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Draghi promete más medidas y reclama inversión pública

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Mario Draghi (BCE), en el Parlamento Europeo. Yves Herman REUTERS

  • “El BCE no dudará en actuar”, asegura el presidente del organismo supervisor ante el Parlamento Europeo

Claudi Pérez. Bruselas 15 FEB 2016 - 21:27 CET

Mensaje a los mercados: “El BCE no dudará en actuar”. Mensaje a los Gobiernos: “Hacen falta inversiones en infraestructuras”. Y a la banca: Fráncfort no va a reclamar más capital y, si es necesario, puede haber “excepciones” a las reglas como las que obligaron a aplicar quitas a los preferentistas de Bankia. El jefe del BCE, Mario Draghi, pintó ayer en Bruselas un panorama sombrío sobre la economía y los mercados, y reclamó un nuevo consenso que reformule la política económica y extreme la precaución ante los problemas de la banca.

Bruselas y los férreos defensores de las reglas fiscales llevan tiempo dormidos al volante: la Gran Crisis está en medio de una nueva sacudida y Europa no consigue salir de la apatía. Draghi lanzó ayer lo más parecido a una advertencia que se ha oído en Bruselas en mucho tiempo: la política monetaria ha hecho mucho y hará todavía más, pero Fráncfort necesita ayuda. “El BCE está listo para hacer su parte”, dijo en la Eurocámara, en una de esas intervenciones verbales que tanto le gustan y que suelen provocar movimientos tectónicos en el mercado. “Pero todos los demás agentes económicos deben hacer la suya”, añadió.

El consenso de Draghi nació hace año y medio en Jackson Hole: en el tradicional aquelarre de la banca central que organiza EE UU, el jefe del BCE dejó claro que Europa necesita tanto la política monetaria ultraexpansiva como las reformas que pide Bruselas, pero también política fiscal e inversiones para dejar atrás la Gran Crisis. El BCE cumplió su parte con las compras masivas de bonos. Ha habido reformas, sobre todo en los países bajo presión. Y nadie más se da por enterado: ni hay inversión pública donde existe margen para ello —básicamente Alemania— ni en política fiscal ha habido un cambio de sesgo radical. Como consecuencia, la eurozona es la única de las grandes áreas económicas que aún no ha recuperado los niveles de riqueza previos a la crisis. 

"Excepciones" para bancos con problemas

En su primera intervención tras las sacudidas bursátiles de los últimos días en el sector financiero, Draghi dejó también un par de mensajes para la banca. Uno: no habrá Basilea IV; es decir, no habrá nuevas necesidades de capital por una vuelta de tuerca adicional a la regulación financiera. Y dos: en el caso de que la volatilidad se instale en las Bolsas para mucho tiempo, “puede haber excepciones” en la regulación que afecta a los bancos, y que obliga a aplicar quitas sobre accionistas y bonistas de menor calidad si los Estados tienen que volver a inyectar dinero público en los balances bancarios. Italia está en el punto de mira. El primer banco alemán, Deutsche Bank, también. Draghi le sugiere al mercado que no se ponga nervioso: si hay jaleo, el Estado puede salir al rescate sin aplicar cortes de pelo como el que recibieron los preferentistas de Bankia. Y el BCE puede aceptar créditos dudosos como colateral para que la banca obtenga liquidez.

Draghi tiene claro el menú. “No dudará” en volver a aprobar medidas extraordinarias, como la ampliación del programa de compra de bonos o los tipos de interés negativos, que están aquí para quedarse. “Para hacer más resistente la eurozona, todos tiene que hacer los deberes; el BCE hará los suyos”, dijo. Draghi quiere que esta vez Bruselas y los Gobiernos más ortodoxos le acompañen, aunque admite que los presupuestos de la eurozona ya son ligeramente expansivos. Aun así, hace falta algo más: la inflación está lejos del objetivo y la inestabilidad financiera ha vuelto. Todo ello hace más necesario que nunca el consenso de Draghi, que en la Eurocámara sonó alto y claro a la vista de que la tormenta vuelve a rondar los mercados financieros europeos.
 
FUENTE: El País. 
 
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El Tribunal Europeo da la razón al BCE sobre la compra de deuda

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El presidente del Banco Central Europera, Mario Draghi, es una reunión del comité del banco. / EMMANUEL DUNAND (AFP)

  • El Tribunal de Luxemburgo considera que los Tratados "autorizan al BCE" a adoptar el programa de compra de bonos

Claudi Pérez Bruselas 16 JUN 2015 - 10:22 CEST

Enésimo revés para Alemania en su batalla legal contra las medidas extraordinarias del Banco Central Europeo (BCE). El whatever it takes ("haré todo lo necesario") de Mario Draghi es perfectamente compatible con el derecho de la Unión Europea, a pesar de los recursos del Tribunal Constitucional alemán. El Tribunal de Justicia de la UE ha anunciado este martes que el programa diseñado por el BCE para acabar con la crisis del euro –con ataques especulativos sobre la deuda soberana, especialmente de los países periféricos, por las dudas sobre la integridad de la moneda única—no viola las leyes comunitarias.

Draghi anunció el 6 de septiembre de 2012 la puesta en marcha de un programa de compra de deuda pública en los mercados secundarios (OMT, por sus siglas en inglés) que nunca ha llegado a utilizarse pero que aun así bastó para espantar a los inversores que apostaban contra los bonos europeos. El anuncio bastó, por sí solo, para que los especuladores corrieran como conejos: rebajó las primas de riesgos excesivas por los temores de estallido de la eurozona.

El Constitucional alemán, tratándose de erigir en una especia de Constitucional europeo, alega que ese programa excedía los límites del mandato del BCE y viola la prohibición de ofrecer financiación monetaria a los Estados miembros, algo expresamente prohibido por los Tratados. Y atenta también, por tanto, contra las leyes alemanas. En su sentencia dictada este martes, el Tribunal de Justicia responde que los Tratados "autorizan al BCE" a adoptar el programa de compra de bonos. Ese programa OMT "pertenece al ámbito de la política monetaria": las primas de riesgo excesivas, apunta el tribunal, impedían la transmisión de la política monetaria del Eurobanco.

La capacidad del BCE para influir en la estabilidad de precios, defiende el tribunal, depende en gran medida de la transmisión a los diferentes sectores de la economía de los impulsos lanzados por el BCE. En medio de la crisis del euro, la política monetaria empezó a perder tracción, y la entidad que preside Mario Draghi ideó la OMT para recuperar las riendas y garantizar la estabilidad de la zona euro.

El BCE ideó un programa para que el país que pidiera el manguerazo del BCE tuviera que pedir un programa de ajuste con exigentes condiciones: con ese diseño, el tribunal considera que el programa de compras de bonos tampoco viola el principio de proporcionalidad: las condiciones económicas lo exigían y los requisitos establecidos limitaban el denominado riesgo moral, según la corte europea, a pesar de los recursos alemanes. "La prohibición de ofrecer financiación monetaria a los Estados miembros" no implica que el banco central "pueda adoptar un programa de esas características". Eso sí, con ciertos límites, según la sentencia, y adoptando garantías suficientes para conciliar su intervención con la prohibición de financiación monetaria.

Según el Tribunal, las características del plan ideado por Draghi impiden que la OMT sea capaz de neutralizar en los socios del euro la aplicación de una política presupuestaria restrictiva cuando sea necesario. El BCE ha dado "la bienvenida" a la sentencia, contra la que no cabe recurso. A pesar del Constitucional de Karlsruhe y del establishment alemán, que se mostró radicalmente en contra de ese programa, el Tribunal da la razón al BCE, que se sirvió de esa idea para acabar con la fase más aguda de la crisis del euro sin gastar un solo euro.

