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Bruselas reclama a España dos años más de recortes y ajuste

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  • La Comisión Europea aplaude los esfuerzos de España y la incipiente recuperación
  • Reclama recortes “considerables” en 2015 y 2016 para cumplir las metas de déficit
  • Pone en duda la eficacia de la tarifa plana para crear empleo

Claudi Pérez Bruselas 7 MAY 2014 - 21:29 CET

La recuperación se afianza, mejora la banca, el paro empieza a bajar tímidamente desde las alturas, el rescate europeo ha funcionado, las finanzas públicas se estabilizan. Ese es el aire primaveral que desprenden los informes de Bruselas y el optimismo declarativo del Gobierno en Madrid, pero aun así la Comisión Europea quiere una dosis adicional de la misma medicina: España cumplirá sin problemas los objetivos de déficit público para 2014, pero las metas de 2015 —año electoral— y 2016 están en peligro. Bruselas reclama, una vez más, “esfuerzos discrecionales adicionales considerables”, un latigazo sintáctico de sencilla traducción: más recortes, según el primer informe presentado tras la salida limpia del rescate bancario, que publicó este miércoles la Comisión tras una visita relámpago de los inspectores a finales de marzo. El Gobierno prepara una reforma fiscal con la mil veces prometida bajada de impuestos, pero Bruselas quiere evitar precisamente eso a la vista de que, a pesar de los esfuerzos, el déficit público sigue por encima del 7% del PIB y la deuda pública se encarama al 100% del PIB.

“España debe continuar por la vía de los ajustes”, subraya el texto con el habitual discurso ortodoxo y el inevitable lenguaje sedante de estas ocasiones. No cifra esos esfuerzos, aunque entre la previsión de ingresos del Gobierno para 2015 y la de la Comisión hay distancias oceánicas: 20.000 millones de euros.

Bruselas aconseja y advierte, pero carece del poderío de antaño. Madrid no está ya bajo tutela de la troika, y la Comisión es una suerte de pato cojo, una institución que ha perdido fortaleza política, pendiente del desenlace de las elecciones europeas del 25-M; a la espera de nuevas caras y quizá nuevas ideas. Además, en Bruselas hay menos preocupación por España que por Francia e Italia, cuyos Gobiernos han sacado las garras en busca de algo de manga ancha en la aplicación de las reglas fiscales. España se sumó este miércoles tácitamente a ese frente en lo que podría ser un primer paso para formar un improbable eje París-Roma-Madrid que contrarreste el férreo liderazgo de Berlín. Lejos de seguir los consejos de Bruselas acerca de la necesidad de hacer más esfuerzos, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría anticipó que los planes del Ejecutivo son muy distintos: aseguró que “ahora tocan medidas para el crecimiento”, tras dos años y medio de recortes.

Está por ver si ese viraje es un cascarón vacío —pura retórica— o algo más. Pero nada de eso, ni por asomo, aparece en el examen a la economía española efectuado por la Comisión, que a lo sumo apuesta por una reforma fiscal que “favorezca el crecimiento”. Sin embargo, tanto Bruselas como Madrid hablan en el fondo de lo mismo: de la necesidad de un nuevo modelo impositivo que cuadre el círculo y permita, de una tacada, crecer y recaudar más. El problema de España es que está a la cola de Europa en ingresos fiscales (37% del PIB, menos que Grecia), y con eso no le alcanza para su gasto público (44% del PIB, inferior a la media europea). Ese es el meollo de la cuestión. Y eso solo se puede resolver con una reforma fiscal que será clave en las próximas elecciones generales.

Frente a los deseos del Gobierno, Bruselas pretende eliminar cualquier tentación de bajar impuestos. La Comisión martilleó este miércoles de nuevo con una “subida de los impuestos indirectos” que permita bajar los directos (particularmente sobre el trabajo). El FMI y la OCDE llevan 40 años con la misma cantinela: subir el IVA y bajar las cotizaciones sociales. El Ejecutivo hizo lo contrario en diciembre (subió las cotizaciones), y se resiste como gato panza arriba a un nuevo aumento del IVA.

Tras varias oleadas de austeridad y reformas con resultados cuando menos discutibles, tanto la Comisión como el Ejecutivo se enfrentan a un panorama delicado, lleno de luces y sombras en Europa y en España, con una situación llena de aristas en la que un exceso de optimismo puede provocar el malestar de millones de parados, pero en la que persiguen que cale un mensaje de confianza para apuntalar la frágil recuperación. Una dosis más de recortes puede ser contraproducente en un país endeudado hasta las cejas y un largo invierno del descontento aún por delante en el mercado laboral.

