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El espionaje ensombrece el acuerdo comercial entre la UE y EE UU

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  • Bruselas retoma esta semana las negociaciones en un clima de desconfianza.

Lucía Abellán Bruselas 11 NOV 2013 - 19:39 CET


El escándalo del espionaje ha contaminado uno de los escasos éxitos económicos que la Comisión Europea de Barroso pretendía dejar como legado. La desconfianza hacia Estados Unidos dificulta el acuerdo de comercio que ambas partes negocian esta semana en Bruselas. Aunque los responsables comunitarios se esfuerzan por mantener el perfil técnico de las discusiones, el ruido político las condiciona enormemente. Un nuevo escollo contribuyó la semana pasada a enrarecer el ambiente, al saberse que el máximo responsable de la negociación por parte de la UE, el comisario de Comercio Karel de Gucht, está acusado de haber ocultado a la Hacienda belga 1,2 millones de euros.

El acuerdo entre Europa y Estados Unidos está llamado a ser el mayor tratado comercial del mundo, pero su futuro pende de un hilo. Poco después de que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, lo lanzara como un incentivo a la alicaída UE, con capacidad para generar un crecimiento adicional del 0,5% del PIB anual, las primeras revelaciones a mediados de año del espionaje masivo crisparon el arranque de euforia. Francia y otros Estados pidieron que se suspendiera el proceso hasta que Washington diera explicaciones, pero la mayoría, con Alemania a la cabeza, lo rechazó y las conversaciones se iniciaron formalmente en julio. París, además, temía que el tratado pusiera en peligro la protección pública que ese país otorga a su sector audiovisual.

Varios meses después, y pese a que las acusaciones de vigilancia electrónica han subido de tono, la postura más generalizada de los países miembros sigue siendo similar. "Es contraproducente vincular las dos cosas [el espionaje y el tratado comercial]. Saldrá en algún momento de la negociación, pero las competencias en materia de espionaje son de los Estados miembros", subrayan fuentes diplomáticas.

Pero ese pragmatismo de los países choca con algunas inquietudes en el seno de la Comisión —por ejemplo, de la vicepresidenta y responsable de Justicia, Viviane Reding— y, sobre todo, con el enfado del Parlamento Europeo ante el control que han ejercido los servicios de inteligencia estadounidenses sobre los datos de ciudadanos y líderes europeos. El presidente de este organismo, Martin Schulz, pidió antes de la última cumbre comunitaria, celebrada a finales de octubre, que se suspendieran los encuentros. Unos días antes, la Eurocámara había respaldado una resolución en la que advertía de que podría vetar el acuerdo por los numerosos episodios de espionaje atribuidos a Washington.

En este contexto, una delegación de técnicos de ambos bloques comerciales se reúne desde ayer y hasta el viernes en Bruselas para hablar de elementos tan aparentemente lejanos a ese debate como la forma de liberalizar la inversión y el comercio entre ambos lados del Atlántico. Esta segunda ronda de discusiones estaba prevista para la segunda semana de octubre, pero otro imprevisto —en este caso, el cierre de servicios públicos en Washington por la falta de acuerdo para ampliar el techo de deuda estadounidense— retrasó la misión.

Entretanto, los papeles del analista de la agencia de seguridad estadounidense Edward Snowden han revelado la interceptación con más trascendencia política para la UE: la que supuestamente ha afectado al móvil de la canciller alemana, Angela Merkel. El nerviosismo y la convicción de que la nueva regulación europea sobre protección de datos personales no estará lista en un futuro próximo llevaron a Alemania a plantearse incluir el intercambio de datos en la negociación comercial. "Nosotros no negociamos derechos fundamentales en un acuerdo comercial", rechazan de plano fuentes comunitarias ligadas al tratado.

