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La excepción alemana sucumbe al virus europeo

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  • Los partidos populistas triunfan en la UE con la llegada de refugiados y la crisis del euro.

Ana Carbajosa. Madrid 14 MAR 2016 - 19:45 CET

Los populistas alemanes no están solos. Los partidos que viven de oponerse a la entrada de migrantes, a las élites políticas y a Bruselas crecen como la espuma en una Europa debilitada e incapaz de transitar una senda común. Las pasadas elecciones europeas (mayo 2014) fueron la primera gran prueba. Los ascensos de partidos populistas de derechas dejaron en evidencia que la crisis financiera y del euro dieron pie a inseguridades colectivas y otros estados de ánimo propicios para los intereses extremistas. Luego llegaron los refugiados. La resistencia de la Unión a asumir la acogida de cientos de miles de refugiados de forma coordinada ha catapultado las tesis populistas de miedo y caos que ya calan más allá de las fronteras políticas de las formaciones ultras. Ataques terroristas de corte yihadista como los de París han terminado de alimentar también los temores que con maestría azuzan los líderes populistas.
 
A Alemania, como a España, se la ha considerado hasta hace bien poco una excepción en el contexto europeo. A diferencia de países como Holanda o Austria, la retórica antiinmigración se refugiaba en los márgenes más radicales y violentos. La corrección política teutona y la historia reciente de un país que sufrió su propia crisis de refugiados tras la Segunda Guerra Mundial parecía haber vacunado a Alemania del virus que se propagaba por el resto de Europa. Pero el desembarco de algo más de millón de refugiados que encontraron en Berlín las puertas abiertas que otros socios europeos les cerraban ha abierto la veda, también en Alemania.En el resto de Europa, las formaciones consideradas populistas comparten ciertas señas de identidad, pese a su heterogeneidad. Tienen líderes carismáticos que hablan el lenguaje de la calle y que son capaces de conectar con preocupaciones ciudadanas que excitan convenientemente. Exigen que se frene la entrada a migrantes –sobre todo musulmanes- al margen de consensos legales internacionales y acostumbran a culpar a Bruselas de casi todos sus males. El nacionalismo ya sea económico o identitario forma parte de su recetario. Estos son los grupos populistas que marcan la agenda en Europa:

-Países nórdicos. El caso del norte de Europa es tal vez el más sorprendente. Décadas de robusto progresismo biempensante arrinconaron debates como el de la inmigración y el asilo, que cuando ha irrumpido lo ha hecho con fuerza inédita. Es el caso de Suecia, donde los Demócratas Suecos (DS), un partido con raíces en el movimiento neonazi, se atrevieron a hablar de inmigración como problema en un país en el que la generosa acogida de refugiados ha sido una suerte de orgullo nacional durante décadas. Los DS lograron un 12,9% de los votos en las elecciones de 2014 y desde entonces no han dejado de crecer, situándolos algunos sondeos incluso en cabeza. Suecia es, junto con Alemania, el país que más se ha volcado ante la llegada de demandantes de asilo de Oriente Próximo y de África. Dinamarca ha seguido una evolución similar. Allí, el populista Partido Popular Danés fue el verano pasado el segundo partido más votado. En Finlandia, los Auténticos Finlandeses fueron la tercera fuerza más votada en 2015 y entraron a formar parte de la coalición de Gobierno.

-Francia y Holanda. Son probablemente los dos grandes faros del populismo europeo. Geert Wilders y Marine Le Pen son el espejo en el que les gustaría verse reflejados a algunos de sus correligionarios europeos. El Frente Nacional de Le Pen fue el partido más votado a finales de 2015 en la primera ronda de las regionales francesas, lo que provocó una movilización de sus detractores para la segunda vuelta. La consolidación de su éxito en próximas citas electorales, especialmente en el caso de Francia -2017- determinará en buena medida el futuro de los populismos en Europa, según coinciden los observadores. En Holanda, el Partido de la Libertad, del islamófobo Wilders sería el más votado de celebrarse hoy las elecciones según encuestas publicadas en enero, aunque en las elecciones europeas de 2014 pese a grandes expectativas acabó en tercera posición.

-Reino Unido. Puede que UKIP -12,6% de los votos en las generales de 2015- no sea de momento una alternativa de Gobierno, pero ha demostrado una gran capacidad para modelar la agenda política de la derecha y el centro británicos. Sus postulados antieuropeos y contrarios a los inmigrantes encuentran amplio eco en los discursos oficiales que padecen un agudo efecto contagio.

-Este de Europa. En Hungría, Viktor Orban y su partido Fidesz se han consolidado como exitosos extremistas sin complejos y al frente de un Gobierno que decidió levantar una verja para impedir la entrada de migrantes. Cuenta además con la complicidad en asuntos migratorios del partido ultraderechista Jobbik. El húngaro es uno de los Gobiernos que boicotean casi cualquier esfuerzo por pactar cuotas de refugiados y política común en materia de asilo. En Polonia, el PIS de Jarosław Kaczyński gobierna con mayoría y puño de hierro y. Y, en Eslovaquia, el Partido Popular Nuestra Eslovaquia (LSNS), una formación de origen neonazi, entró este mes en el Parlamento con el 8% de los votos después de una campaña en la que el socialdemócrata Robert Fico elevara el tono contra la UE y los migrantes.

FUENTE: El País. 

