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Matteo Renzi dimite tras su derrota en el referéndum para la reforma constitucional

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Mateo Renzi, tras anunciar esta noche su dimisión. ANDREAS SOLARO / ATLAS

  • El 'no' se impone con casi el 60% de los votos en una consulta con alta participación.

Pablo Ordaz. Roma 5 DIC 2016 - 10:30 CET

Matteo Renzi jugó fuerte, perdió de forma clamorosa y ni esperó al final del recuento para, como había prometido, presentar su dimisión si su proyecto de reforma constitucional no superaba la prueba del referéndum. “Asumo toda la responsabilidad de la derrota”, dijo el todavía primer ministro tras felicitar a los partidarios del no, “y cuando uno pierde no se va a dormir silbando como si nada. Aquí termina mi experiencia de Gobierno”. Los italianos acudieron en masa a las urnas a expresar su rechazo al plan de Renzi. El presidente de la República decidirá ahora quién toma las riendas del Ejecutivo.

Este lunes, tras reunirse con sus ministros, Matteo Renzi subirá al palacio del Quirinal para presentar su dimisión al presidente de la República, Sergio Mattarella. Una renuncia que, nada más cerrarse las urnas y conocerse la rotundidad de la derrota a través de los primeros sondeos a pie de urna, ya le habían solicitado los representantes de la oposición.

El primero fue Matteo Salvini, el líder de la Liga Norte, quien aprovechó la coyuntura para proferir vivas a Donald Trump, a Vladímir Putin y a Marine Le Pen. Más tarde fue Renato Brunetta, uno de los hombres de confianza de Silvio Berlusconi, quién advirtió: “Si los sondeos a pie de urna se confirman, Renzi tiene que dimitir. Cuándo y cómo lo tiene que decidir él, pero se tiene que ir”. El último fue Beppe Grillo, el líder del Movimiento 5 Estrellas (M5S), quien pidió la convocatoria de elecciones.

La oposición y los críticos del Partido Democrático (PD) del todavía primer ministro pugnarán a partir de ahora por repartirse la túnica de Renzi, quien hace solo unos meses parecía invencible, la única figura de peso en la política italiana, y que ha caído por un error de cálculo solo atribuible a su exceso de confianza. Su proyecto de dar más poder al Gobierno —a través de una reforma de la ley electoral que penalizaba a los partidos pequeños y arrebatando al Senado su poder de bloqueo— fue entendido por la oposición y buena parte de la ciudadanía como un intento de perpetuarse en el poder. Un poder al que accedió sin pasar por las urnas —tras arrebatarle el Gobierno a su compañero de filas Enrico Letta—, pero que sí perderá democráticamente.

En apenas un mes, Renzi ha pasado de ser el último presidente extranjero agasajado por Barack Obama en la Casa Blanca a ser el responsable de una maniobra que ha dividido a Italia y que la lanza a un futuro incierto.

Sobre todo porque, más allá de las reformas concretas y de una única pregunta enrevesada para modificar 47 artículos de la Constitución, lo que subyacía era un voto de confianza hacia Renzi. El joven exalcalde de Florencia había convertido la consulta en un plebiscito sobre su liderazgo. Y le salió mal. El no se adjudicó el 59,11% y el sí solo un 40,89%. La participación fue masiva, con el 68,2% de los electores. Sólo dos regiones dieron su apoyo a la reforma del primer ministro: en su Toscana natal y en Trentino. En el resto del país, el rechazo se impuso inexorablemente.
Caída del euro

Los partidos italianos de la oposición, siempre a la gresca, supieron en esta ocasión unirse en un frente común —“un revoltijo” en palabras de Renzi— y arrebatar el discurso del primer ministro, acusándolo de sustentar su reforma en el apoyo y los intereses de banqueros y grandes empresarios. La estrategia dio resultados, y el no al referéndum se convirtió en un voto antisistema, de rechazo a los poderes fuertes o a la casta.

La derrota de Renzi arroja nuevas dudas sobre el proyecto europeo y así lo reflejaba la divisa común que caía más de un 1% en su cambio con el dólar tras conocer la derrota de Renzi, hasta cotizar a 1,055 unidades por billete verde.

Renzi quiso atribuirse la entera responsabilidad de la derrota. “La experiencia de mi Gobierno termina aquí”, anunció. “Yo quería reducir el número de los escaños y el sillón que ha saltado es el mío. El resultado es claro. La victoria del no ha sido extraordinaria. He perdido, y aunque en la política italiana no pierde nunca nadie, quiero repetirlo en voz alta. Yo he perdido. Soy distinto y lo digo con un nudo en la garganta. Creo en la democracia. Y cuando uno pierde no se va a dormir silbando como si nada. Aquí se acaba mi Gobierno. Me voy sin remordimientos”. Deja la incógnita de si se va para siempre o para preparar el regreso.

