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Bruselas acepta la primera subida del gasto en la eurozona desde 2010

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El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, en una conferencia de prensa en Bruselas en 2015. /Delmi Alvarez (REUTERS)
  • La crisis de refugiados en Alemania, el gasto militar en Francia y la bajada de impuestos en España readaptan la política fiscal

Claudi Pérez Bruselas 7 ENE 2016 - 08:31 CET

Alemania y los países del Norte elevarán en 2016 su gasto público por la llegada de miles de refugiados. Francia aumentará el presupuesto en defensa y seguridad tras los atentados de París, e Italia y España acaban de aprobar rebajas de impuestos. Bruselas prevé “acomodar” su política fiscal para permitir este conjunto de medidas, que agregadamente supondrán el primer miniestímulo para la eurozona desde que arrancó la crisis de deuda, en 2010, según fuentes comunitarias. Ese tímido acicate puede alcanzar para compensar riesgos como la inestabilidad política y, sobre todo, los problemas de China y los emergentes.

La Comisión desatiende ahora su pasión por la austeridad, que ha caracterizado la discutible respuesta europea a la crisis del euro. Oficialmente, la política fiscal de la eurozona era, es y será “neutral”, según han insistido el vicepresidente Valdis Dombrovskis y el comisario Pierre Moscovici en las últimas semanas. Pero el jefe del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ya sugirió a mediados de diciembre que la frágil recuperación, combinada con los riegos de deflación y el peligro procedente de los países emergentes, obliga a “repensar” esa pata fundamental de la política económica.

La superposición de crisis ajenas a la economía (de asilo y de seguridad) ha hecho el resto: Bruselas permitirá, según las fuentes consultadas, un mayor gasto relacionado con la crisis migratoria en Berlín y compañía, así como los esfuerzos presupuestarios en París para luchar contra la crisis de seguridad.

La Comisión tampoco tiene previsto exigir grandes ajustes a países como Italia y España, que han rebajado impuestos pese a tener poco o ningún margen de maniobra para ello. Italia puede beneficiarse de la flexibilidad de las reglas fiscales, que se han tenido que agujerear como un queso gruyer ante la constatación de que fueron diseñadas para un mundo que ha desaparecido con la Gran Recesión. En el caso de España, paradójicamente, la inestabilidad política juega a su favor: Bruselas difícilmente va a reclamar ajustes (al menos a la corta) ante las dificultades para formar Gobierno.

Todas esas medidas supondrán, agregadamente, el primer miniestímulo fiscal en la eurozona desde el arranque de la crisis de deuda. Keynesianismo muy a la europea —con un tamaño limitado, de apenas unas décimas de PIB, y casi de tapadillo—, pero que a la postre permitirá asentar algo más la reactivación de la eurozona y mejorará la efectividad del multimillonario programa de compra de activos del BCE, que junto con el desplome de los precios del petróleo sustenta desde hace meses la frágil, tímida y dispar recuperación continental.

Europa necesita ese alivio ante un año que viene revirado, difícil de predecir, repleto de nubes y claros, con motivos para la esperanza pero a la vez con el arsenal de escollos propios de las crisis mayores. “Los episodios de inestabilidad política, los peligrosos estertores de la crisis en Portugal o Grecia, la situación en Italia y los riesgos geopolíticos complican la situación, pero sobre todo la desaceleración de China y los emergentes estará con nosotros un par de años y ya ha hecho mella en los mercados”, apuntan fuentes comunitarias.

Ese alivio fiscal puede servir “para contrarrestar todos esos vientos en contra”, según las mismas fuentes, pero poco más: 2016 va a ser un año complicado, aunque no tan duro como 2015, que volvió a sacar del armario los riegos de desintegración del euro.

“La caída de los precios del petróleo es el primer estímulo para Europa. La depreciación del euro, por el activismo del BCE, le sigue a continuación. Con eso y los efectos de las reformas en países como España e Irlanda, la crisis migratoria es una gran excusa para permitir ver estímulos en Alemania y permitir que la crisis de la eurozona siga cicatrizando”, asegura desde Harvard Kenneth Rogoff, execonomista jefe del FMI. “Pero es difícil ser abiertamente optimista con Europa, con el Brexit, la inestabilidad política, la crisis migratoria y de seguridad y demás. Más aún cuando nadie va a ser inmune a los problemas de China”, añade. 

Crecimiento cercano al 2%

“No hay que exagerar ese estímulo: aportará algo en Alemania y algo menos en Francia. Y es dudoso que permita hacer más efectivas las medidas del BCE”, apunta Wolfgang Münchau, de Eurointelligence. “Pero el mayor problema de 2016 es China y la desaceleración cíclica en Europa y EE UU”, subraya. Bruselas prevé que el PIB del euro crezca un 1,8% este año. Eso permitiría recuperar, por fin, el nivel de 2008. La concatenación de crisis y el cúmulo de errores han retrasado ocho años el cierre de esa brecha; EE. UU. tardó la mitad con políticas más agresivas.

“Esta Comisión no es tan fundamentalista como la anterior y permitirá que los grandes países gasten, pero Europa precisa un verdadero estímulo fiscal. Y esta no es la expansión que necesita la eurozona. Aun así, puede convertir una imponente cefalea en un dolor de cabeza normal y corriente”, cierra Charles Wyplosz, del Graduate Institute.
 
FUENTE: El País. 
 
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La eurozona acumula cuatro meses con caídas de precios

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Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, en el Parlamento Europeo en 2014 / REUTERS

  • Las compras del BCE suavizan el temor a la deflación

Claudi Pérez / Belén Domínguez Cebrián Bruselas 31 MAR 2015 - 20:45 CEST


Los precios no suben y el desempleo no termina de bajar en la zona euro: la Gran Recesión sigue dejando al descubierto las cicatrices económicas de Europa. La inflación cosechó en marzo el cuarto mes consecutivo en terreno negativo, según anunció este martes Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea. El arranque del programa de compras de activos del Banco Central Europeo (BCE) —que comprará 1,1 billones de euros en deuda pública y privada al menos hasta septiembre de 2016— permitió suavizar los temores a la deflación: los precios cayeron apenas el 0,1% en marzo, frente al 0,3% del mes anterior. Y sin embargo el continente sigue en zona de peligro: quitando energía y alimentos, la inflación sigue cayendo e inaugura la primavera un poco más cerca del 0%; concretamente, en el 0,6%.

El índice de precios de consumo de la eurozona suma ya 26 meses por debajo del 2%, el objetivo declarado del BCE. Y lleva un año y medio por debajo del 1%, siempre según las cifras de Eurostat. En gran parte por el desplome de los precios energéticos, que en marzo bajaron el 5,8% ante el abaratamiento del petróleo.

Si la inflación es el principal dolor de cabeza del Eurobanco y en general de la tecnocracia europea, las tasas de paro son el indicador del grado de profundidad de la crisis social. Y ahí las noticias son algo mejores, a pesar de que el desempleo se reduce con exasperante lentitud y sigue en niveles estratosféricos en países como Grecia y España, con tasas superiores al 20% y un paro juvenil que supera el 50%. En el conjunto de la eurozona, la tasa de paro se redujo una décima en febrero respecto al mes anterior, hasta situarse en el 11,3%. La incipiente reactivación de la economía del euro permite empezar a suavizar los niveles de paro, desde los máximos alcanzados a mediados de 2013, aunque las cifras están aún muy altas en términos históricos.

Las disparidades en Europa son sensacionales en términos de desempleo. Países como Alemania y Austria rondan el 5%, frente al 23,2% de España y al 26% de Grecia, que ha vuelto a empeorar tras la ligera mejoría experimentada el año pasado. Las subidas más fuertes en febrero se produjeron en Croacia (del 17,3% al 18,5%), Chipre (del 15,6% al 16,3%) y Finlandia (del 8,4% al 9,1%), que ha vuelto a caer en recesión a pesar del alud de reformas de los últimos años.

