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Schäuble propone limitar el poder de la Comisión Europea

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Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, el 22 de julio. / FRANCOIS LENOIR (REUTERS)

  • El ministro alemán cree que Juncker da un giro demasiado político a la institución

Enrique Müller / Belén Domínguez Cebrián Berlín / Bruselas 30 JUL 2015 - 15:35 CEST

Wolfgang Schäuble, el poderoso ministro de Finanzas de Alemania, distinguido con el raro privilegio de ser el político más cuestionado de Europa a causa de su papel de duro en las negociaciones para resolver la crisis de Grecia, está camino de provocar un nuevo seísmo en el seno de la Unión Europea. El ministro propuso hace dos semanas a sus homólogos de la eurozona la reducción y el reordenamiento de las competencias de la Comisión Europea.

En una reunión del Eurogrupo (los ministros de Finanzas y Economía), Schäuble sugirió que la frenética actividad de la Comisión, presidida por Jean Claude Juncker, en las negociaciones para resolver la crisis griega habían sobrepasado su función original de guardiana de los tratados y supervisora del mercado común. Durante el encuentro Schäuble se opuso a la idea de crear una Comisión más política, tal como defiende Juncker, y destacó que ésta no sería compatible con las funciones originales del organismo.

El ministro alemán planteó la necesidad de trasladar las competencias iniciales de la Comisión a un organismo independiente calcado a la Oficina Federal Antimonopolios de Alemania. Schäuble asegura que su propuesta no está destinada a debilitar a la Comisión, sino a salvaguardar la independencia regulatoria del organismo en un momento en que la Unión Europea adquiere cada vez más una función política. "Es verdad que esta Comisión es más política, lo cual no quiere decir partidista", reconoció Andreeva quien justificó este giro argumentando que ahora Bruselas "está más atenta en lo que ocurre en los Estados miembros y las necesidades de sus ciudadanos". Y puso como ejemplo la recién estrenada estrategia de Inmigración y la del Mercado Único Digital.

La propuesta llega en un momento en que los ministros de Finanzas de la zona euro critican el papel desempeñado por la Comisión durante las negociaciones con Grecia. Varias veces, Juncker negoció directamente con Alexis Tsipras condiciones del paquete de rescate y apoyó el deseo de Tsipras de obtener un acuerdo para la concesión de nuevos créditos y una quita sobre parte de la deuda. Por eso, de acuerdo con el periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung, el ministro holandés y presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, aceptó incluir la redifinición de atribuciones de la Comisión en la agenda comunitaria durante la presidencia holandesa que se inicia a comienzos de 2016.

La propuesta del ministro alemán coincide con los deseos del primer ministro británico, David Cameron, de introducir reformas en los tratados para restarle poderes a la Comisión para impedir la salida del Reino Unido de la UE.

Aunque Schäuble siempre ha defendido la legitimidad democrática de la Comisión y se mostró a favor de la elección del presidente, el ministro cree que una Comisión más política perdería legitimidad para seguir ejerciendo de protectora de los tratados europeos.

La Comisión Europea ha preferido restar credibilidad a las filtraciones de la prensa alemana y "no comentar sobre los ecos de rumores de otros", declaró la mañana del jueves Mina Andreeva, una de las portavoces del presidente del Ejecutuvo de la UE, Jean-Claude Juncker. "No hay ninguna declaración oficial [de Wolfgang Schäuble] al respecto y por tanto no sabemos lo que él piensa", añadió.

Bruselas quitó de un plumazo importancia a las supuestas declaraciones del polémico ministro de Finanzas alemán defendiendo que es un "europeísta convencido" y puso en duda, por tanto, dichas informaciones. "El presidente Juncker lo conoce [a Schäuble] desde hace décadas", sentenció la portavoz.

Andreeva agregó ayer que esta Comisión -creada en noviembre de 2014- tiene el claro mandato de poner en marcha "en profundidad" la unión económica y monetaria, algo que se puso ya de manifiesto el pasado 22 de junio en el informe de los cinco presidentes: el del Parlamento europeo, Martin Schultz, el del Consejo Europeo, Donald Tusk, el del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, el del Banco Central Europeo, Mario Draghi y el de la Comisión Europea, el propio Juncker.

