores de 25 años. En toda la Unión, el número de parados asciende a 23 millones de personas, de los que casi cinco millones son jóvenes de menos de 25 años, según los datos hechos públicos por la oficina estadística de la UE.

FUENTE: El País.

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El FMI exige al BCE que actúe contra el riesgo de deflación en la zona euro

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 Olivier Blanchard, economista jefe del FMI. / MANDEL NGAN (AFP)

  • El organismo también reclama cambios al modelo de unión bancaria europea

A. MARS (ENVIADA ESPECIAL) Washington 8 ABR 2014 - 15:02 CET

Mario Draghi será uno de los hombres más buscados estos días en Washington. La reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) está sirviendo para plasmar cómo está subiendo de revoluciones la diferente sensibilidad entre este organismo y el Banco Central Europeo (BCE) hacia ese nuevo, gran y complejísimo nuevo problema que atosiga a la zona euro, la baja —demasiado baja— inflación y su consiguiente riesgo de deflación. Se trata de una caída generalizada y persistente de los precios que acaba bloqueando la economía. Los países periféricos son los que más cerca se encuentran del peligro de deflación y España, en concreto, es el único de ellos que se encuentra situación de "alto riesgo", por delante de Irlanda o Grecia, que asumen un riesgo moderado.

El informe de perspectivas mundiales del organismo que dirige Christine Lagarde dispara las alarmas sobre este fenómeno, al que ven un 20% de posibilidades, y urge a actuar a un BCE que lleva meses explorando los límites antes de dar a la tecla.

“Dado el débil y frágil crecimiento y la inflación muy baja, son necesarios más estímulos monetarios para alcanzar los objetivos de inflación del BCE, por debajo pero cerca del 2%”, apunta el informe, que plantea posibilidades como nuevas rebajas de los tipos de interés (ya en un suelo histórico del 0,25%), tasas negativas de depósitos (que resten atractivo al ahorro y favorezcan el crédito) y operaciones refinanciación de largo plazo para las pymes, entre otras. "El BCE está estudiándolas y esperamos que las ponga en marcha tan pronto como sea posible técnicamente. Cuanto antes lo hagan, mejor", ha subrayado en rueda de prensa Olivier Blanchard, economista jefe de la institución.

El mensaje reaviva una vieja batalla entre un lado y el otro del Atlántico. Las alertas lanzadas en las últimas semanas por el FMI, a través de Lagarde o de sus técnicos, abonan la teoría de Olivier Blanchard, el economista jefe del Fondo, de que el objetivo de inflación del BCE debería ser superior a ese “cerca pero por debajo del 2%”. La idea expresada en 2010 llevó al organismo europeo a salir en tromba: Axel Weber, miembro del consejo del gobierno y presidente del Bundesbank alemán, tachó la propuesta de "negligente y prejudicial". Otro consejero, Lorenzo Bini Smaghi, advirtió de que subir esas metas de inflación era “como decir que el mayor problema de la política monetaria reciente fue que Greenspan no fue lo suficientemente enérgico en evitar las consecuencias negativas del estallido de la burbuja en vez de la política equivocada que sirvió para hincharla. Errare humanum est, perseverare diabolicum (errar es humano, pero perseverar es diabólico)".

Aunque desde entonces el panorama ha cambiado, la inflación ha estado menguando desde 2011, la previsión es que se mantenga en bajos niveles al menos hasta 2016 y algunos países, como España o Grecia, los más castigados por la crisis y los recortes, se acercan cada vez más a esa temida deflación. El esfuerzo de la devaluación interna pierde fuelle si los países vecinos y competidores también moderan sus precios. Por eso el sur europeo clama por las medidas.

