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La Unión Europea salva la cara con pequeños estímulos

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  • Los Veintisiete tienen listas medidas contra el paro juvenil y para reabrir el grifo del crédito
  • Los socios llegan a un acuerdo político para desatascar los presupuestos

Claudi Pérez / Lucía Abellán Bruselas 28 JUN 2013 - 02:38 CET


El presidente francés François Hollande habla con los periodistas a su llegada a la Cumbre Europea el jueves en Bruselas / JULIEN WARNAND (EFE)

Seis años después del estallido de la crisis, 27 millones de europeos están en paro: un contingente que equivale a tener de brazos cruzados, sin posibilidad de trabajar, a toda la población de Bélgica, Austria, Dinamarca e Irlanda. Tras haberse tragado 1,6 billones de euros de dinero público, el sistema financiero sigue asfixiado y tampoco consigue hacer llegar el crédito a la economía real. La cumbre de la UE ha cerrado un acuerdo para dar una respuesta (parcial y relativamente modesta) a esos dos problemas. Los Veintisiete dieron luz verde a un par de pasos destinados a aliviar el peso de esa tasa de paro socialmente insoportable y a restañar las heridas que deja el agujero en el sistema circulatorio de la economía —la banca—, que anticipan aún más tiempos difíciles en Europa.

Los líderes cerraron un plan de choque contra el desempleo juvenil que movilizará 6.000 millones de euros en 2014 y 2015 y hasta 2.000 millones adicionales hasta 2020, procedentes de los fondos que no se gasten en ese periodo. En total, unos 8.000 millones —según los cálculos del Consejo— para combatir el paro. Además, pactaron un programa para desatascar los préstamos a las pymes, por importe de hasta 100.000 millones —con la habitual ingeniería financiera propia de estos tiempos— hasta 2020. No hay demasiado dinero fresco ni convicción en esos dos estímulos, que llegan con un año de retraso: la cumbre de junio de 2012 aprobó medidas muy similares que nunca vieron la luz. Pero al menos algo empieza a moverse en la Unión.

Europa sigue esperando a su Roosevelt (el presidente que sacó a EE UU de la Gran Depresión), pero la economía y la política tiran en direcciones distintas. Mientras la economía exige ambición para arreglar el edificio del euro y medidas a muy corto plazo para la reactivación, los socios europeos caracolean para acabar encontrando soluciones de compromiso, pero habitualmente faltas de ambición. Al menos, los líderes llegaron ayer a Bruselas con los deberes hechos: los ministros de Finanzas desbloquearon el acuerdo sobre quién debe pagar cuando se cierre un banco —algo fundamental en el camino hacia la unión bancaria—, y la Comisión, el Consejo y el Parlamento llegaron a un acuerdo político para desatascar los presupuestos para los próximos siete años, esencial para que las medidas contra el paro juvenil y a favor del crédito vayan más allá de las palabras.

El nuevo mantra en Europa se basa en seguir con la austeridad, pero sobre todo en activar reformas estructurales. El presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, advirtió de que la Unión “es consciente de la necesidad de estímulos a corto plazo, debido a que esas reformas tardan un tiempo en dar resultados”. Y sin embargo, los líderes son plenamente conscientes de que esas medidas no son de gran calado: no suponen un punto de inflexión. “No se trata de cifras realmente impresionantes”, resumió el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker. “Esas medidas no van a acabar con el paro. Ni con la fragmentación del mercado financiero, que hace que las pymes de la periferia paguen más por sus créditos que las del Norte. Pero van en la línea adecuada”, explicaron fuentes del Consejo Europeo.

El estado de ánimo del proyecto europeo se ha visto perfectamente retratado estos días: en vísperas de la cumbre, Berlín consiguió bloquear —incluso con malas artes, según fuentes diplomáticas— una normativa para reducir el nivel de contaminación de los coches contraria a los intereses de su industria. Esa es la eterna historia de esta crisis: en la cumbre de junio de 2012, Italia, España y Francia amenazaron con plantarse para conseguir un Pacto sobre el Crecimiento sospechosamente parecido al que se discutía ayer —un año después— en Bruselas. Berlín transigió, pero en la práctica ha bloqueado o rebajado una y otra vez esas y otras iniciativas. Alemania solo ha cambiado cuando las críticas a su abrumador liderazgo han subido de tono: Berlín busca tranquilidad hasta las elecciones de otoño.

El reloj se ha parado en Europa, pese a que la canciller Merkel negó anoche que los socios “hayan cambiado una sola decisión en función de las elecciones”. La realidad contradice esa versión. Al margen de las medidas sobre el paro y el crédito, los socios se han embarcado en una aventura mayor: la unión bancaria. La semana pasada, aprobaron la recapitalización directa de entidades financieras; ayer acordaron las reglas para cerrar bancos. Ambos pasos están plagados de tecnicismos, de matices, pero el resumen que hacen los expertos es sencillo: la solución alcanzada es siempre muy del gusto de Alemania, y muy inferior a las expectativas. En junio de 2012, los líderes se conjuraron para romper el vínculo entre la crisis financiera y la crisis de deuda soberana. El dictado de Berlín ha llevado a rebajar esa ambición: ahora basta con “diluir”, con “debilitar” esos lazos. Una alta fuente europea asegura que esa rebaja puede traer problemas si la tormenta que parece estar formándose en los mercados vuelve a acercarse a las costas europeas. Si ese vaticinio se cumple, la recuperación de Europa será lo que viene siendo desde hace año y medio: un espejismo fugitivo.