Los servicios, la energía, las materias primas y las diferencias de regulación entre los dos bloques centran las conversaciones de esta semana. El debate se enfrenta también a los recelos de distintas ONG y organizaciones de consumidores, que temen que ese intento de homogeneizar los marcos regulatorios de los dos gigantes para fomentar los intercambios suponga rebajar el nivel de protección europea.

Por si las dificultades fueran escasas, un nuevo escollo irrumpió en el proceso el pasado viernes. Varios diarios publicaron que el comisario de Comercio, el belga Karel de Gucht, irá a juicio por un presunto fraude fiscal por el que las autoridades de su país le reclaman 900.000 euros. Aunque De Gucht no encabeza la negociación —lo hace el español Ignacio García Bercero, alto cargo de ese departamento—, el enredo tributario ensombrece la imagen de la delegación europea. Y aleja un tratado que se presenta clave para la recuperación en la UE.

Fuente: El País.

Bruselas retoma las negociaciones para abrir las puertas de Europa a las multinacionales de EEUU

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  • La Comisión hace oídos sordos a la petición de varios líderes europeos y negocia el Tratado de Libre Comercio con EEUU sin esclarecer el escándalo de espionaje.

ALEJANDRO LÓPEZ DE MIGUEL Madrid 11/11/2013 07:24 Actualizado: 11/11/2013 08:30

Obamma y Merkel, durante una visita del presidente de EEUU a Alemania. EFE
Obamma y Merkel, durante una visita del presidente de EEUU a Alemania. EFE


A pesar de que la Administración Obama no ha despejado una sola incógnita sobre el presunto espionaje a la UE, EEUU y Europa retoman este lunes en Bruselas las conversaciones sobre el Tratado de Libre Comercio que servirá para facilitar las transacciones comerciales entre ambos lados del Atlántico, aunque también podría subordinar aún más la economía de los 28 a la de las empresas norteamericanas.

La UE inicia así la segunda semana de encuentros, inicialmente previstos para mediados de octubre, y pospuestos por la paralización del Gobierno estadounidense, sin que hayan transcendido más que unos pocos datos sobre el Tratado de Libre Comercio que, según fuentes oficiales, supondrá un aumento de 110.000 millones de euros en el PIB de la UE, y de cerca de 95.000 millones en el caso de Estados Unidos.

Un tratado de libre comercio es un acuerdo comercial para eliminar o reducir barreras arancelarias (económicas) y no arancelarias (normativas). Este contrato entre dos o más partes, que pueden ser países o agrupaciones de naciones, se rige por las normas de la Organización Mundial del Comercio o por mutuo acuerdo entre las partes, y teóricamente sirve para favorecer las relaciones comerciales, pero también supone la pérdida del poder de intervención de los estados, el laissez faire económico que podría favorecer a las empresas más grandes en detrimento de las pequeñas y medianas organizaciones.

Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y la Unión Europea ya generan cerca de 700.000 millones de euros al año -la balanza está a favor del Viejo Continente, con un excedente comercial de 86.000 millones de euros-, pero de cerrarse este acuerdo esta cifra podría aumentar en más de 200.000 millones, constituyéndose la mayor zona de libre comercio global, concentrando casi el 50% de la actividad económica mundial. La Comisión Europea asegura que puede suponer un incremento de entre el 0,5% y el 1% del PIB, que en las familias repercutiría en una subida del poder adquisitivo de 550 euros anuales.

La trampa, explicó a este diario el eurodiputado de Izquierda Unida, Willy Meyer, es que no "todos saldremos beneficiados", como aseguró el presidente de EEUU, Barack Obama, en el último G-8. "Las zonas de libre comercio sólo benefician a las multinacionales y al sector financiero. Van a acumular capital a una velocidad de vértigo", afirmó el eurodiputado, defendiendo la celebración de un referéndum entre los ciudadanos europeos, como sí se ha hecho en varios países antes de contraer este acuerdo.