Menos inflación

Además, es posible que las ya de por sí bajas expectativas de inflación se reduzcan, según advierte ahora el Fondo, y esto “llevaría a unos tipos de interés reales más altos, a un agravamiento del peso de la deuda y a un crecimiento menor”, apuntó. El informe menciona unos de los grandes problemas de España cuando señala que “en los países que necesitan aumentar la competitividad y donde los precios y los salarios deben bajar más con relación otros países de la eurozona, esto significaría una mayor deflación e incluso efectos adversos peores en el crecimiento”.

La deflación es venenosa para la economía porque la expectativa de que los costes bajarán frena muchas decisiones de compra —sobre todo en los viene duraderos aplazables— y la expectativa de devaluación de los activos desincentiva la inversión de las empresas. Esta tendencia se retroalimenta a sí misma, lastrado aún más los precios, y acaba por petrificar la economía.

Pero hay más consecuencias. Aunque los precios bajan, los salarios en términos nominales es muy complicado que se reduzcan, lo que lastra los márgenes de las empresas. Y eso se une a que el peso de las deudas crece en términos reales, lo que con unos salarios congelados o unos ingresos empresariales a la baja complica su pago. Además, los activos a los que están vinculados los préstamos han perdido valor. Un panorama que, en definitiva, puede devolver a una economía como la española a una reciente y terrible pesadilla.

Draghi aseguró tras la última reunión del BCE para decidir sobre política monetaria que el organismo adoptaría “por unanimidad” las medidas necesarias si la tendencia no se corregía, lo que tranquilizó a los mercados. La cuestión es si las palabras del presidente del BCE lograrán mantener su efecto placebo durante mucho tiempo. El FMI ha mostrado claramente que no ve oportuna más espetera para actuar a pesar de que valora la mejora de la demanda interna y ha elevado una décima la previsión de crecimiento de la zona euro tanto para 2014 como para 2015, hasta un 1,2% y un 1,5%, respectivamente.

Unión bancaria

Pero el Fondo tiene más quejas para Europa, el proceso de unión bancaria que busca desvincular los riesgos de los países de sus bancos le parece insuficiente. “Es crítica contar con una unión bancaria más completa para reducir la fragmentación bancaria y debilitar los vínculos entre los riesgos soberanos y los bancos”, señala el informe.

El tipo de proceso de resolución de entidades con problemas que se decidió en la cumbre del 20 de febrero “resulta complejo y puede no proveer de soluciones a tiempo, sobre todo si está previsto el apoyo de un Fondo único de resolución”. En esta línea, el FMI reclama una transición más rápida para el periodo de mutualización de los riesgos y del fondo común para que este Plan B que la zona euro para inventado para salvar su unión monetaria salga bien.

Fuente: El País.

Draghi trata de ahuyentar el fantasma de la deflación en Europa

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  • El BCE se mantiene inmóvil, pero anuncia medidas excepcionales si los precios no crecen
  • Los mercados confían en su discurso y el Ibex toca su máximo en tres años

Luis Doncel Berlín 3 ABR 2014 - 22:30 CET


No es ningún secreto que Mario Draghi sabe jugar con las palabras. Su discurso de julio de 2012 —aquella archirrepetida coletilla de “haré todo lo necesario. Y, créanme, será suficiente”— logró aplacar la crisis del euro que en ese momento parecía invencible. Este jueves volvió a intentar algo parecido. Y, aunque está por ver que en esta ocasión le vaya a funcionar tan bien, las primeras reacciones fueron positivas.

El presidente del Banco Central Europeo (BCE) compareció ante la prensa tras haber recibido en los últimos días una presión colosal para que adopte medidas que atajen la deriva deflacionista de la economía europea —sobre todo la del sur—. A las peticiones de nombres tan sonoros como los de Olli Rehn, Joaquín Almunia, Jeroen Dijsselbloem o Luis de Guindos se unió el miércoles el de Christine Lagarde. “Es necesaria una flexibilización adicional de la política monetaria en la eurozona”, había dicho el día anterior la jefa del FMI.