Tal vez por ello el informe de Bruselas está tan cargado de alabanzas como de desafíos. “Los altos niveles de deuda privada y pública continúan poniendo en riesgo la recuperación y la estabilidad financiera”, avisa el informe. “Los resultados de la banca están bajo presión por la morosidad, el deterioro de la calidad de los activos y el impacto de la desaceleración en Latinoamérica”, prosigue. “Hay retrasos en algunas reformas” como la de las cajas, critica, y dentro del sistema financiero, el banco malo (Sareb) “se enfrenta a desafíos considerables” ante la caída de los precios inmobiliarios, que no se detendrá en 2014. 
 
La estabilización después de la grave crisis que arrastra “tardará años”, vaticinan los augures de la dirección de Asuntos Económicos, que como guinda cuestionan la efectividad de la tarifa plana de 100 euros de cotización a la Seguridad Social. “No está claro cuántos empleos se pueden crear” con una medida que, según el informe, tendrá coste para las arcas públicas.
 
Fuente: El País.

La Comisión Europea eleva la presión sobre Italia y Francia

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Varios productos a la venta en una tienda de souvernirs en Roma. / Alessia Pierdomenico (Bloomberg)

  • Bruselas reclama recortes a París y recortes a Roma, y pide a Alemania que estimule la inversión y la demanda

Claudi Pérez Bruselas 5 MAR 2014 - 12:31 CET


España, Italia y Francia suman prácticamente la mitad del PIB del euro. Cada uno de esos tres países, por separado, podría soñar con sacar partido de una estrategia de austeridad y devaluación interna si toda Europa no se estuviera sometiendo simultáneamente a una cura de adelgazamiento. Pero Bruselas sigue empeñada en que todo el continente haga reformas y recortes a la vez: la Comisión Europea puso ayer definitivamente la proa hacia Francia e Italia, que sustituyen a España como los países más señalados del euro. Bruselas elevó varios grados la presión sobre Roma y París, que han pasado de puntillas por esta crisis, sin aprobar prácticamente una sola medida de calado. Metió a Italia en el grupo de los desequilibrios económicos excesivos —del que sale España— y le reclamó “acciones políticas urgentes”: reformas para sacar al país de su letargo. Con Francia fue aún más lejos: invocó un nuevo reglamento y le lanzó una advertencia (el paso previo a las sanciones) si París no hace lo posible por cumplir el déficit.

Francia debe acometer “recortes presupuestarios específicos” con rapidez, “dado su elevado nivel de gasto público”, según el informe presentado en Bruselas. La batalla política está servida: el Ejecutivo de François Hollande ya ha anunciado un viraje en su política económica en línea con la ortodoxia europea, pero nunca como ahora había sentido el aliento de Bruselas en el cogote. La Comisión está ya casi de salida, pero quiere estampar su divisa en uno de los gigantes del euro: si los ministros de Economía de la UE dan luz verde a la propuesta, Francia podría enfrentarse a una (improbable) sanción del 0,2% de su PIB, unos 4.000 millones de euros, en caso de no hacer lo necesario.

Puede que a estas alturas —a 80 días de las elecciones europeas— se trate solo de gestos, pero hay que remontarse a 2003 para encontrar un pulso parecido. Y por aquel entonces Francia no estaba sola. Alemania tenía los mismos problemas y ambos países dinamitaron el pacto de estabilidad cuando y como quisieron. Ahora, Berlín lleva tres años mandando, disponiendo y gobernando: ha reforzado las medidas disciplinarias por el lado fiscal con la complicidad del presidente de la Comisión, el conservador portugués José Manuel Barroso, y del vicepresidente, el liberal finlandés Olli Rehn. Con la connivencia del resto del Ejecutivo comunitario. Y con el visto bueno de todo el Consejo.

