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Bruselas augura una recuperación frágil y sin empleo para España

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El vicepresidente de la CE y comisario en funciones de Economía, Siim Kallas. / EFE


  • Las previsiones de la Comisión agravan la fractura entre el Norte y el Sur de Europa
  • Frente a la débil evolución de Italia o Francia, augura un sólido crecimiento para Alemania
  • Vaticina que la deuda pública española romperá la barrera del 100% del PIB ya este año

Claudi Pérez Bruselas 5 MAY 2014 - 10:57 CET


Los efectos de la revolución cultural que ha sido la austeridad de los últimos años empiezan a quedar cada vez más claros en la economía europea: Alemania está viviendo una crisis estupenda, con la eurozona cada vez más partida en dos. La fractura Norte-Sur se va agrandando, con mayúsculos problemas en la periferia que empiezan a compartir Italia y Francia. A tres semanas de las elecciones europeas del 25 de mayo, la Comisión Europea acaba de lanzar sus previsiones con un mensaje de primaveral optimismo, que desmienten algunos números —muy grises en algunos casos, incluida la posible deflación— y los enormes riesgos que tiene la eurozona en el horizonte más cercano. La recuperación europea toma cuerpo, pero a tasas muy débiles y sin apenas mejoría en el deprimido mercado laboral. Dentro de esa macedonia confusa que son los pronósticos de Bruselas, la foto fija española es como sigue: una recuperación aún más suave que la del conjunto (1,1% de crecimiento este año, una décima peor que el pronóstico del Gobierno), sin apenas creación empleo (el paro baja tímidamente pero seguirá en el 24% el año que viene, a la cabeza de Europa, confirmando los pésimos datos de la última EPA) y con una deuda pública que cabalga desbocada y que superará el listón del 100% del PIB este año.

La panorámica general europea es algo mejor, pero la media estadística esconde evoluciones divergentes. Positivas en Alemania (la primera economía del euro crecerá el 1,8% este año) y mucho más preocupantes por detrás (Francia y España crecerá en torno al 1%, e Italia apenas el 0,6%). “La recuperación ha tomado cuerpo”, asegura el nuevo vicepresidente económico de la Comisión, el estonio Siim Kallas. “Tras haber sido golpeada por una doble recesión desde 2008, hay signos de una reactivación genuina”, arranca el informe sin titubeos. Pero se trata de una recuperación deforme: Europa va muy rezagada respecto a Estados Unidos, y sobre todo la mejoría apenas incluye “una mejora tímida del empleo”, reconoce el estudio, y lleva asociada una retahíla de riesgos sensacional.

La Comisión destaca una posible pérdida de confianza si se produce una parálisis en las reformas, en un mensaje telegrafiado a Italia y Francia, los dos países que más preocupan. Pero el informe cita también los riesgos (“muy bajos”) de deflación, con los índices de precios muy por debajo del objetivo del Banco Central Europeo en 2014 y 2015, que dificultan sobremanera los duros ajustes del Sur: “Un periodo de baja inflación demasiado prolongado [exactamente lo que Europa tiene ante sí] podría incluir peligros”, indica el estudio, que suma también a los riesgos la posibilidad de una desaceleración del crecimiento lejos de Europa. Para España, eso se traduciría en un crecimiento inferior “si los países emergentes, y en particular América Latina, se desaceleran más de lo previsto”. Apenas nada dice el informe de la posibilidad de una reestructuración de la deuda griega, que empezará a discutirse después de las elecciones, ni de sus efectos sobre el resto de países. Pero esa es una de las claves de los próximos meses, junto a los exámenes a la banca del BCE.

El mensaje político de Bruselas es positivo, sin apenas fisuras. Las elecciones están demasiado cerca y los últimos años han sido demasiado duros como para que el abanico de riesgos —incluidos los sociales y políticos— tomen el vuelo que merecen en el análisis de la Comisión. Pero el estado de ánimo de Europa es impredecible a la vista de que las diferencias en esta crisis empiezan a ser sangrantes. Alemania acumula un crecimiento del PIB que superan en 13,8 puntos a la economía española desde 2009 hasta el año próximo. Ese diferencial es de 11,8 puntos de PIB con Francia, y de casi seis puntos de PIB con Italia, según el informe de primavera de la Comisión. El estudio reconoce “la naturaleza gradual de la recuperación, propia de las graves crisis financieras”, pero sobre todo destaca las “severas diferencias que persisten en la evolución de los estados miembros”.

Bruselas aplaude los esfuerzos en lo relativo a la consolidación fiscal en la eurozona. Pero al aplicar la austeridad en medio de la recesión y al haberse visto obligados a salvar bancos, la deuda de los socios de la eurozona sigue creciendo: ascenderá al 96% del PIB este año. Siete de los 18 socios del euro presentarán ya en 2014 deudas públicas superiores al 100% del PIB, incluida España, que partía de bajísimos niveles precrisis (36%).

En el caso español, además, las previsiones incluyen un déficit del público del 5,6% este año, y del 6,1% el año próximo (si el Gobierno no aprueba cambios). El déficit se resiste a bajar, y este año se verá perjudicado tanto por la sentencia europea que obliga a devolver el importe de lo recaudado por el céntimo sanitario (un gravamen sobre las gasolinas que ha recibido un revés en el tribunal europeo), como una menor recaudación en el Seguridad Social por la nueva tarifa plana para las nuevas contrataciones a jóvenes. La factura del sector financiero aún no ha acabado, y por todo ello la deuda pública alcanzará el 100,2% del PIB este año y el 103,8% el año próximo. Todo eso con un desempleo es niveles socialmente insoportables, que cerrará este año en el 25,5% y el próximo en el 24%, en cabeza de la eurozona, junto con Grecia. Ese, y ningún otro, es el verdadero problema de la economía española, junto a desafíos de menor entidad como el pinchazo de la vivienda (que seguirá en 2014, y van seis años) y la desaceleración del sector exterior. Todo eso se traduce en una recuperación muy suave, que dificultan la curación definitiva del sector financiero, el otro gran problema de España: la banca ha salido de la UVI gracias al rescate europeo, pero ni aun así consigue disipar todas las dudas.

Hace medio año, las coordenadas de España se resumían en una secuencia tan fácil de memorizar como preocupante: 0-25-50-100. Es decir, estancamiento del PIB, paro algo superior al 25%, caída de precios de la vivienda del 50% en lo que va de crisis y deuda pública encaminándose al 100% del PIB. Esa métrica se confirma, pese a una tenue mejoría: con los pronósticos de 2014 en la mano, las coordenadas pasan a ser 1-25-50-100.

Fuente: El País.