El veredicto es una victoria importante para Draghi ante la hostilidad que ha mostrado Berlín en cada una de las medidas extraordinarias para luchar contra la crisis, incluido el programa de compras de activos públicos y privados que puso en marcha en marzo para luchar contra los riesgos de deflación. Esa victoria, además, puede tener efectos sobre la crisis griega: Draghi reclamó ayer un acuerdo político entre Grecia a los acreedores, y sugirió que incluso si eso no ocurre el BCE estará listo para actuar si llega la temida suspensión de pagos, para neutralizar los efectos secundarios sobre el mercado de deuda y sobre la estabilidad financiera de la zona euro.
 
FUENTE: El País.
 
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La eurozona acumula cuatro meses con caídas de precios

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Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, en el Parlamento Europeo en 2014 / REUTERS

  • Las compras del BCE suavizan el temor a la deflación

Claudi Pérez / Belén Domínguez Cebrián Bruselas 31 MAR 2015 - 20:45 CEST


Los precios no suben y el desempleo no termina de bajar en la zona euro: la Gran Recesión sigue dejando al descubierto las cicatrices económicas de Europa. La inflación cosechó en marzo el cuarto mes consecutivo en terreno negativo, según anunció este martes Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea. El arranque del programa de compras de activos del Banco Central Europeo (BCE) —que comprará 1,1 billones de euros en deuda pública y privada al menos hasta septiembre de 2016— permitió suavizar los temores a la deflación: los precios cayeron apenas el 0,1% en marzo, frente al 0,3% del mes anterior. Y sin embargo el continente sigue en zona de peligro: quitando energía y alimentos, la inflación sigue cayendo e inaugura la primavera un poco más cerca del 0%; concretamente, en el 0,6%.

El índice de precios de consumo de la eurozona suma ya 26 meses por debajo del 2%, el objetivo declarado del BCE. Y lleva un año y medio por debajo del 1%, siempre según las cifras de Eurostat. En gran parte por el desplome de los precios energéticos, que en marzo bajaron el 5,8% ante el abaratamiento del petróleo.

Si la inflación es el principal dolor de cabeza del Eurobanco y en general de la tecnocracia europea, las tasas de paro son el indicador del grado de profundidad de la crisis social. Y ahí las noticias son algo mejores, a pesar de que el desempleo se reduce con exasperante lentitud y sigue en niveles estratosféricos en países como Grecia y España, con tasas superiores al 20% y un paro juvenil que supera el 50%. En el conjunto de la eurozona, la tasa de paro se redujo una décima en febrero respecto al mes anterior, hasta situarse en el 11,3%. La incipiente reactivación de la economía del euro permite empezar a suavizar los niveles de paro, desde los máximos alcanzados a mediados de 2013, aunque las cifras están aún muy altas en términos históricos.

Las disparidades en Europa son sensacionales en términos de desempleo. Países como Alemania y Austria rondan el 5%, frente al 23,2% de España y al 26% de Grecia, que ha vuelto a empeorar tras la ligera mejoría experimentada el año pasado. Las subidas más fuertes en febrero se produjeron en Croacia (del 17,3% al 18,5%), Chipre (del 15,6% al 16,3%) y Finlandia (del 8,4% al 9,1%), que ha vuelto a caer en recesión a pesar del alud de reformas de los últimos años.

En la eurozona hay 18,2 millones de parados —cifra equivalente a la población de Holanda—, y más de tres millones de desempleados menores de 25 años. En toda la Unión, el número de parados asciende a 23 millones de personas, de los que casi cinco millones son jóvenes de menos de 25 años, según los datos hechos públicos por la oficina estadística de la UE.

FUENTE: El País.

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El Banco Central Europeo ya no descarta una salida del euro de Grecia

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Mario Draghi a su llegada este lunes al Parlamento Europeo. / YVES HERMAN (REUTERS)

  • Draghi emplaza al Gobierno heleno a mantener “todos sus compromisos”
 
Claudi Pérez Bruselas 24 MAR 2015 - 07:03 CET

 
“El BCE no es una institución política”, dijo este lunes Mario Draghi, el jefe del Banco Central Europeo, en el Parlamento Europeo. A pesar de esa frase, el BCE —la institución europea fundamental en la gestión de la crisis del euro— envió cartas a España e Italia en uno de los periodos más agudos de la Gran Recesión para que hicieran reformas. Mandó una misiva a Irlanda que prácticamente obligó a Dublín a pedir el rescate. Precipitó los programas de ayuda de Portugal y Chipre. Y ha sido un actor político de primera magnitud en Grecia, como volvió a demostrar este lunes mismo ante la comisión de asuntos económicos de la Eurocámara: preguntado sobre si se baraja una posible salida de Grecia, el presidente del BCE fue deliberadamente ambiguo. “No descartamos ninguna hipótesis”, dijo.

Draghi tiene un sensacional instinto político, a pesar de trabajar en una institución que presume de independencia y de regirse únicamente por criterios técnicos; por frías y apolíticas reglas. Y pudo inhibirse ante esa pregunta, como hace tantas y tantas veces. Pero eligió no descartar una posible salida del euro de Grecia, ya sea buscada —el denominado Grexit— o por accidente, si Atenas se queda sin fondos para pagar a sus acreedores, algo que podría suceder a lo largo de abril, según fuentes griegas y europeas.

El BCE juega un papel fundamental en Grecia: de él dependen sus bancos, diezmados por la huida de capitales, e incluso el Tesoro griego, que se financia con dificultades en los mercados y solo consigue colocar sus bonos a las entidades bancarias griegas, que a su vez colocan esa deuda en el banco central griego. En plena negociación con el Eurogrupo, a finales de enero el BCE subió varios grados la presión sobre Grecia al impedir a los bancos griegos obtener liquidez en la ventanilla de Fráncfort, pese a que el segundo rescate (después ampliado) no expiraba hasta finales de febrero (ahora la fecha límite es finales de junio). Draghi pudo pasar de largo en la Eurocámara, pero eligió volver a meter presión en una respuesta que puede levantar ampollas en Atenas: “El BCE tiene gestores de riesgo que evalúan constantemente todas las hipótesis posibles”.

Esa no fue la única declaración política de Draghi. Criticó veladamente al ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, por hacer pivotar su política de comunicación “sobre las palabras quiebra e insolvencia”. Instó a Atenas “a hacer frente a todos sus compromisos”, que incluyen un pago de casi 500 millones de euros al FMI el 9 de abril —fecha en la que pueden acabarse los fondos— y sobre todo dos vencimientos de 6.600 millones al BCE durante el verano. Y se defendió con uñas y dientes de varios europarlamentarios, que le acusaron de chantajear a Grecia: “El BCE tiene una exposición a Grecia de más de 100.000 millones de euros, el 66% del PIB griego: más que en ningún otro país. Dígame usted dónde está el chantaje”, respondió.

La sola insinuación de que la UE estudia una salida de Grecia puede tener graves consecuencias: tanto Atenas como el Eurogrupo y las instituciones antes conocidas como troika están en plena negociación y mencionar esa hipótesis no hace más que emponzoñar aún más las ya de por sí muy espinosas conversaciones. Pero tanto en el BCE como en otras instituciones europeas los técnicos trabajan ya con ese escenario, según fuentes consultadas por este diario, aunque no sea ni de lejos el más probable. “Políticamente el Grexit no es una posibilidad. Pero técnicamente el BCE no puede excluir nada”, apuntaron fuentes del Eurobanco.
 
FUENTE: El País. 

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El BCE se plantea comprar hasta 50.000 millones mensuales en deuda

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Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo. / REUTERS

  • La entidad activa este jueves el plan de adquisición de bonos pese al escepticismo alemán

Claudi Pérez Bruselas 22 ENE 2015 - 08:56 CET

Europa tiene un pasado a la vez luminoso y asfixiante: es el lugar donde el jardín de Goethe es casi colindante con el campo de concentración de Buchenwald. La eurozona empieza a soltar este jueves uno de sus más pesados, de sus más asfixiantes lastres: los traumas económicos de Alemania, aquella hiperinflación de la República de Weimar y que de alguna manera aún condiciona en parte la gestión de la eurozona.
 