Para resaltar la necesidad de su reforma, que ya aprobó el Senado en octubre de 2015 y la Cámara de Diputados en abril, Renzi solía recordar que su Gobierno era el número 63 en 70 años de democracia. Italia tendrá que buscar ahora a su jefe de Gobierno número 64 en solo siete décadas.

FUENTE: El País.

El antieuropeísmo hace mella en Italia y crea tensión en Europa

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El primer ministro italiano, Matteo Renzi, durante un programa de televisión. - REUTERS

  • El referéndum de este domingo marcará no sólo el futuro del primer ministro, Matteo Renzi, sino también el de la senda reformista, política y económica de la tercera potencia del euro. La ventaja del 'no' en las encuestas atemoriza a la UE y a los mercados.


DIEGO HERRANZ

MADRID.- La inmovilista Italia, hasta hace poco uno de los más firmes baluartes del europeísmo, no parece querer renunciar a su tradicional vitola de nación ingobernable. Un término que consolidó su justificación con la sucesión de pentapartitos o coaliciones dominadas por la Democracia Cristiana de Mario Andreotti y el Partido Socialista Italiano de Bettino Craxi, que gobernó el país entre 1980 al 1992 y que fue el preludio, por la irrupción de casos de corrupción y la parálisis política y económica, del populismo de Silvio Berlusconi. El 'no' a la reforma constitucional de Matteo Renzi domina las encuestas. Nada menos que 32 sondeos de opinión de 11 firmas demoscópicas distintas dan como vencedores a los detractores del primer ministro progresista italiano. Eso sí, por escaso margen (entre 3 y 5 puntos) y sin contar con el amplio espectro de indecisos: el 25,9% de los italianos con derecho a voto.

Pero este domingo Italia se juega mucho más que el puesto de Renzi. En caso de que el líder del centro-izquierda consuma su velada sugerencia ─que no promesa─ de renunciar al cargo. El creciente antieuropeísmo trasalpino puede conducir a una nueva crisis de la zona del euro (y, por extensión, de la UE), una reedición de las tensiones en los mercados de capitales y, en cualquier caso, una inestabilidad notable en su titubeante economía. Más en concreto, en su altamente tóxico sector financiero. Hasta el punto de cuantificar el coste de un mega-rescate suculento. De la suficiente dimensión como para extirpar del sistema nada menos que 360.000 millones de euros de activos tóxicos ─equivalente al 18% del total del sector─, gran parte de ellos concentrados en los libros contables de su tercera mayor institución, el Monte dei Paschi di Siena (MPS) ─el banco más antiguo del mundo─, en estado de suma emergencia.

Pero, ¿qué se juegan los italianos en este referéndum sobre la reforma constitucional propuesta por Renzi? Y, sobre todo, ¿qué consecuencias inmediatas y a medio plazo tendrá el sentido de su voto? En esencia, la cuestión que plantea la consulta se ciñe al ámbito político. Sobre todo, para minimizar el poder del Senado que, de consumarse el 'sí', dejará de ostentar el veto a la aprobación de presupuestos y a gran parte de iniciativas legislativas y perderá su capacidad para retirar su confianza a gobiernos. Prerrogativas que pasarán a ser de la total exclusividad de la Cámara de Diputados, la cual, además, garantizará el 54% de sus escaños a la fuerza política más votada, medida que refuerza la supervivencia del jefe del Ejecutivo durante la totalidad del mandato, de cinco años.
 
La Cámara Alta mantendrá, eso sí, su labor de representación de los intereses de las autoridades locales, aunque con una concreción notable de los mismos, así como su poder de decisión sobre la Jefatura del Estado o los jueces de la Corte Constitucional. También la posibilidad de proponer cambios durante la tramitación de leyes. A imagen del modelo español o alemán. Pero reducirá su actual hemiciclo de 315 a 100 senadores, que perderán su inmunidad actual y ya no serán elegidos por sufragio sino a través de los consejos regionales y municipales, instituciones configuradas desde los 20 gobiernos regionales.