Fuente: El País.

El Gobierno aprobará hoy las cuentas más austeras bajo la amenaza de un segundo rescate

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El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y el de Economía, Luis de Guindos. | B. Díaz 
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y el de Economía, Luis de Guindos. | B. Díaz
  • Los Presupuestos parten de un techo de gasto de 126.792 millones.
  • Contemplarán una reducción del gasto en ministerios del 12,2% en 2013.
  • Los recortes oscilaran entre un 4% en Justicia y un 30% en Agricultura.
  • También incluirán un recorte del 4% en gasto de personal por ministerio.
  • El Ejecutivo anunciará nuevos tributos, como los impuestos verdes.
Europa Press | Madrid
El Gobierno aprobará este jueves en una reunión extraordinaria del Consejo de Ministros las cuentas más austeras de la democracia, bajo la mirada atenta de Bruselas y la amenaza de un segundo rescate de la economía española.

Estas son los segundos Presupuestos Generales del Estado que presenta el Gobierno de Mariano Rajoy desde que llegó al poder en noviembre de 2011, después de elaborar con urgencia un Presupuesto para sustituir al prorrogado por el Gobierno socialista cuando convocó elecciones anticipadas.

Rajoy dijo entonces que presentaba el Presupuesto más austero de la democracia, pero la petición de rescate a Europa para sanear la banca y la posibilidad de que España pida una segunda ayuda para aliviar la presión sobre la deuda han precipitado la situación y le han llevado a realizar recortes cada vez más duros.

De hecho, las cuentas de 2012 presentaban un ajuste de 27.300 millones, aunque pocos meses después de aprobarlas y tras pedir el primer rescate, fue el propio Rajoy el que reconoció en el Congreso que había que realizar un ajuste adicional de 65.000 millones en los próximos dos años para cumplir las exigencias de Bruselas.

Así, tras la subida de IVA, la mayor de la historia, la eliminación de la paga extra a los funcionarios y el recorte de la prestación por desempleo aprobadas en julio, el Gobierno da ahora luz verde a ahora un Presupuesto duro con el que pretende reducir el déficit desde el 6,3% que espera lograr en 2012 al 4,5%.

El Presupuesto de 2013 parte de un techo de gasto de 126.792 millones, un 9,2% más que en 2012, aunque al excluir los gastos en intereses de deuda (9.114 millones) y la mayor aportación a la Seguridad Social (6.683 millones) el límite de gasto no financiero del Estado queda en 73.255 millones.

Esta última cifra dibuja el margen real de maniobra del Gobierno central para desarrollar sus políticas y obligará a plantear una reducción del gasto de los ministerios del 12,2% en 2013, hasta los 31.057 millones de euros, lo que en términos absolutos supone un ahorro de 4.335 millones de euros.

Según fuentes gubernamentales, el recorte por ministerios oscilará entre el 4,2% del Ministerio de Justicia y el 30% de Agricultura, figurando dentro de esta horquilla el recorte de más del 15% en Exteriores, entre el 13% y el 15% en Sanidad, el 20% en Industria y el 6% en Defensa.

Recorte de gasto de personal

Además, el Gobierno incluirá un recorte generalizado del 4% en el gasto en personal de cada ministerio, con la excepción, por el momento, del de Empleo, que sólo lo vería reducido en un alrededor de un 2%.

El Gobierno se verá obligado a adoptar nuevas medidas de contención del gasto, por lo que ha optado por congelar por tercer año consecutivo el sueldo de los empleados públicos, aunque en esta ocasión mantendrá las dos pagas extra de los funcionarios.

Además, no habrá nuevas contrataciones en el sector público, aunque la tasa de reposición se mantendrá en el 10% en algunos sectores como la sanidad, los cuerpos de seguridad del Estado y la inspección de Hacienda y de Trabajo.

Pensiones

La gran duda es si el Ejecutivo traspasará la línea roja de tocar las pensiones, algo que el Ejecutivo ha negado hasta ahora y que los expertos ven necesario para cumplir los objetivos pactados y reducir el déficit al 4,5% del PIB.

En materia de ingresos, el Gobierno anunciará algunas medidas tributarias como nuevos impuestos verdes y un nuevo régimen de tributación para las plusvalías, que pasarán a tributar al tipo marginal de IRPF que pague cada contribuyente.

De esta forma, se elevará considerablemente la tributación de las ganancias del primero año, ya que las posteriores seguirán gravadas por las rentas de capital en función de una escala que va del 21% al 27% teniendo en cuenta el nivel de renta.

Por otro lado, el Gobierno dará también luz verde al Plan Nacional de Reformas con las líneas generales de los grandes cambios que quiere impulsar el Gobierno para renovar la economía y conseguir que España crezca de forma sostenida.