El BCE se embarcará poco después de mediodía en un programa de compra de deuda pública a gran escala, pese a la oposición alemana y con un lustro de retraso respecto al resto de grandes bancos centrales. Con los índices de precios ya en territorio negativo, lo único que queda es conocer los detalles: las fuentes consultadas la noche de este miércoles hablaban de adquisiciones de entre 35.000 y 50.000 millones de euros mensuales para combatir el riesgo de deflación. Eso elevaría el volumen total por encima de los 600.000 millones —según el periodo que se fije, que puede alargarse hasta finales de 2016—, aunque el BCE, según las fuentes consultadas, no cerrará la puerta a un segundo programa si las cosas no mejoran, en una secuencia parecida a la que han aplicado EE UU y Reino Unido.
 
En una reunión a principios de enero, el BCE dio a entender que compraría 40.000 millones mensuales desde la reunión de marzo hasta septiembre de 2016 (fecha en la que vence la barra libre de liquidez): 600.000 millones en total. Draghi se inclina por comprar deuda con una calificación de riesgo suficiente como para evitar los bonos basura: eso dejaría fuera a los países rescatados —Chipre y Grecia— salvo que sigan bajo tutela de la troika, en un mensaje teledirigido al gran favorito de las elecciones griegas, el líder de Syriza, Alexis Tsipras. El BCE conseguiría así una expansión del balance de 1,1 billones, según Bloomberg.
 
El de Draghi es un movimiento fundamental con un fuerte componente político: la prueba son las disensiones en el propio BCE. El humanista George Steiner, autor de esa comparación entre el jardín de Goethe y Buchenwald, decía que si se trazara un mapa de los cafés aparecería uno de los indicadores esenciales de la “idea de Europa”: estas son las claves del programa que se debatirá desde este jueves en los cafés desde La Coruña a San Petersburgo; desde Estocolmo a Messina.
 
Cuándo y cómo
 
La cita es este jueves en Fráncfort. El BCE podría dar un objetivo de inflación más que un volumen de compras cerrado, aunque Draghi ha indicado que elevará el balance en torno a un billón de euros. Las claves son el volumen de las compras de deuda pública, los tipos de activos (y plazos) finalmente incluidos y sobre todo el ritmo. Pero el BCE se dará cierta flexibilidad, para acelerar con un segundo programa o frenar si fuera necesario.
 
¿Funcionará?
 
Ya ha funcionado: el mero anuncio de Draghi ha abaratado el euro y ha tirado a la baja de los intereses de la deuda, hasta el punto de que hay varios países que cobran por emitir; endeudarse les sale gratis. Pero el quantitative easing (QE, por sus siglas en inglés) no es la panacea. Para que surta efecto, Draghi tiene que batir las expectativas del mercado, y en todo caso no tendrá demasiadas consecuencias sobre los intereses de la deuda, que ya son muy bajos. Los expertos dicen que el QE debería ir acompañado de una expansión fiscal en los países que pueden permitírselo: Alemania, Holanda y compañía; pero eso está descartado. Y de un plan de inversiones potente. Se esperan, básicamente, mejoras por la vía del tipo de cambio del euro y que el BCE insufle una dosis extra de confianza. Y que eleve las expectativas de inflación: una expansión de un billón puede elevar cuatro décimas los precios.

¿Qué se compra?

Básicamente, deuda pública a largo plazo en función del peso de cada país en el Eurosistema (26% en Alemania, 13% en España). Hay quien dice que solo comprará deuda de la máxima calificación: es poco probable porque eso supondría un gran estigma para la deuda periférica. En los últimos días, se ha especulado acerca de quién correrá con los riesgos, pero las fuentes consultadas apuntan que esa es una maniobra de distracción: aunque compren los bancos centrales nacionales y no se mutualice el riesgo en caso de quita de deuda en algún país, es muy poco probable que el BCE pueda encapsular las pérdidas de una reestructuración de deuda en el país que se decante por esa solución.
 
¿Influyen las elecciones griegas?
 
“Sin duda”, dice un informe de la Eurocámara al respecto. El BCE solo comprará bonos griegos si Atenas sigue bajo la tutela de la troika, lo que reduce el margen de negociación de Syriza, que lidera las encuestas. Fráncfort no quiere ver ni en pintura una reestructuración unilateral, y baraja varias opciones para restarle atractivo. Pero básicamente dejará los detalles relativos a Grecia para más adelante, para dar tiempo a formar Gobierno y negociar.

Fuente: El País.

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Berlín y París ciegan las vías de nueva financiación al plan inversor de Juncker

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  • Draghi: “Sin inversiones se debilitará la economía europea a corto plazo”

Claudi Pérez Bruselas 12 SEP 2014


La trinidad de Mario Draghi para salir de la crisis (reformas, política monetaria y estímulos fiscales) tiene, de momento, pocos fieles. El ministro alemán Wolfgang Schäuble ya ha dicho no a la flexibilización de las reglas presupuestarias y a las compras de activos del BCE. Alemania insiste en las reformas y la austeridad, pese a los magros resultados cosechados. Y reconoce que falta inversión —que ha caído un 15% desde los niveles precrisis—, pero pone palos en las ruedas a los planes del presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, para activar un paquete inversor de 300.000 millones en tres años. 
 
En Bruselas trabajan ya varios equipos con ese objetivo. Juncker ha emplazado a todos sus comisarios a hacer propuestas en esa línea y de forma urgente. Pero difícilmente habrá fondos nuevos sin el plácet de Berlín: Schäuble firmó el pasado martes una carta dirigida al Ecofin en la que básicamente cierra la puerta a que haya dinero fresco en ese plan. Su homólogo francés, el ortodoxo Michel Sapin, firma también la misiva.

Draghi, saltó ayer detrás de esa liebre y aseguró en Milán que sin inversiones “la economía europea se debilitará a corto plazo y reducirá sus perspectivas a largo plazo”. Reiteró que la situación económica es preocupante. Y que para que funcione su plan triangular —reformas, estímulos monetario y fiscales— “cada uno de los actores tiene que hacer su parte”. En plata: Francia e Italia deben acometer las reformas; Bruselas y Berlín, flexibilizar las reglas fiscales y abrir las puertas a las inversiones; y el BCE ir un paso más allá en su política monetaria.

Todo eso está en el alero, con unas capitales desconfiando de otras y Bruselas en medio, con la Comisión en tiempo de mudanza. Y sin ayudas para concretar el paquete de inversiones prometido. “La eurozona se ha estabilizado. La estrategia de consolidación fiscal favorable al crecimiento empieza a dar frutos. Vuelve la confianza: bajan los intereses de la deuda, aunque el legado de la crisis hace que el nivel de deuda siga alto y que el crecimiento sea débil y vulnerable”, aseguran Schäuble y Sapin. Ante esa mejoría— que contrasta con el diagnóstico pesimista de Draghi—, Europa “debe continuar con las reformas y la consolidación favorable al crecimiento”. Berlín y París sí admiten que “revivir las inversiones” es fundamental; al cabo, la recuperación se ha estancado “y no es descartable una tercera recesión”, informan fuentes del Eurogrupo.

Para evitarla hace falta demanda. Pero eso ni siquiera está en los radares de los dos grandes países del euro. “La inversión pública tiene un rol esencial en las infraestructuras, la atracción de inversión privada y la mejora del crecimiento potencial”, apuntan Schäuble y Sapin, y en el paquete propuesto por Juncker “la inversión debe jugar un elemento central”. Pero el rastro del dinero nuevo que permita apuntalar la débil demanda continental no se ve por ningún lado. El plan Juncker, según Berlín y París, debe centrarse en la palanca que ofrecen los instrumentos financieros complejos y en los fondos comunitarios ya existentes, y en un papel más activo del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Nada más.