FUENTE: El País. 
 
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Juncker amenaza con retirar su plan si la Eurocámara pone trabas

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El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. / EMMANUEL DUNAND  (Afp)

  • El Parlamento Europeo mantiene el pulso con la Comisión y rechaza que el fondo drene recursos ya asignados a infraestructuras e I+D

Claudi Pérez Bruselas 16 MAR 2015 - 00:01 CET

Antes de echar a andar, el plan Juncker de inversiones ha levantado ya 25.500 millones de euros en Alemania, Francia, Italia y en menor medida España, pero también ha cosechado un importante revés en el Parlamento Europeo acerca de su gobernanza y, sobre todo, su financiación. La Eurocámara mantiene un pulso con la Comisión Europea. Enmendó la semana pasada uno de los proyectos estrella de Jean-Claude Juncker: los eurodiputados quieren que los responsables del nuevo vehículo inversor, que aspira a tener una potencia de fuego de hasta 315.000 millones, rindan cuentas en sede parlamentaria, pero sobre todo rechazan que el plan se financie drenando recursos a los fondos ya destinados a infraestructuras de transporte y a política industrial y de I+D. La Eurocámara quiere que el plan inversor se financie rebañando los márgenes del presupuesto, año a año. Ese movimiento ha levantado ampollas en el brazo Ejecutivo de la UE, que enseña los dientes: Juncker amenaza con retirar su flamante plan si la Eurocámara no suaviza sus líneas rojas, según explicaron a este diario fuentes próximas al presidente de la Comisión.

La jugada tiene un componente de calculada estrategia, pero subraya asimismo el celo del ex primer ministro luxemburgués con uno de los proyectos clave para sacar a Europa de su interminable crisis. En una reunión a puerta cerrada con varios eurodiputados socialistas, Juncker ya expuso la semana pasada su ultimátum. Sin éxito: los eurodiputados siguieron adelante con las enmiendas más comprometidas. “La Eurocámara apoya en líneas generales el plan, pero arremete contra la piedra angular del proyecto: la financiación tiene que estar clara desde el primer día si Europa quiere convencer al fondo soberano de Noruega y a los inversores del Golfo o del Sureste asiático de que arriesguen su dinero. Sin ese dinero asegurado, no hay plan”, advierte el entorno de Juncker.

El Fondo Juncker contaba con 16.000 millones del presupuesto europeo: básicamente, garantías procedentes de fondos ya asignados para las citadas infraestructuras de transporte (el denominado Connecting Europe) y un plan de apoyo a la inversión industrial y la I+D, el Horizonte 2020, que se aprobó el año pasado tras meses de negociación. A esos 16.000 millones hay que sumarles 5.000 millones del BEI. Con el anzuelo de esos 21.000 millones, que serviría para sufragar las primeras pérdidas, el vehículo inversor se endeudará en los mercados y buscará inversión privada hasta totalizar 315.000 millones en tres años, con un elevado grado de apalancamiento e ingeniería financiera que ha provocado críticas. El Parlamento discute la mayor: esos 16.000 millones iniciales. Quiere que salgan de los márgenes del presupuesto, del dinero que no se gasta anualmente, lo que significaría rebañar cada ejercicio los fondos que no se usan. “Un instrumento tan ambicioso no puede depender de una negociación anual que no suele ser sencilla”, conceden fuentes europeas.

Es muy posible que el pulso se resuelva a favor de las ideas de Juncker: el debate dista mucho de estar cerrado. Fuentes comunitarias avisan de que las trabas del Parlamento “obedecen a la presión del potente lobby de transportes y de otros grupo de interés”. El brazo ejecutivo de la Unión no está dispuesto a transigir: "El esquema de financiación que plantea el Parlamento es difuso y dificulta la tarea de vender el plan a los inversores internacionales”. A su vez, la Eurocámara juega con las prisas de Bruselas: el plan tiene que estar listo ya en verano para dar comienzo a los proyectos más atractivos, y para eso, tras el visto bueno del Consejo Europeo, hace falta luz verde del Parlamento.