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El deterioro democrático pone en alerta a la UE

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  • Los valores fundamentales retroceden en todo el club comunitario, incluidos los grandes países
  • Un estudio atribuye a Grecia y Hungría los mayores riesgos

Lucía Abellán Bruselas 25 SEP 2013 - 20:36 CET



Marcha en Sofía en homenaje al fundador del movimiento ultraderechista. / T. Belutova (reuters)

Francia amenaza con expulsar a los gitanos que viven en su territorio. Los neonazis asesinan en Grecia. Croacia maniobra para salvar a un criminal de la extradición y en España la corrupción recorre todas las instituciones. Europa vive episodios cada vez más inquietantes de los que emerge una interpretación común: la democracia dista mucho de estar garantizada. Es la rotunda conclusión del primer análisis serio que se realiza en la Unión Europea sobre la calidad del sistema democrático. El informe, al que ha tenido acceso este diario y que se presentará este jueves en Londres, revela importantes retrocesos en lucha contra la corrupción, respeto a las minorías y derechos humanos. Unos valores que están en la esencia misma del proyecto comunitario.

Esos deslices en la aplicación de la democracia se asociaban, hasta hace muy poco, a los recién llegados al proyecto comunitario, los 12 países incorporados a partir de 2004 (más Croacia, que se ha sumado este año). Pero el trabajo de Demos, una reputada casa de análisis británica que ha investigado por encargo del grupo socialdemócrata en el Parlamento Europeo, recoge numerosos indicios de que la marea ha llegado a las viejas democracias. El aumento de las agresiones a inmigrantes, así como el mayor rechazo que declaran ahora los ciudadanos a tener como vecinos a los musulmanes se citan en el documento como señales preocupantes que llegan desde Alemania, equiparables a las que emite la radicalización del partido euroescéptico UKIP en Reino Unido.

Los problemas afectan también a otros dos grandes fundadores del proyecto comunitario. El trabajo recoge las "controvertidas políticas respecto a la libertad religiosa" en Francia, así como los episodios de "corrupción, crimen organizado y control de los medios de comunicación" en Italia. "La democracia tiene que evaluarse constantemente. Incluso países democráticos muy fuertes afrontan grandes retos. Los datos de este informe muestran que la democracia no puede darse por sentada; puede decirse que está amenazada", alerta Jonathan Birdwell, uno de los responsables del proyecto, titulado precisamente La democracia en Europa ya no puede darse por sentada.

Uno de los hallazgos más sorprendentes consiste en desmontar la asociación directa entre crisis económica y deterioro de la democracia. Porque los indicadores, que abarcan básicamente el periodo 2000-2008 aunque algunos llegan hasta 2012, ya comenzaron a retroceder antes de 2008, cuando Europa aún vivía instalada en la bonanza. Una situación que se agrava con la entrada en recesión. Este experto vincula la involución a la falta de respuestas políticas frente al fenómeno de la globalización, que ha revolucionado las sociedades europeas. Y advierte de que los datos más recientes, relativos a 2013, pueden arrojar peores resultados.

El estudio de Demos refrenda anteriores señales de alerta lanzadas por el Parlamento Europeo y la Comisión. El informe combina por primera vez 22 indicadores muy diversos, agrupados en cinco campos relativos a la democracia: procesos democráticos (incluida la corrupción, que drena cada año un 1% del PIB europeo, según datos que Demos atribuye a la Comisión Europea), derechos fundamentales, respeto a las minorías, ciudadanía activa y capital social y político. Los datos, de diversas fuentes oficiales u organizaciones sociales, reflejan que la mayoría de valores que se fueron consolidando a lo largo de los noventa han comenzado a retroceder. "Ya no estamos hablando solo de la crisis del euro y su gestión. Es un proceso que afecta a los fundamentos del modelo social europeo. Se está asentando una imagen de la política subordinada a grandes poderes fácticos", reflexiona Juan Fernando López Aguilar, eurodiputado socialdemócrata español que preside la Comisión de Libertades del Parlamento Europeo.

Pese a que los peligros recorren todo el espacio comunitario, el estudio identifica en Grecia y Hungría los mayores deterioros de los pilares democráticos. La irrupción del partido neonazi Aurora Dorada en el Parlamento y el auge de la derecha autoritaria en Hungría aparecen como riesgos inmediatos. López Aguilar lanza una autocrítica hacia los partidos mayoritarios: "La extrema derecha se moviliza; es hiperactiva, beligerante y está extremadamente comprometida con sus votantes. Los partidos mayoritarios, lamentablemente, tienen un perfil más bajo: como si la defensa de la democracia fuese una batalla que ya no hay que dar".

Más allá de exponer la gravedad del problema, el documento aporta posibles soluciones, que se resumen en un papel más activo de la Comisión Europea para vigilar la democracia dentro de sus fronteras. "Aún hay pocos mecanismos a disposición de la UE para asegurar que los Estados miembros no retrocedan y se vuelvan menos democráticos una vez han ingresado", expone. Ese es precisamente el principal reto. Porque los países recelan de que Bruselas examine si están respetando el Estado de derecho. "Para evitar ese riesgo de politización proponemos que sea una agencia independiente la que evalúe de forma objetiva y rigurosa el cumplimiento de los valores democráticos", sugiere el autor del trabajo.

España sale relativamente mal parada en el marcador europeo de la democracia, salvo en la tolerancia hacia las minorías. El peor resultado lo obtiene en el registro de estabilidad política y ausencia de violencia, donde solo es superada por Rumanía y Grecia, aunque el estudio lo vincula al terrorismo de ETA. En derechos fundamentales, España arroja, junto con Hungría, la mayor caída en la clasificación europea en el periodo 1999-2011. En general los países nórdicos encabezan la clasificación democrática y los de las últimas ampliaciones figuran a la cola.

Fuente: El País.