En la eurozona hay 18,2 millones de parados —cifra equivalente a la población de Holanda—, y más de tres millones de desempleados menores de 25 años. En toda la Unión, el número de parados asciende a 23 millones de personas, de los que casi cinco millones son jóvenes de menos de 25 años, según los datos hechos públicos por la oficina estadística de la UE.

FUENTE: El País.

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Grecia discute una nueva lista de reformas con los socios del euro

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  Alexis Tsipras, durante una sesión parlamentaria, este lunes en Atenas. / ARIS MESSINIS (AFP)

  • Alemania subraya que Atenas debe presentar un plan ambicioso, mientras Alexis Tsipras dice que "no dará marcha atrás"

Claudi Pérez Bruselas 31 MAR 2015 - 09:46 CEST

El lado oscuro del sueño europeo tiene diversas variantes. El euroescepticismo y el auge de los populismos siguen ahí, amenazantes, al alza de la mano de la crisis. Y ese lado oscuro asoma en el nuevo rol de la UE como madrastra en cada uno de los rescates —especialmente con Grecia—, que no son otra cosa que créditos a cambio de condiciones. Atenas sigue negociando con los socios del euro y a la espera de un tercer rescate, New Deal o como quiera que se llame necesita un acuerdo puente para no quedarse sin dinero y hacer frente a los vencimientos de su deuda, por un lado, y a los gastos corrientes del país, por otro. El Ejecutivo griego negociaba anoche con las instituciones anteriormente conocidas como troika una lista detallada de reformas, que incluye 1.500 millones en privatizaciones, 3.700 millones en subidas de impuestos y lucha contra la evasión fiscal y esa caja de Pandora denominada reformas estructurales, entre las que hay desde cambios en el sistema de pensiones hasta nuevas leyes para garantizar la autonomía de la Autoridad Fiscal Independiente o la agencia estadística pública.

El Eurogrupo quiere sobre todo medidas detalladas. Y el Gobierno de Alexis Tsipras va esculpiendo trabajosamente una lista que debe respetar un delicado equilibrio: hay que convencer a la Comisión Europea, el BCE y el FMI para recibir la luz verde de los ministros de Economía de la eurozona. Hay que salvar la bola de partido de abril, con pagos a los acreedores y las arcas públicas casi vacías. Y a la vez Tsipras debe hacer encaje de bolillos para que ese goteo de medidas no le provoque un agujero en casa, ni en el Parlamento griego —donde compareció en la tarde del lunes— ni en su propio partido, cuya ala izquierda ya le enseñó las garras hace unas semanas en una situación similar, con el Eurogrupo reclamando la anterior lista de reformas.

El lío es parecido al del pasado 20 de febrero, cuando Grecia se comprometió a presentar un listado de medidas y las sospechas de los mercados provocaron una estampida en la banca griega que al final no fue para tanto. Atenas se enfrenta de nuevo a una fecha límite: Grecia debía presentar este lunes una segunda lista mucho más detallada, que se ha ido filtrando a los medios a lo largo del fin de semana, para que los socios del euro adelanten alguno de los pagos pendientes. El menudeo de la negociación es importante a corto plazo para evitar un (improbable) accidente. Pero las fuentes consultadas en Bruselas apuntan que la dureza que muestran los socios del euro y las resistencias de Grecia para acordar el parche actual no son más que gesticulaciones: la verdadera negociación es otra. Grecia no tiene acceso a los mercados y necesita imperiosamente un nuevo rescate antes de finales de junio. Esa es la partida verdaderamente importante.

Hasta que emerja esa negociación lo más probable es un menú rico en declaraciones subidas de tono, filtraciones, tensiones y demás. Ayer, varios líderes europeos protagonizaron un nuevo capítulo de esa saga. El comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, explicó que la negociación con Grecia “no es fácil” y que hay “un límite de tiempo”, ante la necesidad de desbloquear al menos una parte del último tramo de 7.200 millones de euros en ayudas a Grecia.

Y la canciller alemana, Angela Merkel, dio en Helsinki una muestra del tono de los acreedores: “La pregunta es si Grecia puede satisfacer las expectativas que hemos depositado en ella; más vale que las medidas que presente estén a la altura”. El ministro español de Economía, Luis de Guindos, secundó el argumentario alemán: “Las reglas se tienen que respetar. Con inteligencia y flexibilidad, pero hay que respetarlas”.

Tsipras aseguró este lunes que su Gobierno “no dará marcha atrás” a unas reformas que la sociedad y la economía necesitan y que han sido formuladas por Grecia, informa Efe. Tsipras hizo estas declaraciones en el Parlamento, donde pidió a la oposición que le apoye en unas negociaciones “duras”, “difíciles” y “sinceras” con los acreedores, aunque siguió sin detallar la lista de reformas.

La dureza del Eurogrupo no ha cambiado: Grecia se ha quedado casi sin aliados en las últimas semanas. Las últimas reuniones de la eurozona son un 18 contra uno: el ministro Yanis Varoufakis no encuentra apoyo a sus demandas. El Eurogrupo ve con buenos ojos metas fiscales algo menos exigentes e incluso algún alivio en el pago de la deuda —plazos más holgados e intereses más bajos—, pero poco más: Berlín y los acreedores han dado sobradas muestras de sus líneas rojas, e incluso los países periféricos rescatados —España, Portugal, Irlanda— han demostrado que no quieren concesiones. Fuera de la política, los académicos destacan que demasiada severidad podría ser contraproducente: “Los alemanes deberían darse cuenta de que algunas cosas siguen siendo más importantes que el dinero; la dignidad es una de ellas. (...) Si siguen tensando la cuerda va a acabar siendo más fácil, políticamente hablando, que el Gobierno de Tsipras amenace con salir del euro. Y los europeos deberían dejar de lado esa loca esperanza de quienes piensan que una salida de Grecia del euro no tendría repercusiones sobre la eurozona”, apunta el historiador económico Kevin O’Rourke, de Oxford.

Sobre la mesa está la propuesta de lista griega: 15 páginas de reformas que Atenas ha ido puliendo durante el fin de semana con los socios del euro y las instituciones. El mensaje en Bruselas es que si Grecia se queda sin dinero, queda aún mucho trabajo por hacer. Y aunque un accidente no es descartable, es muy improbable.

FUENTE: El País.

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Bruselas rebaja las previsiones para España por el frenazo del euro

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  • El PIB crecerá el 1,7% el año próximo, cuatro décimas menos de lo previsto anteriormente y tres décimas menos que el pronóstico del Gobierno

Claudi Pérez Bruselas 4 NOV 2014 - 11:00 CET

La foto fija de la economía española luce relativamente bien si se compara con los años de plomo de la Gran Recesión, pero las promesas de recuperación robusta, raíces vigorosas y demás dosis de optimismo profesional se desvanecen. 

La economía española se desacelera en la segunda mitad de este año. Y la Comisión Europea se ha visto obligada a rebajar drásticamente sus previsiones para 2015. La reactivación sigue siendo modesta, y aún más modesta y sin apenas creación de empleo, por la pérdida de fuelle de la eurozona, lastrada por una Italia aún en recesión, una Francia estancada, una Alemania que va por el mismo camino y, en fin, con el club del euro incapaz de activar las políticas adecuadas para salir del pozo a tasas parecidas a las de otras grandes economías, como la estadounidense, que han aplicado recetas muy diferentes. España, aun así, crecerá el 1,7% en 2015, según Bruselas: cuatro décimas menos de lo que preveía la propia Comisión hace apenas cuatro meses, y tres décimas menos de lo que pronosticaba el Gobierno hace un mes.