Todo se fía al apalancamiento (el uso de instrumentos financieros para multiplicar el impacto del capital invertido) a través del BEI, que debe asumir “una mayor toma de riesgos” con “señales políticas claras dirigidas a su presidente”, el alemán Werner Hoyer. Fuentes del Gobierno español explican que lo esencial “siguen siendo las reformas y los estímulos fiscales y monetarios”, y que, en todo caso, el plan inversor de Juncker “no es la variable fundamental”. Aun así, “España es partidaria de inversiones bien orientadas, para mejorar la interconexión energética y de transportes. Pero no va a haber dinero nuevo más allá del papel más activo del BEI”, según el Ejecutivo. 
 
Esa es una vieja historia: cada vez que Europa habla de estímulos acaba girando la vista hacia los fondos ya presupuestados y el BEI, convertido “en una especie de plan de pensiones obsesionado con su triple A”, según fuentes europeas. Ante el escaso apetito por una nueva inyección de capital en el BEI, la carta de Schäuble y Sapin deja un solo resquicio para ver algo nuevo. Apuesta por crear “un fondo de garantías financiado con el presupuesto de la UE”, cuando este se revise. Eso será allá por 2016. 
 
FUENTE: El País. 

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Draghi pide más poder para sancionar

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El presidente del BCE, Mario Draghi, el pasado febrero en Bruselas.

  • El BCE quiere que la UE refuerce sus competencias para multar en su nueva etapa como supervisor del sector
  • El organismo decidirá la idoneidad de los directivos

Plagada de matices y rebajada respecto a las aspiraciones iniciales, la unión bancaria europea empieza a tomar forma y a confirmar el poder del Banco Central Europeo (BCE) sobre las entidades financieras y frente a las autoridades nacionales. El reglamento del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), que el organismo con sede en Fráncfort acaba de aprobar y hacer público para entrar en vigor el próximo noviembre, refleja este nuevo papel. La normativa establece que será el BCE el que evalúe la “idoneidad” de los directivos de entidades supervisadas, a los que someterá a revisiones periódicas. Además, los hombres de negro del órgano europeo podrán llevar a cabo inspecciones “sorpresa” in situ,sin que obviamente los bancos afectados por este examen tengan aviso, entre otras medidas. Pero el presidente, Mario Draghi, ha pedido también a Bruselas más poder para sancionar.

Draghi reclama al Consejo Europeo la modificación del reglamento sobre las competencias del BCE para imponer sanciones. Las recomendaciones para este cambio, publicadas el viernes, persiguen dar una mejor cobertura jurídica a sus sanciones, pero además elevan enormemente los límites para imponer multas diarias coercitivas a los bancos “para obligarlos a cumplir los reglamentos o decisiones del BCE en materia de supervisión o para poner fin a las infracciones continuadas”. Hasta ahora el límite era de 10.000 euros al día y el BCE quiere que se eleve al 5% del volumen de negocio diario

Además, advierte de que los límites de las multas a imponer por el BCE por incumplir una decisión o reglamento del propio supervisor deben ser los mismos a los de las multas que puede imponer por violar el derecho comunitario. Y pide, por tanto, que se igualen al alza, desde 500.000 euros hasta el 10% del volumen de negocios anual o el doble del beneficio obtenido con la infracción.

El BCE también quiere más plazo para decidir castigos. “Puesto que las investigaciones de supuestas infracciones en materia supervisora son más complejas, la facultad de imponer y ejecutar sanciones administrativas en esa materia debe someterse a plazos más largos que los establecidos respecto de (...) funciones distintas de la supervisión”, apunta.

Por otra parte, con la entrada en vigor del MUS, el BCE también podrá vetar las operaciones de compra. La autoridad nacional evaluará que dicha “participación cualificada en una entidad de crédito” cumple con las condiciones de la legislación del país y presentará al BCE “el proyecto de decisión para que se oponga o no se oponga a la adquisición al menos 15 días hábiles antes de que expire el plazo de evaluación”.

En cuanto a los responsables de los bancos, la normativa deja en manos del BCE su visto bueno. "Para evaluar la idoneidad de los directivos de entidades supervisadas significativas, el BCE gozará de las competencias de supervisión atribuidas a las autoridades competentes con arreglo a la legislación nacional y de la Unión aplicable", señala el reglamento.Además, habrá una "revisión continua".

Aunque las entidades consideradas “significativas” —por volumen de activos, importancia para la economía del país miembros o sus operaciones transfronterizas— quedarán bajo supervisión más estrecha del BCE, los países también tendrán la obligación de informar al banco que preside Mario Draghi “cuando la situación de una entidad supervisada menos significativa se deteriore de forma rápida y significativa, especialmente si dicho deterioro pudiera traducirse en una solicitud de asistencia financiera directa o indirecta” del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE).

El BCE también organizará una unidad de investigación independiente con miembros designados por este que no podrán participar ni haber participado en los dos años anteriores a esta actividad en la supervisión de la entidad que se ha empezado a investigar. Este equipo podrá convocar a los responsables del banco en estudio a una audiencia oral de carácter privado.

También habrá equipos de inspección del BCE in situ, como los hay actualmente por parte de las autoridades nacionales. Habitualmente el órgano con sede en Fráncfort informará de estas inspecciones a las autoridades al menos una semana antes de que se produzca la visita a la entidad financiera. Sin embargo, “cuando así lo requieran la correcta ejecución y la eficacia de la inspección”, se producirán esas visitas por sorpresa, “sin notificación previa a la entidad supervisada”. Y en estos casos, el BCE se cura en salud para evitar fugas de información y deja claro que la autoridad nacional “será informada tan pronto como sea posible antes de que comience la inspección”.

Fuente: El País.

Draghi trata de ahuyentar el fantasma de la deflación en Europa

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  • El BCE se mantiene inmóvil, pero anuncia medidas excepcionales si los precios no crecen
  • Los mercados confían en su discurso y el Ibex toca su máximo en tres años

Luis Doncel Berlín 3 ABR 2014 - 22:30 CET


No es ningún secreto que Mario Draghi sabe jugar con las palabras. Su discurso de julio de 2012 —aquella archirrepetida coletilla de “haré todo lo necesario. Y, créanme, será suficiente”— logró aplacar la crisis del euro que en ese momento parecía invencible. Este jueves volvió a intentar algo parecido. Y, aunque está por ver que en esta ocasión le vaya a funcionar tan bien, las primeras reacciones fueron positivas.

El presidente del Banco Central Europeo (BCE) compareció ante la prensa tras haber recibido en los últimos días una presión colosal para que adopte medidas que atajen la deriva deflacionista de la economía europea —sobre todo la del sur—. A las peticiones de nombres tan sonoros como los de Olli Rehn, Joaquín Almunia, Jeroen Dijsselbloem o Luis de Guindos se unió el miércoles el de Christine Lagarde. “Es necesaria una flexibilización adicional de la política monetaria en la eurozona”, había dicho el día anterior la jefa del FMI.

¿Cómo reaccionó Draghi a estas nada disimuladas presiones? No haciendo nada. O, más exactamente, no haciendo nada y anunciando que en el futuro, si la evolución de los precios se sigue alejando del objetivo de inflación del 2%, el Eurobanco pondrá en marcha esas medidas nada ortodoxas que le reclaman desde Washington hasta Madrid pasando por Bruselas, pero no en Berlín. “El Consejo de Gobierno [del BCE] se ha comprometido por unanimidad a usar instrumentos no convencionales dentro de su mandato para hacer frente a los riesgos de un periodo demasiado prolongado de baja inflación”, aseguró el italiano. Ni bajadas de tipos sobre el nivel actual del 0,25%, ni programas de compra de deuda inminentes, ni tasas negativas a los depósitos de los bancos para incentivarles a conceder créditos. Nada. Tan solo el anuncio de la posibilidad de futuras medidas. Aparecía en escena otra vez el mago de las palabras.

El discurso surtió efecto. Casi todas las Bolsas europeas —excepto Londres— celebraron la comparecencia con alzas importantes. La mayor fue la de Madrid, que arrastrada por los bancos subió un 1,4% hasta rozar los 10.600 puntos, un nivel récord desde mayo de 2011.