España sigue a la cabeza en paro masculino y juvenil en toda la UE

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  • En el caso del desempleo entre hombres, Grecia está dos puntos por debajo nuestra. 
  • Los menores de 25 años sin trabajo en España representan casi un tercio del total de la Unión, según Eurostat

EUROPA PRESS Luxemburgo 08/01/2014 11:28 Actualizado: 08/01/2014 11:37


La tasa de paro de la zona euro se situó el pasado mes de noviembre en el 12,1%, nivel récord en el que se mantiene estable desde abril del año pasado, pero tres décimas por encima del dato de noviembre de 2012, según ha informado la oficina comunitaria de estadística, Eurostat, que vuelve a situar a Grecia y a España a la cabeza de la destrucción de empleo, con tasas de paro del 27,4% y el 26,7%, respectivamente. En el conjunto de la Unión Europea, la tasa de desempleo se mantuvo sin cambios en el 10,9%, donde permanece estable desde mayo de 2013, mientras que respecto a noviembre de 2012 el desempleo en la UE aumentó una décima.

La cifra de desempleados registrada en la Eurozona en noviembre alcanzó un total de 19,241 millones de personas, lo que supone un incremento de 4.000 parados respecto a octubre, mientras que en el conjunto de la UE la cifra de personas sin empleo alcanzó los 26,553 millones, una aumento de 19.000 parados respecto al mes anterior. No obstante, respecto a noviembre de 2012, el número de desempleados de la zona euro se incrementó en 452.000 personas, mientras que entre los Veintiocho aumentó en 278.000 desempleados.

Entre los estados miembros de la UE, las menores tasas de paro se registraron en Austria (4,8%), Alemania (5,2%) y Luxemburgo (6,1%), mientras las más elevadas correspondieron a Grecia (27,4% en septiembre) y España (26,7%).

Por otro lado, Eurostat informó de que la tasa de paro masculino en la Eurozona alcanzó en noviembre el 12,1%, estable por cuarto mes consecutivo, mientras que en la UE repitió en el 10,9%. Entre las mujeres, la tasa de paro de la zona euro también se mantuvo estable en el 12,1%, mientras que en la UE repitió en el 10,9%.

En el caso de los menores de 25 años, Eurostat informó de que la tasa de paro de la Eurozona en noviembre se situó en el 24,2%, en línea con el dato de octubre, hasta un total de 3,57 millones de jóvenes desempleados, mientras que en el conjunto de la UE, la tasa de paro juvenil subió una décima, hasta el 23,6%, con un total de 5,66 millones de jóvenes desempleados.

A la cabeza en desempleo

En el caso de España, durante el pasado mes de noviembre la tasa de paro masculino volvió a ser la más alta entre los países de la UE, con un nivel del 26,3%, en línea con el dato de octubre, por delante de Grecia, que en septiembre alcanzó el 24,5%. Respecto al desempleo femenino, Grecia registró una tasa de paro del 31,4% en septiembre, una décima más que el mes anterior, mientras que en España alcanzó en noviembre el 27,1%, igual que en octubre.

En el caso de los menores de 25 años, los datos de Eurostat sitúan de nuevo a España como el país con peores cifras de empleo, ya que la tasa de paro entre los jóvenes subió en noviembre al 57,7%, tres décimas más que en octubre, mientras que en Grecia, cuyo dato corresponde a septiembre, el paro juvenil se situó en el 54,8%. De este modo, la cifra de menores de 25 años desempleados en España alcanzó un total de 983.000 personas, frente a las 973.000 de octubre, lo que representa el 27,4% del paro juvenil en la Eurozona en noviembre.

Fuente: Público.

ANGELA MERKEL | CANCILLER DE ALEMANIA » “Los ricos podrían ser muy útiles. Es lamentable su escasa responsabilidad”

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  • La canciller alemana dice que el mercado laboral debe flexibilizarse también para los mayores, no solo para los jóvenes
  • "En todo lo que yo hago no existe un enfrentamiento entre un presupuesto saneado y crecimiento", señala Merkel

Berna González Harbour 2 JUL 2013 - 14:20 CET

Los gobernantes hablan sobre todo a través de sus hechos, y los de Alemania están a la vista. También de sus palabras, y esta entrevista con Angela Merkel dice mucho de las prioridades que ella quiere recalcar en una Europa frustrada ante el fracaso de la austeridad y a dos meses de unas elecciones que le imponen buscar y exhibir algún lado más amable. Pero hablan también a través de sus gestos, de su aspecto y también de las sedes en las que ejercen ese poder.

Y las gigantescas paredes acristaladas entre las que trabaja la canciller dicen bastante sobre ella, y también sobre Alemania.

Si François Hollande vive y recibe en un Palacio del Elíseo en el que las vistas más entretenidas desde la ventana enfocan a unas setos finamente recortados y a un servicio de intendencia uniformado más o menos como en 1848, asomarse a cualquiera de los ventanales del edificio transparente que alberga la cancillería es contemplar a los vecinos cogiendo una bicicleta, el autobús, entrando en el edificio del Reichstag para asistir a una sesión parlamentaria o accediendo a uno de los museos que mantiene vivo el recuerdo del Holocausto. La vida transcurre a la vista y la canciller observa, actúa. El mundo gira, y Alemania ha logrado situarse en él como una potencia global inmune a la crisis que aumenta sus exportaciones a unos países emergentes que no están precisamente esperando al resto de Europa.

Acoplar esta realidad —la de una Alemania pujante cuyas elecciones suscitan ya la expectación propia de una potencia en la que no podemos votar pero cuyo resultado nos afecta— con una opinión pública europea que se vuelve en contra ante el paro galopante que no cesa es, seguramente, el objeto último de esta entrevista y de la cumbre sobre empleo que este miércoles reúne en Berlín a los líderes europeos. Situar las políticas de empleo en el centro del debate, al fin, es atractivo.

Merkel (nacida en 1954, líder democristiana y jefa del Gobierno alemán desde 2005) recibe a los periódicos que conforman el grupo Europa, entre ellos EL PAÍS, con ganas de hablar de empleo, pero también de repartir culpas y responsabilidades por lo que está ocurriendo. Ataca a los ricos, ataca a los que se endeudaron y ataca a los que no son capaces de mejorar la competitividad. Puede que las fórmulas para salir de la crisis sean diferentes en cada país, reconoce, pero ningún inversor mágico nos sacará de esto de un plumazo y no saldremos si no comprendemos nuestro lugar en el mundo. La canciller es dura. Pero suave en las formas, elegante en su chaqueta roja, amable y atenta con los invitados y presumida en su levemente perceptible maquillaje. Y, como decíamos, eso también habla de ella.

Pregunta. A noventa días de las elecciones usted descubre de repente el desempleo juvenil. ¿Por qué justo ahora? ¿Por dónde van los tiros?