Esa reducción es en parte por males propios, y en parte por males ajenos. Bruselas destaca “la desaceleración de la corrección del desequilibrio exterior”: España vuelve a acumular déficits comerciales, pese a las vanas promesas de salida de la crisis vía exportaciones. “Los altos niveles de deuda pública y privada implican que las presiones para seguir con el proceso de desendeudamiento continúan lastrando el crecimiento”, dice Bruselas. Y eso es así porque a pesar de la durísima devaluación interna, los mercados de exportación de las empresas españolas no tiran. Europa, en una palabra, no tira. Bruselas prevé un crecimiento del 0,8% para la eurozona este año, y un 1,1% el próximo. Hay que desconfiar de esas cifras: al cabo, hace unos pocos meses la Comisión vaticinaba crecimientos mucho mayores, del 1,2% para este año y del 1,7% para el próximo. Todos los organismos internacionales señalan a Europa como el principal quebradero de la economía mundial, básicamente por la desastrosa gestión de la política económica, que sigue recetando austeridad y reformas cuando el problema del continente es otro: la falta de demanda agregada ante el proceso de desendeudamiento emprendido, a la vez, por familias, empresas, instituciones financieras y Estados.

Hasta la Comisión reconoce ya que los problemas están ahí. “Tras un año de crecimiento moderado, la economía europea empezó a perder velocidad la pasada primavera y el crecimiento será muy modesto en la segunda mitad del año, con la eurozona casi estancada”, según las Previsiones de Otoño. Entre los mayores países, solo en España se ven cifras de crecimiento dignas de una recuperación, a pesar de los pesares: pese a la desaceleración y pese a que en el caso español hay otro dato –el paro— que emborrona cualquier atisbo de optimismo. “El desempleo sigue siendo demasiado alto”, apunta el informe. Solo si se hace literatura comparada España puede lucir palmito, pero cuidado: si la eurozona no crece, la reactivación española se resentirá. Y la eurozona no termina de despertar: “El crecimiento se detiene en Alemania tras un buen primer semestre, Francia sigue en un estancamiento prolongado, y en Italia continúa la contracción del PIB”, según Marco Buti, el economista jefe de la Comisión. Buti alude a mil y una excusas para explicar el sombrío panorama del PIB continental: “El legado de la crisis financiera”, “las presiones para el desendeudamiento”, “el bajo crecimiento potencial”, “los conflictos geopolíticos”, “las tensiones sobre la inflación”. Estados Unidos sufre los mismos males, pero una política económica distinta le permite crecer por encima del 3%, con un desempleo inferior al 6%. La eurozona crece por debajo del 1% y el paro sigue en máximos históricos, del 11,5%, y es superior al 20% en varios países.

La foto fija española hace unos meses presentaba una métrica sombría: 0-25-50-100. O lo que es lo mismo: crecimiento del PIB en el entorno del 0%, 25% de paro, 50% de caída de precio de la vivienda y 100% de deuda pública. Las previsiones de Bruselas dejan alguna que otra mejoría: esa secuencia es ahora 1-23-50-100. Crecimiento en el entorno del 1%, ligera reducción del paro –muy lenta: el 23,5% en 2015 y el 22,2% en 2016—, la misma caída de la vivienda y la deuda pública en ascenso, hasta situarse en el 101% del PIB el año que viene y en 102% en 2016. “La tendencia positiva en el desempleo se intensificará, gracias a la continua moderación salarial y a modestos incrementos de los costes laborales unitarios”, dice Bruselas.

Pero atención: “Los riesgos a la baja en las perspectivas de crecimiento no son despreciables. Y están relacionados básicamente con el sector exterior, en particular con la recuperación menor de lo esperado en la eurozona”. Eso hace más difícil todo lo demás: sin una recuperación robusta en la zona euro y sin inflación se hace más complicado absorber el exceso de deuda pública y sobre todo privada. E incluso la necesaria consolidación fiscal no va a la velocidad que debería: España cerrará 2014 con un déficit público del 5,6%, en los puestos de honor de la eurozona, y el agujero del sector público será aún del 4,6% en 2015 y del 3,9% en 2016.

En plata: España incumplirá sistemáticamente los objetivos de Bruselas de déficit público; como, con toda probabilidad, Italia y Francia y muchos más países. Y eso a pesar de que el Gobierno, como ha sido habitual en esta crisis, lo ve mucho mejor: espera un déficit del 4,2% en 2015 y del 2,8% en 2016, a juzgar por los datos incluidos en esa carta a los reyes que es el proyecto de presupuestos enviado a Bruselas hace unos días.

FUENTE: El País.

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La OCDE alerta sobre la debilidad económica de la Eurozona

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El presidente del BCE, Mario Draghi, el nuevo comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Jyrki Katainen, y el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, tras la reunión informal del Eurogrupo en Milán el pasado viernes.  
El presidente del BCE, Mario Draghi, el nuevo comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Jyrki Katainen, y el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, tras la reunión informal del Eurogrupo en Milán el pasado viernes. EFE/Matteo Bazzi

  • La organización que agrupa a los países industrializados rebaja sus perspectivas para los países del euro para 2014 y 2015

AGENCIAS París.

La OCDE revisó a la baja sus perspectivas de crecimiento económico para sus grandes países y señaló que la zona euro no sólo sigue siendo la oveja negra de la recuperación, sino que hay un riesgo de deflación que podría perpetuar esa situación e incluso agravar la crisis de la deuda.

En su informe interino de Perspectivas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que el Producto Interior Bruto (PIB) de la zona euro aumentará este año un 0,8 %, lo que significa cuatro décimas menos de lo que había calculado en mayo, y un 1,1 % en 2015, seis décimas menos. La OCDE considera que la recuperación en la eurozona sigue siendo "decepcionante", especialmente en sus principales economías: Alemania, Francia e Italia. Así, advierte de que se está debilitando de nuevo la confianza y la "anémica" demanda está rebajando la inflación.

También corrige a la baja sus expectativas para Estados Unidos, aunque considera que su expansión (tras los efectos negativos de un invierno particularmente rudo a comienzos de 2014) va por buen camino: 2,1 % este año en lugar del 2,6 % avanzado en mayo y 3,1 % en 2015 en lugar del 3,5 %. El Reino Unido es uno de los países que sale mejor parados, ya que su PIB debería progresar un 3,1 % este ejercicio, sólo una décima menos de lo anticipado, y un 2,8 % en 2015, una décima mejor que la cifra aventurada en mayo. En Japón la actividad aumentará un 0,9 % en 2014 (tres décimas menos) y un 1,1 % en 2015 (dos décimas menos).

Dentro de la eurozona, la OCDE sólo da cifras de los tres mayores países y entre ellos el mejor comportamiento se espera en Alemania, aunque es menos favorable que el calculado hace cuatro meses: un 1,5 % este año (cuatro décimas menos) y otro tanto el próximo (seis décimas menos). Francia se tendrá que conformar con un 0,4 % en 2014 (cinco décimas menos) y un 1 % en 2015 (cinco décimas menos), mientras que Italia seguirá este año con una recesión del 0,4 % (nueve décimas peor) y apenas recuperará un 0,1 % el siguiente (un punto mejor).

El conocido como el Club de los países desarrollados destaca como el mayor riesgo la posibilidad de que en la eurozona la inflación siga a una tasa muy baja que intensifique la debilidad de la demanda. La Organización, que toma como referencia lo que ocurrió en Japón en los años 1990, advierte de que con la actual situación de unos precios próximos al estancamiento hay riesgo de caer en la deflación. "Una inflación cercana a cero eleva claramente los riesgos de una caída en deflación, lo que podría perpetuar el estancamiento y agravar la carga de la deuda", alerta la organización con sede en París en su nuevo informe.

El llamamiento que hizo el lunes la OCDE se suma a la presión cada vez mayor sobre la zona euro y el BCE, en particular, para que impulsen el crecimiento antes de una reunión de ministros de Finanzas y banqueros centrales del Grupo de los 20 (G-20) esta semana en Australia.

La OCDE pide al BCE estímulos monetarios "más vigorosos"

La OCDE reclama al Banco Central Europeo (BCE) que ponga en marcha estímulos monetarios "más vigorosos". En la actualización de su informe sobre la economía mundial publicado en mayo, la OCDE celebra las medidas adoptadas en la reunión de septiembre por la institución europea, pero cree que nuevas medidas, incluido un programa de compra de deuda, son necesarias.