Frente a las admoniciones a Italia y Francia, Bruselas levanta por fin el pie del acelerador en España después de tres reformas financieras, dos laborales, una y media de pensiones y una colección de recortes de gasto público que solo resisten la comparación en los países rescatados. Los sucesivos paquetes aprobados por España han permitido evitar la catástrofe, según el discurso en boga tanto en Bruselas como en Madrid, pero no han conseguido disipar totalmente las dudas sobre los bancos, ni rebajar el paro por debajo del listón del 25%, ni tapiar un agujero fiscal preocupante. Y la presión no ha terminado: la Comisión reclama a Madrid que dé la enésima vuelta de tuerca a la reforma laboral, y pide proseguir con la reducción de los costes laborales (en plata: más bajadas de sueldos) y con los recortes fiscales. Aun así, España, y la periferia en general, ceden gustosamente el testigo a Francia e Italia, los dos nuevos enfermos del continente a juzgar por el análisis de los desequilibrios de la UE, un procedimiento que funciona como una alerta temprana que detectará y curará enfermedades económicas antes de que se manifiesten. Al menos en teoría.

La eurozona está saliendo lentamente de la crisis. Registra ya un ligero crecimiento, pese a que Eurostat —la oficina estadística europea— acaba de anunciar que el PIB del euro cayó el 0,5% en el conjunto de 2013. La salida del túnel es tan farragosa y está tan amenazada que casi todo el informe de la Comisión está trufado de riesgos, diversos y variados como los colores de una verdulería. La banca, las tensiones desinflacionistas, la altísima deuda, los niveles alarmantes de paro, la dificultad para soltar lastre: hay multitud de factores que pueden descarrilar el tren de la recuperación. Con esos mimbres, la Comisión divide a los países del euro en varios grupos problemáticos, de los que solo se salvan Dinamarca, Luxemburgo y Malta. Todos los demás presentan desajustes.

En el pelotón de cola, el de los desequilibrios excesivos, se sitúan Italia (y su década larga de estancamiento), Eslovenia (con un agujero bancario morrocotudo) y Croacia, que acaba de entrar en la UE y ya está en el furgón de atrás, peor que los países de su entorno. España sale de ahí pero integra otro trío problemático con Francia e Irlanda, que necesitan “acciones políticas urgentes”: Bruselas amonesta a París y mirará con lupa a Dublín y Madrid a través de exámenes posrescate. Hay ocho socios europeos más que presentan desajustes: entre ellos figura Alemania, con un superávit comercial superior al 6% del PIB durante años, que dificulta el reequilibrio de la eurozona.

Pero con Berlín no hay más que reveses suaves con pinta de caricias: Rehn subrayó este miércoles que las dificultades asociadas a los déficits no son comparables a las de los superávits. Y recomendó a Berlín la misma receta que ha ido administrando Bruselas en los últimos tiempos en multitud de informes: la Comisión pretende que Alemania estimule su demanda interna y que eleve sus niveles de inversión pública y privada, que están a la cola de Europa. No parece en condiciones de conseguirlo ni siquiera con la entrada de los socialdemócratas en el Gobierno de Merkel: la canciller ha hecho caso omiso de esas recomendaciones una y otra vez. “Tanto Alemania como el resto de Europa se beneficiarían del refuerzo del capítulo inversor y de la demanda interna”, dijo el vicepresidente con exquisita diplomacia. Rehn fue claro como el agua en su comparecencia. Italia “necesita reformas con rapidez para mejorar la competitividad exterior y controlar la deuda pública”. Francia “debe hacer frente a su alto endeudamiento con recortes de gasto inmediatos”. El tono con Berlín fue diferente: “Nadie desea criticar a Alemania”. Esa inflexión lo dice todo sobre quién manda en la UE.

Fuente: El País.

ENTREVISTA CON OLLI REHN » “Llevará 10 años arreglar la crisis española”

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El comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea, Olli Rehn / Andrew Harrer (Bloomberg)

  • El vicepresidente y comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, ofrece en esta entrevista un mensaje positivo sobre el rescate que este jueves finaliza, pero tan repleto de matices como alejado de la complacencia que vienen mostrando el Gobierno.

Claudi Pérez Bruselas 23 ENE 2014 - 00:00 CET

¿Puede una fecha, un determinado momento cambiar la historia? Jawaharlal Neru, el primer jefe de Gobierno de la India, llamaba a esos momentos “cita con el destino”. España ha tenido varias de esas citas últimamente: el 9 de mayo de 2010 fue una especie de día D, en el que el Gobierno socialista vio por fin las orejas de la crisis oceánica que se avecinaba; para el Ejecutivo de Mariano Rajoy, la hora de la verdad fue hace año y medio, con el rescate financiero que dejó a España bajo tutela de la UE. Olli Rehn, vicepresidente y comisario de Asuntos Económicos, ha sido desde entonces una figura clave, con un marcado perfil en busca de recortes fiscales, y después de reformas estructurales. Amante de la música, del fútbol y de los carajillos de anís de Madrid, Rehn (Mikkeli, Finlandia, 1962) ofrece en esta entrevista un mensaje positivo sobre el rescate que este jueves finaliza, pero tan repleto de matices como alejado de la complacencia que vienen mostrando el Gobierno y otros altos cargos europeos. Y trata de sacarse de encima el sambenito de príncipe de los recortes: “No soy un cruzado de la austeridad”.