Respuesta. Esto me preocupa desde hace tiempo. El año pasado abordé este asunto con los sindicatos y los empresarios, y cuando a principios de este año aprobamos en el Consejo de la UE el marco presupuestario para los próximos años, logramos destinar 6.000 millones de euros exclusivamente a la lucha sistemática contra el desempleo juvenil. Además, el presidente Hollande y yo entablamos con representantes de grandes empresas europeas un debate sobre cuál puede ser su aportación en esta cuestión. Nunca he dejado de hablar con la industria alemana sobre qué posibilidades de intervención tiene, qué medidas, por ejemplo, podrían adoptar la Cámara de Comercio Germano-Griega o las empresas alemanas en Portugal. Cuando el Parlamento Europeo apruebe dentro de poco el presupuesto, por fin tendremos el dinero adicional necesario para tal fin.

P. Y de paso esta iniciativa mejora la imagen de Alemania. ¿Es esa su verdadera intención?

R. El desempleo juvenil tal vez sea el problema europeo más urgente en estos momentos. Y los alemanes, que desde la reunificación tenemos experiencia con una reducción efectiva del desempleo a través de reformas estructurales, podemos aportar ahora esa experiencia.

P. Hasta ahora también había dinero, pero el problema del mercado laboral tiene raíces más profundas.

R. Así es, y no podrá solucionarse únicamente con dinero, sino solo con reformas prudentes. No es prudente, por ejemplo, que en algunos países se flexibilice el derecho laboral solo para los jóvenes y no para los mayores que tienen trabajo desde hace tiempo. En períodos económicamente difíciles, esto favorece el desempleo juvenil. También necesitamos más movilidad en Europa. La ministra federal de Trabajo, Ursula von der Leyen, ha abogado por reforzar considerablemente EURES, la red de cooperación entre la Comisión Europea y los servicios públicos de empleo. Esta entidad europea de empleo puede ayudar a muchas personas a acceder a una formación o un puesto de trabajo en otro país.

P. Con frecuencia no se agotan las ayudas al empleo y la reforma del mercado laboral se ha quedado estancada en muchos países o no rinde frutos. ¿Qué le hace creer que esta vez va a ser diferente?

R. Con la reunión de Berlín vamos a comenzar a intercambiar sistemáticamente experiencias muy concretas sobre medidas que funcionan. Con los ministros de Trabajo y los encargados de las agencias nacionales de empleo reunimos en este encuentro precisamente a los profesionales del área. Además, en la UE deberíamos buscar un procedimiento uniforme para el establecimiento de empresas, por ejemplo, del sector de la tecnología de la información, en lugar de los 27 o ahora 28 regímenes administrativos de ámbito nacional. Esto animaría a los inversores mundiales a venir a Europa.

P. Aparte de la excepción de Pep Guardiola, la realidad es que hay miles de jóvenes españoles que vienen a Alemania, pero que solo encuentran minijobs o precariedad. ¿Es este el modelo a seguir?

R. Los jóvenes que desean trabajar en otros países de la UE encuentran, en efecto, condiciones muy distintas, unos un buen puesto de aprendizaje o un empleo con perspectivas de futuro y otros, en cambio, trabajos más básicos. Pero esta experiencia, con el paso del tiempo y una vez que dominen el idioma, les podrá servir sin duda para cambiar a un trabajo mejor. En todo caso nosotros no tenemos intención de ampliar el sector de salarios bajos, puesto que existe una gran demanda precisamente de mano de obra cualificada que no siempre se puede cubrir con trabajadores alemanes, a los que por supuesto primero queremos llegar. Insisto, Europa necesita mayor movilidad en el mercado laboral. Por otro lado, la normalidad con la que se mueven los estudiantes y académicos en el mercado interior aún puede mejorarse entre los trabajadores cualificados, para quienes a veces las barreras lingüísticas, por ejemplo, representan un problema. Por ello queremos abrir las puertas del programa Erasmus de intercambio europeo también a los aprendices.

P. ¿Les asusta la capacidad de protesta política de la generación perdida?

R. Cuando hay defectos, es tarea de los políticos adoptar soluciones. La tasa de desempleo juvenil en algunos países es demasiado elevada desde hace muchos años y ahora con la crisis ha vuelto a incrementarse. En un continente que envejece esta es una situación insostenible. No debe haber ninguna generación perdida.

P. ¿Existe un modelo alemán especial para combatir el desempleo juvenil?

R. Aunque hayamos reducido a la mitad el paro juvenil desde 2005, seguimos teniendo problemas, por ejemplo, cuando no todos nuestros jóvenes que han acabado sus estudios están realmente preparados para la formación profesional. Tenemos que ocuparnos de ellos y nuestra mejor baza ha sido y sigue siendo el sistema dual, es decir, la combinación de formación escolar y empresarial. En la actualidad podemos ofrecer un puesto de aprendizaje a todos los jóvenes que lo deseen. Pero hubo otros tiempos en los que nos vimos obligados a formar a los alumnos en centros independientes de la empresa, es decir, en escuelas-taller. La primera conclusión que sacamos de ahí es que ningún país tiene que introducir de la noche a la mañana el sistema dual en su conjunto y que la formación interempresarial puede ser una solución. La segunda lección que aprendimos es que no debemos centrarnos exclusivamente en la academización de los jóvenes. El hecho de que en Alemania también los oficios, los trabajadores cualificados y los maestros artesanos, gocen de muy buena reputación tiene efectos muy positivos.

P. Los mercados de trabajo y las características del desempleo en el sur son difícilmente comparables con Alemania. ¿Se pueden exportar entonces soluciones nacionales?

R. En ninguna parte se puede acabar con el desempleo juvenil de un plumazo. Después de la unidad alemana, por ejemplo, hubo un tiempo en el que soñaba con que un gran inversor vendría a mi circunscripción y me solucionaría el problema del 25% de paro de inmediato. Pero por supuesto nunca llegó, y comprendí que las bases hay que sentarlas poco a poco: aquí diez puestos de trabajo, ahí seis, más allá cinco. Es importante que a nivel local haya asesores experimentados que conozcan a los jóvenes y los vean con regularidad. Por un lado, hay que darles esperanzas y, por otro lado, incitarlos a esforzarse por ellos mismos.

P. ¿Alguna vez en su vida ha temido quedarse en paro?

R. Afortunadamente no. Pero en los primeros años de mi labor política pensé alguna vez en lo que haría si de repente se acabara mi carrera política. Por aquella época me veía como directora de una oficina de empleo; es una bonita labor ayudar a la gente a encontrar trabajo.

P. Y ahora se va a convertir en la directora europea de empleo...

R. No, mi labor es bien distinta. Consiste en marcar, desde el punto de vista político, las pautas adecuadas en Alemania y en Europa junto a mis colegas.

