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Bruselas exige a Grecia duros ajustes en el próximo mes

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Seguidores de Syriza celebran los resultados de las elecciones. / Milos Bicanski (Getty )

  • Los acreedores quieren que el nuevo Gobierno se ponga en marcha cuanto antes

Claudi Pérez Bruselas 20 SEP 2015 - 22:55 CEST

Si la Gran Recesión fue la manera de enseñar al mundo un poco de economía, la crisis del euro obliga a los griegos a aprender que voten lo que voten —y es la cuarta visita a las urnas desde 2012— tendrán duros ajustes por delante. Pese a que los partidos reclaman una renegociación del rescate, Bruselas ha dejado claro que eso no sucederá, y exige más austeridad pero sobre todo un estricto calendario de reformas que el nuevo Gobierno griego debe abordar en las próximas semanas para evitar que resucite el fantasma del Grexit.

Alexis Tsipras sabía que la salida de Grecia del euro era una opción aunque no se hablara de ello. (...) Si lo que hemos acordado no se respeta esta vez, la reacción de la UE y de la eurozona será bien distinta”. El último discurso del jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, deja meridianamente clara la agenda del próximo primer ministro de Grecia, que no será otro que el propio Tsipras, a quien el presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, fue uno de los primeros dirigentes europeos en felicitar anoche. “Ahora se necesita rápidamente un Gobierno sólido preparado para generar resultados”, escribió en Twitter.

En la misma línea se expresó el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, que felicitó a Tsipras y pidió una rápida formación de un Gobierno para “proseguir el proceso de reformas”, al tiempo que mostró su disposición “para trabajar estrechamente con las autoridades griegas y para seguir acompañando a Grecia en sus ambiciosos esfuerzos reformistas”.

Los acreedores no van a renegociar el acuerdo firmado justo antes de verano; tan solo están dispuestos a hacer concesiones menores. Y quieren que el nuevo Gobierno se ponga en marcha cuanto antes para cumplir a rajatabla una agenda de reformas muy exigente, que incluye una treintena de medidas en apenas un mes. El nuevo Ejecutivo tendrá una especie de examen final tan pronto como en octubre o a principios de noviembre: la primera evaluación del rescate por parte del Cuarteto se adivina decisiva para el futuro de la saga griega.

Atenas tiene varios incentivos para no fallar. Uno: de esa manera llegarían 3.000 millones en noviembre. Dos: pasar esa prueba es condición necesaria para acometer la ansiada reestructuración de deuda. Tres: solo así los socios desbloquearán el dinero necesario para recapitalizar los bancos y acabar con la pesadilla del control de capitales. Y cuatro: si todo sale bien, el BCE podría comprar bonos griegos y desatascar la salida de la crisis. Nada de eso va a ser sencillo. La fatiga reformista de los griegos es evidente. Dentro de las medidas más inmediatas hay píldoras difíciles de tragar, como recortes en pensiones y duros ajustes en el sector financiero.

La mayor parte de los analistas —y, sotto voce, muchos de los funcionarios europeos consultados— piensan que es posible que el tercer rescate descarrile y eso active la amenaza de Grexit que Berlín usó en la última negociación. “Tsipras debería involucrar a Nueva Democracia para compartir los costes que exige activar las reformas del tercer rescate y sortear los peores escenarios. Esta vez, los griegos saben de veras que no tienen otra opción”, apunta Theodore Pelagidis, del think tank estadounidense Brookings.

“Junto con la humillación que supone saber que en los últimos tiempos han gobernado partidos de todas las ideologías y nada ha cambiado en la política económica, Grecia es consciente de que el único escenario mínimamente optimista es una gran coalición que dé la estabilidad política imprescindible para acometer el próximo paquete de reformas”, dice el analista Protesilaos Stavrou. Daniel Gros, director del CEPS, es más optimista: “Los acreedores están más tranquilos esta vez: el programa tiene más visos de funcionar de lo que muchos creen”.

El capitalismo sin quiebra es como el cristianismo sin infierno: en el caso griego, lo más parecido a esa quiebra sería la salida del euro, más cerca que nunca a pesar de los 86.000 millones del tercer rescate. Grecia ha perdido un cuarto de PIB y sigue en recesión; los bancos están hechos trizas, hay controles de capitales para rato y el paro sigue en el 25%. Las dudas persisten, el Cuarteto sigue en Atenas y el último capítulo de la tragicomedia griega está aún por escribir.

Las reformas para el examen de octubre 

  • Recortes en pensiones. Las reformas irán enfocadas a desincentivar la jubilación anticipada y a multar a aquellos que se retiren antes de la edad legal de 67 años. 
  • Ajustes del sector financiero. Reestructuraciones, reformas contra la morosidad, cambios en el Banco de Grecia... 
  • Privatizaciones. El Gobierno dará a conocer la oferta conjunta de los puertos del Pireo (Atenas) y Tesalónica antes de mediados de octubre. 
  • Los incentivos de aprobar estas reformas son 3.000 millones de euros en noviembre. También abriría la puerta a cometer la reestructuración de la deuda, a desbloquear el dinero para recapitalizar los bancos y acabar con el control de capitales. El BCE también podría comprar bonos.

FUENTE:
El País.

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Grecia aprueba con una amplia mayoría el tercer plan de rescate

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Alexis Tsipras junto al ministro de economía, George Stathakis. / CHRISTIAN HARTMANN

  • Parte de Syriza se ha desmarcado del acuerdo al que sí se han sumado la oposición
     
María Antonia Sánchez-Vallejo Madrid 14 AGO 2015 - 11:00 CEST

El Gobierno griego se someterá previsiblemente a un voto de confianza en el Parlamento tras el varapalo infligido por sus propias filas en la votación del tercer rescate, esta mañana. El Ejecutivo que preside Alexis Tsipras perdió definitivamente su mayoría absoluta parlamentaria al encajar 43 votos en contra o abstenciones de Syriza, si bien el acuerdo con los socios salió adelante gracias al apoyo de los tres partidos de la oposición proeuropea (liberales, conservadores y socialistas). Los conservadores de Nueva Democracia (ND, 76 escaños) ya han señalado que no votarán a favor del Gobierno en la moción de confianza, que será convocada probablemente por Tsipras a partir del 20 de agosto, cuando Grecia debe devolver 3.200 millones al Banco Central Europeo. Sin el respaldo del principal partido de la oposición y con la brecha abierta en sus filas, el Ejecutivo de Tsipras caería.

En una acalorada sesión que se prolongó hasta la mañana, acumulando un considerable retraso por las objeciones de procedimiento de la presidenta del Parlamento, Zoí Konstandopulu –una de las voces más críticas de Syriza-, el acuerdo con los socios para el tercer rescate (85.000 millones a tres años) recibió la preceptiva luz verde para que el ministro de Finanzas, Efklidis Tsakalotos, participe esta tarde en el Eurogrupo que lo aprobará, posibilitando el desembolso del primer tramo de la ayuda, que Atenas espera se cifre entre 20.000 y 25.000 millones de euros.

En su discurso a la Cámara antes de la votación, Tsipras defendió su decisión de aceptar un programa cuajado de duras condiciones como subidas de impuestos o recorte de gastos sociales, afirmando que tuvo que elegir “entre seguir vivos o el suicidio”. “No lamento la decisión. No estamos exultantes pero tampoco en duelo. Tengo la conciencia limpia porque es lo mejor que pudimos lograr bajo el actual equilibrio de poderes en Europa, bajo las condiciones de asfixia económica y financiera que nos impusieron”.

Aunque haya sacado adelante el rescate, Tsipras ha sufrido un serio revés. Los 43 diputados rebeldes de Syriza suponen casi un tercio de su bancada (149 escaños), y además representan una decena más que los que se opusieron en las votaciones anteriores, en julio, de las medidas urgentes impuestas por el cuarteto para proceder a la negociación del rescate.

La ruptura de Syriza parece, pues, consumada. La presidenta del Parlamento, que votó en contra y sobre todo exasperó a Tsipras retardando con sus objeciones formales la sesión, manifestó después del voto: “No voy a apoyar al primer ministro nunca más”. El exministro de Finanzas Yanis Varoufakis, otro de los que votaron no, se mostró sin embargo algo más conciliador al señalar que apoya al Gobierno y a su grupo parlamentario, pero no el rescate, por lo que probablemente entregue su acta de diputado para que Syriza no pierda la mayoría.

Sobre el futuro inmediato, la portavoz del Gobierno, Olga Yerovasili, indicó que se hará lo que corresponda “en conformidad con la Constitución y con el reglamento de la Cámara”.