Con todo, la firma de tratados de libre comercio comenzó hace más de ciento cincuenta años y es una práctica habitual-la UE ha ratificado cerca de 200-, pero evidentemente no todos tienen la misma repercusión. Por ejemplo, los acuerdos firmados entre EEUU y Chile o Colombia tienen distintas particularidades y limitaciones, como los que hoy negocian México y Panamá, o el contraído por Honduras y Canadá el pasado martes, que aún debe ser ratificado por ambos países, y que regula el intercambio de productos alimentarios o textiles, entre otros.

Escasa información

De momento, apenas ha transcendido información sobre el estado de las negociaciones y los puntos abordados durante las primeras reuniones. En principio, los sectores audiovisual y cultural están fuera de las negociaciones, en las que tampoco se esperan grandes avances en materia bancaria o agricultura.

Si todo marcha según lo previsto, el país norteamericano y los 28 firmarán este acuerdo en un plazo de dos años. Después, el texto deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo y por las respectivas cámaras de los Estados miembros, y deberán retomarse las negociaciones si parte de los 28 lo rechazan.

A día de hoy, este es el calendario de reuniones (pasadas, presentes y futuras)

Primera ronda (julio de este año): Curiosamente, la primera semana de negociaciones se celebró entre el 8 y el 12 de julio de este año, durante el estallido de las primeras revelaciones sobre el espionaje de la NSA. En Washington, Europa y EEUU hablaron de la normativa sanitaria y fitosanitaria, el acceso a los mercados y bienes industriales, las adquisiciones públicas de bienes y servicios, el sector automovilístico-según el secretario de Estado de Comercio español, un área clave- los servicios financieros, el comercio electrónico y los productos agrícolas

Segunda ronda (noviembre): Marcada originariamente entre el 7 y el 11 de octubre, pospuesta hasta la semana del 11 al 15 de noviembre por la paralización del Gobierno de EEUU. En Bruselas, los distintos equipos de negociadores de ambas partes discutirán sobre servicios, inversión, energía, materias primas y temas regulatorios, entre otros.

Tercera ronda (diciembre): Washington volverá a ser el escenario de estas reuniones, que se celebrarán entre el 16 y el 20 de diciembre.

En lo que respecta a nuestro país, y según la fundación alemana Bertelsmann, España sería el cuarto país que más puestos de trabajo generaría de concretarse el acuerdo -entre 36.000 y 143.000- y también sería el cuarto de la lista en el que más se incrementaría el PIB a largo plazo.

La CE ignora el espionaje

A pesar del presunto espionaje de EEUU a millones de ciudadanos europeos y a los líderes de decenas de países, la Comisión Europea ha rechazado incluir un capítulo sobre la protección de datos en la negociación comercial, recordando que existe un grupo de expertos estadounidenses y europeos creado en julio, que sólo se ha reunido tres veces y sin que hayan transcendido resultados de sus encuentros.

Del mismo modo, ha decidido hacer oídos sordos a la petición del presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, y de varios grupos de esta cámara, que abogaban por la paralización del acuerdo hasta recabar más datos sobre las escuchas de la NSA espionaje de la NSA.

Consultados por este diario, los europarlamentarios Willy Meyer (IU) y Juan Fernando López Aguilar se mostraron favorables a la paralización de las negociaciones, en la línea marcada por el presidente del Parlamento Europeo y candidato socialista para las elecciones europeas de 2014.

Por su parte, el presidente François Hollande aseguró en julio que era mejor contar con una evaluación precisa sobre el presunto espionaje antes de seguir con las negociaciones y la propia canciller Angela Merkel, que hoy descarta rotundamente pedir una pausa en estas reuniones, amenazó con que la cuestión del espionaje tendría un "importante papel" en las negociaciones con EEUU.