Frente a quienes piensan que los rescates dejan deudas inmanejables y niveles de desempleo preocupantes que pueden envenenar la situación, Rehn defiende un enfoque basado en las reformas, pero acompañado de inversiones en Alemania y de un mayor activismo del BCE. Frente a quienes creen que los ajustes no son simétricos, ni dentro de los países —castigando a los más desfavorecidos— ni en el conjunto de Europa —relegando olímpicamente las políticas de gestión de la demanda—, Rehn asegura que los esfuerzos tendrán su recompensa y recuerda que ya se atisba la recuperación. Cuenta Thomas de Quincey que los tártaros, llegados a mitad del camino que pensaban recorrer para invadir Rusia y Europa, y conscientes de los sacrificios que aún les aguardaban, se dieron cuenta de que tenían tantas razones para seguir como para volver atrás. Rehn no parece tener ese dilema. Su receta para Europa, y para España, es clara: “Hay que seguir con las reformas”, aunque en el caso español arreglar los desperfectos de la crisis “llevará más de 10 años” en variables clave como el empleo, sostiene en animada conversación mientras apura un café en la sede de la Comisión Europea.

Pregunta. ¿Rey de los recortes?
Respuesta. No me veo reflejado en esa caricaturización. Soy consciente de que en el Sur me ven como una especie de cruzado de la austeridad; en el Norte es lo contrario, soy un blando. Pero necesitamos las dos visiones, consolidación fiscal y crecimiento, y España es la prueba de que la Comisión ha intentado combinarlas, extendiendo los plazos del déficit. No había alternativa fácil, se equivocan quienes piensan que había formas más sencillas de recuperar acceso a los mercados sin ajustes dolorosos: hasta 2012 se hizo indispensable recuperar la credibilidad; cuando las cosas se estabilizaron, suavizamos los objetivos.

P. En el Sur la percepción es distinta. ¿No echa de menos otro BCE o estímulos en el centro?
R. Europa tiene un problema con esa fractura Norte-Sur; es esencial construir puentes entre las dos visiones. Las cosas habrían sido distintas con otro diseño de los mecanismos de rescate, en 2010: nos hubiéramos ahorrado algún año de crisis. No pudo ser: a partir de ahí hemos intentado acompasar la solidaridad a una mayor responsabilidad.

P. ¿Y el BCE?
R. En la historia económica no hay ejemplos de recuperación sin aumento del crédito: debería haber una demanda externa extraordinaria, y eso es improbable. Con la fragmentación financiera actual, esos créditos tan caros en países como España o Italia son un enorme problema para Europa. Pero el BCE prepara medidas.

P. Ya lleva año y medio así.
R. Con un shock de demanda en plena recesión, y con una política fiscal rigurosa, una política monetaria más expansiva podría funcionar. Reino Unido es la prueba: ese tipo de medidas no han sido una cura milagrosa, pero al menos han ayudado. No soy quién para aconsejar al BCE, pero tiene margen con la inflación tan abajo.

P. El FMI avisa de que con la austeridad la eurozona podría acumular deudas inmanejables. ¿Sigue creyendo que fue buena idea recortar en plena recesión y no corregir el tiro más rápido?
R. La dinámica de la deuda pública en Europa se está estabilizando: hay demasiado pesimismo al respecto. Cuando se hizo eso no había muchas alternativas, por el incendio en el mercado de deuda.

P. No se discute eso; se discuten las dosis, la velocidad, el hecho de que el ajuste se aplicara en todas partes a la vez. ¿Tardó usted demasiado en corregir el tiro?
R. En los momentos iniciales había que dar un volantazo; a menudo se olvida que después la Comisión se ha centrado en el medio plazo, en los déficits estructurales y no en los nominales.