FUENTE: El País.

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Grecia cumple y paga el vencimiento de 4.200 millones al BCE

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Ciudadanos griegos hacen cola, este lunes, ante una sucursal en el centro de Atenas. / ARIS MESSINIS (AFP)

  • Las sucursales bancarias reabren sus puertas tras casi tres semanas de cierre 

 María Antonia Sánchez-Vallejo Atenas 20 JUL 2015 - 19:39 CEST


El Banco Central Europeo (BCE) ha confirmado este lunes que Grecia ha pagado este lunes los 4.200 millones de euros con uno de sus principales acreedores. El Gobierno de Alexis Tsipras ha podido cumplir con este compromiso de pago gracias a la línea de financiación de emergencia de 7.160 millones que los socios europeos le otorgaron el pasado jueves mientras se negocia el tercer rescate de las finanzas públicas helenas. Este lunes, el Fondo Monetario Internacional —el organismo que, junto con el BCE y la Comisión Europea, formaba la antigua troika de prestamistas griegos— ha confirmado que el país heleno está al día con el Fondo tras satisfacer la totalidad de su deuda de 2.000 millones en derechos especiales de giro.

El repago de los 4.200 millones que Atenas debía a la entidad presidida por Mario Draghi —3.500 millones de principal y 700 millones en concepto de intereses— era crucial: si Grecia no hubiese cumplido, el BCE se habría visto forzado a cortar la liquidez de emergencia que mantiene a flote a los bancos griegos y que les ha permitido abrir de nuevo sus puertas tras 21 días de cierre.

La reapertura de los bancos griegos ha provocado algunas colas a primera hora de la mañana de este lunes, diluidas enseguida por el normal funcionamiento de las sucursales y por el considerable aumento de la temperatura, que hace asfixiante la espera a pleno sol en el exterior. El mantenimiento de los controles de capital, con un máximo de 60 euros por persona al día acumulable ahora semanalmente, y el límite a las operaciones bancarias —sólo pueden hacerse las gestiones básicas, pago de recibos, contribuciones y transferencias internas— ha precipitado a las puertas de las sucursales a más clientes de empresas que particulares, sobre todo en el centro de Atenas. Sólo los propietarios de cajas fuertes, cuyo contenido pueden recuperar a partir de hoy, se acercaron de forma más discreta, en algunos casos con petición de hora previa por teléfono.

La vuelta la normalidad bancaria es posible por el incremento en 900 millones de la línea de emergencia del BCE. Gracias también al crédito puente de 7.000 millones de euros otorgado la semana pasada por el Eurogrupo, las autoridades griegas podrán satisfacer la devolución de 3.500 millones, más 700 de intereses, al BCE, un plazo que vence este lunes. Grecia tiene pendiente el pago al Fondo Monetario Internacional de 1.500 millones, en mora desde el pasado 30 de junio.

María, dueña de una tienda de sandalias en pleno núcleo turístico de la ciudad, ha retrasado la apertura de su establecimiento para solventar todas las cuentas pendientes en el banco. “Durante el corralito hemos seguido cobrando con tarjeta, por lo que afortunadamente no tengo problemas de fondos, la temporada va bien. El gran problema en estas tres semanas ha sido no poder hacer pagos a proveedores, ni cumplir con los plazos de impuestos ni de los créditos. Por fortuna, este año tenemos casi un mes más de plazo para cumplir con Hacienda”, explicaba a la salida de la sucursal. “Además, no me preocupa tanto recuperar la normalidad bancaria, que obviamente ayuda a restaurar confianza, como la subida del IVA a partir de hoy, eso sí que nos va a machacar”. El transporte y la alimentación se verán especialmente afectados, pues tributarán al 23%.

Yanis, contable de una empresa de alquiler de automóviles, salía de un banco con un abultado sobre en la mano. “¿Dinero? No, no, donde mejor está es en el banco… Son todos los recibos y pagarés pendientes desde hace tres semanas… Las operaciones y los gastos básicos de la empresa pudimos seguir tramitándolos electrónicamente, pero se nos ha acumulado mucha deuda en planes de leasing y en un flete de 10 coches que justo acabábamos de recibir cuando cerraron los bancos”, de un importante concesionario de automóviles de la ciudad. Las operaciones y transferencias al extranjero seguirán limitadas, salvo por ejemplo el envío de dinero a familiares ausentes, con un máximo de 5.000 euros.

Aunque seguirán vigentes los controles de capital, con límites a la retirada de efectivo idénticos —60 euros por persona y cuenta al día, ahora acumulables hasta 420 por semana—, la reapertura de los bancos insufla algo de normalidad a una economía al ralentí: pérdidas estimadas en unos 3.000 millones de euros, entre 1.800 millones de importaciones paralizadas, 240 millones en exportaciones y alrededor de 600 millones en el pequeño y mediano comercio, que ha visto disminuir en un 70% su volumen de negocio pese al inicio, esta semana pasada, del periodo de rebajas. Además, según la Cámara de Comercio e Industria ateniense, en este periodo ha quedado en suspenso un total de 6.000 millones de euros en transacciones comerciales, con 4.500 contenedores de materias primas y manufacturas retenidos en las aduanas.
 
FUENTE: El País. 
 
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Merkel presenta el “duro ”pacto con Grecia como la única solución posible

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La canciller alemana, Angela Merkel, este viernes en el Bundestag. / TOBIAS SCHWARZ (AFP)

  • El Parlamento alemán vota sobre el acuerdo con Atenas

EFE Berlín 17 JUL 2015 - 10:56 CEST

La canciller alemana, Angela Merkel, ha presentado este viernes en el Parlamento alemán el "duro" acuerdo para negociar un tercer rescate para Grecia como la única solución posible, ya que su Gobierno nunca habría vulnerado los tratados y tampoco habría dejado a Grecia caer en una situación de "caos y violencia". La canciller ha apuntado que la negociación de los líderes europeos no solo se centró en Atenas: "No hemos decidido solo sobre Grecia, sino sobre una Europa y una eurozona fuerte. Hay mucho más en juego".

El acuerdo alcanzado entre los 19 miembros de la zona euro, ha subrayado en la sesión extraordinaria organizada en el Bundestag, es "duro" para los ciudadanos griegos, pero, ha recordado, también para el resto de socios, que han prometido hasta 86.000 millones de euros.

"Es una muestra de solidaridad europea nunca vista", ha subrayado la canciller ante el pleno, que autorizará sin problemas el inicio de las negociaciones gracias a la gran mayoría que suman conservadores y socialdemócratas, a pesar de que se esperan decenas de votos de disenso.

Los miembros de La Izquierda, pese a su condición de formación hermanada con el gobernante Syriza en Grecia, votarán en contra de un tercer paquete de ayuda financiera para Atenas, al igual que decenas de diputados "rebeldes" de las filas conservadoras. Se estima que hasta unos 50 diputados del grupo conservador —integrado por la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU)— podría votar en contra o abstenerse.

En Alemania es preciso que el Gobierno someta al voto del Parlamento el mandato para abrir la negociación de un rescate con el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE).


FUENTE: El País.
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El FMI pide una quita de la deuda y critica el rescate a Grecia

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La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, habla en el Brookings Institute de Washington el de 8 de julio de 2015. / JIM LO SCALZO


  • El Parlamento griego afronta una votación tormentosa con diputados rebeldes de Syriza, el partido del Gobierno

Claudi Pérez / María Antonia Sánchez-Vallejo Bruselas / Atenas 15 JUL 2015 - 13:30 CEST

El Parlamento griego afronta dividido hoy la votación sobre el acuerdo con los acreedores y sobre las medidas urgentes que exigen a cambio del rescate. La sesión se prevé tormentosa, con una fuerte presión en la calle y en la que parte de Syriza puede darle la espalda al primer ministro, Alexis Tsipras, Hasta la medianoche de hoy, si no más tarde –fuentes oficiales aseguran que la votación podría realizarse a primera hora del jueves-, los 300 diputados deberán pronunciarse sobre la modificación del IVA y la reforma de las pensiones, así como la de la autoridad estadística. Para el próximo día 22 queda pendiente la tramitación de otras dos leyes prioritarias.

Tsipras
, quien anoche dijo no creer en el pacto con Bruselas que se comprometió a poner en práctica, tiene garantizado un respaldo suficiente gracias a los tres partidos de la oposición proeuropea (conservadores, socialistas y liberales). Qué harán sin embargo su partido, Syriza, y el socio de coalición, Griegos Independientes (ANEL, en sus siglas griegas), que reunieron ayer a sus respectivos grupos parlamentarios, es una incógnita.