El primer ministro y su Partido Democrático (PD) aducen que aumentará la estabilidad gubernamental y acelerará las reformas legislativas, ya que el modelo bicameral actual, de un casi perfecto equilibrio de contrapesos entre diputados y senadores, ralentiza la aprobación de leyes hasta tres años, de media. Sus oponentes, con el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo ─en empate casi técnico según las encuestas con la formación de Renzi, después de haber logrado las alcaldías de Roma y Turín─ y la Forza Italia del inhabilitado Berlusconi ─sin olvidar a la Liga Norte─ a la cabeza, consideran que elimina los equilibrios y controles de poder, suponen una vuelta de tuerca a la centralización de la toma de decisiones y reducen el nivel de democratización del país. Por contra, Renzi, quien ha incidido en que su modificación constitucional permitirá modernizar los sistemas judicial y educativo y adecuar el ritmo transformador del país a los requerimientos de Europa, cuenta con el respaldo de los agentes sociales.


Renzi saluda a la canciller alemana, Angela Merkel, durante la visita del primer ministro italiano a Berlín del pasado mes de noviembre. - REUTERS

Confindustria, la gran patronal, ha hecho campaña por una reforma, dicen, por la que han esperado 25 años, que impulsarán los cambios socio-económicos que necesita el país, reducirá la burocracia para la creación de empresas, elevarán los beneficios del sector privado, agilizarán las modificaciones fiscales que precisa su economía y dinamizará el mercado laboral. Algo menos entusiastas se han revelado los sindicatos y las asociaciones de pymes, aunque se han decantado por apoyar la tesis de Renzi ante la incertidumbre que ha generado el Brexit, primero, y el triunfo de Donald Trump, después, y las dudas que la irrupción de la extrema derecha populista en Europa puede generar en las elecciones presidenciales francesas y las generales alemanas, en 2017.

Sin embargo, las alarmas del no reformista, conectadas al creciente euroescepticismo ─de nada menos que 24 puntos este ejercicio, según el eurobarómetro del Pew Research Center─, se propagan también a la esfera económica. En un momento de coyuntura delicada, con la renta per capita en niveles de finales de los noventa, un mercado laboral con esclerosis múltiple, bancos sin rentabilidades que amenazan con un nuevo rescate desde Europa y una deuda semejante al 133% del PIB. Su titular de Finanzas, Pier Carlo Padoan, descarta que el resultado negativo del referéndum desencadene una nueva tormenta de deuda europea como en 2011.

Pero los analistas no aprecian un horizonte tan benévolo. Céline Renucci, estratega de AXA Investment Managers, dibuja tres escenarios. El primero, al que concede un 55% de opciones, es la victoria del 'no' con un estrecho margen, que no supondrán cambios importantes en la arena política, aunque retardarán el ritmo de las reformas y generarán tensiones a medio plazo en la economía, sin apenas repunte de la prima de riesgo. Un segundo panorama, con un 25% de probabilidades, de claro triunfo del 'no', que aboque a Renzi a la dimisión, ahonde en los privilegios parlamentarios e influya en la resolución final de la Corte Constitucional sobre la reforma electoral (prevista para enero). De producirse, se disparará el diferencial con el bono alemán en más de 150 puntos básicos, aunque sin llegar a los episodios de 500 de la crisis de hace cinco años, precipitará el rescate y se vivirán jornadas de drásticas caídas de las bolsas europeas. Unas turbulencias que inyectarán dudas sobre el proyecto europeo y tensiones geoestratégicas en la UE; en especial, entre sus grandes socios. La tercera carta de la baraja, la victoria del 'sí', al que otorga un 20% de posibilidades, consolidaría el entramado institucional italiano, mejoraría la prima de riesgo no sólo de Italia, sino del conjunto de los países periféricos de la zona del euro y aclararía el destino integrador de la UE.
 
Sea cual sea el resultado, sin embargo, el futuro de la tercera entidad bancaria, Monte dei Paschi, seguirá en el disparadero. Y no es un asunto menor. Sobre todo, porque generaría un efecto dominó en el maltrecho sistema financiero italiano, en el ya debilitado sector francés, el más expuesto a la banca trasalpina, en el alemán (el segundo) y acechado por los problemas del Deutsche Bank e, incluso, en el español, en el que el Popular está dando esta semana muestras de su flaqueza bursátil. Su nuevo CEO, Marco Morelli, tiene hasta finales de año para aumentar, con éxito, en 5.000 millones de euros ─siete veces su valor actual de mercado─ el capital de la entidad y liberar los 28.000 millones de euros en los que se han calculado sus préstamos de dudoso cobro. Además de restablecer la confianza perdida de sus inversores que han visto cómo el precio de la acción ha caído un 99% desde 2009, después de reconocer pérdidas de 15.000 millones de dólares durante este periodo.

