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Bruselas pide expulsar a más de un millón de migrantes ‘sin papeles’

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Concentración celebrada en Madrid a finales de febrero a favor de refugiados y migrantes. Luca Piergiovanni EFE

  • La Comisión recomienda detener más tiempo a los extranjeros que obstaculicen su expulsión o planeen fugarse.

La Comisión Europea insta a los Estados miembros a expulsar a un volumen ingente de migrantes irregulares. Bruselas calcula que hay en la UE aproximadamente un millón de personas que deberían ser devueltas a sus países de origen, según el plan para acelerar retornos de extranjeros presentado este jueves. El comisario europeo de Migración, Dimitris Avramopoulos, ha pedido que se aplique la principal recomendación que contiene esta iniciativa para elevar las tasas de expulsión: ampliar los periodos de detención de los migrantes irregulares. “En algunos países, los periodos legales [de internamiento] son muy inferiores a los que permite la directiva europea. No bastan para completar los procesos de readmisión de esos migrantes”, ha argumentado el comisario.

La recomendación a los Estados miembros, adelantada el miércoles por EL PAÍS, se basa en unos cálculos que sitúan el número de potenciales candidatos a la expulsión por encima del millón de personas. Así figura en el plan de acción para acelerar esos retornos. Aunque fuentes comunitarias advierten de que se trata de una estimación, no de un número preciso, el documento aporta datos que sugieren que el volumen podría ser superior. Solo en los dos últimos años, la UE ha recibido 2,6 millones de solicitudes de asilo. Teniendo en cuenta que la tasa de reconocimiento de esas demandas ronda el 57%, todo el resto se sitúa en el ámbito de quienes Bruselas considera que deben ser deportados (aproximadamente 1,1 millones). La estimación no incluye a aquellos que acceden irregularmente a la UE pero que optan por no pedir asilo. Con las reglas europeas, todos ellos deben recibir también una orden de expulsión.

Bruselas trata de intensificar esta dinámica de deportaciones al tiempo que incide en la necesidad de proteger a los demandantes de asilo (aquellos que huyen de guerras o de persecución). “Los retornos son parte de las políticas migratorias y no se aplican con la efectividad que deberían”, argumentan esas fuentes oficiales. En la actualidad, la UE logra deportar a un 36% de los migrantes con órdenes de expulsión, según datos de Eurostat, la oficina estadística comunitaria. Esa cifra, relativa a 2015, representa incluso un mínimo descenso respecto a la de 2014. Y el dato se queda en un 27% si se excluyen las expulsiones a los países de los Balcanes, con los que la UE tiene firmados acuerdos de readmisión que facilitan el proceso.
Más internamientos

La Comisión atribuye en parte esos porcentajes al escaso uso que —en su opinión— hacen los Estados miembros de la posibilidad de retener a los migrantes que obstaculizan sus procesos de expulsión o que planean fugarse. Bruselas asegura que ningún país contempla en sus legislaciones los tiempos máximos permitidos por la directiva europea de retorno (seis meses de retención inicial, ampliables a un máximo de 18 meses en casos extremos). Pese a lanzar esos reproches genéricos, la Comisión rehúsa detallar los límites legales que tiene fijados cada país. En España y en Francia son 60 días.

Ante el carácter altamente inflamable que ha adquirido el debate migratorio, el Ejecutivo comunitario opta por potenciar la expulsión de extranjeros sin derecho a asilo, una de las herramientas más celebradas por las formaciones eurófobas. Bruselas entiende que expulsar a quienes no requieren protección internacional permite dedicar todos los recursos a acoger e integrar a aquellos que han llegado a Europa por guerras o persecuciones.

Las líneas esbozadas por la Comisión no requieren ningún cambio legislativo. Se trata de recomendaciones a los Estados miembros para que eleven el número de retornos en un momento de fuerte presión de llegadas al continente. Para apoyar esa labor, el Ejecutivo comunitario desembolsará este año 200 millones de euros adicionales.

Pese a todo, el principal obstáculo para el retorno de quienes no logran el estatus de asilado reside en la falta de acuerdos con sus países de origen. Bruselas tienen firmados 17 acuerdos de readmisión, pero en algunos casos no se aplican plenamente, según reconoce el plan de acción. La Comisión trabaja en la firma de otros pactos de este tipo que faciliten las expulsiones. Hay uno prácticamente finalizado con Bielorrusia y otro muy avanzado con Nigeria.

FUENTE: Lucía Abellán. El País.