José Manuel Fernades, del PPE, destaca que el objetivo es “asegurar la máxima flexibilidad y garantizar el control democrático para evitar que los proyectos se elijan con criterios políticos”. El eurodiputado socialista español Jonás Fernández lamenta que el plan Juncker retire fondos a proyectos que ya tenían esos recursos asignados, pero admite que la Comisión debe garantizar la financiación para evitar dudas en el sector privado. “El proyecto acabará saliendo”, subraya Fernández.

Los Veintiocho han dado ya su aprobación a las líneas maestras del vehículo inversor diseñado por la Comisión. Hay contribuciones importantes de los bancos públicos de los grandes países del euro; otros Gobiernos, como el polaco o los bálticos, están cerca de inyectar fondos o diseñar plataformas de inversión para canalizar recursos. “Los primeros proyectos se están ya evaluando a falta de la aprobación definitiva del Parlamento, que tiene que llegar antes del verano, y los inversores internacionales han dado algo más que muestras de interés por participar. No es el momento de poner en duda la financiación pública del plan”, explicaron fuentes de la Comisión.

FUENTE: El País. 
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Grecia se atrinchera contra el resto del Eurogrupo

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El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, con el ministro Yanis Varoufakis en una reunión de la semana pasada en Bruselas. / YVES HERMAN (REUTERS)

  • Juncker habló con Tsipras tras el fracaso de los primeros contactos técnicos en Atenas
   Claudi Pérez Bruselas 16 FEB 2015 - 00:05 CET


Dieciocho contra uno. Los primeros contactos técnicos entre las instituciones anteriormente conocidas como troika y Grecia, desarrollados durante el fin de semana, no dieron un solo fruto reseñable y anticipan un nuevo Eurogrupo (la reunión de ministros de Finanzas del euro) espinoso para Atenas, según las fuentes consultadas en Bruselas. El primer ministro heleno, Alexis Tsipras, adelantó el domingo que habrá “negociaciones difíciles” en la capital europea, pero se declaró “lleno de confianza” y reiteró que no aceptará medidas de austeridad rigurosas en ningún pacto sobre su deuda. Pero las fuentes consultadas en el Eurogrupo se expresan con mucho menos optimismo. “El Gobierno griego sigue en otra galaxia, la misión técnica ha sido algo parecido a un desastre y no hay esperanzas para un acuerdo mañana: serán otra vez todos contra Grecia en la reunión de ministros, se acaba el tiempo y Atenas no parece consciente de que el BCE puede cortar el grifo a final de mes si el Gobierno no cambia”, explicaron fuentes diplomáticas.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, llamó el domingo por la tarde a Tsipras en un esfuerzo por buscar una solución que sea aceptable para los griegos y también para los europeos. “Juncker está inmerso en la negociación”, confirmaron fuentes diplomáticas, aunque de momento no ha logrado que Grecia se acomode a los deseos de Berlín, que son también los de los países rescatados de la periferia, como España.

Grecia quiere un acuerdo-puente de seis meses para negociar un tercer rescate en toda regla. Y ofrece cumplir un 70 % de las reformas incluidas en el segundo rescate, más 10 reformas adicionales pactadas con la OCDE. Quiere rebajar la austeridad y poder aprobar medidas destinadas a solucionar la “emergencia social”. No quiere privatizar. Exige cierta flexibilidad: reducir el superávit primario para este año (sin contar el pago de intereses), del 3 % al 1,5 %. Y rechaza el último tramo del rescate, pero a cambio reclama que los bancos centrales den a Grecia los beneficios de las operaciones con deuda griega (1.900 millones), que el dinero para la banca no gastado se quede en Atenas (algo más de 11.000 millones) y pide que sus entidades financieras puedan comprar más volumen de la deuda pública a corto plazo que emite el Estado heleno, para después colocar esos bonos en el banco central. El problema es que, a ojos del resto del Eurogrupo, nada de eso es posible si las condiciones del actual rescate no se cumplen a rajatabla.

Una misión de la Comisión Europea, el FMI y el BCE ha estado en Atenas desde el viernes para ver qué parte de la propuesta griega se corresponde con las condiciones del rescate actual, con resultados nefastos. “Necesitamos cuantificar ahora las propuestas, necesitamos identificar las medidas que propone Grecia y cotejarlas con el programa. Y en la reunión del lunes se verán las diferencias”, explicaron fuentes del Eurogrupo el pasado viernes. “El programa puede tener cierta flexibilidad en función de cómo evoluciona la situación económica y fiscal, pero el contenido de fondo va a ser el mismo”, según la misma fuente.