Recientemente, el BCE redujo casi a cero el coste de endeudamiento y se comprometió a comprar deuda titulizada en un esfuerzo por alentar los préstamos para las compañías que no cuentan con créditos. No obstante, hasta el momento ha evitado el tipo de alivio cuantitativo llevado a cabo por sus homólogos en Estados Unidos y Japón, que consiste en una enorme campaña de compra de bonos del Gobierno, entre otros, para reducir el coste de endeudamiento.

La organización que agrupa a los países más industrializados recalca que la debilidad estructural del sistema bancario de la eurozona ha dificultado la eficacia del alivio de la política monetaria como un medio para apoyar la demanda. En este contexto, considera que finalizar la unión bancaria y una evaluación creíble de los bancos ayudará a reparar el mecanismo de transmisión de la política monetaria, haciendo las medidas de estímulo más eficaces.

La OCDE destaca también que el mercado del empleo se está recuperando con lentitud globalmente y que ahí las diferencias entre sus países miembros también son marcadas. De nuevo la zona euro aparece como la oveja negra, ya que su tasa de desempleo apenas acaba de empezar a bajar frente a los picos que alcanzó en el punto álgido de la crisis, mientras que en Estados Unidos y el Reino Unido la creación de empleo se está produciendo a un ritmo "sólido", y en Japón se ha vuelto a niveles de paro equivalentes a los de antes del choque de 2008.

Los autores del estudio señalan que uno de los signos de que las condiciones del mercado laboral no han mejorado de forma significativa es que el crecimiento de los salarios es muy débil en muchos países, algo que ha permitido ganar competitividad en ciertos miembros de la zona euro, pero que ahora está frenando la recuperación del consumo interno.

La OCDE también incluye previsiones para las grandes economías emergentes, que no han cambiado para China, que debería crecer un 7,4 % este año y un 7,3 % el que viene. Para Brasil, sin embargo, recuerda que cayó en recesión en la primera mitad de este ejercicio y sólo espera un alza de su PIB del 0,3 % en el conjunto de 2014 (1,5 puntos menos de lo que había anunciado en mayo) y una recuperación del 1,4 % en 2015 (ocho décimas menos). La organización considera que sobre la economía brasileña pesan las incertidumbres políticas tras las inminentes elecciones presidenciales y también la necesidad de medidas en el terreno monetario (reducir el objetivo de inflación) y en el fiscal (una regla sobre el gasto público).

Gurría: tras los salarios, España debe centrarse en la productividad

El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, señaló hoy que tras los ajustes que se han hecho en España con los salarios para recuperar la competitividad ahora hay que centrarse en mejorar la productividad. Ahora tal vez tenemos que centrarnos más en la productividad", afirmó Gurría, antes de puntualizar que eso no significa que se deban incrementar las remuneraciones del trabajo porque "la única forma de que crezcan los salarios es que haya una mayor productividad". El ex ministro mexicano se refirió a España en la conferencia de prensa de presentación del informe interino de Perspectivas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en el que se revisan a la baja las expectativas de crecimiento para sus grandes países miembros y se advierte de la situación en la zona euro. El informe no incluye datos sobre España (las perspectivas se actualizarán en noviembre), pero Gurría a una pregunta sobre la zona euro señaló que durante muchos años los salarios crecieron más que la productividad en países como España, Grecia, Portugal o Francia, mientras Alemania mejoraba su competitividad con respecto a ellos. Añadió que aunque en el caso de España en estos últimos tiempos ha habido "un importante ajuste en términos reales" de los salarios y "hay una cierta convergencia" -"los españoles han hecho un gran trabajo"-, la brecha no se ha cerrado completamente.

FUENTE: Público.

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El FMI exige al BCE que actúe contra el riesgo de deflación en la zona euro

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 Olivier Blanchard, economista jefe del FMI. / MANDEL NGAN (AFP)

  • El organismo también reclama cambios al modelo de unión bancaria europea

A. MARS (ENVIADA ESPECIAL) Washington 8 ABR 2014 - 15:02 CET

Mario Draghi será uno de los hombres más buscados estos días en Washington. La reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) está sirviendo para plasmar cómo está subiendo de revoluciones la diferente sensibilidad entre este organismo y el Banco Central Europeo (BCE) hacia ese nuevo, gran y complejísimo nuevo problema que atosiga a la zona euro, la baja —demasiado baja— inflación y su consiguiente riesgo de deflación. Se trata de una caída generalizada y persistente de los precios que acaba bloqueando la economía. Los países periféricos son los que más cerca se encuentran del peligro de deflación y España, en concreto, es el único de ellos que se encuentra situación de "alto riesgo", por delante de Irlanda o Grecia, que asumen un riesgo moderado.

El informe de perspectivas mundiales del organismo que dirige Christine Lagarde dispara las alarmas sobre este fenómeno, al que ven un 20% de posibilidades, y urge a actuar a un BCE que lleva meses explorando los límites antes de dar a la tecla.

“Dado el débil y frágil crecimiento y la inflación muy baja, son necesarios más estímulos monetarios para alcanzar los objetivos de inflación del BCE, por debajo pero cerca del 2%”, apunta el informe, que plantea posibilidades como nuevas rebajas de los tipos de interés (ya en un suelo histórico del 0,25%), tasas negativas de depósitos (que resten atractivo al ahorro y favorezcan el crédito) y operaciones refinanciación de largo plazo para las pymes, entre otras. "El BCE está estudiándolas y esperamos que las ponga en marcha tan pronto como sea posible técnicamente. Cuanto antes lo hagan, mejor", ha subrayado en rueda de prensa Olivier Blanchard, economista jefe de la institución.

El mensaje reaviva una vieja batalla entre un lado y el otro del Atlántico. Las alertas lanzadas en las últimas semanas por el FMI, a través de Lagarde o de sus técnicos, abonan la teoría de Olivier Blanchard, el economista jefe del Fondo, de que el objetivo de inflación del BCE debería ser superior a ese “cerca pero por debajo del 2%”. La idea expresada en 2010 llevó al organismo europeo a salir en tromba: Axel Weber, miembro del consejo del gobierno y presidente del Bundesbank alemán, tachó la propuesta de "negligente y prejudicial". Otro consejero, Lorenzo Bini Smaghi, advirtió de que subir esas metas de inflación era “como decir que el mayor problema de la política monetaria reciente fue que Greenspan no fue lo suficientemente enérgico en evitar las consecuencias negativas del estallido de la burbuja en vez de la política equivocada que sirvió para hincharla. Errare humanum est, perseverare diabolicum (errar es humano, pero perseverar es diabólico)".

Aunque desde entonces el panorama ha cambiado, la inflación ha estado menguando desde 2011, la previsión es que se mantenga en bajos niveles al menos hasta 2016 y algunos países, como España o Grecia, los más castigados por la crisis y los recortes, se acercan cada vez más a esa temida deflación. El esfuerzo de la devaluación interna pierde fuelle si los países vecinos y competidores también moderan sus precios. Por eso el sur europeo clama por las medidas.

Menos inflación

Además, es posible que las ya de por sí bajas expectativas de inflación se reduzcan, según advierte ahora el Fondo, y esto “llevaría a unos tipos de interés reales más altos, a un agravamiento del peso de la deuda y a un crecimiento menor”, apuntó. El informe menciona unos de los grandes problemas de España cuando señala que “en los países que necesitan aumentar la competitividad y donde los precios y los salarios deben bajar más con relación otros países de la eurozona, esto significaría una mayor deflación e incluso efectos adversos peores en el crecimiento”.

La deflación es venenosa para la economía porque la expectativa de que los costes bajarán frena muchas decisiones de compra —sobre todo en los viene duraderos aplazables— y la expectativa de devaluación de los activos desincentiva la inversión de las empresas. Esta tendencia se retroalimenta a sí misma, lastrado aún más los precios, y acaba por petrificar la economía.