Caos e improvisación en Grecia en el primer día del acuerdo migratorio UE-Turquía

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Un grupo de voluntarios ayuda a una embarcación neumática a llegar a la isla griega de Lesbos. Petros Giannakouris AP / ATLAS

  • Las autoridades griegas trasladan a puertos continentales a refugiados llegados antes del acuerdo

María Antonia Sánchez-Vallejo. Lesbos 20 MAR 2016 - 21:22 CET

Las autoridades griegas se han rendido a la evidencia de que el pacto migratorio UE-Turquía no puede aplicarse en 24 horas, por eso la improvisación y un cierto caos presidieron las primeras horas de vigencia del acuerdo, marcadas por la llegada de nuevos refugiados y por la evacuación al continente de la mayor parte de los presentes en las islas, para dejar espacio a los recién llegados. Pese a los controles de Frontex y la guardia costera griega, y la propia entrada en vigor del acuerdo, más de 870 refugiados han logrado este domingo burlar la vigilancia en el Egeo. Dos niñas murieron ahogadas en Rodas y dos hombres fallecieron al llegar su lancha a Lesbos.

Aunque el primer ministro, Alexis Tsipras, dijo a su gabinete este fin de semana que el país está preparado para devolver desde el primer día a Turquía a los “migrantes irregulares” —así les llama el acuerdo, no hay mención genérica a “refugiados”—, fuentes gubernamentales mostraban en privado su escepticismo. Las principales dudas aludían al modo de devolución de los extranjeros, la propia interpretación de la categoría “migrante irregular” y la diferenciación de los sirios del resto de extranjeros, como figura explícitamente en el documento firmado el viernes en Bruselas. Se espera que las devoluciones, una tarea en la que colaborarán ocho barcos de Frontex (la agencia europea de control de fronteras) con capacidad para 300-400 personas cada uno, empiecen el próximo 4 de abril. “Un plan como este no puede ponerse en marcha en 24 horas, aunque cumpliremos todo lo prometido”, subrayó el portavoz la política migratoria del Ejecutivo, Yorgos Kyritsis. 

A las dudas que suscita el acuerdo se añade una gran incógnita: qué va a ser de los más de 48.000 refugiados e inmigrantes que se encontraban atrapados en Grecia por el cierre de las fronteras balcánicas, aunque teóricamente sobre ellos no pende la amenaza de expulsión. La mayor parte de los que se estaban en las islas han sido evacuados al continente (a los puertos de Kavala, en el norte, Volos o Elefsina, cerca de Atenas) durante el fin de semana; sólo quedarían ahora en las islas unos 3.000 de un total de 8.000. Ninguno viaja al Pireo, para no incrementar la presión sobre una población flotante que llega a las 4.500 personas en cuatro precarias instalaciones portuarias. Una vez en el continente, el plan es reubicarlos en alguno de campamentos habilitados a marchas forzadas por el Ejército. Las fuerzas armadas gestionan actualmente centros en 11 regiones del país, con 15.986 plazas. Las ONG se encargan de atender a otras 30.000 personas.

En Lesbos, principal puerta de entrada a Grecia, aguardan con ansiedad el personal extra prometido por Bruselas (unos 4.000 expertos según fuentes europeas; 2.300 según el primer ministro Tsipras). “El acuerdo entra en vigor hoy, pero no podemos hacerlo nosotros solos, ni sabemos cómo aplicarlo en la práctica. Esperamos cuanto antes al personal prometido para gestionar rápida y eficazmente las peticiones de asilo; para eso hacen falta traductores, abogados y policías”, señalaba este domingo una fuente policial en Mytilini, la capital de la isla. Dos trabajadores locales de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, admitían la desorganización “y el cambio de planes e instrucciones cada segundo, de manera que nadie sabe qué tiene que hacer exactamente”.

Durante la madrugada y las primeras horas de la mañana llegaron a esta isla, situada a una decena de kilómetros de Turquía, una docena de lanchas, con alrededor de medio centenar de personas cada una; un total de 600 personas —875 en todas las islas del Egeo—, incluidas las llegadas de la víspera. Ante la isla de Rodas, la guardia costera griega halló flotando los cuerpos sin vida de dos niñas, de uno y dos años de edad, las primeras víctimas mortales tras la entrada en vigor del acuerdo. En uno de los botes de goma que llegó a Lesbos viajaban dos hombres que fueron declarados muertos al poco de llegar.

Mientras los dos campamentos de la isla eran evacuados de la mayoría de sus residentes, simultáneamente, como en un trasvase recíproco, los recién llegados a la isla —abundaban las familias y los afganos— eran trasladados a uno de ellos, el de Moria, donde fueron registrados y, eventualmente, solicitarán asilo mientras aguardan a ser expulsados. Vaciar las islas del Egeo, principal puerta de entrada en Grecia (y la UE) para refugiados y migrantes, parecía ser la condición previa a la aplicación del acuerdo, aunque su ejecución dejara que desear. “Sólo sé que no sabemos nada”, explicaba Alkistis Mardis, de Acnur, en el puerto de Mytilini. “Estamos haciendo un seguimiento del traslado [de los refugiados] del campamento al barco por si sucede algo, nada más”. Algunas ONG denunciaron la presencia de personal de Acnur —también había otros trabajadores humanitarios y voluntarios— en la evacuación al continente, que calificaron de “deportación”.