La palabra clave que empleó Draghi —y que repitió en varias ocasiones, para que quedara clara— fue la de “unanimidad”. No lo mencionó en ningún momento, pero era evidente que con ella se refería a Alemania, que asume que la eurozona se enfrenta a un largo periodo de inflación baja (ahora en el 0,5%), y que acepta que quizás no haya otra alternativa que emular a los bancos centrales de Estados Unidos o Japón y lanzarse a la compra de bonos públicos o títulos de deuda privada. Sobre este cambio en Berlín ya dio alguna pista la semana pasada el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, pero este jueves quedó negro sobre blanco en la reunión del máximo órgano del Eurobanco. Draghi dijo que este jueves fue la primera vez que el Consejo de Gobierno abordó este asunto de forma oficial.

“Me parece un anuncio decepcionante. Los miembros del BCE deben de llevar meses discutiendo sobre la compra de bonos. Es bueno que por fin lo pongan explícitamente sobre la mesa. Pero me temo que llega un poco tarde”, resume Gregory Claeys, especialista en política monetaria del think-tank Bruegel.

Que finalmente el BCE se adentre en territorio desconocido para luchar contra el fantasma de la deflación —o al menos de la inflación demasiada baja— dependerá de la evolución de los precios en los próximos meses. Los datos de marzo sorprendieron por ser más bajos de lo esperado, lo que dio esperanzas a aquellos que creen que el Eurobanco debe ser mucho más radical para fomentar el crecimiento de lo que ha sido hasta ahora.

Pero si toda la zona euro lleva ya demasiado tiempo con precios que no crecen lo suficiente, la situación es especialmente preocupante en países como España, Portugal, Chipre, Grecia o Eslovaquia. Todos ellos, con tasas de variación de precios negativas, coquetean con un terreno tan pantanoso como el de la deflación, del que Japón ha tratado de escapar durante dos décadas. “Para España, con una recuperación todavía incipiente, es muy importante que se pueda actuar cuanto antes para impulsar el nivel de precios”, asegura Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Bangor University. Los países fuertemente endeudados necesitan que los precios no se estanquen para ir reduciendo el peso de deuda. “Si esto no ocurre, por mucho que se logre reducir la prima de riesgo, la economía seguirá soportando una carga importante”, añade Carbó.

Pase lo que pase, Europa tendrá que acostumbrarse a un largo periodo de precios bajos. Draghi aplazó este jueves hasta finales de 2016 el momento en el que la inflación se acercará a ese 2% que ahora parece tan lejano. Ese sería el escenario favorable en el que el BCE no se vería obligado a intervenir. Mientras tanto, el hombre que dirige la política monetaria de los 18 países que comparten moneda no hará nada más que lo que lleva meses haciendo. Esperar y ver.

Fuente: El País.

Alemania cuestiona el plan de Draghi para salvar el euro y lo recurre a la UE

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El presidente del BCE, Mario Draghi, este jueves en Fráncfort. / FRANK RUMPENHORST (EFE)

  • El Tribunal Constitucional alemán cuestiona si el Banco Central Europeo excedió su mandato con el programa de compra de bonos que permitió a España a superar la crisis

Juan Gómez Berlín 7 FEB 2014 - 11:50 CET


El Tribunal Constitucional (TC) alemán se ha inhibido este viernes de las querellas contra los programas de compra ilimitada de deuda soberana del Banco Central Europeo (BCE) . Los jueces de Karlsruhe consideran que el asunto es competencia del Tribunal de Justicia de la UE, cuya misión es “garantizar el respeto del derecho en la interpretación y aplicación” de los Tratados europeos. Aún así, el más alto tribunal alemán admite que ve “serias razones” para considerar que el BCE “traspasó los límites de su mandato” cuando aprobó, en septiembre de 2012, este plan de ayuda de los países en crisis a cambio de estrictas condiciones de rescate. El Banco Central alemán (Bundesbank) y los sectores liberal-conservadores alemanes criticaron la medida, que consideran una forma subrepticia de financiación directa a los Estados, prohibida por los acuerdos europeos. Es la primera vez que el TC alemán se inhibe en favor del Tribunal de Justicia europeo, del que ahora se espera una sentencia favorable al BCE.

Los jueces europeos de Luxemburgo estudiarán las querellas contra la actuación del presidente del BCE, Mario Draghi, que en julio de 2012 atajó los embates más duros de la crisis de la deuda al anunciar que el BCE haría todo lo que esté en su mano para garantizar la estabilidad del euro. Aunque nunca llegó a aplicarse el programa aprobado unas semanas más tarde, el simple anuncio de los planes de Draghi provocaron la inmediata reducción de prima de riesgo en los bonos españoles e italianos. Tras solicitar un rescate europeo de 100.000 millones de euros para su sector bancario, España se asomaba entonces al abismo de una quiebra o de un segundo rescate, todavía más duro, a su economía. La intervención del presidente del BCE fue determinante para alejar ambos peligros.

En la Eurotower de Fráncfort se muestran convencidos de que la decisión de 2012 se ajusta al derecho europeo, como repitieron este viernes tras conocerse la decisión del TC.

Los jueces alemanes creen, por el contrario, que la puesta en marcha del programa de compra de deuda podría significar “una considerable redistribución de la riqueza” entre los socios de la UE. Un efecto que “no está previsto” en los Tratados y que abriría una puerta trasera hacia un sistema de cohesión financiera que nadie ha aprobado en Europa.

El pasado verano, el BCE invitó a diversos actores políticos y financieros para recabar sus puntos de vista sobre el programa de compra de bonos. El entonces representante alemán en el Consejo de Gobierno del BCE, Jörg Asmussen, defendió la política de Draghi asegurando que la compra de bonos en los mercados secundarios es “un instrumento normal” de la política monetaria de un banco central. El presidente del Bundesbank Jens Weidmann expresó, en cambio, sus reticencias respecto al programa, que podría dar lugar a la “puesta en común de los riegos de solvencia”.

Fuente: El País.

El BCE endurece el examen a la banca pero se da un gran margen de maniobra

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  • Draghi evita concretar los criterios de las pruebas ante la ausencia de un cortafuegos creíble.
  • Exige un capital de máxima calidad del 8%.

Claudi Pérez Bruselas 23 OCT 2013 - 21:36 CET

"No sabemos cómo están los bancos”. Las palabras del jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, resumen el estado de excepción permanente en el que vive la banca europea, que un lustro después de detonar la peor crisis en varias generaciones es incapaz de despejar las dudas acerca de su salud pese a haber devorado miles y miles de millones de euros en ayudas públicas. El BCE tomará las riendas de la supervisión bancaria en 2014, pero antes quiere saber qué demonios hay en las tripas de las entidades: Fráncfort ha presentado este miércoles la metodología de los exámenes a la banca, que serán algo más duros de lo esperado para arrojar luz de una vez por todas sobre los balances financieros. Pero ha evitado las concreciones: quiere dejarse margen de maniobra en la aplicación de las normas, ante la ausencia de un cortafuegos europeo creíble.

“La transparencia es el primer objetivo”, ha dicho este miércoles el presidente del BCE, Mario Draghi. Y las pruebas abarcarán “todas las fuentes de riesgo”, ha señalado Ignazio Angeloni, el funcionario del BCE encargado de definir la metodología.

Eso sí: los resultados definitivos no se conocerán hasta dentro de un año; los tiempos del ejercicio están bastante abiertos y son una fuente de incertidumbre para un sector obligado a moverse deprisa para no salir mal en la foto. Además, pese a la dureza, el diablo sigue estando en los detalles. Y los detalles solo se verán en la aplicación de las normas, según las fuentes consultadas. El BCE tiene incentivos para ser severo, pero tiene que conseguir un difícil equilibrio: no pasarse de duro si no quiere nuevas turbulencias. El examen a la banca es también un examen al BCE, más aún tras las dudas provocadas por las maniobras de Draghi para que la Comisión suavice la aplicación de las reglas de ayudas de Estado si surgen, como parece, agujeros de capital y los bancos necesitan otra vez al contribuyente.