Las críticas a las condiciones para el tercer rescate también vienen del Fondo Monetario Internacional. Anoche, en un documento que es una especie de enmienda a la totalidad del acuerdo entre Atenas y los socios, apuntaba de nuevo que la deuda pública griega es “cada vez más insostenible”. La institución que dirige Christine Lagarde asegura que el endeudamiento estará “cerca del 200% del PIB” en el plazo de dos años, incluso con el rescate. “Los acontecimientos de las dos últimas semanas —la clausura de los bancos y la imposición de controles de capital— suponen un peaje muy pesado para la banca y el conjunto de la economía”, dice el documento.

La solución que reclama el FMI —bajo los auspicios de Washington— levanta ampollas en Europa. El Fondo ve necesario “un alivio de la deuda de una escala que tendría que ir mucho más allá de lo que se ha considerado”. Propone ampliar plazos de carencia y de devolución mucho más allá de los actuales, e incluso considera que serán necesarias “profundas quitas”, pese a las reticencias de los socios. Los líderes excluyeron el lunes esa posibilidad: solo quieren ampliar los plazos. “Les toca a los socios europeos decidir”, cierra el informe.

FUENTE: El País. 

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Merkel y Hollande logran que Tsipras acepte un pacto más duro

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  • El acuerdo incluye la creación de un fondo de privatizaciones para recapitalizar los bancos y pagar la deuda

Claudi Pérez / Lucía Abellán Bruselas 13 JUL 2015 - 12:21 CEST

“Estamos listos para iniciar las negociaciones para el rescate. No habrá Grexit”. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, han anunciado al filo de las nueve de la mañana, tras 17 horas de cumbre, un acuerdo con Grecia por unanimidad sobre el tercer rescate. El pacto abre la puerta a que el BCE mantenga la liquidez de emergencia a la banca griega. El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha explicado que Grecia aprobará leyes en las próximas 48 horas, endurecerá sus propuestas en pensiones, mercado laboral y otros asuntos, y finalmente acepta un fondo de privatizaciones, que permitirá recapitalizar los bancos y pagar la deuda.

Europa debe aclarar aún cuál será exactamente la participación europea en la financiación puente, ante las graves dificultades del sector financiero griego con el corralito y la falta de fondos para pagar un vencimiento de deuda al BCE el día 20 de julio por importe de unos 3.500 millones de euros. Pero Dijsselbloem ha avanzado que se usará ese fondo, con los activos vendibles de Grecia, para obtener dinero de inmediato. Eso, siempre que el Parlamento griego legisle en los dos próximos días las medidas más inmediatas.

El texto acordado esta mañana por los líderes de la eurozona es implacable con Grecia: comienza constatando "la necesidad crucial de reconstruir la confianza con las autoridades griegas" como requisito para cualquier rescate e impone durísimas condiciones para lograrlo. Entre ellas, una consulta previa con las instituciones europeas para cualquier ley que quiera aprobar Atenas "en áreas relevantes" y la necesidad incluso de revertir legislaciones ya aprobadas desde principios de año, a excepción de las vinculadas "a la crisis humanitaria" que vive el país. Europa no se fía y así lo deja claro en las siete páginas del compromiso rubricado este lunes, con múltiples cautelas para firmar el ansiado rescate.

Una de las claves del acuerdo -y de las más difíciles para digerir por parte de Grecia- es el fondo de privatizaciones, que ascenderá a 50.000 millones y ha sido el motivo del retraso en el acuerdo. Incluirá todo tipo de activos, incluidos posiblemente los bancos. "Nada habría sido peor que humillar a Grecia esta noche", ha dicho el presidente francés, François Hollande. Pero Berlín ha llegado a presionar con una salida de Grecia del euro si no había pacto. Y Atenas se ha visto forzada a aceptar ese fondo de privatizaciones, que nace cargado de polémica: no hay apenas precedentes en Europa, y supone una especie de aval que se exige a Grecia a cambio del tercer rescate. La titularidad del fondo será griega, pero estará supervisado por las instituciones europea.

A cambio de esas formidables concesiones, la canciller Merkel ha asegurado que una vez que Grecia demuestre que cumple lo acordado habrá reestructuración de deuda: básicamente, una ampliación de los plazos de devolución. "En ningún caso habrá quitas", ha dicho Merkel ante la prensa europea y tampoco reestructuración de deuda hasta el primer examen del rescate.

La canciller Angela Merkel ha asegurado que Grecia "ha mostrado su disponibilidad a acometer recortes y reformas". "Lo importante ahora es poner en marcha lo acordado rápidamente. Hay que recuperar la confianza y para ello Grecia tiene que hacer suyo el acuerdo". Alemania ha apuntado que el FMI seguirá a bordo en el tercer rescate griego, y que Atenas se ha comprometido a activar cambios en el sistema de pensiones y el resto de medidas prioritarias. El Eurogrupo dará al mecanismo de rescate la señal para iniciar la negociación del rescate, y varios parlamentos nacionales, incluido el Bundestag, votarán entonces.

Adiós al Grexit

“Grecia tiene una oportunidad de enderezarse. Y el acuerdo evita las consecuencias políticas que habría tenido la falta de resultados de la negociación”, ha asegurado ante la prensa el presidente del Consejo Europeo –representa a los Estados miembros-, Donald Tusk. “La Comisión Europea no ha dejado de insistir en que no habría Grexit; estamos satisfechos”, ha añadido el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, uno de los pocos defensores claros durante todo el proceso de la necesidad de pactar con Grecia. “Dije que la situación sería más difícil después del referéndum y se ha demostrado que es cierto. Pero lo alcanzado es un compromiso; no hay ganadores ni perdedores. No creo que los griegos se sientan humillados ni que los otros socios hayan perdido la fe. Es el típico compromiso europeo”, ha considerado Juncker.

Don DeLillo define la política como “un asunto de hombres reunidos en cuartos”. Y sin embargo la pasada madrugada la política europea giró alrededor de una mujer, la canciller Angela Merkel, que llevó la voz cantante en una de las noches europeas más largas y dramáticas de los últimos tiempos. 17 horas de reunión después, Berlín selló un acuerdo que exige un altísimo precio a Atenas para seguir en el euro. El primer ministro Alexis Tsipras debe aprobar varias leyes en las próximas 48 horas. Se le reclaman medidas más duras en el mercado laboral, en las pensiones, en todos los asuntos que hace solo unos días eran líneas rojas infranqueables. Y los socios, sobre todo, instan a Grecia a crear un fondo bajo supervisión europea con los activos privatizables para, una vez se vendan, reducir la deuda, en una propuesta inédita que levantó una suerte de sentimiento de humillación en Atenas.

Tsipras, además, no se librará de la presencia del FMI, que será parte también de este tercer rescate griego. Para suavizar todos estos reveses, Grecia obtiene dos medidas paliativas: la mención escrita, por primera vez en este proceso, a la reestructuración de la deuda y la inclusión de un paquete de 35.000 millones de euros para fomentar el crecimiento y el empleo a cuenta de la Comisión Europea durante los próximos tres o cinco años. En el alivio de deuda queda claro, en todo caso, que no habrá quitas, sino prolongación de los plazos de pago y periodos de gracia.

A cambio, Grecia evita la salida del euro y obtiene luz verde para negociar los pormenores de un rescate por tres años y unos 50.000 millones de euros. Y evita la bancarrota de sus maltrechos bancos, que amenazaba con llevarse por delante al país entero y que, a la postre, se han convertido en el talón de Aquiles que ha obligado a Tsipras a capitular y aceptar mucho más castigo de lo que pensaba hace dos semanas. El Gobierno griego rompió hace poco dos semanas las negociaciones. Convocó y ganó un controvertido referéndum contra la propuesta europea de entonces. Se vio obligado a decretar un corralito y controles de capital ante la rápida huida de depósitos en sus bancos. Y, finalmente, apenas 15 días después de esa decisión, capitula y se ve obligado a aceptar condiciones mucho peores.

Berlín se ha cobrado la afrenta que supuso el referéndum, unas negociaciones interminables y algunas declaraciones subidas de tono. Impuso exigencias mucho más duras de lo esperado, y llegó a incluir la posibilidad de una salida temporal de Grecia del euro, que acabó retirando cuando Tsipras se avino a pactar con los socios. A cambio, además de esos 50.000 millones en créditos baratos, se lleva la promesa del BCE de mantener con vida a los bancos, y un documento en el que Europa ofrece la ansiada reestructuración de deuda, a la vista de que a Grecia le es imposible pagar. El FMI seguirá a bordo. Y Grecia consigue metas fiscales más holgadas que en el anterior rescate, pero aun así se verá obligada a aprobar recortes adicionales a la vista de que la economía se ha parado en seco con el corralito: podría llegar a caer el 4% este año. Las necesidades financieras se han ido agrandando en los últimos días y ascienden a casi 90.000 millones de euros.