¿Cómo reaccionó Draghi a estas nada disimuladas presiones? No haciendo nada. O, más exactamente, no haciendo nada y anunciando que en el futuro, si la evolución de los precios se sigue alejando del objetivo de inflación del 2%, el Eurobanco pondrá en marcha esas medidas nada ortodoxas que le reclaman desde Washington hasta Madrid pasando por Bruselas, pero no en Berlín. “El Consejo de Gobierno [del BCE] se ha comprometido por unanimidad a usar instrumentos no convencionales dentro de su mandato para hacer frente a los riesgos de un periodo demasiado prolongado de baja inflación”, aseguró el italiano. Ni bajadas de tipos sobre el nivel actual del 0,25%, ni programas de compra de deuda inminentes, ni tasas negativas a los depósitos de los bancos para incentivarles a conceder créditos. Nada. Tan solo el anuncio de la posibilidad de futuras medidas. Aparecía en escena otra vez el mago de las palabras.

El discurso surtió efecto. Casi todas las Bolsas europeas —excepto Londres— celebraron la comparecencia con alzas importantes. La mayor fue la de Madrid, que arrastrada por los bancos subió un 1,4% hasta rozar los 10.600 puntos, un nivel récord desde mayo de 2011.

La palabra clave que empleó Draghi —y que repitió en varias ocasiones, para que quedara clara— fue la de “unanimidad”. No lo mencionó en ningún momento, pero era evidente que con ella se refería a Alemania, que asume que la eurozona se enfrenta a un largo periodo de inflación baja (ahora en el 0,5%), y que acepta que quizás no haya otra alternativa que emular a los bancos centrales de Estados Unidos o Japón y lanzarse a la compra de bonos públicos o títulos de deuda privada. Sobre este cambio en Berlín ya dio alguna pista la semana pasada el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, pero este jueves quedó negro sobre blanco en la reunión del máximo órgano del Eurobanco. Draghi dijo que este jueves fue la primera vez que el Consejo de Gobierno abordó este asunto de forma oficial.

“Me parece un anuncio decepcionante. Los miembros del BCE deben de llevar meses discutiendo sobre la compra de bonos. Es bueno que por fin lo pongan explícitamente sobre la mesa. Pero me temo que llega un poco tarde”, resume Gregory Claeys, especialista en política monetaria del think-tank Bruegel.

Que finalmente el BCE se adentre en territorio desconocido para luchar contra el fantasma de la deflación —o al menos de la inflación demasiada baja— dependerá de la evolución de los precios en los próximos meses. Los datos de marzo sorprendieron por ser más bajos de lo esperado, lo que dio esperanzas a aquellos que creen que el Eurobanco debe ser mucho más radical para fomentar el crecimiento de lo que ha sido hasta ahora.

Pero si toda la zona euro lleva ya demasiado tiempo con precios que no crecen lo suficiente, la situación es especialmente preocupante en países como España, Portugal, Chipre, Grecia o Eslovaquia. Todos ellos, con tasas de variación de precios negativas, coquetean con un terreno tan pantanoso como el de la deflación, del que Japón ha tratado de escapar durante dos décadas. “Para España, con una recuperación todavía incipiente, es muy importante que se pueda actuar cuanto antes para impulsar el nivel de precios”, asegura Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Bangor University. Los países fuertemente endeudados necesitan que los precios no se estanquen para ir reduciendo el peso de deuda. “Si esto no ocurre, por mucho que se logre reducir la prima de riesgo, la economía seguirá soportando una carga importante”, añade Carbó.

Pase lo que pase, Europa tendrá que acostumbrarse a un largo periodo de precios bajos. Draghi aplazó este jueves hasta finales de 2016 el momento en el que la inflación se acercará a ese 2% que ahora parece tan lejano. Ese sería el escenario favorable en el que el BCE no se vería obligado a intervenir. Mientras tanto, el hombre que dirige la política monetaria de los 18 países que comparten moneda no hará nada más que lo que lleva meses haciendo. Esperar y ver.

Fuente: El País.