El BCE afirma que estas pruebas son más creíbles porque el examinador asumirá después la supervisión de las entidades: puede obligarles a hacer lo que crea oportuno. Estas son las claves:

Examinados y ausencias. Pasarán las pruebas unas 130 entidades, que concentran el 85% de los activos; 16 de ellas son españolas (el 95% del sector). Hay ausencias notables: las cajas alemanas, en muy mal estado, no se examinan. El BCE estudiará los balances a 31 de diciembre de este año, por lo que quedan algo más de dos meses para que las entidades hagan sus deberes. El ejercicio debe estar listo antes de octubre de 2014.

8% de capital. El colchón de capital es elevado: el Eurobanco exige un 8% de capital de máxima calidad (Common Equity Tier 1, para los amantes de la tan ininteligible como precisa jerga financiera anglosajona). Si encuentra agujeros, ordenará su recapitalización inmediata. Pero el BCE ya ha recomendado a los supervisores nacionales acciones preventivas, y varios bancos han acudido a los mercados en las últimas semanas. Lo normal sería que ese proceso se intensificara si las condiciones siguen siendo favorables. El propio BCE se encargará de eso: lleva semanas insinuando que habrá una barra libre de liquidez el año próximo, una de esas subastas multimillonarias como las de finales de 2011 y principios de 2012.

Examen al examinador. Las pruebas son también un examen para el prestigio del propio BCE. Sin un cortafuegos europeo más allá del Mede, la dureza de los exámenes es una incógnita por su potencial desestabilizador. Si no tienen suficiente capital, las entidades deberán acudir primero al mercado para conseguirlo; si no es posible llegará el ya tradicional rescate con fondos públicos, en primer lugar nacionales y en última instancia europeos (si los hay) o el recurso final al Mede. Se da por hecho que harán falta ayudas públicas. Y en ese caso se aplican las reglas de ayudas de Estado: pérdidas para accionistas y poseedores de deuda de peor calidad, salvo que Bruselas considere que peligra la estabilidad financiera.

La lupa. El BCE mirará el capital, la liquidez y las fuentes de financiación. Y toda clase de activos, incluidos los afectados por morosidad. Evaluará la exposición a los bonos soberanos (a los que no somete a ningún recorte a diferencia de lo ocurrido en las pruebas de estrés de 2011, que provocaron una sacudida en el mercado). Se comprobará tanto el estado de los activos ponderados por riesgo como la ratio de endeudamiento, para evitar trampas (un cierre del grifo del crédito durante meses). A pesar de la presión alemana, se examinarán los productos estructurados o derivados, de los que la banca germana se empachó en los años precrisis.

Tres en uno. El BCE hará dos exámenes: sobre la calidad de los activos y sobre el total de los balances, con la ayuda de Oliver Wyman. Posteriormente la Autoridad Bancaria Europea hará una prueba de resistencia.

¿50.000 millones, 75.000 millones o medio billón?

Las primeras estimaciones sobre el capital que necesita la banca europea empezaron incluso antes de saberse los detalles de los exámenes del BCE. Morgan Stanley calculaba en septiembre que harán falta 50.000 millones de euros, apenas un pellizco para el que no habría mayores problemas. Goldman Sachs lanzó hace unos días una cifra algo superior: 75.000 millones de euros, aunque esos números estaban basados en supuestos algo más laxos de los que ha publicado el Eurobanco. Curiosamente, esas dos cifras están en torno a los 60.000 millones de euros destinados por los socios del euro para la muy restringida recapitalización directa de entidades que puede acometer el mecanismo europeo de rescate (Mede).

El resultado del examen a la banca es una incógnita: algún think tank europeo ha llegado a estimar entre medio billón y un billón de euros la cifra necesaria para limpiar de verdad las tripas de los bancos, números que supondrían un auténtico dolor de cabeza. Se espera que en los próximos días la gran banca publique nuevas estimaciones del potencial agujero que puede haber en el sector, pero lo preocupante, de momento, es que solo hay cortafuegos nacionales para el día después de la publicación de resultados: los socios del euro no han conseguido ponerse de acuerdo para crear un fondo europeo para recapitalizar entidades, más allá del Mede, sometido a grandes restricciones y con la inevitable condicionalidad, como sucedió con el rescate español.

Fuente: El País.

Italia, Francia y Alemania presionan para suavizar los exámenes a la banca

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  • Los tres grandes países del euro se movilizan para que sus entidades financieras no salgan mal paradas de las pruebas del BCE y la Autoridad Bancaria Europea.
  • El Eurogrupo debate el cierre del rescate.

Claudi Pérez Bruselas 13 OCT 2013 - 21:10 CET

 

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en la última reunión mensual del consejo de la entidad. / CHRIS KLEPONIS (EFE)

Es una batalla entre bastidores, pero silban las balas en Bruselas y Fráncfort: las grandes capitales europeas tratan de influir a toda costa en los exámenes a las 130 mayores entidades del continente y sus consecuencias. Cinco años después de la quiebra de Lehman Brothers y tras gastar centenares de miles de millones de dinero público en apuntalar los bancos continentales, nadie sabe de veras cómo diablos está el sector, pero hay serias sospechas acerca del estado de algunas de las grandes entidades alemanas, francesas e italianas, el país que despierta más recelos porque está en una situación económica, financiera, fiscal e incluso política más delicada. Llega la hora de la verdad para el sistema financiero y Berlín, París y Roma presionan, según fuentes comunitarias y del Eurogrupo, con el objetivo de limitar los daños derivados de las pruebas del Banco Central Europeo (BCE) —cuya metodología se fijará en apenas unos días— y la Autoridad Bancaria Europea (EBA), decisivas para eliminar de una vez por todas las sempiternas dudas sobre Europa.

El Eurogrupo asume que España ha hecho buena parte de los deberes, aunque en los mercados persisten incertidumbres sobre el verdadero estado de salud del sistema financiero español. Pese a que la pasada primavera Berlín insistía en que España usara los 100.000 millones del rescate, ahora el foco de preocupación ha cambiado. Está en Italia. Y es Italia y su miríada de altos funcionarios puestos de relieve, incluido el presidente del BCE, Mario Draghi, quien más se ha movilizado para neutralizar una situación potencialmente explosiva. Dos altas fuentes comunitarias aseguran que Draghi en persona ha contactado con Bruselas para aclarar la utilización de las normas de ayudas de Estado a la banca, que aplica la Comisión cuando se recapitaliza una entidad con dinero público. En el caso español, los rescates de Bankia y otras cajas provocaron quitas a los accionistas y a los poseedores de deuda de mala calidad: preferentes y demás, productos extensamente comercializados en Italia. Roma, con el apoyo de una parte del BCE, persigue evitar en lo posible ese mal trago si finalmente necesita dinero público para sus bancos (y todo apunta a que esa posibilidad está ahí), según confirma uno de los ministros del Eurogrupo.

Los argumentos italianos se basan en que eso podría activar de nuevo el efecto contagio y en que todo el examen a la banca puede retrasarse y enquistar la situación, según se desprende de una carta y de varios contactos entre Draghi y la Comisión, informan dos fuentes conocedoras de esa negociación. Pese a que el FMI ha avanzado ya que la banca italiana necesita reforzarse, no está claro si hará falta capital regulatorio (el de máxima calidad, imprescindible para operar) o si el agujero se verá solo en las pruebas de estrés de la EBA: más colchones por si las cosas se tuercen en el peor de los escenarios.