P. Con grandes dificultades. Tomemos el ejemplo de un cervecero griego. Este ha abaratado sus costes laborales un 20 por ciento, pero su crédito es dos veces y media más caro que en Alemania. ¿Cómo puede ser competitivo? ¿Cómo va a contratar a más gente?

R. Efectivamente, el problema de los elevados costes de refinanciación de las empresas ha resultado más persistente de lo que esperábamos en Europa. Para lograr una solución duradera del problema necesitamos mejorar la reglamentación del sector bancario y, sobre todo, un sistema central de supervisión bancaria fiable. De esta forma se puede devolver la confianza a los inversores y a largo plazo contribuir a una mayor reducción de los intereses.

P. ¿Por qué no contaba con el problema de los tipos de interés para la financiación normal a crédito?

R. Porque para nosotros era la primera vez que se le retiraba de forma tan masiva la confianza a los bancos. Con un organismo de supervisión bancaria a nivel europeo y rigurosas pruebas de estrés es posible recuperar la confianza.

P. ¿No cree necesario acelerar la unión bancaria?

R. Estamos avanzando en todos los aspectos de la supervisión bancaria, pero la velocidad sin un orden riguroso no nos sirve de nada. El organismo de supervisión entrará en vigor el año que viene. El Banco Central Europeo tiene que contratar a cientos de profesionales altamente cualificados y asegurar su reputación como autoridad de supervisión mediante estrictas pruebas de estrés. Estamos trabajando en la armonización de los sistemas nacionales de garantía de depósitos, si bien el sistema de garantía de depósitos alemán tiene que continuar aplicándose y se aplicará para Alemania. Además, los ministros de Finanzas acaban de ponerse de acuerdo sobre una Directiva de la UE sobre resolución de crisis bancarias. En este sentido para Alemania hay un principio importante: que el control y la responsabilidad deben encontrarse en un mismo nivel. Hay una serie de posibilidades de intervención que solo podrán darse modificando los tratados.

P. Con solo pensar en modificar los tratados a muchos de sus colegas se les ponen los pelos de punta.

R. Con el paso de los años no conseguiremos eludir otras modificaciones en los tratados, aunque ahora deberíamos hacer todo lo que sea posible sin necesidad de modificarlos. De lo contrario transcurriría demasiado tiempo hasta que ocurriera algo. Somos Estados de derecho y por tanto debemos actuar con arreglo a la ley y el orden y los tratados. Tal fue el caso, por ejemplo, del Mecanismo Europeo de Estabilidad, en el que tuvimos que insistir en una modificación limitada del Tratado, y lo mismo ocurre en todos los asuntos relativos a la supervisión bancaria.

P. De repente Alemania apoya programas de mercado laboral. Se flexibilizan los límites de déficit. ¿Ya hemos superado la época de austeridad?

R. Considero que en todo lo que yo hago no existe un enfrentamiento entre un presupuesto saneado y crecimiento. ¿Cómo se originó la crisis de la deuda? En algunos países, la deuda era tan elevada que los inversores dejaron de confiar en ellos y de comprar bonos de esos países. Los intereses se dispararon, los países solo se podían financiar a unos tipos de interés ruinosos. En tales situaciones, un mayor endeudamiento nunca puede ser una solución. No, es necesario reducir los déficits para que los inversores internacionales recuperen la confianza y vuelvan a generarse márgenes financieros para invertir en el futuro. En este aspecto ya hemos experimentado avances sustanciales en Europa.

P. Pero los inversores no se fijan únicamente en el nivel de endeudamiento.

R. En efecto, otro factor igual de importante es la competitividad del país, su tejido industrial, si cuenta con una administración eficiente. Conviene tener en cuenta que no haya un fuerte desajuste entre la evolución de los salarios y la productividad. Todo esto nos quedó claro en Europa con el impacto de la crisis. Era evidente que las cosas no podían continuar así. Por eso el camino emprendido es correcto: consolidación presupuestaria, por un lado, y profundas reformas estructurales, por otro. Así se genera un crecimiento sostenible. Y luego cada país debe plantearse la pregunta concreta de con qué puede ganar dinero, qué industrias y qué servicios quiere. El sector de la construcción no podrá soportar por sí solo toda la carga, como también experimentamos en Alemania cuando llegó un momento tras la reunificación en que el auge de la construcción empezó a retroceder.

P. Llama la atención, sin embargo, que usted cambia de tono y ahora habla más de programas de inversiones que de ahorro.

R. Una cosa va unida a la otra. Siempre he dicho que debemos avanzar paso a paso. Hemos conseguido algunas cosas: los déficits en Europa se han reducido aproximadamente a la mitad. Ahora no debemos perder la paciencia.

P. La zona euro es la única región del mundo que sigue en recesión. ¿Dónde está el error?

R. Cuando en los países en crisis se reduce por necesidad un sector público hinchado, cuando se contrae un desmesurado sector de la construcción, no es de extrañar que de entrada en el país afectado no pueda existir crecimiento. Pero si mira hacia los países bálticos, donde tras duros años de estrecheces y reformas radicales ahora vuelven a estar en una posición mucho mejor y todos experimentan de nuevo crecimiento, llegará a la conclusión de que quienes enfocan sus estructuras hacia la competitividad, también consiguen volver a registrar crecimiento a medio plazo. Tengo la sensación de que los ciudadanos de muchos países saben perfectamente cuáles fueron los errores cometidos en sus países en el pasado. Lamento que a menudo sean precisamente los que no tuvieron nada que ver con esos errores, los jóvenes y los más desfavorecidos, quienes hoy más padecen las consecuencias. Con frecuencia, las personas con capital ya hace tiempo que han salido del país o cuentan con otras posibilidades para protegerse. Los ricos en los países más afectados por la crisis podrían ser muy útiles si se comprometieran más. Es muy lamentable que parte de las élites económicas asuman tan poca responsabilidad por la deplorable situación actual.

P. ¿Por qué ha querido usted contar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la lucha contra la deuda? ¿No habrían podido hacerle frente solos los europeos?

R. El FMI tiene más experiencia en el trato con países sobreendeudados que ninguna otra institución del mundo. Su reputación y sus conocimientos nos han beneficiado mucho a los europeos a la hora de negociar los programas de ayuda con los países afectados.

P. Precisamente en las últimas semanas el FMI se está poniendo cada vez más nervioso con respecto a la sostenibilidad de la deuda griega. Los estatutos podrían obligarle a retirarse. En el peor de los casos, ¿quiere esto decir que Europa también ha de asumir un programa de deuda para Grecia sin el FMI?

R. Grecia ha realizado avances gracias a la orientación muy reformista del Gobierno de Samaras. Parto de la base de que la deuda seguirá siendo sostenible.

P. ¿No habrá por tanto una nueva quita de deuda?

R. Yo no la veo.

P. La influencia que ejerce Alemania en estas cuestiones existenciales preocupa a los ciudadanos del sur de Europa. Temen por la continuidad del orden económico al que están acostumbrados. ¿Tiene que aplicarse todo el mundo el remedio alemán?