La transición del Monte dei Paschi, en consecuencia, será complicada en los próximos meses. Pero la negativa de la sociedad civil italiana a la reforma podría precipitar el rescate. Incluso con el respaldo social su futuro parece pasar por un nuevo esfuerzo financiero procedente de Europa. Fitch Ratings cifra en un 14% menos el nivel de depósitos del banco en relación al pasado año y declara su situación como “extremadamente vulnerable a las decisiones del mercado”. Etiqueta que sitúa a la entidad, según el lenguaje de las agencias de calificación, al borde de la quiebra. A no ser que Morelli logre convencer a los Estados del Golfo Pérsico de la conveniencia de invertir en el tercer banco italiano. El último de los comodines que podría barajar la cúpula dirigente del Monte dei Paschi antes de reclamar ayuda al BCE.

FUENTE: Público.

Todas las claves del Cameron VS Tusk

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David Cameron, en una conferencia de prensa en Bruselas. REUTERS

  • El premier promete celebrar, antes del final de 2017, un referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea
  • Para hacer campaña activa a favor de seguir dentro, el primer ministro británico ha exigido cambios profundos en la UE

PABLO R. SUANZES Corresponsal Bruselas

18/02/2016 03:07

David Cameron ha prometido celebrar, antes del final de 2017, un referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea. Para hacer campaña activa a favor de seguir dentro, el primer ministro británico ha exigido cambios profundos en la UE y en las condiciones para su país. Sobre gobernanza económica, competitividad, no discriminación para los países que no tienen el euro y, sobre todo, para poder limitar las prestaciones sociales de los trabajadores de otros países comunitarios que se muden a Reino Unido.

¿Qué ocurre el jueves y el viernes?

Desde el final del verano, técnicos de la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Gobierno británico están negociando. Hace unas semanas, Donald Tusk hizo público el documento base de ese acuerdo, legalmente vinculante, con cambios legislativos para acomodar las demandas de Cameron. Desde entonces se sigue discutiendo los detalles y el jueves y el viernes, en Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno negociarán a nivel político el texto final. El objetivo es lograr algo similar a lo alcanzado en 1992 en Edimburgo con Maastricht y la participación danesa: una interpretación de los tratados, pero no una modificación.

¿Habrá acuerdo el jueves?

No lo sabemos, pero es probable que sí. Se han logrado avances importantes en los puntos de fricción y aunque hay discrepancias fuertes los diplomáticos europeos esperan que tras una larga noche, el viernes se logre consensuar un texto satisfactorio para todos. Que dije el marco para una relación todavía más especial del Reino Unido y básicamente sólo para el Reino Unido, que les permita en caso de "emergencia" ante una situación de insostenibilidad para las cuentas de la Seguridad Social suspender prestaciones sociales laborales (no todas, no de desempleo) a los nuevos trabajadores que lleguen al país, pero en ningún caso a los que ya están allí.

¿Qué diferencias hay entre las partes?

En realidad, bastantes. Francia o España, por ejemplo, tienen serias dudas en los asuntos económicos. No quieren que Reino Unido pueda acabar casi vetando la mayor integración de la Eurozona sólo por el hecho de no querer incorporarse a la moneda única. Y quieren un texto mucho más claro para no poner en peligro la Unión Bancaria y los asuntos financieros, puesto que Londres aboga por un sistema que al final podría acabar suponiendo condiciones diferentes de supervisión y regulación para entidades de un país u otro en función de la divisa que utilizaran. Por otro lado, muchos gobiernos, empezando por los del Este (República Checa, Polonia, Eslovaquia, etc) no quieren aceptar la cuestión de las prestaciones sociales y las limitaciones a la libre circulación tal y como están ahora planteadas, y buscan cambios en el lenguaje y el alcance de los puntos más críticos.

¿Qué pasa si no hay acuerdo?

Si no se lograra un acuerdo, esta semana o en el futuro en otro Consejo Europeo, Cameron haría campaña a favor de dejar la Unión Europea y el referéndum, que podría celebrarse tan pronto como en junio, seguramente se saldaría con un "no" a la pertenencia

¿Y qué ocurre si logran un acuerdo esta semana?

Entonces empieza la parte técnica. Si hubiera un acuerdo, legalmente vinculante, estaría en todo caso condicionado al resultado del referéndum. Si se celebra el plebiscito y sale un "no" a la UE, el documento del acuerdo sería papel mojado y se olvidaría inmediatamente. Si salieron un "sí", Reino Unido tendría que informar oficialmente a la Comisión Europea y al Consejo y se iniciarían el proceso para la tramitación legal de toda la legislación secundaria que es necesario cambiar para dar acomodo a los cambios. Un proceso que en el mejor de los casos, viendo los precedentes, podría llevar entre seis y nueve meses. Es decir, que hasta mínimo 2017 Londres no podría empezar a restringir los derechos sociales de los trabajadores extranjeros

¿Qué papel juega el Parlamento Europeo en todo esto?