Nadie espera un accidente en Bruselas. Pero todo el mundo deja abierta una posibilidad de lío si el tiempo sigue pasando y Atenas no cede a las fuertes presiones del Eurogrupo. “La UE es especialista en encontrar soluciones de compromiso de última hora”, recordó Tsipras en su primera visita a Bruselas, hace unos días. Su Gobierno ya ha cedido en algunas cosas: Grecia ha dejado de hablar de quitas y apuesta ahora por un canje de deuda, y siempre ha descartado una salida del euro. Algunos de los problemas son simplemente semánticos: Bruselas busca los eufemismos adecuados para que las concesiones de ambas partes permitan la citada solución de compromiso. Pero en lo esencial, Tsipras sigue en sus trece: “El Gobierno griego está decidido a mantener el compromiso con la gente y no continuará con un programa que tenga las características del rescate previo”, dijo el primer ministro a la televisión griega Skai.

Lo que dice Angela Merkel y repiten todos y cada uno de los ministros del Eurogrupo, salvo el griego Yanis Varoufakis, suena bien distinto: “Grecia debe respetar las reglas”. Esas son las condiciones de Europa, que al cabo tiene la sartén por el mango: a Grecia se le puede hacer de noche si el BCE le corta el grifo a sus bancos o si llegan los vencimientos de deuda y no hay atisbo de acuerdo.

FUENTE: El País. 

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Europa intensifica la presión sobre la Grecia de Tsipras

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Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión (izquierda), y el vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, este lunes en Nauen (Alemania). / r. h. (efe)

  • La UE y los mercados rechazan las tesis del primer ministro en su discurso de investidura.

Claudi Pérez Bruselas 9 FEB 2015 - 21:12 CET 

Velan armas, lanzan avisos, aguardan su momento. Europa y Grecia prepararon este lunes el Eurogrupo y la cumbre de esta semana con la habitual cacofonía de voces ya casi típica de los momentos de más tensión en la crisis del euro. Atenas no se movió y reiteró que no pedirá una extensión del rescate, aunque un portavoz del Ejecutivo aseguró que las únicas líneas rojas de Alexis Tsipras son la imprescindible reestructuración de la deuda y un recorte del superávit primario (antes del pago de intereses), totalmente asumibles para los socios. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, intensificó la presión y advirtió a los griegos de que no deben esperar buenas noticias: Europa no asume las demandas de Tsipras y los suyos.

La Unión es especialista en ese tipo de guirigáis que suelen terminar en un pacto de compromiso, tras una puesta en escena subida de tono que se ha repetido una y otra vez en esta Gran Recesión. El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, tiró de metáfora en relación a la necesidad de un tercer rescate y aseveró que “lo que se llama medicina es en realidad un veneno, y lo peor es que el doctor lo sabe”. Tsipras apuntó que su programa de Gobierno (basado en cumplir sus promesas de gasto y en solicitar un acuerdo-puente para cubrir el agujero de financiación, que se sitúa entre 10.000 y 20.000 millones) no es rupturista ni un lastre para los europeos y recordó que los rescates anteriores “no fueron un acto de solidaridad con Grecia sino con los bancos del norte de Europa”.



Tsipras tiene buenos argumentos a su favor: la gestión del rescate griego, protagonizada por el Eurogrupo y la troika, ha sido un verdadero desastre. Pero Atenas tiene parte de culpa en esa gestión, y sobre todo en los excesos de los años precrisis. Ambos bandos se agarran a su respectivo relato: Tsipras afirmó este lunes que va a desmantelar el “cruel” programa de austeridad, y el domingo no dudó en solicitar a Alemania, con voz quebrada, reparaciones de guerra. Pero los dirigentes europeos le siguen bajando al suelo a la menor oportunidad. “Europa respetará a Grecia en tanto que Grecia respete a Europa”, dijo Juncker en Alemania. “Grecia no puede dar por supuesto que el estado de ánimo haya cambiado tanto que la eurozona vaya a asumir sin concesiones su programa”.