R. Si un país quiere estructurar su economía de una forma totalmente distinta a la alemana, no hay ningún problema, pues me alegra que de haya diferentes caminos que conduzcan al éxito. Pero no cabe duda de que nadie puede suprimir la necesidad de ser competitivo y de tener que crear y generar la riqueza. Cuando miro hacia Italia, España y Grecia, lo que veo son sectores de éxito muy diversos.

P. Pero que precisamente no son grandes sectores.

R. El tamaño no es el criterio clave para el éxito. La clave es que todos nos demos cuenta de lo mucho que ha cambiado el mundo. China, la India, Brasil, Corea del Sur y muchos otros países llevan tiempo haciéndonos la competencia en áreas que antes dominábamos nosotros. Debemos reaccionar frente a tal situación y cambiar. La Organización Mundial del Comercio nos dice que actualmente la mayor parte del crecimiento del mundo tiene lugar en parte fuera de nuestro continente. O les ofrecemos a esas partes del mundo productos atractivos e innovadores o tendremos que conformarnos con perder cuota de mercado y, con ella, bienestar, y precisamente eso es lo que no quiero ni para Alemania ni para Europa.

P. En el congreso de su partido celebrado en Leipzig en 2011 usted aún promovía una Europa más integrada. Actualmente lo que se recoge en su programa electoral es muy diferente. ¿Al final qué Europa quiere usted?

R. Como ya he mencionado, a medio plazo en la UE necesitaremos modificar los tratados. Pero ahora tenemos problemas urgentes que abordar con rapidez, con mayor rapidez en cualquier caso de lo que se pueden modificar tratados. En nuestro programa para las elecciones europeas nos ocuparemos más intensamente que ahora de las grandes cuestiones institucionales. En el programa para las elecciones generales hemos definido la base para los siguientes pasos necesarios.

P. Usted ya ha abandonado la idea de la elección directa del presidente de la Comisión.

R. En ese tema yo personalmente soy más escéptica que mi partido, que en 2011 se expresó partidario de la elección directa. Considero que la elección directa del presidente de la Comisión puede generar problemas en el seno de las instituciones europeas.

P. En vista de los acontecimientos de las últimas semanas, ¿qué lugar ocupa Turquía en Europa?

R. Turquía es un socio muy importante y estrecho para nosotros en Europa. Estamos llevando a cabo negociaciones de adhesión con Turquía que constituyen un proceso evolutivo. En vista de lo ocurrido en las últimas semanas, Europa no ha pasado sin más al orden del día, ya que los derechos humanos no son negociables. El compromiso al que se ha llegado, esto es, poder abrir el siguiente capítulo de las negociaciones de adhesión en octubre, una vez que se haya presentado el informe de la Comisión Europea relativo a los progresos realizados por Turquía, corresponde a los dos aspectos.

Entrevista realizada por Stefan Kornelius (Süddeutsche Zeitung), Kate Connolly (The Guardian), Frédéric Lemaître (Le Monde), Tasos Telloglou (Kathimerini) , Francesca Sforza (La Stampa) y Berna González Harbour (EL PAÍS).

Fuente: El País.

La Unión Europea salva la cara con pequeños estímulos

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  • Los Veintisiete tienen listas medidas contra el paro juvenil y para reabrir el grifo del crédito
  • Los socios llegan a un acuerdo político para desatascar los presupuestos

Claudi Pérez / Lucía Abellán Bruselas 28 JUN 2013 - 02:38 CET


El presidente francés François Hollande habla con los periodistas a su llegada a la Cumbre Europea el jueves en Bruselas / JULIEN WARNAND (EFE)

Seis años después del estallido de la crisis, 27 millones de europeos están en paro: un contingente que equivale a tener de brazos cruzados, sin posibilidad de trabajar, a toda la población de Bélgica, Austria, Dinamarca e Irlanda. Tras haberse tragado 1,6 billones de euros de dinero público, el sistema financiero sigue asfixiado y tampoco consigue hacer llegar el crédito a la economía real. La cumbre de la UE ha cerrado un acuerdo para dar una respuesta (parcial y relativamente modesta) a esos dos problemas. Los Veintisiete dieron luz verde a un par de pasos destinados a aliviar el peso de esa tasa de paro socialmente insoportable y a restañar las heridas que deja el agujero en el sistema circulatorio de la economía —la banca—, que anticipan aún más tiempos difíciles en Europa.

Los líderes cerraron un plan de choque contra el desempleo juvenil que movilizará 6.000 millones de euros en 2014 y 2015 y hasta 2.000 millones adicionales hasta 2020, procedentes de los fondos que no se gasten en ese periodo. En total, unos 8.000 millones —según los cálculos del Consejo— para combatir el paro. Además, pactaron un programa para desatascar los préstamos a las pymes, por importe de hasta 100.000 millones —con la habitual ingeniería financiera propia de estos tiempos— hasta 2020. No hay demasiado dinero fresco ni convicción en esos dos estímulos, que llegan con un año de retraso: la cumbre de junio de 2012 aprobó medidas muy similares que nunca vieron la luz. Pero al menos algo empieza a moverse en la Unión.

Europa sigue esperando a su Roosevelt (el presidente que sacó a EE UU de la Gran Depresión), pero la economía y la política tiran en direcciones distintas. Mientras la economía exige ambición para arreglar el edificio del euro y medidas a muy corto plazo para la reactivación, los socios europeos caracolean para acabar encontrando soluciones de compromiso, pero habitualmente faltas de ambición. Al menos, los líderes llegaron ayer a Bruselas con los deberes hechos: los ministros de Finanzas desbloquearon el acuerdo sobre quién debe pagar cuando se cierre un banco —algo fundamental en el camino hacia la unión bancaria—, y la Comisión, el Consejo y el Parlamento llegaron a un acuerdo político para desatascar los presupuestos para los próximos siete años, esencial para que las medidas contra el paro juvenil y a favor del crédito vayan más allá de las palabras.

El nuevo mantra en Europa se basa en seguir con la austeridad, pero sobre todo en activar reformas estructurales. El presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, advirtió de que la Unión “es consciente de la necesidad de estímulos a corto plazo, debido a que esas reformas tardan un tiempo en dar resultados”. Y sin embargo, los líderes son plenamente conscientes de que esas medidas no son de gran calado: no suponen un punto de inflexión. “No se trata de cifras realmente impresionantes”, resumió el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker. “Esas medidas no van a acabar con el paro. Ni con la fragmentación del mercado financiero, que hace que las pymes de la periferia paguen más por sus créditos que las del Norte. Pero van en la línea adecuada”, explicaron fuentes del Consejo Europeo.