FUENTE:
El País. 

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La UE cambia el sistema de reparto de asilados para propiciar hoy un acuerdo

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Un grupo de migrantes llega al puesto fronterizo entre Croacia y Hungría. / Jeff J Mitchell (Getty Images)


  • Los ministros debaten este martes un nuevo esquema para reubicar a 120.000 refugiados

Lucía Abellán Bruselas 22 SEP 2015 - 07:17 CEST

La UE ha reformulado el sistema de reparto de refugiados para evitar un nuevo fracaso en la principal herramienta que ha ideado con intención de aliviar la crisis migratoria. Los Estados discuten una nueva propuesta, que excluye a Hungría (por voluntad propia) del grupo de países desde los que se envían refugiados hacia otros territorios menos afectados. Se mantiene, eso sí, la cifra de 120.000 demandantes de asilo que los Estados miembros deben reubicar en los próximos dos años para compartir la presión de los países más expuestos. El bloque del Este solo aceptará el esquema si queda claro que es voluntario.

La diplomacia europea explora los límites del lenguaje para lograr un acuerdo que evite la imagen de desunión en uno de los mayores desafíos que afronta la UE. Los ministros del Interior se reúnen este martes en Bruselas con la esperanza de cerrar el acuerdo que dejaron pendiente hace algo más de una semana: un mecanismo que permita redistribuir por el territorio comunitario a 120.000 personas llegadas en los últimos meses a los países con mayor número de entradas. La clave reside en formular un compromiso que tenga apariencia de voluntario —para que puedan firmarlo los países del Este, fieramente opuestos a un esquema obligatorio—, pero que vincule a todos.

Para propiciarlo, ha hecho falta cambiar un elemento clave de la propuesta de la Comisión Europea. Como receptora de buena parte de los demandantes de asilo que pisan suelo comunitario, Hungría figuraba como país que más refugiados enviaba al resto (54.000), pero rehúsa participar. El motivo es que, a cambio de aceptar ese alivio, Hungría debería comprometerse a registrar, bajo supervisión de expertos comunitarios, a todo migrante que entrase a su territorio. Y este país, el más hostil hacia los refugiados, defiende que no es su responsabilidad identificarlos pues provienen originariamente de Grecia. Las reglas de asilo obligan a registrar a los solicitantes en el primer país europeo que pisan. Aunque la norma ha quedado superada por la realidad, Budapest defiende su vigencia mientras exista ese marco. 

Reticencias en el Este

El nuevo reparto colocaría a Hungría como receptora de refugiados de otros territorios, lo que rebajaría mínimamente la cuota asignada a cada Estado. Así, a España le corresponderían 14.588 (frente a los 14.931 inicialmente previstos), según se desprende de un borrador de acuerdo al que ha tenido acceso EL PAÍS.

Para reubicar a esos 54.000 migrantes que ya no provendrán de Hungría, los Estados estudian crear una especie de reserva que puedan reclamar otros países “que se enfrenten a una situación de emergencia”. Por ejemplo, si Croacia recibe un volumen inusitado de refugiados, puede pedir reubicarlos a cuenta de esa cuota, aunque este país ya ha declarado su negativa a hacerlo por motivos similares a los de Hungría.

Respecto a la idea inicial de penalizar a los países que, por circunstancias excepcionales, no puedan asumir a los refugiados, los diplomáticos han decidido suavizar la propuesta y que simplemente se pueda aplazar unos meses la acogida de un 30% de los refugiados que correspondan.

Todas las opciones representan un remiendo al problema de fondo: la falta de un marco homogéneo de gestión del asilo en Europa. Los países miembros intentan borrar hoy la imagen de falta de solidaridad que ha emergido en esta crisis, pero está por ver que prospere. Los jefes de Estado y de Gobierno tratarán este miércoles más ampliamente las políticas migratorias.

Los seis países aún reticentes (Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Letonia) volvieron a reunirse este martes en Praga con el principal defensor de este acuerdo, Jean Asselborn, ministro de Exteriores de Luxemburgo, que asume la presidencia de turno de la UE. “Todos los participantes en la reunión se aferran a la idea de lograr una posición común”, resumió Lubomir Zaoralek, titular checo de Exteriores.

FUENTE: El País. 

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