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El FMI advierte de que la deuda crece el doble con gobiernos débiles

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  • Un documento de la institución que dirige Lagarde concluye que los Ejecutivos estables son más firmes en el control de las cuentas.

El populismo y los parlamentos fragmentados que se prodigan en la actualidad pueden tener consecuencias para las cuentas públicas y dificultar la consolidación fiscal. O al menos así se desprende del último libro elaborado por el FMI sobre el impacto que tiene la situación política en el déficit, la deuda o la política fiscal. En ese estudio, el Fondo advierte de la amenaza que suponen para la disciplina presupuestaria los gobiernos que carecen del suficiente respaldo parlamentario o que están apoyados en una coalición. Estos ejecutivos débiles, concluye, aumentan la deuda el doble que otros más estables.


La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en Bruselas FRANCOIS LENOIR REUTERS
 
En un contexto en el que el desencanto político y los populismos arrinconan a los partidos tradicionales generando gobiernos débiles y parlamentos fragmentados por doquier, el Fondo Monetario Internacional ha elaborado un libro sobre el papel que desempeña la coyuntura política en la política fiscal. Con una amplia base de datos que recoge 90 países durante 50 años, la evidencia empírica resulta inapelable: el Fondo concluye que la deuda pública aumenta el doble en las legislaturas en las que los gobiernos no tienen control del parlamento. Aunque no se menciona países concretos, el aviso a navegantes para gobiernos como el de Mariano Rajoy, sin mayoría en las Cortes, se antoja evidente. Máxime cuando el Ejecutivo español aún presenta el mayor déficit público de la UE pese a sumar tres años seguidos de crecimiento económico.

Y no solo eso: allá donde un gobierno presenta debilidad política la reducción del déficit es siete veces menor de lo presupuestado. A fin de evitar alteraciones estadísticas, se restan los casos extremos como los rescates sufridos durante la crisis del euro.




“Cuando los gobiernos tienen amplias mayorías, la diferencia entre lo que consiguen hacer y lo que prometen es muy pequeña. Si tienes gobiernos frágiles resulta muy difícil movilizar una mayoría en el parlamento, y en esos casos la diferencia es mucho mayor”, afirma Vítor Gaspar, director de Asuntos Fiscales del FMI. Y el efecto es similar sobre la deuda cuando hay un gobierno de coalición o si se tienen más ministros que la media, esto es 14. A mayor número de carteras y de sensibilidades que atender, más difícil se hace domeñar el gasto.

El ciclo electoral

Otro hallazgo llamativo consiste en que los años en los que se celebran elecciones el déficit se eleva de media un 1% más, sobre todo en aquellos países con peor calidad de las instituciones. El gasto en esos momentos suele dispararse en salarios públicos, aunque también en pensiones y subsidios. Curiosamente, la inversión siempre cae en ese ejercicio, y ello se explica porque el pico se detecta 28 meses antes. Es decir, se busca que la inauguración esté lista en año electoral. “Hemos encontrado que el desembolso en obra pública guarda una menor correlación con el ciclo electoral en aquellos países que cuentan con mecanismos de evaluación técnica de las inversiones”, explica Carlos Mulas, coordinador del libro.

El informe incluso menciona el caso de las comunidades españolas, cuyo incumplimiento del déficit aumenta hasta un tercio cuando se aproximan las elecciones. Aunque no se cita, el Gobierno de España también ha sido un claro ejemplo de este tipo de incumplimientos. En los Presupuestos de 2016 tenía previsto que el déficit bajase hasta el 2,8%. Pero era un año electoral y la amenaza de Podemos se perfilaba en el horizonte. Así que rebajó los impuestos y se saltó el objetivo de déficit para acabar en el 4,3%, 15.000 millones por encima.

Pese a que intuitivamente se puedan alcanzar estas conclusiones, el documento representa una llamada de atención ahora que la debilidad de los gobiernos retrasa la consolidación fiscal y puede dejar a los países cargados de deuda y, por tanto, demasiado expuestos a una nueva crisis o simplemente a una mera subida de tipos.

En contra de los tópicos, el estudio revela que el color del partido no tiene tanto impacto en la política fiscal. “En esta crisis las ideologías han sido barridas”, sostiene Carlos Mulas. En parte porque las políticas de demanda han demostrado un efecto temporal, son inflacionistas y resultan difíciles de implementar en economías abiertas.

No obstante, sí se que aprecian dos diferencias de peso entre gobiernos izquierdas y de derechas. La izquierda tiende a subir el IRPF, considerado más progresivo. En cambio, la derecha suele subir el IVA, etiquetado como más eficiente porque no desincentiva el trabajo y grava las exportaciones. Paradójicamente, en España el ministro Cristóbal Montoro prefirió subir Renta en lugar de IVA porque las nóminas no escapan con facilidad del fisco.

La otra diferencia significativa reside en la inversión. Los gabinetes de izquierda suelen hacer mayores inversiones públicas y durante más tiempo, un hecho que denota un sesgo keynesiano y que se ha reforzado con la crisis. Al contrario de lo que se piensa, la ideología no afecta al gasto social. La razón estriba en que este abarca sobre todo pensiones, subsidios de paro, educación y sanidad, unas políticas que están garantizadas por el Estado de Bienestar y que, por tanto, no suelen alterarse al cambiar el gobierno.

Las soluciones del FMI

Vistos los problemas, ¿cuál es el recetario que brinda la institución presidida por Christine Lagarde? El libro se suma a la abundante literatura existente que señala la calidad de las instituciones como un factor esencial a la hora de mejorar las políticas públicas. No obstante, advierte de que los techos de gasto y deuda como los recogidos en el Pacto de Estabilidad europeo pueden mitigar los problemas pero no los resuelven. De hecho, desde 1999 el 80% de los Gobiernos de la zona euro ha incumplido los objetivos de déficit, dejando en papel mojado el Pacto de Estabilidad. “Las reglas externas funcionan principalmente cuando las autoridades nacionales las comparten y las interiorizan”, comenta Sanjeev Gupta, coautor del libro y subdirector del Asuntos Fiscales del FMI.

Los países con autoridades fiscales independientes, como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), creada en 2013 en España, suelen mejorar su equilibrio presupuestario respecto al resto, en término medio un 2% del PIB. Pero el FMI les pone una pega: si bien estas instituciones son capaces de atraer la atención mediática al registrarse desviaciones presupuestarias, no demuestran tanta efectividad a la hora de lograr que se tomen medidas correctivas.

La necesidad de controles que eviten distorsiones

Publicado bajo el título Fiscal Politics, estos estudios han sido elaborados por un nutrido equipo de economistas liderado por el exministro de Finanzas luso con Passos Coelho Vítor Gaspar, un economista con larga tradición en el FMI como Sanjeev Gupta y un exasesor de la Oficina Económica de Moncloa con Zapatero y ahora economista senior del Fondo, el español Carlos Mulas. Estos expertos indagan sobre si las elecciones influyen en las políticas presupuestarias, si la fragmentación parlamentaria se asocia con un mayor grado de indisciplina fiscal y cuál es el papel que ejerce la ideología en la políticas fiscales. La respuesta se resume en que, por encima de las ideologías, la fragmentación y las elecciones suelen distorsionar la política fiscal más que ningún otro factor.

En el fondo, este análisis se construye sobre la teoría de la llamada ilusión fiscal, esto es, que los votantes sobreestiman los beneficios de los desembolsos actuales pero infravaloran la carga fiscal a la que tendrán que hacer frente en el futuro debido a esos gastos. De ahí la importancia de crear estructuras que limiten las distorsiones políticas en los asuntos fiscales.

FUENTE: El País.

El FMI recorta una décima su previsión de crecimiento para España por la actual falta de Gobierno

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La directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. / EFE 
La directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. / EFE


  • El informe de 'Perspectivas Económicas Globales', divulgado al inicio de la reunión de primavera del organismo, apunta: "La actividad [en España] se enfrenta a riesgos como las dudas sobre la economía mundial y la incertidumbre política interna"

PÚBLICO / AGENCIAS

WASHINGTON.— En su informe de Perspectivas Económicas Globales, divulgado al inicio de la reunión de primavera del FMI y el Banco Mundial (BM), el Fondo apunta a una "suavización" del crecimiento en España y anticipa que la economía española crecerá en 2016 un 2,6%, una décima menos que lo previsto en enero, y un 2,3% en 2017, sin cambios respecto a hace tres meses.

España seguirá "por encima de la media de la eurozona", estimada en un 1,5 % este año y en un 1,6 % el próximo, dos y una décima por debajo de los cálculos de enero y se mantendrá a la cabeza de las principales economías de la eurozona.

Las previsiones del FMI son ligeramente más cautas que las del Gobierno español, que prevé cerrar 2016 con un crecimiento del 3% y un 2,9% en 2017, mientras que la Comisión Europea pronostica para este año un aumento del PIB del 2,7%.

La economía española, apoyada en el consumo, se ha beneficiado en los últimos trimestres de una serie de factores como la caída del petróleo, la depreciación del euro o menores costes de financiación por las medidas del BCE que le han permitido crecer más de lo previsto. No obstante, la actividad se enfrenta a riesgos como las dudas sobre la economía mundial y la incertidumbre política interna.