El estado de ánimo del proyecto europeo se ha visto perfectamente retratado estos días: en vísperas de la cumbre, Berlín consiguió bloquear —incluso con malas artes, según fuentes diplomáticas— una normativa para reducir el nivel de contaminación de los coches contraria a los intereses de su industria. Esa es la eterna historia de esta crisis: en la cumbre de junio de 2012, Italia, España y Francia amenazaron con plantarse para conseguir un Pacto sobre el Crecimiento sospechosamente parecido al que se discutía ayer —un año después— en Bruselas. Berlín transigió, pero en la práctica ha bloqueado o rebajado una y otra vez esas y otras iniciativas. Alemania solo ha cambiado cuando las críticas a su abrumador liderazgo han subido de tono: Berlín busca tranquilidad hasta las elecciones de otoño.

El reloj se ha parado en Europa, pese a que la canciller Merkel negó anoche que los socios “hayan cambiado una sola decisión en función de las elecciones”. La realidad contradice esa versión. Al margen de las medidas sobre el paro y el crédito, los socios se han embarcado en una aventura mayor: la unión bancaria. La semana pasada, aprobaron la recapitalización directa de entidades financieras; ayer acordaron las reglas para cerrar bancos. Ambos pasos están plagados de tecnicismos, de matices, pero el resumen que hacen los expertos es sencillo: la solución alcanzada es siempre muy del gusto de Alemania, y muy inferior a las expectativas. En junio de 2012, los líderes se conjuraron para romper el vínculo entre la crisis financiera y la crisis de deuda soberana. El dictado de Berlín ha llevado a rebajar esa ambición: ahora basta con “diluir”, con “debilitar” esos lazos. Una alta fuente europea asegura que esa rebaja puede traer problemas si la tormenta que parece estar formándose en los mercados vuelve a acercarse a las costas europeas. Si ese vaticinio se cumple, la recuperación de Europa será lo que viene siendo desde hace año y medio: un espejismo fugitivo.

Fuente: El País.

El drama del paro juvenil entra (por fin) en la agenda de los líderes europeos

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  • La cumbre discutirá una batería de medidas para luchar contra el desempleo   
  • Hay más de 26 millones de parados en la UE y casi 6 son menores de 25 años
  • La financiación a las pymes y la Unión Bancaria, otros temas de debate

Javier G. Gallego (corresponsal) | Bruselas

Más de 26 millones de ciudadanos europeos carecen de un trabajo y de ellos casi seis millones son jóvenes menores de 25 años. Las cifras de Eurostat del pasado mes de abril (último dato disponible) confirman que el paro es uno de los grandes dramas de la UE. En realidad no es un fenómeno nuevo -hace un año la tasa media de paro en los jóvenes era del 24%, sólo dos décimas por debajo al dato actual- pero los líderes europeos han decidido ahora, y no antes, tratar este asunto como "prioridad inmediata" en sus políticas económicas.

Así aparecerá en las conclusiones que van a salir de esta nueva cumbre europea, donde los jefes de Estado y de Gobierno discutirán qué estímulos deben ponerse en marcha para fomentar el crecimiento y el empleo. No hay que esperar grandes decisiones, ya que casi todas las herramientas que van a anunciarse ya están en marcha o han sido presentadas con anterioridad. A saber: reasignar los fondos estructurales europeos para destinarlos a la creación de empleo; permitir que los estados miembros con tasas de desempleo juvenil por encima del 25% puedan utilizar los fondos previstos para el próximo presupuesto plurianual (6.000 millones en total) en los próximos dos años; mejorar los programas de movilidad como Erasmus; e involucrar a los actores sociales en este empeño a través de un "marco de acciones contra el desempleo juvenil".

El presidente del Parlamento Europeo, el socialista Martin Schulz, también va a tener un papel importante en esta cumbre, ya que está presionando para que se aumente este fondo de 6.000 millones de euros. "¿Qué repercusiones puede tener esta cantidad repartida entre 27 países en siete años? Pocas", dijo ayer en un artículo. Hoy, ante los líderes europeos, les preguntará si son tan importantes los jóvenes como los bancos, recordando una frase que le dijo un joven español en su visita a Madrid: "Ustedes han encontrado 700.000 millones para salvar a los bancos. ¿Y para nosotros, ni siquiera un euro?".

España, con más de seis millones de parados, tiene un especial interés en que se apruebe toda esta declaración de intenciones y por ello estrena una inusual alianza entre la mayoría de grupos parlamentarios a nivel nacional. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, viene con la intención de obtener un acuerdo lo más concreto posible sobre medidas específicas para combatir el paro y mejorar la financiación de las pymes, el otro gran tema de esta cumbre.

España gana influencia

No hay que restar méritos a la influencia que España está comenzando a ejercer en la alta política comunitaria. Hace justo un año, en una dramática cumbre que se alargó durante toda la noche, Mariano Rajoy y su colega italiano, Mario Monti, bloquearon las negociaciones hasta lograr que las conclusiones reflejaran un claro compromiso de la UE con la Unión Bancaria y la "necesidad de romper el círculo vicioso entre deuda soberana y deuda bancaria".

A lo largo de los últimos 12 meses se han hecho avances significativos y, aunque más descafeinada de lo que se esperaba, la Unión Bancaria -o los cimientos de lo que será algún día- empieza a ser una realidad. En este periodo la UE ha logrado crear un Supervisor Bancario Único (cuya tarea de control sobre los bancos europeos más grandes recaerá en el BCE), ha llegado a un acuerdo para la recapitalización directa de la banca a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede) y, anoche, in ex tremis y con la nocturnidad de las grandes citas, el Ecofín dio luz verde a la Directiva sobre Recuperación y Resolución Bancaria, que fijará los criterios de actuación en los próximos rescates de entidades financieras. En otras palabras, establece quién y en qué orden pagará los desaguisados de la banca.

El texto que se difundirá el viernes con las conclusiones de este Consejo Europeo menciona todos estos logros y señala expresamente cuáles deben ser los siguientes pasos: "Un supervisor europeo plenamente efectivo requiere de una mecanismo de resolución de bancos único en toda la UE, capaz de tomar decisiones centralizadas". Ahí está la pista de cuál será la próxima gran negociación de los ministros de Finanzas (Ecofin).

Más financiación para las pymes

En lo que respecta al apoyo a las pymes, los líderes europeos van a debatir la propuesta conjunta que ha hecho la Comisión Europea y el Banco Europeo de Inversiones (BEI) para movilizar hasta 100.000 millones para financiar a las pequeñas y medianas empresas europeas. La propuesta, muy técnica y que deberá ser detallada más adelante, no deja de ser un ejercicio de ingeniería financiera puesto que en realidad propone la 'multiplicación' mediante avales y garantías de sólo 10.400 millones de euros. El borrador de las conclusiones señala que "estos instrumentos deberían empezar a funcionar en enero de 2014".