Las presiones de Italia se centran en esa segunda posibilidad. “El BCE pide aclarar qué ocurre cuando los bancos no están al borde del precipicio, sino que solo necesitan capital precautorio. Draghi quiere saber qué flexibilidad puede aplicar la Comisión llegado el caso”, indica una alta fuente europea que prefiere no identificarse. Otras fuentes indican que quien presiona no es el BCE como institución, sino Draghi en persona, junto con Ignazio Angeloni (asesor de Draghi en el BCE y responsable de la metodología de los exámenes a la banca), y otros altos funcionarios italianos en tareas de responsabilidad como Andrea Enria (presidente de la EBA), además del Ejecutivo italiano.

“El dilema del BCE y la EBA es hacer unos exámenes blandos, a la vista de que no hay un colchón europeo por si hacen falta fondos para recapitalizar los bancos, o hacer pruebas serias para no jugarse la credibilidad. En ese caso, en ausencia de un dique de contención genuinamente europeo, el BCE pretende que puedan suavizarse las reglas de ayudas de Estado y que no haya quitas a la deuda de mala calidad (como ocurrió con España) para evitar disgustos. Pero eso está por decidir”, avisan fuentes comunitarias.

Alemania y Francia protagonizan una historia paralela, destinada a presionar al BCE y al resto de instituciones para que la metodología de los exámenes a la banca sea lo menos lesiva posible para los intereses de sus entidades. “Berlín y París ponen el acento en el tratamiento de productos estructurados y derivados para salir lo mejor posible en la foto, y en menor medida en la ratio de endeudamiento”, según explicó una alta fuente del Eurogrupo. Algún gran banco alemán (el Deutsche Bank, puede que también el Commerzbank), dos grandes bancos franceses y dos italianos son los más señalados. Los alemanes y los franceses no van a tener problemas para levantar ese dinero en el mercado, y en todo caso tienen músculo fiscal para evitar sorpresas. Pero hay más dudas sobre la capacidad de Italia. “Los rumores acerca de una petición de rescate a la banca italiana están ahí”, avisan fuentes del Eurogrupo.

Los exámenes a la banca son una pieza fundamental para el futuro de la eurozona. En junio de 2012, el Consejo Europeo declaró “imperativo” romper “el círculo vicioso entre bancos y deuda soberana”: para ello, como primer paso, el BCE debe asumir la tarea de supervisor único hacia mediados del año próximo. Pero antes, el Eurobanco lo quiere todo atado y bien atado: el BCE hará un chequeo sobre las provisiones, el grado de endeudamiento de cada banco y la liquidez, aunque es posible que todo ese proceso no se cierre hasta bien entrado 2015, para dar tiempo a que las entidades se recapitalicen. En función de cómo se calibre cada una de esas variables los bancos de unos países saldrán más perjudicados que otros; de ahí las presiones. El examen del Eurobanco pondrá la lupa en los activos inmobiliarios, préstamos a pymes y los activos heredados (productos derivados y estructurados acumulados en la etapa previa a la crisis). Como aviso a navegantes, el FMI ha cifrado en 250.000 millones las pérdidas potenciales en Italia, España y Portugal en una sola de esas partidas: los créditos a empresas.

El Eurogrupo debate el cierre del rescate

Grecia, Portugal, Irlanda, España y debate sobre mecanismos de seguro por si hace falta recapitalizar bancos tras los exámenes del BCE y la EBA. El Eurogrupo, la reunión de ministros de Economía del euro, discutirá hoy los temas más candentes de la agenda europea. Pero con la boca pequeña: en casi todos los casos no queda más remedio que echar mano de la patada a seguir, a la espera de que Angela Merkel forme Gobierno de coalición en Alemania. Por ese motivo no se esperan decisiones de calado, aunque para España se trata de una reunión decisiva de cara al examen final del próximo 15 de noviembre, la fecha fijada para decidir si el rescate se cierra sin medidas de acompañamiento o con algún tipo de muleta para evitar futuras sorpresas.

No hay una decisión tomada al respecto, pero todo o casi todo en Europa en estos momentos es una cuestión de apaños. Los exámenes a la banca europea pueden comportar necesidades de capital en varios sistemas bancarios: el esloveno y el austriaco son los dos más claros, pero todas las quinielas señalan también a Alemania, Francia e Italia. Sin un fondo europeo para inyectar capital en los bancos y con el acceso al mecanismo de rescate muy restringido, puede haber más de un país que tenga que recurrir a algún rescate al estilo español. “Por eso los países acreedores quieren una salida limpia de España del rescate, para demostrar que puede ser un éxito y que la petición de ayuda no estigmatiza a nadie”, indica Mujatba Rahman, del think tank Eurasia. “Hay signos muy positivos respecto a España, y si el Gobierno no pide más ayuda —un programa precautorio— nadie va a presionarle. Aunque hay vínculos con el objetivo de déficit: España tiene que cumplir y seguir con las reformas”, avisa una fuente del Eurogrupo.

Fuente: El País.

El BCE advierte una mejora que permite vaticinar el fin de la recesión

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  • El organismo presidido por Mario Draghi no reduce el mínimo histórico fijado en mayo
  • Sobre la publicación de actas, Draghi advierte de la importancia de mantener la independencia

Enrique Müller Berlín 1 AGO 2013 - 22:14 CET





El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, poco amigo de crear falsas esperanzas entre los Gobiernos de los países de la zona euro, ha cambiado este jueves su discurso y ha anunciado que el largo periodo de recesión económica podría estar llegando a su fin. En el marco de la rueda de prensa mensual, que tiene lugar después de la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, Draghi ha señalado que existe una lenta mejora desde niveles bajos y que se abre una seria expectativa de estabilización en la actividad económica.

El anuncio de esa lenta, pero sostenible, mejoría en la actividad económica de la zona euro ha sido el plato fuerte de la comparecencia de Draghi. “Después de una contracción económica de seis trimestres, los indicadores de confianza recientes, basados en datos de las encuestas, señalan cierto progreso y, tentativamente, confirman las expectativas de una estabilización de la actividad económica a niveles bajos”, ha dicho. “Los riesgos que rodean el panorama económico para el área euro continúan siendo a la baja”, ha añadido.

Con vistas a lo que resta del año y para 2014, el crecimiento de las exportaciones de la zona euro debería beneficiarse de una recuperación gradual de la demanda global, según el banquero. Al respecto, Draghi ha señalado que la demanda interna será apoyada por una política monetaria “acomodaticia”. “En general, la actividad económica de la zona euro debería estabilizarse y recuperarse a un ritmo lento”, ha insistido.

El consejo del banco, tal como esperaban los mercados financieros, ha decidido mantener los tipos de interés en el 0,5%, vigentes desde mayo, y ha hecho saber, a través de su presidente, que se mantendrían en ese nivel por un periodo prolongado de tiempo. Una decisión que no supone ninguna novedad, ya que había sido anunciada por el propio Draghi en su rueda de prensa de comienzos de julio.

En aquella ocasión, el banquero, además de anunciar que los tipos se mantendrían en su actual mínimo histórico, también confesó que no descartaba nuevas rebajas, algo insólito en el banco central. Ayer, Draghi dio a entender que la política monetaria del BCE no sería endurecida hasta bien entrado el próximo año, pero se negó a mencionar plazos para un posible cambio.

“En el futuro próximo, vamos a observar toda la información recibida sobre la evolución económica y monetaria y evaluar cualquier impacto en las perspectivas de estabilidad de precios”, ha dicho Draghi, para resaltar después que las expectativas de inflación para la zona euro siguen firmemente ancladas en línea con el objetivo de mantener la inflación en tasas inferiores al 2%, aunque próximas, a medio plazo.

Draghi también ha ofrecido un panorama optimista sobre la situación financiera de los bancos. Según el banquero, desde el verano de 2012 se han logrado importantes avances en la mejora de la situación financiera de la banca y, en particular, en el fortalecimiento de la base de depósitos nacionales.