Hasta el día de hoy, escaso. Pero no está claro el proceso a partir de ahora. Si el jueves y el viernes los primeros ministros logran un acuerdo y se redacta un texto legal, muchas fuerzas políticas de la Eurocámara (los euroescépticos, las fuerzas de izquierda) es casi seguro que pedirían poder votar en el Pleno una resolución ad hoc. Pronunciarse, debatir. David Cameron, que visitó a los líderes de varios partidos esta misma semana, ha logrado un acuerdo verbal para que los populares, socialistas y liberales, con la ayuda del presidente Martin Schulz, eviten ese tipo de resolución. En ese caso, el Parlamento Europeo tendría que esperar hasta que, acabado el Referéndum, se inicien los trámites legales para el cambio de la legislación europea. Y en ese momento participaría como se hace normalmente en las discusiones, con su papel habitual en el proceso colegislador.

¿Qué posiciones hay en la Eurocámara?

Si los jefes de Estado y de Gobierno logran un acuerdo en el Consejo lo más probable es que el grupo 'tory', los populares y los socialistas votaran a favor de los cambios legislativos, con pequeños cambios quizás. Los liberales de Alde podrían dividirse, según el federalismo de cada movimiento interno. Y los euroescépticos y la izquierda votarían en contra, pero probablemente no tuviera fuerzas suficientes para frenar el cambio en las normas.

¿El acuerdo se logra por mayoría simple?

No, en el Consejo Europeo los líderes deben aprobarlo por unanimidad. Eso lo hace "irreversible", pues haría falta, para poder cambiarlo en el futuro, otra vez un acuerdo de los 28, sin fisuras. Eso daría garantías a Reino Unido, al menos en ese punto. Cameron pidió algo parecido a los líderes del Europarlamento esta semana, y le dijeron que aunque cuenta con el apoyo de los principales partidos, nadie puede adelantar lo que ocurrirá en un proceso democrático.

¿Cuándo se sabrá algo seguro?

Los Consejos Europeos se sabe cuándo empieza pero no cuándo terminan. La agenda prevista indica que se debatirá el tema de 'Brexit' el jueves por la tarde, pero que la cena se dedicará al tema de los refugiados y el cierre de fronteras. La noche quedaría así libre, relativamente, para encuentros bilaterales de Cameron con los países más reacios o del resto de delegaciones. Y el viernes por la mañana se retomaría el tema británico hasta que sea necesario .Pero todo puede cambiar en función de lo que vaya ocurriendo. Cameron quiere convocar un Consejo de Ministros el propio viernes en Londres. Según fuentes diplomáticas es más que probable que todo se resuelva a tiempo, pero una larga madrugada no está descartada.

FUENTE:
El País.
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Grecia acepta el plan europeo que rechazó en el referéndum

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Grecia 
Alexis Tsipras, el miércoles en Atenas. / ALKIS KONSTANTINIDIS (REUTERS)

  • Europa abre la puerta a una reestructuración de la deuda a cambio de duras reformas

Claudi Pérez / Luis Doncel / Lucía Abellán Bruselas / Berlín 10 JUL 2015 - 10:34 CEST

Atenas acepta finalmente la propuesta que sus ciudadanos rechazaron en referéndum. Con apenas ligeros retoques. El Gobierno de Grecia envió la noche del jueves el plan con las medidas prioritarias para pactar el tercer y ansiado rescate con los acreedores, que está llamado a evitar la bancarrota y la salida del euro. Atenas acata prácticamente al 100% la última oferta europea —la rechazada en voto del pasado domingo—, y se compromete a hacer concesiones simbólicas, y circunscritas a las subidas de impuestos. La canciller Angela Merkel pidió el pasado lunes una propuesta más dura para un programa completo y de más largo alcance: por tres años y algo más de 50.000 millones de euros. Pero solo hay más dureza en el capítulo de ingresos fiscales, especialmente en el IVA: el Gobierno de Alexis Tsipras rebaja menos el gasto militar de lo que pedían los socios, aporta medidas cosméticas en otros asuntos (quizá la más importante sea la privatización de los puertos del Pireo y Salónica) y, sobre todo, no ofrece medidas adicionales en pensiones, tal vez el capítulo más controvertido de la negociación.