Alemania y Francia cierran filas con esa posición. Berlín lamentó el “endurecimiento” del tono de Tsipras y acusó a las “élites” griegas de haber “saqueado” el país, según el vicecanciller Sigmar Gabriel. El ministro de Economía francés, Michel Sapin, hizo un llamamiento “a respetar el resultado de las elecciones griegas”, a la vez que Atenas “respeta las reglas europeas”. Ese es el frontón en el que acaba siempre el debate sobre Grecia.

Y cuidado con los largos peloteos cuando el tiempo apremia. El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, asegura que Grecia tiene como fecha límite el jueves para solicitar una extensión del rescate. Y Atenas se va quedando sin aliados: Varoufakis dijo en la RAI que también Italia se enfrenta a riesgos de insolvencia, lo que provocó las lógicas protestas en Roma. El ministro se estrena este miércoles en el Eurogrupo tras una semana y media en la que ha mostrado tantas dotes mediáticas como escaso talento diplomático. Tsipras se verá el jueves las caras con Angela Merkel, François Hollande y compañía en una reunión de líderes que se adivina tensa. “No creo que se vaya a alcanzar un acuerdo final tan pronto”, avisó Juncker, a sabiendas de que si el rescate expira cualquier cosa es posible, incluso un accidente grave como una salida del euro, para el que varios países preparan planes de contingencia.

“Una salida sucia del rescate, sin un cortafuegos financiero ni un acuerdo-puente tal como quiere Grecia, es ahora mismo lo más probable. Atenas ha hecho concesiones, pero sigue lejos de lo que piden los socios”, cerró Mujatba Rahman, de Eurasia.

FUENTE: El País.
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Juncker anuncia un adelanto del plan de inversión por miedo a la recesión

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Jean-Claude Juncker se dirige a los eurodiputados. Al fondo, la alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini. / CHRISTIAN HARTMANN (REUTERS)

  • La nueva Comisión Europea recibe el respaldo mayoritario del Parlamento

Lucía Abellán / Claudi Pérez Bruselas 22 OCT 2014

El Parlamento Europeo ha otorgado este miércoles el aval político a la Comisión Europea "de la última oportunidad". La expresión no procede de ningún euroescéptico con instintos alarmistas; la acuñó el propio presidente del nuevo Ejecutivo comunitario, Jean-Claude Juncker, al pedir el voto de la Eurocámara para su equipo. Juncker expuso con crudeza los retos que tiene por delante en los próximos cinco años: "O logramos acercar a los ciudadanos a la UE o fracasamos; o logramos reducir el paro de manera draconiana o todo se irá al traste". La eurozona encara un largo periodo de estancamiento o, a lo peor, una tercera recesión. Para evitar ese escenario cuando van ya más de siete años de crisis, Juncker tiene que salir airoso de dos desafíos: anunciar un plan de inversiones creíble, que materialice los gaseosos 300.000 millones de euros —en tres años— que ha prometido, y permitir una aplicación "inteligente" de las reglas fiscales para no ahogar la marchita e incipiente recuperación con una dosis adicional de austeridad en Estados como Francia o Italia, dos países del corazón del euro.

A falta de los detalles, Juncker anunció un adelanto de su paquete inversor, que estará listo antes de fin de año. Ese y el resto de los planes que esbozó para revertir esa situación le valieron el apoyo mayoritario de los eurodiputados. El brazo político de la UE recibió 423 votos a favor (de los populares, de la gran mayoría de socialdemócratas y liberales y de una parte de los euroescépticos), 209 en contra y 67 abstenciones, entre ellas la de los socialistas españoles, que habían amagado con votar en contra. Ese apoyo, aún así, es inferior al cosechado por su predecesor, el conservador portugués José Manuel Barroso.

Los socialdemócratas, claves para que Juncker haya podido sacar adelante su equipo, confían en que el número dos de la Comisión, el holandés de centroizquierda Frans Timmermans, aleje las políticas comunitarias de la austeridad y favorezca el crecimiento. La principal palanca de ese giro será el plan de inversiones prometido para sacar a la UE del estancamiento, reclamado por todo tipo de organismos internacionales ante la caída a plomo de la inversión, en torno a un 20% en lo que va de crisis. Consciente de que la marchita recuperación atenaza al continente, el nuevo mandatario se comprometió a adelantar el plan inversor, que se conocerá antes de Navidad.