Pero hay más consecuencias. Aunque los precios bajan, los salarios en términos nominales es muy complicado que se reduzcan, lo que lastra los márgenes de las empresas. Y eso se une a que el peso de las deudas crece en términos reales, lo que con unos salarios congelados o unos ingresos empresariales a la baja complica su pago. Además, los activos a los que están vinculados los préstamos han perdido valor. Un panorama que, en definitiva, puede devolver a una economía como la española a una reciente y terrible pesadilla.

Draghi aseguró tras la última reunión del BCE para decidir sobre política monetaria que el organismo adoptaría “por unanimidad” las medidas necesarias si la tendencia no se corregía, lo que tranquilizó a los mercados. La cuestión es si las palabras del presidente del BCE lograrán mantener su efecto placebo durante mucho tiempo. El FMI ha mostrado claramente que no ve oportuna más espetera para actuar a pesar de que valora la mejora de la demanda interna y ha elevado una décima la previsión de crecimiento de la zona euro tanto para 2014 como para 2015, hasta un 1,2% y un 1,5%, respectivamente.

Unión bancaria

Pero el Fondo tiene más quejas para Europa, el proceso de unión bancaria que busca desvincular los riesgos de los países de sus bancos le parece insuficiente. “Es crítica contar con una unión bancaria más completa para reducir la fragmentación bancaria y debilitar los vínculos entre los riesgos soberanos y los bancos”, señala el informe.

El tipo de proceso de resolución de entidades con problemas que se decidió en la cumbre del 20 de febrero “resulta complejo y puede no proveer de soluciones a tiempo, sobre todo si está previsto el apoyo de un Fondo único de resolución”. En esta línea, el FMI reclama una transición más rápida para el periodo de mutualización de los riesgos y del fondo común para que este Plan B que la zona euro para inventado para salvar su unión monetaria salga bien.

Fuente: El País.

El FMI pone el foco de nuevo en Europa

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Christine Lagarde, directora gerente del FMI,, a la izquierda, con la canciller alemana Angela Merkel, en un encuentro en Berlín, en octubre de 2012. / ODD ANDERSEN (AFP)

  • El Fondo quiere que el BCE no postergue más su actuación contra la baja inflación.
  • El frenazo de las economías emergentes añade presión a los países avanzados.

Amanda Mars Washington 7 ABR 2014 - 00:02 CET


Albert Camus, Walter Whitman, Robert Frost, Rainer Maria Rilke, Aristóteles... No hay un solo discurso previo a las reuniones semestrales del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el que la directora gerente, Christine Lagarde, renuncie a echar mano de citas de grandes nombres de la cultura, de la filosofía, para explicar el ser o no ser de la economía mundial y su lánguida recuperación. Esta vez Lagarde se sirvió de Victor Hugo para concluir con un resultón “la perseverancia es el secreto de todos los triunfos” y explicar que la economía estaba ya saliendo del bache, pero que había que “perseverar juntos” para completar el viaje.

El Fondo, muy nervioso hace un año con la atonía de la economía europea, vuelve a poner el foco en el viejo continente: quiere que el Banco Central Europeo (BCE) actúe ya contra la excesivamente baja inflación, le preocupa que los países pierdan interés por impulsar las reformas económicas prometidas y sigue viendo una demanda interna muy débil. Y, por si faltaba la guinda, también la sombra de la crisis de Ucrania y los efectos en la región planean sobre las jornadas de primavera del organismo, que empiezan mañana.

El avance de los emergentes, además, ha perdido fuelle como motor de la recuperación desde hace un año, debido a la caída del precio de las materias primas y al inicio del repliegue de los estímulos de la Reserva Federal estadounidense, que está castigando la entrada de capitales.

Cuando Lagarde deja las citas célebres y opta por la cosecha propia, pronuncia frases sobre la economía como “el optimismo está en el aire: la etapa de hielo ha quedado atrás, y el horizonte es más brillante”, que dijo el pasado 15 de enero, pero los discursos del Fondo envejecen peor que las citas de Victor Hugo: aparecen nuevas sombras en la ya de por sí lenta reactivación global, como ese feo riesgo de deflación en Europa: una caída de los precios sostenida y generalizada que bloquea el consumo y la inversión.

La inflación se encuentra en la zona euro en un nivel del 0,5%, con datos de marzo, el nivel más bajo desde 2009, cuando el objetivo es del 2%, y si la situación persiste el ortodoxo BCE ya tiene asumido que tendrá que poner en marcha la máquina para empujar los precios: comprar activos y créditos baratos.

“Una flexibilización adicional de la política monetaria en la eurozona es necesaria para elevar las perspectivas y lograr el objetivo de estabilidad de precios del BCE”, dijo Lagarde el miércoles, aplicando más presión al BCE, en un discurso en el que también recordó la importancia de la unión bancaria y la próxima revisión de activos de la banca. Pero el organismo europeo, que se reunía al día siguiente para decidir sobre los tipos, evitó aprobar medida alguna, aunque el aviso de que las tomaría surtió efecto en los mercados.

Los expertos coinciden en que el riesgo de deflación en la zona euro es bajo, pero la cosa empeora si se baja la lupa a cada país. “La periferia necesita tener precios más bajos que en Alemania, así que si la inflación alemana sigue en el 1%, España sí tiene riesgo de deflación, Alemania debería tener una tasa del 2,5% para que la periferia tenga ese margen”, advierte Xavier Vives, profesor de Economía y Finanzas de la escuela de negocios IESE.

Los precios de la energía tienen mucho que ver con esta baja inflación, pero también una demanda que en Europa está lejos de recuperar el vigor. Hace un año el FMI encendía el farolillo rojo sobre Europa por la lenta velocidad de su recuperación, entonces liderada por las economías emergentes, pero ahora la expansión de EE UU está ganado peso en el crecimiento global y los europeos continúan con un avance “modesto”.

El FMI prevé un aumento del PIB para la zona euro del 1% en 2014 y del 1,4% en 2015, aunque el martes publicará sus nuevas previsiones. En global, la directora gerente avanzó la semana pasada que proyectaba “una mejora modesta” respecto a 2013, cuando el mundo en conjunto creció un 3%.

Hay un dato especialmente significativo en la ensalada de números del FMI: en los últimos cinco años, los mercados emergentes y las economías en desarrollo han representado el 75% del crecimiento global, pero el repliegue de los estímulos monetarios está reequilibrando el avance. Lo que preocupa al organismo es que la corrección sea progresiva, controlada, por eso insiste esta primavera en pedir a la Reserva Federal “cooperación” y “una comunicación clara” que evite las sacudidas de los mercados y ese optimismo que, usando las palabras de Lagarde, está en el aire quede apartado por nuevos nubarrones.

España aguarda un pronóstico mejor

Amanda Mars

El Fondo Monetario Internacional (FMI) es, al menos hasta hoy, el más pesimista con diferencia de entre los organismos oficiales con respecto a sus previsiones para España. Esa distancia es la que abona el terreno para que la institución que dirige Christine Lagarde lleve a cabo la tercera mejora consecutiva de las previsiones para el país.

El último pronóstico del Fondo, correspondiente a enero, apunta a un crecimiento del PIB del 0,6% para este año (y del 0,8% para 2015), mientras que la Comisión Europea calculó en febrero un avance del 1% (del 1,7% en 2015), la misma tasa que el Gobierno, mientras que el Banco de España lo eleva al 1,2% (también 1,7% en 2015).

El gran problema es que es tanto el volumen de empleo destruido a lo largo de estos más de cinco años de crisis, que esta velocidad de crucero se antoja muy lenta para crear puestos de trabajo. Y una losa de deuda pública cercana al 100% del PIB tampoco pone las cosas fáciles. El servicio de estudios del BBVA, por ejemplo, tiene un cálculo poco alentador: será necesario hasta 2025 para recuperar el nivel de empleo previo al desastre con una proyección de un crecimiento del PIB del 2,5% y un aumento de la productividad por ocupado del 0,6%.