Bruselas y Berlín habían prometido el jueves un gesto relativo a la reestructuración de la deuda griega si la oferta de Atenas es convincente. Eso está por ver: la propuesta es prácticamente calcada a la que llevó a Tsipras a romper las negociaciones y convocar un referéndum hace unos días. Las metas fiscales son idénticas —un superávit fiscal primario del 1% del PIB para este año—, e incluso Grecia pide revisar los objetivos a medio plazo (3,5% del PIB desde 2018) ante la constatación de que la economía se ha parado en seco tras el corralito. Atenas sí hace concesiones por el lado de los impuestos, pero no por el capítulo de gastos, el preferido por los acreedores. Salvo quizá por la excepción que supone la privatización de sus principales puertos: dinero fresco, y no previsiones de ingresos. Y deja prácticamente intactas las medidas relativas a las pensiones, con un guiño a los pensionistas con menos ingresos. El Gobierno griego, eso sí, aprobará de urgencia, a principios de semana, tanto la reforma fiscal como la de las pensiones.

Las instituciones anteriormente conocidas como troika evaluarán en las próximas horas esa oferta. Y el Eurogrupo la examinará el sábado. En juego está el futuro de Grecia, y tal vez el del euro: tras solicitar dos rescates desde 2010 por importe de 240.000 millones, Atenas necesita como agua de mayo un tercero que ascenderá finalmente a 53.000 millones adicionales. Y que dejará al Gobierno griego bajo la tutela de la troika por un plazo de tres años: prácticamente todo el mandato de Tsipras.

Esa lluvia de millones no está garantizada. Solo llegará si finalmente hay acuerdo. La mujer más poderosa de Europa, la canciller Merkel, avisó hace apenas tres días de que esperaba una propuesta dura, más ambiciosa que la europea: el plan de Bruselas ofrecía 15.000 millones para seis meses, y Grecia pide ahora más del triple de ese dinero y para tres años. Pero el plan de la noche del jueves y la anterior propuesta europea son prácticamente iguales. Y las concesiones ya se incluían en la carta enviada por Alexis Tsipras a las instituciones durante la campaña del referéndum.

Queda por ver, por lo tanto, si Europa concluye que Tsipras ha cedido lo suficiente o quiere hacer más sangre, con una dosis mayor de austeridad que castigaría la maltrecha economía griega, que se adentra en una recesión profunda. Las mayores concesiones se ofrecen a través de los impuestos: Grecia se aviene a eliminar el tipo reducido del IVA en las islas --pero no en el caso de las más remotas--, y se compromete a subir el IVA de los hoteles a partir de octubre. Ofrece también medidas compensatorias a los acreedores si se recauda menos de lo previsto, con aumentos adicionales del impuesto sobre los alquileres y del Impuesto de Sociedades, que podría ascender hasta el 29% en el peor de los casos. En el capítulo de gastos no hay grandes novedades: Grecia ofrece recortar el gasto militar en 100 millones este año y en 200 millones el año próximo; los acreedores querían un tijeretazo de 400 millones. Hay incluso otras medidas a favor de Grecia: la oferta europea establecía una revisión de la ley relativa a los despidos colectivos; el nuevo plan se desvincula de ese compromiso.

Las pensiones han sido uno de los caballos de batalla de la estrategia griega. Si Merkel pensaba que Tsipras iba a claudicar aún más por ese flanco, se equivocaba. Atenas, eso sí, acepta todo el paquete de la UE incluido en el plan del 30 de junio, que supone elevar la edad de jubilación a 67 años y congelar las pensiones hasta 2021. Pero no da su brazo a torcer en nada más. Al contrario: pide retrasar a marzo de 2016 la retirada gradual del complemento para los pensionistas con menores rentas (EKAS).
 
Fase decisiva

La respuesta de las instituciones a esa última propuesta es fundamental para el devenir del tercer rescate, con una banca que está cerca de la asfixia y depende de la liquidez de emergencia del BCE. A modo de señuelo, Europa envió el jueves claras señales a Atenas de que contempla una reestructuración de su deuda si acomete serias reformas. Tanto el Gobierno alemán como el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, abogaron por ello. Berlín se reafirmó en descartar una quita pero dejó abierta la puerta a una mejora en los plazos de devolución. El FMI, EE UU y Francia defendían ya conceder a Grecia un alivio de la deuda, pero ni Alemania ni el Consejo habían sido nunca tan explícitos al respecto.

Bruselas y Berlín pretendían que Atenas llegara lo suficientemente lejos y renunciara a muchas de sus promesas para que ese plan vuele, a juzgar por el altísimo nivel de desconfianza de los socios tras el impago al FMI, el abrupto final del segundo rescate, la ruptura de las negociaciones con el referéndum y los posteriores controles de capital. Pero a su vez, los europeos son conscientes de que tienen que dar algo a cambio para acabar de una vez por todas con la historia interminable de este capítulo de la saga griega: “Una propuesta realista por parte de Grecia debería ir acompañada de una propuesta realista de los acreedores sobre sostenibilidad de la deuda para crear una situación en la que todos ganen”, zanjó Tusk. Está por ver si el plan enviado anoche, de apenas nueve páginas plagadas de recortes y reformas, es lo suficientemente “realista” para los estándares europeos. A falta de despejar esa incógnita, el desenlace llegará este fin de semana.
 