Y es que hay un pequeño nubarrón en el horizonte: el FMI recortó el martes su previsión de crecimiento mundial por cuarta vez en el último año, citando la ralentización en China, unos precios del petróleo permanentemente bajos y la debilidad crónica en algunas economías avanzadas.

"Un ritmo más lento y más frágil"

De Hecho, el FMI advierte en su informe de que la recuperación global avanza "a un ritmo aún más lento y frágil", y ha rebajado de nuevo las previsiones de crecimiento hasta un 3,2% este año y un 3,5% el próximo.

"Nuestras proyecciones continúan siendo progresivamente cada vez menos optimistas", ha indicado el economista jefe del Fondo, Maurice Obstfeld.

El organismo rebaja también, aunque de manera leve, las perspectivas económicas de todos los países avanzados, mientras que aplica severos recortes a las de Japón, Brasil y Rusia.

Estados Unidos, por ejemplo, primera economía mundial, crecerá un 2,4% en 2016 y un 2,5% en 2017, dos décimas menos y una décima menos, respectivamente. Esas tasas son menores que las calculadas en enero, debido "al ajuste de las condiciones financieras" consecuencia de la elevación de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal (Fed).

En la eurozona también se recortan levemente las perspectivas, hasta el 1,5% y el 1,6% —dos y una décima menos—, para este año y el próximo, dado que los efectos de la crisis prosiguen en forma de "alta deuda pública y privada y baja inversión".

Por su lado, Japón, pese al agresivo plan de estímulo monetario, parece incapaz de sostener el repunte económico y ve reducirse en medio punto las previsiones de este año hasta el 0,5 %, y volverá a la recesión en 2017, con una caída del PIB del 0,1%, como consecuencia de "la aguda caída en el consumo privado".
 
Más sombrías aún son las proyecciones para Brasil y Rusia, países que han entrado en su segundo año de recesión y que registrarán contracciones del 3,8% en 2016 y del 1,8% en 2017 (tres décimas y ocho décimas peores de lo estimado en enero), especialmente afectadas por la caída de los precios de las materias primas.

En el lado positivo, el Fondo sitúa a China, cuyas dudas han provocado recientes episodios de volatilidad financiera, y que finalmente crecerá algo más de lo esperado, un 6,5 % este año y un 6,2% el próximo (en ambos casos mejora dos décimas), gracias "a la resistencia de la demanda doméstica".

Para las economías de Estados Unidos y la zona del euro el debate se está volviendo cada vez más interno y, como resultado, el organismo dirigido por Christine Lagarde apunta a un posible giro "hacia políticas nacionalistas e incluso proteccionistas".

"Las causas son complejas pero reflejan ciertamente la creciente desigualdad de ingresos, así como cambios estructurales, algunos conectados con la globalización, que son vistos como favorecedores de las élites económicas", señala el informe de cabecera del Fondo.

Como recetas, Obstfeld ha vuelto a subrayar la importancia de ahondar en las políticas de estímulo monetario, pero ha insistido en que los bancos centrales "no pueden cargar solos con la responsabilidad de hacer frente a los desafíos actuales".

La inversión en infraestructura en los actuales bajos niveles de tipos de interés debe ser considerada "atractiva" y los países con espacio fiscal "no deberían esperar a utilizarlo", agrega el economista jefe.

La reunión de primavera del FMI y el BM reúne durante esta semana en Washington a los líderes económicos de los 188 países miembros de ambas instituciones.

FUENTE: Público.

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El FMI pide más munición para salvar la recuperación económica

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Christine Lagarde, directora gerente del FMI. LUCAS JACKSON REUTERS

  • Las recesiones de Rusia y Brasil, la desaceleración de China, las dudas sobre Europa y la fortaleza del dólar entorpecen la reactivación económica y exigen nuevas medidas
 Amanda Mars. Nueva York 11 ABR 2016 - 10:13 CEST

El Fondo Monetario Internacional (FMI) afronta sus reuniones de primavera, que arrancan mañana en Washington, con un mensaje claro a los Gobiernos: lo hecho hasta ahora no basta para apuntalar la recuperación económica. Las recesiones de Rusia y Brasil han resultado peores de los previsto, la fortaleza del dólar quita brío al crecimiento de Estados Unidos y China se ha frenado. La zona euro sigue lastrada por la baja inversión, el alto desempleo y la miopía política para impulsar la actividad. El FMI reclama que sigan adelante las reformas y más estímulos fiscales para el crecimiento. El tinglado, viene a decir, no puede sostenerse solo por las políticas expansivas de los bancos centrales.

Las cosas no han resultado como el FMI esperaba. Después de una dura crisis de más de un lustro, lleva al menos dos años esperando que la recuperación cuaje, pero esta, lejos de hacerlo, pierde vigor, se llena de dudas. “La crisis aún persiste. Sin embargo, el optimismo está en el aire: la etapa de hielo ha quedado atrás, y el horizonte es más brillante. Mi gran esperanza es que 2014 resulte trascendental de otra forma: que sea el año en que los siete años de debilidad, en términos económicos, se conviertan en siete años de bonanza”, decía la directora gerente, Christine Lagarde, hace casi 30 meses.

La semana pasada, en el tradicional discurso previo a las reuniones de primavera del Fondo, en el aire flotaba algo muy distinto del optimismo. Lagarde dejó entrever que, una vez más, las nuevas previsiones económicas de la institución sufrirán rebajas, añadidas a las de enero, y estas a las de octubre. “El pronóstico global se ha debilitado respecto a los últimos seis meses, agravado por la desaceleración de China, la bajada de precios de las materias primas y la perspectiva de que las condiciones financieras se endurezcan para muchos países”, dijo.

En enero, el Fondo recortó sus previsiones para la economía global en dos décimas, hasta dejar el crecimiento de 2016 y 2017 en el 3,4% y el 3,6%, respectivamente. Mantuvo los pronósticos para China, aunque dio dos duros tijeretazos a Rusia y Brasil. A Estados Unidos le restó también 0,2 puntos porcentuales y calculó un avance del 2,6% en ambos años, y la zona euro la mejoró una décima.

Y si hace ya años que el FMI ha puesto el acento en los estímulos al crecimiento por la vía de las política fiscal —en aquellos países con margen para hacerlo, añade siempre de coletilla— y monetaria, en estas reuniones de primavera está pidiendo más madera. El Fondo insiste en que sigan adelante las reformas estructurales —en Europa, más medidas para el empleo, sobre todo entre los jóvenes; para los exportadores de petróleo, más diversificación—, pero también una política fiscal más favorecedora del crecimiento económico.

“La política monetaria no puede seguir siendo el alfa y omega de la recuperación. De hecho, será mucho más efectiva con apoyo de elementos fiscales y estructurales”, recalca Lagarde.

El organismo con sede en Washington apoya que la Reserva Federal estadounidense (Fed) subiera tímidamente los tipos en diciembre, aunque el Banco Central de EE UU ha dejado claro que el proceso va a ser muy gradual. 

Aplaude las tasas negativas

El Fondo aplaude las rondas de estímulos sin precedentes impulsadas por el Banco Central Europeo y, en especial, ha querido dar un espaldarazo a la introducción de tasas negativas nominales por parte tanto del BCE como del Banco de Japón, entre otros. En marzo, el eurobanco dejó la tasa de la facilidad de depósito (que es el tipo de interés que aplica a la liquidez que las entidades financieras depositan en el BCE) en el -0,4% (llevaba ya en territorio negativo desde junio de 2014), lo que les encarece aún más el depósito y, por tanto, incentiva a que dediquen el dinero a prestarlo a empresas y familias. Japón lo bajó al -10% el pasado mes de enero.

Ayer, el Fondo publicó un informe que titulaba precisamente Los efectos positivos de los tipos negativos y defendía su papel como combustible adicional a la ya de por sí política monetaria expansiva dominante. Eso sí, insiste también ahí en que las políticas fiscales y las reformas deberían acompañar el proceso.

España empeora los malos augurios del Fondo

España llega a las reuniones de primavera de Washington con un desequilibrio presupuestario peor que el que vaticinaba —y contra el que advertía— el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, más de tres meses después de las elecciones generales, con un Gobierno en funciones para dar las explicaciones y con un panorama político complejo.

El Fondo no ha dejado de alertar contra el déficit público de España en los últimos años y, en cada previsión, ha dejado claro que iba a incumplir la meta de reducción del desfase. Lo hizo en las últimas reuniones, las de octubre, celebradas en Perú, cuando lo situó en el 4,4% para 2015 y el 3,2% en 2016. Ahora se sabe que acabó el año pasado en el 5% del PIB, ocho décimas por encima del objetivo fijado por la Comisión Europea.

En verano también el equipo encargado de elaborar el documento anual de análisis y recomendaciones, dentro del llamado Artículo IV, pidió medidas adicionales. "Los directores resaltaron que mantener el ímpetu del crecimiento en el medio plazo requiere consolidación fiscal y reformas firmes", decía la carta del consejo ejecutivo que acompaña el informe.