Y la saga griega no ha acabado. En los dos próximos días, el Parlamento tendrá que legislar a través de decreto-ley las medidas prioritarias. Si eso ocurre, el miércoles el Eurogrupo dará un mandato al mecanismo de rescate (Mede) para acabar de negociar las condiciones del Memorando de Entendimiento del tercer rescate. Ese proceso, que suele durar en torno a dos meses, se comprimirá a apenas dos semanas, ante la situación de emergencia financiera en Grecia. Y aun así no está claro cómo Atenas podrá hacer frente a un pago de 3.500 millones del BCE el 20 de julio: los socios tienen que diseñar –probablemente hoy, en un nuevo Eurogrupo, el enésimo de esta semana— la financiación de emergencia para evitar un impago al Eurobanco.

FUENTE: El País.

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Grecia acepta el plan europeo que rechazó en el referéndum

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Grecia 
Alexis Tsipras, el miércoles en Atenas. / ALKIS KONSTANTINIDIS (REUTERS)

  • Europa abre la puerta a una reestructuración de la deuda a cambio de duras reformas

Claudi Pérez / Luis Doncel / Lucía Abellán Bruselas / Berlín 10 JUL 2015 - 10:34 CEST

Atenas acepta finalmente la propuesta que sus ciudadanos rechazaron en referéndum. Con apenas ligeros retoques. El Gobierno de Grecia envió la noche del jueves el plan con las medidas prioritarias para pactar el tercer y ansiado rescate con los acreedores, que está llamado a evitar la bancarrota y la salida del euro. Atenas acata prácticamente al 100% la última oferta europea —la rechazada en voto del pasado domingo—, y se compromete a hacer concesiones simbólicas, y circunscritas a las subidas de impuestos. La canciller Angela Merkel pidió el pasado lunes una propuesta más dura para un programa completo y de más largo alcance: por tres años y algo más de 50.000 millones de euros. Pero solo hay más dureza en el capítulo de ingresos fiscales, especialmente en el IVA: el Gobierno de Alexis Tsipras rebaja menos el gasto militar de lo que pedían los socios, aporta medidas cosméticas en otros asuntos (quizá la más importante sea la privatización de los puertos del Pireo y Salónica) y, sobre todo, no ofrece medidas adicionales en pensiones, tal vez el capítulo más controvertido de la negociación.

Bruselas y Berlín habían prometido el jueves un gesto relativo a la reestructuración de la deuda griega si la oferta de Atenas es convincente. Eso está por ver: la propuesta es prácticamente calcada a la que llevó a Tsipras a romper las negociaciones y convocar un referéndum hace unos días. Las metas fiscales son idénticas —un superávit fiscal primario del 1% del PIB para este año—, e incluso Grecia pide revisar los objetivos a medio plazo (3,5% del PIB desde 2018) ante la constatación de que la economía se ha parado en seco tras el corralito. Atenas sí hace concesiones por el lado de los impuestos, pero no por el capítulo de gastos, el preferido por los acreedores. Salvo quizá por la excepción que supone la privatización de sus principales puertos: dinero fresco, y no previsiones de ingresos. Y deja prácticamente intactas las medidas relativas a las pensiones, con un guiño a los pensionistas con menos ingresos. El Gobierno griego, eso sí, aprobará de urgencia, a principios de semana, tanto la reforma fiscal como la de las pensiones.

Las instituciones anteriormente conocidas como troika evaluarán en las próximas horas esa oferta. Y el Eurogrupo la examinará el sábado. En juego está el futuro de Grecia, y tal vez el del euro: tras solicitar dos rescates desde 2010 por importe de 240.000 millones, Atenas necesita como agua de mayo un tercero que ascenderá finalmente a 53.000 millones adicionales. Y que dejará al Gobierno griego bajo la tutela de la troika por un plazo de tres años: prácticamente todo el mandato de Tsipras.

Esa lluvia de millones no está garantizada. Solo llegará si finalmente hay acuerdo. La mujer más poderosa de Europa, la canciller Merkel, avisó hace apenas tres días de que esperaba una propuesta dura, más ambiciosa que la europea: el plan de Bruselas ofrecía 15.000 millones para seis meses, y Grecia pide ahora más del triple de ese dinero y para tres años. Pero el plan de la noche del jueves y la anterior propuesta europea son prácticamente iguales. Y las concesiones ya se incluían en la carta enviada por Alexis Tsipras a las instituciones durante la campaña del referéndum.

Queda por ver, por lo tanto, si Europa concluye que Tsipras ha cedido lo suficiente o quiere hacer más sangre, con una dosis mayor de austeridad que castigaría la maltrecha economía griega, que se adentra en una recesión profunda. Las mayores concesiones se ofrecen a través de los impuestos: Grecia se aviene a eliminar el tipo reducido del IVA en las islas --pero no en el caso de las más remotas--, y se compromete a subir el IVA de los hoteles a partir de octubre. Ofrece también medidas compensatorias a los acreedores si se recauda menos de lo previsto, con aumentos adicionales del impuesto sobre los alquileres y del Impuesto de Sociedades, que podría ascender hasta el 29% en el peor de los casos. En el capítulo de gastos no hay grandes novedades: Grecia ofrece recortar el gasto militar en 100 millones este año y en 200 millones el año próximo; los acreedores querían un tijeretazo de 400 millones. Hay incluso otras medidas a favor de Grecia: la oferta europea establecía una revisión de la ley relativa a los despidos colectivos; el nuevo plan se desvincula de ese compromiso.

Las pensiones han sido uno de los caballos de batalla de la estrategia griega. Si Merkel pensaba que Tsipras iba a claudicar aún más por ese flanco, se equivocaba. Atenas, eso sí, acepta todo el paquete de la UE incluido en el plan del 30 de junio, que supone elevar la edad de jubilación a 67 años y congelar las pensiones hasta 2021. Pero no da su brazo a torcer en nada más. Al contrario: pide retrasar a marzo de 2016 la retirada gradual del complemento para los pensionistas con menores rentas (EKAS).
 
Fase decisiva

La respuesta de las instituciones a esa última propuesta es fundamental para el devenir del tercer rescate, con una banca que está cerca de la asfixia y depende de la liquidez de emergencia del BCE. A modo de señuelo, Europa envió el jueves claras señales a Atenas de que contempla una reestructuración de su deuda si acomete serias reformas. Tanto el Gobierno alemán como el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, abogaron por ello. Berlín se reafirmó en descartar una quita pero dejó abierta la puerta a una mejora en los plazos de devolución. El FMI, EE UU y Francia defendían ya conceder a Grecia un alivio de la deuda, pero ni Alemania ni el Consejo habían sido nunca tan explícitos al respecto.

Bruselas y Berlín pretendían que Atenas llegara lo suficientemente lejos y renunciara a muchas de sus promesas para que ese plan vuele, a juzgar por el altísimo nivel de desconfianza de los socios tras el impago al FMI, el abrupto final del segundo rescate, la ruptura de las negociaciones con el referéndum y los posteriores controles de capital. Pero a su vez, los europeos son conscientes de que tienen que dar algo a cambio para acabar de una vez por todas con la historia interminable de este capítulo de la saga griega: “Una propuesta realista por parte de Grecia debería ir acompañada de una propuesta realista de los acreedores sobre sostenibilidad de la deuda para crear una situación en la que todos ganen”, zanjó Tusk. Está por ver si el plan enviado anoche, de apenas nueve páginas plagadas de recortes y reformas, es lo suficientemente “realista” para los estándares europeos. A falta de despejar esa incógnita, el desenlace llegará este fin de semana.
 
Tsipras convoca al Parlamento para discutir la propuesta

M. A. SÁNCHEZ-VALLEJO

El Gobierno griego ha convocado hoy, por el procedimiento de urgencia, un debate parlamentario para obtener el mandato de la Cámara de cara a la negociación con los socios europeos sobre la propuesta de acuerdo que Atenas remitió anoche al Eurogrupo para cerrar un tercer rescate.

Según la televisión pública y las agencias de noticias, anoche el Ejecutivo solicitó formalmente al Parlamento convocar un debate en el que discutir las “medidas prioritarias” comprendidas en el acuerdo presentado ayer a los acreedores.