El 'Pacto Europeo' que han firmado los principales grupos parlamentarios españoles es más ambicioso en este capítulo ya que pide "instar al conjunto de instituciones europeas, incluido el Banco Central Europeo (BCE), a adoptar medidas para acabar con la fragmentación de los mercados, que se traduce en muy diferentes condiciones de financiación para las empresas".

Hoy estará en la reunión el presidente del BCE, Mario Draghi, por lo que Rajoy en persona podrá instarle a que tome las medidas necesarias. No obstante, fuentes europeas creen que no se incluirá ninguna mención a la institución monetaria en las conclusiones porque se daría una señala de que está habiendo una injerencia política en la sacrosanta independencia del Eurobanco.

El Gobierno español, respaldado por PSOE, CiU, PNV y UPyD, también pedirá que las bonificaciones sociales para la ayuda al empleo juvenil no computen como déficit en el procedimiento de la Comisión Europea, del mismo modo que este año no se han tenido en cuenta las ayudas a la banca.

Junto a los temas mencionados, el Consejo Europeo tratará además las recomendaciones específicas por país -en las que se pide a España que revise su sistema impositivo en marzo de 2014 y complete la reforma del factor de sostenibilidad antes de fin de año- y el próximo inicio de las negociaciones con Serbia para el Tratado de Adhesión. Por cierto que ésta será la última cumbre europea de los Veintisiete. La semana que viene se incorporará al club comunitario Croacia.

Fuente: El Mundo.

El FMI prevé que la recesión se agrave en España y el paro se dispare hasta el 27%

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  •  El Fondo prevé una caída del PIB del 1,6% este año y un crecimiento de solo el 0,7% en 2014

Amanda Mars (ENVIADA ESPECIAL) Washington 16 ABR 2013 - 15:00 CET

 
La directora del FMI, Christine Lagarde. / EMMANUEL DUNAND (AFP)

España es una economía rota. Los informes que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha presentado este martes en Washington dibujan un panorama desolador para los próximos años, y eso después de ya casi un lustro de crisis a la espalda: calcula que la recesión será más aguda este año y que el paro batirá nuevos récords.

Todas las previsiones del FMI han empeorado. El cóctel de los recortes, combinados con la sequía crediticia y falta de un yacimiento de empleo que releve al malogrado sector inmobiliario mantienen a la cuarta economía de Eurozona entre las peores del grupo. Solo para Grecia, Portugal –países rescatados- y Eslovenia –sobre el que se teme otro auxilio- se esperan caídas más agudas este año.

Una previsión económica es eso que se revisa al alza y a la baja constantemente y que acierta cuanto más se acerca al final del ejercicio, y aun así a veces fallan, incluso las del FMI. Pero con España hay cierto consenso: el Fondo calcula que la caída de la economía será del 1,6% este año, tres décimas por encima de lo estimado en la asamblea anual, celebrada el pasado otoño en Japón, que ya fue revisada en enero a un retroceso del 1,5%, y no muy lejos de lo previsto por Bruselas (-1,4%). Supone el tiro de gracia al pronóstico del Gobierno, que lo mantiene en un valor de negativo del 0,5%, aunque lo modificará en breve.

Lo peor es que la reactivación que se vislumbra es muy débil. Para el próximo año, el FMI calcula un tímido avance del 0,7%, insuficiente para contener el castigo del paro. La tasa de desempleo, que se preveía del 25,1% de la población activa para 2013, subirá al 27%, y en 2014 tan solo menguará hasta el 26,5%.

¿Cuánto tiempo puede soportar un país ese nivel de paro? “España ha podido hacerlo por su sistema de subsidios y por esas ayudas familiares, pero ha pasado ya tanto tiempo que esos recursos se empiezan a agotar”, explica el cargo de un banco central en los aledaños del cuartel general del FMI, más reforzado aun si cabe por la policía tras la alerta por las bombas de Boston.

La situación ha mejorado para España en los mercados desde el golpe en la mesa que dio el pasado verano el Banco Central Europeo (BCE), pero la llamada economía real —la de consumir, invertir, crear empleo— sigue deprimida. Por eso, la mirada desde el otro lado del Atlántico también ha cambiado. “España ha dejado de ser un problema sistémico en este momento, no hay miedo al contagio financiero, pero dentro del país, todo sigue mal, nadie puede dar por hecho se vaya a recuperar el nivel previo a la crisis, la fragilidad es extrema”, añade.

También la escalada de la deuda es un factor preocupante. Solo este año, cuando el pasivo alcanzará alrededor del 90% del PIB, el gasto presupuestado para pagar los intereses roza los 39.000 millones de euros, un 33% más que el año pasado, y sin un crecimiento sólido al Estado le cuesta cada vez más pagar sus deudas. España sigue en el alambre.

En su informe de Perspectivas Económicas Mundiales, el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, señala respecto a España y a Italia que “el proceso de devaluación interna se produce lentamente, y están ganado competitividad de forma lenta”, mientras que la demanda externa “no es lo bastante fuerte como para compensar la débil demanda interna”. Además, se produce una retroalimentación adversa entre bancos débiles, deuda soberana débil y baja actividad”.

La década perdida para la economía española puede alargarse, según se desprende del informe. El Gobierno España ha negociado a dentelladas con Bruselas con el fin de arañar algo de tiempo para cuadrar sus cuentas públicas, algo que se da casi por hecho. El Gobierno presentará un nuevo plan de estabilidad el 26 de abril y publicará sus nuevas proyecciones. Con estas, se prevén más reformas.

Fuente: El País.

España da por hecho que recibirá de la UE más de lo que aporta hasta 2020

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  • España se beneficia de la propuesta del presidente del Consejo Europeo para aumentar la ayuda contra el paro juvenil
  • El saldo terminará siendo positivo en unos 1.500 millones

Lucía Abellán / Miguel González / Luis Doncel Bruselas 8 FEB 2013 - 13:14 CET


Mariano Rajoy, hoy en Bruselas. / GEORGES GOBET (AFP)

España seguirá siendo receptor neto de los fondos comunitarios –es decir, que recibirá más de lo que aporta a la UE— en el septenio 2014-2020, si prospera la propuesta de presupuesto que este viernes por la mañana están discutiendo los líderes europeos, según fuentes de Moncloa. Hasta ahora, se daba por sentado que España estaba a punto de convertirse en contribuyente neto de las arcas comunitarias, al engrosar el pelotón de los países ricos de la UE. El saldo financiero en las relaciones entre Madrid y Bruselas, tradicionalmente positivo para nuestro país, se ha ido reduciendo en los últimos años y sumó 3.700 millones en 2011.

Preguntado sobre la negociación, Mariano Rajoy se limitó a decir: "Va bien".