El jefe de la misión del Fondo para España, Helge Berger, confiaba en la buena marcha del PIB para mejorar el equilibrio. "Con un nivel de deuda pública cercano al 100% del PIB y vulnerable a la volatilidad de las tasas de interés, la consolidación deberá seguir avanzando para encauzar la deuda en una firme trayectoria a la baja. Pero la recuperación facilitará la reducción del déficit", decía en un análisis. No fue así.


FUENTE:
El País.

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Grecia cumple y paga el vencimiento de 4.200 millones al BCE

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Ciudadanos griegos hacen cola, este lunes, ante una sucursal en el centro de Atenas. / ARIS MESSINIS (AFP)

  • Las sucursales bancarias reabren sus puertas tras casi tres semanas de cierre 

 María Antonia Sánchez-Vallejo Atenas 20 JUL 2015 - 19:39 CEST


El Banco Central Europeo (BCE) ha confirmado este lunes que Grecia ha pagado este lunes los 4.200 millones de euros con uno de sus principales acreedores. El Gobierno de Alexis Tsipras ha podido cumplir con este compromiso de pago gracias a la línea de financiación de emergencia de 7.160 millones que los socios europeos le otorgaron el pasado jueves mientras se negocia el tercer rescate de las finanzas públicas helenas. Este lunes, el Fondo Monetario Internacional —el organismo que, junto con el BCE y la Comisión Europea, formaba la antigua troika de prestamistas griegos— ha confirmado que el país heleno está al día con el Fondo tras satisfacer la totalidad de su deuda de 2.000 millones en derechos especiales de giro.

El repago de los 4.200 millones que Atenas debía a la entidad presidida por Mario Draghi —3.500 millones de principal y 700 millones en concepto de intereses— era crucial: si Grecia no hubiese cumplido, el BCE se habría visto forzado a cortar la liquidez de emergencia que mantiene a flote a los bancos griegos y que les ha permitido abrir de nuevo sus puertas tras 21 días de cierre.

La reapertura de los bancos griegos ha provocado algunas colas a primera hora de la mañana de este lunes, diluidas enseguida por el normal funcionamiento de las sucursales y por el considerable aumento de la temperatura, que hace asfixiante la espera a pleno sol en el exterior. El mantenimiento de los controles de capital, con un máximo de 60 euros por persona al día acumulable ahora semanalmente, y el límite a las operaciones bancarias —sólo pueden hacerse las gestiones básicas, pago de recibos, contribuciones y transferencias internas— ha precipitado a las puertas de las sucursales a más clientes de empresas que particulares, sobre todo en el centro de Atenas. Sólo los propietarios de cajas fuertes, cuyo contenido pueden recuperar a partir de hoy, se acercaron de forma más discreta, en algunos casos con petición de hora previa por teléfono.

La vuelta la normalidad bancaria es posible por el incremento en 900 millones de la línea de emergencia del BCE. Gracias también al crédito puente de 7.000 millones de euros otorgado la semana pasada por el Eurogrupo, las autoridades griegas podrán satisfacer la devolución de 3.500 millones, más 700 de intereses, al BCE, un plazo que vence este lunes. Grecia tiene pendiente el pago al Fondo Monetario Internacional de 1.500 millones, en mora desde el pasado 30 de junio.

María, dueña de una tienda de sandalias en pleno núcleo turístico de la ciudad, ha retrasado la apertura de su establecimiento para solventar todas las cuentas pendientes en el banco. “Durante el corralito hemos seguido cobrando con tarjeta, por lo que afortunadamente no tengo problemas de fondos, la temporada va bien. El gran problema en estas tres semanas ha sido no poder hacer pagos a proveedores, ni cumplir con los plazos de impuestos ni de los créditos. Por fortuna, este año tenemos casi un mes más de plazo para cumplir con Hacienda”, explicaba a la salida de la sucursal. “Además, no me preocupa tanto recuperar la normalidad bancaria, que obviamente ayuda a restaurar confianza, como la subida del IVA a partir de hoy, eso sí que nos va a machacar”. El transporte y la alimentación se verán especialmente afectados, pues tributarán al 23%.

Yanis, contable de una empresa de alquiler de automóviles, salía de un banco con un abultado sobre en la mano. “¿Dinero? No, no, donde mejor está es en el banco… Son todos los recibos y pagarés pendientes desde hace tres semanas… Las operaciones y los gastos básicos de la empresa pudimos seguir tramitándolos electrónicamente, pero se nos ha acumulado mucha deuda en planes de leasing y en un flete de 10 coches que justo acabábamos de recibir cuando cerraron los bancos”, de un importante concesionario de automóviles de la ciudad. Las operaciones y transferencias al extranjero seguirán limitadas, salvo por ejemplo el envío de dinero a familiares ausentes, con un máximo de 5.000 euros.

Aunque seguirán vigentes los controles de capital, con límites a la retirada de efectivo idénticos —60 euros por persona y cuenta al día, ahora acumulables hasta 420 por semana—, la reapertura de los bancos insufla algo de normalidad a una economía al ralentí: pérdidas estimadas en unos 3.000 millones de euros, entre 1.800 millones de importaciones paralizadas, 240 millones en exportaciones y alrededor de 600 millones en el pequeño y mediano comercio, que ha visto disminuir en un 70% su volumen de negocio pese al inicio, esta semana pasada, del periodo de rebajas. Además, según la Cámara de Comercio e Industria ateniense, en este periodo ha quedado en suspenso un total de 6.000 millones de euros en transacciones comerciales, con 4.500 contenedores de materias primas y manufacturas retenidos en las aduanas.
 
FUENTE: El País. 
 
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El FMI pide una quita de la deuda y critica el rescate a Grecia

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La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, habla en el Brookings Institute de Washington el de 8 de julio de 2015. / JIM LO SCALZO


  • El Parlamento griego afronta una votación tormentosa con diputados rebeldes de Syriza, el partido del Gobierno

Claudi Pérez / María Antonia Sánchez-Vallejo Bruselas / Atenas 15 JUL 2015 - 13:30 CEST

El Parlamento griego afronta dividido hoy la votación sobre el acuerdo con los acreedores y sobre las medidas urgentes que exigen a cambio del rescate. La sesión se prevé tormentosa, con una fuerte presión en la calle y en la que parte de Syriza puede darle la espalda al primer ministro, Alexis Tsipras, Hasta la medianoche de hoy, si no más tarde –fuentes oficiales aseguran que la votación podría realizarse a primera hora del jueves-, los 300 diputados deberán pronunciarse sobre la modificación del IVA y la reforma de las pensiones, así como la de la autoridad estadística. Para el próximo día 22 queda pendiente la tramitación de otras dos leyes prioritarias.

Tsipras
, quien anoche dijo no creer en el pacto con Bruselas que se comprometió a poner en práctica, tiene garantizado un respaldo suficiente gracias a los tres partidos de la oposición proeuropea (conservadores, socialistas y liberales). Qué harán sin embargo su partido, Syriza, y el socio de coalición, Griegos Independientes (ANEL, en sus siglas griegas), que reunieron ayer a sus respectivos grupos parlamentarios, es una incógnita.

Las críticas a las condiciones para el tercer rescate también vienen del Fondo Monetario Internacional. Anoche, en un documento que es una especie de enmienda a la totalidad del acuerdo entre Atenas y los socios, apuntaba de nuevo que la deuda pública griega es “cada vez más insostenible”. La institución que dirige Christine Lagarde asegura que el endeudamiento estará “cerca del 200% del PIB” en el plazo de dos años, incluso con el rescate. “Los acontecimientos de las dos últimas semanas —la clausura de los bancos y la imposición de controles de capital— suponen un peaje muy pesado para la banca y el conjunto de la economía”, dice el documento.

La solución que reclama el FMI —bajo los auspicios de Washington— levanta ampollas en Europa. El Fondo ve necesario “un alivio de la deuda de una escala que tendría que ir mucho más allá de lo que se ha considerado”. Propone ampliar plazos de carencia y de devolución mucho más allá de los actuales, e incluso considera que serán necesarias “profundas quitas”, pese a las reticencias de los socios. Los líderes excluyeron el lunes esa posibilidad: solo quieren ampliar los plazos. “Les toca a los socios europeos decidir”, cierra el informe.

FUENTE: El País. 

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Merkel y Hollande logran que Tsipras acepte un pacto más duro

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  • El acuerdo incluye la creación de un fondo de privatizaciones para recapitalizar los bancos y pagar la deuda

Claudi Pérez / Lucía Abellán Bruselas 13 JUL 2015 - 12:21 CEST

“Estamos listos para iniciar las negociaciones para el rescate. No habrá Grexit”. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, han anunciado al filo de las nueve de la mañana, tras 17 horas de cumbre, un acuerdo con Grecia por unanimidad sobre el tercer rescate. El pacto abre la puerta a que el BCE mantenga la liquidez de emergencia a la banca griega. El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha explicado que Grecia aprobará leyes en las próximas 48 horas, endurecerá sus propuestas en pensiones, mercado laboral y otros asuntos, y finalmente acepta un fondo de privatizaciones, que permitirá recapitalizar los bancos y pagar la deuda.