También esto ha preocupado al Fondo, que fue uno de los primeros defensores en pedir más tiempo para que España ajustase sus cuentas públicas de forma que no lastrara tanto su actividad económica, sin desatender el avance en las reformas.

Un examen de Bruselas y el BCE posterior al cierre del rescate a la banca insiste en acelerar esas reformas: “Algunas medidas han sufrido retrasos, como la liberalización de los servicios profesionales, que podría ser finalmente menos ambiciosa de lo previsto”. Además, asegura que todavía hay cosas que hacer en el mercado laboral, en línea con el FMI.

Fuente: El País.

Draghi trata de ahuyentar el fantasma de la deflación en Europa

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  • El BCE se mantiene inmóvil, pero anuncia medidas excepcionales si los precios no crecen
  • Los mercados confían en su discurso y el Ibex toca su máximo en tres años

Luis Doncel Berlín 3 ABR 2014 - 22:30 CET


No es ningún secreto que Mario Draghi sabe jugar con las palabras. Su discurso de julio de 2012 —aquella archirrepetida coletilla de “haré todo lo necesario. Y, créanme, será suficiente”— logró aplacar la crisis del euro que en ese momento parecía invencible. Este jueves volvió a intentar algo parecido. Y, aunque está por ver que en esta ocasión le vaya a funcionar tan bien, las primeras reacciones fueron positivas.

El presidente del Banco Central Europeo (BCE) compareció ante la prensa tras haber recibido en los últimos días una presión colosal para que adopte medidas que atajen la deriva deflacionista de la economía europea —sobre todo la del sur—. A las peticiones de nombres tan sonoros como los de Olli Rehn, Joaquín Almunia, Jeroen Dijsselbloem o Luis de Guindos se unió el miércoles el de Christine Lagarde. “Es necesaria una flexibilización adicional de la política monetaria en la eurozona”, había dicho el día anterior la jefa del FMI.

¿Cómo reaccionó Draghi a estas nada disimuladas presiones? No haciendo nada. O, más exactamente, no haciendo nada y anunciando que en el futuro, si la evolución de los precios se sigue alejando del objetivo de inflación del 2%, el Eurobanco pondrá en marcha esas medidas nada ortodoxas que le reclaman desde Washington hasta Madrid pasando por Bruselas, pero no en Berlín. “El Consejo de Gobierno [del BCE] se ha comprometido por unanimidad a usar instrumentos no convencionales dentro de su mandato para hacer frente a los riesgos de un periodo demasiado prolongado de baja inflación”, aseguró el italiano. Ni bajadas de tipos sobre el nivel actual del 0,25%, ni programas de compra de deuda inminentes, ni tasas negativas a los depósitos de los bancos para incentivarles a conceder créditos. Nada. Tan solo el anuncio de la posibilidad de futuras medidas. Aparecía en escena otra vez el mago de las palabras.

El discurso surtió efecto. Casi todas las Bolsas europeas —excepto Londres— celebraron la comparecencia con alzas importantes. La mayor fue la de Madrid, que arrastrada por los bancos subió un 1,4% hasta rozar los 10.600 puntos, un nivel récord desde mayo de 2011.

La palabra clave que empleó Draghi —y que repitió en varias ocasiones, para que quedara clara— fue la de “unanimidad”. No lo mencionó en ningún momento, pero era evidente que con ella se refería a Alemania, que asume que la eurozona se enfrenta a un largo periodo de inflación baja (ahora en el 0,5%), y que acepta que quizás no haya otra alternativa que emular a los bancos centrales de Estados Unidos o Japón y lanzarse a la compra de bonos públicos o títulos de deuda privada. Sobre este cambio en Berlín ya dio alguna pista la semana pasada el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, pero este jueves quedó negro sobre blanco en la reunión del máximo órgano del Eurobanco. Draghi dijo que este jueves fue la primera vez que el Consejo de Gobierno abordó este asunto de forma oficial.

“Me parece un anuncio decepcionante. Los miembros del BCE deben de llevar meses discutiendo sobre la compra de bonos. Es bueno que por fin lo pongan explícitamente sobre la mesa. Pero me temo que llega un poco tarde”, resume Gregory Claeys, especialista en política monetaria del think-tank Bruegel.

Que finalmente el BCE se adentre en territorio desconocido para luchar contra el fantasma de la deflación —o al menos de la inflación demasiada baja— dependerá de la evolución de los precios en los próximos meses. Los datos de marzo sorprendieron por ser más bajos de lo esperado, lo que dio esperanzas a aquellos que creen que el Eurobanco debe ser mucho más radical para fomentar el crecimiento de lo que ha sido hasta ahora.

Pero si toda la zona euro lleva ya demasiado tiempo con precios que no crecen lo suficiente, la situación es especialmente preocupante en países como España, Portugal, Chipre, Grecia o Eslovaquia. Todos ellos, con tasas de variación de precios negativas, coquetean con un terreno tan pantanoso como el de la deflación, del que Japón ha tratado de escapar durante dos décadas. “Para España, con una recuperación todavía incipiente, es muy importante que se pueda actuar cuanto antes para impulsar el nivel de precios”, asegura Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Bangor University. Los países fuertemente endeudados necesitan que los precios no se estanquen para ir reduciendo el peso de deuda. “Si esto no ocurre, por mucho que se logre reducir la prima de riesgo, la economía seguirá soportando una carga importante”, añade Carbó.

Pase lo que pase, Europa tendrá que acostumbrarse a un largo periodo de precios bajos. Draghi aplazó este jueves hasta finales de 2016 el momento en el que la inflación se acercará a ese 2% que ahora parece tan lejano. Ese sería el escenario favorable en el que el BCE no se vería obligado a intervenir. Mientras tanto, el hombre que dirige la política monetaria de los 18 países que comparten moneda no hará nada más que lo que lleva meses haciendo. Esperar y ver.

Fuente: El País.

El FMI decreta el inicio de las vacas gordas

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La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, durante su intervención en el  Club Nacional de la Prensa en Washington.
La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, durante su intervención en el Club Nacional de la Prensa en Washington.REUTERS

  • Lagarde espera "siete años de crecimiento" a partir de 2014, aunque alerta  que "el crecimiento mundial aún está atascado a baja velocidad"

AGENCIAS Washington 15/01/2014 20:27 Actualizado: 15/01/2014 21:34


"La crisis aún perdura. Aun así, el optimismo está en el aire: la profunda helada ha quedado atrás y el horizonte es más brillante. Mi gran esperanza es que 2104 resulte trascendental de otra forma, el año en que siete años débiles, económicamente hablando, se conviertan en siete años fuertes". Recurriendo al símil bíblico de una época de vacas gordas tras las vacas flacas, la directora gerente del FMI, la francesa Chritine Lagarde, da el banderazo de salida a una nueva etapa de crecimiento de la economía global.

Para ello, no obstante, la directora del FMI considera en que el crecimiento no ocurrirá por si solo, y ha advertido de que superar la crisis requiere todavía un esfuerzo político sostenido y sustancial, una coordinación y una combinación adecuada de políticas.

En una intervención en el Club Nacional de la Prensa en Washington, Lagarde (según el texto distribuido por el FMI previamente) señala que el impulso económico se fortaleció en la segunda mitad de 2013 y que debería volver a fortalecerse en 2014, debido principalmente a las mejoras en las economías avanzadas. Aun así, advierte de que el crecimiento global que "el crecimiento mundial aún está atascado a baja velocidad" y "sigue por debajo de su potencial, que consideramos se encuentra alrededor del 4%".

Por ello, la jefa del FMI apunta que incluso para las economías avanzadas la perspectiva está aún sujeta a "significativos riesgos", como el de la deflación, que podría ser desastroso para la recuperación. "Si la inflación es el genio, la deflación es el ogro contra el que tenemos que luchar con decisión", añade.