El Ejecutivo comunitario persigue un difícil equilibrio entre impulsar la aletargada economía y mantener las reglas de disciplina fiscal. Para granjearse el apoyo de todos, Juncker promete ambas cosas, de momento sin concreción. "La inversión es fundamental. Los intentos para apartarme de este camino han sido en vano. Acometeré este plan. Y no será en los tres primeros meses, como anuncié, sino antes de Navidad. Hay que actuar cuanto antes", proclamó el socialcristiano.

Ni en la cámara ni ante la prensa quiso Juncker desgranar los detalles, que siguen siendo una incógnita; especialmente el dinero fresco incluido en ese paquete. Sí aclaró que esa inversión millonaria no se hará a costa de más deuda pública: "No puede financiarse con más endeudamiento. Tenemos que procurar un uso inteligente de fondos públicos para movilizar la economía privada. No solo los Estados están llamados a crear empleo. Me dirijo a los dirigentes privados para que asuman su papel, para salir de este empantanamiento".

Esas pinceladas dan a entender que el paquete consiste en movilizar fondos de los vehículos inversores con los que cuenta Europa (el Banco Europeo de Inversiones) y recolocar otros fondos para involucrar el crédito del sector privado y multiplicar esos recursos. Juncker conoce las dudas que esta propuesta genera entre los socialdemócratas. El presidente de ese grupo, Gianni Pittella, ya le advirtió en el debate de que el plan "no puede ser una simple operación cosmética". Por eso Juncker quiso resaltar el otro propósito que se ha marcado el nuevo equipo para los próximos cinco años: aplicar las reglas con más flexibilidad.

Ese será el equilibrio más complejo del arranque de la legislatura; de no lograrlo, el choque político está asegurado. Berlín insiste en la necesidad de mantener la senda de reducción del déficit, pero París y Roma claman por una relajación en las pautas que alumbre la recuperación. "No habrá cambio de reglas, pero se usarán con flexibilidad. La austeridad a ultranza no lleva al crecimiento. Tampoco el endeudamiento excesivo en pos del crecimiento. Necesitamos las dos cosas", dijo Juncker tratando de aunar dos estrategias que en muchos casos resultarán antagónicas. Uno de los últimos movimientos de la Comisión saliente da a entender que nada ha cambiado demasiado: Bruselas anunció este miércoles "consultas" con varios países por los presupuestos enviados a Bruselas. En el caso de Francia e Italia, la Comisión pide abiertamente más recortes. París, en boca de su primer ministro, Manuel Valls, se negó este miércoles en redondo a usar más la tijera. Nueva bronca a la vista: la Comisión dio a entender que esas consultas, el paso previo a devolver los presupuestos a los países, se han hecho con el plácet de Juncker.

El populismo apunta al núcleo de la UE
La atrofia económica no es la única amenaza para la Comisión Juncker. El discurso de los populistas de diversa índole puede complicar las cosas por su capacidad de movilización ciudadana. Una buena muestra la ofreció ayer el euroescéptico líder de la formación británica UKIP, Nigel Farage. El político exhibió su conocido mensaje de la falta de legitimidad de la Comisión Europea, un argumento que pasaría desapercibido si no fuera porque lleva aparejado un riesgo de fragmentación en la UE, con la salida de Reino Unido en 2017 si triunfa esa opción en el referéndum previsto. "Esta será la última Comisión que gobierne Reino Unido. Dentro de cinco años nos habremos ido de aquí", clamó Farage, que suscitó abucheos, pero también algunos aplausos. 
 
FUENTE: El País. 
 