Europa debe aclarar aún cuál será exactamente la participación europea en la financiación puente, ante las graves dificultades del sector financiero griego con el corralito y la falta de fondos para pagar un vencimiento de deuda al BCE el día 20 de julio por importe de unos 3.500 millones de euros. Pero Dijsselbloem ha avanzado que se usará ese fondo, con los activos vendibles de Grecia, para obtener dinero de inmediato. Eso, siempre que el Parlamento griego legisle en los dos próximos días las medidas más inmediatas.

El texto acordado esta mañana por los líderes de la eurozona es implacable con Grecia: comienza constatando "la necesidad crucial de reconstruir la confianza con las autoridades griegas" como requisito para cualquier rescate e impone durísimas condiciones para lograrlo. Entre ellas, una consulta previa con las instituciones europeas para cualquier ley que quiera aprobar Atenas "en áreas relevantes" y la necesidad incluso de revertir legislaciones ya aprobadas desde principios de año, a excepción de las vinculadas "a la crisis humanitaria" que vive el país. Europa no se fía y así lo deja claro en las siete páginas del compromiso rubricado este lunes, con múltiples cautelas para firmar el ansiado rescate.

Una de las claves del acuerdo -y de las más difíciles para digerir por parte de Grecia- es el fondo de privatizaciones, que ascenderá a 50.000 millones y ha sido el motivo del retraso en el acuerdo. Incluirá todo tipo de activos, incluidos posiblemente los bancos. "Nada habría sido peor que humillar a Grecia esta noche", ha dicho el presidente francés, François Hollande. Pero Berlín ha llegado a presionar con una salida de Grecia del euro si no había pacto. Y Atenas se ha visto forzada a aceptar ese fondo de privatizaciones, que nace cargado de polémica: no hay apenas precedentes en Europa, y supone una especie de aval que se exige a Grecia a cambio del tercer rescate. La titularidad del fondo será griega, pero estará supervisado por las instituciones europea.

A cambio de esas formidables concesiones, la canciller Merkel ha asegurado que una vez que Grecia demuestre que cumple lo acordado habrá reestructuración de deuda: básicamente, una ampliación de los plazos de devolución. "En ningún caso habrá quitas", ha dicho Merkel ante la prensa europea y tampoco reestructuración de deuda hasta el primer examen del rescate.

La canciller Angela Merkel ha asegurado que Grecia "ha mostrado su disponibilidad a acometer recortes y reformas". "Lo importante ahora es poner en marcha lo acordado rápidamente. Hay que recuperar la confianza y para ello Grecia tiene que hacer suyo el acuerdo". Alemania ha apuntado que el FMI seguirá a bordo en el tercer rescate griego, y que Atenas se ha comprometido a activar cambios en el sistema de pensiones y el resto de medidas prioritarias. El Eurogrupo dará al mecanismo de rescate la señal para iniciar la negociación del rescate, y varios parlamentos nacionales, incluido el Bundestag, votarán entonces.

Adiós al Grexit

“Grecia tiene una oportunidad de enderezarse. Y el acuerdo evita las consecuencias políticas que habría tenido la falta de resultados de la negociación”, ha asegurado ante la prensa el presidente del Consejo Europeo –representa a los Estados miembros-, Donald Tusk. “La Comisión Europea no ha dejado de insistir en que no habría Grexit; estamos satisfechos”, ha añadido el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, uno de los pocos defensores claros durante todo el proceso de la necesidad de pactar con Grecia. “Dije que la situación sería más difícil después del referéndum y se ha demostrado que es cierto. Pero lo alcanzado es un compromiso; no hay ganadores ni perdedores. No creo que los griegos se sientan humillados ni que los otros socios hayan perdido la fe. Es el típico compromiso europeo”, ha considerado Juncker.

Don DeLillo define la política como “un asunto de hombres reunidos en cuartos”. Y sin embargo la pasada madrugada la política europea giró alrededor de una mujer, la canciller Angela Merkel, que llevó la voz cantante en una de las noches europeas más largas y dramáticas de los últimos tiempos. 17 horas de reunión después, Berlín selló un acuerdo que exige un altísimo precio a Atenas para seguir en el euro. El primer ministro Alexis Tsipras debe aprobar varias leyes en las próximas 48 horas. Se le reclaman medidas más duras en el mercado laboral, en las pensiones, en todos los asuntos que hace solo unos días eran líneas rojas infranqueables. Y los socios, sobre todo, instan a Grecia a crear un fondo bajo supervisión europea con los activos privatizables para, una vez se vendan, reducir la deuda, en una propuesta inédita que levantó una suerte de sentimiento de humillación en Atenas.

Tsipras, además, no se librará de la presencia del FMI, que será parte también de este tercer rescate griego. Para suavizar todos estos reveses, Grecia obtiene dos medidas paliativas: la mención escrita, por primera vez en este proceso, a la reestructuración de la deuda y la inclusión de un paquete de 35.000 millones de euros para fomentar el crecimiento y el empleo a cuenta de la Comisión Europea durante los próximos tres o cinco años. En el alivio de deuda queda claro, en todo caso, que no habrá quitas, sino prolongación de los plazos de pago y periodos de gracia.

A cambio, Grecia evita la salida del euro y obtiene luz verde para negociar los pormenores de un rescate por tres años y unos 50.000 millones de euros. Y evita la bancarrota de sus maltrechos bancos, que amenazaba con llevarse por delante al país entero y que, a la postre, se han convertido en el talón de Aquiles que ha obligado a Tsipras a capitular y aceptar mucho más castigo de lo que pensaba hace dos semanas. El Gobierno griego rompió hace poco dos semanas las negociaciones. Convocó y ganó un controvertido referéndum contra la propuesta europea de entonces. Se vio obligado a decretar un corralito y controles de capital ante la rápida huida de depósitos en sus bancos. Y, finalmente, apenas 15 días después de esa decisión, capitula y se ve obligado a aceptar condiciones mucho peores.

Berlín se ha cobrado la afrenta que supuso el referéndum, unas negociaciones interminables y algunas declaraciones subidas de tono. Impuso exigencias mucho más duras de lo esperado, y llegó a incluir la posibilidad de una salida temporal de Grecia del euro, que acabó retirando cuando Tsipras se avino a pactar con los socios. A cambio, además de esos 50.000 millones en créditos baratos, se lleva la promesa del BCE de mantener con vida a los bancos, y un documento en el que Europa ofrece la ansiada reestructuración de deuda, a la vista de que a Grecia le es imposible pagar. El FMI seguirá a bordo. Y Grecia consigue metas fiscales más holgadas que en el anterior rescate, pero aun así se verá obligada a aprobar recortes adicionales a la vista de que la economía se ha parado en seco con el corralito: podría llegar a caer el 4% este año. Las necesidades financieras se han ido agrandando en los últimos días y ascienden a casi 90.000 millones de euros.

Y la saga griega no ha acabado. En los dos próximos días, el Parlamento tendrá que legislar a través de decreto-ley las medidas prioritarias. Si eso ocurre, el miércoles el Eurogrupo dará un mandato al mecanismo de rescate (Mede) para acabar de negociar las condiciones del Memorando de Entendimiento del tercer rescate. Ese proceso, que suele durar en torno a dos meses, se comprimirá a apenas dos semanas, ante la situación de emergencia financiera en Grecia. Y aun así no está claro cómo Atenas podrá hacer frente a un pago de 3.500 millones del BCE el 20 de julio: los socios tienen que diseñar –probablemente hoy, en un nuevo Eurogrupo, el enésimo de esta semana— la financiación de emergencia para evitar un impago al Eurobanco.

FUENTE: El País.

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Un equipo de EL PAÍS TV sigue en directo el recuento de votos en una sede de Syriza / Luis Almodovar/José Luis Aranda

  • Los partidarios del ‘no’ celebran el resultado de la consulta en Atenas

María Antonia Sánchez-Vallejo Atenas 6 JUL 2015 - 10:12 CEST


Los griegos enviaron este domingo a Europa un inequívoco mensaje contra la austeridad y por la soberanía popular y nacional. Con el 99% de las papeletas escrutadas, un 61% de los votantes helenos que ayer participaron en el referéndum convocado por el primer ministro, Alexis Tsipras, rechazaron la última propuesta de los socios europeos, que contemplaba una nueva tanda de recortes y ajustes. Tras una dramática semana de corralito y de control de capitales, y con la economía al borde del colapso, Tsipras tranquilizó a los partidarios del sí. “Soy consciente de que el mandato que me dais no es un mandato de ruptura, sino un mandato para una solución sostenible” en el que la prioridad será “el funcionamiento del sistema bancario”, dijo.