Respecto a la eurozona, destaca que, aunque está abandonando la recesión el crecimiento es "desequilibrado" y el desempleo es "preocupantemente alto". "Algunos países los están haciendo bien, pero otros se ven afectados todavía por una elevada deuda y limitaciones en el crédito", incide. En este contexto, ve necesario acelerar las reformas para impulsar el mercado laboral y mejorar y mejorar la competitividad, así como que el Banco Central Europeo (BCE) adopte más medidas, como un préstamo con objetivos concretos que ayude a reducir la fragmentación financiera.

Sobre las economías emergentes, que han sido las locomotoras del crecimiento durante la crisis, Lagarde apunta que "un número creciente de ellas están ralentizándose a medida que el ciclo económico cambia" y deben prepararse para la volatilidad financiera a medida que avanza la retirada del estímulo monetario en EEUU.

El Fondo Monetario Internacional presentará la actualización de su informe de Perspectivas Económicas Mundiales el próximo martes, en el que se espera una leve revisión al alza del crecimiento calculado en octubre que era de 2,9% para 2013 y de 3,6% para 2014.

Fuente: Público.

La UE ultima un pacto sobre la liquidación de bancos con problemas que responde a exigencias de Berlín

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  •  El fondo único para financiar quiebras sólo se creará tras un periodo de transición de once años y sólo cubrirá directamente a los 130 mayores bancos de la eurozona.


EUROPA PRESS Bruselas 10/12/2013 23:37


Los ministros de Economía de los Veintiocho ultiman un acuerdo para crear un mecanismo único de liquidación de bancos con problemas que diluye la propuesta inicial de la Comisión y responde a todas las exigencias que plantea Alemania, que no quiere pagar por las entidades de otros países. El principio de acuerdo está recogido en un documento de compromiso elaborado por la presidencia lituana, que ha sido debatido por los ministros en las últimas horas y ha sido objeto de consenso en algunos puntos y de amplio acuerdo en el resto, según han informado fuentes europeas. Pero el pacto final no se cerrará este martes sino que se aplaza a un Ecofin la semana que viene, porque falta definir los textos jurídicos.

Según este compromiso, la última palabra para decidir el cierre de una entidad la tendrán los Gobiernos y no la Comisión, tal y como quería Berlín. Y el fondo único para financiar quiebras, alimentado por la banca, sólo se creará tras un periodo de transición de 11 años, durante el cual cada país deberá pagar por los problemas de su sistema financiero. Además, la creación del fondo único de resolución deberá definirse en un tratado intergubernamental.

El nuevo mecanismo de resolución, que empezará a funcionar en 2015, cubrirá directamente sólo a los 130 mayores bancos de la eurozona supervisados por el banco central europeo y no a todos como proponía Bruselas. Las autoridades nacionales de resolución serán responsables de planificar la resolución y la supervisión de los bancos más pequeños, como quiere Berlín, que quiere dejar fuera a sus cajas de ahorro.

Finalmente, se adelanta de 2018 a 2016 la entrada en vigor de las nuevas reglas que obligarán a accionistas, preferentistas y bonistas senior a asumir pérdidas en caso de rescate bancario. El mecanismo único de resolución es la segunda pieza de la unión bancaria, cuyo objetivo consiste en acabar con la fragmentación del crédito en la eurozona y romper el circulo vicioso entre deuda bancaria y deuda soberana. También pretende que en futuro sean los bancos y no los contribuyentes los que paguen las quiebras.

Fuente: Público.

La UE retrasa a 2026 la creación de una auténtica Unión Bancaria

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El ministro de Economía, Luis de Guindos, junto al ministro alemán...
El ministro de Economía, Luis de Guindos, junto al ministro alemán de finanzas Wolfgan Schaeuble Afp


  • En el periodo transitorio de 10 años, cada país pagará sus propias reestructuraciones.
  • Decidirá sobre el destino de los 130 mayores bancos de la zona euro.
  • El Econofin acuerda la Autoridad única y el fondo que pagará los costes asociados.
JAVIER G. GALLEGO Corresponsal Bruselas

Los ministros de Finanzas de la UE han conseguido acercar posturas sobre los principales puntos sobre los que se levantará el Mecanismo Único de Resolución, el nuevo organismo de la Unión Bancaria que se encargará de reestructurar y liquidar bancos en problemas. No puede decirse que haya un acuerdo, ya que tendrá que haber una nueva reunión el próximo 18 de diciembre, pero sí que hay un texto de compromiso que casi todos los Estados miembros aceptan, especialmente Alemania, que ha logrado imponer todas las condiciones que exigía.

La autoridad encargada de decidir cuándo y cómo se reestructura un banco estará compuesta por un Consejo Ejecutivo en el que participarán los Estados miembros y donde la Comisión Europea sólo tendrá un papel de observador. Bruselas sólo podrá presentar objeciones a posteriori y, llegado ese caso, será el Consejo de la UE (de nuevo los estados miembros) los que tengan la última palabra.

Esta autoridad de resolución a nivel europeo decidirá sobre el destino de los 130 mayores bancos de la eurozona, aquellos que estarán bajo la supervisión directa del Supervisor Bancario Único (el BCE). El texto señala que las autoridades de resolución nacionales (lo que en España sería el Frob) serán responsables de las decisiones que afecten a los bancos más pequeños. Otro tanto para Alemania, que consigue que queden en sus manos la decisión sobre sus cajas de ahorros.

Este principio de acuerdo, que ha logrado "consenso en varios puntos y amplia mayoría en el resto", según fuentes del Consejo Europeo, empezó a gestarse en la reunión del viernes pasado en Berlín. Según el ministro español, Luis de Guindos, hay un "acuerdo total" entre cinco países que se interpreta que son lo que participaron en aquella reunión: Alemania, Francia, España, Italia y Holanda.

Alemania pospone el fondo único europeo
El texto resuelve otro de los principales puntos de enfrentamiento entre los Estados miembros durante los últimos meses: el de la creación de un Fondo de Resolución que estará dotado con aportaciones de los bancos y que serviría para costear las reestructuraciones futuras de los bancos. El principio de acuerdo alcanzado anoche pospone a 2026 la creación de una auténtica hucha común entre todos los países que formarán la Unión Bancaria.

De momento, desde la entrada en vigor de este Mecanismo Único de Resolución, prevista para 2016, habrá un periodo transitorio de 10 años en el que cada país tendrá su propio fondo y pagará sus propias reestructuraciones. Es lo que pedían Alemania y Holanda: compartimentos estancos entre los que irá habiendo una progresiva mutualización año a año hasta llegar al décimo, cuando deberá entrar en funcionamiento el único fondo común para todos.

A modo de ejemplo, si un banco español necesitara dinero para su reestructuración o liquidación se deberá recurrir al 100% del fondo del país afectado y sólo un 10% del resto de fondos nacionales. Este mismo caso en el año siguiente sería con una proporción del 90% / 20%; el tercer año, del 80% / 30% y así sucesivamente. "Es un tema extremadamente complicado, desde el punto de vista técnico", ha reconocido Luis de Guindos, que ha insistido en que "la resolución es mucho más complicada que la supervisión bancaria".

En este periodo transitorio y hasta que los bancos concluyan sus aportaciones a cada fondo nacional serán los Tesoros de cada país los que respondan en última instancia en caso de que sea necesario utilizar dinero.

Fuente: El Mundo.

Barroso advierte que el mayor riesgo de Europa ya no es económico sino político

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'La recuperación está cerca', apunta el presidente de la Comisión Europea

Javier G. Gallego (Enviado especial) | Estrasburgo

El discurso europeo ha cambiado radicalmente en el último año. Si antes el mayor desafío era evitar una fractura de la zona euro, hoy los líderes europeos empiezan a hablar de recuperación económica y de los primeros resultados que están dando las políticas aplicadas desde que comenzó la crisis.