Al otro lado del ring, el Partido Popular Europeo, los gobiernos de los 28, el Ministerio de José Manuel García-Margallo -por la "importancia vital" de las relaciones con Estados Unidos- y el propio secretario de Estado de EEUU, John Kerry, "Esta es una alianza comercial, algo completamente separado de los otros temas que la gente puede tener en mente. No debería confundirse con las preguntas legítimas que existen respecto a la NSA", defendió en un reciente viaje a Polonia.

Y en vista de los últimos acontecimientos, Kerry se saldrá con la suya: Washington y Bruselas seguirán adelante con la negociación, las reivindicaciones de Schulz caerán en saco roto, y la verdad sobre las escuchas seguirá sin salir a la luz.

Fuente: Público.

Objetivo: cambiar los Tratados de la UE

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La canciller Merkel y François Hollande, en julio en Berlín. / johannes eisele (Cordon Press

  • Merkel intentará dar más poder a Bruselas para controlar las finanzas de los 28 Estados miembros
  • Los socialdemócratas han apoyado todos los planes de rescate europeos

J. GÓMEZ Berlín 20 OCT 2013 - 22:03 CET

Mientras los socialdemócratas del SPD debaten su participación en la tercera gran coalición de la historia alemana, la canciller Angela Merkel encara su tercera legislatura en la cima de su influencia política: si termina cerrando el pacto con el SPD, Merkel contará con cuatro de cada cinco votos en la Cámara baja (Bundestag) para refrendar sus decisiones. Merkel ha visto en esta legislatura cómo su política europea, que controla personalmente desde la cancillería, se convierte en cardinal para la Europa sacudida por la crisis. Su gran éxito en las elecciones del 22 de septiembre la deja, además, sin rivales serios ni críticos relevantes dentro de su Unión Demócrata Cristiana (CDU). La política internacional quedó fuera de la campaña electoral, arrumbada por asuntos tan locales como la conveniencia de un “día vegetariano” en las cantinas. Esa falta de debate permitía presagiar continuidad.

El SPD apoyó en el Bundestag todos los rescates europeos de los últimos tres años, con los consiguientes memorandos de entendimiento estipulados por la troika de acreedores. Pero ahora la canciller cuenta con una capacidad de maniobra sin precedentes en los últimos 20 años. Podría servirle para cambiar el proceso de integración europea con el apoyo de los socialdemócratas.

Cuando aún no se ha constituido la gran coalición que gobernará Alemania hasta 2017, el semanario Der Spiegel adelanta esta semana los planes de Merkel para impulsar la integración europea a favor de Bruselas. Según explica la influyente revista política de Hamburgo, la jefa del Gobierno ha movilizado a sus sherpas (negociadores) para promover cambios en los Tratados de la Unión Europea. El objetivo sería un mayor control de las finanzas de los 28 socios, en pos de un marco político adecuado para la unión monetaria que permita evitar nuevas crisis como la que sacude la eurozona desde 2010. El plan incluye, contra todo pronóstico, el refuerzo de instituciones conjuntas como la Comisión Europea, con la que Merkel mantiene relaciones tensas desde que su presidente, el portugués José Manuel Durão Barroso, se distanció inopinadamente de la política de austeridad que propugna Merkel y que él contribuyó a implementar en Europa. Merkel también contempla la designación de un presidente del Eurogrupo dedicado en exclusiva a esa tarea. Ocupa el cargo un ministro de Economía o Hacienda de la eurozona, actualmente el holandés Jeroen Dijsselbloem. La reforma permitiría la armonización de las políticas fiscales europeas bajo el auspicio de un comisario permanente.

Según Der Spiegel, Merkel prevé la creación de un fondo europeo dotado de decenas de miles de millones de euros. Los socios podrían acceder a estos fondos a cambio de contratos vinculantes que los comprometan a adoptar políticas fiscales y de gasto público acordes con las recomendaciones comunitarias. Estos contratos contribuirían a ajustar los presupuestos y las cargas fiscales dentro de la eurozona. Merkel quiere esperar a las elecciones europeas de 2014 antes de formular propuestas firmes. Entonces cambiará la Comisión y se irá Barroso.