En un referéndum crucial, inédito por su trascendencia desde que la democracia regresó al país en 1974 tras la caída de la junta militar, una mayoría absoluta de griegos (un 61,3%, con el 99% de papeletas escrutadas y una participación del 62,4%) respaldó la propuesta del Gobierno y votó en contra de los términos del programa de ayuda que los socios pusieron sobre la mesa en el Eurogrupo del 25 de junio, y que consistían —en pasado, ya que esa propuesta es desde el martes extemporánea al expirar la prórroga del rescate— en una nueva dosis de austeridad. Así figuraba en la papeleta, aunque muchos, los defensores del sí, votaron convencidos de que la pregunta era un sí o un no al euro y Europa.El primer ministro griego, Alexis Tsipras, afirmó tras los resultados en un mensaje televisado que su Gobierno reiniciará hoy las negociaciones con los acreedores para alcanzar un acuerdo y afirmó que es consciente de que el no “no es un mandato de ruptura”. “Mañana reiniciaremos la negociación. Nuestra prioridad es el funcionamiento del sistema bancario”, dijo Tsipras.

Lo que el primer ministro pretendía cuando convocó la consulta hace ocho días, dejar hablar al pueblo para evitar la ruptura con las instituciones —que sin embargo se consumó unilateralmente tras la convocatoria—, se ha logrado ampliamente; lo que suceda a partir de hoy precisará de una legión de adivinos. De la difícil reconducción del diálogo con los acreedores a una salida del euro por asfixia económica e insolvencia —si el Banco Central Europeo no aumenta la provisión de liquidez de los bancos griegos, y corta definitivamente el cordón umbilical de la línea de emergencia conocida como ELA—, cualquier opción es plausible.

“Con este valiente no que ha pronunciado el pueblo griego, mañana [por hoy] extenderemos nuestra mano a los acreedores. Llamaremos a cada uno”, insistió Yanis Varoufakis, el ministro de Finanzas.

Sin tiempo para la celebración, ocupadas en practicarle el boca a boca a una economía exánime tras una semana de corralito y de control de capitales, las autoridades griegas movieron ficha enseguida. A primera hora de la noche, el propio Varoufakis, y el gobernador del Banco de Grecia, Yanis Sturnaras —enemigo acérrimo del Gobierno de Syriza—, se reunieron con Tsipras con el objetivo de acelerar el auxilio de los bancos, y poco antes de la anunciada reunión del Banco Central Europeo. Tras la emergencia bancaria, las líneas maestras de Atenas serán dos, ya bosquejadas la semana pasada: el informe del Fondo Monetario Internacional que admite que la deuda griega es insostenible, y un nuevo mandato para Atenas, amparado en la voluntad del pueblo griego, según anunció el negociador jefe, Efklidis Tsakalotos, tras confirmarse la victoria del no.

El absoluto refrendo popular a la propuesta de Tsipras podía barruntarse ya desde el viernes, en la multitudinaria manifestación en el centro de Atenas; por la encuesta oficiosa que manejaba el Gobierno, que el sábado daba al sí sólo el 29% de apoyos, y, sobre todo, por el runrún que desde la tarde, horas antes del cierre de las urnas, empezó a recorrer la destartalada sede central de Syriza, el partido de Tsipras. Tras conocerse los primeros resultados, miles de personas se dirigieron a la plaza de Syntagma para celebrar la victoria, con una masiva presencia de banderas griegas —el orgullo nacional, la posibilidad de levantar cabeza ante los dictados de Bruselas, ha sido otra de las claves de la victoria—. Allí acogieron con aplausos la dimisión del líder de Nueva Democracia y líder de la oposición, Andonis Samarás.



El presidente de la Eurocámara dice que Grecia no está en la mejor posición. / atlas

El referéndum fue definido esta semana por el Gobierno como un arma de la negociación con las instituciones, pero los resultados del mismo amenazan con convertirse en una de destrucción masiva. Dentro de Grecia, como prueba de una polarización menor de la esperada pero real y evidente; y también de una división marcadamente generacional, con un 67% de los jóvenes a favor del no, y un 37% de los mayores, por el sí, pese a que las pensiones han estado en el centro de las discusiones con los socios.

Las ondas de choque del referéndum van más allá y confirman que la victoria ha reunido votos de extremos opuestos —por un lado las izquierdas, de Syriza a pequeños partidos extraparlamentarios, pasando por un número no pequeño de votantes comunistas; por otro lado los nacionalistas de Griegos Independientes, socio de Gobierno de Syriza, y no pocos neonazis, radicalmente opuestos a los dictados de Bruselas— frente a una oposición incapaz de unirse a favor del sí, pese al intento de conservadores y socialistas de forjar un frente europeo. El triunfo del no también confirma el apoyo a la gestión de las negociaciones por parte de Syriza; pese al desgaste y a una situación económica rayana en la asfixia, el partido de Tsipras volvería a ganar unas elecciones con en torno al 36% de los votos, rondando la mayoría absoluta, si se convocaran ahora.
Celebraciones en Syntagma

M. A. S.-V.

Miles de personas celebraron ayer en el centro de Atenas la victoria del no en el referéndum. En una convocatoria espontánea e improvisada en la que una marea de banderas griegas ondeaba sobre la multitud, los partidarios del no irrumpieron en un cerrado aplauso cuando las pantallas de televisión de las cafeterías de la plaza anunciaron la dimisión de Andonis Samarás, líder de la conservadora Nueva Democracia.

La ausencia de pancartas partidistas, y el predominio de la enseña griega, hablaban claramente de una celebración nacional. “Esta victoria significa sobre todo unidad. La palabra división no figura en el diccionario de la nación griega. También es un mensaje de hermandad”, explicaba Konstantina Stathophlu, miembro de Syriza, aunque señalaba que lo de menos anoche era el partido. “¿Que qué pasará mañana? A partir de ahora, trabajo, trabajo y trabajo”.

“Es una heroica victoria de la democracia en circunstancias tan difíciles como un corralito y una situación de asfixia económica”, señalaba por su parte Otón, apolítico confeso, que paseaba por la plaza con su perrito. “Está muy equivocado quien quiera ver aquí consignas partidistas, o un no al euro o a Europa, el 95% de los aquí presentes defendemos ambas cosas. Somos solo griegos levantando la cabeza y alzando nuestra voz. Basta ya, no queremos ni podemos aceptar más austeridad”.

Yorgos, Kalíopi y Teodora, tres amigos que se confesaban “izquierdistas sin más” admitían estar “emocionados y felices”. “Esto es un ejercicio de plena libertad y soberanía popular frente a los dictados del exterior, de los bancos y de las instituciones”.

El mar de banderas blanquiazules seguía ondeando hacia la media noche.
FUENTE: El País.

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El FMI confirma que Grecia no ha pagado los 1.600 millones de deuda

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 Varufakis y Lagarde se saludan durante la reunión del Eurogrupo en Luxemburgo el pasado 18 de junio. / Julien Warnand  (Efe)

  • Atenas tiene la mayor deuda pendiente de un país con el organismo y es el primer país desarrollado en no atender un vencimiento

Alicia González Madrid 1 JUL 2015 - 10:42 CEST

La decisión del Gobierno de Atenas de no hacer frente a sus deudas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) puede acabar provocando daños colaterales imprevistos. El organismo ha confirmado, pasada la medianoche, que Grecia no ha pagado los 1.600 millones de euros de deuda que tenía pendiente. No solo es el primer impago de un país desarrollado con el FMI, sino también el de mayor cuantía. Una situación que ha reavivado las críticas al papel del organismo en la gestión de la crisis. En todo caso, las normas internas le impiden participar en un nuevo rescate de un país moroso. Todo en un momento en el que Christine Lagarde busca su reelección al frente del Fondo.

“Le debe gustar este momento. La criminal en jefe viene a saludarle”, le espetó una sarcástica Christine Lagarde al ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, en una reciente reunión en Luxemburgo. Las relaciones entre Grecia y el Fondo Monetario Internacional se han ido deteriorando en los últimos meses hasta niveles pocas veces vistos. Días antes de aquel encuentro, Varoufakis acusó al FMI de tener una “responsabilidad criminal” en la situación en la que se encuentra el país.

Eso explica, solo en parte, la decisión de Atenas de excluir al FMI de su solicitud de un nuevo plan de rescate. En realidad, las normas del propio organismo internacional le impiden proporcionar ayuda financiera adicional a un país moroso con el Fondo, como lo es Grecia desde anoche. Atenas solo se adelantó a la respuesta negativa que le hubiera dado el FMI pero trasladó un potente mensaje a sus electores.

La institución que preside Lagarde ha jugado un papel decisivo en la gestión de la crisis de deuda europea. La Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) han adoptado como propios los métodos del organismo en la gestión de la crisis, con los programas de reformas y el desembolso gradual de las ayudas comprometidas en función del cumplimiento de metas. Las visitas periódicas de los hombres de negro a los países sometidos a planes de rescate es también un buen ejemplo de ese particular modus operandi.

Además, la participación del Fondo ha reducido la factura de los rescates para Europa pero ha suscitado notables críticas por ello dentro de la institución. “La gran parte de los países miembros, que son los que están aportando los fondos para el rescate a Grecia, son economías con un nivel de ingreso mucho más bajo que el heleno, incluso después de años de recesión”, explica por correo electrónico Diego Iscaro, economista senior de la consultora IHS, en Londres. El rescate a un país considerado "rico" se ha producido no una sino en dos ocasiones y pese a los incumplimientos manifiestos del programa de reformas.