Ésa es la gran baza que jugará la clase política europea de cara a las elecciones europeas del próximo año. Y un buen termómetro para medir ese cambio de tono es el debate sobre el estado de la Unión, donde el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, ha sacado pecho de las medidas que ha adoptado hasta ahora la UE para poner fin a la crisis: "La recuperación en Europa está cerca", ha vaticinado el jefe del Ejecutivo comunitario, quien ha puesto como ejemplo a España y las "grandes reformas" que se han llevado a cabo y que han conseguido disparar el volumen de las exportaciones hasta su nivel más alto desde que se introdujo el euro.

Superada ya la peor parte de la crisis, Barroso ha recordado que en medio de esta "frágil recuperación" el mayor riesgo que existe en Europa es de carácter político. "En los últimos años hemos visto que las grandes reformas siempre han castigado a los Gobiernos", ha dicho a modo de recordatorio de lo que puede ser el resultado de las próximas elecciones europeas. Por eso ha expresado su rechazo a las "alternativas extremistas y populistas" que han culpado a Europa de todos los problemas.

En un tono más optimista que en otras ocasiones, Barroso ha destacado que "los esfuerzos están empezando a convencer y los países más afectados por la crisis están empezando a obtener resultados". "Este año en el G-20 los europeos no hemos recibido ningún consejo sobre cómo gestionar la crisis y hemos recibido alabanzas por la resistencia de la Unión".

A pesar de estos avances, el político portugués ha reconocido que el crédito sigue sin fluir en Europa y que el desempleo, con más de 26 millones de parados en la UE, sigue en tasas "insostenibles e inaceptables". "Europa no puede liderar una recuperación sin que se creen puestos de trabajo", ha concedido Barroso, para quien la primera urgencia que tiene la UE es completar la Unión Bancaria y llevar a cabo una valoración de activos de la banca para sanear definitivamente el sistema financiero europeo.

Una respuesta contundente en Siria

De forma muy superficial, Barroso ha reclamado a la comunidad internacional que dé una "respuesta contundente" ante el uso de armas químicas en Siria. "La comunidad internacional debe asumir la responsabilidad y poner fin al conflicto", ha pedido el presidente de la Comisión tras recordar que la UE ha movilizado 1.500 millones de euros para ayudar a los refugiados.

Posiblemente es la política exterior donde la Unión Europea menos puede presumir de ser una unión. El conflicto en Siria ha evidenciado la falta de consenso y la imposibilidad de que la UE mantenga una única voz sobre cómo resolver el conflicto. Ante esta evidencia, Barroso se ha posicionado sutilmente admitiendo que "la propuesta de desmantelar el arsenal químico es positiva" y recordando que "únicamente es posible una solución política para conseguir una paz duradera".

Fuente: El País.

Alemania y Francia empujan a la zona euro fuera de la recesión

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  • El PIB francés avanzó un inesperado 0,5% el segundo trimestre gracias al tirón del consumo
  • Alemania vuelve a encabezar el crecimiento europeo, con un incremento del 0,7%

Alejandro Bolaños / Agencias Madrid 14 AGO 2013 - 08:24 CET

El eje francoalemán ha vuelto a ser el corazón del crecimiento europeo. Los expertos daban por hecho que la zona euro salió de la recesión en el segundo trimestre, tras año y medio en retroceso, pero no esperaban un repunte del PIB trimestral tan intenso como el que anticipan las estimaciones de los institutos de estadística de las dos grandes economías de la zona euro.

Según revelaron a primera hora del miércoles, el PIB francés creció un 0,5% entre abril y junio, lo que ha sido celebrado por el ministro de Economía, Pierre Moscovici, como una “nueva señal de recuperación”. Por su parte, la economía alemana avanzó un 0,7% en el mismo periodo, también más de lo que esperaban sus autoridades.

La salida oficial de la recesión, la segunda desde que estalló la crisis financiera en 2008, será ratificada este miércoles por los datos de la agencia estadística de Bruselas, Eurostat. Pero ya hay estimaciones oficiales de los cuatro grandes de la zona euro. Si Alemania y Francia registran un crecimiento trimestral superior a lo previsto, los datos de Italia y España, mucho más golpeadas por la crisis financiera, anticipan una pronta recuperación. El PIB italiano retrocedió un 0,2% en el segundo trimestre, la caída más suave desde 2011, mientras que la economía española apenas bajó un 0,1%.

Los expertos consultados por grandes agencias de información financiera, como Bloomberg, anticipaban un avance trimestral del PIB de la zona euro del 0,2%, una previsión que también puede verse rebasada a la vista de los datos de las dos grandes economías europeas. En Alemania, además de la habitual aportación positiva de la balanza comercial, destacaron la aportación del consumo final por parte de los hogares y del Gobierno. Además, también una notable recuperación de la inversión, tras un primer trimestre condicionado por un invierno muy frío que retrasó todo tipo de obras.

La demanda interna también tuvo un papel destacado en el sorprendente resultado de la economía francesa, que duplica las previsiones del propio instituto de estadística. El consumo de los hogares, la fuerza motriz de la economía francesa, avanzó un 0,4%, cuando en el arranque del año retrocedió un 0,1%. Los datos desafían las últimas previsiones de los bancos centrales de Francia y Alemania, que acaban de rebajar su pronóstico para lo que queda de año.
 
Fuente: El País. 

El BCE empeora las perspectivas de crecimiento y paro de la eurozona

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http://www.europapress.es/economia/noticia-bce-empeora-perspectivas-crecimiento-paro-eurozona-20130808113040.html

FRANCFORT (ALEMANIA), 8 Ago. (EUROPA PRESS)

La recuperación de la economía de la zona euro será menos vigorosa de lo previsto en lo que resta de 2013, según refleja la última encuesta elaborada por el Banco Central Europeo (BCE) entre expertos en previsión económica, que pronostican una contracción del PIB de la región del 0,6% este año, dos décimas peor que su anterior previsión de mayo, mientras advierten de que el desempleo subirá en 2014 más de lo esperado, hasta el 12,4%.

Asimismo, de cara al próximo año los panelistas del BCE también son menos optimistas y rebajan al 0,9% sus proyecciones de crecimiento para la zona euro, frente al 1% previsto anteriormente, mientras que para 2015 esperan un repunte del 1,5%, frente al 1,6% esperado en mayo.

De este modo, las previsiones de los expertos consultados por el BCE se alinean con las publicadas en junio por los propios analistas del banco central, que auguran una recesión del 0,6% este año, aunque en 2014 esperan una expansión del 1,1%.

Según los encuestados, el principal factor que explica esta rebaja de las perspectivas de crecimiento de la eurozona es la mayor debilidad de la demanda durante el arranque de 2013, así como los decepcionantes datos procedentes de países emergentes como China o Brasil, que sugieren una menor contribución a corto plazo al crecimiento comercial.

Asimismo, las revisiones a la baja para 2014 y 2015 también se justifican por la expectativa de una menor pujanza de lo esperado de la demanda doméstica en la zona euro.

MÁS PARO EN 2014.
Respecto a la evolución del mercado laboral, los expertos consultados por el BCE pronostican una tasa de paro al cierre de 2013 del 12,3%, en línea con lo indicado en mayo, aunque para el próximo año, a pesar del esperado repunte de la economía, el desempleo escalaría al 12,4%, dos décimas por encima de lo anticipado en la anterior encuesta.

De esta manera, las nuevas previsiones del panel de expertos contemplan una tasa de paro del 11,8% en 2015, frente al 11,6% previsto en mayo, y una tasa del 9,7% a largo plazo, una décima peor de lo previsto anteriormente.

A este respecto, los analistas consultados señalaron que, aparte de las peores expectativas de la economía, la desconfianza económica implica el aplazamiento de las contrataciones, así como la lentitud con la que dan fruto las reformas laborales en los países en crisis.

El BCE elaboró esta encuesta entre expertos en previsión económica ajenos a la institución entre los días 16 y 19 del pasado mes de julio.

Fuente: Europapress.