P. ¿Le preocupa la desconfianza de los europeos con la Comisión por su papel en la troika?
R. Varios países querían al FMI a bordo. Y la experiencia del Fondo ha sido de gran ayuda; ha habido una cooperación razonablemente positiva entre tres instituciones de fuerte carácter. Las troikas han conseguido estabilizar las situaciones en países que afrontaban crisis existenciales, sin una arquitectura institucional preparada para shocks de este calibre. Entiendo las críticas, pero las cosas han mejorado.

P. ¿Qué habría hecho usted diferente sin el FMI a bordo?
R. Habría puesto más énfasis en las reformas en las fases iniciales de los rescates, y habría querido que todos los países afectados hicieran suyos los ajustes desde el arranque para que la ciudadanía entendiera la gravedad de la situación. Y habría sido mejor poner más objetivos cualitativos, no solo cuantitativos, con el apoyo de fondos estructurales para paliar los efectos a corto plazo.

P. La reciente conversión de Hollande es sorprendente. ¿Se ignora en Europa la importancia de la demanda en la recuperación?
R. De acuerdo con algunos académicos, Europa tiene un problema que se puede manejar impulsando solo la demanda. ¿La oferta no cabe en esa ecuación? En mi opinión, debemos jugar con las dos cosas: hay países que deben rehacer sus finanzas públicas, otros acometer reformas, en otros se puede invertir más: estamos a la espera de los planes de Alemania, que tiene una especial responsabilidad por su peso en la zona euro. El caso de Francia es distinto: hay que intensificar las reformas, al igual que en Italia.

P. En España ya ha habido un fuerte impulso reformista. Y el crecimiento potencial ha caído.
R. Los efectos de las reformas se ven en la competitividad, en la exportación, en los indicadores de confianza, en los mercados. Ya hay crecimiento e incluso el paro se ha estabilizado, si bien a niveles inaceptablemente altos. Para que la mejoría se afiance es esencial seguir con las reformas y seguir en una línea fiscal fiable.

P. ¿Cómo explica a un español que con la devaluación interna la salida de la crisis sea tan borrosa?
R. El proceso de ajuste estructural está en marcha, pero llevará tiempo sustituir un sector con tanto peso como la construcción por otras actividades. En Finlandia tuvimos algo así hace dos décadas: el ajuste duró cuatro años, pero funcionó, aunque la recuperación del empleo tardó una década. España lleva tres años con las reformas y lo normal es que tarde más de 10 años en recuperar las tasas de desempleo que tenía antes de la explosión de la burbuja: arreglar crisis como la española acaba costando una década.

P. ¿El rescate es un éxito?
R. Hay que distinguir entre la economía y el rescate financiero. El programa ha funcionado; no me gusta la palabra éxito porque quedan grandes desafíos por delante, pero las dudas sobre la liquidez y la solvencia de la banca se han disipado. La economía tiene que recuperarse de una década de excesos: la burbuja fue enorme y el ajuste será largo y doloroso. Si tuviéramos una foto panorámica, veríamos nubes y claros.

P. Cuesta ver los claros con una deuda pública disparada y con casi 600.000 empleos menos que al inicio del programa.
R. Transcurre un tiempo desde que se cruza la esquina de la crisis y mejora el empleo. Además, el rescate estaba focalizado en recuperar la confianza del mercado: eso ha funcionado. Pero desequilibrios tan agudos como los de la economía española no van a resolverse de la noche a la mañana. Es importante que el programa haya finalizado, y hay que valorar que el sector financiero no tenga ahora, ni de lejos, los niveles de estrés de hace 18 meses.

P. Póngase en los zapatos de Rajoy. ¿Qué haría mañana?
R. No veo más salida que seguir con las reformas y confiar en una recuperación paulatina que permita absorber el exceso de deuda, que va a erosionar las bases de la economía durante un tiempo. Con tres prioridades: completar la reforma laboral poniendo el énfasis en las políticas activas, y adoptar una reforma a fondo en los servicios profesionales y en el sector energético.

Fuente: El País. 

ENTREVISTA | David Stuckler 'Los recortes son peligrosos para la salud'

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David Stuckler es autor de casi 100 artículos científicos.
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Amparo, una mujer de 45 años, decidió quitarse la vida el pasado lunes. Con seis hijos y dos nietos a su cargo, iba a ser desahuciada por un impago de alquiler de su vivienda situada en el madrileño barrio de Carabanchel. Su muerte, que ha sido denunciada por la plataforma 'Stop Desahucios', es el reflejo de la situación crítica en la que viven muchas personas en nuestro país a consecuencia de la crisis económica. Un estudio, publicado por la revista 'British Medical Journal', evidencia ese efecto negativo de la recesión económica en la tasa de suicidios. Uno de sus autores, el investigador David Stuckler, ha concedido una entrevista a ELMUNDO.es para hablar de este tema.