Esos países consideran que el caso de Grecia evidencia que el Fondo está dominado por los políticos europeos, lo que se añade a los reproches de escasos avances en la reforma de la gobernanza del organismo, el reparto de cuotas y la norma no escrita de que el FMI siempre esté dirigida por un europeo. “El hecho de que, en esas circunstancias, Lagarde esté buscando su reelección como directora gerente del FMI en 2016 seguramente también ha afectado a la posición del organismo”, apunta Iscaro.

El de Grecia es el primer impago de un país desarrollado con el FMI y también el de mayor cuantía. Ya en 2013, el propio organismo reconoció errores en la forma de gestionar la crisis helena. Al evaluar cómo se realizó el primer rescate, el de 2010, el Fondo admitió que subestimó el impacto de la austeridad y las medidas de ajuste sobre la economía y criticó que la quita de deuda privada se hubiera retrasado tanto y solo se hubiera incluido en el segundo rescate, el de 2012.

S&P sitúa a la banca helena al borde de la quiebra

La agencia de calificación Standard and Poor’s rebajó ayer la calificación de los principales bancos de Grecia a niveles de “quiebra selectiva” (SD) y advirtió que sin ayuda externa —un extremo que no contempla— la insolvencia de la banca helena es una absoluta certeza.

La rebaja de la calificación se produce tras la decisión del Gobierno griego de imponer controles de capital desde el pasado lunes en las entidades financieras del país para contener la fuga de depósitos y ante el fracaso de las negociaciones para extender los planes de rescate del país.

Según los criterios de la agencia, la imposibilidad de los depositantes de acceder a sus fondos, de disponer de sus cuentas y transferir dinero constituye una quiebra selectiva de las entidades. “Es inevitable que los bancos griegos se declaren en quiebra en un plazo máximo de seis meses en ausencia de ayuda de las autoridades europeas. No prevemos que esa ayuda se produzca”, sostiene. Los bancos afectados por la rebaja de la calificación son el Alpha Bank; Eurobank Ergasias; el Banco Nacional de Grecia y el Banco del Pireo.

FUENTE: El País. 
 
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Europa rechaza el plan griego por 100 millones de IVA y flecos en pensiones

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El ministro de Finanzas francés, Michel Sapin (centro), habla con su homólogo griego, Yanis Varoufakis, este miércoles en Bruselas. / Thierry Monasse (AP)

  • Las posiciones están muy cerca y en Bruselas se espera un acuerdo en las próximas horas

Claudi Pérez Bruselas 25 JUN 2015 - 21:16 CEST

El Eurogrupo finalizó la tarde del jueves, por enésima vez, sin acuerdo entre Grecia y sus acreedores. Pero las diferencias entre la última oferta de Grecia y la propuesta definitiva de los socios europeos y el FMI, según una comparativa elaborada por este diario, son mínimas: apenas 107 millones en IVA y flecos de escasa enjundia en pensiones y privatizaciones. “Es extraño que no alcancemos un acuerdo por 100 millones”, aseguró uno de los más estrechos colaboradores del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dentro de la reunión. Las posiciones de ambos están muy cerca y en Bruselas se espera un acuerdo en las próximas horas. Pero la dramatización continuará hasta el último minuto.

Los socios europeos y el Fondo Monetario Internacional llegaron esta mañana al Eurogrupo con una última propuesta. Grecia presentó media hora antes de la reunión la suya. Las medidas prioritarias de ambos planes son prácticamente las mismas, según una comparativa de ambos textos realizada por EL PAÍS. Los ministros volverán a reunirse durante el fin de semana, y los jefes de Estado y de Gobierno retomarán las negociaciones a lo largo de la cumbre que arrancó ayer. Sin embargo, y a pesar de las declaraciones subidas de tono de algunos ministros como el alemán Wolfgang Schäuble —“las posiciones están más alejadas que nunca”— esa comparativa es una suerte de juego de las siete diferencias: no hay grandes discrepancias más allá de la gestualidad y las palabras de los mandarines europeos.

Los dos documentos se parecen como dos gotas de agua: incluso en el diseño y el tipo de letra. Contienen párrafos iguales al 100%. El de Grecia tiene una página más: diez, por 9 de la oferta de los acreedores.

Grecia propone una reforma del IVA que le reportará ingresos adicionales por 1.693 millones de euros: 107 millones menos de lo que piden los acreedores. Los griegos pretenden que todos los alimentos —y no solo los básicos— disfruten de un IVA reducido del 13%, así como los hoteles. Los socios rechazan esas excepciones. En ese impuesto, Atenas quiere también tipos reducidos para las islas, a diferencia de los acreedores.

Apenas hay diferencias en recortes fiscales: la mayor es que los europeos y el FMI pretenden una rebaja del gasto militar de 400 millones; los griegos quieren dejar ese tijeretazo en 200 millones. Hay acuerdo en los tipos impositivos a las empresas. Grecia quiere, además, un impuesto de una sola vez del 12% a las compañías que obtengan beneficios de más de 500.000 euros, y propone imponer un impuesto a los yates: el FMI se opone a esos dos tributos y, en general, prefiere los recortes de gasto a los incrementos impositivos porque sostiene que así se dañará menos el crecimiento. Además, Grecia se opone a un recorte de medio punto del PIB (unos 900 millones) en los gastos de la seguridad social.

En cuanto a las privatizaciones, el acuerdo es prácticamente completo: Grecia tan solo se opone a vender sus aeropuertos regionales y el mayor operador de telecomunicaciones (OTE). “Diferencias muy menores”, según las fuentes europeas consultadas.

Donde hay algo más que jaleo es en la reforma de pensiones. Lo más sustancial es que Atenas quiere activarla el 31 de octubre, cuatro meses después que los acreedores. Los ahorros previstos son exactamente iguales: entre el 0,25% y el 0,5% del PIB este año, y un 1% del PIB en 2016 (1.800 millones). Hay acuerdo en retrasar la edad de jubilación a 67 años en 2022. Y el grueso de las medidas coincide, salvo en cuatro asuntos. Uno: Grecia quiere adelantar el fin de los subsidios a las pensiones más bajas a finales de 2018 —un año antes que los acreedores—, pero como contrapartida no quiere aplicar ese tijeretazo inmediatamente. Dos: Atenas quiere suavizar el pago de los pensionistas al sistema de salud, del 4% actual a un 5% (los acreedores piden un 6%). Tres: Grecia quiere retrasar un año la eliminación de las exenciones en las cotizaciones. Y cuatro: el equipo del primer ministro Alexis Tsipras se niega a que el sistema de pensiones tenga que autofinanciarse completamente. En Europa eso ocurre en la mayoría de los países, pero no en todos. Grecia paga con impuestos una parte sustancial de las pensiones: nueve puntos de los 16 puntos de PIB que cuesta el sistema, uno de los más onerosos de la UE.

Hay otro asunto esencial que separa a las dos partes: Grecia pide una reestructuración de deuda, tal y como prometió el Eurogrupo en noviembre de 2012. Los acreedores creen que no es el momento, aunque la canciller Merkel ya ha dejado claro que hay margen de maniobra para incluir un alivio de la deuda griega, que asciende al 180% del PIB.
 
FUENTE: El País. 
 
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Bruselas y el FMI se resisten a aceptar la oferta de Grecia

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  • Tsipras se reúne este miércoles con Merkel y Hollande

Claudi Pérez Bruselas 9 JUN 2015 - 22:11 CEST

El cruce de ultimátums entre Berlín y Atenas de la semana pasada estuvo a punto de hacer descarrilar la negociación para alcanzar una solución temporal a la crisis de Grecia. La tensión no ha acabado: los socios europeos despacharon este martes con una negativa tajante la última propuesta del Gobierno de Alexis Tsipras, que se resiste a recortar pensiones pero ha traspasado algunas de sus líneas rojas en aras del acuerdo. Tsipras, la canciller Angela Merkel y el presidente francés François Hollande tratarán de dar este miércoles un impulso político casi definitivo a la saga griega.

Oferta, negativa airada, contraoferta, que a su vez es rechazada, y vuelta a empezar. Esa es la secuencia actual de las interminables negociaciones sobre Grecia, que se acercan a su recta final con infinidad de dudas y apenas una certeza: la partida no está cerrada y cada una de las partes apurará hasta el último día para sacar el máximo partido de la tensión. Tanto los griegos como los acreedores pretenden sacar tajada del temor a un posible impago que nunca acaba de llegar (y que difícilmente llegará). Grecia presentó la enésima propuesta a los socios europeos, que a renglón seguido la tumbaron por enésima vez. Atenas trabajaba en la noche del martes en una nueva revisión de esa oferta, de cara a la reunión que mantendrán este miércoles en Bruselas el primer ministro Alexis Tsipras, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande.

“Las dos partes ya no están tan lejos”, apuntaban fuentes de Atenas y de la Comisión Europea; el vicepresidente comunitario Valdis Dombrovskis auguró un pacto “en los próximos días”. Pero Alemania y el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, diluyeron ese amago de optimismo. Dijsselbloem añadió que el acuerdo es “imposible” sin que Grecia cambie el sistema de pensiones y eleve la edad de jubilación.