A primera hora de la mañana está previsto que se reúna el grupo parlamentario de Syriza para evaluar las reformas, que incluyen varios recortes que podrían causar importantes fricciones dentro del partido, en el que conviven corrientes más pragmáticas con otras opuestas a cualquier medida de austeridad adicional para la castigada sociedad griega.

Posteriormente habrá una votación con todos los grupos para determinar si estos autorizan al Gobierno a usar el texto como base para las conversaciones europeas.

“Este es un paso para demostrar que el Gobierno tiene la voluntad de seguir adelante en la aplicación de las reformas prometidas, pero sin dar ningún paso unilateral antes de la reunión del Eurogrupo”, explicó una fuente parlamentaria griega a Reuters.

FUENTE: El País.

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Hora de la verdad en Europa tras el rotundo ‘no’ de Grecia

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Un equipo de EL PAÍS TV sigue en directo el recuento de votos en una sede de Syriza / Luis Almodovar/José Luis Aranda

  • Los partidarios del ‘no’ celebran el resultado de la consulta en Atenas

María Antonia Sánchez-Vallejo Atenas 6 JUL 2015 - 10:12 CEST


Los griegos enviaron este domingo a Europa un inequívoco mensaje contra la austeridad y por la soberanía popular y nacional. Con el 99% de las papeletas escrutadas, un 61% de los votantes helenos que ayer participaron en el referéndum convocado por el primer ministro, Alexis Tsipras, rechazaron la última propuesta de los socios europeos, que contemplaba una nueva tanda de recortes y ajustes. Tras una dramática semana de corralito y de control de capitales, y con la economía al borde del colapso, Tsipras tranquilizó a los partidarios del sí. “Soy consciente de que el mandato que me dais no es un mandato de ruptura, sino un mandato para una solución sostenible” en el que la prioridad será “el funcionamiento del sistema bancario”, dijo.

En un referéndum crucial, inédito por su trascendencia desde que la democracia regresó al país en 1974 tras la caída de la junta militar, una mayoría absoluta de griegos (un 61,3%, con el 99% de papeletas escrutadas y una participación del 62,4%) respaldó la propuesta del Gobierno y votó en contra de los términos del programa de ayuda que los socios pusieron sobre la mesa en el Eurogrupo del 25 de junio, y que consistían —en pasado, ya que esa propuesta es desde el martes extemporánea al expirar la prórroga del rescate— en una nueva dosis de austeridad. Así figuraba en la papeleta, aunque muchos, los defensores del sí, votaron convencidos de que la pregunta era un sí o un no al euro y Europa.El primer ministro griego, Alexis Tsipras, afirmó tras los resultados en un mensaje televisado que su Gobierno reiniciará hoy las negociaciones con los acreedores para alcanzar un acuerdo y afirmó que es consciente de que el no “no es un mandato de ruptura”. “Mañana reiniciaremos la negociación. Nuestra prioridad es el funcionamiento del sistema bancario”, dijo Tsipras.

Lo que el primer ministro pretendía cuando convocó la consulta hace ocho días, dejar hablar al pueblo para evitar la ruptura con las instituciones —que sin embargo se consumó unilateralmente tras la convocatoria—, se ha logrado ampliamente; lo que suceda a partir de hoy precisará de una legión de adivinos. De la difícil reconducción del diálogo con los acreedores a una salida del euro por asfixia económica e insolvencia —si el Banco Central Europeo no aumenta la provisión de liquidez de los bancos griegos, y corta definitivamente el cordón umbilical de la línea de emergencia conocida como ELA—, cualquier opción es plausible.

“Con este valiente no que ha pronunciado el pueblo griego, mañana [por hoy] extenderemos nuestra mano a los acreedores. Llamaremos a cada uno”, insistió Yanis Varoufakis, el ministro de Finanzas.

Sin tiempo para la celebración, ocupadas en practicarle el boca a boca a una economía exánime tras una semana de corralito y de control de capitales, las autoridades griegas movieron ficha enseguida. A primera hora de la noche, el propio Varoufakis, y el gobernador del Banco de Grecia, Yanis Sturnaras —enemigo acérrimo del Gobierno de Syriza—, se reunieron con Tsipras con el objetivo de acelerar el auxilio de los bancos, y poco antes de la anunciada reunión del Banco Central Europeo. Tras la emergencia bancaria, las líneas maestras de Atenas serán dos, ya bosquejadas la semana pasada: el informe del Fondo Monetario Internacional que admite que la deuda griega es insostenible, y un nuevo mandato para Atenas, amparado en la voluntad del pueblo griego, según anunció el negociador jefe, Efklidis Tsakalotos, tras confirmarse la victoria del no.

El absoluto refrendo popular a la propuesta de Tsipras podía barruntarse ya desde el viernes, en la multitudinaria manifestación en el centro de Atenas; por la encuesta oficiosa que manejaba el Gobierno, que el sábado daba al sí sólo el 29% de apoyos, y, sobre todo, por el runrún que desde la tarde, horas antes del cierre de las urnas, empezó a recorrer la destartalada sede central de Syriza, el partido de Tsipras. Tras conocerse los primeros resultados, miles de personas se dirigieron a la plaza de Syntagma para celebrar la victoria, con una masiva presencia de banderas griegas —el orgullo nacional, la posibilidad de levantar cabeza ante los dictados de Bruselas, ha sido otra de las claves de la victoria—. Allí acogieron con aplausos la dimisión del líder de Nueva Democracia y líder de la oposición, Andonis Samarás.



El presidente de la Eurocámara dice que Grecia no está en la mejor posición. / atlas

El referéndum fue definido esta semana por el Gobierno como un arma de la negociación con las instituciones, pero los resultados del mismo amenazan con convertirse en una de destrucción masiva. Dentro de Grecia, como prueba de una polarización menor de la esperada pero real y evidente; y también de una división marcadamente generacional, con un 67% de los jóvenes a favor del no, y un 37% de los mayores, por el sí, pese a que las pensiones han estado en el centro de las discusiones con los socios.

Las ondas de choque del referéndum van más allá y confirman que la victoria ha reunido votos de extremos opuestos —por un lado las izquierdas, de Syriza a pequeños partidos extraparlamentarios, pasando por un número no pequeño de votantes comunistas; por otro lado los nacionalistas de Griegos Independientes, socio de Gobierno de Syriza, y no pocos neonazis, radicalmente opuestos a los dictados de Bruselas— frente a una oposición incapaz de unirse a favor del sí, pese al intento de conservadores y socialistas de forjar un frente europeo. El triunfo del no también confirma el apoyo a la gestión de las negociaciones por parte de Syriza; pese al desgaste y a una situación económica rayana en la asfixia, el partido de Tsipras volvería a ganar unas elecciones con en torno al 36% de los votos, rondando la mayoría absoluta, si se convocaran ahora.
Celebraciones en Syntagma

M. A. S.-V.

Miles de personas celebraron ayer en el centro de Atenas la victoria del no en el referéndum. En una convocatoria espontánea e improvisada en la que una marea de banderas griegas ondeaba sobre la multitud, los partidarios del no irrumpieron en un cerrado aplauso cuando las pantallas de televisión de las cafeterías de la plaza anunciaron la dimisión de Andonis Samarás, líder de la conservadora Nueva Democracia.

La ausencia de pancartas partidistas, y el predominio de la enseña griega, hablaban claramente de una celebración nacional. “Esta victoria significa sobre todo unidad. La palabra división no figura en el diccionario de la nación griega. También es un mensaje de hermandad”, explicaba Konstantina Stathophlu, miembro de Syriza, aunque señalaba que lo de menos anoche era el partido. “¿Que qué pasará mañana? A partir de ahora, trabajo, trabajo y trabajo”.

“Es una heroica victoria de la democracia en circunstancias tan difíciles como un corralito y una situación de asfixia económica”, señalaba por su parte Otón, apolítico confeso, que paseaba por la plaza con su perrito. “Está muy equivocado quien quiera ver aquí consignas partidistas, o un no al euro o a Europa, el 95% de los aquí presentes defendemos ambas cosas. Somos solo griegos levantando la cabeza y alzando nuestra voz. Basta ya, no queremos ni podemos aceptar más austeridad”.

Yorgos, Kalíopi y Teodora, tres amigos que se confesaban “izquierdistas sin más” admitían estar “emocionados y felices”. “Esto es un ejercicio de plena libertad y soberanía popular frente a los dictados del exterior, de los bancos y de las instituciones”.

El mar de banderas blanquiazules seguía ondeando hacia la media noche.
FUENTE: El País.