Profesor de Sociología en la Universidad de Oxford y autor del libro 'Por qué la austeridad mata. El coste humano de las políticas de recorte', (editorial Taurus) del que es coautor junto con el epidemiólogo Sanjay Basau, Stuckler considera que es necesario hablar de cómo los recortes están mermando la salud de los ciudadanos. "Este libro es un mensaje duro, es un aviso", reconoce cuando se le pregunta cuál es su objetivo con esta publicación.

En las páginas de este libro hace un repaso de cómo algunos países se han enfrentado a la crisis económica y su efecto en la salud de los ciudadanos. Uno de ellos es Grecia en donde tan sólo en 2009, el presupuesto de salud pública se redujo de 24.000 a 16.000 millones de euros. Sin fondos para el control de infecciones, los casos por VIH han aumentado un 200% y se han generado brotes de malaria al no contar con políticas para erradicar los mosquitos. Además, se produjo un incremento de la mortalidad infantil del 40% y la tasa de suicidio aumentó un 17%.

Ante la pregunta de si puede España vivir una situación similar a la griega, Stuckler sentencia que "hay un verdadero peligro" si se siguen reduciendo los presupuestos destinados al sistema de salud. "Los recortes que está haciendo Mariano Rajoy, tanto en salarios como en el sistema sanitario, no están mejorando la recuperación y además son peligrosos para la salud". Esta afirmación la hace con los datos en la mano de un estudio, realizado junto con investigadores de la Universidad de Baleares, en el que se analizó la situación de más de 7.900 pacientes que acudieron a un centro de atención primaria entre 2006 y 2010. Se constató que, además del aumento de las tasas de suicidio, también se habían incrementado los casos de dependencia del alcohol y los de ansiedad.

Dos caras de la misma moneda

Stuckler señala que crisis económica no siempre va unida a un mayor aumento de suicidios: "En Suecia la crisis bancaria ha generado un aumento del 10% del desempleo, pero su tasa de suicidios sigue cayendo. Depende de las decisiones políticas que se tomen". Otro ejemplo de esto es Islandia, que en mitad de sus crisis bancaria y tras haber hecho un recorte en sanidad del 30% –que derivó en la dimisión de su ministro– decidió por referéndum aumentar el presupuesto sanitario un 20%. "Allí no ha habido un aumento significativo de suicidios ni de depresiones. Esto demuestra que una crisis económica no tiene por qué aumentar la tasa de mortalidad".

"Los políticos han hablado mucho sobre qué hacer cuando hay deudas y déficit sin tener en cuenta el coste humano. [Con este libro] hemos querido arrojar luz sobre el impacto de esas decisiones políticas sobre la salud de la población. Para que funcionen nuestras democracias esa información es esencial. Hay que saber que se puede provocar una recuperación económica a través de unas inversiones inteligentes en programas de sanidad".

Según los datos que ha recogido este experto, parece que esas decisiones inteligentes no se están tomando en España. Un ejemplo es Cataluña, la comunidad donde primero empezaron las medidas de ajuste, "Convergència i Unió aumentó los recortes y se generó un incremento del 43% en las listas de espera entre 2010 y 2011 y el número de operaciones cayó un 15%".

El copago es otro punto con el que Stuckler no está de acuerdo. "Aquí los pensionistas tienen que pagar parte de sus fármacos y las personas que ganan menos de 18.000 euros al año están asumiendo el 40% del precio de sus medicamentos. Pero existen estudios randomizados (aleatorios) que han comprobado que estos copagos disuaden la atención sanitaria no necesaria pero también la necesaria".

En cuanto a la medida implantada por decreto de dejar sin atención sanitaria a los inmigrantes sin papeles (salvo embarazadas, niños y urgencias), este sociólogo señala que en EEUU "se comprobó que sacar a los inmigrantes del sistema sanitario pospone y aumenta el gasto. Si la política no ahorra dinero, es una cuestión de ideología".

Para concluir insiste en que "esta crisis es una oportunidad para replantearnos nuestras prioridades como sociedad para volver a encaminar nuestras economías. Es una oportunidad y la podemos perder".