Ese es el nudo gordiano de la negociación: las pensiones, que han sufrido duros recortes a lo largo del último lustro. Los socios europeos quieren un tijeretazo adicional que provocaría una crisis política en Atenas. Tsipras rechaza abiertamente ese recorte —que incluiría un revés incluso para las pensiones más bajas, según la última oferta europea—, pero se aviene a otras medidas: el Ejecutivo heleno está dispuesto a endurecer las prejubilaciones, e incluso a aceptar alguna imposición más por ese flanco.

El resto de supuestas líneas rojas se han ido difuminando. Grecia y los socios están ya muy cerca en lo relativo al superávit primario (antes del pago de intereses): Atenas ofrece el 0,75% del PIB para este año y Bruselas quiere el 1%. Y ambas partes saben que esas cifras son inalcanzables: el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, lo ha reconocido explícitamente durante los últimos días.

Ampliar el rescate

Grecia y sus acreedores se encaminan a una nueva patada hacia adelante: discuten ampliar el segundo rescate actual hasta final de año o incluso más allá, hasta marzo de 2016, según informó The Wall Street Journal. Habrá, ya es seguro, metas fiscales más suaves. Y habrá subidas del IVA y algún recorte adicional. Atenas no seguirá adelante con sus planes de revocar las últimas reformas laborales. Y se llegará a un punto de entendimiento, con cesiones de ambas partes, en el capítulo de pensiones. Eso permitiría a Grecia pagar sus próximos vencimientos al FMI y al BCE; no suspender pagos. Y evitará a los socios un jaleo mayúsculo para el que siguen sin estar preparados: una crisis del euro rediviva. A cambio, todo el mundo es consciente de que ese escenario simplemente aplaza el problema. Los acreedores se resisten a debatir una reestructuración de deuda, pese a que todo el mundo sabe que eso llegará tarde o temprano. “Prorrogar y fingir, ese sigue siendo el leit motiv con Grecia”, cerró una fuente europea.

FUENTE: El País.

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Grecia pide al FMI retrasar sus pagos y prepara una contraoferta

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Grecia 
Alexis Tsipras, este jueves en Atenas. / Kostas Tsironis (Bloomberg)
 
  • Atenas gana tiempo para el desembolso de 300 millones de euros
 
Claudi Pérez Bruselas 5 JUN 2015 - 10:30 CEST

Más tensión, más drama, más teatro. La propuesta final de los socios europeos a Grecia no gusta en Atenas, que flirtea desde hace semanas con la suspensión de pagos y trata de negociar alguna concesión de última hora para no tener que traspasar muchas de sus líneas rojas. El Gobierno de Alexis Tsipras pidió este jueves agrupar y retrasar sus pagos al Fondo Monetario Internacional, que suman unos 1.500 millones a lo largo de este mes. Grecia tenía que satisfacer este viernes un primer vencimiento de 300 millones, pero ante sus dificultades de tesorería finalmente lo hará el 30 de junio.




Grecia se acogió este jueves a un tecnicismo que casi nunca se usa y ganó casi dos meses de un plumazo. El Ejecutivo de Tsipras pagará finalmente al FMI a finales de junio: si finalmente no lo hiciera, la cúpula del Fondo no declararía el impago hasta finales de julio, lo que le otorga mayor margen para negociar y, sobre todo, relaja las formidables tensiones financieras a las que están sometidas las arcas de la Hacienda griega. Atenas prepara este jueves un contraataque ante la propuesta final de los acreedores, que ha sentado como un jarro de agua fría en Grecia.

Los socios y el FMI quieren obligar a incumplir muchas de sus promesas: la propuesta, detallada en un documento de siete páginas, ofrece algunas mejoras a Atenas —básicamente, superávits fiscales menos exigentes—, pero supondría otra vuelta de tuerca a la austeridad, acelerar las privatizaciones u obligaría al Gobierno griego a aprobar por la vía de urgencia dolorosos recortes de pensiones. Esas son, básicamente, las medidas que Tsipras se comprometió a evitar antes de ganar las elecciones, hace ya cinco meses.

Desde entonces la vida no ha sido fácil para el carismático primer ministro heleno. Tiene problemas dentro de su partido, con el ala izquierda dispuesta a romper con la eurozona. Tiene dificultades con su electorado, que le apoya masivamente pero quiere un acuerdo que permita a Grecia seguir dentro del euro. Tiene líos con los socios, que le reprochan malas artes en una negociación que ha acabado en un todos contra Grecia. Y tiene las arcas vacías: la economía se ha parado, los ingresos caen y la banca sufre por la fuga de depósitos.

Europa y el FMI saben que Grecia no tiene armas de negociación: apenas la posibilidad de amagar con un impago que podría reeditar la crisis del euro. Y no han cedido apenas nada desde el pasado febrero: la propuesta de los acreedores incluye medidas de una enorme carga simbólica, como eliminar las ayudas sociales a los jubilados con los ingresos más bajos para ahorrar apenas 100 millones de euros. Tsipras se dio este jueves algo de tiempo extra con un ardid para retrasar su calendario de pagos. Pero la hora de la verdad se acerca. Y con la propuesta europea en la mano, no le va a ser fácil firmar el acuerdo sin desatar una tormenta política en Atenas.

FUENTE: El País. 

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El Fondo de Rescate sobre Grecia: no pagar a tiempo al FMI tendría 'consecuencias peligrosas'

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El jefe del Mecanismo Europeo de Estabilidad, el alemán Klaus Regling
El jefe del Mecanismo Europeo de Estabilidad, el alemán Klaus Regling EFE

ROSALÍA SÁNCHEZ

 "Trabajamos día y noche en un posible acuerdo", dice Klaus Regling, jefe del Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM), "pero el tiempo se acaba y sin un acuerdo con los acreedores Grecia no recibirá más dinero".

En una entrevista que publica hoy "Bild", Regling advierte además que no pagar a tiempo al FMI, como ha sugerido Tsipras que puede pasar este verano, tendría "consecuencias peligrosas".

"Eso sin duda tendría consecuencias en otros acreedores, como nosotros", avisa, insistiendo que en que "solo pude haber nuevos créditos cuando las reformas sean implementadas, eso sigue en vigor y solo así puede mejorar la economía griega".

Inmediatamente después del palo, Regling muestra la zanahoria: "En caso de acuerdo, con consentimiento de todos los países del euro, Grecia podría obtener de nosotros con relativa rapidez la última cuota del préstamo, de 1.800 millones de euros y otros 1.800 millones de los bancos centrales. También hay dinero listo en el FMI. En total serían 7.200 millones. Para recibir ese dinero, Grecia debe implementar las siguientes reformas".

Grecia puede recuperar la sostenibilidad

La tesis de Regling es que Grecia puede recuperar la sostenibilidad de su deuda sin otro recorte para sus acreedores. Cuenta con que el país se está beneficiando de los vencimientos a largo plazo de la deuda y los bajos costes de la financiación, que han ahorrado al país miles de millones de euros.

"Con continuas reformas y los continuos beneficios de esta magnitud cada año, el país puede regresar a la sostenibilidad de la deuda sin otro recorte", confía, al tiempo que sugiere que, de frenar ahora las reformas, "todos los esfuerzos que han hecho los griegos hasta ahora, todas sus víctimas, habrían sido en vano".

Además de insistir en que el Fondo de Rescate desea que el FMI "continúa aportando su experiencia de décadas en reflotar países en todo el mundo" y a pesar de su tono apremiante, parece dejar abierta la puerta a un acuerdo de última hora, al igual que ocurre en el gobierno alemán, donde la canciller Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, parecen estar representado de nuevo los papeles de "poli bueno" y "poli malo" con los que tan buenos resultados han obtenido hasta ahora.

En Berlín ha trascendido que Merkel está dispuesta a "suavizar" las exigencias en caso de extrema necesidad, mientras que Schäuble se orienta a, en caso de extrema necesidad, una salida del euro.

FUENTE: El Mundo.

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Tsipras amaga con un referéndum si no hay acuerdo con el Eurogrupo

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  • Varoufakis anuncia una amnistía fiscal para los depósitos de griegos en el extranjero

M. A. SÁNCHEZ-VALLEJO / AGENCIAS MADRID / ATENAS 28 ABR 2015 - 21:10 CEST

Puede haber cambiado el equipo negociador, pero no la política del Gobierno griego ante sus socios del Eurogrupo y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Así se desprende de la entrevista que en la noche del lunes concedió el primer ministro Alexis Tsipras al canal privado de televisión Star, en la que descartó la convocatoria de elecciones anticipadas si no se logra un acuerdo con los prestamistas, pero apuntó la clara posibilidad de convocar un referéndum “para que sea el pueblo el que se pronuncie” al respecto, una eventualidad que inquieta sobremanera a Bruselas.