Por último, el presidente del BCE ha conminado a los países de la zona euro que no disminuyeran sus esfuerzos para reducir el déficit presupuestario y ha recordado que el énfasis debía centrarse en estrategias fiscales favorables al crecimiento. “Los Estados miembros deben intensificar la aplicación de las reformas estructurales necesarias para fomentar la creación de competitividad, crecimiento y empleo”, ha subrayado.

Con respecto a la hipotética posibilidad de que el BCE introduzca cambios en su política de comunicación, tal como lo sugirieron dos consejeros del banco que pidieron que se hagan publiquen las actas de las reuniones mensuales del Consejo de Gobierno, Draghi ha señalado que el máximo organismo del banco tomaría una decisión a más tardar en el otoño.

Pero el presidente ha adelantado un aspecto que tendrá en cuenta el citado consejo al aprobar un cambio en su política de comunicaciones. “Cualquier cambio en las comunicaciones no debe poner en peligro la independencia de los miembros del consejo del BCE”, ha dicho. Luego ha recordado que los miembros actúan en interés de euro y no como representantes de sus respectivos países.

En cambio, su antecesor en el cargo, Jean-Claude Trichet, se ha mostrado, desde las páginas del periódico Die Zeit, en contra de la inédita ofensiva de transparencia. Según el expresidente, el BCE había renunciado a dar a conocer las deliberaciones del consejo para hacer posible que el banco pudiera hablar con una sola voz. Según las reglas internas del BCE las actas solo pueden ser dadas a conocer después de 30 años.

Fuente: El País.

El BCE insta a los gobiernos a intensificar las reformas estructurales

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 El Presidente Del BCE, Mario Draghi
Foto: REUTERS/ALEX DOMANSKI

FRANCFORT (ALEMANIA), 4 Abr. (EUROPA PRESS)

El retraso en la aplicación de las reformas estructurales necesarias a nivel nacional por los distintos gobiernos de la zona euro representa uno de los principales riesgos a la baja para la recuperacion económica, según el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, quien no espera que la "gradual" mejoría de la economía se produzca antes de la segunda mitad de 2013.

"Es esencial intensificar las reformas a nivel nacional", dijo el banquero italiano en su habitual rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Gobierno de la entidad, que mantuvo por consenso los tipos de interés en el 0,75%.

En este sentido, Draghi, advirtió de que los datos manejados por la institución constatan que la debilidad registrada por la economía de la región en el cuarto trimestre de 2012 se trasladó al arranque de 2013, por lo que la recuperación económica de la eurozona será "gradual" y tendrá lugar a partir de la segunda mitad de año.

A este respecto, el presidente del BCE apuntó que predominan los "riesgos a la baja" sobre estas expectativas de recuperación, entre los que destacó el posible retraso en la aplicación de las reformas estructurales y medidas de ajuste para mejorar la competitividad de los países.

"No podemos reemplazar la acción de los gobiernos", defendió Draghi, después de asegurar que el BCE mantendrá su actual postura acomodaticia "durante el tiempo que sea necesario".

De este modo, el banquero italiano subrayó la necesidad de que los gobiernos aceleren la aplicación de las reformas necesarias para dotar de mayor competitividad a las economías de sus países, así como de reducir los desequilibrios presupuestarios, junto con la introducción de medidas encaminadas a favorecer el crecimiento.

Asimismo, Draghi reiteró la necesidad de introducir medidas de flexibilización en los mercados laborales de algunos países, así como un mejor alineamiento del empleo y la productividad.

Fuente: Europapress.

Rajoy se reúne hoy con Hollande y Monti para tratar la crisis de la zona euro

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  • La reunión, marcada por la incertidumbre sobre un rescate a España
  • Al encuentro se unirá el primer ministro portugués, Passos Coelho

Efe | Madrid

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, analiza hoy la crisis de la zona euro con el primer ministro italiano, Mario Monti, y el presidente de Francia, François Hollande, durante una reunión que se producirá en Malta, donde los tres dirigentes asisten a la cumbre del grupo "Cinco más Cinco".

Al encuentro se unirá el primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho, según han informado fuentes del Ejecutivo español. La reunión, marcada por la incertidumbre sobre si España pedirá finalmente ayuda financiera a la UE, se celebra durante la cumbre del grupo "Cinco más Cinco", un foro de diálogo en el que participan países de ambas riberas del mar Mediterráneo y que se reúne por vez primera al máximo nivel desde la irrupción de la primavera árabe.

Rajoy, Hollande y Monti tendrán ocasión de analizar el programa de compra de deuda soberana del Banco Central Europeo (BCE), vinculado a una petición previa de rescate, después de que el presidente de esta institución, Mario Draghi, insistiera ayer en que el mecanismo está "preparado" y que son los gobiernos los que tienen que tomar una decisión.

Desde el Ejecutivo español se insiste en que no hay prisa y en que primero es necesario conocer todos los detalles del plan y las consecuencias que tendría pedir esa ayuda.

También analizarán la agenda del próximo Consejo Europeo que se celebrará el 18 y el 19 de octubre en Bruselas, donde el presidente del Gobierno español, como avanzó esta semana en Rabat, insistirá en que "ha llegado el momento de pasar de los discursos a los hechos" y cumplir los acuerdos alcanzados por los Veintisiete.

Al margen de este encuentro, Rajoy intervendrá en el plenario de la cumbre del grupo "Cinco más Cinco" para mostrar personalmente su respaldo a los procesos de transición democrática iniciados en los países del norte de África y expresar su rechazo a los incidentes violentos registrados en las últimas semanas.

Por parte europea estarán presentes en la cumbre los jefes de Estado o de Gobierno de España, Francia, Italia, Portugal y Malta, mientras que desde la ribera sur viajarán a Malta los máximos dirigentes de Libia, Túnez, Argelia, Marruecos y Mauritania.

Fuente: El Mundo.

El BCE debate una improbable rebaja de los tipos de interés

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  • Reunión en Eslovenia con rescates como telón de fondo.
Claudi Pérez Bruselas 3 OCT 2012 - 20:27 CET


El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi / RAINER JENSEN (EFE)

Europa entera está ya en recesión, pero la crisis va por barrios. El Banco Central Europeo (BCE) elige hoy uno de los barrios más castigados de la eurozona para su esperada reunión mensual. Eslovenia y su hermosa capital, Ljubiana, están sumidas en una grave crisis; el Gobierno esloveno flirtea desde hace meses con un rescate europeo.

El presidente del BCE, Mario Draghi, tendrá que lidiar en esa ciudad con una cita espinosa, tras la arriesgada jugada del último consejo, en el que vinculó las compras ilimitadas de bonos (la llamada “opción nuclear” del Eurobanco, al amenazar con desplegar una fuerza abrumadora para espantar a los especuladores) con la petición de rescate de los países que lo necesiten.

Los analistas apuestan por una comparecencia ante los medios de perfil bajo: ningún país ha solicitado el rescate, a pesar de que España, Chipre y la citada Eslovenia están en las quinielas. Draghi ya hizo su apuesta en septiembre, lo que le ha granjeado no pocas críticas desde el ala más ortodoxa. No se esperan ni grandes alharacas verbales ni nuevas medidas extraordinarias, aunque siempre puede haber sorpresas. Y aun así, los inversores y los Gobiernos de la eurozona estarán más pendientes que nunca del tono de Draghi, auténtico juez de la crisis del euro.

La recesión internacional se acerca; la europea ya está ahí, e incluso China se desacelera. No hay un accidente a la vista como Lehman Brothers, pero cinco años después del inicio de la crisis los mercados están a un paso del alboroto, especialmente en Europa, donde quedan al menos cinco años más de graves dificultades. “Lo normal es que el BCE mantenga los tipos, aunque el deterioro de la economía sugiere que no es imposible una nueva rebaja, hasta el 0,5%”, según Lasse H. Nielsen, de Lehman Brothers. “Va a ser una reunión de trámite, a no ser que Draghi se haya asustado con los muy malos indicadores adelantados que se van dando a conocer”, explica el analista Juan Ignacio Crespo.

Fuente: El País.