Cien estudios

David Stuckler ha publicado casi 100 artículos científicos en los últimos cuatro años, muchos de ellos en prestigiosas revistas médicas como 'The Lance't o 'British Medical Journal' en los que analiza el impacto de la política en la salud. También es coautor de los libros 'Por qué la auteridad mata y Sociedades Enfermas'. En sus escritos, este profesor de la Universidad de Oxford y Honorary Research Fellow en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres analiza los determinantes de salud a nivel macro social, al igual que las políticas económicas de salud global. "Utilizo datos y modelos para responder cuestiones complejas como: ¿La crisis financiera nos enferma? ¿Están llegando las ayudas de salud global a los más pobres? ¿Cómo pueden los sistemas de salud proporcionar atención al alcance de todos?"

Fuente: El Mundo.

ELECCIONES ITALIANAS: El presidente de la Eurocámara culpa a los recortes del resultado

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  • "Los ciudadanos están dispuestos a hacer sacrificios, pero solo si conducen a una mejora", dice Schulz
  •  Bersani logra en el Senado una victoria insuficiente

Lucía Abellán 26 FEB 2013 - 11:56 CET

El voto de los italianos refleja un rechazo claro de los "recortes unilaterales" y, sobre todo, pone en duda la idea de que esos recortes sirven para recuperar la confianza. El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, ha sido el primero de los responsables de las instituciones europeas en valorar lo ocurrido en Italia. "El pueblo ha expresado su insatisfacción con estas políticas", ha subrayado esta mañana Schulz, que traslada este mensaje a todos los líderes comunitarios: "Tomémonos esto en serio. Los ciudadanos están dispuestos a hacer sacrificios, pero solo si conducen a una mejora".

El mandatario socialdemócrata alemán es consciente de que buena parte del descontento de los electores —no solo en Italia— se dirige hacia Bruselas. "Las reglas europeas se han decidido con el apoyo de Italia y el presupuesto italiano se ha decidido en Italia, pero la percepción pública es que esto viene de Europa. Nos lo tomamos muy en serio. Debemos dialogar sobre cómo superar esta situación”, analizó Schulz, que ve "una especie de protesta" en la actitud de los electores.

Como respuesta, Schulz cree que Europa debe combinar mejor los recortes presupuestarios con las políticas que fomentan el crecimiento y el empleo, especialmente el de los jóvenes. "La mayoría del Parlamento ya ha pedido eso a la Comisión Europea y, sobre todo, a los Estados", añadió.

Porque lo expresado anoche en Italia no solo afecta a los italianos: "Estamos todos en el mismo barco. Todos los partidos políticos, también los socialdemócratas en el Parlamento [donde se encuadra el ganador de las elecciones —al menos aritméticamente—, el centroizquierdista Bersani] debemos hablar con nuestros interlocutores italianos". Schulz admitió la difícil situación que se ha creado en Italia, pero confía en que pueda formarse un Gobierno.

Pese a la crítica actitud que ha mantenido siempre hacia Silvio Berlusconi, Schulz recordó que ha cosechado un buen número de votos. "Tiene el apoyo de muchos italianos y todo el mundo debe respetar eso", concluyó.

Fuente: El País.

Bruselas impone a España más recortes que a Grecia, Portugal e Irlanda

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En relación al Máster en la Unión Europea del Instituto Europeo Campus Stellae, os acercamos esta noticia sobre los recortes previstos por la Comisión Europea para España.

La Comisión obliga a ajustar el 5,5% en dos años, el doble que a Dublín y Lisboa
 
Claudi Pérez Bruselas 26 MAR 2012 - 01:03 CET

El primer ministro finlandés Jyrki Katainen (3º por la derecha), conversa con el vicepresidente de la Comisión Europea, Olli Rehn (2º por la derecha), y el secretario de Estado español para Asuntos Europeos, Iñigo Méndez de Vigo (2º por la izquierda). / MARKKU OJALA (EFE)

“Va a costar solucionar la crisis”, decía ayer el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela. Va a costar nada menos que una década, según los optimistas. España lo tiene especialmente crudo: el recorte de déficit que impone Bruselas, del 8,5% al 3% del PIB en apenas dos años, es muy superior al de los países rescatados por la Unión y por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Grecia, Irlanda y Portugal se han visto forzadas a activar ajustes draconianos, fijados desde Bruselas y Washington, a cambio de ayudas multimillonarias (vía créditos a intereses relativamente bajos).