El objetivo de este plan es mejorar la Administración, ganar competitividad y mejorar la situación de la economía española para poder crecer en el futuro.

Fuente: El Mundo.

Bruselas será ligeramente flexible con los objetivos de déficit de España de 2012

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Relacionado con nuestros Cursos y Másteres del Área Europa, os traemos esta noticia sobre los objetivos de déficit de España para este año 2012. 

  • Fuentes comunitarias admiten que dejarán algo más de margen si varios países lo solicitan.
  • El Gobierno español propondrá que la nueva meta sea unas décimas superior al 5%
  • La Comisión Europea presentará mañana sus previsiones económicas revisadas.

Claudi Pérez Bruselas 23 FEB 2012 - 05:46 CET

 

El comisario económico, Olli Rehn, en una comparecencia en Bruselas. / GEORGES GOBET (AFP)

Los recortes siguen siendo la prioridad, pero Bruselas asume que hay que reducir la dosis: el resultado de las sucesivas oleadas de ajustes para taponar la sangría de la crisis fiscal es la recesión que se avecina en más de media Europa. El viento ha cambiado en el continente. El sombrío horizonte económico en un 2012 amenazador ha acabado por persuadir a la UE de que hay que dar algo más de margen a los países para poner las finanzas públicas en orden. Fuentes comunitarias admitieron a EL PAÍS que Bruselas “flexibilizará ligeramente” los objetivos de recorte de déficit si varios países lo necesitan. España es uno de ellos. Y las próximas previsiones, que se conocen hoy jueves, auguran un desplome mayor de lo esperado: más recesión (o menos crecimiento) implica más destrucción de empleo, más cierres de empresas, menos ingresos públicos, más gastos en el seguro de desempleo y en muchos otros capítulos. Ese es el círculo vicioso que hay que romper.

Más recesión (o menos crecimiento) implica más destrucción de empleo, más cierres de empresas, menos ingresos públicos, más gastos en el seguro de desempleo y en muchos otros capítulos

España ya avanzó el pasado martes que el paro desbocado y la severa recaída en la recesión obligarán al Gobierno a pedir un objetivo de déficit menos exigente en un plazo máximo de 10 días para no tener que salir con unos presupuestos extremadamente austeros, que supongan un segundo ajuste aún más drástico que el ya aprobado por el Gobierno de Rajoy. España aplicará un tijeretazo formidable: con las cifras actuales, tendría que dejar el déficit del 8% en 2012 en el 4,4%, lo que supone unos 40.000 millones. El Gobierno de Mariano Rajoy pretende abrir una negociación para situar el objetivo de déficit algunas décimas por encima del 5%. No va a ser fácil: fuentes comunitarias limitaban el alcance de esa flexibilización a “unas décimas” sin precisar, y siempre en el caso de que varios países más lo necesiten: no puede haber trato de favor para ningún país, más aun cuando el Ejecutivo belga, por ejemplo, se vio obligado a presentar un plan de recortes in extremis a final de año ante la amenaza de sanción por parte de Bruselas.

Pero España no está sola. Una docena de Gobiernos europeos —algunos de corte abiertamente liberal: Reino Unido, Holanda, Italia y la propia España— han publicado esta semana una carta en la que reclaman un plan de crecimiento, que parece una suerte de desafío al dogma de la austeridad por encima de todo implantado por Alemania. Varios países (y no solo España: Francia es uno de ellos) tienen francamente difícil cumplir con las metas de déficit. “La Comisión no quiere tener que sentirse ridícula insistiendo en objetivos irreales, por lo que va a haber que hacer ajustes”, aseguró a Reuters una fuente oficial.

Austeridad sí, pero sin sobredosis que guillotinen el crecimiento: así se resume el nuevo mantra. El de 2012 va a ser pésimo: el año de recaída para todo el sur de Europa y del estancamiento, o un débil crecimiento en el mejor de los casos, para todos los demás.

La Comisión presenta hoy los datos que certifican que la sobredosis de recortes en toda Europa empieza a dejar jirones en la economía real, pese a que el pronóstico de Bruselas no es tan malo como los analistas aventuran: un primer semestre malo, y una segunda mitad de año algo mejor. El último trimestre del año pasado aventuró por dónde van los tiros: la economía de los Veintisiete cayó el 0,3%.

Con el último plan de rescate a Grecia aún caliente y con Portugal en el disparadero, la prioridad es todavía la crisis fiscal, pero la flexibilización de los objetivos de déficit podría llegar muy pronto: tan pronto como en la próxima cumbre de jefes de Estado, a primeros de marzo, a través de una propuesta para el próximo Ecofin (la reunión de ministros de Finanzas, a mediados de ese mes). Para ello, la Comisión quiere ver negro sobre blanco los planes de recortes en todos los países y las cifras definitivas al cierre de 2011, que se conocerán el 23 de abril. Las nuevas perspectivas de déficit se conocerían así a finales de mayo, o en junio.

Demasiado tarde para el Gobierno español, que debe presentar el techo de gasto en apenas unos días y debe enviar al Parlamento el proyecto de Presupuestos a finales de marzo. Pero mejor tarde que nunca.

Fuente: El País.