Tsipras convoca al Parlamento para discutir la propuesta

M. A. SÁNCHEZ-VALLEJO

El Gobierno griego ha convocado hoy, por el procedimiento de urgencia, un debate parlamentario para obtener el mandato de la Cámara de cara a la negociación con los socios europeos sobre la propuesta de acuerdo que Atenas remitió anoche al Eurogrupo para cerrar un tercer rescate.

Según la televisión pública y las agencias de noticias, anoche el Ejecutivo solicitó formalmente al Parlamento convocar un debate en el que discutir las “medidas prioritarias” comprendidas en el acuerdo presentado ayer a los acreedores.

A primera hora de la mañana está previsto que se reúna el grupo parlamentario de Syriza para evaluar las reformas, que incluyen varios recortes que podrían causar importantes fricciones dentro del partido, en el que conviven corrientes más pragmáticas con otras opuestas a cualquier medida de austeridad adicional para la castigada sociedad griega.

Posteriormente habrá una votación con todos los grupos para determinar si estos autorizan al Gobierno a usar el texto como base para las conversaciones europeas.

“Este es un paso para demostrar que el Gobierno tiene la voluntad de seguir adelante en la aplicación de las reformas prometidas, pero sin dar ningún paso unilateral antes de la reunión del Eurogrupo”, explicó una fuente parlamentaria griega a Reuters.

FUENTE: El País.

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Europa pendiente de Escocia

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  • Más de cuatro millones de votantes tienen hoy en sus manos el futuro del Reino Unido.
  • Últimas encuestas dan una ligera ventaja a los partidarios del 'no' a la independencia.

Más de cuatro millones de votantes tienen este jueves en sus manos el futuro de Reino Unido en el referéndum de independencia de Escocia, que amenaza con provocar un seísmo político de imprevisibles consecuencias en toda Europa. Con las encuestas marcando una leve diferencia de dos a cuatro puntos a favor del 'no', los analistas advierten de que estamos ante un resultado tan incierto como el de la consulta independentistas de Québec en 1995, que se cerró con una victoria 'in extremis' de los unionistas por apenas un punto.

La alta participación de más del 80% y la capacidad de movilización de la campaña 'Yes Scotland' pueden dar un impulso al 'sí' sobre la línea de meta. El miedo económico y la promesa de más poderes para el Parlamento escocés servirán, sin embargo, de contrapunto en plena cuenta atrás.

La batalla final, que ha provocado enfrentamientos y acusaciones de "intimidación" por parte de las dos campañas, se libró este miércoles en Glasgow y en otros bastiones laboristas que se han estado escorando hacia el 'sí' en las últimas semanas. El número de indecisos se estimaba en 350.000, más que suficientes para inclinar la balanza hacia uno u otro lado.

"Si estáis indecisos, no lo penséis más y votad no", proclamó este miércoles en el ex primer ministro laborista Gordon Brown en su ciudad natal y en el que muchos consideran ya como el discurso más emotivo de su vida. "¡Ésta es nuestra Escocia y no podemos permitir que se apropie de ella la campaña del sí". Ésta no es su bandera, ni éste es su país, ni éstas son sus calles (...) No hay un solo cementerio en Europa donde no estén enterrados los escoceses junto a los ingleses, los galeses y los irlandeses".

La tercera opción

Confiado en una victoria final, con la mirada puesta ya en el día después, el ministro principal escocés, Alex Salmond, se dirigió a cientos de fieles en la vieja capital de Perth: "No buscamos la división sino la igualdad. En una Escocia independiente, el Reino Unido encontrará a su amigo más cercano, a un honesto consejero y a un aliado comprometido".

Mientras, en Londres, el primer ministro, David Cameron, aseguraba que no se arrepentía de haber allanado el camino hacia el referéndum. "Soy un demócrata y gobierno en un país democrático", declaró al diario 'The Times'. "Pienso realmente que el apoyo a la independencia sería aún mayor si hubiera negado la posibilidad del referédum. Habría sido como esconder la cabeza en la arena".

Cameron defendió incluso la decisión de haber negado a los escoceses una tercera opción -más autonomía- y haber dejado la consulta a cara o cruz con el 'sí' y el 'no'. El premier negó también el supuesto error de cálculo en el momento de la firma del "acuerdo de Edimburgo" en 2012, cuando el apoyo a la independencia rondaba el 30%. El premier aseguró que desde el primer momento supo que iba a ser un resultado "muy ajustado".