El cálculo sería que la reducción de las diferencias impulse la competitividad del conjunto. El de la competitividad es uno de los mantras preferidos por Merkel, una suerte de receta universal para todos los males económicos.

Estas novedades se enfrían, sin embargo, con las declaraciones de un portavoz de Merkel a la agencia Reuters, según el cual las propuestas alemanas sobre la unión monetaria “son conocidas desde hace tiempo”. Por otra parte, Europa aparece solo de refilón en los diez puntos que el SPD se lleva a las negociaciones con Merkel. Grandes ausentes son los eurobonos, de los que ya nadie habla en Alemania.

Los problemas de una gran reforma de los Tratados pueden venir de dos flancos: los euroescépticos, cada vez más potentes en países como Francia, desacreditarán el proyecto en la medida de sus posibilidades. De otra parte, los europeístas tienen miedo de emprender ahora un proceso de reforma de los Tratados, que podría abrir la puerta a cambios en sentido contrario. Cabe esperar que los euroescépticos de todo color y procedencia ganen fuerza en las próximas elecciones europeas. Así que probablemente Europa siga con una política de pequeños pasos, que evite a países como Francia tener que ratificar un nuevo pacto europeo en pleno auge de la ultraderecha.

Fuente: El País.

Los principales tratados de la Unión Europea

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Cronología de los principales tratados que han marcado el nacimiento y evolución de la Unión Europea:

1951

- Creación de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) - Firmado por Francia, Alemania, Italia y los tres países del Benelux. Su objetivo es promover la integración económica en estos dos sectores claves para el desarrollo industrial europeo de posguerra.

1957

- Tratado de Roma - Crea la Comunidad Económica Europea y establece las primeras instituciones (Comisión, Consejo, Tribunal de Justicia). Los seis países firmantes se comprometen a crear una zona económica común con las características de un mercado nacional único en el que circulen libremente personas, mercancías y capitales.

1987

- Acta Única Europea - Aumenta los poderes del Parlamento y facilita la toma de decisiones en el Consejo al permitir el retorno al voto por mayoría cualificada en algunos asuntos. También refuerza los poderes de la Comisión y extiende las áreas de acción comunitaria a áreas como moneda, política social o medio ambiente.

1992

- Tratado de Maastricht - El más importante para la construcción de una Europa unida tras el Tratado de Roma.
Instaura la Unión Europea y la ciudadanía europea. Establece la Unión Económica y Monetaria; crea el germen de la futura política exterior y de seguridad común; establece el Fondo de Cohesión y refuerza los poderes del Parlamento Europeo.

1997

- Tratado de Amsterdam - Extiende el poder de codecisión de la Eurocámara. Refuerza el poder del presidente de la Comisión Europea y el del Parlamento Europeo. Convierte en políticas comunes nuevas materias como inmigración, visados o el derecho de asilo.

2001

- Tratado de Niza - Adapta los mecanismos de voto en el Consejo y la estructura de la Comisión a la futura ampliación de la UE a los países del centro y este de Europa. Sin embargo, el acuerdo es de estrictos mínimos y rápidamente queda en entredicho.

2009

- Tratado de Lisboa - Crea las figuras de presidente estable del Consejo Europeo y la figura del "súper responsable" de Política Exterior. Extiende las áreas con decisión por mayoría cualificada para agilizar la toma de decisiones, especialmente en justicia e interior.

Además, el PE logra nuevos poderes, los parlamentos nacionales pueden verificar que la Unión no se extralimita en sus competencias, y se crea la llamada "iniciativa popular", por la que las iniciativas que reúnan un millón de firmas (en un número "significativo" de países aún por definir) podrán invitar a la Comisión Europea a proponer legislación en un área concreta.

Extraído de http://www.adn.es/internacional/20091128/NWS-1087-Europea-Union-principales-tratados.html