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Fuertes caídas en las Bolsas por la crisis y el corralito en Grecia

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Corralito en Grecia 
Un pensionista descansa junto a un banco cerrado ante el que se han concentrado numerosos usuarios desde primera hora. / YANNIS BEHRAKIS (REUTERS)

  • El Ibex español se desploma en torno a un 5% en la línea con los números rojos de los principales mercados europeos
 
Ramón Muñoz Madrid 29 JUN 2015 - 10:21 CEST

Las Bolsas europeas han abierto este lunes con fuertes caídas respondiendo a la incertidumbre creada por la crisis de Grecia, que vive este lunes su primer día de corralito con los mercados y los bancos cerrados durante toda la semana. El Ibex español ha comenzado la sesión con un descenso del 5,6% frente al cierre del pasado viernes, aunque en la primera media hora ha moderado sus pérdidas ligeramente hasta el 4,55%.

Todos los mercados bursátiles han sufrido descensos en la apertura. El DAX alemán se anotó una caída del 4,2%, el CAC francés cedía un 4,20% y el FTSE Mib de Milán un 4,8%. El FTSE 100 británico, cuyo país no está en la zona euro, se anotaba los descensos más suaves, de en torno al 2%.

El polvorín griego también se dejó notar en la prima de riesgo de los países periféricos. La del bono español a 10 años se disparó en la apertura hasta los 185 puntos, frente a los 118 con que cerró el viernes, aunque moderó notablemente el ascenso hasta los 146 puntos apenas media hora después del comienzo de la sesión.

Del mismo modo, las plazas financieras castigaron el euro por la posible salida de Grecia de la moneda única. Así, la divisa europea cedía más del 1,17% ante el dólar y cotizaba a 1,10 unidades. Por el contrario, la cotización del oro subió hasta los 1.185,20 dólares por onza.

Mercados asiáticos

Antes que los europeos, los mercados asiáticos ya habían anticipado con fuertes pérdidas los temores de una posible salida de Grecia de la Eurozona. El índice Nikkei de la Bolsa de Tokio se dejó un 2,88% en la sesión, y el Hang Seng en Hong Kong registró una caída del 2,68%. En China continental, aunque el índice de Shanghái llegó a perder un 5% durante la jornada aunque los números rojos se redujeron a poco más del 1,4% al cierre de la sesión.

FUENTE: El País.

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Europa rechaza el plan griego por 100 millones de IVA y flecos en pensiones

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El ministro de Finanzas francés, Michel Sapin (centro), habla con su homólogo griego, Yanis Varoufakis, este miércoles en Bruselas. / Thierry Monasse (AP)

  • Las posiciones están muy cerca y en Bruselas se espera un acuerdo en las próximas horas

Claudi Pérez Bruselas 25 JUN 2015 - 21:16 CEST

El Eurogrupo finalizó la tarde del jueves, por enésima vez, sin acuerdo entre Grecia y sus acreedores. Pero las diferencias entre la última oferta de Grecia y la propuesta definitiva de los socios europeos y el FMI, según una comparativa elaborada por este diario, son mínimas: apenas 107 millones en IVA y flecos de escasa enjundia en pensiones y privatizaciones. “Es extraño que no alcancemos un acuerdo por 100 millones”, aseguró uno de los más estrechos colaboradores del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dentro de la reunión. Las posiciones de ambos están muy cerca y en Bruselas se espera un acuerdo en las próximas horas. Pero la dramatización continuará hasta el último minuto.

Los socios europeos y el Fondo Monetario Internacional llegaron esta mañana al Eurogrupo con una última propuesta. Grecia presentó media hora antes de la reunión la suya. Las medidas prioritarias de ambos planes son prácticamente las mismas, según una comparativa de ambos textos realizada por EL PAÍS. Los ministros volverán a reunirse durante el fin de semana, y los jefes de Estado y de Gobierno retomarán las negociaciones a lo largo de la cumbre que arrancó ayer. Sin embargo, y a pesar de las declaraciones subidas de tono de algunos ministros como el alemán Wolfgang Schäuble —“las posiciones están más alejadas que nunca”— esa comparativa es una suerte de juego de las siete diferencias: no hay grandes discrepancias más allá de la gestualidad y las palabras de los mandarines europeos.

Los dos documentos se parecen como dos gotas de agua: incluso en el diseño y el tipo de letra. Contienen párrafos iguales al 100%. El de Grecia tiene una página más: diez, por 9 de la oferta de los acreedores.

Grecia propone una reforma del IVA que le reportará ingresos adicionales por 1.693 millones de euros: 107 millones menos de lo que piden los acreedores. Los griegos pretenden que todos los alimentos —y no solo los básicos— disfruten de un IVA reducido del 13%, así como los hoteles. Los socios rechazan esas excepciones. En ese impuesto, Atenas quiere también tipos reducidos para las islas, a diferencia de los acreedores.

Apenas hay diferencias en recortes fiscales: la mayor es que los europeos y el FMI pretenden una rebaja del gasto militar de 400 millones; los griegos quieren dejar ese tijeretazo en 200 millones. Hay acuerdo en los tipos impositivos a las empresas. Grecia quiere, además, un impuesto de una sola vez del 12% a las compañías que obtengan beneficios de más de 500.000 euros, y propone imponer un impuesto a los yates: el FMI se opone a esos dos tributos y, en general, prefiere los recortes de gasto a los incrementos impositivos porque sostiene que así se dañará menos el crecimiento. Además, Grecia se opone a un recorte de medio punto del PIB (unos 900 millones) en los gastos de la seguridad social.

En cuanto a las privatizaciones, el acuerdo es prácticamente completo: Grecia tan solo se opone a vender sus aeropuertos regionales y el mayor operador de telecomunicaciones (OTE). “Diferencias muy menores”, según las fuentes europeas consultadas.

Donde hay algo más que jaleo es en la reforma de pensiones. Lo más sustancial es que Atenas quiere activarla el 31 de octubre, cuatro meses después que los acreedores. Los ahorros previstos son exactamente iguales: entre el 0,25% y el 0,5% del PIB este año, y un 1% del PIB en 2016 (1.800 millones). Hay acuerdo en retrasar la edad de jubilación a 67 años en 2022. Y el grueso de las medidas coincide, salvo en cuatro asuntos. Uno: Grecia quiere adelantar el fin de los subsidios a las pensiones más bajas a finales de 2018 —un año antes que los acreedores—, pero como contrapartida no quiere aplicar ese tijeretazo inmediatamente. Dos: Atenas quiere suavizar el pago de los pensionistas al sistema de salud, del 4% actual a un 5% (los acreedores piden un 6%). Tres: Grecia quiere retrasar un año la eliminación de las exenciones en las cotizaciones. Y cuatro: el equipo del primer ministro Alexis Tsipras se niega a que el sistema de pensiones tenga que autofinanciarse completamente. En Europa eso ocurre en la mayoría de los países, pero no en todos. Grecia paga con impuestos una parte sustancial de las pensiones: nueve puntos de los 16 puntos de PIB que cuesta el sistema, uno de los más onerosos de la UE.

Hay otro asunto esencial que separa a las dos partes: Grecia pide una reestructuración de deuda, tal y como prometió el Eurogrupo en noviembre de 2012. Los acreedores creen que no es el momento, aunque la canciller Merkel ya ha dejado claro que hay margen de maniobra para incluir un alivio de la deuda griega, que asciende al 180% del PIB.
 
FUENTE: El País. 
 
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Europa respira aliviada ante un inminente acuerdo con Grecia

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Los máximos responsables de la política económica europea con la directora del FMI hoy en Bruselas. / Reuters-LIVE! / Emmanuel Dunand

  • Tsipras ofrece a los acreedores recortar el sistema de pensiones y concesiones fiscales. Merkel ve la propuesta como "una buena base"

Claudi Pérez Bruselas 23 JUN 2015 - 01:01 CEST

Cambio de tono en la negociación entre Grecia y sus acreedores. Atenas envió este lunes su propuesta definitiva a los socios europeos, con concesiones fiscales y en la reforma de pensiones. Europa reaccionó con las primeras señales de acuerdo político, que debe traducirse en un pacto definitivo a final de semana, y disiparon los riesgos de salida del euro. Optimismo, al fin, tras meses de tensión: Berlín, París y Bruselas aseguraron que la propuesta griega es “una buena base” para cerrar la crisis griega. Tanto la canciller Angela Merkel como el jefe de la Comisión, Jean-Claude Juncker, dieron prácticamente por hecho el acuerdo esta semana. Europa tiene previsto ofrecer a Atenas perspectivas más precisas de reestructuración de deuda: ni siquiera Merkel descarta ya esa opción.