España no está sujeta a ese diktat, y sin embargo esos 5,5 puntos de PIB en dos años suponen un recorte más duro que el de las tres economías intervenidas. Viene un tijeretazo de unos 55.000 millones hasta el cierre de 2013 que afectará a todas las Administraciones desde esta misma semana, empezando por los Presupuestos del Estado del próximo viernes. La cifra es tan abultada que obligará a tocar todas las partidas, ingresos y gastos, para cuadrar el círculo. Pero los círculos no suelen cuadrar: los recortes harán la recesión más dura y elevarán las impactantes cifras de desempleo, según advierten los analistas y admiten en sus previsiones tanto Bruselas como Madrid.

En esos dos años, Portugal e Irlanda deberán recortar menos de tres puntos de PIB; Grecia, menos de cinco puntos, según los últimos informes de seguimiento de la Comisión, que examina con lupa a las tres capitales de la Europa llamada periférica. Bruselas ha estrechado también la vigilancia sobre la economía española, pero ni mucho menos a los niveles de los países rescatados. Y sin embargo, en la práctica y con los números en la mano, las exigencias para Madrid suponen un castigo mayor (aunque también el déficit, que cerró 2011 en el 8,5%, es mayor). A cambio, España y sobre todo su banca se ha beneficiado de la barra libre de liquidez del BCE, en una especie de intervención blanda que deja margen para elegir las políticas de recorte: el Gobierno puede escoger en qué partidas de gasto puede concentrar la poda; qué impuestos quiere subir, algo que no sucede en Atenas, Lisboa y Dublín. Pero ese es un margen relativo.

No hay en la historia económica contemporánea un ajuste semejante; en los últimos años, lo más parecido se ha producido en Grecia, Portugal e Irlanda. Con consecuencias devastadoras: Grecia está hundida en una depresión; Portugal va camino del segundo rescate, e Irlanda, que parecía estar en una situación algo mejor, puede tener problemas para devolver sus préstamos al BCE. España está ante un endiablado cruce de caminos: el abultado déficit obliga a poner en marcha los recortes, y a su vez eso agravará el precario estado de salud de la economía.

“España incumplió los objetivos por una combinación de factores, que van desde el desplome de la recaudación de impuestos por la crisis a la negligencia en el control de las comunidades. Pero 5,5 puntos en dos años es demasiado, una especie de condena”, critica Guntram Wolf, vicedirector del think tank Bruegel en Bruselas. ¿Es posible ese ajuste tan drástico? “Hace unos años, algunas economías emergentes estaban en la misma situación y tuvieron que llamar al FMI. Supongo que España quiere (y debe) evitar al Fondo, por lo que no tiene más remedio que empezar a usar la tijera”, añade Daniel Gros, director de otro influyente think tank bruselense, el CEPS.

Ese es el sentir de los expertos: los recortes son de una dureza extrema; España, a pesar de que se da por hecho que los Presupuestos van a ser durísimos, no va a cumplir y va a caer en una larga recesión. “Lo lógico sería ampliar los plazos”, apunta Wolf, “o las dudas volverán sobre todo el club del euro”. Eso no parece nada fácil, según las fuentes consultadas en las instituciones europeas. “Madrid está bajo vigilancia y no puede permitirse el lujo de incumplir de nuevo sus promesas. A su vez, solo podrá alcanzar sus metas de déficit si empieza a crecer y si a su vez la economía europea mejora. Rajoy ya ha gastado sus cartuchos: no debería esperar nada más por ahora”, añade una fuente comunitaria.

El desencuentro reciente entre la Comisión y Madrid y el cierre de filas con el mantra de la austeridad de los países más ortodoxos (Alemania y Austria, entre otros) dificultan la suavización en las metas de déficit. “La torpeza del Gobierno al plantear un pulso sobre el déficit apelando a la soberanía nacional ha dejado a España prácticamente en solitario: ningún país quiere ponerse de su lado para evitar ataques en los mercados”, señala otra fuente.

A España le queda una baza: es la cuarta economía europea; demasiado grande para caer, demasiado grande para ser rescatada. ¿Demasiado? “Un ajuste de 55.000 millones en dos años es estúpido e injusto, pero no hay que olvidar que todo el mundo en Europa lleva meses tratando de forzar a los demás a hacer cosas estúpidas: por eso la crisis ha llegado tan lejos”, cierra el economista Charles Wyplosz, del Graduate Institute.

Fuente: El País.