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Berlín y París ciegan las vías de nueva financiación al plan inversor de Juncker

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  • Draghi: “Sin inversiones se debilitará la economía europea a corto plazo”

Claudi Pérez Bruselas 12 SEP 2014


La trinidad de Mario Draghi para salir de la crisis (reformas, política monetaria y estímulos fiscales) tiene, de momento, pocos fieles. El ministro alemán Wolfgang Schäuble ya ha dicho no a la flexibilización de las reglas presupuestarias y a las compras de activos del BCE. Alemania insiste en las reformas y la austeridad, pese a los magros resultados cosechados. Y reconoce que falta inversión —que ha caído un 15% desde los niveles precrisis—, pero pone palos en las ruedas a los planes del presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, para activar un paquete inversor de 300.000 millones en tres años. 
 
En Bruselas trabajan ya varios equipos con ese objetivo. Juncker ha emplazado a todos sus comisarios a hacer propuestas en esa línea y de forma urgente. Pero difícilmente habrá fondos nuevos sin el plácet de Berlín: Schäuble firmó el pasado martes una carta dirigida al Ecofin en la que básicamente cierra la puerta a que haya dinero fresco en ese plan. Su homólogo francés, el ortodoxo Michel Sapin, firma también la misiva.

Draghi, saltó ayer detrás de esa liebre y aseguró en Milán que sin inversiones “la economía europea se debilitará a corto plazo y reducirá sus perspectivas a largo plazo”. Reiteró que la situación económica es preocupante. Y que para que funcione su plan triangular —reformas, estímulos monetario y fiscales— “cada uno de los actores tiene que hacer su parte”. En plata: Francia e Italia deben acometer las reformas; Bruselas y Berlín, flexibilizar las reglas fiscales y abrir las puertas a las inversiones; y el BCE ir un paso más allá en su política monetaria.

Todo eso está en el alero, con unas capitales desconfiando de otras y Bruselas en medio, con la Comisión en tiempo de mudanza. Y sin ayudas para concretar el paquete de inversiones prometido. “La eurozona se ha estabilizado. La estrategia de consolidación fiscal favorable al crecimiento empieza a dar frutos. Vuelve la confianza: bajan los intereses de la deuda, aunque el legado de la crisis hace que el nivel de deuda siga alto y que el crecimiento sea débil y vulnerable”, aseguran Schäuble y Sapin. Ante esa mejoría— que contrasta con el diagnóstico pesimista de Draghi—, Europa “debe continuar con las reformas y la consolidación favorable al crecimiento”. Berlín y París sí admiten que “revivir las inversiones” es fundamental; al cabo, la recuperación se ha estancado “y no es descartable una tercera recesión”, informan fuentes del Eurogrupo.

Para evitarla hace falta demanda. Pero eso ni siquiera está en los radares de los dos grandes países del euro. “La inversión pública tiene un rol esencial en las infraestructuras, la atracción de inversión privada y la mejora del crecimiento potencial”, apuntan Schäuble y Sapin, y en el paquete propuesto por Juncker “la inversión debe jugar un elemento central”. Pero el rastro del dinero nuevo que permita apuntalar la débil demanda continental no se ve por ningún lado. El plan Juncker, según Berlín y París, debe centrarse en la palanca que ofrecen los instrumentos financieros complejos y en los fondos comunitarios ya existentes, y en un papel más activo del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Nada más.

Todo se fía al apalancamiento (el uso de instrumentos financieros para multiplicar el impacto del capital invertido) a través del BEI, que debe asumir “una mayor toma de riesgos” con “señales políticas claras dirigidas a su presidente”, el alemán Werner Hoyer. Fuentes del Gobierno español explican que lo esencial “siguen siendo las reformas y los estímulos fiscales y monetarios”, y que, en todo caso, el plan inversor de Juncker “no es la variable fundamental”. Aun así, “España es partidaria de inversiones bien orientadas, para mejorar la interconexión energética y de transportes. Pero no va a haber dinero nuevo más allá del papel más activo del BEI”, según el Ejecutivo. 
 
Esa es una vieja historia: cada vez que Europa habla de estímulos acaba girando la vista hacia los fondos ya presupuestados y el BEI, convertido “en una especie de plan de pensiones obsesionado con su triple A”, según fuentes europeas. Ante el escaso apetito por una nueva inyección de capital en el BEI, la carta de Schäuble y Sapin deja un solo resquicio para ver algo nuevo. Apuesta por crear “un fondo de garantías financiado con el presupuesto de la UE”, cuando este se revise. Eso será allá por 2016. 
 