No hay aún fumata blanca, pero sí un humo grisáceo que tiende a clarear. Berlín, el Eurogrupo y las instituciones anteriormente conocidas como troika dieron ayer la bienvenida —con las inevitables reservas— a la nueva propuesta griega, que incluye aceptar las metas fiscales de los acreedores y un endurecimiento en la reforma de las pensiones. Ambas partes cedieron lo suyo. Atenas ofreció al fin concesiones, aunque su propuesta queda todavía lejos de lo que pedían los acreedores a principios de junio. Y los socios emitieron claras señales acerca del acuerdo político, que debería cristalizar mañana miércoles en la luz verde del Eurogrupo para que los jefes de Estado y de Gobierno refrenden a finales de semana el final de este largo capítulo de la crisis griega.

La eurocumbre tuvo algún momento tenso pero en general fue como la seda, según las fuentes consultadas. Tanto, que al final Tsipras pidió un comunicado garantizando una prórroga del segundo rescate para acabar con las dudas sobre los bancos. Los líderes no quisieron llegar a tanto. “Merkel prefiere el típico approach alemán: primero hay que cerrar definitivamente el acuerdo; después ya habrá tiempo de hacer comunicados”, explicó un diplomático europeo.

La canciller fue meridianamente clara al acabar la cumbre: “La propuesta de Grecia es una buena base”. Ese análisis, viniendo de quien viene, es una señal política de primera magnitud tras meses de tensión. Merkel, eso sí, apuntó que no todo está atado y bien atado: “Las instituciones deben trabajar ahora con intensidad para que el Eurogrupo pacte el miércoles. Esperamos resultados de cara a la cumbre europea del jueves”, añadió. Juncker dio por hecho un acuerdo “esta semana”.

Pero quizá la mayor sorpresa fue la disposición de Merkel a permitir una reestructuración de deuda: la canciller no descartó esa posibilidad —que se había convertido en una especie de anatema en varios países—, aunque explicó que no es el asunto “más urgente”. Alemania rechaza poner más dinero. Pero acepta que el acuerdo sobre un alivio de la deuda, firmado por del Eurogrupo a finales de 2012, se puede aplicar.

La fase más aguda de la crisis griega toca a su fin si nada se tuerce en las próximas horas. Antes de la cumbre, el Eurogrupo ya sorprendió con un formidable cambio de tono: tras la dureza pétrea de las últimas semanas, los ministros pasaron a celebrar la oferta helena como un “paso positivo”. A la espera de que la vieja troika y la delegación griega negocien los últimos flecos, las Bolsas jalearon esa reacción con fuertes subidas. La evolución de los mercados en las próximas horas es clave para evaluar la credibilidad europea.

La reacción de las Bolsas y sobre el terreno, en Grecia, marcará también el futuro inmediato del maltrecho sector financiero. Un acuerdo debería permitir al BCE mantener abiertas las líneas de financiación de emergencia para los bancos, que en los últimos días han sufrido con la fuga de depósitos y se han asomado a los controles de capital. Está por ver si esos controles se activan: eso solo sucederá si el dinero sigue evaporándose de las entidades financieras, algo que parece poco probable si el optimismo de los líderes se traduce en confianza por parte de los ahorradores.

Largo camino

A pesar de todo, queda un camino espinoso por delante. Si esa fuerte señal política se traduce en un pacto definitivo, Tsipras tendrá que venderlo en casa, en su Parlamento e incluso dentro de su propio Gobierno: el flanco izquierdo de Syriza y la derecha nacionalista con la que se ha aliado pueden poner peros y provocar una crisis política. Para tragar esa píldora, Tsipras espera como contrapartida la citada reestructuración de deuda; si Grecia activa en breve las medidas prioritarias, los socios podrían facilitar ese alivio de la deuda, aunque esa fase de la negociación no ha llegado aún y hay varios países poco partidarios de hace favores a Syriza.

Atenas y los acreedores llevaban cinco meses como el perro y el gato, desde la victoria electoral de Tsipras, el 25 de enero, con sus promesas de fin de la austeridad. El pulso ha llevado a sembrar dudas sobre un posible impago de Atenas al FMI (1.500 millones a fin de mes) y al BCE (7.200 millones en verano), aunque ese escenario se aleja ahora. A pesar de que los agoreros han proliferado en los últimos tiempos, está mucho más cerca una prórroga del actual rescate para evitar líos. Con un acuerdo, el BCE podría incluso abrir algo más la mano.

“Con Grecia nada es seguro al 100%, pero el final del túnel está un poco más cerca”, indicaron fuentes del Eurogrupo.

FUENTE: El País. 

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El BCE se reúne de urgencia por la retirada de depósitos en Grecia

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Alexis Tsipras, este jueves en San Petersburgo. / MAXIM SHEMETOV (REUTERS)


  • La institución decide si ampliar en 3.000 millones la línea de liquidez del Banco de Grecia

EFE Fráncfort / Atenas 19 JUN 2015 - 12:19 CEST

El consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) se va a reunir este viernes de forma extraordinaria a mediodía para decidir si amplía la provisión urgente de liquidez para Grecia tras la intensificación de la fuga de depósitos. La reunión por teleconferencia para discutir una petición de aumento de la provisión urgente de liquidez de más de 3.000 millones de euros del Banco de Grecia se enmarca dentro de un procedimiento normal, según fuentes cercanas a la situación.

La petición, que responde al aumento de la fuga de depósitos de los bancos griegos, se produce un día después de que el BCE aumentara en 1.100 millones de euros la provisión urgente de liquidez para los bancos griegos, hasta el máximo de 84.100 millones de euros.

El miembro francés del comité ejecutivo del BCE, Benoit Coeuré, dudó este jueves de que los bancos griegos puedan abrir el lunes, en un entorno de gran incertidumbre. Se calcula que el jueves salieron de los bancos griegos más de 1.000 millones de euros.

Círculos bancarios citados por los medios griegos aseguraron que la situación está "controlada" y recordaron que en junio de 2012, en el fragor de la convocatoria de las segundas elecciones generales en solo un mes, las salidas de depósitos eran el doble de las que está habiendo ahora.

El Gobierno griego reaccionó este jueves con dureza a informaciones aparecidas en la prensa, según las cuales se estaba preparando un plan de control de capitales, y aseguró que este tipo de informaciones tan solo persiguen "provocar disturbios" y "desestabilizar la economía". El ministro de Economía, Yanis Varoufakis, pidió “calma” a los griegos y apostó por un acuerdo.

El optimismo de Tsipras

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, que este viernes tiene previsto reunirse con el presidente ruso, Vladímir Putin, se ha mostrado optimista de que existe una solución a la crisis de la deuda que permitiría al país volver a la senda del crecimiento al tiempo que permanece en la zona euro. "Habrá una solución basada en el respeto a las reglas de la Unión Europea (UE) y la democracia que permitirá a Grecia volver a crecer con el euro", ha manifestado en un comunicado.

Según ha señalado Tsipras, su objetivo era llevar las negociaciones "al más alto nivel político en Europa" y ha asegurado que ahora está trabajando para el éxito de esa cumbre. "Los que invierten en la crisis y en escenarios de terror se verán refutados. Habrá una solución basada en el respeto de las normas de la UE y de la democracia que permita a Grecia volver al crecimiento dentro del euro", concluye la nota.

Sin embargo, desde Reino Unido, el ministro de Finanzas, George Osborne, ha asegurado este viernes que aunque se espera “lo mejor” en las negociaciones para cerrar un acuerdo con Grecia, “hay que prepararse para lo peor”. “Hemos entrado en las últimas horas de la crisis griega y urgimos al Gobierno griego a llegar a un acuerdo antes de que sea muy tarde”, ha señalado Osborne a su llegada a la reunión de ministros de Finanzas y de Economía de la Unión Europea que se celebra este viernes en Luxemburgo.

Los Veintiocho se reúnen este viernes después de que anoche los 19 ministros de los países del euro no lograran un acuerdo con Grecia sobre la lista de reformas que el país tiene que acometer, tras lo que se convocó una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona par este lunes.

FUENTE: El País.
 