El cambio de signo en esta tendencia se debe, según las mismas fuentes, a que el recorte presupuestario que discute el Consejo Europeo incide menos en las partidas que más afectan a España (como fondos de cohesión y ayudas agrícolas) y también a que se han afeitado las compensaciones que reciben algunos contribuyentes netos, aunque se mantenga intacto el cheque británico. El Gobierno sostiene que España se ahorrará 3.400 millones en aportaciones al Presupuesto europeo en los próximos siete años, por lo que el saldo neto será “ligeramente positivo”; en torno a lo 1.500 millones anuales, un 0,15% del PIB español.

El balance de pérdidas y ganancias en el capítulo de ayudas europeas es mucho menos claro. España ha perdido 1.000 millones de los 2.800 que se le prometieron en la cumbre de noviembre pasado para desarrollo regional. Estos 1.824 se distribuyen de la siguiente forma: 500 para Extremadura, 624 para las regiones en transición (Andalucía, Castilla-La Mancha y Murcia) y 700 para las más desarrolladas.

Sin embargo, Moncloa sostiene que 925 de los 3.000 millones de “dinero fresco” que habrá para luchar contra el desempleo juvenil serán para España y que nuestro país, el más castigado por la lacra del paro junto a Grecia, obtendrá otros 900 millones del fondo social europeo al aumentar el peso del desempleo como criterio para la distribución del mismo. Además, agregan las mismas fuentes, España recibirá 500 millones suplementarios para desarrollo rural, lo que arrojaría una ganancia total de 1.325 millones respecto a noviembre.

En un borrador presentado a los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, había propuesto reducir en un 35% el cheque específico previsto para España en el presupuesto de la UE de 2014-2020 cuyo objetivo es paliar el impacto de la crisis.

De esta forma, el preacuerdo presentado ahora por Van Rompuy, que están estudiando los líderes europeos, reduce el cheque español que se había ideado en la cumbre del pasado mes de noviembre de 2.800 millones a 1.800.

Con el triste récord que supone aportar el mayor número de parados de Europa (alrededor de seis millones), el Gobierno español confiaba en poder recibir alrededor de un tercio de ese fondo, unos 900 millones de euros de un instrumento que en principio podría arrancar con 3.000 millones para toda la Unión Europea. Pero más aún que la cifra, al Ejecutivo de Mariano Rajoy le preocupaba si se trataría de fondos nuevos o de reasignación de otros ya previstos. Es decir, si los 900 millones son netos adicionales o provienen de otras partidas asignadas (por ejemplo, de fondos de cohesión destinados a proyectos que Europa ya no cree prioritarios, como las infraestructuras).

Más allá de los datos, la solución que ha encontrado Van Rompuy para acomodar el resultado de la cumbre a los deseos de cada Estado es en buena medida contable. Todos los cálculos presupuestarios se hacen en función de los compromisos de gasto, no del gasto real, que siempre es inferior porque hay proyectos que no llegan a desarrollarse (o no en el plazo previsto) por diversos motivos. Para contentar a Alemania y Reino Unido, los Estados podrían acordar ahora un recorte mayor en el gasto real y menos acentuado en los compromisos, de forma que cada país se acogiera al resultado que más le conviniera para valorar lo conseguido.

Ese remedio cosmético entraña un riesgo: crear una brecha entre el horizonte de gasto asumido y el desembolso real que, en el momento en que los proyectos pendientes se materialicen, genere un déficit en las cuentas europeas, algo prohibido por ley. Es una de las advertencias que ha lanzado el Parlamento, muy crítico con el desarrollo de la negociación. En este caso, la visión de los eurodiputados no es retórica; por primera vez desde que existen cuentas comunitarias, la Eurocámara tiene derecho de veto sobre el marco presupuestario.

La otra clave de la negociación consiste en acentuar el recorte ya planteado para la función pública europea. Los 1.000 millones de euros menos que preveía la Comisión podrían quedar en el doble, según las fuentes consultadas, de forma que Reino Unido y Alemania pudieran exhibir ante sus opiniones públicas que la marea de la austeridad ha alcanzado también a la euroburocracia. Aunque se trata de cifras simbólicas —los gastos de administración apenas suponen un 6% de las cuentas comunitarias—, los recortes en ese capítulo se perfilan como la herramienta clave para cuadrar el círculo de las cuentas comunitarias.

Fuente: El País.

El paro de la eurozona marca en febrero un nivel récord del 10,8%

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Los rescatados Grecia, Portugal e Irlanda registran máximos históricos de paro

LUXEMBURGO, 2 Abr. (EUROPA PRESS).

El desempleo en la zona euro se situó el pasado mes de febrero en el 10,8%, un nivel récord que supera en una décima el dato de enero y contrasta con el 10% registrado hace un año, según los datos ofrecidos por Eurostat, que vuelve a colocar a España como el país con peores cifras de empleo de toda la región, ya que su tasa de paro subió al 23,6%, tres décimas más que en enero.

Por su parte, en el conjunto de la Unión Europea (UE) la tasa de desempleo se situó en febrero en el 10,2%, una décima por encima del mes anterior, y siete décimas más que en febrero de 2011.

La agencia estadística europea calcula que 24,550 millones de personas carecían de empleo en enero en la UE, de los que 17,134 millones se encontraban en la zona euro, lo que supone un aumento mensual de 167.000 parados en el conjunto de la UE y de 162.000 en la zona euro. Respecto a febrero de 2011, la cifra de desempleados entre los Veintisiete subió en 1,874 millones de personas y en 1,476 millones en la zona euro.

Entre los países miembros cuyos datos estaban disponibles, las menores tasas de paro se registraron en Austria (4,2%), Países Bajos (4,9%) y Luxemburgo (5,2%), mientras que las más altas fueron las de España (23,6%), Grecia (21% en diciembre de 2011), Portugal (15%) e Irlanda (14,7%).

ESPAÑA LIDERA EL DESEMPLEO EN TODAS LAS CATEGORÍAS.

Por su parte, la tasa de paro masculino se incrementó en la zona euro desde el 10,6% de enero al 10,7% de febrero, mientras que en la UE se mantuvo en el 10,1%. En el caso del paro femenino, subió una décima en ambas áreas, hasta el 11% y el 10,2%, respectivamente.

Asimismo, la tasa de paro entre los menores de 25 años subió hasta el 21,6% en la zona euro, desde el 21,5% del mes anterior, mientras que en el conjunto de la UE se situó en el 22,4%, una décima más que en enero. En las tres categorías España volvió a registrar en febrero las cifras más altas de desempleo con un paro del 50,5% entre los jóvenes, seis décimas más que en enero, mientras que el desempleo masculino aumentó cuatro décimas, hasta el 23,3%, y el femenino subió dos décimas, hasta el 23,9%.

Fuente: Europapress.