FUENTE: El País. 

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CUOTAS DE GÉNERO

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 Fuente: accionag.com

Las cuotas de género, más conocidas como cuotas de participación por sexo o cuotas de participación de mujeres, son una forma de acción positiva cuyo objetivo es garantizar la efectiva integración de mujeres en cargos electivos de decisión de los partidos políticos y del Estado. Es una medida de carácter compulsivo, que obliga a incorporar mujeres en listas de candidaturas o en listas de resultados electorales, y transitorio, puesto que supone una vigencia sujeta a la superación de los obstáculos que impiden una adecuada representación de mujeres en los espacios de poder y representación política.

El establecimiento de cuotas es un mecanismo para mejorar la participación política de las mujeres que debe ser regulado jurídicamente, ya sea en las leyes electorales o en los estatutos partidarios; de carácter obligatorio para todos los actores, de manera a garantizar su aplicación independientemente de la buena voluntad y del juego político del momento; controlable en su aplicación e inequívocamente evaluable a través de los números y porcentajes de inclusión de mujeres. Para que sus resultados sean los deseados, el mecanismo debe ser pensado según el sistema electoral en el que se inserta.

En relación con éstas cuotas, el próximo presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha amenazado con retrasar la formación del nuevo Ejecutivo comunitario si los Estados miembros no proponen más mujeres para el puesto de comisarias. Una portavoz del presidente advirtió de “posibles retrasos” en la formación de la nueva Comisión si no se alcanza un “mínimo equilibrio de género”.

En el actual Ejecutivo comunitario, nueve de los 27 representantes de los países son mujeres. El recién reelegido presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, también ha comentado que no apoyará un Colegio en el que haya menor presencia femenina que en el mandato actual.

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/31/actualidad/1406836391_041291.html

FUENTE: iidh.es, El País.

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Juncker propone crear un salario mínimo común para toda la UE

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  • 645 euros mensuales en España frente a los 1.425 euros de Francia
  • 'La dimensión social de la UE es hija bastardo de la unión económica'
  • Juncker cederá el testigo al frente del Eurogrupo el 21 de enero
Efe | Bruselas

El presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, ha propuesto la creación de un salario mínimo común y otras medidas de solidaridad para evitar que "desaparezca la dimensión social de la Unión Europea".
 
El salario mínimo interprofesional es de 645 euros mensuales en España frente a los 1.425 euros de Francia; los 1.499 euros de Irlanda y los 565 euros de Portugal.

"Es imprescindible ponernos de acuerdo sobre un salario mínimo legal europeo", señaló Juncker ante la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo, donde defendió que es "una medida esencial porque si no se perderá el apoyo de la clase trabajadora en Europa".

"La dimensión social de la Unión Europea (UE) es el hijo bastardo de la unión económica y monetaria pero hay que mantenerla (...) y hablar de ella en términos concretos, no abstractos", dijo el también primer ministro de Luxemburgo.

Juncker se lamentó de "la tragedia del paro" y dijo que los altos índices de desempleo que sufren los ciudadanos europeos "son una losa a nuestras espaldas".

Asimismo, recordó que "nos habían prometido que la moneda única había traído como ventaja un ajuste positivo en los asuntos sociales" y que en lugar de ello "ha aumentado el desempleo".

Por todo ello, el presidente del Eurogrupo abogó por "más medidas de solidaridad social". "Me hubiera gustado que hubiéramos establecido un sistema de recompensa para todos los países que realizan esos esfuerzos que se les ha exigido desde Bruselas", explicó.

Durante su alocución inicial ante los eurodiputados, Juncker destacó la aprobación y entrada en vigor del pacto fiscal -que incluye la regla de oro presupuestaria-, así como "haber encontrado soluciones para el sector bancario español en 2012".

Los 17 países de la moneda única elegirán en su reunión del 21 de enero al próximo presidente del Eurogrupo, después de que el propio Juncker, en el cargo desde 2005, pidiera ser relevado.

El mejor posicionado para suceder al político luxemburgués en ese cargo es por ahora el ministro de Finanzas de Holanda, Jeroen Dijsselbloem, de 47 años.

Fuente: El Mundo.