El jefe del Ejecutivo y líder de Syriza reiteró su confianza en llegar a un acuerdo con las instituciones conocidas antaño como troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) antes de la próxima reunión del Eurogrupo, el próximo 11 de mayo, una posibilidad que también apuntó su vicepresidente, Yanis Dragasakis. El pacto es condición sine qua non para el desbloqueo del último tramo del rescate, 7.200 millones de euros que insuflarían liquidez a las mermadas arcas griegas, máxime cuando en mayo el Estado afronta un nuevo pago al FMI, además del correspondiente desembolso de salarios y pensiones. Las necesidades financieras de Atenas ascienden el mes próximo a un total de 4.000 millones.

Pero si el acuerdo que eventualmente se alcance con los socios del euro se contradice con el mandato recibido en las urnas el 25 de enero, Tsipras dejó claro que consultaría directamente al pueblo. La posibilidad de un referéndum es anatema en Bruselas, y cabe recordar que una propuesta de celebrar una consulta popular sobre la conveniencia del segundo rescate costó el puesto al entonces primer ministro griego, el socialista Yorgos Papandreu, durante la tormentosa cumbre europea de Niza, en otoño de 2011. “No tengo derecho a decidir por el pueblo griego si las negociaciones llegan a un punto en que no se correspondan con el mandato” de las urnas, recalcó Tsipras.

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, desautorizó este martes la propuesta de la consulta popular por no considerarla una buena idea. “Costaría dinero, crearía una gran incertidumbre política y no creo que tengamos tiempo; no creo que los griegos tengan tiempo para esto”, dijo.

En la entrevista televisiva, Tsipras no pormenorizó detalles acerca de las negociaciones en curso, pero sí confirmó la existencia de marcadas diferencias respecto a asuntos clave como la recuperación de los convenios colectivos, la subida progresiva del salario mínimo hasta los 751 euros o el aumento del IVA en las islas, todas ellas líneas rojas para el Ejecutivo de Syriza.

Sobre los procesos de privatización en curso, señaló que se estudiarán uno por uno, pero se mostró abierto a seguir adelante con la de parte del puerto del Pireo y la de 14 aeropuertos regionales, en lo que representa una clara concesión a las exigencias de los socios.

El Gobierno griego presentará este miércoles a sus socios una serie de medidas para aumentar la recaudación de impuestos —incluida una amnistía fiscal a quienes declaren depósitos en el extranjero, apuntada hoy mismo por el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis— y luchar contra el contrabando, pero se mantiene firme en tres frentes: el recorte de las pensiones, cualquier reforma del mercado laboral y el aumento del IVA.

Tsipras afirmó que Varoufakis sigue siendo “un gran activo” del Gobierno griego, pese a su aparente marginación del equipo negociador, al frente del cual fue relevado el lunes por el catedrático de Economía Efclidis Tsakalotos, hasta ahora número dos de Exteriores y con amplio respaldo en Syriza, incluida su ala izquierda. Como hiciera unas horas antes al anunciar los cambios en el equipo negociador con el “grupo de Bruselas” —la denominación que recibe la antigua troika—, Tsipras restó importancia a la reorganización y ante todo apoyó a Varoufakis frente a las críticas de los socios europeos, afirmando que, si los ha molestado, es porque “habla su idioma mejor que ellos” aunque, admitió, defienda con mucha firmeza sus opiniones.

La exposición pública de Varoufakis, su reiterada presencia en actividades académicas en Grecia y el extranjero, y el hecho de que se presentara en la reunión informal del Eurogrupo de Riga del viernes “con los deberes sin hacer” han sido, según fuentes consultadas en Atenas, los motivos que le han apartado de la primera línea de las negociaciones, necesitadas de un claro empuje para evitar la bancarrota.
 
FUENTE: El País. 
 
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Lagarde advierte a Grecia de que no tolerará una prórroga de los pagos

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  • Tsipras critica “las filtraciones erráticas” de los socios, pero confía en un acuerdo

Amanda Mars / Claudi Pérez Washington / Bruselas 17 ABR 2015 - 09:00 CEST
 

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, advirtió este jueves de que la institución no apoyará un retraso de los pagos por parte de Grecia. Atenas cumplió con su último vencimiento, pero tiene sus arcas públicas cada vez más vacías y el FMI lleva semanas teniéndose lo peor. “Las demoras no han sido concedidas por esta institución en los últimos 30 años, en el pasado se les dio a dos países en desarrollo y no dio buenos resultados; no es una acción recomendable”, recalcó en la rueda de prensa de las jornadas de primavera del Fondo en Washington. “Nunca hemos tenido una economía desarrollada pidiendo una prórroga, que supondría de hecho financiación adicional. Eso significa contribuciones de una comunidad internacional que puede estar en una situación peor que el país que pide [el retraso en los pagos]”, remató.

El Ejecutivo heleno ha intentado demorar los próximos pagos, según ha publicado el Financial Times, y Lagarde dejó un mensaje meridianamente claro al respecto a la prensa, pero también al Gobierno griego. “Nos preocupa la liquidez de nuestros deudores y hemos podido explicar nuestras políticas sobre las prórrogas de pagos al señor Varoufakis”, el ministro griego de Finanzas, que ha viajado a Washington. Varoufakis está en la capital estadounidense para participar en las jornadas del FMI y en la reunión del G-20, y está previsto que tenga un encuentro con el presidente norteamericano, Barack Obama, y otro con el jefe del Banco Central Europeo, Mario Draghi.

Al nerviosismo del FMI, que empieza a sospechar que puede ser la diana del primer impago, se une un tono entre molesto y hastiado en Bruselas. La Comisión Europea explicó este jueves que no está satisfecha con el desarrollo de las negociaciones, y varias fuentes europeas dan por hecho que no habrá acuerdo en el próximo Eurogrupo, en Riga —a finales de la semana próxima—, por lo que la saga griega se prolongará al menos hasta la segunda semana de mayo. Frente al escepticismo en las filas de los acreedores, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, se mostró “firmemente optimista” y subrayó los avances conseguidos en Atenas en áreas como la recaudación fiscal y la lucha contra la corrupción. Las dos partes discrepan básicamente en el alcance de la reforma laboral, las pensiones, la subida del IVA y las privatizaciones, según el propio Tsipras. Ese era ya el núcleo de las desavenencias del anterior Gobierno, del conservador Andonis Samarás, y la troika.

Las críticas europeas y del FMI al Gobierno griego son constantes: Alemania ha subrayado reiteradamente que no se fía de Atenas, y su ministro Wolfgang Schäuble se ha desmarcado con unas declaraciones en Washington en las que afirma que todos los escenarios sobre Grecia —incluido un impago— están ya descontados en los mercados: ni siquiera la constatación de que Atenas se va quedando sin dinero ha provocado líos en los mercados. Tsipras contraatacó y criticó también con dureza “la cacofonía y las filtraciones y comunicados erráticos” de los acreedores a lo largo de los últimos días. Pese a que la presión es evidente, el primer ministro griego confía en que Europa “no escogerá el chantaje financiero”, sino que logrará tender puentes “para reducir diferencias y generar estabilidad”.

Nada de eso parece seguro, a juzgar por los recelos del Fondo. El FMI, uno de los grandes acreedores de Grecia y miembro de ese grupo de instituciones anteriormente conocido como troika, se ha limitado a afirmar a lo largo de la reunión de primavera que siguen negociando con el Ejecutivo heleno, que espera sus reformas, y que una salida de Grecia del euro sería muy preocupante para la zona euro, aunque esté más preparada que en 2012.

Hace una semana, el Ejecutivo de Tsipras, pagó al Fondo 495 millones tras varias semanas de incertidumbre y con varios amagos —luego desmentidos— de impago. La próxima fecha clave es la reunión de ministros del euro el 24 de abril en Riga (Letonia), y después el 10 de mayo en Bruselas. La prensa alemana especula ya con la posibilidad de que Grecia declare un impago pero que aun así se quede dentro del euro, según el semanario Die Zeit y el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, que hablaba abiertamente de “escenarios grises” entre el default y la salida de la eurozona. Varoufakis, antes de su llegada al Gobierno, se sacó de la manga una propuesta en esa línea, ante el escenario de un posible impago dentro del euro.

“Los riesgos financieros están creciendo y rotando”

Estados Unidos y Reino Unido crecen con fuerza y la zona euro ha mejorado sus perspectivas, pero el FMI tiene muy claro que los bajos tipos de interés que están animado esta expansión suponen un riesgo sin procedentes, porque tampoco tienen procedentes los programas de estímulos que han puesto en marcha los grandes bancos centrales. “Hay que lidiar con los riesgos que emanan de estos tipo superbajos, la volatilidad de los precios del petróleo y los tipos cambios”, advirtió Lagarde.

“Estos riesgos financieros han estado creciendo y rotando”, añadió, “de las economías desarrolladas a las avanzadas, de los bancos al sector financiero no bancario, de la solvencia soberana al mercado de capitales...”, así que “hacen falta políticas financieras más fuertes”, recalcó.

El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, advirtió de que las economías emergentes encadenan ya cuatro años de debilitamiento y del doble efecto del petróleo. “Los bajos precios del crudo ayudarán a reducir la pobreza para muchos, pero también tendrá impactos negativos para algunos”, dijo.

FUENTE: El País.

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