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Bruselas y el FMI se resisten a aceptar la oferta de Grecia

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  • Tsipras se reúne este miércoles con Merkel y Hollande

Claudi Pérez Bruselas 9 JUN 2015 - 22:11 CEST

El cruce de ultimátums entre Berlín y Atenas de la semana pasada estuvo a punto de hacer descarrilar la negociación para alcanzar una solución temporal a la crisis de Grecia. La tensión no ha acabado: los socios europeos despacharon este martes con una negativa tajante la última propuesta del Gobierno de Alexis Tsipras, que se resiste a recortar pensiones pero ha traspasado algunas de sus líneas rojas en aras del acuerdo. Tsipras, la canciller Angela Merkel y el presidente francés François Hollande tratarán de dar este miércoles un impulso político casi definitivo a la saga griega.

Oferta, negativa airada, contraoferta, que a su vez es rechazada, y vuelta a empezar. Esa es la secuencia actual de las interminables negociaciones sobre Grecia, que se acercan a su recta final con infinidad de dudas y apenas una certeza: la partida no está cerrada y cada una de las partes apurará hasta el último día para sacar el máximo partido de la tensión. Tanto los griegos como los acreedores pretenden sacar tajada del temor a un posible impago que nunca acaba de llegar (y que difícilmente llegará). Grecia presentó la enésima propuesta a los socios europeos, que a renglón seguido la tumbaron por enésima vez. Atenas trabajaba en la noche del martes en una nueva revisión de esa oferta, de cara a la reunión que mantendrán este miércoles en Bruselas el primer ministro Alexis Tsipras, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande.

“Las dos partes ya no están tan lejos”, apuntaban fuentes de Atenas y de la Comisión Europea; el vicepresidente comunitario Valdis Dombrovskis auguró un pacto “en los próximos días”. Pero Alemania y el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, diluyeron ese amago de optimismo. Dijsselbloem añadió que el acuerdo es “imposible” sin que Grecia cambie el sistema de pensiones y eleve la edad de jubilación.

Ese es el nudo gordiano de la negociación: las pensiones, que han sufrido duros recortes a lo largo del último lustro. Los socios europeos quieren un tijeretazo adicional que provocaría una crisis política en Atenas. Tsipras rechaza abiertamente ese recorte —que incluiría un revés incluso para las pensiones más bajas, según la última oferta europea—, pero se aviene a otras medidas: el Ejecutivo heleno está dispuesto a endurecer las prejubilaciones, e incluso a aceptar alguna imposición más por ese flanco.

El resto de supuestas líneas rojas se han ido difuminando. Grecia y los socios están ya muy cerca en lo relativo al superávit primario (antes del pago de intereses): Atenas ofrece el 0,75% del PIB para este año y Bruselas quiere el 1%. Y ambas partes saben que esas cifras son inalcanzables: el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, lo ha reconocido explícitamente durante los últimos días.

Ampliar el rescate

Grecia y sus acreedores se encaminan a una nueva patada hacia adelante: discuten ampliar el segundo rescate actual hasta final de año o incluso más allá, hasta marzo de 2016, según informó The Wall Street Journal. Habrá, ya es seguro, metas fiscales más suaves. Y habrá subidas del IVA y algún recorte adicional. Atenas no seguirá adelante con sus planes de revocar las últimas reformas laborales. Y se llegará a un punto de entendimiento, con cesiones de ambas partes, en el capítulo de pensiones. Eso permitiría a Grecia pagar sus próximos vencimientos al FMI y al BCE; no suspender pagos. Y evitará a los socios un jaleo mayúsculo para el que siguen sin estar preparados: una crisis del euro rediviva. A cambio, todo el mundo es consciente de que ese escenario simplemente aplaza el problema. Los acreedores se resisten a debatir una reestructuración de deuda, pese a que todo el mundo sabe que eso llegará tarde o temprano. “Prorrogar y fingir, ese sigue siendo el leit motiv con Grecia”, cerró una fuente europea.

FUENTE: El País.

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Grecia pide al FMI retrasar sus pagos y prepara una contraoferta

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Grecia 
Alexis Tsipras, este jueves en Atenas. / Kostas Tsironis (Bloomberg)
 
  • Atenas gana tiempo para el desembolso de 300 millones de euros
 
Claudi Pérez Bruselas 5 JUN 2015 - 10:30 CEST

Más tensión, más drama, más teatro. La propuesta final de los socios europeos a Grecia no gusta en Atenas, que flirtea desde hace semanas con la suspensión de pagos y trata de negociar alguna concesión de última hora para no tener que traspasar muchas de sus líneas rojas. El Gobierno de Alexis Tsipras pidió este jueves agrupar y retrasar sus pagos al Fondo Monetario Internacional, que suman unos 1.500 millones a lo largo de este mes. Grecia tenía que satisfacer este viernes un primer vencimiento de 300 millones, pero ante sus dificultades de tesorería finalmente lo hará el 30 de junio.




Grecia se acogió este jueves a un tecnicismo que casi nunca se usa y ganó casi dos meses de un plumazo. El Ejecutivo de Tsipras pagará finalmente al FMI a finales de junio: si finalmente no lo hiciera, la cúpula del Fondo no declararía el impago hasta finales de julio, lo que le otorga mayor margen para negociar y, sobre todo, relaja las formidables tensiones financieras a las que están sometidas las arcas de la Hacienda griega. Atenas prepara este jueves un contraataque ante la propuesta final de los acreedores, que ha sentado como un jarro de agua fría en Grecia.

Los socios y el FMI quieren obligar a incumplir muchas de sus promesas: la propuesta, detallada en un documento de siete páginas, ofrece algunas mejoras a Atenas —básicamente, superávits fiscales menos exigentes—, pero supondría otra vuelta de tuerca a la austeridad, acelerar las privatizaciones u obligaría al Gobierno griego a aprobar por la vía de urgencia dolorosos recortes de pensiones. Esas son, básicamente, las medidas que Tsipras se comprometió a evitar antes de ganar las elecciones, hace ya cinco meses.

Desde entonces la vida no ha sido fácil para el carismático primer ministro heleno. Tiene problemas dentro de su partido, con el ala izquierda dispuesta a romper con la eurozona. Tiene dificultades con su electorado, que le apoya masivamente pero quiere un acuerdo que permita a Grecia seguir dentro del euro. Tiene líos con los socios, que le reprochan malas artes en una negociación que ha acabado en un todos contra Grecia. Y tiene las arcas vacías: la economía se ha parado, los ingresos caen y la banca sufre por la fuga de depósitos.

Europa y el FMI saben que Grecia no tiene armas de negociación: apenas la posibilidad de amagar con un impago que podría reeditar la crisis del euro. Y no han cedido apenas nada desde el pasado febrero: la propuesta de los acreedores incluye medidas de una enorme carga simbólica, como eliminar las ayudas sociales a los jubilados con los ingresos más bajos para ahorrar apenas 100 millones de euros. Tsipras se dio este jueves algo de tiempo extra con un ardid para retrasar su calendario de pagos. Pero la hora de la verdad se acerca. Y con la propuesta europea en la mano, no le va a ser fácil firmar el acuerdo sin desatar una tormenta política en Atenas.

FUENTE: El País. 

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Tsipras dice que Grecia ha propuesto “un plan realista” de reformas

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  • El primer ministro griego asegura que el documento incluye concesiones

Reuters Atenas 2 JUN 2015 - 12:28 CEST

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha informado este martes de que su Gobierno ha enviado a los acreedores internacionales un "plan completo y realista" de reformas el lunes por la noche y ha pedido a los líderes europeos que lo acepten para que pueda cerrarse el esperado acuerdo.

"Hemos presentado un plan realista para que Grecia salga de la crisis. Un plan realista, cuya aceptación por las instituciones, nuestros prestamistas y nuestros socios en Europa marcará el fin del escenario de divisiones en Europa", ha declarado Tsipras a la prensa. Según el primer ministro, el plan incluye "concesiones", a pesar de que admite que serán difíciles, si bien no especifica cuáles serán.

"No estamos esperando a que ellos presenten una propuesta, Grecia está presentando un plan", ha añadido el primer ministro griego, incidiendo en que "la decisión sobre si quieren ajustarse al realismo (...) corresponde a los líderes políticos en Europa".

Las declaraciones de Tsipras se producen después de que la canciller alemana, Angela Merkel, presidiera el lunes por la noche en Berlín una reunión sobre Grecia a la que asistieron el presidente francés, François Hollande, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde.

Tsipras advirtió que los ciudadanos tienen que prepararse para tiempos difíciles una vez concluya la negociación. "El día siguiente, tras el final de la negociación, habrá dificultades, pero lo que pide el pueblo al Gobierno es que hagamos frente a las dificultades en condiciones de justicia y de igualdad", ha señalado el primer ministro griego. Y enfatizó: "Los griegos deben sentirse orgullosos, independientemente del partido al que pertenezcan".
 
FUENTE: El País.
 
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