Según revelaba este miércoles el 'Evening Standard', Cameron ha llegado a reconocer a sus allegados que los últimos días, con el Reino Unido en el filo de la navaja, han sido un auténtico calvario. Durante la presentación de la novela de Andrew Marr 'Head of State', en la que el primer ministro en la ficción resulta asesinado, se atrevió incluso a bromear: "Tengo que reconocer que después de todo lo que he pasado estos últimos días, un asesinato habría sido un alivio"...

El futuro de Cameron

Cameron reiteró que no piensa dimitir, pese a la inquietud creciente en las filas del Partido Conservador, que celebra su conferencia anual en Birmingham dentro de 10 días. A la presión insostenible ante una posible victoria del 'sí', se une el descontento por las concesiones de última hora de más transferencias a la Escocia si vence el 'no', que ha creado un gran resentimiento en Gales y en parte de Inglaterra.

La posibilidad de una victoria independentista está causando también una convulsión en los otros dos grandes partidos nacionales. Los laboristas han anunciado que suspenderían su conferencia nacional prevista para la semana que viene en Manchester, mientras que los liberaldemócratas cancelarían también su encuentro anual en Glasgow. El futuro del líder de la oposición, Ed Miliband, y del viceprimer ministro, Nick Clegg, quedaría también en el aire si se consuma la ruptura del Reino Unido.
"Va a ser sin duda el día más importante en la reciente historia de nuestra democracia", predijo sin miedo a equivocarse el laborista Alistair Darling, al frente de la campaña unionista 'Better Toghether' ('Mejor Juntos'), horas antes de la apertura de las urnas a las siete de la mañana (ocho en España).

Durante 15 horas, el tiempo en que estarán abiertos los colegios electorales, el corazón de Europa estará en un puño pendiente de lo que ocurra en Escocia. Los resultados empezarán a gotear pasada la medianoche, aunque los resultados provisionales y las encuestas a pie de urna pueden no ser suficientes para adjudicar un ganador.

El resultado oficial no se hará público hasta el viernes a las siete de la mañana en Edimburgo. A esas horas, los primeros efectos se habrán hecho ya sentir no sólo en Westminster sino también en Bruselas y en las capitales europeas.

El voto de los residentes europeos en Escocia, precisamente, puede ser un factor de peso en el momento final. Un 14% de los 4,3 millones de votantes censados (de una población total de 5,2 millones) son ciudadanos no nacidos en Escocia, incluidos los ingleses, galeses y norirlandeses.

El grupo Ciudadanos Europeos por la Independencia de Escocia reúne 15.000 simpatizantes y muchos de ellos votarán 'sí' en la cita histórica. Tan sólo en Edimburgo hay 20.000 ciudadanos españoles, y gran parte de ellos están registrados, incluidos cientos de catalanes y vascos que tendrán ocasión de pronunciarse por la independencia de Escocia.

Resultado incierto

Con la intención de ganar más apoyo a la causa independentista, Alex Salmond rebajó por primera vez la votación a los jóvenes de 16 y 17 años. El apoyo al 'sí' ha ido ganando efectivamente terreno entre los 125.000 adolescentes que se estrenarán ante las urnas, aunque las fuerzas están bastante más niveladas que en otros grupos de edad. En contrapartida, los mayores de 55 años son abrumadoramente partidarios de la unión, y podrían inclinar el resultado del lado del 'no'.

Del 'factor Braveheart' -el mayor apoyo a la independencia se da entre los hombres- se ha hablado también largo y tendido durante la campaña. La encuesta de YouGov reveló hace 10 días el repentino aumento en las últimas semanas del 'sí' entre las mujeres: del 33% al 47%. El último sondeo del 'Daily Telegraph' refleja, sin embargo, una remontada del voto femenino a favor del 'no', con 17 puntos por delante.

El 74% de los escoceses confiesa que votará "con la cabeza", frente al "19% que lo hará con el corazón", según otro sondeo de Survation para el 'Daily Mail'. La última encuesta del miércoles por la tarde -de Ipsos Mori para la cadena STV- dejaba la distancia entre el 'no' y el 'sí' en dos puntos: de 51% a 49%, dentro del empate técnico.

El profesor John Curtice, de la Universidad de Strathclyde, autor de la "encuesta de encuestas" que reflejaba la misma tendencia, reconoció lo incierto del resultado: "Por un lado, hay noticias positivas para el 'no', con sondeos que siguen de certificando su pequeña ventaja. Pero los resultados son también aleccionadores para el 'sí', porque la diferencia es demasiado pequeña y nadie puede estar seguro de cuál va a ser el resultado".

FUENTE: El Mundo.

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